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Juegos de poder

Será Claudia, la pregunta es, ¿qué hará Marcelo?

Leo Zuckermann

Excelsior

Última semana de las campañas que no son campañas para elegir al candidato presidencial que no será candidato presidencial de Morena y sus aliados. Sigo pensando que Claudia Sheinbaum será la que se llevará el premio el próximo seis de septiembre. ¿Por qué?

Muy sencillo: porque las encuestas no se han movido nada desde que los aspirantes iniciaron sus “recorridos” el pasado 19 de junio. No hay cambios. Es lógico: las reglas de la supuesta competencia funcionaron para generar campañas aburridísimas, lo cual ha beneficiado a la que empezó arriba en las encuestas, es decir, Claudia.

Y ella ha hecho lo que tenía que hacer: nadar de a muertito y no engancharse con las provocaciones que le ha enviado Marcelo Ebrard.

Ha viajado por toda la República haciéndole loas al presidente López Obrador. Claramente está en campaña para convencer al habitante de Palacio Nacional, quien será el que tomará la decisión de quién será el candidato presidencial del oficialismo.

En este espacio he insistido: será el mandatario quien, con su dedito, elegirá al agraciado. Lo de las campañas y posteriores encuestas es sólo para legitimar el dedazo presidencial.

O, si se quiere, estamos frente a una nueva versión de “dedazo a la 4T”, es decir, el Presidente decide al ganador, moviliza el aparato del partido a favor de éste y diseña reglas dizque de competencia, pero que en realidad están planeadas para legitimar una decisión previamente tomada.

Con estas reglas, Marcelo no tenía oportunidad alguna de alcanzar a Claudia.

No sé si por ingenuidad o fe (esperando un milagro) aceptó participar en una competencia que ya tenía ganadora. Ahora se enoja porque el aparato del partido y de los gobiernos locales y federal se volcó a favor de Sheinbaum. No es gratuito que así haya sido: los morenistas apoyan a Claudia porque saben que ésa es la voluntad del presidente López Obrador.

Durísimas las quejas de Marcelo. Hasta habló de desvío de recursos de la Secretaría de Bienestar del gobierno federal en favor de la exjefa del Gobierno capitalino. Eso sí: no presentó ni una sola prueba. Al día siguiente, por cierto, Ebrard ya estaba menos alebrestado afirmando que él no se iría del partido.

Pues claro que no se irá porque tiene mucho que perder y poco que ganar con esa decisión. Mejor estira la liga con el fin de negociar más candidaturas para su gente en 2024 y que el ebrardismo quede como uno de los grupos políticos más importantes de Morena en el próximo sexenio. Él, de acuerdo a las reglas fijadas por AMLO, ya tiene asegurada la coordinación de este partido en el Senado y, con gran probabilidad, la presidencia de este órgano legislativo.

Marcelo sabe que perderá. La semana pasada que hizo su pataleta presentó una “encuesta” que dice que él va arriba de Claudia: 33.4% versus 25.8 por ciento. Pongo encuesta entre comillas porque se trata de un sondeo de robopolls, es decir, una muestra “telefónica automatizada” que no es estadísticamente confiable.

La empresa que la levantó es Rubrum, que tiene un pésimo récord. Son de las que se conocen como patito. Es la misma encuestadora que utilizó Ricardo Mejía Berdeja para argumentar que él iba arriba en las encuestas para nombrar al coordinador de los comités de defensa de la 4T en la pasada elección en Coahuila (véase aquí el video: https://www.facebook.com/RicardoMejiaMx/videos/913683226277621/?extid=CL…). Resulta que quedó en tercer lugar.

Ebrard no ha podido demostrar una sola encuesta de vivienda que lo ponga en primer lugar. La semana pasada salió publicada una de Buendía&Márquez (con los que comparto el sitio oraculus.mx) que indica que Claudia está en primer lugar de las preferencias con el 35% versus el 22% de Marcelo. Yo sí le creo a esa encuesta.

En este espacio he dicho que, de ganar, Ebrard sería un buen Presidente. Sigo pensándolo. Me temo, sin embargo, que no llegará. Su momento era 2011, cuando compitió en contra de AMLO por la candidatura presidencial del PRD y la perdió, no porque hubiera quedado abajo en las encuestas, sino porque no quiso enfrentarse a López Obrador, teniendo mucho más poder que éste en aquella coyuntura.

No tuvo los arrestos para hacerlo entonces y ahora tampoco lo hará con menos poder. No se enfrentará al tabasqueño de Palacio. Hará pataletas, venderá caro su amor y, desde el Senado, seguirá siendo un personaje central de la 4T el próximo sexenio, esperando que las estrellas ahora sí se le alineen en el 2030. Si Biden pudo cumplir su sueño a los 77 de edad, ¿por qué no Marcelo a los 70?

Capital político

Contraataca el PAN al PRI

Adrián Rueda

Excelsior

El PRI ya sacaba sus viejas prácticas, lo que motivó una reunión vespertina del PAN el viernes pasado.

Apenas se detectó una inusual invasión cibernética de seguidores de la priista Beatriz Paredes Rangel, faltando dos días para que se cerrara la plataforma electrónica de apoyo a los aspirantes del Frente Amplio por México, el PAN mandó comprar varios lotes de antiácidos.

Y es que el PRI sacaba sus viejas prácticas, lo que motivó una reunión vespertina el viernes pasado, en la que articuladores de la alianza opositora alertaron sobre la estrategia tricolor de acercar a Paredes lo más posible a Xóchitl Gálvez para, después, plancharla en las primarias.

Entonces se empezó a fraguar la declinación de Santiago Creel, el tercer sobreviviente en este proceso, para fortalecer a la hidalguense y evitar que Alejandro Alito Moreno los llevara a una negociación ventajosa para los priistas.

Independientemente de que Creel no tenía alguna posibilidad de ganar, con su declinación se fortalecen los apoyos del sector que simpatiza con el PAN para garantizar la candidatura de Xóchitl.

Ahora la lucha por la candidatura opositora es solamente entre mujeres y habrá que esperar la respuesta tricolor, pues Alito no es alguien que se quede tan fácil con un golpe. Su alto grado de perversión seguramente lo llevará a sacar algo más de la chistera.

Por el lado panista habrá que ver cómo procesan al interior la decisión de Creel de haber declinado por Gálvez, pues hay una clara división en el seno de ese partido, donde la hidalguense no es precisamente bien vista por los duros.

Qué bueno que son aliados, que, si no, estos partidos ya se hubieran matado entre ellos.

El asunto es que estos arreglos nacionales pueden presionar más el proceso selectivo para la Jefatura de Gobierno, donde Creel y Enrique de la Madrid pudieran pedir que los dejen participar en la CDMX.

Si bien a Paredes la tenían vista para la contienda capitalina, en caso de ser derrotada en la presidencial, al interior del tricolor algunos sectores externaron de inmediato su rechazo, pues ni ella ni los militantes de la ciudad son compatibles.

Y mientras PAN y PRI se disputan las rebanadas más grandes del pastel, el PRD es un convidado de piedra; como el chinito: nomás milando.

El cuadro más importante que los amarillos tienen en la CDMX es el diputado Víctor Hugo Lobo, quien dice que quiere, pero no acaba por decidirse. Quizá esté esperando conocer las reglas de selección, pero tendría que dar señales más claras de que irá.

Hasta el momento, quien más lana le ha metido por el sol azteca es Luis Espinosa, que, por supuesto, no tiene ningún chance, aunque ha hecho mancuerna con el priista Adrián Rubalcava para presionar al panista Jorge Romero a abrir la candidatura local a las urnas.

Ahora sí se pone buena la grilla.

CENTAVITOS

Ah, caray, todo el mundo se pregunta cómo le hizo Clara Brugada para llevar de paseo a la plana mayor de los hombres de dinero del país por Iztapalapa, donde les presumió sus utopías y hasta los subió al Cablebús. La visita de personajes como Francisco Cervantes, presidente del Consejo Coordinador Empresarial; José de Jesús Rodríguez, líder de la Cámara de Comercio de la CDMX, y Armando Zúñiga, de la Coparmex, sorprendió a propios y extraños, pues no son rumbos que la cúpula empresarial acostumbre visitar. El asunto no es nada menor, pues la alcaldesa de Iztapalapa busca la Jefatura de Gobierno y el que se placee con la crema y nata empresarial le puede ayudar a abrirse el panorama. Parece que a los hombres del dinero no sólo gustan de tamales de chipilín.

Astillero

Declina Creel por debilidad de Xóchitl // Temor a PRI y a Paredes // Chiapas, moneda de cambio // Pago a Manuel Velasco

Julio Hernández López

La Jornada

No es un signo de fuerza política que a la puntera de un proceso electoral interno le retiren a uno de los tres finalistas para impedir que quien va en segundo pueda alcanzarla o superarla. Menos si, como aseguran sus propagandistas, esa empresaria y política fuera un fenómeno político arrollador, una explosión de júbilo cívico capaz de derrotar a Morena y sus aliados que, según esa optimista versión frentista, estarían temblando de miedo ante la irrupción xochitleca.

Y, sin embargo, el muy teatralizado Santiago Creel Miranda fue presionado por la estructura panista y por empresarios patrocinadores del Frente Amplio por México para que declinara de sus reiteradas pretensiones de ser candidato presidencial (lo intentó en 2006, pero le ganó Felipe Calderón; insistió en 2012, pero quedó Josefina Vázquez Mota), con lo cual el voto panista y explícitamente conservador ya no se dividirá en el tramo final que el próximo 3 de septiembre confirmará lo muy sabido, aunque a últimas horas trastabillante por la densa irrupción priísta, es decir, el predeterminado triunfo de la senadora Gálvez.

A la hora de cerrar esta columna no se había confirmado la declinación de Creel, aunque el dirigente priísta y fuentes panistas lo daban por hecho, ni los términos de ese arreglo. Pero con este cierre de filas –panista y empresarial– para fortalecer a Xóchitl, parece muy difícil que pueda avanzar la pretensión de Beatriz Paredes, apoyada por la estructura priísta dirigida por Alejandro Moreno, a quien los del bando blanquiazul consideran siempre dispuesto a cometer traiciones. El costo de mantener a los tricolores en el mencionado frente pasará por las candidaturas privilegiadas a las cámaras federales.

Zoé Robledo buscó con ahínco la candidatura a la gubernatura de Chiapas, pero no pudo seguir adelante porque con esa entidad se pretende pagar deudas políticas al Partido Verde Ecologista de México y, en particular, al ex mandatario Manuel Velasco Coello ( corcholata de última hora y sin mayor posibilidad de ser candidato presidencial).

Así que Robledo decidió seguir como director del Instituto Mexicano del Seguro Social, según lo anunciado ayer en la conferencia matutina de prensa por el Presidente de la República, quien dijo haberle dado un abrazo a Zoé por mantenerse en su cargo federal.

Con esta forzada salida de Robledo se deja el camino libre a Eduardo Ramírez Aguilar, autodenominado El Jaguar Negro, quien fue importante pieza operativa durante la administración de Velasco Coello, primero como secretario general de Gobierno y luego subordinado líder del Congreso estatal.

Además, encabezó la fársica rebelión del PVEM contra la imposición del priísta Roberto Albores Gleason como candidato a la gubernatura en 2018 en alianza convenida con el verde. Con ese veto a Albores fue posible que el partido de las cuatro mentiras se zafara de dicha alianza con el priísmo y brincara al regazo morenista en apoyo del preseleccionado de Palacio Nacional, Rutilio Escandón, concuño de Adán Augusto López Hernández.

Chiapas sería la moneda de cambio, se dijo desde que Velasco Coello fue propuesto por el verde para integrarse al sexteto de corcholatas (cuatro corresponden a Morena, y el verde y el del Trabajo tuvieron derecho a postular su representante). El Güero, como llaman al ex gobernador, sólo tendría como objetivo servir para lo que le pidan en la contienda nacional y así asegurar que Chiapas vuelva a la cartera de negocios del verde, en monedero guinda.

Ramírez Aguilar es senador por Morena (saltó del verde al guinda en 2018), fue presidente de la mesa directiva y coordina la bancada senatorial guinda en sustitución de Ricardo Monreal. Sigue siendo tan verde que en la elección de gobernador de San Luis Potosí apareció en público promoviendo al candidato Ricardo Gallardo, formalmente del PVEM, en lugar de la aspirante oficial morenista, Mónica Rangel, sin que la comisión de honestidad y justicia de Morena castigara esa evidente deslealtad partidista.

Ahora o nunca

José Blanco

La Jornada

Marcelo Ebrard no tiene mañana en la política. Tiene 63 años y quiere ser presidente de México. Si no es ahora, ya no fue. Seis años más de espera, para la próxima elección, está fuera de sus ambiciones y planes. Ya no estaría en edad de emprender, bajo quién sabe qué condiciones, una lucha política por el poder del Ejecutivo. Los longevos europeos o gringos que se vuelven presidentes, no tienen que hacer las duras campañas mexicanas. Es ahora o nunca, no hay mañana. Eso explica que, durante esta especie de breve preprecampaña política de los candidatos de Morena, esté llevando las cosas al límite. Ha estirado la liga hasta el punto de la ruptura porque, para él, no hay mañana. Me he de comer esa tuna, aunque me espine la mano.

En septiembre se iniciarán las precampañas en fecha aún no decidida por el INE. Si pierde Marcelo, no lo veremos como militante en esa precampaña, menos aún en la campaña final. Es inimaginable verlo, por ejemplo, en la posición más importante de esa etapa electoral: la de jefe de la campaña. Como están las cosas, si pierde, ganará Claudia. ¿Jefe de campaña de Claudia? A Marcelo le resulta un insulto tal consideración. Sólo hay que recordar la anécdota cuando, en una concentración o asamblea informativa, como las ha llamado Morena, un reportero preguntó a Claudia: si usted ganara, ¿incluiría en su gabinete a Marcelo? Claudia respondió que desde luego lo invitaría. A Marcelo se le revolvieron las tripas con semejante atrevimiento. Con una postura arrogante y buena ondita, y una sonrisa despectiva, dijo: oh sí, qué tierna ¿no? Las palabras dichas por él ese día, mostraron a un Marcelo que ve allá abajo a Claudia. Él es el grande, él es el mejor.

Ha dicho también que tiene 42 años preparándose para ser el presidente de México. Muchos políticos por el mundo se han expresado de ese modo. Toda mi vida me he preparado para ser el mandatario. Recién egresado de El Colegio de México, Marcelo inició su carrera en la administración pública. Resulta un tanto excesivo pensar que Marcelo, a sus 22 años, ya tenía en la mira la Presidencia; pero, muchos políticos son así. Presumen de cuanto agrande su figura. Decir que tiene 42 años de experiencia política preparándose para la grande, también significa: nadie está por encima de mí en la actual contienda, véanlo, merezco la Presidencia.

Marcelo puso a un lado el hecho de que se trata de una postulación de Morena y de la continuidad de un proyecto. El ideario que ha presentado en esta preprecampaña no casa con ese doble asunto. Por el contrario, ha buscado –con todo derecho– diferenciarse. El color violeta, en lugar del guinda. Habla de las maravillas de la tecnología y todo lo que haría con ella, y de la clase media: que crezca, que crezca. Ser moderno, es su sueño. Sonrían, todo va a estar bien. Esa es su postura, aunque las clases medias y la modernidad tecnológica no son el centro del ideario de AMLO, plasmado en tantos documentos, y asumido por Morena.

El pueblo no existe en el diccionario de Marcelo; los jodidos no son su preocupación. No los menciona. Primero los pobres, claro que no. Él tiene su propio proyecto y hace todo lo posible para que todos nos demos cuenta. Marcelo dice lo que dice para ganar. ¿Cómo podría ganar con un proyecto no-4T? Todo parece indicar que sabe que está abajo en las encuestas. Tiene que buscar con todas sus fuerzas los votos que hagan falta. La mayoría de los de abajo, no lo ponen en el lugar que merecería. Pero no sólo hay votos entre los miembros y los simpatizantes de Morena. Con el ideario que expone, puede animar a los simpatizantes de la oposición a escogerlo a él en la encuesta de Morena. Porque se trata de ganar a como dé lugar. Llevar las cosas al límite y estirar la liga al máximo genera contento y expectativas en la oposición. Es lo que le conviene. Capturar votos de ese espacio electoral es la apuesta.

El punto es que el ideario de Marcelo no es una coartada, no es falacia. Es verdaderamente su ideario. Con su manifestación política está adquiriendo compromisos en gran medida con la oposición, la que debe ver con asentimiento su propuesta, aunque no lo dirá. Es decir, ese ideario está sensiblemente más cerca de la oposición, incluido el señor X y sus contlapaches, que de Morena. No es una estratagema, es otro proyecto.

Como parece claro, Marcelo con su ideario podría ganar. Por tanto, los candidatos de Morena que sí creen en su proyecto tienen que fortalecer su discurso, especialmente Claudia, que va arriba en las encuestas. No se trata de Claudia, sino del proyecto de la 4T. Debe ser sostenido por mucho tiempo. Cerca de 40 millones de pobres no saldrán de su condición a corto plazo. Que Claudia tenga la confianza de las mayorías –en que su gobierno daría continuidad y profundidad a la 4T– no es casualidad.

Marcelo no sería el primero ni el último que siendo el mejor no llega. Ahí está el estentóreo señor Santiago Creel.

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