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CASO ROCHA MOYA

No es tiempo de perdón

Sólo por hacer ruido, la oposición debería iniciar un juicio político contra Rubén Rocha. Hacerlo desgastaría más a Morena; esta organización perdería tanto si lo defiende, como si lo deja a su suerte.

ELISUR ARTEAGA NAVA

Proceso

“… si queréis vivir tranquilos, recibid del Estado sólo lo que las leyes y los hombres os asignen.”
(N. Maquiavelo: Historia florentina, libro IV, 16).

Las decisiones que los seres humanos adoptan se hacen debido a que esperan, fundada o infundadamente, alcanzar algún beneficio; decidir por alguna opción implica también la posibilidad de sufrir algún daño, que es una afectación en el patrimonio o un perjuicio, que es la privación de una utilidad. 

Cuando Rubén Rocha Moya optó por realizar las acciones que ahora lo ponen en entredicho, como hombre mayor de edad, posiblemente ponderó, cuando menos, dos posibilidades: la primera, alcanzar un beneficio; y la otra: poner en riesgo su persona, bienes, familia y su crédito en la sociedad. Vistos los niveles en que se movía, en cada jugada que hacía, estaba de por medio todo. Jugó y, al parecer, perdió. 

Rocha Moya, ahora gobernador con licencia, en su momento debió considerar el mayor número de posibilidades que se le presentaban para crecer políticamente. Una de ellas, la que en su momento se le presentó: apoyar sin límites, es decir con su persona, patrimonio y relaciones, buenas e inconfesables, a AMLO y a Morena. Las siguientes decisiones fueron: el grado en que lo iba a apoyar y si ello implicaba la posibilidad de comprometer, a futuro, su libertad y su patrimonio.

Todo apoyo que Rocha brindaba implicaba la esperanza de obtener un beneficio; éste estaba en proporción a lo que él invertía, legal o ilegalmente. 

Optó por jugársela y hacerlo sin límites. Los que recibieron su apoyo, en su momento, lo llevaron a ocupar diferentes cargos públicos; al hacerlo supusieron que era confiable y que, en ninguna circunstancia, revelaría el grado de colaboración que mutuamente se daban.

En su momento otra decisión a la que tuvo que enfrentarse Rocha fue contender o no por la gubernatura del estado de Sinaloa; una vez que se decidió a jugarla, él y sus padrinos: AMLO y Morena, optaron por ganar y hacerlo a como diera lugar. Él seguramente se dijo: “Si me meto, es para ganar; de otra manera mejor no compito.” 

Al parecer, sus apoyadores fueron de la misma idea y viendo los beneficios que su presencia implicaba, bien fuera por sí o por las relaciones, buenas o malas, que tenía y por los financiamientos que podía conseguir, lo apoyaron de manera ilimitada confiando en su discreción bajo cualquier circunstancia.  

Ya estando dentro no tuvo más que seguir adelante en ese juego: en el que quien se mete, se compromete. El de la política es un camino de ida; no hay regreso, pero sí la posibilidad, muy real, de ser expulsado o marginado.

Como están las cosas, Rubén Rocha, en su encierro involuntario, que no es prisión en su sentido formal, pues no está vestido de anaranjado, cuando está a punto de perder todo; libertad, patrimonio y familia, seguramente está haciendo un repaso de las decisiones que en cada momento adoptó y tal vez se estará diciendo: en mala hora brindé mi apoyo irrestricto a Morena, a AMLO y a CSP.

Pero más arrepentido está del día en que, sin calcular las consecuencias, decidió, al parecer, vincularse con gente malosa. Fue esa decisión con la que él comenzó a perder la posibilidad de decidir sobre su vida y permitió que alguien dispusiera de su persona, sus bienes e, incluso, de su porvenir. Sabe que en México sus socios, malosos, por cierto, tanto los privados como los del sector público, por lo que sabe y por lo que puede soltar, más desean verlo muerto que vivo. Todo menos entregarlo a quien lo requiere.

Rubén Rocha, en este momento, tiene conciencia de que sus opciones son mínimas; van de menos malas a peores:

La primera, enfrentar, en relativa libertad, una apariencia de proceso penal en México, del que resulte ser declarado inocente. Esta opción no impediría que en cualquier momento sea secuestrado y entregado a Estados Unidos para ser juzgado de manera real. Al recordar lo del Mayo Zambada sabe que esta posibilidad es muy real.

La protección que le brinda la presidenta de la República indica que, mientras no aumente la presión de las autoridades competentes de EU, ésta es la línea de defensa. El ejército, por sí, no brindaría la cobertura excepcional, por cierto, que está recibiendo alguien que, para los efectos legales, es prófugo de la justicia.

La segunda opción: que sea entregado a Estados Unidos para ser procesado después de agotar un proceso de extradición apegado a la ley y al tratado de extradición, con la posibilidad de pasar el resto de su vida en la cárcel. Esto sería así por razón de que cuenta con 76 años de edad. Ninguna rebaja de la pena benigna que derive de la figura de ser reo colaborador, sería aliciente para inducirlo a cooperar. Morirá en prisión y lejos de los suyos. 

Y la tercera: la más mala para Rubén Rocha: éste tiene conciencia de que ninguno de sus amigos malosos: gubernamentales o particulares, lo quiere vivo: sabe cosas de ambos, al parecer, mucho y malo. Por ello, aunque no lo digan, ambos desean que parta de este mundo, y si fuera pronto, mejor. Esto implica la posibilidad de que, en cualquier momento, sufra un accidente a consecuencia del cual, de manera inesperada, pierda la vida. También puede sufrir un infarto fulminante. 

Este pudiera ser el último servicio que, como fiel militante de Morena, puede hacer a la causa, a AMLO y a Sheinbaum.

 

La cortina de humo que de manera artificial intentó levantar Morena en Chihuahua, con la manifestación del 16 de mayo último, tuvo efectos imperceptibles y ya pasaron. Sólo por hacer ruido, la oposición debería iniciar un juicio político contra Rubén Rocha. Hacerlo desgastaría más a Morena; esta organización perdería tanto si lo defiende, como si lo deja a su suerte.

Rocha Moya, al estar separado del cargo de gobernador por razón de la licencia que solicitó, no goza de inmunidad; no se requiere de una declaración para suspenderlo del ejercicio del cargo de gobernador; sí procede el juicio político para privarlo de la función. No importa, la oposición debe intentar ambas acciones. Los actuales no son tiempos de perdonar. 

Arsenal

La trampa de la injerencia extranjera

FRANCISCO GARFIAS

Excelsior

Muy peligrosa la iniciativa que incluye como causal de nulidad de elecciones la injerencia extranjera. Es una forma de pertrecharse ante una eventual caída del oficialismo en los comicios intermedios del 2027. Aplicaría si hay “prueba plena” de intervención directa o indirecta de gobiernos, organismos, empresas o individuos extranjeros, con impacto grave en los resultados de cualquier elección. 

Requiere que las autoridades electorales (INE o tribunales) acrediten con evidencia sólida (¿o política?) del impacto “grave y determinante” de la injerencia, dice la iniciativa. 

Sabemos, sin embargo, que las autoridades electorales están colonizadas, en su mayoría, por consejeros y magistrados al servicio del gobierno morenista. Si hay litigio, no tenemos duda a quién beneficiarán.

Las causales de nulidad por injerencia extranjera que propone la iniciativa son: 

1.- Desinformación sistemática y manipulación digital. 

El riesgo aquí es que la libertad de expresión quede subordinada a la interpretación a modo del gobierno de la 4T, del INE y el TEPJF. 

2.- Financiamiento ilícito del extranjero a favor de un candidato o partido. 

3.- Presión política, económica o “mediática” destinada a alterar el voto de los ciudadanos.

El autor oficial de la iniciativa es Ricardo Monreal. El diputado de Zacatecas es de lo mejor que tiene Morena. No es excluyente ni dogmático. Sabe hacer política. Lo respeta la oposición, pero pertenece a un movimiento pernicioso para la democracia.

* Se suponía que el periodo extraordinario, convocado para la próxima semana, era para cambiar la fecha de la elección judicial. Lo movería de 2027 a 2028, para que no fuera concurrente con las elecciones intermedias.

Súbitamente anunciaron otras tres iniciativas relacionadas con elecciones. De dos de ellas ni siquiera se conocía su contenido, pero aun así las agendaron para discutirlas y aprobarlas en el periodo extraordinario de la semana que entra, con la mayoría artificial del oficialismo. “Sin decir agua va. Cuando la iniciativa que se iba a discutir era cambiar la fecha del Poder Judicial, de repente salen con estas iniciativas”, se quejó Rubén Moreira, coordinador de los diputados del PRI en San Lázaro, en entrevista con Jaime Núñez, de Radio Fórmula. Una de las iniciativas es para modificar diversas disposiciones de la Ley General del Sistema de Medios de Impugnación en Materia Electoral, otra para cambiar la fecha de la reforma judicial y la tercera, enviada por la presidenta Sheinbaum, para la integridad de las candidaturas.

Moreira hizo preguntas sobre los motivos que llevaron la Presidenta y a Monreal a presentar las iniciativas:

 “¿Alguna amenaza estadunidense? ¿Por qué no quieren que México vaya al mundo y diga lo que está pasando? ¿Porque estamos en el inicio de un gobierno persecutor?”. 

* Todo esto ocurre en el peor momento de las relaciones con Estados Unidos. Al oficialismo no le gustó la solicitud que hizo la Fiscalía de Nueva York de detener provisionalmente, con fines de extradición al hoy gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otros nueve funcionarios locales acusados de aliarse con Los Chapitos y recibir sobornos. Eso fue el 29 de abril. Hace 24 días. Dos secretarios del gabinete estatal de Rocha se entregaron voluntariamente a las autoridades de EU: Gerardo Mérida, de Seguridad, y Enrique Díaz, de Finanzas. Pero ni Rocha ni el senador Enrique Inzunza ni el alcalde con licencia de Culiacán, Juan de Dios Gómez, ni los demás señalados han sido detenidos provisionalmente, como solicita el Departamento de Justicia de EU.

Esa solicitud dio el banderazo de salida a encendidos discursos en defensa de la soberanía y del estribillo de “¡Pruebas! ¡Pruebas! ¡Pruebas!”. En Palacio Nacional dieron línea para acusar como “entreguista” y “traidor a la patria” a cualquiera que exigiera la detención de Rocha Moya y cómplices que reclama el vecino del norte. El lema ya no es primero los pobres, sino primero los morenistas, aunque estén señalados.

* Nadie con tantito cerebro está a favor de la injerencia extranjera en las elecciones. El problema es que no hay confianza en Morena ni en su gobierno. El riesgo es que pueden cacarear que hubo injerencia en lugares donde son derrotados en las urnas, para revertir los resultados. Son capaces de eso y de mucho más. Ya los conocemos.     

Sobre su iniciativa, Monreal dice: “De lo que se trata es hacer eficaz el principio de la no intervención en asuntos internos, de lo que se trata es de plasmar con todo rigor la defensa de la soberanía nacional”. La Presidenta le dio ayer la bendición: “Me parece bien, la verdad, creo que es una buena iniciativa porque en México decidimos los mexicanos”.

Palabras para la tribuna.

En la oposición, obvio, ya pusieron el grito en el cielo. 

Me quedo con la elocuente observación que hizo la panista Kenia López Rabadán, presidenta de la Mesa Directiva en la Cámara de Diputados. “El objetivo es tener el poder por el poder en sí mismo”, recalcó.

Nudo girdiano

Estudiar ya no alcanza

YURIRIA SIERRA

Excelsior

El Día del Estudiante. Cada 23 de mayo México recuerda que en 1929 un grupo de jóvenes se plantó frente al poder y arrancó la autonomía universitaria. Era otra época, otro país, otro horizonte. El festejo de entonces tenía la textura de una victoria. El de hoy tiene, si uno lo mira con honestidad, la textura de una pregunta sin respuesta cómoda. 

Ayer los estudiantes del IPN salieron a las calles, quemaron una cabeza de cartón con la cara de su director y exigieron que el secretario de la SEP firme su pliego petitorio. La imagen es más medieval que revolucionaria, pero el fondo no es trivial: son jóvenes que sienten que las instituciones que deberían servirles los ignoran o los traicionan. No es una sensación nueva. Es una sensación que se acumula.

Y tienen razones concretas para acumularla. Desde hace semanas, estudiantes del Politécnico marchan, bloquean y plantan. El martes 19 de mayo, cerca de medio millar de alumnos se presentaron en las oficinas de la SEP en el Centro Histórico para entregar su pliego petitorio directamente al secretario Mario Delgado. El secretario ni siquiera salió a recibirlos. El subsecretario tampoco. Los jóvenes rechazaron intermediarios, bloquearon Eje Central y advirtieron que no pararán. Esta semana tomaron Canal Once, bloquearon Circuito Interior y anunciaron que el 11 de junio irán al Estadio Ciudad de México. Sus demandas no son revolucionarias: más presupuesto para el IPN, reincorporación de plazas docentes vacantes, auditorías a presuntas irregularidades administrativas y transparencia en el manejo de recursos. Lo básico. Lo que ya debería estar garantizado.

Mario Delgado llega a este Día del Estudiante con el expediente manchado. Hace apenas dos semanas propuso recortar el calendario escolar 2025-2026 para facilitar la logística del Mundial. La presidenta Sheinbaum tuvo que desautorizarlo públicamente dos veces en una misma semana. Delgado dijo que las escuelas no son guarderías, que el último mes del ciclo es “tiempo muerto”. Lo dijo en un país donde uno de cada tres desempleados tiene entre 15 y 24 años, donde la tasa de desocupación juvenil duplica la nacional y donde cuatro de cada diez jóvenes que buscan empleo no lo encuentran. Un país donde cada día de clase cuenta porque el rezago educativo es estructural y los resultados de la prueba PISA —cuyos datos se conocerán en diciembre— no anticipan nada bueno.

Hay una paradoja que vale la pena nombrar: México tiene el desempleo más bajo de la OCDE, casi la mitad del promedio internacional. El dato es real y es mérito. Pero esa estadística coexiste con una juventud que trabaja más horas por menos dinero, que hereda una deuda climática que no contrajo, que crece en un ecosistema digital diseñado para fragmentar su atención y venderle sus propias inseguridades de vuelta. El número bajo de desempleo no captura la precariedad, la informalidad ni la desesperanza.

Y la desesperanza importa. No es un problema psicológico individual: es un indicador político. Los jóvenes sin horizonte no se quedan quietos. Algunos marchan, queman cartones, bloquean. Otros se van al único oficio que les garantiza un ingreso inmediato, aunque ese oficio tenga nombre de cártel. Otros se encierran en burbujas digitales donde alguien con micrófono les explica que sus problemas tienen un culpable con cara y que la solución es simple y furiosa.

El Día del Estudiante nació de una pelea por la autonomía: el derecho de los jóvenes a pensar sin que el poder les dicte qué pensar. Noventa y siete años después, la autonomía que hace falta es más difícil de conquistar porque no tiene un edificio al que marchar ni un decreto que firmar. Es la autonomía frente al algoritmo, frente al empleo precario disfrazado de “flexibilidad”, frente a la narrativa de que si no tienes éxito es porque no trabajaste suficiente. Festejar a los estudiantes hoy está bien. Preguntarse qué país y qué futuro les estamos entregando sería mejor.

México SA

De cipayos y criminales // Goleada a vendepatrias // Comicios 2027, blindados

CARLOS FERNÁNDEZ-VEGA

La Jornada

¡Pobres cipayos!: tanto tiempo invertido en implorar a la Casa Blanca que intervenga en México, tanto para suplicarle que invada nuestro país, tanto esfuerzo, saliva y veneno para que un día sí y el siguiente también viajen a Washington, se bajen los pantalones y besen suelas imperiales para que sean los gringos quienes controlen el destino y recursos de la nación; tanto que abrieron las puertas (en violación a la Constitución y la Ley de Seguridad Nacional) para que agentes foráneos hagan lo que se les pegue la gana en nuestro territorio; tanto que han disparado acusaciones sin ton ni son de “ narcoestado, narcoterrorismo, narcopolíticos, narcocandidatos”, etcétera; tanto, pues, para que al final de cuentas alguien salga con la brillante idea de presentar una iniciativa de reforma constitucional para cancelar los comicios en los que se compruebe la “intervención de individuos, organizaciones o gobiernos extranjeros con la intención de influir en las preferencias o en los resultados electorales”.

Y de pilón, la horda de cipayos entra en pánico al conocer que la presidenta Sheinbaum promueve una iniciativa de reforma a la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales con el fin de “blindar” los comicios a partir de 2027 y evitar la postulación de candidatos vinculados al crimen organizado, la cual también propone crear “una comisión de verificación de integridad de candidaturas, compuesta por cinco consejeros del INE, quienes, en coordinación con el Centro Nacional de Inteligencia, la FGR, la Unidad de Inteligencia Financiera y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, consultarán si existe un posible riesgo razonable de ese tipo de vínculos. Todo ello en el marco de la presunción de inocencia, conforme a la Constitución y las leyes”.

Qué barbaridad: tiempo perdido para los prianistas en general (y uno que otro que lo hace por amor a la cami$eta, que se refleja en los medios tradicionales y las redes sociales), pero en particular para “celebridades” del servilismo a Estados Unidos (que desde hace años cobran del erario mexicano), como Alejandro Alito Moreno (con su rebaño de senadores y diputados, federales y locales), la mártir de la preparatoria Lilly Téllez (émula de María Corina Machado), Ricardo Canallín Anaya (con sus legisladores y sus negocios turbios), Maru Campos (fascinada con las agencias gringas a las que todo otorga); el impresentable cuan balbuceante Marko Cortés, el mariguanero Vicente Fox, el entenado del fascista José María Aznar, Felipe Calderón; los aboneros encubiertos, conexos y demás traidores a la patria que se quedan en el tintero.

Años y más años acumula la horda de los cipayos con las exigencias de intervención estadunidense y la acusación de narcos a todo lo que se mueva (sin reflejarse en el espejo, desde luego; García Luna les envía saludos); se ha desgañitado en toda tribuna que paga; gasta miles y miles de dólares en sus viajes y estancias en Washington, y otras ciudades gringas, en las que derrocha saliva a la hora de lamer suelas; se agacha sin que se lo pidan y dedica su tiempo a gritar aquí y allá que todos sus opositores son narcos y enciende veladoras para que, a la brevedad, lleguen los marines salvadores.

Pero algo falló: ahora que hay una propuesta concreta para cancelar los comicios en los que se compruebe la “intervención de individuos, organizaciones o gobiernos extranjeros con la intención de influir en las preferencias o en los resultados electorales” y otra para “evitar la postulación de candidatos vinculados al crimen organizado”, el primero en rechazarlas ha sido… Alito Moreno, el mismo que se desgañita “exigiendo” la intervención estadunidense en México y que a discreción suelta el calificativo narco… (sin voltear a su partido). ¿Por qué la repele? Bueno, dice: “¿quién va a decidir qué es injerencia y qué no? ¿Con qué criterios?”, amén de que califica a la iniciativa como “una coartada legal para blindar a los narcopolíticos de Morena”.

Y de cereza anuncia (¡sorpresa!): “mi partido acudirá a organismos internacionales para denunciarla”. Brillante traidor a la patria, como los demás, quienes no tardan en sumarse a la negativa del impresentable “dirigente” tricolor.

Las rebanadas del pastel

Si se tratara de un caso de justicia real, histórica, sin duda alguna el gobierno de Estados Unidos sería el primer condenado por terrorismo de Estado, crímenes de guerra y de lesa humanidad, genocidio, despojo y lo que acumula en 250 años desde su fundación. Pero, lejos de eso, hoy un delincuente sentenciado “gobierna” a ese país.

Mundial, pantallas y estampitas para los pobres

LEV M. VELÁZQUEZ BARRIGA*

La Jornada

Nuestra arraigada y sana pasión por el futbol como deporte para la convivencia, competencia, rivalidad deportiva, disciplina mental, ejercicio físico de nuestros cuerpos, encuentro sociocultural barrial y comunitario, de afirmación de nuestras pertenencias territoriales o hacia colectividades identitarias, no debe cegarnos frente a lo que representa la Copa Mundial de Futbol 2026 y que no tiene nada que ver con los valores populares construidos en común.

El Mundial es propiedad privada del corporativo trasnacional llamado Federación Internacional de Futbol Asociación, por sus siglas FIFA, cuyos socios más importantes no son los clubes deportivos, sino unas cuantas empresas multinacionales que se benefician de la producción y distribución masiva de mercancías físicas, tecnológicas, digitales, comunicacionales, de comida chatarra y de servicios turísticos, financieros, inmobiliarios, restauranteros, de apuestas, movilidad, hotelería, de la industria de la construcción y otras que harían esta lista mucho más larga.

En todo caso, estos clubes representan empresas asociadas que tienen un imperativo económico. Los seleccionados no son el resultado de los mejores jugadores de un país a través de encuentros locales, regionales y nacionales donde los deportistas más destacados entre la población, los equipos, las escuelas y universidades, tengan la oportunidad de mostrar sus habilidades y estrategias futbolísticas personales o en grupo; sino que son empleados previamente elegidos arbitrariamente entre los empresarios que hacen valer sus marcas privadas y su poder económico al monopolizar este deporte como negocio del entretenimiento.

Entonces, el Mundial es también la monstruosa maquinaria para la producción de subjetividades consumidoras, despolitizadas y desarraigadas de valores propios, históricos, culturales, plurinacionales e indoamericanos en nuestro caso, que son suplantados por aspiraciones e intereses de grupos de poder a través de estrategias de sobrexposición mediática que inducen pertenencia a las marcas de sus selecciones, clubes e ideologías que los definen, cuyas mercancías se distinguen con un modelo de camiseta que suele usurpar los colores y símbolos de las banderas nacionales.

En cada partido que se juega no gana México, Colombia o Brasil, crecen de forma descomunal las ganancias multimillonarias de los directivos de la FIFA, los presidentes de sus filiales nacionales y los dueños de los corporativos asociados al complejo industrial, mercantil, financiero y comunicacional que, al igual que el complejo militar con la guerra, hizo del Mundial de futbol un escenario ficticio, en tanto necesidad de inversión creada para la acumulación del capitalismo en su fase crítica, el despojo de los recursos vitales como el agua, la especulación sobre la renta y venta de vivienda, el desplazamiento forzado habitacional y territorial de los sectores populares.

A diferencia de los mecanismos utilizados en la guerra, la FIFA no recurre a las mismas medidas coercitivas, porque son los estados cede los que buscan acuerdos y consensos para la transferencia de recursos del pueblo a la iniciativa privada, la reproducción ampliada de capital a través de la rentabilización de servicios, la flexibilización laboral y de impuestos, así como la instalación de infraestructura necesaria para el desarrollo del Mundial; todo con un sesgo clasista en el que sólo las castas económicamente pudientes podrán vivir la gesta deportiva en los estadios, los hoteles de lujo y las áreas exclusivas, a las que no podrán acceder los pobres y ni siquiera las clases medias; para ellos serán sólo las pantallas y las estampitas de álbumes coleccionables.

Lejos está México de imponer la agenda mundialista (lo escribo sin ningún anhelo de que así fuera), es el gobierno estadunidense el que, a través del encuentro deportivo, lava su imagen despótica y profascista, su política neo colonial y estrategia de saqueo imperialista; es el capitalismo y sus bodrios el que se autoelogia con premios de paz de la FIFA para Trump en medio de la guerra, misma que se legitima entre el fanatismo religioso, el racismo de supremacía blanca y el sionismo israelita.

Sin embargo, en nuestro país, el enorme aparato mediático también servirá para vaciar la propuesta política electoral de cara a 2027 en el espectáculo mundialero, para intentar eclipsar los grandes problemas nacionales como la inseguridad, el intervencionismo estadunidense por vía directa de la CIA o indirecta a través de la relación de ciertos niveles de gobierno con los grupos de la violencia criminal, la privatización de las pensiones de los maestros y empleados estatales, el abandono de los productores de maíz y frijol, los ataques a las comunidades indígenas, las decenas de miles de desaparecidos, la precariedad laboral de los trabajadores universitarios, del sector salud y asalariados que exigen una jornada efectiva de 40 horas, por citar algunos.

En este panorama, no se equivoca la CNTE cuando convoca al bloqueo del Mundial. La estrategia de lucha sigue siendo contra los intereses del capitalismo; el nacionalismo no es una camiseta verde oleando vítores hacia los socios de un consorcio conformado por empresas privadas, sino que es solidario y empático hacia las clases trabajadoras, sus carencias y derechos, es antimperialista porque asume la autodeterminación como principio de la soberanía y la paz entre naciones. “Si no hay solución, no rodará el balón”.

*Doctor en pedagogía crítica.

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