Columnas Escritas
Lo que dicen los columnistas
La reforma electoral que no fue y el plan B
La presidenta Sheinbaum se equivocó: la arrogancia de Pablo Gómez cerró las puertas del diálogo y la negociación, acciones fundamentales para sacar adelante una reforma tan delicada como la electoral.
Proceso
Pablo Gómez es el principal responsable del fracaso de la propuesta inicial de reforma electoral de la presidenta Claudia Sheimbaum. El viejo político que sólo una vez hizo campaña en su larga vida legislativa y perdió, cayó en la soberbia que lo caracteriza, nunca habló con los partidos del Trabajo y Verde durante los meses que trabajó en el proyecto y el resultado fue que la iniciativa presidencial no prosperó como se pensaba. Es decir, sin problemas.
El 4 de agosto de 2025 se creó la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral, encargada de escuchar a la ciudadanía, analizar el sistema actual y proponer mejoras que garanticen elecciones libres, transparentes y representativas.
Pablo Gómez fue designado como presidente ejecutivo de la comisión integrada por Jesús Ramírez, coordinador de asesores de la Presidencia; por la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez; Lázaro Cárdenas, jefe de la oficina de la Presidencia; Arturo Zaldívar coordinador general de política y gobierno de la Oficina de la Presidencia; José Antonio Merino, de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones; y Esthela Damián Peralta, consejera jurídica de la Presidencia.
Salvo Pablo Gómez, ninguno otro de los integrantes de la Comisión tenía experiencia en el tema electoral y, por tanto, su misión era no sólo elaborar la propuesta, sino también entablar vínculos con los partidos para sacar adelante la iniciativa presidencial.
Pero la presidenta Sheinbaum se equivocó: la arrogancia de Pablo Gómez cerró las puertas del diálogo y la negociación, acciones fundamentales para sacar adelante una reforma tan delicada como la electoral.
Durante medio año dicha comisión trabajó a puerta cerrada, los foros que se realizaron no fueron tomados en cuenta y la comisión especial presidida por Pablo Gómez redactó una iniciativa que necesitaba ser negociada desde sus inicios, principalmente con los partidos Verde y del Trabajo, con los que Morena ha hecho alianza desde 2018 y cuyos votos son fundamentales para ser aprobada en la Cámara de Diputados.
A partir del 21 de enero, cuando ya se veían los rechazos de los partidos Verde y del Trabajo, la presidenta Sheinbaum estuvo forzada a iniciar una serie de reuniones con los dirigentes de dichos partidos para convencerlos de ir juntos en la iniciativa de reforma electoral.
Para esa fecha se tenía previsto que se presentara la iniciativa, sin embargo fueron necesarias cinco semanas más, con el desgaste previsible de cada una se las reuniones en Palacio Nacional para la presidenta Sheinbaum de no poder convencer a sus dizque aliados.
El rechazo a la reforma fue dividido entre los partidos: PRI y PAN en contra de acabar con la profesionalización del personal del INE y rechazando la propuesta de desaparecer el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) y los Organismos Públicos Locales Electorales.
Mientras que el Partido Verde y del Trabajo, por su parte, rechazaron la idea de reducir presupuesto y la representación plurinominal, pues éstas representan una amenaza a su existencia, una existencia que data de 1991 y 1990, respectivamente, con los apoyos de los hermanos Carlos y Raúl Salinas de Gortari.
Ni el Partido Verde ni el Partido del Trabajo en sus años de existencia han tenido un crecimiento en el ánimo del electorado. Siempre se han mantenido por sus alianzas.
En la elección de 1994 fue la única en la cual el Partido Verde compitió por la presidencia de la República en solitario. En 2000 se alió con el PAN; en 2006 con el PRI quedó en tercer lugar; en 2012 nuevamente en alianza con el PRI obtuvo 5.59% de los votos; en 2018, aliado otra vez con PRI y Nueva Alianza, quedó en tercer lugar; y en 2024, aliado con Morena y PT, ganaron la presidencia.
El PT a su vez participó por primera vez en elecciones federales en 1991, y al no alcanzar el porcentaje mínimo de votos perdió el registro. En 1993 lo recuperó y en la elección presidencial del 94 postuló como su candidata a Cecilia Soto, quien obtuvo 2.75% de los votos.
A partir de entonces sobrevivió gracias a las alianzas: en la elección de 2000 fue aliado con PAS, PRD, PSN y Convergencia para apoyar la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas; para la elección presidencial de 2006 fue en alianza con PRD y Convergencia para postular a Andrés Manuel López Obrador. En 2012, para la elección presidencial volvió a hacer alianza con el PRD y MC para la candidatura de Andrés Manuel López Obrador.
En el 2015 estuvo en riesgo inminente de perder su registro como partido político nacional. El Instituto Nacional Electoral resolvió retirarle el registro, pero a partir de una serie de impugnaciones mantuvo el registro al tomarse en cuenta los resultados de la elección extraordinaria de un distrito electoral en Aguascalientes. En 2018 formó parte de la alianza ganadora de la presidencia junto con Morena y el PES.
Mientras que en 2024, junto con Morena y PVEM, postularon a Claudia Sheinbaum, que resultó triunfadora.
Ahora, con el rechazo a la reforma electoral de la presidenta, tanto el Partido Verde como el Partido del Trabajo enfrentarán un panorama menos favorecedor y sin alianzas tendrán menos posibilidades de sobrevivir.
Y ante el escenario de que no sea aprobada en la Cámara de Diputados, la presidenta Sheinbaum ya anunció un Plan B.
Dicho Plan B probablemente vaya dirigido a cambios en leyes secundarias donde la presidenta Sheinbaum saque adelante sus dos principales propuestas: reducir el presupuesto millonario y hacer que los candidatos plurinominales sean electos por votos y no por designación directa de las dirigencias partidistas.
Con este plan B la presidenta Sheinbaum cumplirá con una promesa de campaña y seguirá pavimentando el segundo piso de la Cuarta Transformación, como lo proyecto Andrés Manuel López Obrador.
Juegos de poder
Buena la propuesta de plurinominales, pero no va a pasar
LEO ZUCKERMANN
Excelsior
Llegó al Congreso la iniciativa de reforma electoral de la Presidenta.
En materia de legisladores de representación proporcional, los llamados plurinominales, se trata de una mejor propuesta a lo que originalmente había anunciado López Obrador que quería en el “plan A” anunciado en abril de 2022.
El expresidente pretendía desaparecer por completo los legisladores plurinominales.
La iniciativa de Sheinbaum, en cambio, pretende sólo la eliminación de los 32 senadores de representación proporcional, pero el mantenimiento de los 200 diputados federales que se eligen por ese método.
Es una propuesta más sensata.
Sostengo la opinión que he tenido desde 1996 cuando aparecieron los senadores plurinominales: nunca me gustó su existencia por no representar a ningún electorado.
Nuestro Senado se copió del estadunidense con la intención manifiesta de representar los intereses de cada estado de la Federación. Así ocurre con los tres senadores que se eligen en cada entidad federativa, dos del partido que ganó más votos y uno de la primera minoría, para un total de 96.
Con la reforma de Sheinbaum, esos quedarían igual.
Desparecerían los 32 que se eligen por representación proporcional en una lista nacional.
En mi artículo del 26 de febrero presenté un primer ejercicio de cómo hubiera quedado el Senado sin plurinominales con los resultados de la elección del 2024. El gobierno (Morena, PT y Verde) hubiera obtenido 64 senadores, el 66.7% del total de la cámara; la oposición (MC, PAN, PRI y PRD) 32, equivalentes a 33.3 por ciento. En porcentajes, el gobierno hubiera obtenido tan sólo 1.9% más del Senado, una ganancia marginal. No aplica, entonces, la crítica de que esto se está haciendo para que la coalición gobernante asegure la mayoría calificada que le daría el derecho de reformar la Constitución.
En todo caso, se quedarían a un pelito y les faltaría obtener esa misma mayoría en la Cámara de Diputados.
Ahí entra el tema de las 200 diputaciones plurinominales.
La propuesta de Sheinbaum mantiene la misma fórmula de repartición existente.
No hay cambios.
Si hoy el gobierno tiene mayoría calificada en diputados es gracias a la sobrerrepresentación que lograron manipulando las candidaturas uninominales y plurinominales de los tres partidos coaligados (Morena, PT y el Verde), lo cual fue avalado vergonzosamente por el Tribunal Electoral.
Lo que modifica la iniciativa de Sheinbaum es quiénes son los candidatos que entrarían a la Cámara.
En la legislación vigente, el votante recibe una sola boleta donde vota por su diputado de mayoría relativa de su distrito y la lista de plurinominales que presenta cada partido en una de las cinco circunscripciones electorales. Digamos que si Fulanito tacha en esa boleta al candidato uninominal de Morena también está eligiendo la lista de este partido para las plurinominales.
Lo que Sheinbaum pretende es que el elector reciba dos boletas para la Cámara de Diputados. En una sufragaría a favor del candidato de mayoría relativa de su distrito. Los 300 ganadores de cada distrito uninominal entrarían a la Cámara. Sin embargo, de estas boletas también saldrían cien diputados plurinominales de los mejores perdedores por porcentaje de voto.
El elector recibiría una segunda boleta donde escogería a una mujer y un hombre que presente cada partido como candidatos para entrar a la Cámara. De esas listas abiertas saldrían los otros cien diputados plurinominales. Hoy, con los siete partidos existentes, habría 140 opciones de a quién elegir. Si mañana tenemos más partidos, se tendrían que agregar más nombres.
Aunque la fórmula de repartición de representación proporcional no se toca, los electores tendríamos más opciones de a quién escoger.
La iniciativa de Sheinbaum le quita algo de poder a las dirigencias partidistas, que son las que actualmente definen las listas de plurinominales en cada circunscripción. No es que dejen de tener poder por completo porque en el nuevo sistema podrían enviar a sus favoritos a competir en alguno de los distritos “seguros”, aquellos con mayor presencia del partido, para entrar en la fórmula de “mejores perdedores” de los plurinominales.
Al parecer, ni las dirigencias del PT ni del Verde, aliados de Morena, quieren perder el poder de definir las listas de diputados plurinominales. Si a eso se agrega que es muy difícil que un partido chico gane senadores de mayoría y primera minoría en cada estado (el Verde ganó tres en 2024, uno de mayoría y dos de primera minoría, mientras que el PT ninguno), obvio, les disgusta la idea de desaparecer a los senadores plurinominales. Por eso, todo indica que, por lo menos en este rubro, votarán en contra de la iniciativa de la Presidenta.
México correcto, no corrupto
Sheinbaum, 8M, la responsabilidad de ser votada
RICARDO PERALTA SAUCEDO
Excelsior
El liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo nace de un mandato democrático sin precedentes: más de 36 millones de votos depositados en las urnas durante la elección presidencial de 2024, una de las votaciones más contundentes en la historia política de México. Ese respaldo masivo implica una responsabilidad política y moral de gran dimensión. Particularmente significativa fue la composición del electorado que la llevó al poder: el voto femenino representó alrededor de 52% y cerca de 59% de las mujeres que acudieron a las urnas respaldaron su candidatura, mientras que entre los hombres el apoyo alcanzó aproximadamente 62 por ciento. Este respaldo transversal de género no sólo legitimó su triunfo, sino que la colocó frente a una responsabilidad histórica: gobernar para todos los mexicanos, pero con una atención especial hacia las mujeres que durante siglos lucharon por abrir espacios de participación política.
En ese contexto, la conmemoración del Día Internacional de la Mujer adquiere una dimensión particularmente simbólica en el México contemporáneo. Reconocer públicamente a servidoras públicas y a integrantes de las Fuerzas Armadas mediante condecoraciones y actos institucionales inéditos no es un gesto protocolario menor: representa el reconocimiento del mérito femenino dentro de la estructura del Estado. La mujer mexicana constituye el núcleo de la vida social y económica del país. La historia nacional confirma que la participación femenina ha sido decisiva en los momentos fundacionales del país. Durante la Guerra de Independencia de México, figuras como Leona Vicario financiaron y organizaron redes de inteligencia insurgente que resultaron cruciales para el movimiento emancipador. Más tarde, en la Revolución Mexicana, miles de mujeres —soldaderas, enfermeras, mensajeras y estrategas— sostuvieron la logística y la resistencia de las fuerzas revolucionarias, mientras personajes como Carmen Serdán encarnaron la valentía civil frente al régimen porfirista. Estas mujeres no sólo participaron en la historia: ayudaron a escribirla.
En el ámbito económico contemporáneo, la presencia femenina ha transformado la manera de administrar los recursos públicos y privados. Diversos estudios de economía institucional han demostrado que la participación de mujeres en la dirección de empresas y en la gestión de las finanzas públicas suele fortalecer la transparencia, la disciplina presupuestal y la visión de largo plazo. Hoy, miles de mujeres dirigen empresas, bancos, universidades y organismos públicos, aportando una perspectiva estratégica indispensable para el desarrollo nacional. Diputadas, senadoras y gobernadoras encabezan hoy algunos de los mejores índices de aprobación ciudadana en el país. Entre estos casos destaca el de la gobernadora de Tlaxcala, Lorena Cuéllar Cisneros, quien se ha distinguido por resultados de gobierno ampliamente reconocidos y por mantener altos niveles de aprobación ciudadana. También en el deporte las mujeres mexicanas han demostrado disciplina y excelencia. Atletas como Ana Gabriela Guevara o Paola Espinosa han colocado el nombre de México en lo más alto de las competencias internacionales, recordando que el talento femenino florece cuando se abren oportunidades reales. Por ello, el 8 de marzo no debe limitarse a una fecha de protesta ni a una efeméride simbólica. Debe ser una jornada de memoria histórica y de compromiso colectivo para fortalecer la vinculación entre los géneros, donde los derechos humanos y la igualdad sustantiva se conviertan en la plataforma común de las sociedades democráticas.
México vive hoy una coyuntura singular: por primera vez una mujer gobierna la República con un respaldo popular abrumador. Esa legitimidad democrática implica una responsabilidad histórica. Haber sido votada por millones de mexicanas y mexicanos significa también representar las aspiraciones de generaciones de mujeres que lucharon por conquistar espacios de dignidad, igualdad y poder público. En esa responsabilidad se define la dimensión histórica del momento que vive México.
Astillero
Trump, epicentro de agresiones // Eleva tono belicista contra México // Pacto continental de derechas // Hipócrita, arremeda a Sheinbaum
JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZ
La Jornada
No son ocurrencias ni disparates: Donald Trump ha ido preparando el terreno y organizando estructuras con el objetivo de doblegar al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum e imponer condiciones de control mediante acciones extremas contra México y el proceso 4T (misiles contra cárteles y alguna forma de acción directa en suelo mexicano) o mediante una continua presión amenazante no sólo en el terreno comercial (los aranceles, la renegociación ventajosa para Washington del T-MEC o lo que binacionalmente quede de éste) sino, en especial, en el ámbito de los cárteles y el crimen organizado.
Trump ya instaló (a principios de diciembre pasado) su doctrina de seguridad nacional con el nefasto “corolario” a la doctrina Monroe, la “Donroe” que abiertamente postula la falsa potestad gringa de manejar como asunto propio al continente americano entero; el 20 de enero del mismo año pasado había declarado a los cárteles, entre ellos de manera destacada el de Sinaloa y el Jalisco Nueva Generación, como organizaciones terroristas extranjeras, con lo cual se adjudicó la infundada facultad imperial de actuar bélica y extraterritorialmente contra todo aquello que decida enmarcar en tal denominación ( Foreign Terrorist Organizations).
En lo retórico, han sido persistentes la voracidad y la insistencia del trumpismo en busca de intervenir en México para “ayudar” al gobierno federal a terminar con los cárteles. Un ofrecimiento históricamente inaceptable, una manzana envenenada ante la cual la presidenta Sheinbaum ha sostenido una postura invariable de rechazo.
A tal grado que anteayer, en Doral, Florida, Donald Trump se burló del tono y la forma en que dice que la mexicana le pide que no despliegue acciones directas. Con hipocresía y machismo, planteó que Sheinbaum es muy buena persona, con una bella voz, una bella mujer. Luego hizo una presunta imitación de la voz susurrante con que la presidenta de México se mantendría en la negativa a las acciones militares gringas en México: “ president, president, president (…) No, please, president”.
El remedo injurioso se produjo ante una oncena de mandatarios de Latinoamérica y el Caribe (uno de ellos, chileno, en espera de tomar posesión) que fueron convocados por Trump a una de sus propiedades en la conurbación de Miami, para firmar lo que se ha llamado la Carta de Doral, un compromiso de acciones militares encabezadas por Estados Unidos contra los cárteles del continente (con excepción, claro, de los cárteles asentados en el propio país anfitrión, donde se cumple cuando menos la mitad del ciclo criminal relacionado con las drogas).
México y su Presidenta no asistieron y habría sido impensable que, de haberse dado una invitación, hubieran acudido: fue una reunión de derechas y ultraderechas sometidas al guion diseñado por Washington. Trump se refirió con obsesión acusatoria a México, al grado de declararlo el epicentro de los cárteles.
No ha sido una declaración explícita de guerra, pero es lo más cercano que contra México ha planteado el trastornado presidente gringo. Tiene doctrina (Donroe), discurso (cada vez más explícito), quintacolumnistas en México y, ahora, un compromiso de acciones militares contra cárteles por parte de gobiernos alineados. La presidenta Sheinbaum anunció que hoy abordará en la mañanera el tema del llamado Escudo de las Américas y las palabras de Trump. Siempre con “cabeza fría”. Habrá de verse si tal gelidez es suficiente.
Astillas
Con 56 años de edad, Mojtaba Jamenei ha sido designado sucesor de su padre, el ayatollah Ali Jamenei. Tal nombramiento implica el sostenimiento en Irán de la línea dura en política y religión, con asentimiento entusiasta de los dirigentes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica. Días atrás, Donald Trump había tratado de descalificar a Mojtaba al considerarlo “un peso ligero”; incluso dijo el estadunidense que él debería “participar” en la elección del máximo líder y mando de la nación a la que, junto con Israel, está atacando…
México SA
Trump, anexionista y neocolonial // Juega al tío Lolo con el narco // ¿Y la guerra contra las drogas?
CARLOS FERNÁNDEZ-VEGA
La Jornada
Como parte de su política anexionista y neocolonial –ahora disfrazada de Escudo de las Américas–, el aberrante cuan repugnante inquilino de la Casa Blanca anunció “una guerra hemisférica contra el narcotráfico”, porque, según él, “la única manera de derrotar a estos enemigos es desatar el poder de nuestras fuerzas armadas”. Dado lo anterior, “usaremos misiles” y “caerán directo a donde despachan” los barones de la droga.
Más salvaje no pudo ser, pero si su intención es “derrotar” a los narcotraficantes, entonces esos misiles deberá dirigirlos a su propio territorio, porque no es por gracia divina que la droga se expenda hasta en el más apartado rincón de Estados Unidos, que la vendan narcos gringos que nunca aparecen y que ese país ocupe la primera posición internacional en consumo de todo tipo de narcóticos, legales e ilegales, pues los habitantes de esa nación se fuman hasta las cortinas.
La “preocupación” de (fuck) Trump (como de tantos otros inquilinos de la Casa Blanca) tiene solución: ¿quiere acabar con el narcotráfico? Tiene que sacar al gobierno gringo del negocio político y económico de los estupefacientes (sólo como ejemplo, recuérdese el caso Irán-contra; a esta última la financió, entrenó y armó, utilizando droga para ello); ¿quiere terminar con los narcobarones? Debe eliminar a, por lo menos, la CIA y a la DEA (cada vez con más presupuesto y menos resultados), que son los capos mayores en estos quehaceres. ¿Quiere destrozar las finanzas de los cárteles? Que cancele la lavandería industrial del sector financiero en su país y sus ramificaciones en América Latina; ¿quiere arrasar con los cárteles mexicanos y de otras naciones del hemisferio? Que no le venda armamento producido por empresas gringas, siempre ante la “vista gorda” del gobierno de aquel país (recuérdese el operativo Rápido y furioso, es decir, Estados Unidos alimenta militarmente el poder de fuego del narco y promueve ingresos de ensueño para los fabricantes de armas, y todavía reclama). Pero el pedófilo se suelta y acusa a México de ser “epicentro” de la violencia de los cárteles en el hemisferio.
Entonces, lo demás, como la amenaza de misilazos y el uso “del poder de nuestras fuerzas armadas”, simplemente es hacerse pendejo solo, porque sin duda el objetivo real del esperpéntico magnate naranja no es reducir el consumo interno, limpiar de droga las calles estadunidenses ni sanar a los adictos. No: su “Escudo de las Américas” tiene fines cínicamente anexionistas y neocoloniales, y para ello cuenta con 12 ultraderechistas serviles, disfrazados de “líderes” regionales (por cierto, uno de ellos, Daniel Noboa, de Ecuador, descaradamente exporta plátanos rellenos con talco blanco), a quienes congregó en Miami para que le aplaudieran a rabiar la sarta de estupideces que dijo.
Transcurridos cerca de 55 años desde que Richard Nixon declaró la “guerra contra las drogas” y 44 desde que Ronald Reagan hizo lo propio, y en ese periodo la venta de estupefacientes en Estados Unidos (en todas sus presentaciones) se ha incrementado exponencialmente para atender la creciente demanda de los insaciables consumidores gringos, al tiempo que de forma masiva la droga se introduce sin mayores problemas a ese país. De hecho, ingresa como Peter por su casa.
¿Cuántas décadas han pasado desde que la DEA y la CIA (una “persiguiendo” narcotraficantes y otra pactando con ellos, con fines políticos, en su eterna lucha contra el “comunismo”) se instalaron en Colombia, siempre con las piernas abiertas del inquilino en turno de la Casa Nariño?, y en ese tiempo la producción y exportación de cocaína a Estados Unidos se incrementó de forma brutal. Lo mismo: ¿qué sucedió con la Iniciativa Mérida, dócilmente aceptada por Felipe Calderón, al tiempo que mantenía a Genaro García Luna, protector del cártel de Sinaloa, como titular de la Secretaría de Seguridad Pública? ¿Qué fue del “cártel de Los Soles, el cual, luego del secuestro de Nicolás Maduro, como por arte de magia dejó de “existir”? Y como estos ejemplos, muchísimos más, y cada día el narco está más sólido, porque para la Casa Blanca es un enorme negocio político y económico.
Sólo como cápsula de memoria: cuando la Unión Soviética invadió Afganistán (1979-1988), la producción interna de opio se redujo prácticamente a cero; cuando lo hizo Estados Unidos (2001-2021), sucedió exactamente lo contrario. Pero “otros” son los culpables, dice el pedófilo.
Las rebanadas del pastel
La abyecta cabeza naranja del imperio advirtió a sus cipayos: “no voy a estar aprendiendo su maldito idioma, no tengo tiempo”. Y ellos aplaudieron a rabiar. Más despreciables, imposible.