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Número cero

Xóchitl y el bumerán de la polarización

José Buendía Hegewisch

Excelsior

La exigencia de demoler la casa de Xóchitl Gálvez por construirse irregularmente es el último episodio de linchamiento político en la estrategia de polarización rumbo a la elección presidencial. Pero sobre todo anticipa la declaratoria de “guerra sucia” que dominará la campaña con riesgo de que desborde las redes entre enemigos irreconciliables.

Las “benditas” redes sociales que López Obrador alabara por su triunfo en 2018 han dado un vuelco completo a las campañas en México y el mundo. Se han revelado como espacio propicio para la desinformación y estigmatizar al adversario como enemigo. Eso es lo más preocupante de la idea desde las filas morenistas de derruir la casa de la candidata del frente opositor como una sanción extrajudicial, tras conocerse que se edificó sin los permisos y en conflicto de interés por adquirirla en Miguel Hidalgo, donde era delegada. Hay poca investigación sobre el impacto de la polarización en México, pero a nadie escapa que la estrategia de confrontación en este sexenio ha dividido al país. Y el Presidente es uno de sus principales promotores, aunque para él es un fenómeno restringido al “círculo rojo” de opinión pública, que no trasciende al pueblo, porque “está en otra cosa”. No obstante, sus descalificaciones parecen hacer mella en el aumento de opiniones negativas hacia Xóchitl, según el último sondeo de Enkoll, después de la visibilidad que le dieron sus críticas desde la tribuna presidencial.

Xóchitl irrumpió en la contienda como fenómeno mediático y, como tal, puede desinflarse sin consolidar un liderazgo electoral o desprenderse del descrédito de los partidos frentistas. Pero independiente de la popularidad, el riesgo de agudizar la confrontación es que desborde en choques patológicos y deje un abismo entre alternativas políticas. En la estrategia oficial, es exhibida como títere de la cúpula empresarial, pero actos de repudio que van más allá de la descalificación política ponen en riesgo su seguridad y sirven para justificar violación de procesos legales y la equidad electoral. Las redes sociales hace tiempo rebasaron el marco legal de las campañas negativas que se prohibieron desde la reforma electoral de 2008, en respuesta a las denuncias de fraude de López Obrador en 2006. Pero, ante ellas, las autoridades electorales lucen impotentes para detener la guerra sucia, por más intentos del INE para retirar publicaciones y la ineficacia del TEPJF para sancionar a nadie.

Si se acepta que las campañas de “contraste” trasgredan la seguridad de candidatos con la difusión de datos personales o la amenaza de bienes patrimoniales, significará abandonar el debate democrático. Ese escenario es grave, como subraya el rechazo inmediato del Presidente de tirar la casa y replicar prácticas de las campañas de escarnio público, como él padeció con el desafuero para sacarlo de la elección de 2006, o los ataques que lo demonizaban como “peligro para México”.

Las campañas de linchamiento político son abono de conmoción social y suelen revertirse como bumerán desde las victimas contra sus autores. Los linchamientos y el hostigamiento escalan el encono y venganza, como pasará en la campaña.

Nada de esto necesita Sheinbaum, que arranca el proceso electoral con una amplia ventaja en las encuestas, y que podría beneficiar a su contrincante: la comunicación de Xóchitl aprovechó el ataque para refugiarse como damnificada en la casa de sus seguidores, con el control de daños de las denuncias de corrupción con el hashtag #micasaestucasa. A lo que Sheinbaum contestó querer construir casas, no demolerlas, salvo al cártel inmobiliario panista de Benito Juárez. A pesar de presentarse como continuidad del “obradorismo”, Sheinbaum en el gobierno difícilmente podrá seguir la estrategia de la polarización de López Obrador para reducir a sus opositores, y menos sin un triunfo abrumador en el Congreso para gobernar en solitario. La polarización es kriptonita para los gobiernos divididos porque uno de sus peores efectos es la parálisis institucional. Su llamado a la clase media y todos los sectores a sumarse a la construcción del “segundo piso” de la 4T da cuenta de la necesidad de ello y expresa distancia con las formas de López Obrador. Habrá que ver si realmente el “tiempo de mujer” trae nuevas formas políticas.

¿Por qué continuar?

Luis Wertman Zaslav

Excelsior

En la mesa de la ciudadanía se encuentran, hasta el momento, dos propuestas. Una de continuidad en la ruta del cambio que tomamos hace cinco años, y otra, que plantea el regreso al modelo anterior, manteniendo algunos derechos que hoy son ley, pero modificando el sentido social de las políticas públicas y la redistribución del presupuesto hacia esos centros de poder que se debilitaron en este sexenio.

Mientras tanto, hay muchas primeras veces en este tiempo que vivimos. Por primera vez el sur del país crece más en lo económico que el centro y el norte, los cargos públicos ejercidos por mujeres han aumentado notablemente respecto de los ocupados por varones, tenemos leyes que garantizan pensiones para las y los adultos mayores, becas para jóvenes, personas discapacitadas, y madres que son cabeza de familia, entre otros muchos ejemplos. Sólo que seis años es un lapso breve para consolidar y por eso en el pasado se hizo costumbre tratar de reinventarlo todo el siguiente sexenio.

Sin embargo, es poco probable que la propuesta que no plantea continuar por el mismo camino termine de tajo con los programas sociales, aunque sí adelantaría otra forma de repartirlos, muy en la línea de los que fueron aplicados en el pasado: focalizarlos y colocar intermediarios para su dispersión; es decir, quitarles la universalidad y el poder de decisión a los beneficiarios, a la gente. A partir de ahí, la estrategia sería de contraste y por cada primera vez mencionada, se opondría otro hecho, como si se tratara de los lados de una misma moneda, para tratar de convencer a sus simpatizantes de que en realidad no han sido favorecidos por este cambio de época. Nada más que no estamos frente a dos alternativas, sino a dos formas distintas de valorar a la sociedad y a un país que se siente mucho más incluido ahora en las determinaciones que toman sus gobernantes y lo manifiesta no como una graciosa concesión del poder, sino como un derecho conquistado.

Muestra de ello es que el debate público, aún el encarnizado de las redes sociales, gira en torno a decisiones, medidas, acciones y obras que dejan a tirios y troyanos con la certeza de que el país está en movimiento y tiene elementos tangibles para comprobarlo. Igual que al inicio de este siglo, hay dos opiniones, que desconectan a varios segmentos de la población, a pesar de que muchos viven en primera persona los cambios que se niegan en el ciberespacio o en otras plataformas de comunicación. No creo que se trate de una forma de ceguera social, sino de una justificable desconfianza hacia una estructura de poder que pocas veces volteaba a mirar las necesidades colectivas. La diferencia más importante en este momento es que la mayoría se siente atendida y sus problemas coinciden con las acciones y postulados de su gobierno.

Incluso la inseguridad, la principal demanda social, desciende en los números y en la percepción de los mexicanos con una regularidad que ya puede considerarse tendencia. Claro que, para quien fue asaltado ayer, esta afirmación no le hará sentido; sin embargo, la construcción de la paz se está consolidando y la apuesta por otra estrategia para combatir al crimen está dando resultados. Sin apasionamientos, revisemos como ciudadanos las últimas estadísticas del Inegi.

Temas olvidados, hoy son asuntos indispensables para aprovechar las condiciones favorables que tiene el país respecto a la economía del mundo. Por primera vez en cuarenta años hablamos de conectar el territorio por medio de trenes de pasajeros y de carga; además de la explotación del litio, el aprovechamiento del sol como fuente de energía y la construcción de presas que funcionen como hidroeléctricas; paralelo a una mayor participación en el mercado del petróleo que, guste o no, continua siendo el combustible que mueve no sólo a la mayoría de nuestros automóviles, sino los del mundo, igual que a una industria de la transportación aérea y marítima indispensable para comerciar. Si la propuesta es regresar a la idea de privatizar las dos entidades encargadas de la generación de energía en el país, habrá que revisarla, porque el nearshoring y sus bondades no contemplan una sustitución masiva de generación energética y, en esta coyuntura, gran parte de las ventajas que representa México, es gracias a un fortalecimiento de la soberanía perdida frente a una política de concesiones que nos dejó casi sin sectores estratégicos y sin manera de negociar en un mundo que ha girado favorablemente hacia nosotros después de la pandemia.

Tal vez, el diálogo que podemos tener en nuestros hogares sea sobre los “cómos” y los “porqués” para ampliar lo que ha funcionado y mantenernos en la misma dirección que ya probó que pudo frenar el evidente deterioro en el que no encontrábamos hace poco más cinco años. Ahora hay que dar los siguientes pasos para consolidar, nunca más para retroceder.

Migraciones, ¿y el Consejo de Derechos Humanos?

Ana María Aragonés

La Jornada

La Unión Europea sigue buscando acuerdos con países para que detengan a los migrantes, sin importar las condiciones bajo las cuales acogen a esas personas. Un caso reciente es con Túnez, país que se ha visto completamente rebasado por la realidad migratoria; lo mismo han pactado con Turquía o el atroz trato que reciben los refugiados en Libia a partir de un muy controvertido acuerdo con Italia. Habría que preguntarse si la estrategia correcta es la contención ya que, a pesar de todos estos horrores, los movimientos migratorios siguen sin pausa enfrentando tragedias sin fin ante la decisión de los países ricos de cerrarles la entrada.

Los últimos acontecimientos muestran la llegada de miles de migrantes. Se habla de 10 mil en los últimos días, a la isla italiana de Lampedusa, y las enormes dificultades que la propia Cruz Roja Internacional enfrenta simplemente para dar alimentos y agua a todas estas personas. Sin embargo, la comunidad internacional sigue tratando de gestionar los flujos migratorios a partir de acuerdos, de convenios con países que estén dispuestos a convertirse en terceros países seguros.

Así siguen las tragedias de miles y miles de seres humanos, sin preguntarse cuáles, son las causas de tanta tragedia. ¿Por qué, a pesar de que se han alcanzado avances extraordinarios, como nunca antes en la historia de la humanidad a partir de la revolución del conocimiento, de las innovaciones tecnológicas, la informática, robótica, inteligencia artificial, no se ha logrado desterrar el hambre del planeta ni las epidemias ni las miles de muertes infantiles y más de las dos terceras partes del planeta siguen sumidas en el subdesarrollo? ¿Cómo es posible que se siga priorizando y dedicando adelantos tecnológicos, recursos y millones de dólares para una industria militar que, simplemente por esas razones, requiere conflictos sin fin derrochando una enormidad de recursos para la destrucción en detrimento del desarrollo, el bienestar, la salud, la educación y la lucha contra los efectos del cambio climático?

Níger es uno más de los muchos casos que llama a la reflexión justamente sobre este tema. Es un país que tiene importantes recursos estratégicos, oro, petróleo, fosfato y, sobre todo uranio, que lo convierte en el séptimo país con reservas mundiales de ese importante recurso. Resulta que Francia, dominó y domina la región del Sahel y por tanto Níger, y es el principal comprador de este importante recurso, lo que le permite electrificar a su país en casi dos terceras partes. Sin embargo, debido a las condiciones de explotación neocoloniales que aplica, el país dueño de los recursos estratégicos es el más pobre de África, con trabajadores mineros en condiciones dantescas, niños menores de 14 años laborando en esas minas y bajo los efectos de la radiación.

Irónicamente, al mismo tiempo, Francia se posiciona como el gran ambientalista, pero Níger vive una catástrofe ecológica justamente cerca de las zonas donde se extrae el uranio. Como se ha documentado, los militares decidieron dar un golpe de Estado y Francia está furiosa, y hasta piensa declararles la guerra porque, hipócritamente señala que hay que recuperar la democracia cuando el presidente destituido Mohamed Bazoum es el heredero de una familia que lleva 50 años gobernando y, por supuesto, aliado de los colonialistas franceses. Si se resuelve este conflicto a favor de Francia apoyado por otros países colonialistas, y de aquellos que están al servicio de esas élites, bajo la supuesta proclama de volver a la democracia, Níger sería una muestra más de expulsión de migrantes, recibiendo como respuesta la contención por parte de, precisamente, de los mismos que la provocan.

Los pactos para una migración regular, ordenada y legal no tienen la más mínima efectividad al no poner en la ecuación a las élites mundiales, imponiendo sus intereses en detrimento de los derechos humanos de las mayorías.

Quizás el Consejo de Derechos Humanos, creado por la Asamblea General en 2006 y compuesto por 47 estados miembros, responsable de la promoción y protección de todos los derechos humanos en el mundo, y establecido para hacer frente a situaciones de violaciones de los derechos humanos y para formular recomendaciones, debería tomar a su cargo a todos los migrantes forzados del mundo.

El tiempo de las mujeres

Ángeles González Gamio

La Jornada

Hace 70 años, el 17 de octubre de 1953, en el Diario Oficial de la Federación se publicó el decreto que establecía que a partir de esa fecha las mexicanas podían votar y ser votadas. A lo largo de estas siete décadas se luchó por abrir espacios, y utilizo la palabra lucha porque no fue nada fácil.

A pesar de que pronto tendremos una presidenta, todavía hoy en los derechos consignados en las leyes y la participación de las mujeres en casi todos los ámbitos, hay que combatir la misoginia y el machismo presente en todos los niveles y sectores.

Parte de ese proceso ha sido lograr el reconocimiento de las aportaciones femeninas, como el caso que hoy abordamos, que es el arte. El Museo Nacional de San Carlos celebra su cumpleaños 55 con la exposición Pintar en femenino: Mujeres en el sistema artístico mexicano, 1846-1940. Homenaje a Leonor Cortina.

La homenajeada es autora de un libro sobre el tema, organizó y curó en 1985 la exposición pionera Pintoras mexicanas del siglo XIX, que sacó a la luz a excelentes artistas que hasta ese momento eran prácticamente desconocidas.

La entonces directora del INBA, Lucina Jímenez, expresó en la inauguración que gracias a su trabajo es que la historiografía de las artes en México tiene un lugar para las mujeres, y lo tienen de una manera digna, documentada y rigurosa, y el reconocimiento, no solamente de ser mujer, sino porque ser mujer en un espacio dominado por una visión absolutamente masculinizada dejaba a las mujeres solamente como musas, como algunas inspiradas, pero en el ámbito de lo privado: el ámbito público estaba destinado para ese sector masculinizado.

La muestra actual está conformada por más de 180 obras, entre pinturas, grabados, dibujos, fotografías, títeres y tapices en los que se advierte el papel de las mujeres como creadoras y artistas a lo largo de nuestra historia. Hay obras de la muralista Aurora Reyes, de Nahui Ollin, Juliana y Josefa Sanromán, Ángela Icaza, Guadalupe Moncada, Eulalia Lucio, Otilia Rodríguez y otras.

El tema tiene resonancia; hace unos meses el Museo Kaluz presentó la exposición temporal: (Re)generando… narrativas e imaginarios. Mujeres en diálogo. Con otro enfoque, la curadora Karen Cordero, feminista y académica, partió de la pregunta: ¿dónde están las mujeres en las colecciones de arte en México?, e inició con una revisión de la propia colección Kaluz, a la que sumaron acervos de otros museos, coleccionistas y artistas contemporáneas.

Se analizó cómo cambia la historia del arte por medio de la mirada de las mujeres y buscó un punto de partida para interrogar y reimaginar la historia del arte, así como los futuros posibles de nuestra cultura y sociedad.

Otro agasajo de visitar la exposición-homenaje, es admirar el hermoso palacio neoclásico que aloja al Museo Nacional de San Carlos, obra del notable arquitecto y escultor Manuel Tolsá. Lo mandó a construir la marquesa de Selva Nevada como regalo para el hijo que no heredaría su mayorazgo, pero a quien en compensación le daba el recién adquirido título de conde de Buenavista.

El inmueble situado en Puente de Alvarado 50 –hoy avenida México-Tenochtitlan– es una belleza con un original patio ovalado único en su género en nuestro país. Custodia la colección de arte europeo que perteneció a la Academia de San Carlos, que se integró con obras de arte de grandes maestros europeos que sirvieron de modelo a los estudiantes. Se enriqueció con trabajos de los propios docentes, muchos venidos del viejo continente y de alumnos sobresalientes.

El Palacio de Buenavista nunca fue ocupado por el conde, tuvo muchos dueños y muchos usos, hasta que en 1968 fue acondicionado para servir de sede al recién creado museo. Lamentablemente, como en muchos recintos culturales, se ve el deterioro en el mantenimiento por los severos recortes presupuestales que ha padecido el sector.

En la vecina colonia Juárez, en la calle Lucerna 12, desde 1945 funciona el primer restaurante de cocina yucateca en la ciudad: El círculo del sureste. Muy conocido en el medio artístico por su cercanía con Televisa Chapultepec, constantemente recibe la visita de artistas.

Ahora ofrecen también cocina mexicana y española, pero su fuerte sigue siendo la yucateca: muy sabrosa la cochinita pibil, el pan de cazón, el queso relleno, el frijol con puerco, el salpicón de venado y el poc chuc. De postre, el pan de elote que sirven calientito, esponjoso y lleno de sabor.

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