Columnas Escritas
“La Última Palabra”
CASO AYOTZINAPA, DESBARRANCÓ A PEÑA NIETO
- La debacle peñanietista y del “neoliberalismo” originó el rompimiento el modelo bipartidista PRI-PAN que se quería imponer; ya no pudieron evitar en 2018 la llegada a la presidencia de una corriente diferente a ese bipartidismo.
Por: Jorge A. Martínez Lugo.
De la portada de la revista Time de febrero de 2014 a la noche de iguala del 26-27 de septiembre del mismo año, se definió el rumbo del proyecto político de Enrique Peña Nieto, que ya se intentaba narrar como la continuación del proyecto interrumpido de Carlos Salinas de Gortari, para que México formara parte del primer mundo, esta vez con “reformas estructurales”.
El PRI había ganado la elección bajo el proyecto de alternancia PRI-PAN que se pretendía establecer, por parte de los poderes fácticos unidos al capital y al mismo poder constitucional de México y Estados Unidos.
EL “NUEVO” PRI
La desilusión por el cambio panista prometido y no cumplido (2000-2012) ayudó a que lo peor del priismo recuperara la presidencia de la república, con una nueva corriente de “cuadros jóvenes” el nuevo PRI dijo Peña Nieto en alusión a los Duarte, Borge, Alitos y otros jóvenes gobernadores que terminaron en la cárcel por resultar más corruptos e inmorales que los jóvenes turcos que conquistaron Armenia.
El “Pacto por México” se firmó el 2 de diciembre de 2012 (PRI-PAN-PRD), un día después de que Peña Nieto tomó posesión, y la narrativa era impulsar las llamadas “reformas estructurales” para “salvar a México” (Saving México), principalmente la reforma educativa, la hacendaria y sobre todo: la energética, que desde su discusión en diciembre de 2013 empezó a ser cuestionada en la propia Cámara de Diputados. Entonces, el PRD se salió del pacto.
“RONDAS” O CAMPOS PETROLEROS
Junto con el pacto, comenzó a ser cuestionado todo el proyecto de Peña Nieto inundado de panistas, que consistía en desmantelar a Pemex y entregar los recursos energéticos a empresas extranjeras, mediante la venta de “rondas” de pozos petroleros; usaban perversamente un eufemismo: le llamaban “rondas” para ocultar la palabra verdadera: venta-remate de campos petroleros.
Además de la resistencia social y política a las “reformas estructurales”, la sombra de los 43 normalistas de Ayotzinapa nunca se despejó del horizonte y lo acompañó junto con otras matanzas, hasta que fue derrotado y entregó la presidencia a Morena, rompiendo el modelo bipartidista estadunidense que se quería implementar en México y se sigue queriendo implementar, en América latina y otros continentes bajo influencia del imperio.
AYOTNIZAPA MARCÓ AL SEXENIO
Quizá el caso de los normalistas sea el de más importancia, el que marcó el sexenio priista de Enrique Peña Nieto, el caso emblemático, que hoy, agosto de 2026, adquiere otra dimensión diferente a la que le dieron Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador.

Esta vez no sólo se enfoca a los autores materiales e intelectuales, sino al entramado de poder que facilitó ¿o planeó? la impunidad que prevalece después de 12 años de haberse perpetrado aquel genocidio en Iguala, Guerrero, gobernado por el perredista-expriista Ángel Aguirre Rivero, en un país presidido por el priista Peña Nieto, quien recién había recuperado la Presidencia, pero que ya vivía una guerra en el Congreso de la Unión por las “reformas estructurales”.
El país se le salió de control al peñanietismo y a quienes lo impulsaban desde México y el vecino del norte. Ahí estaba el fantasma de la noche de Iguala flotando y creciendo en intensidad.
ESTRUCTURA DE PROTECCIÓN
Ahora el modelo de investigación de la FGR se enfoca a la protección y destrucción de evidencias (a ver cómo demuestran la existencia de unas evidencias desaparecidas) y a la estructura de protección por comisión y omisión del jefe político del estado, independientemente de las ejecuciones y desapariciones que no se resuelven y es el punto central de todo: que aparezcan los cuerpos y/o los restos de quienes queden y que la narrativa sea coherente, verosímil al menos. Es el reto de la FGR; no deben quedar dudas; debe ser un caso contundente, si no, …
La debacle de Peña Nieto y del modelo “neoliberal” permitió romper el modelo bipartidista PRI-PAN que se quería imponer; ya no pudieron evitar en 2018 la llegada a la Presidencia de una corriente diferente a ese proyecto bipartidista. Usted tiene la última palabra.
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