Columnas Escritas
Lo que dicen los columnistas
¿Qué Venezuela tecnológica deja Maduro?
La “Venezuela digital” que deja Maduro es un país con déficits estructurales que exigen una estrategia de reconstrucción integral. Sin modernización digital, las inversiones en producción petrolera enfrentarán cuellos de botella y mayores costos de operación.
Proceso
Si tomamos una fotografía del ecosistema digital venezolano tras la salida de Nicolás Maduro, lo que observamos en materia de tecnología es un reflejo fiel del sistema político. La panorámica muestra una infraestructura de telecomunicaciones con rezagos estructurales que limitan su potencial como palanca de recuperación económica y competitividad.
A escala de indicadores de uso, Venezuela exhibe tasas de penetración de internet y usuarios que han mejorado en los últimos años, pero son bajas si se les compara con el resto de los países de la región. Tiene una adopción de personas usando internet de apenas 61.6% y una penetración de banda ancha móvil de 72.8%, pero estos números conviven con algunas de las velocidades de banda ancha más bajas de la región.
En lo regulatorio, la autoridad (Conatel) ha impulsado procesos de asignación de espectro para 4G y 5G para modernizar las redes. En los últimos dos años se anunciaron y ejecutaron procesos de licitación que ponen a disposición bloques en la banda de 3.5 GHz y otros remanentes para despliegues 5G, aunque la cobertura comercial aún no se ha materializado.
El mapa de actores combina operadores privados históricos con empresas estatales. CANTV/Movilnet (operador estatal) mantiene presencia importante en segmentos fijos y móviles; además, empresas extranjeras como Telefónica (Movistar) y operadores privados como Digitel operan en el mercado.
La presencia estatal asegura cobertura en zonas donde el mercado no resulta atractivo; la participación de operadores privados aporta competencia y experiencia tecnológica, aunque condicionada por restricciones macroeconómicas, control cambiario y riesgo político. Venezuela es uno de los tres mercados, además de México y Chile (en procesos de venta), donde Telefónica de España aún conserva operaciones. La caída de Maduro podría abrir la opción de venta de Movistar.
La experiencia del chavismo con la tecnología se ejemplifica con iniciativas simbólicas como el teléfono “Vergatario”, impulsado por Hugo Chávez para defender la soberanía tecnológica y la inclusión mediante producción estatal de teléfonos celulares. Esta anécdota ilustra la política de apropiación tecnológica con fuerte sesgo ideológico: dispositivos o proyectos estatales como instrumentos de legitimación política más que proyectos sostenibles de mercado.
Un somero diagnóstico del sector telecomunicaciones, tecnológico y digital en Venezuela hacia una nueva era arrojaría lo siguiente: cobertura móvil relativamente alta en zonas urbanas. Base de usuarios digitales de 18 millones (reducida por la migración de venezolanos a otros países), pero con posibilidad de oferta de servicios digitales y comercio electrónico. Espectro 5G recientemente licitado para detonar inversiones en redes móviles de nueva generación y servicios empresariales de transformación digital industrial, telemetría petrolera, telemedicina y más, fundamentales para una etapa de reconstrucción venezolana.
En esta nueva etapa puede crecer el interés de inversionistas y los planes de modernización de operadores privados que pueden aportar capital y experiencia técnica, pero es previsible que los desarrolladores chinos de tecnología e infraestructura digital encuentren obstáculos y barreras geopolíticas y comerciales para aportar al nuevo desarrollo y crecimiento de Venezuela.
Hoy, una de las principales debilidades es la calidad de la red rezagada y las velocidades bajas, lo cual afecta la productividad, la transformación digital y la innovación en Venezuela. Actualmente, la infraestructura está envejecida, hay obsolescencia de equipamiento y dificultades para importación de insumos por restricciones cambiarias y el embargo económico.
El riesgo geopolítico no desaparecerá en la nueva situación post Maduro dominada por la administración Trump, sólo cambian las fichas del tablero porque el mandatario de Estados Unidos ya pidió que el gobierno provisional de Venezuela rompa relaciones comerciales con China, Rusia, Irán y Cuba.
En lo político, existe fragmentación institucional e interferencia en decisiones técnicas. El regulador, la Comisión Nacional de Telecomunicaciones, está adscrita directamente al ideologizado Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e Información, creado en 2002 por Hugo Chávez. Sus principales atribuciones son la administración de los medios públicos, la gestión de la información, las relaciones con los medios y el desarrollo de la comunicación popular.
Otra amenaza para los planes petroleros de Trump es la vulnerabilidad de la red ante fallas en el suministro energético, crítico para el soporte de otras infraestructuras como el petróleo y el transporte. Venezuela se hizo famosa por los constantes y prolongados apagones eléctricos.
La reconstrucción del sector petrolero, objetivo central de la administración Trump, no puede desligarse de la modernización de la infraestructura digital. Redes seguras y robustas son necesarias para optimizar operaciones, hacer mantenimiento predictivo, digitalizar cadenas de suministro y habilitar plataformas de comercio y logística que aumenten la eficiencia exportadora.
El despliegue de fibra, transporte de datos y cobertura en sitios remotos de producción petrolera son condiciones previas para que la revitalización del sector hidrocarburos se traduzca en productividad real y no sólo en extracción. Sin modernización digital, las inversiones en producción petrolera enfrentarán cuellos de botella y mayores costos de operación.
La inversión de infraestructura petrolera va de la mano de la infraestructura digital. Se abre la oportunidad de agilizar los procesos regulatorios, adjudicar espectro y acelerar despliegues de 5G en centros urbanos y zonas industriales. La prioridad es estabilizar la cadena de suministro de equipos.
Si convergen inversión privada, normalización de relaciones internacionales y políticas públicas y regulatorias que ofrezcan certidumbre, Venezuela puede experimentar una modernización de redes que respalde la automatización del sector energético y la diversificación económica. La “Venezuela digital” que deja Maduro es un país con déficits estructurales que exigen una estrategia de reconstrucción integral.
Razones
Una relación tóxica
En el Zócalo de la Ciudad de México se regalaban ejemplares del libro de Chávez sobre su revolución. Había dirigentes, como Camilo Valenzuela y muchos otros, que defendían y alababan públicamente al chavismo.
Jorge Fernández Menéndez
Excelsior
La relación del lopezobradorismo con la dictadura venezolana es añeja. Nadie debería asombrarse de que desde la 4T se haga una defensa a ultranza del gobierno de Maduro o que ahora se defienda al caído dictador venezolano, porque México nunca, durante los gobiernos de Morena, denunció ni el fraude electoral de 2024, la detención de opositores, el cierre de medios, las torturas a los presos políticos.
En el libro Calderón presidente (Grijalbo, 2007) contamos en un largo capítulo una historia que refleja los inicios de esa relación tóxica.
“El 5 de septiembre (de 2006), unas horas antes de que ese mismo día el Tribunal Electoral del Poder judicial de la Federación declarara formalmente presidente electo a Felipe Calderón, una joven llegaba al aeropuerto de la Ciudad de México con pasaporte venezolano.
“Las autoridades de migración y de la Policía Federal en el aeropuerto la detuvieron porque no había datos de ingresos anteriores y porque presumían que podría transportar drogas o ser contacto de algún grupo de la delincuencia organizada. Era una detención de rutina… pero la joven en cuestión no era un caso de rutina: se puso muy nerviosa, exigió que no la esculcaran ni que se revisara su equipaje alegando inmunidad diplomática y finalmente terminó pidiendo la intervención de la embajada de su país, Venezuela.
“Hasta allí, continúa el relato, todo era relativamente normal, lo que hizo el caso diferente fue que la joven aseguró que era María Gabriela Chávez, hija del primer matrimonio del presidente Hugo Chávez (la otra hija de ese matrimonio se llama Rosa Virginia), una joven de toda la confianza política de su padre (ella fue, por ejemplo, la única que habló con su padre durante su corta reclusión post golpe y quien organizó la resistencia del chavismo ante el golpe que lo había derrocado en 2001), quien viajaba a México con documentos a nombre de otra persona. Aseguró que venía en una visita privada y que viajaba de esa forma por cuestiones de seguridad.
“Llegaron al aeropuerto las autoridades venezolanas y, después de las consultas pertinentes en Caracas, María Gabriela Chávez fue dejada en libertad. Estuvo en México menos de una semana y, según la información disponible, sin una confirmación oficial, pero según fuentes inobjetables, viajó a un par de puntos de la República Mexicana y se reunió con varios operadores de la coalición Por el Bien de Todos (que era la que respaldó en 2006 la candidatura de López Obrador).
“El hecho fue entendido, desde el poder, como la búsqueda de una comunicación directa del presidente Chávez con López Obrador, siendo Chávez, además, el único mandatario que no reconocía oficialmente el triunfo de Felipe Calderón… Nunca se divulgó públicamente la información para no tensar más la situación política y la relación bilateral con el gobierno de Venezuela, ya sumamente deteriorada”.
Hay más en el libro, pero la relación ya existía desde entonces, incluso en forma mucho más abierta que ahora. Había desde principios de 2000 comités chavistas en varias universidades, incluyendo la UNAM; en las sedes de la coalición y del PRD se daban charlas cotidianas sobre la revolución bolivariana. En el Zócalo de la Ciudad de México se regalaban ejemplares del libro de Chávez sobre su revolución. Había dirigentes, como Camilo Valenzuela y muchos otros, que defendían y alababan públicamente al chavismo, como hasta el día de hoy lo siguen haciendo muchos de los principales integrantes del entorno de López Obrador. En esos días, además, el chavismo estaba en sus horas altas, lejos del desprestigio nacional e internacional en que lo sumió su sucesor, Nicolás Maduro.
Defender a Maduro no tiene nada que ver con la autodeterminación de los pueblos. López Obrador y Morena no han tenido prurito alguno en elogiar a la Cuba de los Castro o criticar al gobierno de Estados Unidos o a todos los que en 2006 reconocieron la victoria de Calderón, e incluso sus aliados del PT son nada más y nada menos que fervientes admiradores del régimen de Corea del Norte, quizás el más dictatorial del mundo contemporáneo, al que no se cansan de colmar de elogios.
La no intervención fue un magnífico instrumento para la Guerra Fría que nunca se aplicó plenamente. México, por ejemplo, en 1973 rompió con el régimen de Pinochet, al tiempo que se alejó todo lo posible de las dictaduras de Argentina, Uruguay y de otros países del continente. En Colombia incluso se apoyó en su momento a las FARC, tanto que tuvieron hasta el gobierno de Calderón una oficina abierta en México, con estatus casi diplomático. En 1979 se intervino abiertamente en Nicaragua, otorgando desde asesoramiento hasta armas al Frente Sandinista para derrocar a Anastasio Somoza. Poco después, junto con Francia, se intervino de lleno en la guerra civil en El Salvador, reconociendo como parte involucrada al Frente Farabundo Martí, lo que fue esencial para lograr, tiempo después, los acuerdos de paz en ese país. O sea que se intervino y mucho.
Es tan ilegítimo el gobierno de Maduro o ahora el de Delcy Rodríguez como en su momento lo fueron el de Pinochet, el de Videla o el de Somoza. Los muertos se cuentan por miles, al igual que los presos políticos, mientras que los exiliados son millones, en un país devastado. ¿No merecía Venezuela tener el mismo tratamiento que, por ejemplo, El Salvador, a principios de los 80, de parte del gobierno mexicano?
Alto mando
No hubo pacto de Maduro, fue traición del Ejército
Miguel Ángel Godínez García
Excelsior
Al dictador Nicolás Maduro no lo derrocó una rebelión popular ni una fractura política visible. Lo entregaron las Fuerzas Armadas venezolanas.
Aunque las autoridades estadunidenses señalan que su captura fue una entrega pactada, la tesis de que fue traicionado cobra sentido al revisar un dato clave: el Ejército venezolano no tuvo reacción ni disparó un solo tiro frente a las fuerzas especiales estadunidenses.
Además, la operación del Comando Sur no fue quirúrgica ni evitó la muerte a 32 militares cubanos, reconocido oficialmente por el gobierno de Miguel Díaz-Canel, aunque portales clandestinos de la isla elevan la cifra a 85 o más.
De haber existido un pacto con Maduro, esos soldados no habrían muerto. No eran tropa ordinaria, formaban parte del anillo de seguridad personal del mandatario venezolano, un cuerpo de élite integrado por coroneles, tenientes coroneles, mayores, capitanes y oficiales cubanos de alto rango.
Maduro desconfiaba profundamente de su propio Ejército. Durante años temió una traición y por eso solicitó a La Habana el envío de militares para protegerlo. Al final, su temor se cumplió.
Maduro y su esposa fueron imputados en Nueva York por narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína, tráfico de armas y uso de dispositivos destructivos contra Estados Unidos. La DEA siguió sus pasos por más de 10 años, por lo que fiscales lo acusan de coordinar narcovuelos entre Venezuela y México cuando fue canciller de Hugo Chávez. Favoreció a integrantes del Cártel Tren de Aragua con pasaportes y visas para ingresar a territorio mexicano y lavar cantidades millonarias de dinero, parte de las cuales habrían terminado en cuentas suizas.
El caso Maduro tiene además de un componente judicial, uno geopolítico, que afecta directamente a nuestro país. Debemos considerar que la caída de Maduro no fue por su condición de dictador; el argumento central fue narcoterrorismo, pero el fondo es el control del petróleo y del hemisferio occidental. Washington buscó impedir que el crudo venezolano llegara a países que considera sus enemigos, como Irán, Rusia, China y Cuba. Por eso detuvo buques tanque frente a las costas de Venezuela.
El siguiente objetivo puede ser Colombia. Aunque Trump haya invitado a Gustavo Petro a platicar, su tono es siempre cambiante y dependerá del presidente colombiano que se modifique la narrativa de complicidad con Maduro.
La lección para México no es menor y no debería ignorarla. Aquí el tema sigue siendo el narcotráfico y el fentanilo, pero vuelve a aparecer el apoyo a Cuba con millones de litros de petróleo, un asunto que se suma a la condena por la detención de Maduro y eso pone al gobierno mexicano en una posición delicada. La respuesta de Trump fue otra advertencia: “Algo se debe hacer con México. Ahí gobiernan los cárteles”.
Nuestro país es fundamental dentro de su estrategia hemisférica, pero también considera que es parte del entramado criminal de Maduro; su gobierno tiene documentada la triangulación del Cártel de los Soles y del Tren de Aragua con los de Sinaloa y el CJNG para introducir droga a su país, además de considerarlos terroristas. Bajo esos argumentos buscará eliminarlos, incluso, tiene información sobre el financiamiento ilícito de campañas electorales de la 4T.
Una intervención militar como la de Venezuela parece descartada, pero la DEA y la CIA pueden operar de manera encubierta. La información obtenida tras la caída de Maduro alimentará los expedientes abiertos. Trump nunca se ha caracterizado por respetar tratados ni sabe de límites legales.
* El informe presentado por Omar García Harfuch, confirma que la coordinación entre el Ejército mexicano, la Marina y la GN está dando resultados concretos en el combate a la inseguridad. Entre octubre de 2024 y diciembre de 2025 se logró el decomiso de más de 318 toneladas de droga, cuatro millones de pastillas de fentanilo, 21 mil 500 armas de fuego y el desmantelamiento de mil 887 laboratorios clandestinos.
DE IMAGINARIA
En las instalaciones militares de Popotla se conmemoró el 45 aniversario del Colegio de Defensa Nacional, el acto estuvo encabezado por el secretario de la Defensa, general Ricardo Trevilla. En su discurso oficial, el Gral. APA DEM, José Ernesto San Román, destacó la aportación del Colegio a la seguridad nacional.
Astillero
Claudia y la izquierda en Latinoamérica // Asumirse como referente // O concentrarse en lo nacional // Trump, sólo limitable por él
Julio Hernández López
La Jornada
La presidenta de México se verá este mismo año colocada ante la disyuntiva de convertirse en un mesurado referente de poder de la izquierda latinoamericana o concentrarse en eludir los riesgos y amenazas constantemente perfilados por Donald Trump contra el gobierno de la llamada Cuarta Transformación.
Las circunstancias colocan a Claudia Sheinbaum Pardo en un escenario difícil para la citada izquierda subcontinental: de las figuras relevantes que tal corriente ha tenido en diversos países, sólo el brasileño Inácio Lula da Silva podría intentar mantenerse en el poder en los comicios generales de octubre del año en curso; en Colombia terminará el periodo de Gustavo Petro, con la incierta posibilidad de que el senador Iván Cepeda dé continuidad al progresismo en las elecciones presidenciales de mayo o en segunda vuelta en junio.
En ambos casos mucho pesará el cantado intervencionismo de Donald Trump, quien ya ha cargado la balanza electoral hacia sus favoritos en las legislativas de Argentina (para ayudar al naufragante Milei), Chile y Honduras, y ahora, envalentonado por su “éxito” en Venezuela, tratará de impedir a toda costa que aspirantes con tonalidades de izquierda lleguen o se mantengan en el poder en otros países.
Sheinbaum ha logrado mantener una política de cesiones en la práctica combinadas con una retórica de aspiraciones soberanas. No es mucho el grado de acción que la realidad le permite, pero, el posible, lo ha ejercido con decoro: mantiene la intención de apoyo a Cuba (frente a una ultraderecha gringa que considera traición a la Casa Blanca toda solidaridad con la isla), se ha negado de manera rotunda a que haya acciones directas de los gringos contra los cárteles mexicanos y, con los cuidados a que el caso obliga, ha expresado rechazo a la invasión de Trump en Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro.
Ayer mismo, por vía telefónica, dialogó con Lula y, según lo que este declaró públicamente, ambos repudiaron “los ataques contra la soberanía venezolana y (…) cualquier visión que pueda implicar la anticuada división del mundo en zonas de influencia”. Dicha versión brasileña del diálogo fue acompañada de una invitación a la mexicana a visitar el gran país sudamericano.
Petro, por su parte, fue invitado a visitar la Casa Blanca luego de una peculiar llamada que sostuvo con Trump. Antes del telefonema, la postura del multimillonario había sido constantemente ofensiva contra el ex guerrillero. Aunque en apariencia hubo distensión, en Washington se mantiene firme el objetivo de que la derecha regrese al poder en Colombia.
Diríase que en el resto de las naciones latinoamericanas pocas son las expectativas de crecimiento o consolidación electoral y de poder de las izquierdas (lo que hay en Nicaragua es una aberración con cierta retórica sin credibilidad, Cuba pareciera encaminada a una crisis acaso terminal para el régimen histórico y los Rodríguez batallan en Venezuela para cumplirle tanto al poder gringo como a las exigencias de congruencia que les hace el chavismo-madurismo).
En ese escenario y sin que ella lo hubiese buscado, a Sheinbaum Pardo podría quedarle la oportunidad de construir una especie de referencia simbólica y, en cierto grado, operativa, de esa izquierda latinoamericana maltrecha o aplicarse a la defensa del territorio propio, sin dar motivos a los abusivos del norte para más golpes de los que ya se han recibido y los que constantemente se anuncian desde oficinas del trumpismo.
Y, mientras The New York Times ha preguntado en entrevista a Trump si existen límites a su poder global y él ha respondido: “Sí, hay una cosa: mi propia moralidad, mi propia mente. Es lo único que puede detenerme (…) No necesito el derecho internacional (…) No busco hacerle daño a nadie”.
México SA
Trump y su cártel de la Casa Blanca // Terrorista, genocida, pirata, racista // Venezuela, el inicio; ¿quién lo frena?
Carlos Fernández-Vega
La Jornada
En su delirio imperial, Donald Trump abiertamente se asume como terrorista, genocida, pirata, secuestrador, totalitario, dictatorial, colonialista, racista y mucho más: destroza todo a su paso, asesina a su propia población, roba, viola las leyes de su país, arrasa con los derechos humanos, desmantela la soberanía de terceras naciones, el derecho internacional se lo pasa por el arco del triunfo y día tras día espolea la tercera guerra mundial, mientras la comunidad global, mayoritariamente silenciosa, cree que recurrir a los decrépitos organismos “multilaterales” –que no sirven para nada– “solucionará las diferencias”. Se repite la historia del Tercer Reich y, como sucedió 93 años atrás –con las consabidas consecuencias–, parece que nadie está dispuesto a ponerle un hasta aquí, ergo, el futuro inmediato de la humanidad está más que cantado.
Venezuela (el más reciente Anschluss de Trump, donde, sin mayor resistencia, ilegalmente ya gobierna el cártel de la Casa Blanca, amén de que éste tiene agarrada de santas partes a la cúpula política de aquel país y debe sobrevivir con las migajas que el imperio les arroje, si es que en realidad lo hace) es sólo el inicio práctico e impúdico de la andanada imperial trumpista, pues en su inventario aparecen, cuando menos, China, Rusia (ambos con capacidad política y militar para contenerla), Cuba, Groenlandia, México, Colombia, Irán, Panamá, Palestina, el bloque europeo y muchos más, sin dejar de lado que descaradamente metió las manos en las elecciones de Honduras, Chile y Argentina para imponer a sus marionetas ultraderechistas Nasry Asfura, José Antonio Kast y Javier Milei, respectivamente, y, de no frenarlo, lo hará en donde se le pegue la gana. Y todavía le restan tres años de estancia en la Casa Blanca.
Sin declaración de guerra, bombardeó, secuestro, robó y asesinó, y por si fuera poco, una vez instalado en el gobierno venezolano, ahora Trump exige a Delcy Rodríguez que rompa relaciones con Cuba, Rusia, China e Irán, y “canalice todos los ingresos petroleros a cuentas bancarias controladas por Washington, adquiera en Estados Unidos todos los productos que necesite y entregue el crudo almacenado existente”. Desde ya, impone, “Venezuela debe ser socio exclusivo de Estados Unidos en la producción de petróleo y favorecerlo cuando venda crudo pesado”. Las decisiones siguen siendo dictadas por el imperio y este “plan”, según dice, “continuará de manera indefinida”.
Eso sí, ahogado el niño las buenas conciencias quieren tapar el hoyo: “el Senado estadunidense aprobó ayer una resolución que prohíbe al presidente Donald Trump tomar más acciones militares contra Venezuela sin autorización del Congreso, allanando el camino para una mayor consideración en la cámara de 100 miembros. La votación sobre una medida de procedimiento para avanzar con la resolución de poderes de guerra fue de 52 a favor y 47 en contra, ya que un puñado de compañeros republicanos de Trump votaron con todos los demócratas a favor de seguir adelante”. Este es el primer paso; la votación decisiva se dará la próxima semana. Obviamente, el magnate naranja calificó de “estupidez” esta decisión, y dijo que los senadores republicanos que la apoyan “deberían avergonzarse por intentar arrebatarnos nuestra capacidad para luchar y defender a Estados Unidos”.
En círculos políticos de Washington se dice que demócratas y algunos republicanos ya cocinan el juicio político ( impeachment) para destituir al cavernícola naranja, pero lo cierto es que esto no aguanta ni un minuto más.
También, como lo hizo Hitler en 1933 (cuando “retiró” a Alemania de la Sociedad de las Naciones, por “obstaculizar nuestros objetivos de política exterior”), hoy el KKK Trump manda a paseo a los organismos internacionales (a los que, de cualquier suerte, siempre se los pasó por el arco del triunfo): “firmó un decreto para el retiro de Estados Unidos de 66 organizaciones, convenciones y tratados internacionales que ‘son contrarios a los intereses del país’, anunció la Casa Blanca. La orden involucra a 31 organismos de la Organización de Naciones Unidas y a 35 entidades no afiliadas a esa institución”.
Entonces, a 93 años de distancia, la única diferencia entre Hitler y Trump es el bigotito.
Las rebanadas del pastel
Gustavo Petro es un hombre inteligente, por lo que debe ser extremadamente cauto en su próxima cita con el cavernícola Trump, porque no vaya a ser que en breve duerma al lado de Nicolás Maduro en prisión gringa. Para eso sirven las videoconferencias, porque no se puede confiar ni un segundo en el imperio.
