Columnas Escritas
Lo que dicen los columnistas
Arsenal
“Dejen de echarle la culpa a García Luna. ¡Ya háganse cargo!”
FRANCISCO GARFIAS
Excelsior
El debate sobre el controvertido Plan B se calentó en comisiones. Las descalificaciones iban y venían entre senadores de Morena y el PVEM, por un lado; PAN, PRI y MC, por el otro. El PT ni participó ni votó.
¿Mala señal para la iniciativa de la Presidenta?
Hoy mismo lo sabremos: el Pleno del Senado tiene agendado el debate y la votación.
El termómetro en comisiones subió cuando la senadora del PRI, Carolina Viggiano, utilizó un axioma —verdad que no necesita ser comprobada— que compartimos muchos mexicanos.
Dijo a los morenos: “Ya no le echen la culpa a García Luna y la chingada. Llevan ocho años en el poder… ¡Ya háganse cargo!”.
Su compañera de bancada Claudia Anaya no se quedó atrás cuando evocó los tiempos de Vicente Fox. Señaló: “Con esta reforma se quiere institucionalizar a la chachalaca”.
Los representantes del oficialismo repetían que el Plan B es para “reducir privilegios” que existen en gobiernos municipales y estatales, y que esos “ahorros” se quedarán en estados y municipios.
Pero también que la presidenta Claudia Sheinbaum es la “mejor evaluada” de los mandatarios de América Latina.
El Plan B mantiene el capítulo de la revocación de mandato para 2027 o 2028 —depende de lo que convenga— que provocó la rebeldía del Partido del Trabajo.
* El enigma sobre si pasa o no el Plan B de la Presidenta no había sido despejado, a pesar del tuit (X) que Nacho Mier subió ayer, alrededor de las 5 de la tarde, en el que afirma: “La coalición Morena, Verde y PT seguirá unida y haciendo historia”.
A esas horas ya se había discutido y aprobado, en comisiones, el Plan B de Sheinbaum, pero sin los votos del PT.
Ayer no eran indispensables esos votos. Bastó una mayoría simple para que avanzara la iniciativa. Los 24 votos a favor de senadores de Morena y el Partido Verde fueron suficientes frente a los 11 en contra del PAN, PRI y MC.
Óscar Cantón Zetina, presidente de la Comisión de Puntos Constitucionales, anunció a Alejandro González Yáñez como el segundo orador del cónclave. Pero el petista nunca llegó. Tampoco su compañera de bancada Liz Sánchez.
Al cierre de esta columna, el PT no se había posicionado sobre el Plan B ni siquiera a nivel de declaración o de mensajes en X. Sus legisladores se escondieron de los reporteros ávidos de información.
Este vacío dio paso a las más diversas especulaciones sobre lo que hará el Partido del Trabajo, que nunca había tenido tanta atención de la prensa.
La más consistente es la que dice que, a cambio de sus votos a favor del Plan B en el Pleno, se habría negociado con petistas y verdes que la revocación de mandato se quede para 2028.
Eso y “algunas candidaturas” para el partido del profe Alberto Anaya.
* Nos pusimos a averiguar qué estaba pasando. En el oficialismo nos dijeron que la presidenta Sheinbaum le “leyó la cartilla” al PT. Advirtió a sus dirigentes que iba a exhibir a los legisladores que votaran en contra.
Esa misma fuente aseguró que tanto el PT como el PVEM han bajado en la intención de voto luego de la campaña de “traidores” que les armaron algunos morenos después de su voto en contra de la reforma electoral (Plan A).
Esa misma información nos la mostró el senador Alito Moreno, presidente nacional del PRI.
Sacó su celular y buscó en la pantalla una encuesta que mandó a hacer recientemente. La medición muestra que la chiquillada, en especial el PT, baja a 1.5% en la citada intención de voto.
Alito está convencido también de que no habrá revocación de mandato en las elecciones intermedias de 2027. Nos lo dijo antes de celebrarse la reunión en comisiones, a la que falto el PT.
El dictamen modifica el artículo 35 de la Constitución para que la revocación de mandato pueda realizarse en el tercer o cuarto año de gobierno, y habilita a la Presidenta para que haga campaña a favor de su gobierno.
Limita a 15 el número de regidores (artículo 115) y limita el presupuesto de los congresos locales a 0.7% del presupuesto de egresos de la entidad (artículo 116).
Pero también establece que las remuneraciones de los servidores públicos deben ajustarse a los límites constitucionales (artículo 134).
Hoy mismo se llevará el dictamen del Plan B al Pleno de la Cámara de Senadores. Allí veremos realmente si los senadores de la coalición oficialista votan en el mismo sentido o si los petistas les dicen no por segunda vez consecutiva a sus iniciativas electorales.
Razones
No lo permitamos en México
JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ
Excelsior
Hay días, momentos, que cambian una vida. Hace 50 años no lo sabía, era un jovencísimo dirigente estudiantil en Buenos Aires, pero el golpe militar que asoló Argentina aquel 24 de marzo cambiaría en forma radical mi vida y la de millones. En los meses siguientes viví, como tantos otros, persecuciones, sufrí pérdidas terribles, tuve familiares y amigos presos, muertos, desaparecidos. En julio de 1977 salí al exilio, estuve en Brasil, en Suecia y tres años después, en otro día clave, un 5 de febrero de 1981, llegué a México por 15 días y deslumbrado por el país y su gente llevó aquí, donde me reconstruí paso a paso, 45 años. Todo, la vida, la familia, los amigos, la profesión, se lo debo a mi país, que es México.
Pero aquel golpe militar, brutal, inmisericorde, dejó huellas, cicatrices y enseñanzas. La principal la expresó el fiscal Julio César Strassera, en el juicio contra la junta militar realizado en 1985 (y que se replica magníficamente en la película Argentina, 1985) en su alegato final: “Los argentinos, dijo, hemos tratado de obtener la paz, fundándola en el olvido y fracasamos… Hemos tratado de buscar la paz por vía de la violencia y del exterminio del adversario y fracasamos… A partir de este juicio y de la condena que propugno nos cabe la responsabilidad de fundar una paz basada no en el olvido, sino en la memoria, no en la violencia, sino en la justicia… Señores jueces: quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: ‘nunca más’”.
En los años que siguieron a ese histórico juicio contra la junta militar, contra los represores y los torturadores ha pasado de todo en Argentina y en el mundo. Pero la memoria y la demanda de justicia en ese país ha estado siempre viva. Durante medio siglo el tema no fue objeto de debate, sino de reclamo constante. En la administración de Javier Milei, hay sectores, como el que representa la vicepresidenta Victoria Villarruel, negacionistas de lo sucedido en la dictadura y que piden la liberación de los militares y represores que fueron condenados a cadena perpetua. No se puede ni debe reescribir la historia, se debe aprender de los errores que se cometieron, pero no se puede ignorar la destrucción sistemática, por las vías más crueles, de una parte de la población de un país.
Poco antes de su muerte estuvimos, en la última entrevista que dio a un medio de comunicación, con el papa Francisco en su residencia de Santa Marta, en el Vaticano. Francisco desarrolló una labor notable en aquellos años de represión en apoyo a muchas víctimas, entre ellas de mi familia, como superior de los jesuitas. Allí, en el pequeño departamento en el que vivía, le recordé que Jorge Luis Borges aseguraba que no se debe hablar de venganzas ni perdones, que el olvido es la única venganza y el único perdón, pero que Milán Kundera afirma que la historia es la lucha de la memoria contra el olvido.
El olvido, el perdón, me dijo Francisco, puede ser algo individual, pero la memoria siempre debe permanecer. Le dije que el perdón es la esencia de la iglesia. Dudó, y me dijo que a veces, para las sociedades, es muy difícil perdonar, que siempre se deben recordar los hechos para no repetirlos.
Hablamos de la importancia del diálogo para acabar con la polarización y con la ignorancia. Francisco nos dijo que él valoraba, por sobre todas las cosas, el diálogo, el intercambio de ideas, la bondad intrínseca de las personas: el diálogo es lo único que puede romper la polarización y por eso es siempre tan importante impulsarlo.
Hablamos también de México, de nuestra polarización y de nuestra violencia. Comenzó recordando cómo crecen esos niños que no tienen nada, que no conocen lo que es el cariño, la ternura, esos niños que cuando se les quiere acariciar responden con un golpe. De esos niños que no saben qué es la ternura, me dijo, es de donde nacen los criminales, los sicarios. Habló del tejido social destruido. Tenía fe en México porque, me dijo, un poco en broma, mucho en serio, que unos mexicanos son católicos y otros son ateos, pero todos son guadalupanos, y ésa es una base de unión. Pidió, por último, que no olvidemos la alegría.
No hay que olvidarla. Medio siglo de aquella tragedia política y social obliga a reflexionar. En México hemos vivido muchas tragedias, pero ninguna desde el fin de la revolución, de la magnitud que significaron los golpes militares que asolaron Argentina, Chile, Uruguay, prácticamente toda Latinoamérica en los años 70 y hasta bien entrados los 80. Hemos tenido gobiernos autoritarios, hechos represivos durísimos, pero no hemos tenido una dictadura ni en las épocas del PRI ni tampoco en el crudo autoritarismo que se impone cada día más en la 4T.
Tampoco tuvimos militares dispuestos a todo con tal de detentar el poder político, económico, social, cultural. Nuestras fuerzas armadas, han sido, afortunadamente, diferentes, por origen y por composición social, de aquellas de los años 70 en el resto del continente. No perdamos esa esencia: quien no lo ha vivido no asimila la magnitud del daño que una dictadura genera, el daño irreparable que introduce en el tejido social.
Debemos conservar la memoria, rechazar el autoritarismo, la polarización, debemos exigir que la justicia sea independiente y para todos. No olvidemos que la polarización, sobre todo la sembrada desde ámbitos del poder, sólo tiene éxito cuando va de la mano de la ignorancia, la mentira, el olvido y la impunidad. No hemos vivido una tragedia como aquella de Argentina hace 50 años; no lo permitamos jamás.
Nudo gordiano
El plan A, pero del PT
YURIRIA SIERRA
Excelsior
Hay algo muy conveniente en la indignación del Partido del Trabajo. Muy oportuna, calibrada, capaz de detenerse justo antes de la ruptura. El argumento de superficie ya lo conocemos: que la revocación de mandato no puede coincidir con la jornada electoral de 2027 porque Sheinbaum, en la boleta, sería una locomotora que arrastraría todo a favor de Morena. El argumento es razonable. Pero no es el motivo.
El PT no está defendiendo la equidad electoral. Si lo hiciera, tendría que empezar por devolver los más de cuatro mil millones de pesos en prerrogativas que ha recibido gracias al arrastre de Morena en los últimos siete años. Tendría que explicar cómo pasó de ser un partido con representación testimonial a gobernar estados y acumular senadurías, diputaciones y presidencias municipales en una proporción que ningún ejercicio de voto propio justifica. Lo que está a discusión no es la equidad. Es quién manda en la relación.
Los hechos, con frialdad: Alberto Anaya firma un compromiso el domingo de respaldar el Plan B. El lunes, la bancada del PT no se presenta a comisiones en el Senado. El martes, Reginaldo Sandoval habla de “riesgos de Estado”. Monreal dice que los petistas “están bastante grandecitos” para asumir su responsabilidad. La oposición celebra y le regala al PT un reconocimiento de dignidad que no pidió. ¿Cuándo fue la última vez que Clemente Castañeda elogió a un aliado de Morena sin que mediara un cálculo?
El patrón es idéntico al del Plan A: adhesión formal seguida de deserción legislativa. Lo que cambió entre uno y otro fue el alcance de la reforma —se achicó—, pero no la dinámica de poder. El PT opera como partido bisagra, cuya fuerza no radica en su tamaño, sino en el momento exacto en que decide usar sus votos. No acompaña; condiciona. Y el momento de máximo valor es antes de que se repartan las candidaturas para 2027. Ahí está la apuesta real. Ambos partidos saben algo que nadie dice en público: sin el PT, Morena pierde. No todo, pero sí lo suficiente para que la narrativa de invencibilidad se agriete. Veracruz en 2024, donde la salida del PT de la coalición local dejó a Morena tambaleándose en las alcaldías, no fue una anécdota. Fue una demostración de concepto.
Lo que el PT está comprando con la revocación de mandato no es una fecha en el calendario. Es una factura que cobrará en gubernaturas y posiciones de lista. En Tlaxcala ya dejó claro que quiere encabezar la candidatura a gobernador. Esa ambición se replica en otros estados donde los petistas consideran que Morena los usa como relleno. Y hay algo más: la propia reforma contempla la reducción de regidurías y el recorte presupuestal a congresos locales. Cada regiduría eliminada es un espacio menos de poder territorial. Para un partido presente en los 32 congresos estatales eso no es austeridad republicana. Es desmantelamiento. Cuando Sandoval advierte sobre “riesgos estructurales”, está hablando de la estructura del PT, no de la del Estado mexicano.
¿Va a pasar el Plan B? Quizá sí. En algún momento, la fecha de la revocación se moverá a agosto de 2027 o a 2028, el PT declarará victoria y todo el mundo fingirá que la crisis no existió. Lo importante es lo que se negoció en las reuniones sin relatoría. Porque cuando se anuncien las candidaturas para 2027 y el PT aparezca encabezando coaliciones en estados que antes eran territorio exclusivo de Morena, nadie va a recordar que todo empezó con una disputa sobre si la revocación debía ser en junio o en agosto. El PT no está bloqueando una reforma. Está cotizando su lealtad. Y Morena, que inventó el juego de la mayoría calificada con aliados prestados, acaba de descubrir que los aliados también saben jugar (con reglas del juego que quieren redefinir desde su bancada).
Astillero
PT: ¿qué necesidad? // Extraños reacomodos // Plan electoral Ch // ¿No más reformas de fondo?
JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZ
La Jornada
El extraño oleaje de aparentes reacomodos entre aliados permitió ayer que el llamado plan B brincara la aduana de las comisiones senatoriales con pocas novedades: los opositores de siempre se mantuvieron tal cual (destacó la dureza del panista Ricardo Anaya, quien se esmeró en señalar deficiencias técnicas y políticas de la iniciativa presidencial), Morena y el Verde consiguieron sin problema la mayoría relativa y el Partido del Trabajo (PT)sostuvo la especulación sobre sus desacuerdos y objetivos, al ausentarse a la hora del voto.
El petismo, pues, no votó en contra de la propuesta electoral de la presidenta Sheinbaum. Tampoco se abstuvo. Se ausentó a la hora de la votación, como si tal maniobra hubiese sido concertada. En todo caso, será hoy cuando la definición real del PT se dará a la hora en que el citado plan B sea presentado al pleno senatorial para la decisión final.
Una versión generalizada propaga que el inusual comportamiento “rebelde” del PT obedece a la convicción de que estaría en grave riesgo de perder registro y presencia si acepta el plan A (que fue rechazado) y ahora, en el B, si permite el punto ventajoso para Morena de la concurrencia de la Presidenta en las elecciones intermedias del año próximo.
Vale, a estas alturas de las especulaciones, asomarse a lo que el coordinador de los diputados federales del PT, Reginaldo Sandoval, se preguntó el pasado 14 de enero respecto a cuál sería la razón de que el movimiento llamado Cuarta Transformación estuviese impulsando una reforma electoral que, desde aquella fecha, ha significado discusiones y disensos internos entre directivos de los tres partidos aliados y ha propiciado un discurso presidencial que busca responsabilizar a las agrupaciones de menor calado, Verde y PT, de una especie de traición a los postulados 4T y a los compromisos de campaña de la ahora Presidenta de la República.
Sandoval planteó que en aquel momento (y, evidentemente, ahora el acoso trumpista es peor), los partidos aliados deberían estar considerando impulsar la unidad nacional. Además, advirtió, respecto a la iniciativa electoral presidencial, que con las reglas vigentes se le ha ganado ampliamente a la derecha: “Si con estas reglas ganaste Ejecutivo, Legislativo y Judicial, dijo el filósofo michoacano, muy popular pero muy querido, ¿qué necesidad?”.
Siguiendo la línea de análisis juangabrielista, cabe plantear que el ánimo reformista de Palacio Nacional no alcanzó, en su primera emisión, el plan A, los más altos niveles deseados, y que el que se presentará hoy en el Senado ha sido señalado como plan Ch, por chiquito. ¿Realmente puede esperarse una modificación sustancialmente positiva del sistema político mexicano tan deteriorado (por usar un adjetivo ligero)? La revocación de mandato presidencial, que será impulsada no por los opositores, sino por Palacio Nacional y Morena, más bien como ejercicio confirmatorio, ¿es realmente necesaria o es sólo parte de una estrategia electoral para 2027? ¿Es necesario facultar a la Presidenta para hablar a favor de sí misma, desde plataformas oficiales, en presunta defensa contra una revocación muy probablemente no pedida por la oposición?
Por lo pronto, el extraño disenso entre exitosos aliados 4T, que han conseguido la mayor concentración de poder institucional de la historia electoralmente moderna, ha permitido (más allá del desenlace que se prevé se produzca hoy en el Senado) combatir la versión opositora de que en México hay falta de democracia pues, se argumenta ahora, hasta en el interior de la coalición gobernante se producen desacuerdos. Y, a fin de cuentas, la “incapacidad” superior para concertar votaciones unificadas podría permitir la inhibición de más reformas constitucionales, evitando a Palacio Nacional confrontaciones con instancias empresariales y estadunidenses. Así que, a fin de cuentas, ¿hay necesidad o no?
México SA
Trump: huele a cadáver político // Índice de aceptación va en picada // Borolas pasa charola en Madrid
CARLOS FERNÁNDEZ-VEGA
La Jornada
El esperpéntico personaje que habita la Casa Blanca comienza a oler a cadáver político, lo que no resulta casual dada la inagotable cantidad de sandeces que dice todos los días, más sus interminables contradicciones, agresiones, comportamiento errático, alocada toma de decisiones y descarado incumplimiento de sus “compromisos” de campaña electoral, entre otros, acabar con “guerras estúpidas”, abatir la inflación, fortalecer la economía, mejorar el nivel de vida de los estadunidenses y dejar de ser el “policía” del mundo. Además, fue condenado por el sistema judicial de su país por 34 delitos y en lista de espera está la acción de la justicia por su participación en el caso Epstein.
De Washington llega la noticia, que tiende a convertirse en recurrente: “De acuerdo con una encuesta de Reuters/Ipsos, la popularidad de Donald Trump cayó en los últimos días a su nivel más bajo desde que regresó a la Casa Blanca, afectada por la subida de los precios del combustible y el rechazo generalizado a la guerra contra Irán. La encuesta, de cuatro días y que finalizó el pasado lunes, reveló que sólo 36 por ciento de los estadunidenses aprueban la labor de Trump, lo que se compara con el 40 por ciento de la encuesta de Reuters/Ipsos de la semana pasada” ( La Jornada).
Su imagen va en picada “y la opinión de los estadunidenses sobre Trump se ha deteriorado significativamente en lo que respecta a su gestión de la economía y el costo de la vida, porque los precios de la gasolina se han disparado desde que Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados contra Irán, el 28 de febrero. Sólo 25 por ciento de los encuestados aprobó la gestión de Trump en materia de costo de la vida, cuestión que fue el eje central de su campaña para las elecciones presidenciales de 2024. Sólo 29 por ciento del país aprueba la gestión económica de Trump, la valoración más baja de cualquiera de las administraciones presidenciales de Trump e inferior a cualquier índice de aprobación económica de su predecesor, el demócrata Joe Biden”.
La propia encuesta revela que sólo 35 por ciento de los estadunidenses aprueban los ataques de Estados Unidos contra Irán, frente a 37 por ciento en los resultados de la semana pasada. Alrededor de 61 por ciento desaprueban la agresión, en comparación con 59 por ciento en el levantamiento anterior. Y como van las cosas, esta última proporción aumentará de manera sostenida.
De ello da cuenta una anterior encuesta del Pew Research Center (PRC, enero de 2026) que ya revelaba el deterioro: “El índice de aprobación de Trump se sitúa en 37 por ciento, frente a 40 por ciento del otoño. En una proporción de más de dos a uno, los estadunidenses afirman que las acciones de la administración han sido peores de lo que esperaban. Actualmente, sólo alrededor de una cuarta parte (27 por ciento) afirman apoyar la totalidad o la mayoría de las políticas y planes de Trump, proporción inferior al 35 por ciento registrado cuando regresó al cargo, el año pasado. Este cambio se ha producido exclusivamente entre los republicanos”.
Asimismo, 51 por ciento de los estadunidenses afirman que tienen poca o ninguna confianza en Trump. Por ejemplo, 52 por ciento consideran que este esperpéntico personaje no posee “aptitud mental o física” para ejercer el cargo, mientras 60 por ciento dicen que carece de ética.
El PRC también advierte que “se ha producido un descenso significativo durante el último año en el porcentaje de adultos que afirman estar de acuerdo con los planes y las políticas de Trump. El año pasado, 35 por ciento apoyaron todos o la mayoría de sus planes; 17 por ciento algunos de ellos y 47 por ciento sólo unos pocos o ninguno. Actualmente, 27 por ciento afirman apoyar todas o la mayoría de las opciones, 20 por ciento, algunas, y 52, pocas o ninguna”.
Las rebanadas del pastel
Las ratas políticas tienen su madriguera en la capital española (“gobernada” por la derecha); se toman de la mano y se “ayudan” entre sí. Entonces, haiga sido como haiga sido, el tenebroso Felipe Calderón, residente en esa ciudad, pasa la charola por toda la cúpula de esa tendencia ideológica, y no sólo se dedica lamer las botas de José María Aznar –de quien recibe protección y unos cuantos euros–, sino que cobra por “asesorar” a la impresentable presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (quien arribó al cargo de la mano de Vox y Ciudadanos, siempre metida en todo tipo de negocios turbios), y a saber a quién más le exprime la cartera. Debe estar en México para rendir cuentas de su desastrosa “guerra contra el narco”.