Columnas Escritas
Santander, ¡ah, qué banco!
Erick Reyes León
La política la hacemos todos, pues tal como bien lo expreso Aristóteles el humano es un animal político; entendiendo esto como la necesaria y natural participación de todos en la «cosa pública», es inherente a la humanidad el ser partícipes de la política.
Y si bien, por tradición, el análisis de los fenómenos políticos recae en los llamados “protagonistas” de la arena política, generalmente se dejan fuera de este estudio a otros factores reales del poder (Lasalle dixit), entre otros (sin que se sea exhaustivo al respecto) el relativo a los detentadores de los grandes capitales, claro que, al igual que acontece entre quienes integramos la clase política, también hay notables diferencias entre los grandes empresarios, hay hombres y mujeres que generan riqueza bajo los cánones de ética, lamentablemente esto no es necesariamente la regla, de tal modo que otras empresas y personajes dueños de la riqueza global hacen de todo para aumentar su caudal sin importar ningún marco ético o de compromiso social.
En el tiempo en que hemos venido construyendo esta columna, hemos generado una sinergia de comunicación con nuestro amables lectores, quienes nos exponen un sinfín de situaciones específicas, pero en las últimas fechas hemos tenido una referencia constante de quejas en contra de una institución bancaria: Santander.
Listaremos sin indicar nombres los casos que nos exponen:
●Retiro de dinero de una cuenta (superior a lo que da el cajero) “que no se puede” porque el sistema no reconoce a la credencial de elector. La gente reclama, pero es problema de su sistema, y el funcionario dice, “sí, pero no se puede hacer nada”, sin palabras.
●Cobro de un cheque (15 mil pesos) en sábado, “no se puede, lo más que le podemos pagar es un cheque por 10 mil, o abónelo a una cuenta de nosotros”. Según se trata de una disposición legal, pero cuando se les pregunta en qué disposición legal dice eso, ya no responden; sin palabras.
●Que se cayó el sistema (antes de abrir las puertas del banco), “si gustan esperar adelante, pero no sabemos cuánto vaya a tardar en reestablecerse el sistema, como pueden ser unos minutos, como pueden ser varias horas”; sin palabras.
●Que se filtró el agua (antes de abrir las puertas del banco), “no le puedo dar servicio hasta que no se sequen las instalaciones y se verifique el sistema, no sé cuánto tardaremos”; sin palabras.
●Que el cheque está doblado, “no sé si le vaya a poder pagar el cheque, para qué lo dobló”, oiga (reclama la gente) pero no está maltratado, y es la única forma de guardarlo en la billetera y en ningún lugar del cheque dice que no se deba doblar; “pues no importa si dañó la banda magnética ya no se lo podré pagar”; sin palabras.
Las instituciones bancarias prestan un servicio muy importante para la economía y se han constituido en nuestra época como ejes torales en el proceso de globalización y de interconexión, todo eso está bien; desde su surgimiento han sido motores del crecimiento económico y llegaron para quedarse en las dinámicas del flujo mercantil, pero si algo ha caracterizado (y es quizás la base de su existencia) es la confianza del servicio que prestan. Es tan importante la actividad bancaria que muchas de sus funciones (hoy en día todas las abiertas al público) están reguladas por la ley, en gran medida el Derecho mercantil creció normativamente en torno a funciones realizadas por los bancos, lo cual al tiempo, al menos en México dio origen a una nueva rama del Derecho, el bancario.
Pues bien y a pesar de lo antes expuesto, el servicio bancario tiene muchas deficiencias, cada institución tendrá sus pros y sus contras, eso lo definirá cada uno como usuario, sin embargo, de ésta a la que hoy le hemos dedicado varias líneas las quejas han venido en aumento, y es una pena, porque Santander, si bien, con pocos años en México con esa marca comercial, es heredera de una añeja institución bancaria que merecería una mejor referencia.
Asumimos que pueden mejorar su servicio y que sus clientes merecen más que huecas campañas publicitarias, desde aquí un exhorto a que, las empresas en lo general, los bancos en particular y Santander en específico comprendan que son tiempos de cambio.
De cambio para bien, para bien de todos.
