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Ambrosio Gutiérrez Pérez

La Cuarta Transformación

La pregunta no es ociosa, más bien es obligada en estos días en que el presidente López Obrador enfrenta todos los días una oleada de ataques, de descalificaciones, de acusaciones, las más de las veces infundios, mentiras y algunas medias verdades que son, al final, intentos de eliminar su principal capital: su honradez personal de donde proviene su autoridad moral frente a los mexicanos, particularmente frente a esos 30 millones que votaron por él para llevarlo a la Presidencia de la República.

Un 53.2 por ciento de los votantes mexicanos decidieron, después de años de hegemonía priista corrupta, impune, prepotente y todos los males que ya conocemos (con la alternancia panista que resultó peor), llevar a la Presidencia a un hombre de centro-izquierda con una propuesta base: hacer efectiva una Cuarta Transformación nacional, después de la Independencia de España, de la Reforma que significó la separación del Estado de la iglesia y una serie de reformas liberales, y la Revolución de donde se desprendió la Constitución de 1917, avanzada en beneficios sociales.

Ya sabemos que el priismo emanado de la Revolución “secuestró” al país durante décadas y, lejos de aplicar los preceptos constitucionales, fue convirtiendo al gobierno en un negocio en el que ya no fue posible diferenciar entre el servidor público y el empresario, uno y otro eran lo mismo; la corrupción y la impunidad se apoderaron de todas las esferas de gobierno, empezando por la Presidencia de la República; y por consecuencia se violentaron todos los derechos, los humanos, los de las mujeres, los de niñas y niños.

El país quedó dividido entre una élite que lo tenía (y lo tiene) todo, y una masa de millones de mexicanos en la pobreza y la miseria. El pueblo se cansó, se hartó y entonces votó masivamente, como nunca antes en nuestra historia, por un hombre que proponía una forma diferente de gobernar, poniendo por delante acabar con la corrupción y la impunidad. Desde luego, el camino no ha sido fácil.

Las élites políticas del PRI y del PAN, la empresarial, la periodística, no se han resignado a perder sus privilegios. Con los mismos recursos que le robaron al pueblo de México golpean a diario a López Obrador, cuestionan sus programas y a sus colaboradores. No es, ni será fácil instaurar la Cuarta Transformación que significa la “purificación” del país, la democracia participativa, la devolución del poder al pueblo, la honradez como signo y guía de vida.

Sí, el Presidente se ha equivocado, como cualquier ser humano. Quizás en la valoración de sus colaboradores, en pensar que por designarlos podrían o serían igual que él. Y sus adversarios aprovechan cualquier cosa, por pequeña que sea, para magnificarla, para cuestionarlo.

Es el mismo camino que deberá recorrer todavía el gobierno local de Layda Sansores San Román. La Cuarta Transformación no llegará a Campeche por ósmosis ni por mandato del presidente López Obrador. Deberá ser, es, un ejercicio diario de gobierno con una ventaja: la Gobernadora de Campeche ya está viendo, y sufriendo de muchas maneras, lo que ha pasado a nivel nacional con su amigo el Presidente y con gobernadores de muchos estados que son de origen morenista.

También aquí, desde los medios de comunicación del exgobernador Moreno; los medios tradicionales de la familia Arceo, entre otros que se han sumado desde la comentocracia en un afán de abrir las puertas del gobierno a patadas, critican ya todos los actos del gobierno morenista, acusan ineficiencia e incluso corrupción. No pararán y lo peor que pudiera ocurrirle al gobierno que inicia es dar motivos y base a la crítica destructiva.

La corrupción e impunidad no se erradican con buenos deseos, tampoco los malos hábitos e ínfulas de poder; la sociedad campechana que le dio una mayoría suficiente a Layda Sansores para gobernar espera. Lo sabe la gobernadora Sansores y, seguramente, actuará en consecuencia.

Alito, no gana nada pero…

Desde aquel multicitado, llevado y traído “triunfo” del PRI en Coahuila e Hidalgo, que Alito los publicitó como si hubiese ganado la Presidencia de la República, la verdad es que Alejandro Moreno Cárdenas no ha ganado nada como dirigente nacional priista.

El año pasado, en el 21, concentró todas sus baterías para retener Campeche, con el propio Rubén Moreira como aliado (quien fue en realidad quien ganó Coahuila para el PRI) y el español Solá, y lo perdió como sabemos pero también todos los estados que estuvieron en competencia. Y al contrario, en cada elección el PRI pierde espacio; acaso, como faldero del PAN, ha olido algunos triunfos en el país.

En cambio, lo que sí hay que reconocerle a Alito es su osadía, su insistencia en seguir escalando aunque tenga que aplastar todo y a todos. Sus amigos, aliados y empleados ya lo destaparon para la Presidencia de la República. No tiene nada, y seguro es que seguirá perdiendo posiciones este año en las elecciones de algunos estados, pero quiere ser al menos candidato presidencial.

Ni siquiera lleva mano si es que se conserva la alianza que hizo el PRI con el PAN y lo que queda del PRD, pero ya está ahí lanzado por los suyos. Y no es sólo que la paulatina desaparición del PRI lo vaya dejando como un candidato de un membrete, sino que también tiene cuentas pendientes… en Campeche por ejemplo. Aquí no hay, no debe haber impunidad, pues tampoco es un secreto todo lo que hizo y deshizo con los recursos públicos, ¿desvió recursos, cuánto, cómo?, sin contar con el régimen de terror que impuso entre la clase política, entre los medios de comunicación y periodistas y entre los ciudadanos; la violación de derechos humanos, el abuso de autoridad y la utilización de los aparatos policiacos y de justicia contra ciudadanos. Lo debe alcanzar la justicia, no la venganza, aunque algunos se truenen los dedos por empezar a repetir fórmulas inventadas por el PRIAN, y de las que se cansaron los mexicanos… también los campechanos.
Eliseo, no canta mal las rancheras, pero tiene quien lo defienda…

Y es que en cuestión de manejos financieros son pocos, muy pocos los que se escapan de las irregularidades o los malos manejos. Eliseo Fernández Montúfar, conocido también como “Elito”, ex alcalde de la capital y ex candidato a la gubernatura por Movimiento Ciudadano, está en la lista de los que, de acuerdo a la Auditoría Superior de la Federación, cometieron irregularidades detectadas en la Cuenta 2020 por unos 559 millones de pesos.

Y bueno, la señora Biby Rabelo, su protegida, aliada y varios etcéteras, heredera del trono municipal, ya salió en su defensa. ¡Pues cómo no!.. Y se le ocurrió a la Alcaldesa acusar a la Auditoría de “persecución” a particulares y “ensañarse” con “ciertos municipios”.

Concluye la Alcaldesa que “no tiene nada qué esconder” y que le Auditoría haga “las investigaciones que quiera”. ¿Entonces? Para qué tanto brinco. Lo claro, eso sí, es que su tarea es defender a “Elito”.

Rendijas

–¿Quién o quiénes se benefician directamente con la campaña que intenta socavar la autoridad moral y legal que significa el profesor Aníbal Ostoa Ortega en el gobierno de Layda Sansores? Ya se cruzan hasta apuestas mientras el Profe despacha tranquilamente los asuntos de su incumbencia.

–El PRI cumplió 93 años y, más allá de las matracas y porras que preparó Alito para mostrar su “arrastre” (como en los más viejos tiempos), la “nota” no pasó de sus amenazas de expulsión contra los que han aceptado o acepten encargos del gobierno de López Obrador, jijiji deben estar temblando y arrepentidísimos, entre ellos Aysa.

–Es claro que Alito sigue teniendo el control absoluto de lo que queda del PRI en Campeche. El Cachorro, también conocido como Ramón Santini, por ahora dirigente estatal priista, es de los pocos políticos que luego de ser arrinconado y hasta pateado por Alito debido a su antigua filiación pocista, aguantó vara y logró su ascenso cuando ya no queda mucho por hacer ahí. A ver cuánto le permite Alito, y hasta cuándo, pues sigue quitando y poniendo fichas a su verdadero antojo, metiendo con calzador al sobrino (¿ahora para qué quiere postularlo?), ofendiendo a quienes creen que sin cambiar las viejísimas formas de autoritarismo logrará algo más que el show mediático de todos los días desde sus periódicos digitales.

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