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Lo que dicen los columnistas
Número cero
Intervenciones híbridas de EU y tráfico de armas a México
JOSÉ BUENDÍA HEGEWISCH
Excelsior
Los ataques con potentes explosivos y drones en México revelan algo más que una escalada de la violencia: evidencian la transformación del poder de fuego de los grupos criminales. Pero su evolución es inexplicable sin los arsenales y tecnologías a los que acceden desde EU, en el contexto paradójico de su guerra contra los cárteles.
El tráfico de armas no es un problema nuevo, pero adquiere otra dimensión por el cambio cualitativo de la fuerza del crimen en varias regiones. El caso más reciente es la explosión de un coche bomba con 200 kilos en Zacatecas, que dejó 11 heridos y daños en 40 edificios. No es un episodio aislado: en Michoacán y Guerrero se usan cada vez más drones y minas personales para fortificar territorios.
Tampoco es novedoso que el acceso a armas de alto poder esté vinculado con la brutalidad de los cárteles para expulsar comunidades enteras y construir formas de gobernanza criminal. Ahí aparece una contradicción de la política de EU: combatirlos como organizaciones terroristas, mientras por su frontera fluyen raudales de armas que alimentan su capacidad operativa.
Esta situación coloca a EU más cerca de la complicidad que del papel de brazo de la justicia que dice ejercer con leyes de extraterritorialidad contrarias al derecho internacional. Su política de seguridad sirve a guerras aspiracionales entre anuncios efectistas y lo que realmente hace. El lenguaje de guerra perpetúa el conflicto y nutre su industria armamentista, donde la paz pierde centralidad.
La incongruencia es evidente. EU endurece el discurso de guerra mientras su gobierno y tribunales eluden su responsabilidad en el tráfico de armas hacia los mismos grupos que dice querer eliminar. México ha incautado 200 mil armas al narco en una década, la mayoría de manufactura de EU, a lo que se suman drones y armamento pesado que acaban en redes criminales. La lógica de la guerra acaba por potenciar aquello que pretende reducir. Mientras EU presiona a los cárteles y amenaza con ampliar su intervención, el mercado ilegal de armas fortalece su capacidad de respuesta. La violencia criminal deja de ser sólo homicidios para convertirse en desafío al Estado.
Mientras el gobierno mexicano combate la violencia y el delito, aumentan los ataques a instalaciones públicas y el uso de minas antipersonales contra población civil. Si se atienden las definiciones de terrorismo —violencia para provocar temor y presionar a la autoridad— el trasiego de armas contribuye más a esa escalada que a acabar con los cárteles.
Por eso, la discusión sobre seguridad no puede limitarse a cuántos homicidios disminuyen cada mes. También debe preguntarse qué capacidad de fuego acumulan las organizaciones criminales y cómo cambian sus métodos de ataque.
México evita llevar esa contradicción a sus últimas consecuencias, por temor a intervenciones híbridas con que EU amenaza lo mismo para endurecer el comercio que para exigir seguridad fronteriza, donde se extiende el uso de láser para derribar drones de los cárteles.
El lenguaje de guerra de Trump es multifacético. Elogia a México por la colaboración antinarco, y golpea con amenazas militares, sabotear al T-MEC y desinformación sobre crisis migratorias inexistentes. Un día genera división política al elevar a García Harfuch como socio confiable de EU, y otro esparce filtraciones para acendrar la desconfianza; luego Ron Johnson presume una estrategia conjunta contra las redes financieras del crimen.
No es una estrategia vacilante, sino una destinada a mantener incertidumbre e inestabilidad, con riesgo de dejar la seguridad o el T-MEC en zonas grises de duda.
Un plan que declara la guerra al terrorismo mientras permite que sigan alimentándose de armas y tecnología para hacer la guerra desde México contiene una contradicción que Washington no explica.
Y esa contradicción tiene un costo: mientras unos hablan de terrorismo, otros viven bajo su fuego y ponen a los miles de muertos.
El informe y la política exterior
JOSÉ LUIS VALDÉS UGALDE
Excelsior
Es por todos conocido que, en el transcurso del gobierno de AMLO, la política exterior brilló por su ausencia. El expresidente se negó a participar en foros internacionales de enorme relevancia para México y dejó de participar en eventos que representaban la oportunidad de establecer contactos y comunicación con diversos interlocutores, entre ellos jefes de Estado, con miras a diversificar la política exterior del país y atraer el interés y las miradas del mundo hacia México. Para efectos prácticos la política exterior fue un rotundo fracaso y tanto Marcelo Ebrard, excanciller de AMLO, como el propio presidente fueron responsables de este fiasco. Y esto sentó un precedente peligroso.
La política exterior de cualquier Estado es un ejercicio complejo y, requiere, si de representar los intereses nacionales se trata, de una serie de medidas y acciones de Estado tan complejas como delicadas. Hoy en día, se vuelve impostergable que la política exterior de México se someta a una seria revisión si se desea cumplir con la expectativa expresa de que nuestro país sobreviva con éxito a la ola de cambios a que el sistema internacional ha estado expuesto desde el fin de la Guerra Fría, y muy especialmente ahora, con el trumpismo, en que, al menos tres guerras, (Ucrania, Gaza e Irán) han movido las piezas del tablero internacional de una forma por demás brusca e incómoda. Son innumerables los temas de los que ha dependido y dependerá México en esta materia, pero, sobre todo, serán muchas las exigencias que este contexto cambiante le planteará a México en este siglo tan desafiante.
Después de todo, la elaboración de la política exterior es una actividad necesaria del Estado moderno. Como todo en política, una política exterior no es inamovible como no lo es la realidad que circunda las decisiones estratégicas que se toman en defensa de intereses nacionales: constantemente se da el caso de que ésta tiene que modificar sus prioridades programáticas y de fondo en función de los cambios históricos; pensar lo opuesto es ignorar los términos que la cambiante realidad internacional impone. Se trata de sugerir y eventualmente impulsar la elaboración de una estrategia de política internacional, no sólo comprensiva, sino encaminada a cumplir con la tarea que ésta siempre ha tenido en el mundo desarrollado: ejercer una vigilancia constante sobre los cambios permanentes que ocurren en la política mundial. No se puede concebir otra forma de definir una política exterior estratégica, visionaria y de largo plazo, y que a la vez sea resolutiva; es decir, que responda con soluciones concretas a las necesidades que le presentan los acontecimientos mundiales.
La presidenta Sheinbaum reivindica en su informe a la nación, como si esto fuera una novedad, que el gobierno mantuvo los principios constitucionales de autodeterminación de los pueblos, no intervención, solución pacífica de controversias, proscripción de la amenaza o del uso de la fuerza, igualdad jurídica de los Estados, cooperación internacional para el desarrollo, respeto y promoción de los derechos humanos, y lucha por la paz y la seguridad internacionales. En el informe, Sheinbaum centra las relaciones exteriores de México en nuestra relación con Estados Unidos, compleja y accidentada de por sí, y no se menciona nuestra relación con otros actores, quizás candidatos ideales para dar pasos en la diversificación comercial y diplomática a la que nos vemos obligados en vista de mantener una relación tortuosa y atormentada con Washington. Quien haya realizado esa parte del informe tiene una noción muy pobre del papel de México en el mundo y de la necesidad, como se plantea líneas arriba, de ejecutar una política exterior de vanguardia, tal y como los nuevos tiempos exigen. El gobierno acaba de firmar un acuerdo comercial con la Unión Europea de la máxima relevancia y la Presidenta no se atrevió a elaborar en detalle sobre el enorme precedente que esto supone toda vez que abre una gran ventana de oportunidad en las relaciones internacionales de México. Tampoco hubo mayor detalle sobre los acuerdos económicos y políticos con América Latina y Asia. En suma, existe Estados Unidos y el mundo que espere a que las urgentes estrategias de política exterior de México aparezcan en la mente de la Presidenta. El informe es muy pobre en esta materia y plantea muchas preguntas sobre el verdadero interés del ejecutivo en desplegar todos sus recursos a la mano para poder hacer que México juegue un papel relevante en la construcción de una nueva arquitectura internacional y regional para el milenio.
Debemos despertar
RAFAEL ÁLVAREZ CORDERO
Excelsior
La semana pasada recibí comentarios de amigos y conocidos que me preguntaron por qué hablé de mi sueño, y luego hice un recuentro de los males que sufre nuestro México. Eso no fue casualidad, sino la consecuencia de revisar una y otra vez lo que estamos viviendo y al mismo tiempo cerrar los ojos —como cuando dormimos y soñamos—, sin atrevernos a enfrentar claramente al problema, que no es individual, sino de todos los mexicanos.
Y es que a medida que pasan los días y los meses, vemos tres escenarios con sus consecuencias.
El primer escenario, que nació desde 2018, es la destrucción de nuestras instituciones, el desmantelamiento de los Poderes de la unión, por lo que ahora no hay Poder Ejecutivo, sus decisiones cambian cada día; no hay Poder Judicial, está en manos de incapaces e ignorantes; no hay Poder Legislativo, que ha convertido las leyes en documentos sin sustento y sin futuro; el caos resultante hace imposible el progreso de la nación.
Esto da por consecuencia que nadie sabe qué hacer: o cumplir las leyes y reglamentos que llenan el espectro gubernamental, o evadir totalmente esos lineamientos, con las múltiples consecuencias que puede esto tener.
El segundo escenario, que contemplan los analistas e investigadores, es el de la pobreza, casi miseria, que vive el país en todos sus órdenes. La economía crecerá menos que nunca, con todas sus consecuencias, somos y seremos más pobres cada vez.
Las deudas nacionales e internacionales de México superan con mucho la capacidad para solventarlas, por lo que estamos en los últimos lugares de casi todas las evaluaciones mundiales.
Y a eso se une la confirmación, en la opinión de muchos países, que vivimos en narcoestado, lo que significa la confirmación y certeza de que los delincuentes, cárteles, grupos armados y demás son los que mandan en el país. Y tal parece que nos hemos acostumbrado a las noticias diarias de robos, asaltos, secuestros y desapariciones, junto con el hallazgo frecuente de fosas clandestinas.
Se supone que debemos vivir en un país que respete los derechos humanos, que tenga leyes y reglamentos válidos y formas de descubrir los errores o delitos que se cometen en el país. Se supone que cuando tengamos una queja podemos acudir a las autoridades para que se realicen las indagaciones necesarias, y se supone que los jueces y magistrados serán capaces y honestos para ofrecer resultados confiables y seguros.
Pero no es así, la realidad nos confirma que el país es un narcoestado, que los delincuentes abarcan cada centímetro del territorio, y que no se ve por ningún lado un asomo de proyecto de solución, ¿podemos pensar en uno?
Los mexicanos no podremos buscar soluciones si no actuamos, millones de nosotros nos quejamos, pero no hacemos nada. Los partidos políticos tienen desnutrición, no hacen públicos sus análisis y las posibles soluciones a los males que padecemos, no hacen declaraciones, no convocan a manifestaciones o mítines, sino que siguen recibiendo los recursos que les corresponden.
El nuevo partido, Somos, que después de pelear con el INE logró sobrevivir a las truculentas mañas de los cuatroteros insertados allí, aún no da color para que los ciudadanos nos reunamos y comencemos a luchar.
Somos tiene un buen futuro, sus principios y valores están ahí, sus dirigentes saben lo que está en juego y las posibilidades de que tenga que enfrentar a las mañas y fraudes del partido en el poder. Es urgente que, tan pronto como sea posible, den señal de lucha.
Y cada uno de nosotros, estimado lector, tenemos tarea, en lo personal y familiar, con los amigos y vecinos debemos ver la forma de manifestarnos, abandonar la bulimia que hemos tenido, y dedicar un tiempo de nuestros días a luchar por ese México que se nos fue de las manos en unos años. No podemos seguir dormidos, una buena noche no corrige nada; debemos despertar, pensar en serio y actuar en serio, sólo así podremos afirmar que somos mexicanos completos y que podremos heredar a nuestros hijos y nietos un país libre, un México progresista y saludable.
Cuando platico con mi familia y mis hijos, estamos de acuerdo en el problema, con las consecuencias y en la urgencia de actuar, pero es difícil encontrar el camino para lograr todo esto. Sin embargo, seguiremos adelante, sabiendo que los próximos meses serán decisivos, y nosotros somos responsables de todo lo que ocurra. No más sueños, debemos despertar.
Al revés de la cortina
ROLANDO CORDERA CAMPOS
La Jornada
El martes primero, al rendir lo que solíamos llamar su segundo Informe de gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo destacó áreas que, en su opinión, han tenido avances: economía, empleo, gasto social y seguridad. Dijo la Presidenta: “Se alcanzaron los 60 millones de personas con empleo, lo que representa una tasa de desempleo de tan sólo 2.7 por ciento. Al cierre de agosto, sin considerar plataformas digitales, se crearon 86 mil 765 puestos de trabajo formales respecto al cierre de julio de este año”.
Y agregó: “Desde nuestra perspectiva, el Estado tiene una responsabilidad rectora: planear e impulsar el desarrollo, garantizar los derechos sociales, fortalecer una distribución justa de la riqueza (…) Es por esta razón que, después de 36 años de empobrecimiento y aumento de las desigualdades, desde 2019 las y los trabajadores viven una primavera laboral. El salario mínimo mensual pasó de 2 mil 800 pesos en 2018 a 9 mil 582 pesos en 2026 (…) El salario medio de la economía formal alcanzó un máximo histórico de 20 mil 212 pesos mensuales, el más alto de la historia. Gracias a ello, la pobreza laboral en 2026 se encuentra en su mínimo histórico desde 2005” (https://www.gob.mx/presidencia/arti culos/version-estenografica-segundo- informe-de-gobierno-de-la-presidenta- claudia-sheinbaum-pardo).
En este interminable ping-pong en que hemos convertido el examen de la administración pública, todo puede ser… para dejar de serlo. Los aumentos en el salario mínimo y su eventual repercusión son innegables, como es su impacto en el bienestar de muchas personas y familias, como también es razonable pensar que estas “primaveras” pueden pronto secarse, sin apenas recibir las primeras aguas, de persistir el crecimiento económico hiperlento que se ha impuesto en el panorama macroeconómico por ya más de 30 años… que no son pocos.
Celebremos pues el incremento en el empleo y sus ingresos, pero convengamos en que sus virtudes pueden ser pasajeras, como han sido en el pasado. Sigue sin haber en los mensajes presidenciales la identificación clara, comprometida, de las grandes carencias que han sometido a la economía a un cerco infame, en el que lo único que parece reproducirse es la población indefensa, vulnerable y pobre. No hay visos de que pronto vayamos a vivir una tormenta inversionista o que las expectativas de crecimiento tomen otro camino porque los dueños de la plata por fin se deciden a arriesgar e invierten mirando al mediano y el largo plazos, horizontes en los que se anidan las potencialidades y las expectativas de un rompimiento del círculo vicioso que nos ha sometido a horizontes de pasmo y renuncia.
Viene pronto el llamado Paquete Económico, y nos veremos las caras con los acertijos nefastos de una austeridad fiscal y en general financiera, convertidas en razonamientos pueriles que desalientan la imaginación desarrollista, siempre en busca de algún refugio donde trazar proyectos e inventar planes de recuperación del crecimiento y el empleo digno.
La democracia siempre ha requerido de bases más o menos firmes en las que sus ofertas y promesas encuentren cobijo y sostén. Los soportes con que contamos no son sólidos ni parecen disponer de energías que potencien y den sentido a un reclamo social reproducido ampliadamente y a unas expectativas opacadas por una vida diaria cuya conducción política se ve obligada a acudir a la mentira o las dobles verdades. Pero me temo que en esas estamos.
Habrá que estar atentos y revisar el Paquete Económico que entregará la Secretaría de Hacienda al Congreso de la Unión, pero si se mantiene el criterio que apuntó la Presidenta de que “la rectoría del Estado no significa abandonar la disciplina fiscal ni asumir que el desarrollo depende exclusivamente de mayor gasto público. Significa contar con finanzas públicas sólidas que amplíen la capacidad de inversión sin comprometer la estabilidad macroeconómica”, entonces no habrá manera de esperar mayor gasto público para el impulso de las actividades económicas, por lo que parece que se mantendrá la renuncia –la renuencia– a impulsar una reforma fiscal redistributiva como si, con la sola mejora en las prácticas recaudatorias, necesarias, se desplegaran las posibilidades que puede tener una política fiscal como medio para compensar desigualdades, impulsar el crecimiento económico y cumplir con las funciones que tiene, constitucionalmente, el Estado mexicano.
Hasta ahora se ha optado por no alterar la estabilidad macroeconómica, tampoco contribuir al nerviosismo de los inversores; sería bueno que el gobierno se decidiera a utilizar las políticas a su disposición, entre ellas la fiscal, para potenciar el crecimiento económico y la política industrial, promoviendo actividades particulares, en regiones específicas, realizando inversiones en infraestructura pública –escuelas, hospitales, caminos– que faciliten y promuevan el crecimiento económico y, desde luego la redistribución.
Aumentar el consumo ¿para qué?
RUXI MENDIETA
La Jornada
“Si tenemos el privilegio de conocer, tenemos la obligación de actuar”, dijo Albert Einstein, frase que nos compromete a seguir abriendo camino a la transición energética y, de esa forma, acelerar su inicio formal, consciente y masivo. Nuevamente, uno de los científicos más famosos nos mueve la conciencia y nos convoca a buscar soluciones.
La comunidad científica y los talentos de innovación tienen tareas fundamentales en los próximos años: generar las condiciones para que el acceso a las nuevas fuentes de energía verdaderamente limpias y de bajo costo sean una realidad de abasto accesible, en el entendido de que se destinarán –únicamente– a las necesidades prioritarias cotidianas.
No necesitamos más energéticos para vivir que los utilizados en la actualidad. En el mundo se producen diariamente alrededor de 100 millones de barriles de petróleo (gasolinas), de los cuales, Estados Unidos utiliza alrededor de 270 mil en su consumo militar global. Una insolente fuga y un criminal despilfarro de energía.
Digamos no al consumo irracional de energía, no sólo por parte del gobierno belicista de Donald Trump, sino de cualquier gobierno adicto a los hidrocarburos. Necesitamos mayores esfuerzos para disminuir la superdependencia que tenemos del petróleo. Sería un paso importante para avanzar en la transición energética.
Dijimos en artículos anteriores en este espacio que la credibilidad en los proyectos o programas educativos ambientalistas dependen de información clara y verídica compartida ampliamente. El conocimiento científico pertenece a toda la sociedad. Si se difunde el origen del petróleo y el enorme esfuerzo para extraerlo y procesarlo, la población tendría mayor conciencia para utilizarlo racionalmente y defenderlo de cualquier atentado.
Repetimos: depende del conocimiento sobre el origen de nuestros recursos naturales para que nos involucremos como sociedad civilizada en la defensa de nuestra soberanía e independencia energética. Si bien el petróleo no desaparecerá de forma definitiva del subsuelo, por otro lado, no podremos tener el acceso relativamente fácil, como hasta hoy.
Todos los métodos para obtener energía deben considerarse. Sí podemos, y también debemos. No sólo como protagonistas de la Cuarta Transformación, sino como población consciente y con miramientos. Según los datos oficiales, contamos con recursos para fomentar la investigación científica. A los estudios sobre la reducción de agua contaminada en el proceso de obtener electricidad a partir de reactores nucleares no podemos seguir dándoles la espalda. Sólo investigando llegaremos a una solución más rápida e independiente para mejorar la industria nuclear.
Se habla de la utilización del hidrógeno como el futuro de la energía limpia, sin embargo, la posibilidad de masificar su uso todavía está lejos de nuestro alcance. En este punto, la ciencia china lo logrará muy pronto, no cabe duda.
Por ello, es mejor no ignorar la línea roja del alto riesgo al que ya nos enfrentamos diariamente. Somos demasiado dependientes de los hidrocarburos, y no sólo por falta de información verídica, sino porque padecemos una de las peores enfermedades sociales: el consumismo.
La población tenemos el derecho a exigir que la industria petrolera cuente con mejores programas para extraer –únicamente– la cantidad de hidrocarburos que necesitamos. Y a que se nos informe sobre la productividad de Pemex, una de las empresas más importantes de México que, además, es del pueblo. Bueno, eso dicen.
Reiteramos lo que ya hemos opinado hace tiempo en este y otros espacios: la degradación y empeoramiento ambiental, la dependencia económica, incluso el deterioro social, en sí, no los han provocado ni el petróleo ni sus derivados. Ha sido la forma irresponsable en cómo se ha utilizado esta importantísima fuente de energía no renovable.
Algunas de las principales causas del desastre ambiental y económico se deben a los impúdicos sesgos capitalistas y eurocentristas que nos han impuesto grotescamente, y a las costumbres y políticas de un modelo económico depredador por consumista. Por eso somos pobres, como lo dicen la autora y el autor del libro con el mismo nombre. Pero la situación puede y tendrá que cambiar a corto plazo. Sin transición energética no podemos pensar en una sensata recuperación ambiental. La conciencia social mundial es la solución. Lo vamos a lograr. Tampoco seamos tan pesimistas.
Otro panorama político nos ha mostrado que la vida en una sociedad socialista, donde la organización política, social y económica permite la distribución de los bienes y la riqueza obtenida de la transformación de éstos, sí es posible.
Claudia Sheinbaum, presidenta de México, en su segundo informe anual, se refirió a 30 proyectos que enviará al Congreso para el próximo periodo de sesiones. Uno de ellos, sobre la ley General del Equilibrio Ecológico. Esperemos que se tomen mayores medidas para la disminución urgente de los niveles del CO2. Si esto es así, debemos felicitarnos y estar de buenas, pues seguramente también se redoblarán los esfuerzos para disminuir el consumismo de hidrocarburos.
Para Ximena Guzmán Cuevas y José Muñoz Vega, la justicia llegará.
