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ISSSTE, ¿Interés público o conflicto de interés?

El Pleno de la Suprema Corte aprobó, por seis votos contra uno, el proyecto de la Ministra Lenia Batres Guadarrama en el Amparo Directo en Revisión 5829/2025. La resolución concedió amparo al ISSSTE.

ERNESTO VILLANUEVA

Proceso

El 23 de abril de 2026, el Pleno de la Suprema Corte aprobó, por seis votos contra uno, el proyecto de la Ministra Lenia Batres Guadarrama en el Amparo Directo en Revisión 5829/2025. La resolución concedió el amparo al ISSSTE frente a créditos fiscales por 5,810 millones de pesos que la Ciudad de México determinó en 2017 por contribuciones de 2009 a 2013. Se ha cuestionado la decisión por un presunto conflicto de interés: la ponente es hermana de Martí Batres Guadarrama, actual titular del ISSSTE. ¿Hay conflicto de interés o fue una resolución ajustada a derecho? Lo que se discute no es una intuición comunicacional. Es una categoría jurídica precisa. Y las categorías jurídicas se prueban, no se expresan por medios y redes sociales.

Primero. En el sistema mexicano, las causas de impedimento están previstas por la ley. El artículo 51 de la Ley de Amparo enumera ocho causales y el artículo 52 ordena que solo esas pueden invocarse como excusa. La tesis P. XXII/2007 del Pleno —referida al artículo 66 abrogado, hoy artículo 51— fue inequívoca: la enumeración es limitativa para los juicios de amparo. La doctrina judicial lo ha reiterado: el sistema no protege la imagen del juzgador; protege la imparcialidad objetiva. Este diseño no es formalismo. Es una salvaguarda estructural contra la captura mediática del juzgador. Si la sospecha pública bastara para inhabilitar a un ministro, la independencia judicial quedaría sometida a la presión coyuntural. El estándar convencional confirma esta exigencia. La Corte Interamericana, en Apitz Barbera vs. Venezuela (párr. 56) y Atala Riffo vs. Chile (párr. 234), definió la prueba objetiva: el juez debe ofrecer elementos que disipen “temores legítimos o fundadas sospechas”. No basta cualquier inquietud social. Se requieren elementos objetivos verificables. Por eso un impedimento se actualiza cuando la ley lo señala. No cuando parte de la opinión pública lo sugiere. La crítica política es legítima. Jurídicamente, no basta. El juzgador no elige los asuntos que conoce. La ley lo hace por él. Excusarse sin causa legal es tan irregular como resolver parcialmente. El sistema sí opera: en la propia sesión, el Ministro Espinosa Torres se excusó por haber conocido del asunto en instancia previa, conforme a la fracción IV.

Segundo. La causal de parentesco prevista en la fracción I exige vínculo familiar con alguna de las partes, sus abogados o sus representantes. El concepto clave es “representante” en sentido procesal: quien comparece en el juicio acreditando personería específica. La representación procesal del ISSSTE no la ejerce su Director General. La ejerce la Dirección Jurídica del Instituto, conforme a los artículos 4, fracción I, inciso f), 51 y 59 de su Estatuto Orgánico. Martí Batres es titular orgánico del ente, no representante procesal del juicio. Confundir ambas figuras vaciaría la causal. Llevaría al absurdo de inhabilitar a un ministro por cualquier vínculo familiar con cualquier titular de cualquier dependencia federal. La teoría de la persona moral pública —de Hauriou a García de Enterría— precisamente separa el ente de quien lo encarna. La cronología refuerza el argumento. Los hechos gravados son de 2009 a 2013. Los créditos se determinaron en 2017. El juicio lleva nueve años. Martí Batres llegó al ISSSTE apenas dos años antes del fallo. No se juzga ningún acto suyo. No se evalúa ninguna estrategia procesal de su gestión. La causa no toca su esfera personal. Tampoco existe interés patrimonial. El patrimonio del ISSSTE es de afectación social conforme al artículo 207 de su Ley. Financia salud, pensiones y vivienda. No le genera rendimientos al titular. Su salario es independiente del fallo. La fracción VIII, sobre situaciones diversas con elementos objetivos de riesgo, tampoco se actualiza. La jurisprudencia la interpreta con estrechez: exige hechos verificables vinculados a la imparcialidad, no relaciones orgánicas mediatas.

Tercer. La resolución no la dictó la ministra sola. La aprobó el Pleno por seis votos contra uno. Ministras y ministros con trayectorias y criterios distintos coincidieron en el fondo. La ponencia es vehículo técnico de la deliberación. El sentido del fallo lo fija el órgano colegiado. Si los argumentos hubieran sido débiles, el Pleno los habría desechado. El voto mayoritario confirma el mérito jurídico del proyecto. El único voto en contra, de la Ministra María Estela Ríos González, no se fundó en conflicto de interés. Se basó en una cuestión procesal: que el recurso fue interpuesto fuera de plazo. Más aún, la propia ministra disidente declaró expresamente que comparte la postura de fondo. Ni la única voz en contra cuestionó la imparcialidad de la ponente ni la corrección sustantiva del proyecto. El fondo también es sólido. El proyecto se apoya en los artículos 115 y 122 de la Constitución, articulados con el artículo 6, fracción XI, de la Ley General de Bienes Nacionales, que sujeta al régimen de dominio público los inmuebles de los organismos descentralizados federales. Los inmuebles del ISSSTE, destinados al servicio público de salud, encuadran en ese supuesto. El criterio es consistente: en 2024 la Corte avaló el cobro de predial a la CFE por la Central Malpaso porque su explotación comercial desbordaba el objeto público; aquí se protege exactamente lo que aquel caso excluyó. El proyecto no exime al Instituto de toda contribución. Ordena recalcular la deuda con parámetros constitucionales adecuados. Es una solución técnica, moderada y coherente con precedentes. Articula los principios de proporcionalidad y equidad tributaria del artículo 31, fracción IV, con la naturaleza del sujeto obligado. Si el fallo se sostiene en precedentes y doctrina, el origen de la ponencia pierde toda relevancia analítica.

En suma, no hay conflicto de interés. Los impedimentos están delimitados. El pariente no es representante procesal. Los hechos son anteriores a su gestión. No hay beneficio patrimonial. La decisión es colegiada. La disidente comparte el fondo. La argumentación constitucional es robusta. La crítica política es legítima. El análisis jurídico exige rigor. Confundir la cercanía familiar con el conflicto de interés es desconocer el derecho vigente.

Juegos de poder

Crónica del tercer atentado fallido contra Trump

LEO ZUCKERMANN

Excelsior

La policía nos obligó a bajar del vehículo a una cuadra del hotel Hilton de Washington DC. Tuvimos que caminarla en medio de una lluvia pertinaz. Ya frente al hotel había una protesta de un centenar de personas con banderas iraníes y palestinas. Algunos de los manifestantes nos increpaban gritándonos si no nos daba vergüenza ir a cenar con un pederasta. Al entrar al estacionamiento del hotel vimos cómo la policía sacaba del perímetro a una persona a rastras.

No obstante el ambiente pesado que se respiraba, entramos al Hilton como Pedro por su casa, sin ningún problema.

En el lobby había muchos huéspedes que veían la procesión de los invitados a la cena de corresponsales de la Casa Blanca donde, por primera vez en su doble mandato, participaría el presidente Trump. Los convidados íbamos ataviados, como lo exigía el código de vestimenta, de etiqueta rigurosa. Los hombres con esmoquin, las mujeres de vestido largo.

Ahí, en el vestíbulo, comentamos entre los colegas mexicanos lo raro de la presencia de los huéspedes del hotel y la posibilidad, nada loca tomando en cuenta cómo está el mundo, de que uno de ellos pudiera haberse alojado en una habitación con tres maletas llenas de explosivos y volar el edificio entero a la hora de que Trump y casi todo su gabinete departieran con la crema y nata del periodismo estadunidense.

Volvimos a comentar el tema de la seguridad laxa cuando pasamos los arcos detectores de metal. Aunque todos llevábamos nuestros pasaportes, nunca nos pidieron identificarnos. Sólo requirieron el boleto, una pequeña cartulina con la invitación y el número de la mesa.

En 2008 cubrí la elección estadunidense. En carne propia me tocó pasar por los controles de seguridad de los actos de las campañas presidenciales de demócratas y republicanos. La seguridad fue tremendamente estricta, una verdadera monserga, sobre todo en los eventos de Obama, quien, al ser el primer afroamericano con posibilidad de ganar la Presidencia, era objeto de amenazas en contra de su vida por parte de supremacistas blancos.

Uno hubiera esperado, y lo conversamos en el grupo de colegas mexicanos, que, con Trump, los controles de seguridad serían iguales o peores. Y es que ya lo habían intentado asesinar en un par de ocasiones, uno en un evento de campaña en Pensilvania, donde resultó herido en su oreja por un disparo, el otro en su club de golf en Florida mientras jugaba; ahí, el Servicio Secreto detectó el rifle evitando que el sospechoso disparara. No fue el caso en la cena del sábado en Washington DC: la seguridad se caracterizó por una gran laxitud.

Ingresamos al enorme salón atascado de mesas. La circulación era difícil. Platicamos sobre lo complejo que sería servir la comida para los meseros, ya no se diga de una eventual evacuación por una emergencia.

El ambiente era relajado y de mucha expectación. Se había filtrado que el presidente Trump daría un discurso duro en contra de la prensa ahí presente. La relación del mandatario con los periodistas ha sido muy tirante en toda su carrera política.

Llegó Trump junto con Melania. Se rindieron los honores a su investidura. Se cantó el himno nacional. Habló, brevemente, la presidenta de la asociación de corresponsales de la Casa Blanca quien informó que primero cenaríamos y luego vendría el programa que incluiría el discurso de Trump y la participación de un mentalista. Típicamente en estas cenas interviene un comediante famoso que suele burlarse del Presidente en turno. Trump, sin embargo, no tolera bromas y, supongo que, por eso, mejor invitaron al mentalista.

Estábamos comiendo el primer plato cuando, de pronto, se escuchó un estruendo. Yo pensé que se había caído una charola con comida. Lo mismo pensó Trump según reveló después. La realidad es que se trataba del sonido de unos balazos. De inmediato observé una escena francamente bizarra. Desde el fondo del salón, como si fuera una ola, la gente comenzó a agacharse y meterse debajo de las mesas. Yo me quedé sentando sin entender qué estaba pasando. Vi cómo entraron los agentes del Servicio Secreto con sus armas en la mano, rodearon al Presidente y lo sacaron de la mesa de honor. Trump estaba consternado. Se tropezó al salir. También se llevaron a Melania.

Era como la escena de una película. De todos lados salían agentes del Servicio Secreto que se llevaban a miembros del gabinete y del Congreso dispersos en distintas mesas. Uno de ellos, que no reconocí, muy cercano a la nuestra.

Yo me asusté cuando un equipo policiaco tipo SWAT, vestidos de azul como para ir a la guerra y con armas largas, se posicionó en el escenario donde estaba la mesa de honor. Ahí sí pensé que podía entrar al salón un grupo terrorista echando bala; se armaría una balacera de Dios padre. Me dio miedo, pero pudo más el morbo de seguir observando lo que acontecía.

Casi todo el salón estaba tirado en el suelo resguardándose. Había un orden y silencio muy extraños. Sólo se escuchaban, de repente, alguna que otra instrucción de los agentes del Servicio Secreto.

No hubo una estampida, lo cual hubiera sido fatal por la falta de espacio. Por el contrario, la gente permaneció en su sitio con calma. Algunos gritaron consignas patrióticas. God bless America.

Eventualmente, los invitados comenzaron a pararse. Del miedo pasamos a la confusión.

¿Qué había pasado?

¿De verdad habíamos atestiguado otro intento de homicidio al presidente de Estados Unidos?

Inmediatamente le escribí a mis seres queridos, “no se preocupen, estoy bien”, sabiendo que pronto se enterarían de lo ocurrido.

Vino, entonces, una fase de rara combinación de consternación, pasmo, enojo y hasta alegría porque este evento no había pasado a mayores.

Obvio, estando en el medio periodístico, rápidamente consideramos entrar al aire para informar lo que estaba pasando. Vía WhatsApp contactamos al director de N+Foro y establecimos comunicación con el canal por medio del celular del corresponsal de N+ en Washington, Ariel Moutsatsos.

Nadie podía salir del lugar. Estábamos confinados. Pronto se esparció el rumor de que habían abatido al atacante y su cuerpo baleado se encontraba en las afueras del salón. No fue cierto. La realidad es que las autoridades atraparon a Cole Thomas Allen, un hombre de 31 años de California, quien realizó los disparos.

Ya más calmadas las aguas, se nos informó que continuaría el programa de la cena. Incluso que regresaría Trump. Él quería, pero el Servicio Secreto se lo prohibió por protocolo. Alrededor de una hora después del atentado, nos dejaron salir del salón informándonos que el acto se reagendaría en los próximos treinta días.

Salimos del Hilton, tomamos un Uber y nos fuimos a tomarnos unos tragos, compartir la experiencia y celebrar el desenlace del evento: ni un muerto ni un herido.

Eso sí: nadie nos quitó el susto.

El susto de haber vivido lo que experimentan los estadunidenses cotidianamente, es decir, el peligro de que un loco armado hasta los dientes entra a un lugar cerrado a disparar a diestra y siniestra. Por eso, los estadunidenses, muy ordenadamente, se resguardaron bajo las mesas mientras que los mexicanos veíamos el suceso con incredulidad. Y nosotros que venimos de un país tremendamente violento.

Hoy que escribo esta crónica no puedo dejar de pensar que se trató de un acontecimiento surrealista: una especie de sueño ilógico y absurdo. Pero no, no fue una escena onírica, sino de algo muy real: la locura producto de la polarización política que se está viviendo en Estados Unidos en gran parte fomentada por el propio Trump.

Levántate y anda, Marcelo

CECILIA SOTO

Excelsior

A la memoria de Rossana Reguillo, quien tanto dio a México.

La próxima vez que el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, te amenace con el dedito alzado, como en la famosa foto, levántate y anda, Marcelo. Hazlo cortésmente, sin aspavientos, incluso con una sonrisa. Menciona algunos pretextos: que te llama la Presidenta, que no puedes posponer un deber paternal urgente y que tú eres, antes que nada, un buen padre. Pero marca tu raya.

De otra manera, tú y el equipo mexicano parecieran haber sucumbido a la estrategia trumpiana de “lamparearlos”, como venaditos y no como la potencia industrial que es México y, sobre todo, la que puede llegar a ser, si hay, la voluntad de lograrlo. Cada vez que tengas la impresión de que estás contra la pared y que no hay otra más que ceder, recuerda la siguiente anécdota entre el presidente Richard Nixon y su famoso secretario de Estado, Henry Kissinger. Durante la guerra de Vietnam, Kissinger se preparaba para negociar con los vietnamitas un alto al fuego, En el salón Oval de la Casa Blanca, Nixon le dice a Kissinger: “Diles que estoy fuera de mí, que no me puedes controlar”. Kissinger agrega: “Les diré incluso que estás tan impredecible que puedes recurrir a usar una bomba atómica”. “Sí, hazlo”, responde Nixon. Ya sabemos (y si no lo saben, estudien historia) quién ganó la guerra tanto militar como reputacionalmente. 

El ejemplo no es tan ajeno y lejano como pareciera. Porque un factor clave para la derrota de Estados Unidos en Vietnam fue la oposición tan importante de la sociedad civil, en especial jóvenes universitarios, sindicatos, artistas, etcétera, en contra de la guerra. Y, lo estratégico, las elecciones cada dos años para la Cámara de Representantes y cada cuatro para la presidencia. 

Los negociadores norteamericanos, con todo y Greer y su dedito, enfrentan condicionantes que limitan su campo de acción. No lo pueden todo, aunque digan que sí. Para conseguir los cambios sustantivos que quiere el equipo de Greer para intentar llevarse inversiones presentes y potenciales de México a Estados Unidos —por ejemplo, cambios aún más drásticos en la definición de las reglas de origen que favorezcan a EU— requiere alteraciones en el espíritu y letra del Tratado que, por ley, tienen que revisarse en el Congreso de EU. Pero los preparativos para elecciones legislativas de noviembre próximo ya están en marcha: se organizan primarias, se mencionan precandidaturas y todas, pero todas las encuestas predicen una muy posible derrota de los republicanos para la Cámara de Representantes. EU tiene prisa por negociar. Nosotros debemos tener paciencia.

No aceptes los anexos o protocolos paralelos que quiere usar para no entrar al texto del tratado para evitar la intervención del Congreso. O revisa las propuestas con mucha calma. ¿Esos protocolos te garantizan que no volverá a usarse el pretexto de la seguridad nacional para imponer nuevos aranceles? Piénsalo. Tú tienes a favor a la mayor parte de la opinión de los sectores regulados por el acuerdo. Así quedó evidenciado en las consultas realizadas por Comercio en diciembre. En la pasada comparecencia de Greer ante el Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes, el funcionario tuvo que responder a los temores de varios legisladores sobre el comercio agrícola con México y cómo afecta a sus electores. ¿Por qué no has hecho uso de esas fichas? Los únicos países que han respondido con aranceles a EU son China y Canadá. Canadá también ha demandado a su socio del sur por violaciones al Tratado. Cuando México no reacciona y deja pasar agresión tras agresión arancelaria, desmerece el valor del tratado. 

Con respecto a Canadá, Greer ha señalado, espantado, que “Canadá está apostando doble a la globalización mientras que nosotros estamos tratando de corregir los problemas de la globalización”, en referencia a la serie de tratados y acuerdos que el gobierno de Carney negocia para disminuir la dependencia con EU. La puesta en práctica de los instrumentos de la globalización expuso sus limitaciones. Ahora queremos una globalización de regiones o de economías que compartan proyectos y valores. México apenas va a cerrar en mayo la actualización del tratado con la Unión Europea. Eso es una buena noticia; lástima que para entonces ya tengamos que competir con el Mercosur e India, que también están por cerrar sus tratados con los europeos. Perdimos años por ceder a todos los caprichos y prejuicios de López Obrador. Y déjame aclarar algo. Personalmente creo que la reunión en Barcelona no interrumpió la siesta de Trump ni de ningún funcionario relevante en las negociaciones comerciales. Les preocupa más la diversificación de nuestro comercio con economías prósperas y dinámicas. Canadá no los deja dormir. Respondamos a los gestos de los canadienses que enviaron una delegación empresarial gigantesca en febrero. 

Si te levantan el dedo, si te amenazan con más aranceles, levántate y anda, Marcelo. Ya es hora.

Astillero

¿Montaje? ¿Vulnerabilidad? // Saldos de un sábado por la noche // Irán y caso Epstein, relegados // Conmoción, “patriotismo” y elecciones

JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZ

La Jornada

Una primera lectura de lo sucedido la pasada noche de sábado en un hotel en Washington muestra cuando menos lo siguiente:

1.- El tema de la guerra contra Irán, de la que no ha podido zafarse Donald Trump, cada vez con mayor impacto económico negativo entre los propios estadunidenses, fue desplazado por el peculiar incidente en el Hilton de la ciudad capital; horas antes, la noticia más llamativa se refería a la orden trumpiana de que sus presuntos enviados a negociar a Pakistán suspendieran el viaje y dejaran las siguientes negociaciones a eventuales llamadas telefónicas. Además, el tema candente del que ha ido huyendo día tras día, el del expediente Epstein, también queda provisionalmente relegado.

2.- Trump asume el papel de héroe transformador cuyas acciones, desde ahora tan históricas, según consideraciones de él mismo, generan este tipo de proporcionales reacciones violentas. Ya antes potenció su segunda campaña presidencial con la fotografía tomada por Evan Vucci, fotógrafo de Associated Press, en la que se ve con el puño en alto, la bandera de Estados Unidos al fondo y el asomo sangriento de un disparo que le rozó una oreja; ahora no podría haber gráficas de gallardía y desafío, pues incluso tropezó y fue levantado por sus ayudantes, pero la conmoción por lo acontecido en la cena con corresponsales de prensa permitió avivar en una posterior conferencia de prensa del mismo sábado un oportuno aire de campaña “patriótica” rumbo a las elecciones intermedias que, según diversos estudios de opinión, le podrían significar una derrota.

3.- El aún confuso suceso ha permitido también que Trump eluda, por lo pronto, algunos entrampamientos previos, entre ellos su relación difícil, con frecuencia cargada de violencia verbal, contra reporteros y medios que no se acoplan a sus políticas y posturas; el incidente que implicó disparos de armas de fuego y una impresionante descompostura escénica de las figuras de más renombre en la política imperial, tanto en el templete como en mesas del salón, impidió que Trump pronunciara un discurso frente a periodistas que su propia jefa de prensa había adelantado, irónica o premonitoriamente, sería explosivo: con Jimmy Failla en el programa Fox News Saturday Night, Karoline Leavitt había advertido que el discurso sabatino de Trump sería combativo: “él está listo para la batalla. Les puedo decir que su discurso de esta noche será un clásico Donald Trump: será gracioso, entretenido y se dispararán algunos tiros”.

y 4.- Un presunto manifiesto del californiano detenido bajo acusación de pretender atentar contra Trump y otros personajes de su gabinete le da al entrampado presidente un posicionamiento propicio para la campaña de polarización y persecución que ha mantenido y ahora intensificará con la vista puesta en las elecciones de noviembre: izquierdista sería el detenido y, por tanto, se reforzará el discurso desde el poder gringo en contra de las izquierdas. En otro ángulo, ese mismo manifiesto ya ha sido descrito por el trumpismo como “anticristiano”, lo cual puede servir para tratar de cerrar el expediente del choque de declaraciones con el papa León XIV.

Desde luego, también hay suficientes aspectos negativos para dicho trumpismo: la actuación del Servicio Secreto pareció propia de películas de bajo presupuesto, con lo cual se alimentan las especulaciones acerca de que todo ha sido un montaje. Tampoco benefician a la causa de los halcones de la Casa Blanca las circunstancias de vulnerabilidad en que se vieron envueltos el jefe, la esposa de éste y sus personajes señeros, el vicepresidente y los secretarios de Estado, la Defensa (ahora, “de Guerra”) y de Salud, entre otros. Y, desde luego, el evidente oportunismo megalómano del presidente, que incluso aprovechó lo sucedido para insistir en que le aprueben su controvertido salón de baile en la Casa Blanca, para no andar pasando sustos y vergüenzas en un Hilton o lugares similares.

México SA

Maru Campos, hundida // ¿Unidad especializada? // Trump: huele a podrido

CARLOS FERNÁNDEZ-VEGA

La Jornada

La gringa de Chihuahua, Maru Campos, está decidida a hundirse cada día más (a su lado el PAN –de por sí instalado en el inframundo político– que se aventó sobre la granada) y hace circo, maroma y teatro para anunciar –mediáticamente– la “creación inmediata” de una “unidad especializada” para “investigar” lo que ya todo el mundo sabe (la ilegal presencia y operación de agentes de la CIA en el estado, con la venia de las autoridades estatales) e “informar” sobre absolutamente nada, porque, según dice, de lo que se trata es de “salvaguardar la integridad de la investigación”, y ella no se “pronunciará sobre el curso”. Así es: parece que lo único sobresaliente en ella es ser caradura.

Para “mayor transparencia, ¿qué “investigará” la “unidad especializada” de la “gobernadora” de Chihuahua? Nada, porque en realidad lo que intentará –sin resultados, desde luego– será “sepultar” su violación constitucional y de la Ley de Seguridad Nacional, junto con su pandilla, algo que no viene al caso porque el gabinete de seguridad federal ya lo documentó: “ninguno de los (dos) agentes de la CIA que fallecieron en el estado de Chihuahua, luego de participar en un operativo antinarcóticos, tenía acreditación formal para participar en actividades operativas en territorio nacional; (…) de acuerdo con los registros migratorios disponibles, uno de ellos ingresó al país en calidad de visitante (turista), sin permiso para realizar actividades remuneradas, y el otra con pasaporte diplomático (obviamente, concedido por el gobierno gringo); las instituciones que integran el gabinete de seguridad y la Secretaría de Relaciones Exteriores no tenían conocimiento de que agentes extranjeros estuvieran operando, o fueran a participar físicamente en alguna acción operativa dentro del territorio nacional” ( La Jornada, Gustavo Castillo García).

Esa “unidad especializada” está a cargo de Wendy Paola Chávez Villanueva, hasta el sábado pasado titular de la Fiscalía Especializada en Atención a Mujeres Víctimas del Delito por Razones de Género y a la Familia en el estado (nombrada por la propia Maru Campos), quien jerárquicamente depende de otro de los involucrados en esta traición a la patria; es decir, el fiscal general de Chihuahua, César Jáuregui Moreno. Entonces, en castellano simple, la gobernadora “salvaguarda la integridad de la investigación” designando a una de sus incondicionales, quien trabaja de la mano con otro de ellos (el tal César), para “investigar” a la propia mandataria estatal. Éxito garantizado.

Entonces, ¿qué informaría Maru Campos y sus “especialistas”? Todo está al descubierto, documentado y denunciado. Sólo falta proceder, porque el “paquete” está listo para que la gringa sea sometida a juicio político y, como resultado, encarcelada por violar la Constitución y la Ley de Seguridad Nacional. Y los legisladores (sin importar el partido político, comenzando con los borregos morenistas y su desprestigiado “pastor” Ricardo Monreal) están obligados a cancelar el “podría” (procederse en contra ella) y actuar en consecuencia. Si el ya putrefacto PAN quiere hundirse más (si a estas alturas ello es posible), pues muy su problema, pero este caso no amerita negociación, indulgencia ni mucho menos fingir demencia.

Y los legisladores morenistas que ahora gritan como pericos: “es un honor estar con Claudia hoy” deben ser congruentes (a estas alturas, un artículo de lujo entre ellos). Por si lo olvidaron o no registraron, la mandataria ha subrayado: “hay algo que no se negocia: soberanía y principios; la soberanía no se negocia; su defensa es una responsabilidad del Estado y una convicción histórica del pueblo mexicano; al pueblo de México le ha costado sangre la defensa de la soberanía, la defensa de la patria; ningún gobernador, presidente municipal o funcionario puede actuar al margen de la ley en sus vínculos con gobiernos extranjeros”.

Y si los legisladores no tienen los tamaños para esto, entonces que se dediquen a otra cosa.

Las rebanadas del pastel

Tratándose de Donald Trump, todo huele a podrido. El suceso del pasado sábado en el Hilton de Washington apesta a montaje, a un burdo intento adicional para que la cola mueva al perro (ver la película Wag the dog o Escándalo en la Casa Blanca, con Robert de Niro y Dustin Hoffman, 1997) ante su desplome electoral y creciente rechazo ciudadano. Es un perverso, y tiene tanta gente de esa calaña a su alrededor que se presta a eso y mucho más, con el fin de provocar lágrimas en sus seguidores, “sensibilizar” a sus opositores y “reposicionarse” como “mártir de la democracia”. Qué asco.

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