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¿Quién se queda con “les hijes”?

Marta Lamas

Proceso

La regulación de los acuerdos entre quienes se divorcian es muy compleja y tal vez lo más difícil es el ejercicio de las funciones parentales, en especial cuando no acaba el encono en la pareja.

La semana pasada el pleno de la Cámara de Diputados aprobó con 476 votos la reforma al artículo 282 del Código Civil Federal en el sentido de “igualar” el derecho de los padres hombres a la custodia de los hijos menores de siete años, que tradicionalmente se asignaba en automático a las madres.

Aunque se argumentó que el objetivo de dicha reforma era “la atención al interés superior de la niñez durante el proceso de divorcio”, claramente se hizo desde una perspectiva que “iguala” en la ley a los padres con las madres, aunque la desigualdad entre ambos persista en lo social.

La regulación de los acuerdos entre quienes se divorcian es muy compleja y tal vez lo más difícil es el ejercicio de las funciones parentales, en especial cuando no acaba el encono en la pareja. Las consecuencias en les hijes suelen ser muy dolorosas, y van desde abandonarlos a involucrarlos en el conflicto, obligándolos a que tomen partido o incluso haciendo “alienación parental”: influyendo negativamente en contra del otro progenitor y provocándoles a les hijes sentimientos de rechazo. Además de devaluar, ridiculizar e insultar al otro progenitor, impedir que ejerza el derecho de convivencia con sus hijes se considera un atentado contra el vínculo paterno-filial.

Tradicionalmente, en los divorcios se dejaba la custodia de las criaturas pequeñas a la madre por la idea de que como las mujeres los llevan en sus cuerpos, ellas tienen un “instinto” para cuidarlos. Por eso también se cree que “las criaturas son de la madre”, además de que, como los padres suelen trabajar muchas horas fuera de la casa, las mujeres se pueden ocupar mejor de las criaturas. Sin embargo, desde hace varios años se empezaron a dar litigios de padres que reivindicaban para ellos el derecho a la custodia. Entre sus motivaciones había de todo, desde quienes legítimamente querían ejercer la crianza de sus pequeñes hasta los que deseaban dañar así a la mujer, y eran capaces de presentar falsedades en los juzgados con tal de quitarle a les niñes. La custodia ha sido, en muchísimos casos, el arma para vengarse de quien solicitó el divorcio, y con tal de negar el acceso a les niñes, ha habido quienes incluso cambian de lugar de residencia, para así obstruir, impedir o destruir la relación del progenitor ausente.

¿Cuál será ahora el criterio de las/los jueces para poner a les hijes al cuidado de uno de les cónyuges? ¿Será para quien tenga más recursos y, por lo tanto, mejor acceso a un buen abogado? ¿O será para quien tenga más tiempo para dedicarse al cuidado, o para quien esté en mejor disposición afectiva? ¿Se tomará en cuenta lo que dicen les niñes? No va a ser fácil ahora la decisión de les jueces, y habrá que precisar un criterio que realmente sirva para poner el bienestar de les niñes en el centro.

El modelo de la coparentalidad requiere que ambos cónyuges se responsabilicen y favorezcan una buena crianza compartida, que va más allá de los recursos económicos. También la coparentalidad implica mucho más que el repartir equitativamente el tiempo que pasan en un hogar y en el otro: requiere una voluntad de ambas partes para educar y transmitir hábitos y normas de manera congruente. Eso va contra la práctica de “en mi casa se hacen así las cosas, no me importa lo que hagas en la otra casa”, y supone establecer ciertas reglas que se respetan en ambos hogares. No es fácil desarrollar ese esquema titulado “tenencia compartida”, que además implica realmente superar los modelos tradicionales que especifican funciones diferentes para madre y padre.

Junto con la dificultad de impulsar un cambio cultural para realmente alcanzar una real coparentalidad, está el problema de tratar como iguales a desiguales. Si bien esta reforma se argumentó como que la legislación actual, que daba la custodia en automático a la madre, era una “medida contraria al principio de igualdad” entre mujeres y hombres, también se señaló que encargar el cuidado de los hijos a la madre es “una medida que asume que las madres son las responsables naturales, y que con la participación de las mujeres en la vida laboral, éste ya no es necesariamente el caso para todas las familias”. Cierto. Pero no hay que olvidar que la desigualdad salarial existe y que como con frecuencia no se respeta la norma de “igual salario por igual trabajo”, a las mujeres se les sigue pagando menos por hacer lo mismo. Muchas investigaciones indican que los problemas del postdivorcio son más difíciles para las madres por el tema económico, y que la práctica de dificultar o evitar el pago de la pensión alimentaria sigue presente.

Aunque esta reforma cita “el principio del interés superior de la niñez”, no aborda algo crucial: el bienestar de les hijes depende de la capacidad de sus progenitores para pactar una restructuración pacífica de sus relaciones. La coparentalidad implica poder ejercer la función parental con responsabilidad compartida. Es frecuente que luego de un divorcio en lugar de coparentalidad, les niñes acaban viviendo en una familia monoparental. Por eso, además de reformas a la ley, es muy importante un debate público, amplio y sostenido, acerca de qué requieren les niñes cuando sus progenitores se divorcian.

De naturaleza política

Morena: división y pesimismo…

Enrique Aranda

Excelsior

¿Medios mercenarios? Basta ya

de acusar sin probar…

Inmerso, igual que el gobierno que define y rige su destino en la más profunda crisis de credibilidad y desconfianza social en lo que va del sexenio, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), que con inusual holgura catapultó a Andrés Manuel López Obrador, familiares y amigos cercanos a Palacio, enfrenta ahora un escenario político-electoral que hace apenas unas semanas consideraba no sólo lejano, sino imposible…

A la vista, el formal inicio del proceso de sucesión a nivel gubernatura en seis estados, en efecto, el lopezobradorismo partidista advierte con creciente preocupación el inicio de campañas no sólo por el previsible impacto negativo que la (pobre) respuesta oficial a la coyuntura y la profundización de problemas nacionales en materia de economía, salud, seguridad y violencia, por sólo citar algunos, tendrá en ellas, sino, igualmente, por la cada vez más profunda división existente en sus filas y que, incluso, amenaza con “dolorosas rupturas”.

Ello en concreto, a decir de no pocos de quienes se mueven al más alto nivel del partido y de la administración central, parece inducir a las distintas fracciones y al comando del partido del gobierno –“a quien comanda y le marca el paso desde las inmediaciones del Zócalo capitalino en particular”– a revisar sus otrora festivas previsiones de triunfo en los venideros comicios de junio para, en un entorno de mayor realismo, limitar su optimismo y reducir de cinco y hasta las seis gubernaturas en juego su apuesta de victoria a sólo dos o tres, en el mejor de los casos.

Hoy, a diferencia del cierre de 2021 e inicios del año en curso, por ejemplo, cuando el triunfalismo oficialista sólo “se dignaba” aceptar la posibilidad de perder en Aguascalientes, acepta como factible su derrota en Durango y Oaxaca –“a causa aquí de la profunda división provocada por la imposición de las candidaturas (únicas) de Marina Vitela y Salomón Jara”–, así como en Hidalgo, donde el priismo optó por apostar por la diputada Carolina Viggiano que, amén de desempeñarse como secretaria general del CEN, es pareja de Rubén Moreira, el coordinador tricolor encargado de cuanta negociación con el gobierno y la oposición se dé en el interior de San Lázaro…

En contraste, a decir de propios y extraños, el previsible triunfo del morenismo en Quintana Roo donde la oposición se ha “pulverizado” al extremo en beneficio exclusivo de su candidata Mara Lezama, y en Tamaulipas, donde a su vez, dada la inexistencia de una opción opositora con posibilidades reales de triunfo, todas las variables parecen apuntar a una victoria del impugnado Américo Villarreal.

Las apuestas pues parecen haber cambiado de manera radical aun antes del inicio formal de la puja. A la vista de la actual situación, podrán modificarse aún más…

ASTERISCOS

* Cuestionada su credibilidad tras que, en abierta cesión a la presión de Ya Sabemos Quién, corrigió su estimación sobre el costo de la cancelación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, la Auditoría Superior de la Federación (ASF), que encabeza David Colmenares, develará hoy resultados de la fiscalización de la Cuenta Pública 2020. A ver si ahora…

Violencia y medio ambiente: desafíos de la justicia social

Jorge Atilano González Candia SJ*

La Jornada

La justicia social es un horizonte de vida encaminado a la transformación de la sociedad donde sea posible el buen convivir de todas las creaturas, y que necesita contextualizarse desde los grandes desafíos del mundo actual para ver su pertinencia y urgencia. Los retos de la justicia social son los retos del mundo actual. Hoy, que celebramos el Día Mundial de la Justicia Social, proclamada por la Asamblea General de Naciones Unidas, es tiempo de pensar dónde estamos y a dónde vamos.

Dos de los grandes desafíos del mundo son: 1. El calentamiento de la Tierra, reflejado por el cambio climático que está acelerando la extinción de milesde especies y los procesos migratorios y 2. La pérdida de habilidades sociales para convivir de manera armónica entre las personas, reflejada en los altos índices de homicidios y el crecimiento de la violencia en las familias, hacia las mujeres y en las escuelas, entre otras.

La justicia tiene que ser un proceso que lleve a reajustar las relaciones de tal manera que haga posible el buen convivir entre los seres vivos; por tanto, requiere de acuerdos sociales surgidos de procesos de construcción colectivay de reconocimiento de cuatro relaciones fundamentales de la persona: origen, tierra, historia y comunidad. Ya no es posible pensar en acuerdos de desarrollo separados de los pobres y de la tierra.

Dice el papa Francisco: “Cuando una sociedad –local, nacional o mundial– abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad” ( Evangelli Gaudium, n. 59). Hoy, el reto fundamental para caminar hacia la justicia social está en la construcción de acuerdos incluyentes y flexibles que permitan responder a las necesidades de las personas y de los seres vivos.

Por tanto, la justicia social es la construcción de acuerdos económicos, políticos, culturales y comunitarios que permitan el buen convivir en un territorio determinado y la creación de instancias que operen esos acuerdos, los evalúen y los redefinan para que respondan a las necesidad actuales.

Se trata de construir mecanismos que institucionalicen procedimientos que lleven a impactar y transformar esas realidades de injusticia, pero para que esto sea posible, se necesita institucionalizar los procesos de flexibilidad para adaptarse constantemente a las nuevas realidades.

El buen convivir implica una relación entre individuos y la relación entre éstos y las creaturas, en una dimensión de apertura a la hermandad con la tierra, pero también supone una relación con la familia y la comunidad, y con las raíces, en una apertura a la propia historia.

En este sentido, el buen convivir tendría que adaptarse según tiempos, lugares y personas. El paradigma del desarrollo económico como la panacea de los pueblos está en decadencia. Necesitamos cambiar de horizonte para comprender los retos del mundo actual y emprender las reformas estructurales que hagan posible la vida en el planeta para las futuras generaciones.

Estos cambios sólo serán posibles con un sujeto colectivo convencido de que la construcción de lo social implica apropiarse de su destino, recuperar sus propias instituciones y reconocer a la tierra como madre. Desde ahí, se podrán evaluar las actuales instituciones y la conveniencia de transformarlas para ponerlas en función del buen convivir.

Es momento de reconocer la sabiduría que existe en lo local y las maneras de resolver sus conflictos desde una perspectiva restaurativa; la justicia punitiva sólo nos alegra unos días, pero no resuelve el problema de la convivencia socioambiental.

Como dice el papa Francisco, Cuando una justicia es realmente justa, esa justicia hace felices a los pueblos, y dignos a sus habitantes. Ninguna sentencia puede ser justa, ni ninguna ley legíti-ma, si lo que producen es más desigualdad, si lo que ocasionan es más pérdida de derechos, indignidad o violencia.

Recordemos que el Día de la Justicia Social busca apoyar la labor de la comunidad internacional encaminada a erradicar la pobreza y promover el empleo pleno, la igualdad y el acceso al bienestar y la justicia social para todas y todos.

* Jesuita, asistente del Sector Social de la Compañía de Jesús.

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