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Venezuela: una conquista pendiente de realizarse

La falta de una reacción o de oposición efectiva de parte de los restantes gobiernos puede dar lugar a que Trump, mientras sea presidente, pueda invadir cualquier país y privarlos de sus autoridades legítima o ilegítimamente electas.

Elisur Arteaga Nava

Proceso

Donald Trump, al haber consumado el secuestro de Nicolás Maduro y de su esposa, dio por solucionado el problema que tenía con los gobernantes venezolanos. Supone que la realización de esas detenciones implica la conquista de ese país; que puede imponerle autoridades y condiciones, entre otras, la de disponer de su petróleo, como si de fundos propios se tratara. 

Pudiera tener razón. Él, por virtud de su cargo: presidente de una superpotencia, de la información privilegiada a la que tiene acceso –que no tenemos los mortales comunes y corrientes–, está en posibilidad de afirmarlo y, por razón de su acto de fuerza y de las armas con que cuenta, de llegar a vías de hecho: apoderarse de su riqueza.  

En el pasado así dio por concluido otros problemas: el de Irán, la franja de Gaza, Israel y Ucrania. Entiendo que su acto de conquista no implicó, por ahora, la presencia permanente de tropas norteamericanas en territorio venezolano. Se limitó a imponer autoridades; el tiempo dirá si son títeres y dóciles. El susto y la rapidez con que actuaron los secuestradores dejó estupefactos y aturdidos a los venezolanos, incluyendo a sus autoridades y fuerzas armadas. 

Por el lado de los invadidos, era de suponerse que, ante las amenazas reiteradas de Trump, Nicolás Maduro y su equipo de seguridad tuvieron la previsión de anticiparse a ellos y dar respuesta a los diferentes escenarios a los que, tanto él en lo personal, como Venezuela como país, podían enfrentar. Era de esperarse que tenían previsto: Quién, de manera responsable, convincente y comprometida con su política populista, lo supliría en la presidencia de la república y hacerse cargo de la continuidad del proyecto iniciado por Hugo Chávez. 

Dadas las características del territorio venezolano, quiénes se harían cargo de encabezar y sostener una resistencia prolongada recurriendo, entre otras vías, a la guerra de guerrillas, a la ejecución generalizada de sabotajes en los fundos petroleros e infraestructura: vías de comunicación, en general, puentes, centrales eléctricas y depósitos de combustible; La actuación de ideólogos del partido que, ante su eventual ausencia, defendieran la causa.

Establecer, de manera secreta, en diferentes partes del territorio depósitos de armas, alimentos, explosivos y dinero para proveer a los movimientos armados y de guerrilleros que, en defensa de la llamada revolución bolivariana, pudieran actuar. 

Ante tantas habladas que lanzó a las autoridades de Estados Unidos era de suponerse que contaba con planes A, B, C, D y E, para hacer frente a cualquier eventualidad. 

Y tuvo la precaución de instruir a grupos paramilitares y a líderes para encabezar una oposición prolongada, con el objeto de repeler la agresión, desgastar al invasor y no permitir que un presidente títere estuviera en posibilidad de ejercer su cargo.

Ahora es cuando Maduro y su gente tienen que demostrar de qué madera están hechos, que se excedieron en previsiones y medidas para hacer frente a cualquier eventualidad.

Como se presentan las circunstancias al parecer Maduro demostró no serlo: no estaba maduro, que está tierno o, como se dice en mi tierra: que está atenqui, es decir: verde; incurrió en un error imperdonable: al parecer, él y su esposa dormían en la misma casa al momento de ser capturados.

Aunque es prematuro, en este momento no se ha visto que el adoctrinamiento de sus seguidores haya dado resultados. No se ha hablado de sabotajes y de atentados, tampoco de manifestaciones masivas en defensa de la revolución bolivariana. Maduro, para su seguridad, no confiaba en los soldados venezolanos. Murieron en su defensa decenas de guardias cubanos.

Los altos mandos del ejército; cubanos y venezolanos, no se han repuesto del susto; lo más previsible es que, pese a todas las promesas de fidelidad y de luchar hasta la muerte, ahora que ha llegado el momento de definirse, como buenos militares que son, más busquen acomodo en el nuevo gobierno; y, con el fin de preservar sus privilegios, más estén acordes en aceptar el nuevo estado de cosas que en correr una aventura en defensa de una ideología con las que, a partir del 3 de enero, ya no están de acuerdo. 

Un sabotaje a los fundos petroleros sería suficiente para desalentar a cualquier inversor extranjero y para poner en evidencia que la conquista de Venezuela está muy lejos de haber concluido. 

Con el tiempo, atentados o secuestros selectivos de los posibles inversores o de sus técnicos, pondrían en evidencia que invertir en ese país invadido es un mal negocio. 

Si Maduro, por soberbia, no previó los diferentes escenarios que podían presentarse, fue un irresponsable imperdonable y merece pasar el resto de su vida en prisión y que su supuesta ideología de izquierda sea repudiada.

La falta de respuesta de los venezolanos pondría en evidencia que: El grueso de los venezolanos no estaba de acuerdo con Maduro y con su programa político, económico y de beneficio a las masas. 

Había recurrido al fraude electoral para sostenerse en el Poder. De manera irresponsable no había hecho trabajo de adoctrinamiento.

No había tenido la precaución de establecer células terroristas dormidas que despertaran y actuaran a una señal que se les diera.

La oposición al atentado de parte de las naciones americanas fue escasa; ello es prueba de la impopularidad del depuesto y el temor que suscita el agresor. Nadie rompió relaciones con éste ni se pidió una reunión urgente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Trump ha señalado cuáles son las próximas víctimas: Cuba o México, no importa el orden. El enunciado “América para los americanos” se ha convertido en una realidad permanente e indiscutible.

La falta de una reacción o de oposición efectiva de parte de los restantes gobiernos puede dar lugar a que Trump, mientras sea presidente, pueda invadir cualquier país y privarlos de sus autoridades legítima o ilegítimamente electas.

El concepto soberanía, como cualidad de un Estado, no existe cuando está de por medio un Estado débil. Están a salvo de agresiones las grandes potencias: Rusia, China y la India. El derecho internacional, como disciplina jurídica, ha dejado de existir.

Ante la violación de la soberanía de una nación independiente, no podía faltar una farsa y un farsante: otra salida de AMLO y que una invasión sea otro motivo para que vuelva a hablar. 

Él, al hacer acto de presencia de manera mesurada, pudo haber tenido en mente dos circunstancias: Una, sus antecedentes o precaria situación a la vista de nuestros vecinos.

Dos, las visas de sus hijos. Antes de llegar a vías de hecho y encabezar una oposición generalizada a la invasión norteamericana, seguro pensó: si a los norteamericanos se les ocurre realizar en mi finca una acción parecida a la emprendida contra Maduro y yo sin soldados cubanos que me resguarden, ¿qué hago? ¿Dónde, esos pobres hijos míos, irán a vivir y gastar los pocos centavos que tienen? Concluyó: calladito me veo más bonito. Tiene razón el dicho, que llega a proverbio: no hay loco que coma lumbre.

En defensa de Venezuela AMLO no propuso a los mexicanos algo concreto. Se limitó a seguir su práctica habitual: hablar. En su crítica, que no fue censura y, muchos menos reprobación, contrariamente a lo esperado, hubo prudencia. No invitó a los mexicanos a salir en defensa de Venezuela con las armas en la mano, como recuerdo que lo hizo el general Lázaro Cárdenas en abril de 1961, ante la invasión a Cuba. En ese entonces él, subido en un automóvil, en el Zócalo de la Ciudad de México, frente al viejo edificio del Ayuntamiento, nos invitó a enrolarnos para defender al país invadido. Yo lo oí; yo fui testigo de los hechos y de su discurso. 

Hubo algo concreto: AMLO aumentó otro pretexto para hablar y volver al escenario público: la invasión a Venezuela. Tenemos que acostumbrarnos a que semanalmente vaya agregando otros pretextos para regresar, hasta que, finalmente, recurra a la práctica de establecer una mañanera diaria que corra paralela a la que tiene la presidenta formalmente en funciones. 

Un favor les pediría: que se pongan de acuerdo para que sus mañaneras no se empalmen. Dado a que AMLO es madrugador, le propongo que sus habladas las eche a partir de las cuatro de la mañana y que, sin falta, deje de hablar tres horas después, para dar lugar a la mañanera oficial.

Si Maduro y su esposa cooperan con las autoridades norteamericanas, es de esperarse que reciban sentencias benignas y que, con otra identidad, se queden a vivir entre esos, para él, odiados imperialistas.

Arsenal

¿Quién para a Trump?

Francisco Garfias

Excelsior

No tengo duda de que uno de los principales retos que enfrenta no sólo México, sino el mundo entero, es la “arrogancia imperial” del presidente Donald Trump.

Ya vimos sus alcances en Venezuela, sus amenazas de anexar Groenlandia, su advertencia al presidente de Colombia, Gustavo Petro, de que puede ser el próximo Maduro.

Lo que más repite es que nuestro país está gobernado por cárteles de la droga, que oficialmente han sido declarados “terroristas” en EU.

La medida tiene implicaciones legales, financieras, penales, diplomáticas y hasta militares que no se pueden ignorar.

Ya vimos con Venezuela que lo impensable puede ocurrir. Nadia sabe hasta dónde puede llegar Trump, por más que la presidenta Claudia Sheinbaum diga que “eso no va a ocurrir”.

Dalila Escobar, reportera de Proceso que se distingue del coro de aduladores que asisten a las mañaneras, le hizo ayer a la Presidenta las siguientes preguntas:

¿Su gobierno ha tenido mayor claridad de las implicaciones que tendría que el gobierno de Estados Unidos denominara el fentanilo como “arma de destrucción masiva” y a los cárteles como “terroristas”?

¿Eso no daría elementos al gobierno de Estados Unidos para tener algún tipo de intervención en algunas operaciones que se tengan en el país?

Sheinbaum admitió que sí les da elementos, pero añadió que eso no quiere decir que vaya a ocurrir.

Aprovechó para solicitar que se pusiera en pantalla el agregado que el oficialismo incorporó al artículo 40 de la Constitución: “El pueblo de México, bajo ninguna circunstancia, aceptará intervenciones, intromisiones o cualquier acto desde el extranjero que sea lesivo de la integridad, independencia y soberanía de la Nación, tales como golpes de Estado o la violación del territorio nacional, sea ésta tierra, agua o espacio aéreo…”.

Enseguida manifestó al gobierno de EU su deseo de colaboración para que no llegue droga a ese país, pero con responsabilidad compartida. Es decir, pide que allá se apliquen para evitar la venta de armas de alto poder a grupos delincuenciales mexicanos.

* El año 2026 será especialmente retador para la economía mexicana, pronostica México Evalúa, centro de análisis que se enfoca en la evaluación de la operación gubernamental, en contraste con el optimismo que proyecta el gobierno.

De entrada, sostiene que las finanzas públicas inician el año con una “cuesta de enero” estructural: los ingresos no alcanzan para cubrir los compromisos básicos.

Y da cifras para fundamentar su vaticinio:

El Estado necesitará gastar casi 20 mil millones de pesos diarios, pero recauda alrededor de 18 mil, lo que implica endeudarse, en promedio, 2 mil millones de pesos cada día, sólo para cumplir con lo indispensable.

Entre los principales compromisos destacan el pago de intereses de la deuda, las transferencias a estados y municipios, la nómina del sector público y las pensiones, que crecen más rápido que los intereses de la deuda. A ello se suman los subsidios eléctricos a la CFE, los apoyos crecientes a Pemex y las cuotas de seguridad social del IMSS e ISSSTE.

“El panorama se complica por la desaceleración económica. Si el crecimiento no repunta, las opciones se reducen: más deuda, mayor presión recaudatoria o ajustes difíciles al gasto”, puntualiza.

Luis Rubio, presidente de Mexico Evalúa, escribe:

“México ha padecido una combinación de mal liderazgo y malas decisiones, con consecuencias negativas previsibles. La ausencia de oposición funcional ha permitido a Morena aprobar reformas clave —como la judicial, cambios al amparo y la Ley de Ingresos— sin debate ni evaluación de consecuencias.

“Sin embargo, enfrenta una contradicción central: mientras su agenda político-ideológica debilita la certidumbre jurídica, necesita inversión privada para sostener sus finanzas. Ambos objetivos, hoy, resultan incongruentes”, puntualiza.

* Mientras el gobierno presume una baja de 37% en los homicidios, las cifras que publica hoy Causa en Común cifran en 348 los policías asesinados. Esto representa un incremento de 9% respecto a 2024.

Los cinco estados que concentraron el mayor número de agentes asesinados fueron: Sinaloa, con 48; Guerrero, 39; Guanajuato, 36; Michoacán, 34, y Veracruz, 24. En lo que va del sexenio, del 1 de octubre de 2024 al 31 de diciembre de 2025, se han registrado, al menos, 442 policías eliminados.

* Nos cuentan que el Tribunal Federal de Justicia Administrativa dio ejemplo de cómo la elección de su presidente, que se anunciaba difícil, terminó en el apoyo unánime a José Ramón Amieva, exjefe de Gobierno interino de la CDMX.

En la sesión, celebrada el pasado 5 de enero, el magistrado Víctor Orduña hizo un reconocimiento a quienes hicieron posible la tranquila transición. Mencionó al magistrado Julián Olivas, aspirante con posibilidades “que, con su esfuerzo, su trabajo y su bonhomía, ha permitido que esta transición se lleve a cabo de forma civilizada”.

Rumbo a 2027

Cuando se realizaron elecciones en Venezuela, en julio de 2024, la comunidad internacional —con todo y el derecho existente en la materia— “volteó para otro lado”.

Martín Espinosa

Excelsior

Apenas comienza este 2026 y ya las agendas de los dirigentes de los partidos políticos y de los gobernantes se ubican en 2027, cuando habrán de realizarse las llamadas elecciones intermedias en las que los mexicanos elegiremos 17 nuevos gobernadores, 500 diputaciones federales, 16 alcaldes de la CDMX más otros 680 en el resto del país y mil 088 diputaciones locales, además de la segunda elección del Poder Judicial en la que se elegirá a la mitad de las plazas de jueces y magistrados (mil 700) que no fueron sometidas al voto popular en 2025. El clima social del país se irá calentando paulatinamente conforme avance este nuevo año.

Será la elección más grande en la historia de México.

Para la oposición será un reto lograr la mayoría en el Congreso y comenzar a “dibujar” su hoja de ruta rumbo a las presidenciales de 2030. Para Morena, su mayor desafío será mantener la unidad del movimiento ante la designación de candidaturas que representen lo que tanto han enarbolado: austeridad y honradez en el desempeño del ejercicio público.

Muchos son los factores que incidirán en el proceso que legalmente inicia en septiembre de este año, como lo será la discusión y el debate de la propuesta de reforma electoral del Ejecutivo. Pero hay un ingrediente nuevo que poco veían los políticos en el panorama inmediato del país: la cada vez más creciente presión del gobierno trumpista frente a los acontecimientos con los cuales arrancamos este año: la invasión a Venezuela y la captura de su presidente Nicolás Maduro. Las implicaciones para México están y estarán presentes por mucho tiempo. Y sin duda marcarán el rumbo político del país por más que se recurra al discurso de la soberanía.

Los cambios que experimenta nuestra región latinoamericana representan un “giro geopolítico” de dimensiones impredecibles e incalculables, por si se requiere de mayor incertidumbre. Ello traerá repercusiones inmediatas en los ámbitos político y económico, lo que modifica aún más los escenarios que se habían planteado los especialistas desde el año pasado, T-MEC incluido.

Para los que argumentan cuestiones de “derecho internacional” para rechazar las acciones bélicas estadunidenses a fin de quitar a Maduro del poder en Venezuela, vale la pena destacar que cuando se realizaron elecciones en ese país, en julio de 2024, y ante las pruebas presentadas por la oposición para documentar el triunfo electoral de su candidato Edmundo González, la comunidad internacional —con todo y el derecho existente en la materia— “volteó para otro lado”, haciendo cada vez más inoperante a organismos como la OEA y la ONU, que no tienen ya capacidad de negociación.

El sistema alrededor de Nacionales Unidas, que prevaleció desde fines de la Segunda Guerra Mundial hasta el año pasado, hoy ya no funciona. Pareciera que la historia ha perdido el juicio en este siglo XXI.

DENUNCIAS EN QUINTANA ROO

El sector empresarial de esa entidad, especialmente el dedicado a la Seguridad Privada, comienza el año con una serie de denuncias de extorsión por parte del actual director del Registro y Supervisión de Empresas y Servicios Privados del gobierno estatal, Jaime Ongay Ortiz, quien por cantidades millonarias condiciona la entrega de los permisos a dichas empresas para operar. A aquellos que se niegan a hacer “el pago” se les clausura su negocio. Diversos testimonios llegados a esta columna contienen señalamientos, además del hostigamiento burocrático para presionar a las víctimas. Además del manejo legal y jurídico de los casos existentes, toda vez que ya se presentaron las denuncias correspondientes, los demandantes exigen la intervención del gobierno federal, el cual hasta los primeros días de ese año desconoce la situación que priva en esa parte del sureste del país, aun y cuando el gobierno estatal, conociendo la situación, ha hecho caso omiso a las demandas de los afectados.

Nudo gordiano

Y ahora, ¿a gobernar con los 40 ladrones?

Yuriria Sierra

Excelsior

La captura de Nicolás Maduro por la justicia estadunidense bajo cargos de narcoterrorismo debería marcar un punto de quiebre histórico para Venezuela. En los titulares, pareciera que finalmente el tirano cayó. Pero quien crea que la detención de Ali Babá significa el fin del cuento perverso del chavismo está profundamente equivocado. Porque Donald Trump ha decidido que gobernar con los 40 ladrones es un precio perfectamente aceptable por acceso al petróleo venezolano y a sus codiciadas minas de tierras raras.

María Corina Machado, la líder que resistió persecución, que movilizó a millones, que representaba la esperanza democrática de Venezuela, ha sido relegada al olvido con la misma velocidad con la que Trump cambia de opinión. El retiro implícito del apoyo estadunidense no es un detalle menor: es la confirmación de que, para Washington, la democracia venezolana siempre fue negociable si el precio era correcto. Y ese precio incluye campos petroleros modernizados y acceso privilegiado a litio, coltán y otros minerales.

La juramentación de Delcy Rodríguez como presidenta interina y de su hermano Jorge en el Parlamento no sólo fue tolerada por Trump: fue tácitamente bendecida. Los mismos Rodríguez, que figuran en listas de sanciones, que representan la continuidad perfecta del madurismo sin Maduro, ahora son los interlocutores aceptables de Washington. La lógica es cristalina: mejor hacer negocios con ladrones conocidos que apostar por la incertidumbre democrática.

Y luego está el silencio ensordecedor sobre Diosdado Cabello, el hombre señalado como el verdadero cerebro del narcoestado venezolano, el que controla el aparato represivo. ¿Qué harán con él? ¿Con los generales que convirtieron las Fuerzas Armadas en un cártel? La respuesta es un silencio que habla volúmenes. Éstos son los 40 ladrones que realmente conocen dónde están enterrados los cuerpos. Y Trump parece haber concluido que los necesita para saquear la cueva de forma eficiente.

La versión venezolana del cuento es sórdida: Ali Babá está tras las rejas, pero la cueva permanece intacta, bajo nueva administración indistinguible de la anterior, sólo que ahora con respaldo estadunidense y contratos firmados con empresas de Houston y Silicon Valley. Los venezolanos seguirán emigrando, seguirán sin luz, seguirán viendo cómo su país es saqueado, sólo que ahora el saqueo será tecnológicamente más avanzado.

La ironía amarga es que Maduro en prisión puede ser más útil para perpetuar el sistema que Maduro en Miraflores. Su captura le permite a Trump declarar victoria contra el narcoterrorismo mientras hace negocios con los narcotraficantes que quedan en el poder. Les permite a los Rodríguez y Cabello presentarse como la cara “moderada” del chavismo, dispuesta al diálogo, mientras mantienen intactas las estructuras de represión y corrupción.

Para Venezuela el corto plazo es claro: más de lo mismo, sólo con inversión extranjera y retórica de cambio. Los campos petroleros serán modernizados para maximizar la extracción, no para beneficio del pueblo. Las minas del Arco Minero recibirán tecnología de punta para extraer litio y tierras raras que alimentarán la economía del norte global mientras envenenan ríos y destruyen comunidades indígenas. Y los 40 ladrones seguirán exactamente donde siempre estuvieron: en el poder, con nuevos socios comerciales.

Ali Babá está en prisión, sí. Pero la verdadera pregunta nunca fue qué hacer con un tirano viejo y gastado. La pregunta siempre fue qué hacer con el sistema que creó, con las estructuras que lo sostuvieron, con los miles de cómplices enriquecidos con la miseria de millones. Y la respuesta de Trump parece ser: hacer negocios con ellos. Después de todo, ¿para qué desmantelar una maquinaria perfectamente funcional de extracción de recursos cuando puedes simplemente cambiar de socios?

Venezuela descubre una vez más que su tragedia no termina con la caída de un dictador. Apenas comienza un nuevo capítulo, uno donde los ladrones ya no necesitan esconderse en la cueva porque ahora tienen llave estadunidense. Así de fácil todos tienen ahora la contraseña: “Ábrete sésamo”, sólo que ahora también va en inglés: “Open sesame”.

Astillero

Donald Trump cobra piso // ¿Continuidad negociada? // Nunca hubo cártel de Los Soles // FGR: Ernestina Godoy pone sus piezas

Julio Hernández López

La Jornada

Cual si fuese un cobro de piso, Donald Trump anunció ayer que el gobierno provisional de Venezuela le entregará entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo (sin precisar la periodicidad de ese tributo), de cuya venta él personalmente mantendrá el control y decidirá el destino, según eso, para beneficio tanto de Estados Unidos como del propio país extorsionado.

La evidencia del petróleo como móvil de la acción criminal cometida contra Venezuela y su presidente, Nicolás Maduro, queda de manifiesto con este chantaje satisfecho, según eso, por la condicionada y amenazada presidenta sustituta, Delcy Rodríguez, quien junto con su hermano Jorge, líder de la Asamblea Nacional, mantiene la apariencia de continuidad del chavismo-madurismo, aunque obligado o negociado para cumplir con el saqueo de recursos naturales que desde ya realizan los halcones filibusteros de marca MAGA.

A confesión de parte expoliadora, relevo de pruebas democráticas o justicieras: conforme pasan los días se va cayendo la argumentación con que se pretendió justificar el ataque a Venezuela y Maduro.

Por ejemplo: nunca hubo “cártel de Los Soles”, según ha rectificado silenciosamente el Departamento de Justicia de Estados Unidos, que en el replanteamiento de sus acusaciones contra el sucesor de Hugo Chávez sólo menciona que con tal etiqueta solar sólo se refiere a “una cultura de corrupción en la que las poderosas élites venezolanas se enriquecen mediante el narcotráfico y la protección de sus socios narcotraficantes (…) un sistema clientelar dirigido por los de arriba, conocido como el cártel de Los Soles”.

Y tampoco se cumplió la expectativa largamente acariciada por los opositores a Maduro de que la captura de éste por el mando gringo implicara la colocación en el poder venezolano de Edmundo González Urrutia, el muy manejable candidato presidencial que entró en lugar de la muy ambiciosa Corina Machado, a quien el propio Trump descalificó al señalar que no cuenta con respeto en Venezuela, posponiendo así, o comenzando a desechar, la posibilidad de que ese dueto llegue con cierta fuerza mínima al timón de su país. En el fondo, la ineficacia y debilidad que Washington adjudica a González y Machado implica que no tienen, o acaso nunca tuvieron, el respaldo popular que se le ha atribuido.

En Caracas, la presidenta encargada, Rodríguez, sobrelleva las presiones y chantajes, con cesiones como la anunciada por Trump de entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo, y con posicionamientos evidentemente endebles al asegurar que en Venezuela no hay más poder que el que ella ejerce (“no hay agente externo que gobierne a Venezuela”), mientras Trump ha nombrado una comisión de tres “supervisores” del gobierno sudamericano y, a pregunta periodística respecto a quién finalmente tiene el mando en ese país, aseguró que él.

La presidenta Sheinbaum, en tanto, ha mantenido una narrativa de respaldo a la autodeterminación de Venezuela, contraria a invasiones e intervencionismo, e incluso considerando que es lejana la posibilidad de una acción directa trumpiana en territorio mexicano.

Astillas

La titular de la fiscalía federal, Ernestina Godoy, anunció ayer una batería de nombramientos que, en esencia, desplazan a piezas del engranaje del antecesor, Alejandro Gertz Manero. La mayoría de esas designaciones fueron hechas a favor de miembros que habían sido del equipo de Godoy en la fiscalía de la Ciudad de México… Avanza la intención de dar a conocer en la tercera semana de este mes la propuesta presidencial de reforma electoral y, para afinar detalles, ayer hubo reunión en Palacio Nacional con la comisión correspondiente, que encabeza Pablo Gómez… Falta ver cómo procesarán lo dicho en más de 60 foros organizados para escuchar propuestas respecto a tal reforma, cuyos aspectos más publicitados se refieren a la eliminación o redefinición de los asientos plurinominales y al financiamiento de los partidos…

“La Iglesia”, ¿nada más hay una?

Carlos Martínez García

La Jornada

En el terreno religioso, la sociedad mexicana vive intensas transformaciones, las cuales tienen derivaciones en otras áreas del entramado social. Desde hace un siglo, los cambios en la identidad religiosa de la población, primero imperceptibles y después ya muy evidentes, hacen imposible continuar con inercias analíticas y seguir absolutizando a la religión, todavía, mayoritaria y seguirla presentando como si no existieran otras opciones y creencias que aglutinan a millones de ciudadano(a)s.

En distintos espacios informativos y de opinión todavía hay expresiones como “la Iglesia consideró que…”; “las autoridades de la Iglesia afirman”; o “La Iglesia no está de acuerdo con…”. Los autore(a)s de frases como las anteriores no creen necesario decir que se refieren a la Iglesia católica, porque en su universo semántico nada más hay una y, por lo mismo, hacen a un lado la realidad sociorreligiosa del país, la que no está congelada en una sola identidad, sino en movilidad constante.

En el Censo de 2020 las cifras sobre identidad religiosa reconfirmaron la tendencia sobre que lo(a)s mexicano(a)s ensancharon el abanico de opciones con que han decidido dar cauce a sus inquietudes/necesidades espirituales. Entre 2000 y 2010 el catolicismo mexicano declinó cuatro puntos porcentuales: pasó de 88 a 83. Fue la baja porcentual más pronunciada desde 1930. En 2020 disminuyó el porcentaje de quienes se identificaron como católicos: 77.7 por ciento. En dos décadas el catolicismo decreció poco más de 10 por ciento, ritmo de disminución que no había experimentado antes.

Entre 1930 y 1970, el país rebasaba 90 por ciento de población católica. En el primer año fue de 98.3 y en el segundo 91.2. Un descenso importante ocurrió en la década de 1970, ya que en el Censo de 1980 el porcentaje de católicos disminuyó a 89 por ciento. En 2020 sólo dos estados superaron 90 por ciento de población católica: Zacatecas (92) y Guanajuato (91). En contraparte, Chiapas posee el menor porcentaje de población católica del país (54) y de cerca le sigue Quintana Roo (55). Las comparaciones porcentuales deben ser analizadas para comprender por qué Zacatecas y Guanajuato son las entidades más católicas, mientras Chiapas y Quintana Roo son las menos.

Después del catolicismo como preferencia de la población, en términos porcentuales, está el protestantismo/cristianismo evangélico. En 1930 los protestantes/evangélicos representaron tres cuartas partes de un punto porcentual (.75). En 1980 el porcentaje fue de 3.29; en 2000 alcanzó 5.7 y una década después 8 por ciento. En el Censo de 2020 la población que respondió ser evangélica/protestante ascendió a 11.2 por ciento. Al realizar readscripciones que el diseño del Censo coloca en otras posibilidades de responder sobre preferencia religiosa, es probable que el porcentaje de quienes son integrantes del abanico que caracteriza al mundo protestante y evangélico (mayormente pentecostal) sea de 15 por ciento, tal vez más.

Mientras la media protestante/evangélica en México es de 11.2 por ciento, hay entidades en que el número casi se triplica, como en Chiapas, que reporta tener 32 por ciento. Le siguen Tabasco (27 por ciento), Campeche (24), Quintana Roo (21) y Tamaulipas (17). Desde el Censo de 1980 el quinto lugar de mayor porcentaje protestante/evangélico le había correspondido a Yucatán. Ahora dicho peldaño es ocupado por Tamaulipas. Además, es importante apuntar que en el Censo más reciente 8.1 por ciento respondió no tener religión, en tanto 2.5 dijo ser creyente, pero sin adscripción religiosa.

La Ley de Libertad de Cultos de Benito Juárez (4 de diciembre de 1860) posibilitó la emergencia legal de pequeños núcleos protestantes/evangélicos ya existentes en México. Juárez no fue el causante de la llegada del protestantismo al país, como erróneamente se ha sostenido desde distintos lugares. La presencia organizada del cristianismo evangélico data de hace más de siglo y medio; sin embargo, es frecuente que críticos de derecha o de izquierda a estas alturas sigan señalando su ajenidad a la que denominan idiosincrasia mexicana. Allí quedan las vociferaciones de altos clérigos católicos que han etiquetado a los protestantes/evangélicos de lobos rapaces, moscas a las que es necesario ahuyentar a periodicazos, herejes y otros epítetos.

Las cifras de los censos de población de las últimas cuatro décadas indican la sostenida disminución del catolicismo. Tal realidad ha sido interpretada como aumento de la “descatolización” entre nosotros. Habría que matizar la expresión con investigaciones que muestran la independencia valorativa de la ciudadanía que se asume como católica y, sin embargo, no sigue las directrices éticas/morales de la institución religiosa a la que dice pertenecer. Incluso cuando el porcentaje de católicos rebasaba 90, otros indicadores señalaban que el catolicismo era más nominal que normativo en la vida cotidiana de los creyentes. ¿Se puede hablar de “descatolización” cuando en la práctica la mayoría tiene exigua relación con la Iglesia católica y, por tanto, vínculos muy débiles con las enseñanzas de la misma?

En términos de diversificación religiosa se hace indispensable cambiar los moldes mentales, esto para percibir que nos encontramos muy lejos de los tiempos en que hablar de “la” Iglesia tenía alguna validez.

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