Columnas Escritas
Lo que dicen los columnistas
El debate global del momento: ¿Argentina merece el “odio” del mundo?
La “argentinofobia” también puede estar relacionada con la nueva era de comunicación digital que vive el mundo y nadie garantiza que mañana sea otro país o grupo o equipo el que sea víctima de esta vorágine. De lo que no hay duda es de que este Mundial fue un golpe de imagen para la selección argentina de futbol
Proceso
Las redes sociales están encendidas con un debate que ya venía calentado a lo largo del Mundial, pero que se intensificó luego de la final del domingo entre España y Argentina por cuenta del comportamiento antideportivo de los jugadores sudamericanos al terminar el encuentro y por el generalizado rechazo que esas conductas de malos perdedores provocaron en América Latina y en otras regiones del mundo, especialmente en Europa.
El conductor del programa español El Chiringuito, Josep Pedrerol, no dudó en afirmar que “la imagen de Argentina es patética hoy”.
No sólo por el puñetazo de Nahuel Molina contra Rodri y el matonesco agarrón del cuello de Leandro Paredes a Eric García tras perder 1-0 la final contra España, sino porque la selección argentina en pleno dio la espalda a la celebración de los jugadores españoles en la cancha luego de que estos hasta les habían hecho valla para recibir sus medallas de plata.
Ni el capitán de la albiceleste, Lionel Messi, ni el director técnico, Lionel Scaloni, que se caracterizan por su caballerosidad, tuvieron el tino de evitar ese gesto, que fue calificado por la prensa española como de “vil” y de “malos perdedores”.
Hasta el actor estadounidense Samuel L. Jackson se sumó a las críticas al compartir en Instagram una publicación que califica a Argentina como «uno de los países más racistas del mundo».
Lo ciertos es que días después de finalizado el Mundial, las redes y los debates en los programas deportivos siguen avivando la polémica sobre el comportamiento de los jugadores argentinos. También, sobre la percepción de que Argentina y su capitán, Leonel Messi, estaban siendo favorecidos por la FIFA y su presidente, Gianni Infantino, con un arbitraje sesgado destinado a prologar hasta el final la presencia del mejor jugador del orbe en el certamen.
El debate fue creciendo durante el Mundial, de a poco, partido a partido, con comentarios, memes y videos, especialmente en los países latinoamericanos, deplorando la complacencia de los árbitros con los jugadores argentinos, sus comentarios despectivos hacia sus rivales y su “juego sucio”.
El título de una columna del diario británico The Telegraph fue especialmente demoledor y sintomático del clima antiargentino con el que acabó este Mundial: «Futbol 1, Delincuentes 0”. Así resumió Jason Burt el resultado del partido final. “El futbol necesitaba desesperadamente que España ganara esta final», comentó, y sostuvo que “cualquier otro resultado habría sido un auténtico crimen”.
Las redes sociales –TikTok, Instagram, Facebook, X– están plagadas de mensajes de argentinos que se preguntan “¿por qué nos odian tanto?” y muchas de las respuestas de ellos mismos son que se trata de una “argentinofobia” injusta basada en el prejuicio, en la incomprensión o en “la envidia que nos tienen”.
Muchos argentinos más autocríticos también justifican ese “odio”. El comentarista de futbol Osvaldo Gerson, por ejemplo, dijo en redes: “Nosotros nos hacemos odiar, somos maleducados, fanfarrones, le faltamos el respeto a todos, a los uruguayos, a los mexicanos, y así nos ganamos el odio”.
De quienes más se quejan los influenciadores, internautas y comentaristas argentinos son de los mexicanos, los españoles, los uruguayos, los chilenos, los colombianos, los peruanos, los ingleses y los franceses.
En el caso de los mexicanos, no ayudó en nada el comentario del locutor argentino Eduardo Feinmann, quien en medio del Mundial dijo: “Detesto a los mexicanos, los detesto con mi alma”, y aseguró que los mexicanos les tienen envidia a los argentinos “en todo” y que quieren ser como ellos, pero “no les da el pinet”.
Fue, desde luego, un comentario a título individual de un locutor que tiene acusaciones de corrupción y tráfico de influencias por parte de periodistas argentinos y que, además, justifica el genocidio del gobierno israelí en Gaza.
Sería injusto meter en el mismo saco a todos los argentinos. La mayoría de ellos son hospitalarios, buenas personas, solidarias y empáticas. Cualquiera que haya visitado Argentina puede dar fe de ello.
Hubiera ayudado, claro, escuchar la opinión sobre Feinmann de los argentinos mediáticos que viven en México. Hay silencios que parecen una lavada de manos.
Hasta el fracaso fue “un éxito”
Los medios tradicionales argentinos han minimizado la polémica y los incidentes y están centrados en celebrar el subcampeonato de su selección como un triunfo. Un locutor radial comentó que ganarle en la semifinal a Inglaterra fue mejor que haber ganado el Mundial.
El columnista de La Nación Carlos Pagni recordó este martes que la autora de Harry Potter, J. K. Rowling, dijo algún día a alumnos de la Universidad de Harvard que ellos necesitaban entender que “lo que para ustedes es fracaso, para 99% de la humanidad es éxito”.
“Hasta dónde es un fracaso lo que, desde otra perspectiva, podría ser interpretado como un éxito”, señaló el columnista, y consideró que luego de tantas victorias de la selección con el técnico Scaloni al frente (ganó dos veces la Copa América, el Mundial de Qatar en 2022 y jugó la final del Mundial 2026), tanto el técnico como los jugadores, en especial Messi, tendrían “el derecho a cierta fanfarronería, que está por completo ausente en su conducta”.
Muchos comentaristas siguen hablando de “la envidia”.
“Fue un Mundial extraordinario que conmovió a los argentinos y desató la envidia de muchos no argentinos”, escribió en Clarín Sebastián Fest. También sostuvo que Scaloni sabe que “los españoles no sabrán inventar cantitos ni celebrar con el mismo ingenio y pasión que los argentinos, pero que hay otras cosas más importantes. Entre ellas, no sólo ser, sino también parecer”. Parecer.
De acuerdo con Fest, decir que todos los argentinos son racistas “es como endilgarle lo mismo a Francia, Reino Unido o Estados Unidos, tres de las usinas (matrices) más críticas de Argentina en estos tiempos”. La esclavitud, señaló, “no nació precisamente aquí”.
Y afirmó que la figura de Javier Milei (el ultraderechista presidente argentino) ha tenido un “profundo impacto a nivel mundial” que ya instaló al país “en una polarización por momentos tóxica, porque todo es blanco o negro”.
En el futbol, agregó, “ahora se trata de estar a favor o en contra de Argentina. Increíblemente, Messi pasa a ser un asunto secundario, de lo que se trata es de castigar a Argentina. Lo hacen en las sociedades primermundistas hastiadas de vivir bien y en países más similares al nuestro en América Latina, Asia o África”.
“El poder blando de Argentina encarnado con fuerza en el fútbol compite ahora con antiguos prejuicios reforzados: los argentinos son conflictivos, impredecibles, violentos, alérgicos a las reglas”, remató.
Mucho ruido
Pocas voces pueden hacer mucho ruido, sobre todo en redes sociales, donde han circulados profusamente por estos días videos de argentinos quemando banderas de España e Inglaterra, de inmigrantes argentinos en España insultando a españoles en el centro de Madrid y de concentraciones en Buenos Aires donde se burlan de los uruguayos, sus vecinos, por haber sido eliminados del Mundial en la primera fase.
En España es generalizada la indignación con el comportamiento de los argentinos que viven en ese país y que coreaban consignas soeces y mentadas de madre contra los españoles en vísperas de la final del Mundial. “¿Por qué no se regresan a su país?”, era el reclamo generalizado. Muchos argentinos, también, se decían avergonzados del comportamiento de esos compatriotas.
Una queja recurrente de los argentinos ha sido que hasta los latinoamericanos los “odian”, desde los brasileños hasta los centroamericanos. Y, claro, en respuesta a ese reproche circulan muchos videos de argentinos que aseguran no ser latinoamericanos, sino europeos.
La politóloga argentina Inés Palacios sostiene que sus compatriotas “son racistas” y lo explica con estos datos: según las entrevistas del Censo, sólo 2.4% de oriundos de Argentina se reconocen pertenecientes a una población originaria o con raíces indígenas, cuando según un estudio genético de la Universidad de Buenos Aires entre 40% y 98% de argentinos tiene ancestros indígenas, según las provincias (estados) donde vivan.
Los habitantes de las provincias norteñas, como Jujuy, Formosa y Salta, se quejan de que sus compatriotas blancos los consideran bolivianos o peruanos por sus rasgos indígenas. Desde luego, ese tipo de racismo se parece mucho al de los mexicanos que discriminan a la población originaria o mestiza.
Artistas argentinos como Cazzu y Milo J ha denunciado el racismo y la discriminación que existen en su país contra las personas de piel más oscura.
Indignación global
Incluso los parientes europeos de los argentinos se sumaron a la campaña de denuncia contra las supuestas “trampas” de Argentina en el Mundial.
El diario francés Le Monde publicó que muchos internautas “están convencidos de que la FIFA manipuló el torneo para asegurar que Argentina llegara a la final del último Mundial de Messi” y destacó la petición en línea «Argentina Fuera», que juntó más de 18 millones de firmas, para la selección albiceleste fuera expulsada de la competencia.
El diario mencionó que en los partidos de Argentina contra Argelia, Egipto, Suiza e Inglaterra hubo varias jugadas polémicas que sugieren un sesgo de los árbitros en favor de los argentinos, lo que generó protestas formales de esas selecciones ante la FIFA, ninguna de las cuales tuvo una respuesta positiva.
El exdelantero inglés Michael Owen escribió este martes una columna en el Daily Mail en la que se pronuncia a favor del VAR.
“Sin el VAR, Argentina sería incontrolable. Imaginen las artimañas que Argentina emplearía si creyera que podría salirse con la suya. Ya de por sí traspasan constantemente los límites. Sería un auténtico caos y los tramposos buscarían aprovecharse de la situación”, aseguró y elogió el desempeño de la selección española.
En redes las redes también proliferaron videos realizados con inteligencia artificial en los que Messi y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, aparecían como novios o como compinches.
Todo esto reformó la narrativa de favoritismo. También la imagen de Infantino cuando se muestra contrariado por el gol de España contra Argentina en la final, mientras todos los que están a su alrededor festejan el tanto.
La prensa española fue especialmente crítica con la tolerancia arbitral frente a la dureza y “el juego antideportivo” de los argentinos.
Un estudio de la consultora Data Insight 2050 analizó más de 238 mil mensajes en redes sociales sobre la selección argentina en el Mundial y encontró que 75% de las menciones fueron negativas; que uno de cada tres mensajes reflejaba odio y que la abrumadora mayoría de contenido era espontáneo y no generado por bots.
Esto, para los especialistas en comunicación digital, revela que el odio puede ser potenciado por los algoritmos porque estos reproducen las comunicaciones polémicas y negativas.
Es decir, el “argentinofobia” también puede estar relacionada con la nueva era de comunicación digital que vive el mundo y nadie garantiza que mañana sea otro país o grupo o equipo el que sea víctima de esta vorágine.
De lo que no hay duda es de que este Mundial fue un golpe de imagen para la selección argentina de futbol y que esto contribuirá a afianzar esa generalizada e injusta percepción latinoamericana de que el mejor negocio del mundo es comprar a un argentino en lo que vale y venderlo en lo que cree que vale.
Eso mismo se podría decir, por ejemplo, de muchos whitexicans que menosprecian a la gran mayoría de compatriotas por su color de piel.
Pero la caja de resonancia de un Mundial es más potente que los actos cotidianos de racismo de cualquier país.
Arsenal
El mensaje de la DEA, el maltrato a Ruffo y la “petulancia” de la selección argentina
FRANCISCO GARFIAS
Excelsior
Dice Terry Cole, director de la DEA, que la sentencia a cadena perpetua dictada ayer a El Mayo Zambada es un mensaje a los cárteles de la droga y a cada líder terrorista extranjero.
Añade que, sin importar cuán poderoso sea o cuánto tiempo evada la justicia ese narcoterrorista, “la DEA no dejará de perseguirle”.
En ese mensaje va implícito también un aviso a los políticos que pactan con el narco y ofrecen protección e impunidad al crimen organizado a cambio de financiamiento de campañas y jugosos sobornos. Cole sabe de lo que habla. Vivió años en México como jefe regional de la DEA. Vio de cerca el Culiacanazo, los laboratorios clandestinos, las narcorrutas protegidas y la impunidad descarada.
Sabe que los mismos que firman convenios bilaterales son los que avisan a los cárteles, los que liberan a capos o los que cobran su tajada.
Ésa es la podrida realidad que muchos en el gobierno mexicano se niegan a reconocer.
* La presidenta Sheinbaum se molesta cuando el gobierno de EU reclama la extradición de los narcopolíticos, como Rocha Moya, el senador Inzunza, el exalcalde de Culiacán Juan de Dios Gámez y otros siete funcionarios de Sinaloa implicados en pactos con Los Chapitos.
Mientras, el pueblo vive amedrentado por escenas como los diez colgados en Zacatecas, la violencia que sigue nutriendo el número de “víctimas colaterales”, los desaparecidos, las narcofosas, el miedo.
La respuesta del gobierno ha sido la de siempre: “Son declaraciones desafortunadas”, “que se ocupen de su lado”, “respeto a la soberanía”.
Es pertinente aclarar que la soberanía no es un escudo para proteger a los traidores que venden al país al mejor postor.
La verdadera soberanía sería desmantelar las redes de protección política al narco, extraditar a los capos que aún protegen, y meter a la cárcel a los funcionarios que les hacen el trabajo sucio.
* La sentencia a Ismael El Mayo Zambada es el epílogo de una era para el Cártel de Sinaloa.
Llamó la atención que el otrora poderoso capo no peleara su caso hasta el final. Se declaró culpable e hizo un llamado a reducir la violencia por convicción tardía o por cálculo.
Se sabe que mantuvo la línea de no delatar a otros. Es un final coherente con su estilo: bajo perfil, pragmático y sin traicionar abiertamente a los suyos. El daño ya está hecho y el cártel continúa, fragmentado y violento, pero la sentencia marca un golpe simbólico importante.
Algo tangible parece haber conseguido el capo al declararse culpable y aceptar la cadena perpetua:
El juez Brian Cogan (el mismo del juicio de El Chapo) recomendará al Buró Federal de Prisiones (BOP) que lo coloque en una instalación donde reciba atención médica adecuada.
El Mayo tiene 76 años. Problemas de movilidad y posible deterioro cognitivo temprano, se dijo en la audiencia.
* Al exgobernador panista de Baja California Ernesto Ruffo, acusado de delincuencia organizada y de huachicol fiscal, lo tratan como si fuera el delincuente más peligroso de México.
Ya se lo llevaron al penal de alta seguridad del Altiplano, otrora Almoloya, el mismo del que se escapó hace años El Chapo.
Particularmente humillante es la imagen viral que nos muestra cómo un fornido elemento de Seguridad Pública pone su enorme mano en la cabeza del exgobernador panista de BC, de 74 años, y la gira para indicarle dónde dirigirse.
Este trato humillante lo ilustra también el aparatoso operativo organizado por las autoridades desde su detención en Ensenada y su traslado a la CDMX, primero, y al penal del Altiplano, después.
¿Y Rocha Moya cuándo? ¿Y Marina del Pilar cuándo? Son preguntas que nos hacemos los mexicanos.
* Rudo el comentario publicado por The New York Times sobre la reacción de algunos jugadores de Argentina que no supieron perder ante España, en la final de la Copa del Mundo.
Adam Crafton, autor del artículo publicado en el famoso diario, titula así su texto: “Argentina se deshonró a sí misma y a la final de la Copa del Mundo con su petulancia sin encanto”.
El texto inicia así:
“Mientras los héroes españoles campeones del mundo se reunían en el podio, sus rivales, los argentinos, maltrechos y derrotados, les daban la espalda.
“Aquello —prosiguió— marcó la culminación de una actuación irritable, petulante, de mal gusto por parte de los ahora destronados campeones del mundo, que los dejó con un jugador menos en el campo durante los 30 minutos de tiempo extra, y que provocó peleas, propias de un bar, en el terreno de juego”.
¿Y usted qué opina?
Razones
El Mayo, historia y redes
JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ
Excelsior
La condena de Ismael El Mayo Zambada pone el punto final a una trama que recorre toda la historia del crimen organizado en nuestro país, y en muchos otros países, en el último medio siglo. El Mayo comenzó como un vendedor de drogas callejero, pasó a convertirse en sicario y fue escalando por la cadena alimenticia del crimen organizado hasta convertirse en el más importante narcotraficante del mundo.
Siempre fue más famoso El Chapo Guzmán, en parte por la prensa que generó el asesinato del cardenal Posadas Ocampo en 1993 (una emboscada que estaba destinada a acabar con El Chapo, entonces en guerra con los Arellano Félix) y sus dos fugas posteriores, pero durante los años de prisión de Guzmán Loera o después, mientras era perseguido por las autoridades y por Estados Unidos, el que controló la operación del cártel de Sinaloa fue El Mayo.
Lo hizo acompañado por un personaje del que se ha hablado mucho menos pero que fue (se supone que falleció por causas naturales, aunque nunca se comprobó fehacientemente), lo más parecido a un padrino que ha conocido el crimen organizado en México: Juan José El Azul Esparragoza, un personaje que fue la piedra angular de lo que conocimos como el Cártel de Sinaloa. Fue El Azul el que, después de la caída de Miguel Ángel Félix Gallardo, a inicios del sexenio de Carlos Salinas, reorganizó las redes y la división territorial del crimen organizado y el que logró la preeminencia del cártel de Sinaloa, luego de la muerte de quien era su jefe, Amado Carrillo Fuentes, en 1997.
El Azul, El Mayo y El Chapo lograron, después de la muerte –asesinato en realidad– de Amado Carrillo, primero sobrevivir, y luego conformar una organización con un mando centralizado, pero, al mismo tiempo, con muchas ramas que se movían horizontalmente (alguna vez la definimos más como un holding que como un cártel) y se deshicieron de sus rivales: la guerra y la violencia entre las bandas criminales no comenzó porque el presidente Calderón lanzó un operativo en Michoacán en diciembre de 2006, sino por la guerra que se desató abiertamente ese año entre el Cártel de Sinaloa y quienes fueron durante años sus socios, que querían un lugar en la mesa de dirección de la organización, los Beltrán Leyva y el Cártel de Juárez, a los que se unieron los Zetas.
A todos ellos los derrotó el Cártel de Sinaloa en una guerra brutal. Pero lo hicieron no sólo con base en violencia, sangre y armas: uno de los méritos, sobre todo de El Azul y de El Mayo fue haber alimentado todo tipo de relaciones políticas, de complicidades y de protección que le permitieron a El Mayo haber transitado toda su carrera criminal sin haber sido detenido, con un relativamente bajo perfil e incluso viviendo durante muchos años en su misma casa.
Cuando ayer, luego de la sentencia de El Mayo Zambada, el director de la DEA, Terry Cole, sostuvo que esa condena era “sólo el principio. Es una advertencia a todos los líderes de los cárteles, empresas criminales globales y terroristas extranjeros: si trafican drogas mortales, se benefician del sufrimiento de otros y amenazan a nuestras comunidades, la DEA vendrá por ustedes. Ya sean traficantes o funcionarios corruptos de gobierno, la DEA vendrá por ustedes”, estaba insistiendo en un capítulo que se ha vuelto central y que aquí seguimos ignorando: el cambio de paradigma que significa poner la prioridad no sólo en la detención de líderes y operadores de los cárteles, sino en el desmantelamiento de las redes de protección y complicidad con ellos.
El caso Zambada es el mejor ejemplo de la utilidad de esas redes: fueron las que lo protegieron, las que se hicieron cómplices, las que lavaron el dinero y le dieron impunidad, las que le permitieron operar con tranquilidad… y, paradójicamente, las que provocaron su caída.
Porque El Mayo, un hombre enormemente celoso de su seguridad, se presentó a la reunión con su ahijado Joaquín Guzmán López el 25 de julio del 2024 confiado en que se encontraría con el gobernador Rubén Rocha Moya (al que le había financiado parte de su campaña) y con su amigo, Héctor Melesio Cuén. De alguna forma terminó en un avión que lo llevó al aeropuerto de Santa Teresa, en Nuevo México, y dos años después terminó sentenciado a cadena perpetua en Nueva York.
Dijo su abogado, Frank Pérez –el mismo que como defensor negoció los acuerdos de colaboración del hermano y el hijo de Zambada, Jesús, y El Vicentillo–, que El Mayo no había colaborado con las autoridades más allá de reconocer su culpabilidad y aceptar la cadena perpetua, a cambio, lo aceptó el juez Brian Cogan, de estar detenido en algún lugar que le garantizara atención médica. Puede ser o no. También pidió que se acabara la violencia, como lo había expresado en la entrevista con Julio Scherer García en 2010, lo que no impidió que fuera uno de los artífices de la misma durante los 14 años posteriores o que, ahora, otro de sus hijos, Ismael Zambada Sicairos, El Mayito Flaco, sea su sucesor y esté embarcado en una violentísima lucha contra Los Chapitos, y contra las autoridades federales. El Mayito Flaco puede hacerlo porque heredó la posición, pero también las redes de protección de su padre.
La violencia es inherente a las organizaciones criminales y, para su supervivencia, operación y desarrollo necesitan de esas redes políticas de protección y complicidad. El Mayo es un ejemplo de ello, lo que se vivió este fin de semana en Zacatecas es otro.
Astillero
El Mayo, goodfellas // Mafias de muchas caras // Agencias pelean “gloria” // Cartel y cártel (diferencias)
JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZ
La Jornada
Buen muchacho con las autoridades: goodfellas, a fin de cuentas, si se asume a la totalidad, la juzgadora y la juzgada, como una mafia que simula con mucho más que dos caras, y no tanto o no sólo en referencia a la icónica película dirigida por Martin Scorsese (Uno de los nuestros, fue otro título en español de tal cinta).
Bien portado: aceptó desde el inicio su culpabilidad, denunció su presunto secuestro pero no se aferró a su propia versión ni la litigó e incluso como buen ciudadano denunció que en la misma mañana de la acción en su contra se habría asesinado a Héctor Melesio Cuén, principal líder opositor del entonces gobernador Rubén Rocha Moya, y no en la noche del mismo 25 de julio en una gasolinera, como presunto intento de robo de vehículo, tal cual la fiscal de sello rochista pretendió hacer creer mediante un pésimo montaje (hasta ahora sin castigo alguno, en ninguno de los dos casos, el ejecutivo y el fiscalizador).
Ahorrador de tiempo y recursos del gobierno receptor al negarse a sostener un largo proceso contra el aparato judicial de Estados Unidos, lo cual podría ser retribuido con ventajas en cuanto a tratamientos e instalaciones de salud, aunque algunos de los otros goodfellas, los oficiales, aún desean que haya colaboración, si no la ha habido ya, en cuanto a señalamiento de culpabilidades compartidas con gobernantes, políticos, militares y policías de municipios y estado de Sinaloa y niveles federales.
El Mayo (ahora) bueno, a tal grado que emitió un mensaje especial: “La violencia debe acabar en México. Se pierden demasiadas vidas. Se destrozan familias. Se arrastra a los jóvenes a una vida sin futuro”. Y, así, el mismo personaje que dijo al periodista Julio Scherer en 2010 que nada cambiaría si lo atraparan o mataran, pues la estructura del narcotráfico permanecería intacta, con remplazos listos para operar, y “la detención o muerte de un capo no altera el funcionamiento del negocio”, ahora planteaba en Brooklyn: “a las próximas generaciones les digo que elijan un camino distinto a la violencia”.
Ya antes la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) había rasguñado mediante maniobra de corte museístico aeronáutico su parte de presunta gloria en la operación que llevaría de Culiacán a Nuevo México a Zambada en compañía traicionara de uno de los hijos de Joaquín Guzmán Loera (El Chapo, que no aceptó culpabilidad, litigó y terminó igualmente sentenciado a cadena perpetua, aunque confinado en una dura cárcel de alta seguridad).
Ayer saltó también el director de la Administración de Control de Drogas (DEA), Terrance Cole (Terry), casi en forma de cartel (es decir, de “lámina en que hay inscripciones o figuras y que se exhibe con fines informativos o publicitarios”, según define la RAE; no confundir con “cártel”, aclaración de columna astillada en defensa de su visa; San Cristóbal de Las Casas, Chis. Una pequeña lancha llamada Lacandona viajó a Cuba como parte de la embarcación y de la tripulación del velero Astral, que el domingo llegó a la isla con ayuda humanitaria de grupos de solidaridad europeos, informó el capitán Marcos, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).). Casi en forma de cartel, se decía, de esos con un rostro con sombrero de barras y estrellas con dedo acusador: “esta sentencia no es el fin, es apenas el comienzo. Es una advertencia a cada líder de un cártel… y terrorista extranjero… la DEA viene por ti, seas un narcotraficante o un funcionario gubernamental corrupto, la DEA viene por ti” (nota de David Brooks y Jim Cason en La Jornada: https://goo.su/O6u7z).
Ya veremos cuántos episodios más tendrá esta serie de multiplicidad goodfellas, con apariencias, simulaciones y entendimientos. Tal vez esta primera parte puede cerrar con la explicación que el abogado defensor de El Mayo dio al juez gringo respecto a lo sucedido en una finca de Culiacán, a donde Zambada “fue convocado para ejercer su talento de mediador para resolver disputas entre algunos políticos en Sinaloa a una reunión el 25 de julio de 2024 donde fue golpeado, atado, secuestrado, llevado a un avión privado en espera, y llevado a Estados Unidos por Joaquín Guzmán López, el hijo de El Chapo Guzmán”.
Soberanía o servidumbre: la batalla por el control de la IA
JAVIER ARANDA LUNA
La Jornada
El mundo asiste a una encrucijada sin precedente donde la técnica ya no sólo ejecuta, sino que procesa, decide y simula la razón humana.
En diciembre de 2014, cuatro años antes de morir, Stephen Hawking ya nos había advertido que “el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) completa podría significar el fin de la raza humana”. Para el astrofísico, una vez que los humanos desarrollen la IA, “ésta se despegará por sí sola y se redefinirá a un ritmo cada vez mayor; los humanos, limitados por una lenta evolución biológica, no podrían competir y serían superados”. Desde entonces el debate sobre la IA ha estado cada vez más presente en la plaza pública.
Grandes pensadores como Noam Chomsky o Byung-Chul Han, científicos y escritores han reflexionado al respecto: desde la visión del peligro existencial hasta la reflexión filosófica sobre el sentido del pensamiento humano.
Es por ello que, frente a la irrupción de la IA y su vertiginoso perfeccionamiento, dos de las figuras con mayor peso institucional y moral del mundo –el presidente chino, Xi Jinping, y el papa Francisco, en su momento– han fijado su postura de manera clara. Aunque proceden de geografías ideológicas distantes, sus discursos convergen en una urgencia compartida: la necesidad de evitar que el algoritmo programado por empresas cobijadas por el presidente Trump usurpe el control del destino humano.
Desde el Vaticano, el papa Francisco enfocó el fenómeno no como mero salto técnico, sino como “revolución cognitivo-industrial”. En su histórico discurso ante los líderes del G-7, el Pontífice expuso el riesgo esencial que entraña ceder la capacidad de juicio a las máquinas: “condenaríamos a la humanidad a un futuro sin esperanza, si quitáramos a las personas la capacidad de decidir sobre sí mismas y sus vidas, condenándolas a depender de las elecciones de las máquinas”.
El Pontífice tenía claro que la tecnología jamás es neutral. Su propuesta exige una algorética que mantenga la dignidad de la persona en el centro y proscriba usos irreversibles, pues “ninguna máquina debería elegir jamás quitar la vida a un ser humano”.
En el polo opuesto del mapa geopolítico, Xi Jinping aborda la cuestión desde la soberanía, la gobernanza global y el desarrollo compartido. En su propuesta marco, el mandatario trazó la visión de Pekín buscando equilibrar el impulso técnico con la prevención del riesgo: “Debemos trabajar juntos para mantener la seguridad de la IA. Los países deben promover el desarrollo de la IA basándose en el principio de centrarse en el ser humano y de la IA para el bien… para garantizar que ésta evolucione en una dirección propicia para el progreso de la civilización humana”, según su Iniciativa de gobernanza global de la IA, presentada en el tercer Foro de la Franja y la Ruta, Pekín, de octubre de 2023.
Y más recientemente en la Conferencia Mundial de IA 2026, Xi Jinping presentó una iniciativa que sienta las bases para un desarrollo respetuoso de la soberanía nacional de las normas de datos de cada país. Su memorable discurso en Shanghái de hace unos días es clave al respecto. Sintetizó su doctrina en cuatro pilares: innovación abierta, seguridad bajo control humano, inclusión cultural y gobernanza multilateral. Además, anunció medidas concretas para transferir tecnología de predicción meteorológica por IA a más de 30 países y capacitar a 5 mil expertos del Sur global.
La visión de ambos líderes es las de dos estadistas preocupados por el futuro, pero requieren que otros actores, otros países, asuman la misma responsabilidad.
El peligro de no hacerlo no es una especulación digna de Philip K. Dick o Isaac Asimov: es una amenaza inminente de deshumanización, desempleo masivo, desinformación automatizada y autonomía letal en los conflictos armados. Permitir que la arquitectura del futuro sea diseñada en la penumbra de un puñado de salas de juntas en Silicon Valley o bajo la batuta exclusiva de un aparato estatal es un suicidio geopolítico programado. Si la gobernanza del algoritmo queda en manos de un solo gobierno o a merced del beneficio corporativo, la brecha global no sólo se ensanchará: se volverá insalvable, convirtiendo a naciones enteras en meros siervos del código ajeno.
El margen de maniobra se agota. La IA encierra una promesa colosal para erradicar enfermedades, optimizar recursos y multiplicar el saber humano, pero ese potencial sólo florecerá si la respuesta es colectiva, abierta y ferozmente democrática. No hay tiempo para la tibieza ni para los monopolios morales o económicos. O la humanidad toma el mando de manera conjunta y somete la técnica al bien común o seremos espectadores pasivos de nuestra subordinación. El código no puede dictar el destino: la decisión debe seguir siendo nuestra. La culpa de no hacerlo, diría el poeta, no está en las estrellas, sino en nosotros mismos que nos sometemos a ellas.