Columnas Escritas

PRÉSTAME TUS ZAPATOS

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«Nunca se comprende realmente a un hombre hasta que te has calzado sus zapatos y caminado con ellos»: Eduardo Aguirre

Elda Clemente

Según un estudio de la Universidad de Kansas, gracias al calzado se puede adivinar el 90 por ciento de las características de una persona. Afirma también, que psicológicamente los zapatos sirven para un propósito y mensajes simbólicos. Al parecer lo que nos ponemos en los pies dice más de nosotros y de nuestra personalidad.

El día que nos caiga el veinte, nos pongamos en los zapatos de cada uno y nos enfoquemos en rescatar nuestro poder, el poder del ciudadano, de los campechanos bien intencionados que nacimos y moriremos en esta tierra, hasta entonces estaremos frente a una sociedad libre, unida, imposible de derrotar.

Vivimos en un entorno senil a veces mezquino, donde los “débiles”, son apabullados sin remordimiento alguno. Eso pasa porque olvidamos que la unión hace la fuerza. Las élites no tienen más que el dominio que el pueblo les ha dado. 

La mayoría de las veces nos cuesta “ponernos en la piel del otro”; si pudiéramos ser capaces de descifrar lo que le ocurre al hermano, al amigo, al vecino, a papá o mamá, al que cruza la banqueta con la mirada perdida, al que cierra los ojos queriendo evadirse y los miremos con ojos de comprensión, veríamos el mundo desde otra perspectiva.

Entender y comprender no es lo mismo. Comprendemos o actuamos en consecuencia hasta que se nos “prende el foco”. Por eso es complicado que, desde el principio de un tema, una situación o un problema, seamos capaces de captar lo que siente el otro, lo que está viviendo, lo que oculta tras una fachada de sonrisa, lucidez mental o falsa concentración.

Mientras el mundo gira es común que saquemos conclusiones apresuradas de algún suceso en particular. Con frecuencia emitimos juicios de los demás sin conocimiento de la realidad o juzgamos sin investigar.

Nunca terminamos de conocer a una persona y su forma de proceder hasta que nos ponemos en su lugar, hasta que vivimos su experiencia. Nadie escarmienta en cabeza ajena, por eso cada uno es dueño de su verdad, la mentira es parte del folclor que adorna el ambiente de personas tóxicas que disfrutan lastimar a otros, hasta que el karma les pasa factura.

Hoy, me animo a escribir estas líneas y sólo he necesitado un poco de inspiración y unos “zapatos prestados”.

 “Préstame tus zapatos” para indagar tu forma de vivir, para sentir tu dolor, tu tristeza y tu alegría. Préstamelos para anticiparme al éxito y al fracaso, a los tropiezos, errores y aciertos. Quiero ver si me aprietan, si me quedan grandes o si me quedan chicos.

Valoro los que me acompañaron cuando fui niña, los que me llevaron por calzadas sin retorno, los que anudé el cordón cuando se aflojaron, los que se empolvaron en antiguas veredas de terracería, los que lucí impecables, los que se quedaron sin suelas por el desgaste, los que se me rompieron por uso excesivo incluyendo las sandalias cómodas que hoy, cubren mis pies en suelos de mármol y en superficies modestas. Las mismas, que me acompañan por calles modernas; algunas cubiertas de baches, otras recién pavimentadas.

“Préstame tus zapatos”, quizá mañana me toque prestarte los míos. Solo así sabrás si mi existencia ha sido útil, fructífera, próspera, brillante o me ha tocado sortear injusticias, esquivar charcos, tempestades, tormentos o sí en el cuento de mi vida me ha tocado ser criada o reina. 

La naturaleza de los seres humanos es ser tratados por igual, con respeto sin menosprecios, sin ninguneos o rebatingas. Pero, nunca faltan los advenedizos, los convenencieros, los que se creen todopoderosos y hacen de las suyas sin que nadie los corrija hasta que el vaso se derrama y, no hay otra forma de contener el golpe que se pudo haber evitado de haber puesto la voluntad por delante.

En conclusión, la próxima vez, que alguien te ningunee o te chulee, “préstale tus zapatos” y que camine con ellos que sienta lo que tú sientes. Solo así, lo podrás ayudar a ver su error y a transitar los caminos de la vida, dejando huellas que se quedarán prendidas en su alma y en su conciencia.

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