Columnas Escritas
Los monólogos de la Martina
La pregunta recurrente en torno al desangelado debate presidencial del domingo es, costumbre inveterada, ¿quién lo ganó?
A propósito, ésta es una pregunta bastante tonta desde la lógica de que los simpatizantes de uno o las otras dos candidatas dirán y hasta serían capaces de jurar por Diosito y la Virgencita de Guadalupe, que su gallo fue el que ganó de calle.
Lejos del análisis serio en cuanto al desempeño de los tres candidatos presidenciales, la gran mayoría que vió el debate, una vez terminada la confrontación exclamó a voz en cuello, ¡ el triunfo fue para mi pollo! .. En este caso mi polla, porque Maynez, pese a haber llegado en su juicio, simplemente desapareció del escenario.
Y me temo que hasta muchos que ni siquiera vieron el debate y únicamente hablan guiados por sus preferencias hacia alguno de los tres suspirantes a la presidencia, una vez terminado el evento gritaron en el alarido de la ignorancia, ¡ganó mi candidato!
Todo esto del ganó mi gallo, al que le voy, pudiera explicarse desde la pasión que suele opacar la razón.
Finalmente en una elección lo que predomina es la pasión, y en muy contadas ocasiones la razón. Kennedy le ganó a Nixon desde la pasión que despertó con su discurso, juventud y apostura. Zedillo le ganó a Diego y a Cárdenas merced a la pasión enervada del asesinato de Colosio.
De ahí el pasional ¡ganó mi candidato y punto!, porque es al que le voy y por quien voy a votar.
Y no hay nada más de qué hablar y mucho menos discutir.
Los razonamientos sobre el tema salen sobrando. O simplemente no son tomados en cuenta, poniendo la pasión por delante.
Entrándole con toda reticencia y recelo al tema, la respuesta de ¿quién ganó el debate presidencial del domingo?, al menos en la opinión de éste su seguro servidor, es que ninguno de los tres lo ganó.
Cierto, no los ayudó el formato infame del I.N.E, que habría pagado el noviciado. Ánimas que no se repita en el segundo debate.
Pero pudieron haberlo hecho mejor, con mejores argumentos, más inteligentes ataques y mejores propuestas de gobierno. Muy poco de eso hubo. Fue un debate muy poco inteligente. Pero también muy aburrido.
Y Xóchitl Gálvez, la más interesada en brillar en el debate dada su calidad de segunda en la tabla de posiciones y por lo tanto ávida de remontar, dejó escapar lamentablemente una oportunidad de oro.
Y esto le dio a Claudia Sheinbaun la oportunidad de seguir haciendo lo que desde un principio ha hecho: administrar su ventaja y ganar tiempo.
Los ya menos de dos meses de tiempo que quedan para el 2 de junio.
Menos de dos meses para la madre de todas las elecciones.