Columnas Escritas
Lo que dicen los columnistas
Morena, PVEM y PT, alianzas de interés 2027
La falta de estos filtros en las elecciones de 2018 y 2021 le ha traído los problemas más graves a Morena, de ahí que el reto de blindarse sea fundamental en la elección de los candidatos de 2027.
Proceso
«Los intereses partidistas, como es de costumbre en la política, están sobre cualquier otro interés, incluyendo el de la mayoría de la población».
El Partido Verde es, desde que fue fundado por Carlos Salinas de Gortari, un partido de interés. Pero de interés particular y, de manera más clara, del interés de la familia de Emilio González, quienes desde su institución han lucrado con la patente partidista para hacer sus negocios.
Después de negarlo muchas veces, por la conveniencia evidente de mantener el control en la Cámara de Diputados y en 17 gobiernos estatales, el Partido Verde se echó para atrás y junto con Morena y el Trabajo acordaron repetir la alianza para las elecciones en 2027.
Los intereses partidistas, como es de costumbre en la política, están sobre cualquier otro interés, incluyendo el de la mayoría de la población. De ahí que, en el ojo del huracán de acusaciones de vínculos con el narcotráfico en contra de legisladores de Morena, los tres partidos manifestaron mantenerse unidos más por conveniencia que por gusto.
Al principio de año el senador Luis Armando Melgar, ligado al empresario Ricardo Salinas Pliego, aseguraba que el Partido Verde no haría alianzas para las elecciones del año entrante.
Su declaración muy al estilo de Salinas Pliego, quien fue su patrón cuando presidió la Banca de Gobierno de Banco Azteca y luego director general de la Revista Central Grupo Salinas, la manifestó en conferencias y en redes sociales en el contexto de la discusión de la reforma electoral propuesta por la presidenta Claudia Sheinbaum.
“El miedo no anda en burro. En 2027 vamos a ir solos donde encabecemos las encuestas. Ya veremos de a cómo nos toca”, escribió en un mensaje del 26 de enero donde establecía: “De lengua nos comemos unos tacos. @PartidoMorenaMx y sus duros insisten en que el verde no existe sin ellos. Se equivocan. No vamos a votar una reforma electoral que busca un partido único. Somos aliados, no paleros”.
Medio año después, los intereses del PVEM cambiaron en sentido contrario a esas declaraciones del senador Melgar y el partido ya confirmó que irá con Morena y el PT en coalición en 16 de17 entidades que estarán en juego en 2027.
Se trata de Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chihuahua, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, Quintana Roo, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas.
Únicamente en San Luis Potosí no habrá alianza pues el PVEM irá sólo como ya lo hizo en la elección pasada que se llevó Ricardo Gallardo y donde hoy se perfila la senadora Ruth González, esposa del mandatario estatal.
El miércoles 17 comenzó la desbandada y a saltar los famosos “chapulines” del PVEM como aspirantes a gubernaturas solicitando licencia: Jasmine María Bugarín y Waldo Fernández González presentaron licencia por tiempo indefinido, a partir del 17 de junio de 2026
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A estos primeros podrían sumarse otros u otras más porque de acuerdo con Arturo Escobar, coordinador de alianzas del PVEM, en el partido no se solicita la renuncia a los cargos actuales ni tienen como base estatutaria la regla de no permitir el nepotismo en las candidaturas.
En Morena la desbandada de diputados y senadores la encabezó el polémico senador morenista Félix Salgado Macedonio, quien pese al candado en Morena contra el nepotismo, que le impide ser aspirante al gobierno de Guerrero por su relación familiar con su hija, la actual gobernadora Evelyn Salgado, solicitó licencia por tiempo indefinido a partir del 15 de junio de 2026.
Le siguieron Graciela Domínguez Nava, Raymundo Vázquez Conchas, Raúl Morón Orozco, Beatriz Mojica Morga, Lorenia Iveth Valles Sampedro, Imelda Castro, Pavel Jarero Velázquez, Ana Lilia Rivera, Julieta Ramírez, Fernando Castro Trenti, Blanca Judith Díaz Delgado, Alfonso Ramírez Ibarra, Luis Humberto Fernández Fuentes y Ulises Mejía Haro.
La lista de aspirantes es larga, pero el gran reto de Morena no será la selección de los aspirantes que será mediante encuestas, sino evitar que se le cuelen personajes vinculados al narcotráfico, porque ese es el problema que les ha ocasionado la pérdida de votos.
Con el fin de «blindar» las candidaturas de nexos con el crimen organizado, la coalición de Morena, PVEM y PT prevé que sus abanderados sean revisados por el gabinete de seguridad.
La falta de estos filtros en las elecciones de 2018 y 2021 le ha traído los problemas más graves a Morena, de ahí que el reto de blindarse sea fundamental en la elección de los candidatos de 2027.
Juegos de poder
Las consecuencias de la torpeza y la arrogancia
LEO ZUCKERMANN
Excelsior
Me encantó cómo calificó el columnista Thomas L. Friedman al acuerdo preliminar entre Estados Unidos e Irán firmado la semana pasada: “Parece una solicitud de quiebra inmobiliaria: un acto de capitulación financiera”, algo que entiende muy bien el presidente Trump.
Parece que Irán ganó la guerra al leer el Memorando de Entendimiento (ME) de los dos países. Como dice Friedman, “Trump hizo lo que siempre hace: abandonó todos sus principios y aliados, y antepuso sus intereses personales a cualquier otra consideración”.
Concuerdo. Pero Trump tiene un “pequeñísimo” problema: para salirse con la suya, depende de los gobiernos de Netanyahu y el ayatolá Jameneí.
Ninguno de los dos tiene incentivos para cumplir los compromisos contemplados en el ME.
Comencemos con Israel. Este país ha ocupado el sur del Líbano para enfrentar y derrotar a las milicias de Hezbolá, financiadas por Irán. El gobierno israelí ha afirmado que su Ejército mantendrá sus posiciones y “no se retirará” de la zona de seguridad establecida en el sur del Líbano porque esta ocupación es vital para proteger a sus comunidades fronterizas y prevenir nuevos ataques.
A pesar de los llamados de Trump para que Israel respete el acuerdo de alto al fuego que incluyen sus operaciones militares en el Líbano, el Estado judío ha seguido atacando a Hezbolá quien, a su vez, continúa agrediendo a Israel.
La realidad es que, hasta ahora, Trump no ha podido controlar a Netanyahu.
Y es que el primer ministro israelí es un viejo lobo de mar que lleva casi 18 años gobernando su país. Este año, a más tardar el 27 de octubre, deben celebrarse elecciones en Israel. Si Netanyahu pierde, corre el riesgo de irse a la cárcel por un tema de corrupción.
Actualmente las encuestas demuestran que la alianza de Netanyahu está por debajo de la mayoría necesaria para mantenerse en el gobierno. La oposición tendría una ventaja suficiente en el Parlamento si logra mantenerse unida.
A escena entra el ME. Los estadunidenses dejaron fuera de las negociaciones a Israel. En ese país predominan el escepticismo y la preocupación por lo acordado con el gobierno del ayatolá. El opositor Yair Lapid ha acusado a Netanyahu de haber conseguido importantes éxitos militares para después perder la iniciativa diplomática.
Los israelíes no quieren que Irán conserve parte de su infraestructura nuclear ni que se levanten las sanciones financieras a ese país ni que se priorice la estabilidad regional y la reapertura del estrecho de Ormuz por encima de las demandas de seguridad de Israel.
Del otro lado, con esta guerra, el gobierno iraní descubrió el gran poder que tiene al cerrar este estrecho a la navegación internacional. Esto ha causado una gran disrupción en los mercados energéticos internacionales.
En Estados Unidos se incrementó el precio de los combustibles con un impacto directo a la inflación. Y resulta que el principal tema que preocupa al electorado estadunidense en este momento es el alto costo de la vida en ese país.
En este sentido, de seguir cerrado Ormuz, se corre el riesgo de que el partido de Trump pierda la mayoría en la Cámara de Representantes, incluso el Senado, en las próximas elecciones intermedias de noviembre.
Esto lo saben perfectamente los iraníes, a quienes políticamente les conviene mantener cerrado el estrecho y, así, seguir ejerciendo presión sobre Trump y mejores condiciones en un eventual acuerdo de paz.
Por eso, a través de Hezbolá, provocan a los israelíes, quienes a su vez reaccionan en el Líbano y, al no cumplirse las condiciones de alto al fuego en ese país, los iraníes cierran de nuevo el estrecho y se retiran de las mesas de negociación con Estados Unidos.
Trump ha quedado, así, atrapado entre dos enemigos mortales: Israel e Irán, ambos gobernados por líderes que tienen los incentivos para seguir combatiendo entre ellos. Netanyahu para ganar las elecciones este año, el ayatolá para mantener el régimen político que preside.
Lo que estamos viendo es la vieja relación mitológica entre la Hubris y la Némesis.
El presidente de EU actuó con arrogancia extrema. Se creyó un Dios al que le ganó el exceso de confianza y falta de moderación. Después de la exitosa operación para extraer a Maduro de Venezuela pensó que tenía el poder para derrotar al régimen iraní. Se lanzó a un conflicto bélico con torpeza y arrogancia.
Ahora estamos viendo la reacción de Némesis, restauradora del equilibrio, la que castiga la Hubris de los que acumulan demasiado poder, riqueza, éxito o soberbia y olvidan sus límites humanos.
Atrapado entre Netanyahu y el ayatolá, Trump se está encontrando a Némesis. No está pudiendo resolver la guerra en Oriente Medio y eso lo podría llevar a una derrota electoral en noviembre de este año.
La fiesta y la sombra
MARIO LUIS FUENTES
Excelsior
El futbol posee la capacidad excepcional para lograr que las diferencias políticas, las tensiones económicas y los agravios cotidianos queden “suspendidos” en una suerte de paréntesis emocional compartido; esto, no porque resuelva los conflictos nacionales, sino porque ofrece la ilusión, aun efímera, de una comunidad reconciliada consigo misma.
Las recientes victorias de la selección mexicana en el Mundial han provocado ese fenómeno. Cientos de miles de personas han salido a las calles, han ocupado plazas públicas y avenidas principales, han ondeado banderas y han celebrado abrazándose con desconocidos. En esas imágenes hay algo profundamente significativo: la necesidad de pertenencia, el deseo de experimentar una identidad colectiva que trascienda la fragmentación cotidiana.
Autores como Émile Durkheim identificaron estos episodios como momentos de “efervescencia colectiva”. Se trata de circunstancias excepcionales en las que los individuos se sienten parte de algo mayor. La emoción compartida produce una energía social que fortalece símbolos, identidades y sentimientos de cohesión. El triunfo deportivo se convierte entonces en un lenguaje común capaz de reunir a personas que, fuera de ese instante, probablemente no compartirían ni espacios ni experiencias.
Hasta ahora, la mayor parte de estas celebraciones ha transcurrido bajo esa lógica. Familias completas, grupos de amigos y miles de jóvenes han convertido las calles en escenarios de convivencia y reconocimiento mutuo. La fiesta ha mostrado el rostro luminoso de la multitud.
Pero toda concentración masiva posee también una dimensión menos visible. La misma energía que produce solidaridad puede transformarse en agresión. La misma emoción que cohesiona puede desbordarse. Las teorías de la psicología de las masas, desde Gustave Le Bon hasta Elias Canetti, advirtieron que la multitud amplifica los impulsos individuales.
Por ello resultan preocupantes los incidentes registrados en algunas celebraciones recientes. Peleas, agresiones y el atropellamiento de varias personas recuerdan que las masas constituyen siempre espacios de enorme vulnerabilidad. Basta la acción irresponsable de unos cuantos, para desencadenar dinámicas difíciles de controlar, y por ello debe comprenderse que toda concentración multitudinaria implica riesgos que deben ser gestionados con inteligencia institucional.
Las autoridades harían bien en observar estos acontecimientos más allá de la lógica del orden público. Lo que se concentra en esos espacios no son únicamente personas, sino emociones. Y las emociones colectivas poseen una fuerza política y social extraordinaria. Cuando se encauzan adecuadamente generan integración; cuando se desbordan pueden producir daños de gran magnitud.
Sin embargo, existe una dimensión todavía más profunda. Mientras millones de personas celebran los triunfos deportivos, la realidad nacional continúa desarrollándose en paralelo. La alegría del Mundial convive con las tragedias cotidianas que caracterizan al México contemporáneo. El mismo 20 de junio de 2026, mientras el entusiasmo futbolístico ocupaba titulares y conversaciones, se registraron nuevas masacres en Guanajuato. La fiesta y la muerte coexistieron en el mismo tiempo histórico.
Esta simultaneidad obliga a reflexionar. No se trata de condenar la celebración; ninguna comunidad puede sobrevivir sin espacios de alegría. Pero tampoco puede ignorarse que esos momentos de euforia revelan la necesidad de encontrar refugios simbólicos frente a una realidad marcada por la violencia, la incertidumbre y el miedo. Por ello los triunfos deportivos adquieren una relevancia tan profunda, pues encarnan la posibilidad de experimentar, aunque sea por unas horas, una versión distinta del país. Un país unido, orgulloso de sí mismo y capaz de compartir una emoción común.
La pregunta es qué ocurrirá cuando el Mundial termine. Las banderas volverán a guardarse, las plazas recuperarán su rutina y la conversación pública regresará inevitablemente a los problemas que permanecen sin resolver. Entonces la realidad nacional aparecerá nuevamente desnuda, con sus desigualdades, sus violencias y sus heridas abiertas.
El desafío en el fondo consiste precisamente en ese tránsito. En comprender que una sociedad no puede vivir únicamente de sus celebraciones, pero tampoco puede prescindir de ellas. Entre la fiesta y la sombra se juega una parte esencial de nuestra experiencia colectiva. Y entender esa dualidad es, quizás, una de las tareas más urgentes para interpretar el México de nuestro tiempo.
Astillero
Bárcena: (otro) golpe traidor a Ohuira // Planta de amoniaco, reconfirmada // Sólo habrá “vigilancia ambiental” // ¿Acciones judiciales contra ¡Aquí No!?
JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZ
La Jornada
La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) emitió ayer un comunicado para informar que seguirá adelante la construcción de una planta de amoniaco en la Bahía de Ohuira (Ahome, Sinaloa) y que su “futura operación” estará bajo “vigilancia permanente”, a fin de “garantizar que el desarrollo del proyecto se realice bajo criterios estrictos de responsabilidad ambiental” (https://goo.su/uSVrr8F).
En pocas palabras (aunque en su comunicado tuvo necesidad de usar 663), la secretaria Alicia Isabel Adriana Bárcena Ibarra ha reiterado oficialmente que la citada planta de amoniaco es, a juicio de las autoridades, un “hecho consumado” e “irreversible”, al cual sólo hay que asignar una “supervisión continua para garantizar que el proyecto cumpla con estrictas medidas de protección ambiental”.
La titular de la Semarnat asesta así un traidor golpe más a las comunidades que se consideran directamente afectadas por el proyecto de la planta de amoniaco. Nunca las escuchó ni atendió de verdad, sino que las evadió y, a última hora, para tratar de justificar el golpe que preparaba, pretendió engañarlas con una reunión plena de demagogia.
De manera parecida a lo que en su momento hicieron, durante la administración de López Obrador, los entonces secretarios del Medio Ambiente, María Luisa Albores (quien prometió tres veces ir a la Bahía de Ohuira, sin cumplir nunca), y de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, la secretaria Bárcena prometió en mayo de 2025 cumplir la instrucción de la presidenta Sheinbaum de presentarse ante las comunidades directamente afectadas, lo que cumplió un año después, cuando la construcción de la planta iba sumamente avanzada y de nada serviría el “diálogo” ni el “escuchar”, más que para pretender convalidar decisiones ya tomadas, inamovibles.
En esa visita, realizada en un hotel de Los Mochis sólo con representantes de las comunidades y no en asamblea con éstas, bajo custodia de fuerzas federales y estatales, Bárcena hizo un despliegue de aparente comprensión y apertura. Prometió que establecería mesas conjuntas de trabajo, haría revisión a fondo de papelería y circunstancias físicas, siempre con acompañamiento de los dirigentes del movimiento ¡Aquí No!, y advirtió que las autorizaciones ambientales no son “cheques en blanco” (aquí pueden leerse las falsamente promisorias palabras de Bárcena: https://goo.su/c4fsyWD).
Todo ello fue derribado con el comunicado de ayer, que establece de manera unilateral la “verdad histórica” de una planta de amoniaco que habrá de instalarse por decisión de los gobiernos de la 4T sin más condicionamiento que hipotéticas y poco probables supervisiones permanentes de lo que haga la repudiada planta en mención.
No importa que haya pruebas legales de que la empresa, financiada por capital de Suiza y Alemania, se esté instalando en una zona marítima y terrestre federal (¡oh, son terrenos públicos, pero hay un amparo de resolución largamente pospuesto por marrullerías de la empresa!), en un humedal Ramsar de obligada protección por convenios internacionales (¡oh, sí, es sitio Ramsar, pero el gobierno federal no lo inscribió como tal!) y señalado por 11 expertos independientes del Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas como altamente riesgoso y dañino (¡oh, tal vez sea cierto lo que dicen esos expertos, pero no tiene México obligación legal de hacerles caso!).
El movimiento ¡Aquí No!, que fundadamente desconfió siempre de Bárcena, está plantado a las afueras de la planta de amoniaco en construcción. Temen, también fundadamente, que las maniobras y engañifas de Bárcena sean el preámbulo de acciones judiciales, órdenes de aprehensión y otras formas de represión contra los opositores a ese negocio de políticos nacionales y capitales extranjeros.
Ah, eso sí, en su comunicado, Semarnat se compromete a “prevenir, mitigar y atender cualquier posible impacto ambiental derivado del proyecto” y a tener “respuesta rápida ante cualquier contingencia ambiental”.
México SA
Trump, peligro para la humanidad // Delirante, agresor y filibustero // Al servicio de los intereses sionistas
CARLOS FERNÁNDEZ-VEGA
La Jornada
De la infinita capacidad que tiene el enloquecido Donald Trump de hacer y decir cotidianamente cualquier cantidad de sandeces y barbaridades da puntual cuenta la salvaje amenaza que ayer lanzó, en plena negociación con la representación del gobierno iraní: “si cierran el estrecho de Ormuz se quedarán sin país; ni siquiera podrán regresar a su puto (fucking) país”.
En uno de sus muchos intentos por ocultar su estrepitosa derrota en su ilegal agresión militar contra Irán –siempre de la mano del genocida Benjamin Netanyahu, quien es el que en realidad toma las decisiones–, el payasito de la Casa Blanca hace circo, maroma y teatro para disfrazar de “triunfo” estadunidense (algo por demás imposible) la humillante cuan costosísima y violatoria del derecho internacional aventura guerrera en contra de la nación persa.
Ya en los primeros días de abril pasado, el magnate naranja escupió otra barbaridad: “toda una civilización entera morirá; devolveré a Irán a la Edad de Piedra”. En los hechos, la nación persa no sólo resistió el embate y destruyó un buen número de bases gringas en la zona, sino que obligó al inquilino de la Casa Blanca a recular en su intentona y pedir alto el fuego para evitar más pérdidas, especialmente para Israel, cuyo gobierno logró chantajear lo suficiente para que Washington encabezara la agresión.
Pero como su vandálica maquinaria de escupir amenazas es muy productiva, ayer Trump redondeó aquello de “se quedarán sin país” con otro sueño húmedo: “podría convertirme en el ángel de la guarda del estrecho (de Ormuz) y quedarme con 20 por ciento del petróleo; podría tomar el control si es necesario; arrasar al país si quisiera, y si no llega a un acuerdo nosotros cobraremos los peajes”. No tiene filtro y todos los días muestra que mentalmente está incapacitado para ejercer el cargo.
En consecuencia, la delegación iraní “abandonó la sede de las conversaciones de paz con Estados Unidos, en Suiza, en protesta por los comentarios emitidos en redes sociales por Donald Trump, en los que amenaza con atacarlos de nuevo; las conversaciones técnicas entre ambas naciones –celebradas a puerta cerrada– comenzaron ayer y contaron con la participación de los países mediadores Pakistán y Qatar” (La Jornada).
Caradura, como siempre, a Trump se le ocurrió culpar a Irán (y “su relación estratégica con las milicias de Hezbollah”) de la agresión israelí a Líbano (siempre con miras a reforzar la ilegal política expansionista de Netanyahu), cuando en realidad es el régimen de Tel Aviv el que permanentemente agrede a su vecino del norte. Y otra vez, el magnate naranja se lanzó al ruedo: “si no se detiene, lo golpearemos muy fuerte otra vez, tal como lo hicimos la semana pasada, pero con más fuerza” (Sic dixit).
El inquilino de la Casa Blanca cómodamente finge demencia, pues, sólo como muestra, días atrás advirtió: “sin Estados Unidos, no habría Israel; sin mí, no habría Israel, porque ningún otro presidente estaba dispuesto a hacer lo que yo hice; he tenido una gran relación con Bibi (Netanyahu); ahora tiene que ser más responsable respecto a Líbano”. Con toda desfachatez, ahora “olvidó” esa advertencia y culpa directamente a Irán de la agresión.
En plena negociación y el anuncio de un “próximo acuerdo”, Netanyahu ha continuado sus ataques contra Líbano, en los que, en los días recientes, asesinó a 39 personas en el sur de ese país, “horas después de anunciar el acuerdo de alto el fuego con Hezbollah y en medio de las conversaciones de Estados Unidos e Irán para consolidar el fin de la guerra en Medio Oriente; al tiempo que el movimiento chiíta libanés reiteró la advertencia de que la escalada de Tel Aviv contra su territorio tiene como objetivo sabotear las negociaciones de paz en Medio Oriente” (ibidem).
En el balance, los ataques israelíes han matado a 4 mil 57 personas y herido a 12 mil 121 en Líbano desde el pasado 2 de marzo. A la par, el régimen del genocida Netanyahu ha violado en más de 300 ocasiones el alto el fuego. Pero Trump –siempre al servicio de Bibi– asegura que el culpable es Irán, mientras Tel Aviv advierte que continuará con la agresión ( La Jornada, Afp y Reuters).
Y mientras Trump permanezca en el cargo, siempre subordinado a los intereses y órdenes sionistas, la humanidad corre peligro. ¿Hasta cuándo?
Las rebanadas del pastel
El magnate naranja no tiene llenadera: agrede aquí, allá y acullá, viola el derecho internacional y mete las manos en todo el planeta. En la mira tiene a Cuba, a quien Estados Unidos, ilegal y permanentemente, agrede, pero con más saña en los tiempos del impresentable Donald Trump.