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Arsenal

El camino de Ebrard

Francisco Garfias

Excelsior

A Marcelo Ebrard no se le ven muchas ganas de romper con Morena. Su decisión final es entre el pragmatismo y la dignidad, aunque todo indica que se inclina por lo primero.

El excanciller ya fundó su propia Corriente Democrática, versión siglo 21, pero sin llegar a la ruptura con el partido guinda. Se llama El Camino de México –igual que su libro– y es, por ahora, una asociación civil.

Lo hizo ayer en reunión a puerta cerrada, celebrada en un recinto al sur de la Ciudad de México.

Asistieron más de mil personas entre senadores, diputados, alcaldes y simpatizantes que tuvieron el valor de presentarse a esa reunión, firmar su adhesión al movimiento y gritarle “¡Pre-si-den-te! ¡Pre-si-den-te!”.

* Permanecer en el guinda le significaría a Marcelo la coordinación de los senadores de ese grupo parlamentario en la próxima legislatura. Es la posición que le corresponde al segundo lugar en la contienda interna.

Así lo establece el acuerdo firmado por las seis excorcholatas, con el presidente López Obrador como testigo de honor, al inicio de la contienda interna. Aunque, hay que subrayarlo, Marcelo ha dicho que no quiere “premios de consolación”.

Pero, si no se sale de Morena, estaría avalando –en los hechos– las “irregularidades” que denunció: cargada de gobernadores, alcaldes de Morena y rémoras a favor de Sheinbaum; brigadas de la Secretaría del Bienestar diciendo a los potenciales encuestados que López Obrador quería a la exjefa de Gobierno, derroche de recursos…

Una ruptura lo llevaría al “limbo político”. Marcelo ha reiterado que va a estar en la boleta del 2024. De ser así, su única opción es el MC. Los demás partidos con registro ya tienen candidato presidencial. El excanciller podría seguir la ruta del Frente Democrático Nacional, integrado en el 88 por el PARM, el PPS, el FCRN y, posteriormente, el PMT: ya avanzado el proceso, pactar con Xóchitl una declinación a favor del que esté mejor posicionado.

Aunque, a diferencia de Cuauhtémoc, Porfirio, Ifigenia, Heberto y Rodolfo González Guevara, no hay condiciones para que, dado el caso, alguno de los dos asuma el papel del ingeniero Castillo, entonces abanderado presidencial del PMT: declinó, en plena campaña, a favor de Cárdenas.

Sería el escenario ideal para la oposición, pero no hay condiciones. Marcelo ha repetido que con el Frente Amplio por México no quiere nada; y el naranja está en guerra abierta con la alianza PAN-PRI-PRD, que postula a la singular senadora.

* En el citado cónclave, Marcelo tuvo el cuidado de aclarar que es una asociación civil y no un partido lo que se formó ayer. “Los partidos no se pueden formar ahorita. Lo organizamos porque somos un movimiento político. Necesitamos tener nuestra propia forma de organización”.

En ese mismo discurso, aseguró: “vamos a seguir luchando, a nosotros no nos van a doblar”. Más tarde, en improvisada rueda de prensa, reiteró que espera la respuesta de Morena a la impugnación que interpuso en la Comisión de Honestidad y Justicia, para decidir su siguiente paso.

Enfatizó, eso sí, que en adelante las decisiones que se tomen serán a nombre del Movimiento y ya no como Marcelo Ebrard. El futuro del excanciller depende de la respuesta que Morena le dé a su impugnación. Sin temor a equivocarnos, podemos adelantar que no va a reponer el proceso, lo que implica desconocer el triunfo de Claudia.

Con lo que ha dicho hasta ahora, estaría fuera del partido en el gobierno, pero el tema del traslado de la decisión a la asociación El Camino por México, puede usarse como justificación de su permanencia.

* Muchos pensamos que Omar García Harfuch dejó la Secretaría de Seguridad Ciudadana para buscar la candidatura a jefe de Gobierno de la CDMX. Tres razones nos llevaron a suponerlo: Harfuch encabeza las encuestas, pertenece al círculo de Sheinbaum, y su renuncia en la fecha límite para funcionarios que aspiran a ser candidatos.

Una fuente conectada con lo que ocurre en altos círculos de Morena asegura, sin embargo, que el futuro de Harfuch estaría en la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, si Claudia gana en 2024.

Nos dijo también que, en ese caso, “sí se hará uso de la Guardia Nacional” para combatir al crimen.

* Nos escribe Laura Ballesteros, exsubsecretaria de Planeación de la Secretaría de Movilidad de la CDMX, senadora suplente de Xóchitl, para advertir sobre el peligro que corre el Bosque de Chapultepec: “Vecinos y expertos han denunciado esos peligros que corren en términos de impacto ambiental, entre otros talado de árboles –hasta mil– y fragmentación del suelo, por la obra de la L3 del Cablebús que cruzará el bosque…

La obra, asegura, no cuenta con los permisos que marca la ley, por tratarse de una Área de Valor Ambiental. El gobierno tampoco ha publicado la actualización del Plan de Manejo del Bosque”. Lo que correspondía, según ella, era ampliar la L7 del Metrobús.

Juegos de poder

Un pueblo, un Estado, un líder

Leo Zuckermann

Excelsior

Detesto los regímenes personalistas con el inevitable culto a la personalidad del líder. Siempre terminan mal. El caudillo suele perder el piso. Ineludiblemente comienza a sentirse divino y tomar decisiones irracionales. En su entorno nadie se atreve a decirle la verdad. Su voluntad es ley.

Una de las características que precisamente me disgusta del régimen lopezobradorista es su tendencia caudillista. La figura central que desempeña este indudable líder político.

No es que yo esté en contra de su popularidad, que vaya que la tiene, pero me molesta para qué la utiliza. En lugar de usarla para resolver problemas públicos de gran calado, como darle servicios de salud a todos los mexicanos, la emplea para destruir o debilitar instituciones inherentes de la democracia liberal. Por ejemplo, a los otros dos Poderes del Estado (Legislativo y Judicial) y los órganos autónomos como el INE, Inai, Cofece, etcétera.

En el centro del proyecto lopezobradorista se encuentra la noción de un solo pueblo, unidos todos con las mismas convicciones, que apoya a un solo líder. No hay ni debe haber nada más. Si alguien piensa diferente que el líder, no son pueblo por definición. Son apóstatas repugnantes que merecen la ignominia.

El caudillo representa la voluntad del pueblo. En este sentido, para López Obrador, el Presidente es la única autoridad legítima del Estado.

Como en las dos cámaras del Congreso hay legisladores de oposición que no piensan como él, deben excluirse de los actos para celebrar la Independencia de México. Ni se diga de invitar a los festejos patrios a los ministros de la Suprema Corte de Justicia que le han echado para atrás legislaciones por inconstitucionales. “Ellos no son como yo que sí represento al pueblo”. “Ellos no son México”. “Ellos son élites a los que debemos despreciar”.

Discrepo de mi colega Jesús Silva-Herzog Márquez, quien considera como “infantilismo” la actitud del Presidente al no invitar a los otros Poderes del Estado a los festejos patrios. No es que López Obrador sea como un “niño que trata al país como si fuera su arenero”. Yo no lo veo así. Al revés, percibo una actitud muy adulta, tan vieja como la historia de la humanidad, de concentrar el poder.

“Aquí lo único que importa es el pueblo y yo”, comunica el Presidente con su conducta. En la fiesta no puede haber más invitados. Ni de los otros Poderes, pero tampoco aparece el gabinete presidencial en la trasmisión televisiva del Grito de la Independencia.

“Yo, López Obrador, encarno la historia de México. Personifico la Independencia, la Reforma, la Revolución y ahora la Cuarta Transformación. El país no necesita más. La única institución del Estado que representa al pueblo es la Presidencia, o sea, yo. Las demás instituciones son un embuste que deben irse al diablo. No tienen por qué venir a este Palacio Nacional a festejar una efeméride de nuestra historia”.

Me parece un error calificar como infantil esta decisión presidencial. Minimiza la importancia de lo ocurrido. Se trata de un asunto muy grave. He aquí al jefe del Estado mexicano comportándose como caudillo de país bananero. Un Presidente que no cree en los contrapesos del régimen democrático liberal. Que claramente quiere concentrar el poder en su persona.

No me sorprende esta actitud autoritaria de López Obrador. Lo vengo diciendo desde hace muchos años. Como cuando uno de sus hermanos apoyó a un candidato del PRI a una gubernatura y, por pensar diferente, lo tildó de “traidor” y desconoció como su familiar. La realidad es que nuestro Presidente nunca ha creído ni en la pluralidad ni en la tolerancia. Lo suyo siempre ha sido la exclusión.

Ahora está en el pináculo del poder presidencial. Ya no tiene por qué enmascarar su verdadero ser. Para él, México es el pueblo y su Presidente. Caudillismo duro y puro.

López Obrador cada día está volando más alto. Le queda un año en el poder. ¿Regresará algún día a la Tierra? ¿Será cuando entregue la banda presidencial a su sucesora? ¿Podrá vivir lejos de la política? ¿Se retirará a su rancho y cortará el cordón umbilical que lo une a su pueblo amado? ¿Así de sencillo se retirará este patente caudillo? ¿Estamos viendo el ocaso o el crepúsculo de un líder que se siente tocado por el Dios del pueblo?

Astillero

El camino a recorrer por Ebrard // Asociaciones civiles y partidos // Faltan estampitas al álbum // Mario Delgado, ¿sí o no?

Julio Hernández López

La Jornada

El 2 de octubre de 2011, en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador encabezó la asamblea constitutiva de la asociación civil denominada Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

Los propósitos de esta asociación iban más allá de lo electoral, según consignaron en su nota los reporteros jornaleros Alma Muñoz y Enrique Méndez (https://goo.su/majgd7U), pero en lo inmediato visualizaba la participación en los comicios presidenciales de 2012 y, para ello, en noviembre de 2011, se realizaría una encuesta entre el político tabasqueño y Marcelo Ebrard, saliente jefe de Gobierno de la capital del país.

La encuesta, o más bien, los resultados difundidos a nombre de esa encuesta, favorecieron a López Obrador aunque, a fin de cuentas, el priísta Enrique Peña Nieto cometió latrocinio electoral, con estilo distinto, pero similar desenlace fraudulento al hecho en 2006 por el panista Felipe Calderón contra el mismo AMLO. Recuérdese que en 2005 el presidente Fox había conseguido que fuera desaforado el jefe de Gobierno, López Obrador, con la intención de impedirle ser candidato presidencial, maniobra que la presión social y el recular panista sepultaron.

El propio López Obrador recordó en aquel octubre de 2011 que esa asociación civil “es consecuencia del fraude electoral de 2006 –pasando por la Convención Nacional Democrática, el gobierno legítimo de México, el Movimiento nacional en defensa del petróleo, la soberanía y la economía popular– y cinco años de resistencia civil pacífica, con múltiples recorridos por el país, estado por estado, municipio por municipio y distrito electoral por distrito electoral”.

De la asociación civil, el obradorismo pasó al registro como partido político nacional, que fue aprobado por unanimidad en el Instituto Nacional Electoral en julio de 2014. Luego llegaría 2018 y todo lo que a la fecha se sabe de ese avasallador paso electoral del morenismo. Es decir, de López Obrador.

Marcelo Ebrard anunció ayer que buscará constituir una asociación civil para vertebrar su movimiento político, dado que sólo se puede solicitar el registro de nuevos partidos políticos nacionales después del año electoral presidencial (un anacrónico candado que los partidos con registro han impuesto para dificultar la llegada de competidores).

Aun cuando los estatutos de Morena buscan impedir de diversas maneras que facciones internas presionen a los órganos directivos o generen divisiones, lo cierto es que el participar en una asociación civil no es un acto sancionable por los partidos. Para no ir tan lejos, Gabriela Jiménez, titular de Que Siga la Democracia AC, participa activamente a favor de Claudia Sheinbaum.

Como puede verse, larga y fatigosa podría ser la construcción de El Camino de México que Marcelo Ebrard ha anunciado, con perspectivas de desembocar en un partido político nacional. Si fuera álbum, es probable que le faltaran muchas estampitas; si fuera un canto épico, tal vez le faltarían grandes adversarios con los cuales contrastarse: AMLO enfrentó durante décadas a la mafia del poder y Marcelo va contra un proceso interno del partido al que se afilió en julio del año pasado; AMLO es un luchador social de décadas y Marcelo ha sido un muy eficaz servidor público de élite; Morena ha sido, al menos por su lema, la esperanza de México (aunque también el camino electoral de Andrés Manuel), mientras la nueva asociación política parece ser solamente un camino, el camino de la aún negociable disidencia interna de Marcelo o el de la posterior anexión a otros proyectos y partidos desde un basamento organizativo propio, medible y canjeable.

Y, mientras Mario Delgado recibe la indicación de insertarse o no en la batalla por la gubernatura de la Ciudad de México, lo cual movería el panorama actual (hasta ahora, García Harfuch y Brugada como cartas más notables) e implicaría dejar o no la presidencia nacional de Morena a la que aspira el ausente Adán Augusto,

México SA

Ferrocarriles privatizados // Zedillo y su cuento de hadas // Acabó con 150 años de historia

Carlos Fernández-Vega

La Jornada

Se baja de uno para subirse al otro y a la siguiente semana el presidente López Obrador hace lo mismo con miras a que rápidamente la nueva cara de los ferrocarriles, propiedad de la nación, esté al servicio de los mexicanos y retome el transporte de pasajeros, el cual, de un plumazo, desapareció (léase privatizó) Ernesto Zedillo, quien tuvo la brillante idea de enterrar al monopolio del Estado en este renglón para entregar la red ferroviaria a un oligopolio que la utiliza para transportar mercancías.

Así es: mediante un decreto, quien posteriormente sería empleado de uno de los consorcios beneficiados por la citada privatización, decidió que en este país los ferrocarriles dejaban de ser estratégicos y pasaban a ser prioritarios, con lo que dio luz verde al capital privado para que entre unos cuantos se repartieran el pastel en este como en tantos otros sectores privatizados durante el periodo neoliberal. Desde luego, Zedillo se los entregó limpios de polvo y paja, porque la deuda de la paraestatal Ferrocarriles Nacionales de México, íntegra, la asumió el gobierno (léase se la endilgó a todos los mexicanos, como en el Fobaproa).

Como bien lo dijo ayer el presidente López Obrador, estos irresponsables (con Zedillo a la cabeza) de la noche a la mañana, en un abrir y cerrar de ojos acabaron con 150 años de historia de los ferrocarriles nacionales y tras la desaparición del monopolio del Estado dos grupos se quedaron con el pastel completo, no sin antes cancelar el servicio de pasajeros, el cual atendía a cientos de poblaciones diseminadas por la geografía mexicana.

Se ve al presidente López Obrador subiéndose al Tren Maya (más de mil kilómetros de vía) y hacer recorridos de prueba para la ruta, sólo para bajarse y abordar el Tren Transístmico (alrededor de 300 kilómetros) y repetir el numerito con El Insurgente (dejado en el olvido por Enrique Peña Nieto y retomado por la presente administración), porque los tres deben estar en pleno funcionamiento antes de que deje Palacio Nacional. Lo ha reiterado: no podemos dejar obras inconclusas, porque significa dejar tirado dinero del presupuesto, que es del pueblo. No se puede actuar de manera irresponsable. No es porque fue otro gobierno, no, el gobierno representa a todo el pueblo.

Como en tantas otras decisiones, Zedillo quiso vender un cuento de hadas con la privatización de Ferrocarriles Nacionales de México, pero lo cierto es que las empresas ganadoras (una de ellas del tóxico barón Germán Larrea, que controla alrededor de 60 por ciento del negocio) sólo han obtenido pingües ganancias prácticamente con el mismo número de kilómetros de red que recibieron, pues 28 años después de dicha privatización, la red ferroviaria en el país a duras penas se incrementó 1.1 por ciento, al pasar de 26 mil 613 kilómetros en 1995 a 26 mil 914 en el primer semestre de 2023, es decir, 301 kilómetros adicionales (0.039 por ciento de crecimiento) en casi tres décadas.

Y como parte de ese cuento de hadas, Zedillo cacareó que con la privatización a México llegaría una catarata de inversión con la que el tendido de vías crecería de forma exponencial, dada la generosidad de las concesiones otorgadas (50 años, renovables). De hecho, fue el mismo sobado discurso utilizado para justificar todas las privatizaciones efectuadas por los seis gobiernos neoliberales. Eso sí, lo único que ese nefasto personaje garantizó fue una chamba para sí y muy bien pagada por una de las ganadoras (Union Pacific).

El sube-baja aún no concluye: seguirá viéndose a López Obrador descender de un tren para abordar otro una y otra vez hasta su pleno funcionamiento. Bienvenidos el Tren Maya, el Transístmico, El Insurgente y los que se acumulen.

Las rebanadas del pastel

Histérica, la banda fascista se retuerce porque un contingente del ejército ruso marchó en el Zócalo, es decir, hizo lo mismo que en tiempos de Borolas. ¡Pero el contexto es diferente, porque en 2010 Rusia no estaba en guerra!, grita rabiosa. Bueno, para el contexto: ese año también participó un contingente del ejército de Estados Unidos, país que en ese momento –sin olvidar su historia intervencionista– seguía destrozando a Irak y Afganistán, ambos invadidos, y además tenía (tiene) el fusil activo en medio planeta. A pesar de ello, los fachos aplaudieron emocionados. Ese es el contexto… Felicitaciones a La Jornada por sus primeros 39 años de existencia, toda una hazaña. Fuerte abrazo a directivos, accionistas, trabajadores y, desde luego, a los lectores. ¡Salud!

Movimientos sociales en la CDMX

Pedro Salmerón Sanginés

La Jornada

Este sábado 23 de septiembre a las 12 del día se inaugurará en el Ágora Galería del Pueblo (segundo nivel del Antiguo Palacio de Ayuntamiento, en el Zócalo de esta ciudad) la exposición Movimientos sociales en la Ciudad de México/nuestras conquistas, nuestros derechos. Hace casi un año que la entonces jefa de Gobierno, doctora Claudia Sheinbaum Pardo, me invitó a diseñar esa exposición, bajo la égida de la secretaria de Cultura, maestra Claudia Curiel de Icaza, proyecto al que dio continuidad el nuevo jefe de Gobierno, Martí Batres Guadarrama.

La exposición consta de siete núcleos temáticos que abordan las luchas sociales y políticas de sectores de la población de esta ciudad en torno a la construcción y ejercicio de derechos. Derechos que se plasman desde lo formal a partir de leyes, reglamentos o estatutos, pero que deben aterrizar en acciones específicas desde acciones de autoridad. La premisa que da forma al guion curatorial plantea que los derechos, ya sean colectivos o individuales, no son naturales, es decir, prexistentes a la condición humana. Por el contrario, los derechos son construcciones sociales, es decir, de orden histórico, por lo que son resultado de demandas y luchas específicas de quienes los impulsan y ejercen.

En 400 metros cuadrados se despliega una selección de más de 200 fotos y documentos que dan cuenta de estas luchas, de actores y liderazgos específicos, pero sobre todo son testimonios del poder y empuje de masas populares organizadas que propugnan por mejores condiciones de vida. De principios básicos de equidad y ejercicio democrático del poder. Reitero: los derechos individuales, políticos, sociales, colectivos, culturales, los derechos de las minorías, no son naturales, son históricos, es decir, se construyen, se lucha por ellos, se conquistan.

Los derechos que hoy tenemos fueron conquistados en tres grandes transformaciones; en esta Cuarta Transformación luchamos por los que nos faltan y por la aplicación real, universal, de los ya ganados formalmente. Precedente de estos logros fueron los movimientos sociales y la organización política, que fueron conquistando y haciendo realidad nuestros derechos.

En materia de derechos, la Ciudad de México es una ciudad de avanzada, pero también de carencias e insuficiencias, de derechos ya conquistados en la ley que no existen en la realidad, y de derechos que todavía nos faltan. Pero, ¿qué son los movimientos sociales?, ¿cuáles son nuestros derechos?

Una definición clásica dice que el movimiento social es un actor colectivo que interviene en el proceso de cambio social, articulándose en torno a identidades compartidas y a la organización que busca dar salida a demandas concretas en aras del mencionado cambio. Esto nos habla de acciones colectivas. En países de gobiernos autoritarios, como lo fue México, los movimientos sociales suelen transitar a lo político, al advertir que es sólo mediante la política –la defenestración del gobierno autoritario– que pueden lograrse sus demandas.

La idea de derechos, como la entendemos en México, surge de la Revolución francesa, que consagró los derechos del hombre y el ciudadano, que han evolucionado hasta convertirse en los derechos que, según la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, son el conjunto de prerrogativas sustentadas en la dignidad humana, cuya realización efectiva resulta indispensable para el desarrollo integral de la persona. Este conjunto de prerrogativas se encuentra establecido dentro del orden jurídico nacional, en nuestra Constitución Política, tratados internacionales y las leyes. Sin embargo, esta idea de derechos no surge de la nada; al contrario: una de las claves fundamentales para entender la historia de México son los 500 años de resistencia indígena, campesina y popular en defensa de la tierra, los pueblos, los recursos y las libertades, y a partir del siglo XIX, la libertad, la democracia, la justicia, la independencia y la soberanía, que son todos, a fin de cuentas, derechos individuales, colectivos y sociales.

Originalmente se consideraba que los derechos humanos eran individuales e inherentes al ser humano. Hoy sabemos que, además de los derechos individuales y los derechos políticos, existen los derechos sociales y colectivos, los derechos de las minorías y los derechos a la información. Consideramos, con la Declaración Universal de Derechos Humanos: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos.

¿Cómo se han conquistado nuestros derechos en esta ciudad? Ese es el tema de esta exposición gráfica, que desde este sábado está abierta a todo público, lo que sirve también para visitar el espléndido Palacio del Ayuntamiento, una de las joyas arquitectónicas más espectaculares de esta antigua ciudad de los Palacios.

Pd: Además de los funcionarios mencionados, agradezco la colaboración y coautoría de mis amigos y colegas Luis Gallardo y Juan Gerardo López, y de numerosos luchadores sociales a los que entrevisté desde 2019.

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