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Ojo con los “vaqueros del carbono” mexicanos: una amenaza silenciosa de la que se habla poco

Empresas como la mexicana Global Consulting están vendiendo bonos de carbono a espaldas de las comunidades indígenas que resguardan los territorios en los que montan sus proyectos, y amenazan a quienes se atreven a quejarse de ellas.

Diego Legrand | Proceso

El jueves 20 de marzo de 2025, un indígena pasto llamado Miguel Ángel Quilismal subió a la tribuna del Congreso colombiano para quejarse del daño que provoca en su territorio una empresa mexicana desarrolladora de un proyecto de bonos de carbono llamado Pachamama Cumbal.

“Decidimos investigar y demandar a este contrato que fue realizado a espaldas de la comunidad”, dijo, vestido con el atuendo tradicional de la etnia situada en el departamento de Nariño, cerca de la frontera con Ecuador, al quejarse de estos mecanismos “que en lugar de beneficiar a quienes protegen a los páramos y el agua terminan beneficiando a terceras personas que se lucran de la ignorancia que aún impera sobre el tema y los vacíos jurídicos existentes”.

Aunque no dijo su nombre, todos los que hemos cubierto el tema sabemos que se refirió a Global Consulting, una compañía mexicana representada por Bárbara Lara Escoto, sobre la que se han escrito reportajes acerca del proyecto que lleva a cabo en el resguardo de Cumbal y que se ha granjeado una muy merecida mala fama en Colombia.

Para quienes no lo saben, los bonos de carbono son una nueva fiebre que se está extendiendo sobre nuestro continente, creados para mitigar el cambio climático a través del supuesto fortalecimiento de las comunidades indígenas, campesinas o afros que protegen a los bosques y manglares de la deforestación, de la que aún no se ha hablado lo suficiente en México, a pesar de que existen varios proyectos de este tipo en nuestro país.

De manera esquemática: una empresa se acerca a una comunidad autóctona para formar una alianza dedicada a defender un territorio. Para eso montan un proyecto cuyo producto es un certificado que garantiza que al evitar deforestar una hectárea de bosque se está evitando que se libere una cantidad de CO2 equivalente en la atmósfera. Lo cual explica que lo compren sobre todo grandes contaminadores: compañías petroleras, aerolíneas, gasíferas, etc., que así “mitigan su impacto” ambiental.

A falta de regulación estatal, el mecanismo se basa en un sistema de verificación privado en el que un Organismo de Validación y Verificación (OVV), un auditor y un certificador sirven como filtro para asegurarse de que el proyecto cumpla con estándares de calidad.

Y ya en sí el sistema es polémico. “A casi 30 años de su implementación este mecanismo no ha demostrado ser una solución efectiva ante la crisis climática, porque lejos de abordar sus causas estructurales lo que ha hecho es dar respuestas muy superficiales que desvían la atención de transformaciones reales que necesita el planeta”, dijo, por ejemplo, Johana Peña, de la ONG Censat Agua Viva, ante el mismo Congreso colombiano.

Y es verdad que se trata de un mecanismo altamente especulativo. Las empresas minero-energéticas y otros grandes contaminadores intercambian una tonelada de CO2 que efectivamente emiten en la atmósfera y que participa en el calentamiento global —lo que a su vez provoca sequías intensas, incendios, inundaciones, tempestades…— contra un crédito que hipotéticamente les asegura que al proteger un bosque evitan la liberación de otra tonelada de CO2 en la atmósfera. Al final es un juego de suma -1 en el que pierde el planeta.

Pero si al menos realmente fortaleciera a las comunidades, algo se haría. Sin embargo, resulta que generalmente no es el caso, lo que ha provocado una crisis en el mercado de los bonos de carbono colombiano, cuyos precios no dejan de bajar. Y Global Consulting (GC) es precisamente una representante de lo que no se debe hacer en esta materia.

En Cumbal, Nariño, GC firmó un contrato únicamente con un gobernador indígena y un testigo, sin consultar a la comunidad, para vender bonos de carbono provenientes de territorios que son colectivos por naturaleza. Y cuando fueron demandados por un grupo autóctono ambientalista por medio de un amparo (llamado tutela en Colombia) tan acertado que la justicia le dio razón y frenó el proyecto, GC contrademandó a sus integrantes por sumas impagables en diferentes jurisdicciones, lo que constituye un claro método de persecución jurídica, como lo evidencia un reportaje hecho por la alianza periodística CLIP sobre este territorio de 91.600 hectáreas y 37.000 habitantes.

Por si fuera poco, la disputa terminó fracturando a las comunidades de Cumbal, entre quienes exigen el derecho a la consulta previa de toda la comunidad que otorga la Constitución a los pueblos indígenas sobre los proyectos que se generen en su territorio, como lo reconoció la Corte Constitucional en una sentencia de 2024, y quienes defienden el derecho a llevar a cabo el proyecto con un simple contrato de mandato con sus autoridades.

Consultada sobre los nexos sospechosos entre las diferentes empresas que debieran verificar el “buen desarrollo” del proyecto y su firma, Global Consulting rechazó entregar información y advirtió que “desde ya es de nuestro interés hacerle saber que le haremos responsable de cualquier daño o perjuicio económico, así como cualquier daño o perjuicio que se genere en nuestra reputación, buena honra y buen nombre”. Mostrando así desconocer cualquier principio del periodismo de investigación y atrayendo más bien la atención sobre los intereses oscuros que puede estar defendiendo.

A la vez, los gobernadores de dos de los cuatro resguardos indígenas que conforman el proyecto amenazaron con represalias jurídicas a quien continuara indagando sobre qué tanto habían consultado a su población al momento de firmar contratos sobre territorios colectivos, por medio de correos exactamente idénticos enviados en el mismo minuto, y que Global Consulting adjunto en el correo en el que amenaza con represalias jurídicas.

La mala fama de esta empresa Global Consulting llegó a tal punto que un representante de un gremio internacional de bonos de carbono me dijo que “ellos realmente sí obraron mal. Son de esos actores que no quieres ver en el mercado de carbono”. Pero nada de eso parece estar impidiendo que sigan transando créditos en el mercado internacional.

Por eso me parece importante dar este aviso antes de que invadan a México como lo hicieron en Sudamérica, fracturando a las comunidades indígenas que protegen los bosques al origen del negocio y persiguiendo a quienes se atreven a reportarlos. ¡Ojo con los vaqueros del carbono mexicanos!

Número cero

El “talón de Aquiles” de Teuchitlán es Gertz

José Buendía Hegewisch | Excelsior

El mayor “talón de Aquiles” de Teuchitlán para la Presidencia de Claudia Sheinbaum es el fiscal Alejandro Gertz, y la probada ineficacia de las fiscalías general y estatales. El riesgo que representa es que la verdad y justicia se pierdan en los laberintos de una investigación que la persiga todo el sexenio como sucedió con otras desapariciones, como Ayotzinapa.

La investigación de denuncias de colectivos de desaparecidos del rancho Izaguirre, como centro de adiestramiento y exterminio del narco, no puede recortarse a un caso particular y local como se pretende. Gertz prepara el terreno para construir un caso que salpique lo menos al gobierno federal y responsabilizar del fracaso a autoridades de Jalisco. Una estrategia que siguió Peña Nieto con Ayotzinapa y, al contrario, pasó de una crisis “municipal” a una de “Estado” con alta visibilidad internacional, y que ni la detención de funcionarios municipales y estatales evitó alcanzar dimensión nacional.

El manejo del caso como un espectáculo del horror conmociona dentro y fuera del país por la publicitación de prendas y decenas de zapatos que hablarían de desaparecidos, aunque no tanto por los hallazgos y evidencias encontradas en el rancho. Porque la cuestión es que no se puede aislar del circuito de campos de adiestramiento del CJNG, donde reclutan a jóvenes para convertirlos en sicarios desde hace una década ni separarse del contexto de crisis de desapariciones que ninguno de los últimos gobiernos ha resuelto, y ni siquiera investigar redes de enganche y donde los desaparecen.

Teuchitlán exhibe otra vez la urgencia de reformar las fiscalías, como debió hacer Gertz en el tránsito de la PGR a la FGR autónoma desde 2019, y en cambio se convirtió en obstáculo para su transformación. La omisión y negligencia en las investigaciones sobre desapariciones desde Ayotzinapa, las fosas de Tlajomulco o San Fernando son falencias sistémicas, y ahora relegadas por la reforma al Poder Judicial.

El tour de la FGR con la de Jalisco para abrir las puertas del rancho a periodistas y grupos de madres buscadoras pinta la impunidad de cuerpo entero; sólo encontraron una investigación comprometida por la manipulación deliberada de la escena criminal y evaporación de pruebas que desacreditan la investigación. ¿Qué pretende Gertz con la visita tras acusar graves negligencias y complicidades de las autoridades de Jalisco por dejar pasar seis meses sin indagar un centro bajo su resguardo? ¿Por qué sólo señala a la fiscalía local cuando la primera en entrar fue la Guardia Nacional? ¿Visitar el rancho significa saber qué pasó, como congratula Sheinbaum?

Las preguntas apuntan en sentido contrario al compromiso de investigar a fondo sin armar oscuras “verdades históricas”, que hizo públicamente la Presidenta y asegura haber pedido a la FGR. Sin embargo, las respuestas que se configuran de la actuación del fiscal van en dirección opuesta al esclarecimiento del caso y para conocer el destino de los desaparecidos en los circuitos de la leva de los cárteles que desde hace tiempo denuncian los colectivos civiles.

De la posición de Sheinbaum y Gertz sobre el caso lo menos que puede decirse es que contrasta con el discurso y la actuación. La Presidenta ha tratado de desmarcarse tanto de la estrategia de Peña Nieto como la de López Obrador sobre la desaparición con un rápido reconocimiento de la crisis y el anuncio de medidas para afrontarla; evitó repetir el error de su antecesor de invisibilizar el problema, a la vez de que, de  inmediato, también pidió atraer el caso por existir delitos federales, aunque aún no se materializa.

Mientras que su fiscal parece empeñado en enturbiar el proceso con cargo a irregularidades de la fiscalía local antes de que la investigación llegue a sus manos, quizá creyendo que la “tormenta” será transitoria mientras duren los reflectores, y sin confianza de las víctimas que acusan la pretensión de “taparlo” y desprecio hacia los desaparecidos.

Sheinbaum ha dicho que Teuchitlán no será su “talón de Aquiles”, a pesar del riesgo para su credibilidad si la investigación fracasa, y Gertz también descarta otro Ayotzinapa, afirmando que “va en serio”, aunque no parece querer hacerse cargo del caso o recibirlo tan manoseado que imposibilite evitar la impunidad. El punto de mayor debilidad de Sheinbaum es su fiscal, que puede arrastrarla estando de acuerdo o no con su estrategia. 

Mensaje directo

Fiscalía omisa

Fabiola Guarneros Saavedra | Excelsior

“Vi una mochila color gris, mochila escolar, pero también sé que puede ser un truco de mi mente por querer encontrar algo. Se perdió con esta chamarra (muestra una imagen). Y yo sé que si la veo, la voy a reconocer. Llevaba su maleta azul y llevaba el collar de su papá; era militar, entonces ahí llevaba los datos de él y es una prueba segura…”.

Irma González busca a su hijo y viajó desde Atlixco, Puebla, para llegar al rancho Izaguirre, en Teuchitlán, Jalisco. Vio las imágenes de las prendas encontradas y, con ello, una luz de esperanza. Pero no pudo ver las prendas. Las resguarda la Fiscalía del estado. La misma que fue señalada de omisa, la que no hizo el  rastreo de  indicios y huellas, la que no registró debidamente las prendas de vestir y calzado abandonados, la que no realizó los análisis físicos y químicos necesarios para determinar si hubo actividades crematorias en las zanjas encontradas en el lugar.

Irma —como las decenas de familiares de desaparecidos que se trasladaron desde Puebla, Nayarit, Colima, Zacatecas, Guanajuato, Veracruz, Nuevo León y Quintana Roo—, tendrá que acudir a la Fiscalía de Jalisco,  la misma que desde septiembre no tiene ni hizo nada; la que dejó pasar seis meses sin que los servicios periciales integrarán un dictamen definitivo sobre la antigüedad e identidad de los restos encontrados, según el informe de Alejandro Gertz Manero, fiscal general de la República.

María Luz Ruiz Gutiérrez busca a su hijo Elías desde 2013; pero no puede buscar en el “catálogo del terror” que publicó la Fiscalía porque no sabe usar su celular ni la computadora. Por eso fue a Teuchitlán, pero tampoco pudo entrar al rancho. Ahí ya no hay nada.

Cuando Elías desapareció vestía un pantalón azul, una playera verde, una chamarra gris y zapatos amarillos de trabajo, le contó María a mi compañera periodista Karla Méndez, quien ha hecho un excelente trabajo como corresponsal y ha recogido testimonios de muchos familiares, contado historias y cubriendo la información que surge del rancho.

Como la historia de Eduardo, padre de Rubén, a quien “levantaron” en una gasolinera. No lo buscó porque vivía amenazado por el crimen organizado después de su desaparición.

 “Ya no supe nada de él… todo el tiempo amenazado y amenazado. Y ahorita que veo esta situación, yo digo: ‘A lo mejor estuvo aquí también, y yo tan cerquita que lo tenía… y la verdad me hace sentir culpable a la vez por lo que le pasó, por miedo, por temor. No sabía ni quién me hablaba ni nada’. ‘Borra el número’, me decían. Yo presiento que eran ellos mismos, los de la maña, porque me decían ‘él está bien, aquí está trabajando con nosotros’”.

Al rancho Izaguirre llegaron muchas familias como Mónica, quien dijo que reconoció el pantalón de su hijo Gilberto o Ivón, que busca al papá de su hija, desaparecido en 2022 en Tequila. También fueron los familiares de Merani, quienes reconocieron unos tenis y una biblia.

La familia de Fernando ubicó en el catálogo unos tenis negros con rojo que llevaba antes de desaparecer; la hermana de Jonns y Brandon viajó desde Nayarit porque vio ropa muy parecida a la que ellos traían, y Karina —integrante del colectivo Solecito Veracruzano—, dijo que pueden ser seis las personas que estuvieron en ese rancho por la ropa y por algunas identificaciones.

Todos ellos tendrán que esperar a que la Fiscalía haga su trabajo y les dé una respuesta. Esa Fiscalía de Jalisco que al ver el peregrinar de las familias de los desaparecidos comunicó que, en caso de que reconozcan alguna prenda, deberán contactar a la agencia del Ministerio Público donde realizaron la denuncia de desaparición, aún si es de otra entidad federativa.

Respuesta burocrática e indolente. ¿Por qué la Fiscalía del estado no hizo su trabajo? ¿A quién protege o, a quién le debe? ¿Es cómplice?

DM

A las autoridades federales y estatales: Teuchitlán sólo es el espejo de lo que ocurre en el país. Se han localizado 117 centros de tiro, reclutamiento, exterminio y entierros en 12 estados, de acuerdo con la información recopilada por los corresponsales de esta casa editorial, quienes consultaron a los colectivos de búsqueda (Excélsior, 20 de marzo).

Tras las huellas del terror

Rolando Cordera Campos | La Jornada

Seguramente empujado por sus recuerdos de Conrad y el eco de la conmoción de Kurtz: “El horror… el horror”, Héctor Aguilar Camín en conversación con Joaquín López Dóriga nos remitió a los panoramas de miedo y pánico que dominan la escena nacional y sacan a la superficie de este México, nada profundo, las peores expectativas; los más corrosivos sentimientos. Nada de defender abstracciones dirán no pocos; al diablo con soberanías y sus barricadas. Lo que importa es la asimilación pronta de la tragedia y sus correlatos y una rápida respuesta punitiva a lo que ha devenido el peligro mayor para nuestra seguridad personal y de espíritu, así como para los cimientos de lo que alguna vez pudo ser himno de transformación justiciera y reivindicación racional de los de abajo y más abajo.

Desde que el pasado 5 de marzo el Colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco informó de campos de exterminio en un rancho localizado en Teuchitlán, Jalisco, los diarios y noticiarios, las no tan célebres ¨redes” y los millones de radio Bemba que propician el tifón de las comunicaciones, han circulado profusamente fotos y declaraciones y alimentado desazones múltiples implantadas en un territorio bien pertrechado para recibir el mensaje de horror que cotidianamente lanzan el crimen organizado y sus anexas.

Plantarnos con valor y decisión ante una amenaza de este mortífero calibre no será fácil. El mundo y su nuevo milenio no andan bien y entre autoritarismos y desvaríos milenaristas, como los ahora constituidos en Argentina y el propio Estados Unidos, el espectro de la solución Bukele ronda nuestras imaginerías más escatológicas.

Ayer, apenas ayer, se enfrentaban fuertes ideologías, hoy tenemos gelatinosos y huecos rosarios apocalípticos o distópicos debajo de los cuales no puede desplegarse pensamiento alguno. Todo se torna defensivo, hasta numantino, antes de empezar a vérselas con este capitalismo único del que con curioso entusiasmo nos hablara Milanovic hace no mucho. Esta extraña no muerte del neoliberalismo, que con desparpajo disectara Colin Crouch, tendrá que contar con la presencia ominosa de oscuras coaliciones de poder que se han implantado más allá y por encima del mercado y los mercados. La nueva Edad de Oro, cultivada por Trump y su banda, es ya la era de los grandes conglomerados trasnacionales que modulan y desafían al mercado y amenazan a los estados. Ahí sí que la soberanía y su ejercicio secular se topan con enorme, formidable, adversario en cuyas alianzas, como aquella mítica de Felipe II, no se pone el sol.

Mas nosotros tenemos que vérnoslas con el horror y el terror de zapatos y blusas abandonados para escarbar más el pozo de bochorno en que se ha convertido nuestra vida pública. Ejemplos muchos, que cobran tonos inauditos cuando registramos el acento y el contenido de nuestros intercambios: “Hay 200 zapatos ahí. Sí, pero quién dice que esos zapatos son de personas desaparecidas, apunta el senador (hoy) morenista Gerardo Fernández Noroña (…) hay una investigación en proceso, los medios se van con la misma línea de golpeteo (…) Otra vez los medios y la derecha montados en la tragedia, pero (…) aceptando sin conceder que las presunciones que dicen sean ciertas, son presunciones” ( La Crónica de Hoy, 3/16/25).

La gravedad de nuestra situación, la sensación de horror, no necesita palabras huecas ni cruce de acusaciones. Mucho menos de negaciones pueriles desde el poder del Estado. Acatar las leyes, asumir responsabilidades. Hacer el trabajo en cada instancia. Teuchitlán representa hoy, como ayer han sido Iguala, San Fernando…, la desafortunada expresión de un país desfigurado cuyas tragedias no sólo radican en las brutalidades de las violencias, sino en las cegueras que dominan.

Nuestras realidades, duras y crudas, (nos) cuestionan. Es tiempo de disponernos al debate, evitar seguir alimentando climas propicios para la confrontación y para eludir el debate. Es claro que no es, no será sencillo romper de un solo acto las inercias, pero es imprescindible ya respetar y ejercer la ley. No hacerlo tendría costos impredecibles.

Jalisco nos ha mostrado que seguimos estando ante la cínica connivencia entre policías, autoridades y grupos criminales. Ha vuelto a exhibir el fracaso del Estado y de los gobiernos, la incapacidad de asumir obligaciones fundamentales, constitucionales.

Reformar y rehabilitar el Estado es, sigue siendo, objetivo mayor de nuestro malhadado tiempo, teñido por acontecimientos terribles y amenazas constantes. Urge abocarnos a discutir una agenda que retome temas fundamentales: el respeto a los derechos humanos, la atención a las víctimas, la discusión rigurosa del Estado de bienestar, el examen serio de la desigualdad y la pobreza, la seguridad social y la atención universal a la salud y, desde luego, la impartición de la justicia, el combate a la corrupción y a la impunidad como ejes de una necesaria renovación (y pedagogía) nacional.

Memoria vigente

Ángeles González Gamio | La Jornada

Hace tres días se conmemoró el natalicio de Benito Juárez, uno de los personajes sobresalientes de la historia patria, cuya imagen ha permanecido vigente a través de los años. De tanto rememorarlo creo que se ha difuminado la hazaña notable que fue su vida.

Hace poco se publicó un estudio que establece que tres de cada cuatro mexicanos que nacen en la pobreza mueren en las mismas condiciones, su esperanza de lograr ascender en la escala económica es mínima; la baja movilidad social parece ser una sentencia entre los más pobres, particularmente entre los grupos indígenas.

Esto sucede en 2025, imaginemos lo que era hace 219 años, en 1806, cuando nació Benito Juárez, indígena zapoteco que vio la primera luz en un pequeño pueblo en la sierra de Oaxaca, uno de los estados más pobres del país, aprendió a hablar español a los 12 años y llegó a ser presidente en uno de los periodos mas conflictivos del país. Toda su vida se caracterizó por una lucha constante contra la adversidad y las tragedias. Hoy queremos recordar algunos hechos que me conmueven particularmente.

Una de las mentes mas lúcidas de la corriente liberal enfrentó a los conservadores y al imperio francés, que habían designado un emperador austriaco para que gobernara México. Tras una cruenta lucha de tres años huyendo por el vasto territorio nacional y llevando consigo el Archivo de la Nación, finalmente logró derrocar al monarca extranjero y restablecer la forma republicana de gobierno.

Tras cinco años en la Presidencia padeció un severo mal del corazón que le quitó la vida en sus habitaciones de Palacio Nacional. Varios días sobrevivió a una angina de pecho que le provocaba intensos dolores, los cuales resistió con notable estoicismo, según cuenta el médico que lo atendió. Una de las supuestas curas era derramar agua hirviendo en el pecho, con lo que al dolor del corazón se agregaba el de las quemaduras.

Años antes de su muerte habían fallecido dos de sus hijos en Nueva York, donde se exilió doña Margarita Maza, su notable esposa, mientras don Benito defendía la República a salto de mata por todo México. Son conmovedoras las cartas que se escriben compartiendo la profunda pena. Ya viviendo en Palacio Nacional, un año antes de la muerte del presidente, falleció la solidaria mujer, y don Benito la enterró junto con los restos de sus pequeños hijos, en el Panteón de San Fernando. En ese mismo sitio fue depositado su cuerpo en 1872. Para honrarlo, se mandó levantar un impresionante monumento neoclásico, obra de los hermanos Juan y Manuel Isla que vale la pena visitar.

Su muerte no terminó con su legado de honestidad, rectitud y valentía. Se caracterizó por su austeridad y por la congruencia de su pensamiento y actuación. Junto con destacados liberales emitió las Leyes de Reforma, que entre otras medidas trascendentes, recuperaron los bienes de la Iglesia católica, que detentaba un enorme poder económico y político.

Entre otros, eran dueños de más de la mitad de los bienes inmuebles en la ciudad de México. Además de los templos y grandes conventos decorados con las mejores obras de arte y lujosos retablos barrocos, poseían multitud de casas que rentaban, y en el campo productivas haciendas y ranchos. Esta enorme riqueza les permitía ser los principales prestamistas, en ocasiones incluso del propio gobierno.

Otra medida de gran importancia fue hacer laica la educación y servicios como el matrimonio y las defunciones, estableciendo el registro civil y normas para el funcionamiento de los cementerios; asimismo, se aplicó la libertad de cultos. Como es de suponerse, acciones tan radicales encontraron múltiples opositores, pero la gran mayoría las aceptó y así México inició su camino hacia la modernidad.

Con su fallecimiento no se terminó su presencia en la Ciudad de México que lo hizo suyo y donde reposan sus restos. Además de innumerables calles, avenidas y una delegación política con su apelativo, hay varios bustos y monumentos, como el Hemiciclo a Juárez, que se levanta en la avenida que lleva su nombre. Palacio Nacional resguarda sus habitaciones en el llamado Recinto de Homenaje.

En su memoria vamos a comer al restaurante Oaxaca en México, en Violeta número 92, en la colonia Guerrero. El colorido lugar, con su fachada verde y rosa y sus mesas con sillas de colores, ofrece los platillos típicos de su la tierra: tlayudas, tasajo, tamales de chepil, muy buenos moles y mucho más.

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