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Marcelo pide lo imposible y formaliza nacimiento de Corriente Democrática, versión siglo XXI

Francisco Garfias | Excelsior

No se necesita un sesudo análisis para concluir que Marcelo Ebrard está, literalmente, fuera de Morena. Para permanecer en el partido oficial pide lo imposible: que se anule el procedimiento que perfiló a Claudia Sheinbaum como virtual candidata presidencial del oficialismo.

“Si las incidencias en el proceso se quedan igual, ya no tendré interés en estar con Morena”, dijo el excanciller, en el mensaje que pronunció ayer en el hotel Royal del Pedregal.

Hay un 99.9% de posibilidades de que la Comisión de Nacional de Honestidad y Justicia de Morena, ante la cual se inconformó por escrito, batee su demanda de nulidad del proceso interno por “incidentes” que alteraron el resultado.

* El ultimátum vino acompañado de un anunció no menos importante: el 18 de septiembre va a formalizar la integración de un movimiento político nacional. Ese mismo día, el excanciller inicia un recorrido por el país para reencontrarse con quienes lo respaldaron y votaron por él. Termina el 2 de octubre (fecha simbólica), un mes dos días antes de que se inicien las precampañas. “Seguimos siendo parte de Morena, varios compañeros siguen siendo del Partido Verde, otros compañeros siguen siendo del PT, pero tenemos una causa que defender”, dijo. Si la dirigencia de Morena y sus órganos internos concluyen que no existen las irregularidades denunciadas y detalladas en el recurso de queja, “entonces sí ya la decisión de su servidor sería no seguir participando”.

* Mientras lo escuchaba recordé el génesis de la Corriente Democrática del PRI, alrededor de la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas, en 1988, y su reclamo de democracia interna, respetando, eso sí, las diferencias. La Marcha de las 100 horas; las movilizaciones a escala nacional que terminaron con la ruptura de ese grupo con el PRI, la formación del Frente Democrático Nacional (PARM-PPS-PFCRN); la declinación del candidato presidencial del PMS, Heberto Castillo, la formación del Frente Democrático Nacional y el posterior nacimiento del PRD.

* Marcelo ha querido apelar a lo que no existe. No hay tal “superioridad ética” de Morena. El excanciller se queja de que usaron los programas sociales para favorecer a Claudia; los gobernadores y alcaldes se fueron a la cargada con ella; llevaron a fuerza a los sindicalistas (y otros acarreados) a sus actos.

No es exageración comparar a Morena con el viejo PRI.

A los que dicen que es una “pataleta” porque Claudia ganó las encuestas, Marcelo les aclara: “No es un arrebato, es un acuerdo político, una convicción”.

Al final de su mensaje tuvo cuidado de señalar:

“Le tengo un inmenso cariño al presidente López Obrador. He sido su más largo colaborador. Jamás le haría yo un daño por razones políticas, pero esto sí lo tengo que decir, porque a Morena le costó muchísimo trabajo organizarlo y hacerlo”.

* No son pocos los analistas financieros que han mostrado preocupación por la ampliación del déficit fiscal a 4.9% en el paquete económico para el 2024. Hay déficit fiscal cuando los ingresos recaudados por impuestos no alcanzan para cubrir el gasto público. Para financiar esa diferencia se recurre al aumento de impuestos o al endeudamiento.

La preguntamos a Alejandro Rodríguez, especialista en comunicación institucional en temas financieros, sobre las potenciales consecuencias de llevar el citado déficit a ese nivel.

“Es una locura. Es el mayor déficit fiscal en décadas. Fue el causante de muchas de nuestras desgracias pasadas. Se había logrado contener y corregir hasta llevarlo a 0% en 2007, luego de mantenerlo en un nivel manejable de entre 2 y 3% entre el 2009 y 2018. Hoy, luego de cinco años que han prometido responsabilidad fiscal, lo han llevado a casi 5%. ¿Y cómo se financia ese déficit? Con más deuda, a pesar de que lo nieguen en el gobierno. Aunque se mantiene en niveles manejables con respecto al PIB —menos del 50% como porcentaje del Producto Nacional— (el déficit) hace que el próximo gobierno reciba unas finanzas con graves presiones fiscales que harán impostergable una verdadera reforma fiscal. Más impuestos para corregir el déficit. “En el inter, hay un riesgo adicional a la calificación de la deuda soberana de México. Hay que recordar que Pemex ya perdió el grado de inversión”, puntualizó.

La calificadora Moody’s alertó sobre el déficit fiscal récord:

“El Paquete Económico 2024 de México denota la intención del gobierno de aceptar un déficit fiscal elevado, en parte como consecuencia del aumento del gasto destinado a proyectos prioritarios. Los recurrentes apoyos financieros a Pemex, el incremento de las pensiones, la creciente inversión en proyectos emblemáticos y mayores pagos de intereses le restarán espacio fiscal a este gobierno y al que lo suceda”.

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Juegos de poder

¡Viva la democracia!

Leo Zuckermann | Excelsior

No sé por qué recuerdo el golpe de Estado en Chile, ocurrido hace 50 años, viajando con mis abuelos paternos en la carretera México-Cuernavaca. Mi abuelo, marxista ortodoxo hasta el final de sus días, estaba desencajado. Los militares chilenos, con el apoyo del gobierno estadunidense, estaban tomando el poder a la fuerza. Salvador Allende se suicidaba en el Palacio de la Moneda. Comenzaba, así, la oscura noche de la dictadura chilena que duraría 17 años.

Mi abuelo no creía que un gobierno de izquierda podía llegar al poder en una democracia liberal para sacar adelante una agenda revolucionaria de manera pacífica. Como marxista, consideraba a la democracia como una forma de dominación burguesa. Discípulo de Lenin, creía en la revolución. Por eso, siempre se mostró escéptico del éxito de la izquierda por la vía democrática. El camino correcto era Castro, no Allende.

Con todo y esta convicción, admiraba mucho al presidente chileno. El golpe en su contra lo entristeció. Estaba enojadísimo. Como siempre que se alteraba, comenzaba a gritar en alemán, una escena dantesca para un niño de ocho años.

La abuela lo trataba de calmar en vano. Yo sólo entendía algunos nombres que soltaba: Allende, Nixon, Castro, Echeverría, Brézhnev, Kissinger. Por la turbación del abuelo, me quedaba claro que algo muy importante estaba ocurriendo. Yo no entendía nada, pero sí me impactaba el suicidio de un presidente.

En 1985, la Escuela Nacional de Antropología e Historia le hizo un homenaje al abuelo, quien era profesor de esa institución. Hortensia Bussi acudió. Resulta que la viuda de Allende, exiliada en México, se había hecho amiga de los abuelos. Una vez más, el golpe militar chileno se hizo presente en mi vida.

El tema me comenzó a interesar. Por ese entonces, México estaba viviendo una profunda crisis económica. Aparecieron conceptos como “neoliberalismo”, “monetarismo” o “economía neoclásica”. Con Pinochet, Chile se había tornado en la Meca de los “Chicago Boys” que pusieron en marcha el primer experimento de reformas económicas orientadas hacia el mercado. Incluso se adelantaron a lo que en ese momento estaba sucediendo en Estados Unidos con Reagan y el Reino Unido con Thatcher.

Me puse a estudiar. Ahí entendí el fracaso económico del gobierno de Allende en Chile. Por supuesto que esto no justificaba, de ninguna manera, la intervención armada que lo derrocó. Pero mi abuelo tuvo razón: una revolución social del tamaño de la que quería Allende no se podía procesar en un régimen democrático. La realidad es que éste había ganado la Presidencia por un pelito y nunca tuvo el capital político para hacer cambios tan radicales en tan poco tiempo.

Las reformas orientadas hacia el mercado, en cambio, sí pusieron a Chile en un camino hacia la prosperidad económica. En pocos años se convirtió en la economía más dinámica de América Latina. No sin problemas, desde luego. Tuvieron que corregir algunos errores y excesos. Pero fueron exitosos.

Lo más chocante es que este éxito económico le permitió quedarse más años al gobierno golpista de Pinochet. No olvidemos que, en el Plebiscito de 1988, el 44% de los chilenos votó a favor de que se quedara ocho más en el poder. Más de tres millones apoyaron en las urnas a un general golpista que pisoteaba cotidianamente los derechos humanos en su país.

Los gobiernos democráticos que siguieron a Pinochet sostuvieron la misma política económica. Chile siguió por la senda hacia la prosperidad convirtiéndose en la economía latinoamericana con mayor probabilidad de alcanzar niveles de país desarrollado.

En 1998 viví unos cuantos meses en Santiago. En Londres, por una orden de aprehensión del juez español Baltasar Garzón, había sido arrestado Pinochet. Yo vivía en el barrio donde estaba la embajada británica. Ahí se manifestaban los pinochetistas en contra de la detención. Los carabineros los dispersaban con gases lacrimógenos. A mi trabajo, que estaba detrás del Palacio de la Moneda, llegaba llorando. Ahí se manifestaban los antipinochetistas que demandaban justicia en contra del general golpista. Una vez más, los carabineros los enfrentaban de la misma forma. A mi casa regresaba llorando. Por todos lados me gaseaban. Cosas de vivir en un país tan polarizado.

Ayer se cumplieron 50 años del terrible golpe de Estado en Chile. Me la pasé recordando todos estos momentos que me unen a ese magnífico país andino. Una cosa me queda clara: por más éxito económico que haya tenido el régimen de Pinochet, hasta mi muerte seguiré condenando cualquier autoritarismo, sea de izquierda o de derecha. A diferencia de mi abuelo, yo pienso que no hay mejor régimen político que la democracia liberal.

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Astillero

Marcelo a Morena: no soy yo, eres tú // Indeciso, busca ganar tiempo // Reactivan trabajos en Ohuira // Funcionarios (cuando menos) indolentes

Julio Hernández López | La Jornada

El sentido del tiempo (de la oportunidad) es muy importante en política: saber cuándo decir y hacer algo, valorar las circunstancias y decidir el momento en que determinada acción (declarativa o ejecutiva) obtendrá los mejores resultados.

Marcelo Ebrard está dejando pasar momentos valiosos, pues en momentos críticos para su reacomodo político, su relanzamiento –si tal fuera la intención– ha optado por presentar un recurso jurídico ante un órgano de la misma Morena que dice rechazar (paso necesario para después ir al tribunal federal, siempre en clave de pertenencia al morenismo), por mantener ligas formales y expectativas de arreglo en un entorno en el que ha dicho que ya no tiene lugar, por mantenerse un poco más o incluso seguir en un morenismo que asegura se parece más al PRI (en el que el ex canciller desarrolló la fase más formativa de su carrera, durante el salinismo).

En lugar de mostrarse como un político decidido y directo, capaz de retar sin subterfugios al poder del que abjura, Ebrard busca cargar a Morena la responsabilidad de su posible salida. No asume una postura de militante (aquel que aun estando en contra de ciertas decisiones o resultados asume la legalidad interna), sino de antagonista apenas embozado que creará su propio movimiento, desarrollará su propia gira y mantendrá la opción de irse a otro partido. Todo, a cuenta de la resolución que emita la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia (CNHJ).

Hay enamorados que suavizan sus rupturas asumiendo la culpa para eximir a la otra parte, pero Marcelo prefiere jugar el rol de víctima: No soy yo, eres tú, en lugar de aspirar a construir un liderazgo fuerte, valiente, tajante. Ricardo Monreal eligió, durante el desierto al que lo condenó Palacio Nacional, adoptar tono y discurso como de cura de pueblo, mientras Ebrard adopta temporalmente una actitud de apariencia sosiega, entre predicador y postulante.

En realidad, Marcelo ni rompe ni se reintegra, ni dinamita ni remoza. Sólo busca ganar tiempo para ver si en Movimiento Ciudadano medio se ponen de acuerdo para poder recibirlo, pues en la élite naranja se mantiene la división seca entre quienes desean acercarse al Frente Amplio-Xóchitl y quienes prefieren ir solos, de preferencia con una carta escindida de Morena.

Pero también busca tiempo a fin de calibrar si cuenta con las condiciones políticas, económicas y sociales para enfrentar la poderosa maquinaria guinda que ha cerrado filas en torno a Sheinbaum. Por ello se ha habilitado recursos de medición, que eso son el movimiento progresista, la gira nacional, la impugnación ante la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia y el discurso impreciso (si todo sigue igual, no hay razón para que él continúe en Morena, ha dicho; pero, si la resolución venidera no queda igual, si la CNHJ reconoce algunas fallas y castiga a algunos morenos expiatorios, pero mantiene la victoria de Claudia, ¿sí podría Ebrard mantenerse en su actual partido?).

En otro tema: el grupo empresarial que pretende instalar una planta de amoniaco en la sinaloense Bahía de Ohuira reanudó ayer labores, como si ya tuviera una resolución judicial federal a su favor o alguna complacencia gubernamental. Ante la provocadora reactivación de esos trabajadores, los pobladores en resistencia, nucleados en el movimiento Aquí No, preparan movilizaciones.

El negocio de dicha planta ha sido solapado por autoridades morenistas de los tres niveles (federal, estatal y el municipio de Ahome), al extremo de haber simulado una consulta a cargo de la Secretaría de Gobernación. Además, ha habido engaño y desatención por parte de funcionarios obradoristas, primero el entonces secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, y luego la secretaria del medio ambiente, Luisa María Albores, quienes ni siquiera cumplieron firmes promesas de dialogar directamente con los opositores a esa planta.

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México SA

Marcelo Ebrard: ¿para cuándo? // Amenaza con irse, pero no se va // ¿No seré factor de división?

Carlos Fernández-Vega | La Jornada

Deprimente el vodevil que protagoniza el chantajista Manuel Marcelo Camacho Ebrard, quien en resumidas cuentas amenaza que si no atienden sus peticiones (impugnaciones les llama), entonces ya no tendría interés de estar en Morena, en el entendido de que si –berrinche de por medio– su papá putativo fundó el efímero Partido de Centro Democrático, por qué Chelo no haría lo propio con su anunciado movimiento político nacional.

¡Qué pérdida!, pero ¿dónde quedó su declaración (15 de noviembre de 2011) de que la izquierda dividida sólo iría al precipicio, y su compromiso de no seré yo, nunca, quien conduzca las posibilidades de cambiar el rumbo de México al fracaso; hay que superar la recurrente lucha de facciones que tanto daño han hecho? ¿Dónde? En el discurso, desde luego.

No hay que olvidar que de las cinco encuestas levantadas por Morena o contratadas por el partido, Marcelo Ebrard perdió todas, incluida la correspondiente a la empresa demoscópica por él propuesta y aceptada por el comité organizador. Y la diferencia a favor de Claudia Sheinbaum no fue precisamente mínima o que se prestara a dudas e impugnaciones: 13.6 puntos porcentuales (39.4 contra 25.8 por ciento) como promedio de las cinco.

De hecho, en la encuesta que Ebrard estuvo más cerca de alcanzar a Claudia fue la levantada por Buendía: 36.6 contra 26.1 por ciento (10.5 puntos porcentuales de diferencia), a favor de Sheinbaum. La mayor diferencia se dio en la encuesta levantada por De las Heras, en la que Marcelo resultó con 14.7 puntos por debajo de su contrincante (41.1 contra 26.4 por ciento). ¿Dudas? Pues sólo en el ego de quien hoy chantajea con irse a otra parte, porque tampoco aceptaría lo que él ha denominado premio de consolación. Entonces, que se vaya pero sin vodevil.

La Jornada (Néstor Jiménez y Enrique Méndez) lo reseñó así: Marcelo Ebrard amagó que su permanencia en Morena depende de la respuesta que dé el partido a la impugnación que presentó el domingo ante la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia del partido. Anunció que el 18 de septiembre formalizará la creación de un movimiento nacional y hará recorridos por el país previo al inicio de las precampañas presidenciales, sin aclarar si se sumará a otra fuerza política para contender.

Algo más: “mi postura no se trata de ahorita, después del resultado, no es un arrebato, es una sistematización de lo que observamos. Presentamos esta impugnación y va a depender de la respuesta que tenga Morena, el curso de acción que vamos a seguir. Si esas diferentes circunstancias se dieron, incidencias en el proceso, se quedan igual, pues yo ya no tendría interés de estar en Morena. ¿Por qué razón?, –y estoy consciente de lo que estoy diciendo– porque si se da carta de naturalización a que se utilicen programas sociales, si se da carta de naturalización a que intervengan gobernadores, que se fuerce a los sindicatos a que sus integrantes vayan a eventos, porque habría de permanecer ahí?, entonces qué explicaría toda la lucha que hemos dado, décadas”. De acuerdo con La Jornada, el ex aspirante adelantó que a partir del 18 de septiembre formalizará su movimiento político nacional, pero tanto él como su equipo seguirán siendo parte de Morena, del Verde o del PT (¿?).

Doce años atrás, cuando su contrincante fue López Obrador, quien resultó vencedor, Ebrard aceptó sin chistar el mecanismo de selección del candidato a la Presidencia de la República y el resultado. Fue cuando se comprometió a nunca ser quien conduzca las posibilidades de cambiar el rumbo de México al fracaso. De hecho, según señala la crónica de entonces, propuso crear un frente amplio que en su momento pueda transitar a un partido-frente, capaz de incluir a los partidos de la izquierda, superar la recurrente lucha de facciones que tanto daño han hecho, y capaz, sobre todo, de representar la amplia gama de colectivos, causas y aspiraciones que se han alejado de los partidos progresistas.

Por aquellos ayeres, López Obrador comparó a Ebrard “con Ulises, el de La Odisea, que no se dejó cautivar por el canto de las sirenas…”, pero parece que se quitó la cera de los oídos y le dio por el vodevil.

Las rebanadas del pastel

Cercana la conmemoración del sexto aniversario del terremoto de 2017, el SAT denuncia que 27 organizaciones civiles y fideicomisos que recibieron donativos para ayudar a los damnificados mantienen remanentes pendientes por destinar o presentan inconsistencias en la información declarada. Así se las gastan los altruistas.

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El consenso en la 4T

José Blanco | La Jornada

Entre amenazas de conmoción transcurre la República construyendo las condiciones para extender los beneficios del primer tramo de la 4T, al siguiente tramo. Morena casi ha resuelto su diseño para transmitir el poder político al relevo esperado. Claudia Sheinbaum es garantía de continuidad, algo imprescindible para las mayorías. El segundo piso de la 4T –así lo refiere Claudia– es continuidad con cambio; con el cambio que se desprenda de la actualización de los diagnósticos del estado de una nación donde la pobreza y la desigualdad siguen siendo la prioridad número uno. Con el cambio, asimismo, derivado de la mirada de una mujer que tiene ideas propias, ideas de mujer, en primer lugar.

Marcelo Ebrard, un servidor público de primer nivel, actuó de modo discordante con la posibilidad de suceder al presidente López Obrador. El Ebrard de la breve campaña política resultó un desconocido. Era otra persona, con líneas programáticas propias y distintas de las prioridades del programa de gobierno de la 4T. Su estilo político, genuino o fingido, fue del todo ajeno a los valores de la sencillez y de la autenticidad que han distinguido al líder de la 4T, con quien se identifican las mayorías. Más aún: de modo deliberado, Ebrard no apostó a esas mayorías. La seriedad y la gravedad de la bandera por el bien de todos primero los pobres, fue suplida por la gringada sonrían, todo va a estar bien. Resulta incomprensible que, así, creyera que podía ganar. Fuera del consenso de la 4T, hoy por hoy, nadie puede ganar. Y la imagen de Marcelo empeoró al mostrarse disconforme con los resultados que apuntaban las encuestas: sus reclamos resultaron sin asideros, y su postura laxa e inverosímil.

Al escribir este artículo, ignoro cuál fue la postura pública que debió presentar Marcelo ayer lunes. Fuera de Morena, no tiene adónde ir, políticamente. Con Movimiento Ciudadano podría robar algunos votos a Morena, dividir la votación de la oposición de derecha, y beneficiar así a Morena. Podría, sí, emprender la construcción de un partido con sus orientaciones ideológicas. De otra parte, como simple ciudadano, no comparto la opinión según la cual Marcelo tiene (o debería tener) un lugar dentro de Morena, no después de ver su actuación, sus tesis políticas distantes de Morena.

Por mucho tiempo han permanecido sociológicamente distintos 1) los sectores que conforman las mayorías populares y 2) los sectores de las clases dominantes y de las clases medias. La imposibilidad del capitalismo para desarrollarse a plenitud en los países periféricos mantiene esos sectores como distintos; esa condición estructural crea un tipo de sociedad diferente al tipo de desigualdad capitalista observable en los centros dominantes. En la literatura convencional, son esos los países subdesarrollados, con un núcleo moderno, capitalista, similar al capitalismo desarrollado, y un área socioeconómica que permanece en el atraso. La imposibilidad de un establecimiento pleno del capitalismo surge de sus propias crecientes tendencias concentradoras y centralizadoras, en marcha durante las sucesivas olas de su internacionalización, y nace, asimismo, de los pueblos y comunidades en una lucha de resistencia frente a la operación de un capitalismo que conlleva pulsiones colonizantes en los territorios y espacios sociales comunales; ocurre así en un gran número de los países periféricos.

Los sectores 1) y 2) no sólo son distintos desde el punto de vista económico, también lo son desde la perspectiva política. El sector 2 está compuesto, política y jurídicamente, por individuos ciudadanos; los miembros del sector 1 están revestidos de los mismos atributos político-jurídicos, y son esa medida ciudadanos pero, más profundamente, están interconstruidos como miembros de una cultura comunitaria. Son menos individuos que los del sector 2; son, más, miembros instituyentes de una comunidad. En México, y en otros muchos países, el número de personas del sector 1, el sector popular propiamente dicho, es muy grande, no es extraño que se les denomine mayorías.

Desde luego, no hay una separación de tajo entre el sector 1 y el 2. La cultura comunitaria, y la individualista, son gradientes. La cultura de comunidad puede existir en toda la extensión de la palabra o, en el otro extremo, en algunos individuos, con sólo algunos rasgos comunales. A los obreros asalariados, parte también de las mayorías, intentaré describirlos más adelante. Los sectores 1 y 2 poseen muy distintas sensibilidades al discurso político. Hoy en México se ha ido constituyendo un sector de las mayorías enormemente sensible al discurso de Morena elaborado por Andrés Manuel López Obrador en décadas de interacción política con ese sector.

Estar dentro del consenso de Morena es estar dentro del discurso del gobierno de la 4T, e incluye la figura del Presidente. Es ahora que comienza el difícil tránsito a un estado de cosas donde debe conservarse ese consenso, sin la presencia de Andrés Manuel.

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