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Los monólogos de la Martina

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Nadie que lo conozca bien debería llamarse sorprendido ante la actitud de Alito, alias Alejandro Moreno Cárdenas, de irrumpir abruptamente y sin invitación de por medio en una reunión en donde la bancada de senadores priistas realizaría su sesión plenaria para tratar diversos asuntos, prioritariamente el llamado plan B en materia electoral.

Por ello, todos aquellos que lo conozcan bien deberían disculpar a Alito de su desbarre político y su a todas luces evidente agandalle, al acudir a donde no había sido invitado e interferir en la buena marcha de una reunión.

Perdonarlo, pues, porque así es él. Así ha sido toda su vida política y personal. Y así va a seguir siendo lo que le reste de existencia.

Es un tema de naturaleza que hace recordar la célebre fábula del alacrán… que picó a quien lo salvó de ahogarse en el río, porque picar es la naturaleza de todo alacrán.

Alito no hizo más que actuar en consecuencia a su naturaleza y a su forma de proceder, cómo lo ha hecho siempre.

Yendo por la vida, a rastras con su eterno papel de Tartufo.

Transitando personal y políticamente de manera porril, con formas políticas vandálicas.

No respetando el acuerdo con el líder cameral, Miguel Ángel Osorio Chong, de reunirse posteriormente, 5 horas después de la plenaria, con los senadores priístas. Y por el contrario, presentándose intempestivamente a la una de la tarde, hora en que habría de iniciarse la citada sesión de los senadores.

De esta manera el paisano incómodo volvió a las andadas de su ya lejana adolescencia y juventud del patín y el trompón alevoso, si bien ya sin una violencia física, sí con una clara violencia política para reventar, como la reventó, una sesión que competía sólo a los senadores de su partido.

Y en la que Alito no tenía nada qué hacer. Así de simple. El ser líder nacional priísta no era razón suficiente para entrometerse en esa reunión de los senadores de su partido.

Lo lamentable para el tan golpeado P.R.I. de Alito, pero también de muchos priístas decentes, es que todo esto no hace más que dividir a ese partido, que con el paisano indeseado ha sido reducido a la casi nada, con la pérdida de prácticamente todas las gubernaturas con él cómo ¿líder? nacional. Por supuesto, Campeche incluído con el sobrino perdedor.

Pero bueno, se insiste, quienes lo conocen bien, al menos intenten perdonarlo.

Lo de Alito es un tema de naturaleza personal y política.

Una forma deleznable de ser, toda una vida.

En suma, la naturaleza del alacrán.

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