Columnas Escritas
Los monólogos de la Martina
- Alito, tiempo de canallas.
- Moreno Cárdenas empieza a arar el camino para ejercer su dictadura partidista.
- No se irá de la dirigencia nacional del P.R.I. hasta agosto de 2024… cuando menos.
- Alito y su ambiciosa locura de llegar algún día a la presidencia de México.
Alito, alias Alejandro Moreno Cárdenas, no honrará su palabra de irse de la dirigencia nacional del P.R.I. en agosto de 2023. Eso puede considerarse desde ahora un hecho.
El muy predecible paisano incómodo empezó ayer, lunes 19 de diciembre de 2022, a arar el camino para que la sucesión presidencial, y aún más allá, el nuevo presidente o presidenta electo de México, lo encuentren instalado aún en la dirigencia nacional priísta, y muy probablemente en la antesala de la cámara de senadores por la vía plurinominal.
Moreno Cárdenas no se irá hasta un año después de la fecha prometida. Hasta agosto de 2024, tras desempolvar un viejo estatuto nunca antes utilizado, para que en situaciones extraordinarias el presidente del P.R.I. permanezca hasta un año más en el cargo.
Y que nadie se diga sorprendido si después del año transcurrido, a Alito se le ocurre permanecer un tiempo más. O los años que se le ocurran. Para ello tiene bajo sus órdenes al Consejo Político Nacional del P.R.I.
Moreno Cárdenas cuenta con la unanimidad partidista propia de las dictaduras.
Tiene en la bolsa el voto cautivo, y acaso del miedo, de los 458 delegados del Consejo Político Nacional, que votarán siempre lo que el patrón Cárdenas les ordene, so pena de caer en desgracia política y no ser tomados en cuenta en la selección de candidatos a cargos de elección popular en 2024, que estará, sin duda alguna, en las manos y en la voluntad de Alito.
Para decirlo en modo aún más claro: Alejandro Moreno Cárdenas terminó por secuestrar al P.R.I.
Y están ya por demás las tardías protestas de priístas como Claudia Ruiz Massieu o Miguel Ángel Osorio Chong, que cuando pudieron hacer algo para impedir la llegada de Alito a la dirigencia nacional no lo hicieron, y hoy lloran como cobardes lo que no supieron defender como priístas decentes.
ALITO Y SU LOCURA DE LLEGAR ALGÚN DIA A LA PRESIDENCIA DE MÉXICO
Y que no se descarte del todo que a Alito, como a Roberto Madrazo en sus tiempos, no se le ocurra la desmesura o, de plano, la locura, de insistir en sus ambiciones y sueños guajiros de ser candidato de su partido, (de la coalición opositora, imposible, dado su desprestigio personal y político), a la Presidencia de México.
Y es que aunque el P.R.I. con Alito rompería récords plusmarquistas en el renglón de candidatos impresentables a la presidencia de la República, más allá incluso de la fallida y deplorable candidatura de Madrazo, lo cierto es que esa es la máxima ambición del paisano no escogido.
Pruebas de esto hay muchas.
Pruebas que él mismo se ha encargado, con su vocación irrenunciable de bocón irredento, de difundir al interior de su partido; entre muchos allegados, no pocos políticos, y también entre varios periodistas a sueldo y a su servicio, que no dudan en seguirle el juego.
Si alguien creyó con sinceridad en las palabras de Alito de que dejaría la presidencia nacional del P.R.I. una vez concluido su mandato estatutario, hoy habrá abierto los ojos y estará lamentándose de haber creído en las palabras de un político mentiroso y farsante.
Aunque en su sociopatía manifiesta, esto no va a importarle un cacahuate a Alito.
Por lo pronto, Alito ha ganado una batalla, una perversa batalla por el poder al interior del P.R.I., que como nunca antes, en cualquier situación y en cualquier escenario había perdido tanto en todos sentidos, el electoral por delante, por la irresponsabilidad y la inmoralidad de un solo hombre.
Todo ello para desgracia de la militancia priísta, hoy como nunca antes más alejada de su dirigencia, preponderantemente de su consejo político nacional, y de su dirigente Alejandro Moreno Cárdenas, Alito, su mote de juventud porril, quien ayer inició el camino rumbo al triste objetivo de su dictadura partidista.