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Los monólogos de la Martina

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El listo vive hasta que el pendejo quiere (refrán popular).

Alguien, en cualquier lugar del mundo, a cualquier hora, busca a un ingenuo para engañarlo y sacar raja económica o de cualquier otro tipo de su engaño.

Y cualquiera puede ser engañado, de una o de diferentes formas.

Pero quien es engañado por primera vez cuenta con el recurso, la excusa, o al menos el consuelo, de que fue engañado por haber creído de buena fe en quien lo engañó, en tanto que éste lo hizo con premeditación, alevosía y ventaja. Con todos los agravantes, pues.

Así que si alguien es engañado por primera vez tiene una excusa. Una excusa además válida.

Lo delicado del tema es que esa persona engañada por vez primera, lo sea en una segunda ocasión. Y peor si el engaño viene del mismo engañador. Agravante mayor. Pecado mortal.

Aquí ya no habrá nadie a quien echarle la culpa. Bueno, sí, al engañado por segunda vez. Toda la responsabilidad será suya.

Es entonces cuando los engañados mudan de nombre.

En la Atenas del Sureste, en mi pueblo, suelen llamarlos pendejos.

En ese mi pueblo, mi abuelo sabio Eliecer Canto solía tomar de la mano al niño de unos seis años que era el tal Nico, y filosofar de ésta manera, a modo de consejo al hijo de su hijo:

Niquito, en éste canijo mundo siempre habrá alguien que se despierte pensando en la forma de buscar y encontrar ese día a un pendejo…

… Procura no ser tú … remataba el abuelo sabio.

¡Me cae que sí y cómo chingaos de que no!

Excelente domingo para todos mis bienamados amigos y lectores. Urbi et Orbi.

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