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Alto mando

Tren Interoceánico, entre corrupción y atentado

Miguel Ángel Godínez García

Excelsior

2025 no fue un año sencillo para la presidenta Claudia Sheinbaum. Comenzó bajo la presión externa de Donald Trump y sus amenazas arancelarias, y cerró con una tragedia. El pasado 28 de diciembre, el Tren Interoceánico se salió de las vías cerca de Nizanda, Oaxaca, al tomar una curva en el tramo que conecta Salina Cruz con Coatzacoalcos. Viajaban unas 250 personas. 14 murieron y al menos 98 resultaron heridas.

La Presidenta exigió una indagatoria a fondo, rigurosa y transparente. La FGR, encabezada por Ernestina Godoy, abrió de inmediato la investigación. Se entrevistó a tripulación y sobrevivientes. Se analiza la caja negra y se ha prometido llamar a declarar a quien sea necesario. La pregunta es si esa exigencia resistirá cuando la investigación comience a tocar intereses, nombres y decisiones heredadas del sexenio anterior.

El Tren Interoceánico es una obra emblemática, aunque no de este gobierno. Es una herencia de la administración de López Obrador y, con ella, se heredaron advertencias técnicas ignoradas, observaciones de la ASF y señalamientos de corrupción que nunca fueron atendidos. En la Cuenta Pública 2023, la ASF alertó sobre deficiencias en la corrección de curvaturas y pendientes en el tramo Coatzacoalcos-Salina Cruz, identificado desde el propio proyecto como técnicamente complejo por sus condiciones topográficas. Las alertas fueron minimizadas. En ese contexto aparece el nombre de Gonzalo López Beltrán. El hijo del expresidente fue nombrado por el mismo López Obrador como supervisor honorífico del proyecto, pese a señalamientos de influyentismo y corrupción, particularmente en la venta de balasto, un componente clave para la estabilidad de las vías. ¿De verdad se investigará su responsabilidad, como la de amigos como Amílcar Olán y operadores del círculo cercano al expresidente, o volverá a imponerse un silencio cómplice?

El caso se vuelve aún más delicado por un evidente conflicto de interés. El almirante Raymundo Pedro Morales, hoy secretario de Marina, fue director general del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec. Pasó a encabezar la misma dependencia que construyó, supervisa, opera y ahora evalúa el Tren Interoceánico y la infraestructura logística que él mismo dirigió. Pese a ello, ha prometido rigor en la investigación y credibilidad en el dictamen. A la par de las indagatorias de la FGR, en el lugar del descarrilamiento elementos del Ejército y Marina resguardan la zona; ingenieros militares revisan rieles, durmientes y balasto; utilizan drones para crear modelos tridimensionales del accidente y toman muestras del suelo ante un posible hundimiento de la vía. Incluso se analiza la hipótesis de un atentado, posibilidad que no puede descartarse en un país donde el crimen organizado ya ha intentado descarrilar trenes, como ha ocurrido recientemente en Guanajuato.

No se descarta el sabotaje. El dictamen de las FA será determinante, no sólo por las víctimas, sino porque el Tren Interoceánico es un activo estratégico para el gobierno de Claudia Sheinbaum, lo mismo para comercio nacional e internacional.  Sin embargo, si se descarta un atentado, la responsabilidad política permanecerá intacta. Para Sheinbaum, este caso representa un reto. No puede refugiarse en la herencia ni en el discurso de continuidad. Si la FGR no llega al fondo y no toca a los intocables, el descarrilamiento no será sólo ferroviario: será político. La diferencia entre un accidente y un encubrimiento marcará su sexenio. Por lo que toca a la Marina, las funciones de carácter civil deben ser asumidas por instituciones especializadas y conducidas por los civiles, es injusto que se siga exponiendo la Semar al asumir responsabilidades ajenas a su naturaleza. Ésta es otra herencia del lopezobradorismo.

*Donald Trump informó sobre un primer ataque de las fuerzas del Comando Sur en territorio venezolano contra el cártel Tren de Aragua, mientras en México la violencia generada por los cárteles JNG y Sinaloa no da tregua. La intervención de EU en Venezuela es un mensaje al gobierno de Sheinbaum.

De Imaginaria

El Ejército no descansa en Navidad ni Año Nuevo. En Sinaloa destruyó laboratorios clandestinos de metanfetaminas y fentanilo. En Chiapas decomisó a la delincuencia organizada vehículos similares a los usados por las Fuerzas Armadas y en Michoacán desactivó minas terrestres.

Abro hilo

Asegurar trenes y otros propósitos de Año Nuevo

Marcela Vázquez Garza

Excelsior

Los rituales importan, también en lo social y político.

Es difícil escribir de política el primer día del año. No por que falten temas, sino porque sobra una expectativa: la de empezar con optimismo, con propósitos, con el “ahora sí” que parece obligatorio cada 1 de enero. Es incómodo no querer ser aguafiestas ni derrotista, pero tampoco ingenua. Más incómodo aún asumir que, en un país como el nuestro, el realismo suele confundirse con negatividad. Se trata de un problema político. Hay días en los que el calendario promete lo que la realidad no está en condiciones de sostener.

El inicio de año suele venir acompañado de balances y propósitos. Hacemos recuentos: qué dejamos atrás, qué salió mal, qué esperamos corregir ahora. En política ocurre lo mismo. Se enumeran resultados, se señalan problemas, se formulan nuevas metas. Pero el balance nunca es neutro, y tampoco lo son los propósitos. Ambos revelan el tipo de lectura que hacemos de nuestros propios fracasos. El descarrilamiento del Tren Interoceánico hace apenas unos días —el sexto incidente grave en estas vías— funciona como metáfora del modo en que cerramos el año. Ocurrió nueve días después de que la licitación para el seguro de pasajeros 2026 quedara desierta. Aseguradoras, cuyo negocio consiste en cuantificar riesgos, evaluaron las condiciones del tren y rechazaron participar. Catorce personas perdieron la vida. Así terminó 2025. Y lo verdaderamente inquietante no es sólo cómo cerró el año, sino la certeza de que arrancaremos 2026 sin haber alterado las condiciones que hicieron posible ese cierre. Así, año tras año, repetimos el mismo ritual, prometiendo corregir consecuencias sin interrogar los mecanismos que las producen.

Quizá por eso los propósitos funcionan tan bien. Suelen, si bien no en todos los casos, desplazar el problema sin cuestionarlo. Nos invitan a pensar que el cambio depende de voluntad, de disciplina o de intención, cuando en realidad lo que se mantiene intacto son las estructuras que organizan el daño. El “ahora sí”, lo “nuevo”, la idea de empezar de cero, operan como una forma de anestesia política. Permiten volver a arrancar sin tocar los incentivos, sin alterar las inercias, sin cuestionar las condiciones que hacen que el balance del próximo año se parezca tanto al anterior. Cambia el calendario, se renueva el discurso, pero lo viejo permanece. Cada administración llega con su narrativa de ruptura; cada una termina administrando la continuidad del desastre.

El verdadero problema no radica en nuestra incapacidad para detenernos, sino en la facilidad con la que sabemos volver a arrancar exactamente como antes, sin interrogar lo que permitió el desastre previo. Un sistema que normaliza la violencia y la precariedad también premia la continuidad; seguir funcionando, adaptarse, resistir sin cuestionar. Incluso cuando hay avances puntuales o se cumplen ciertos propósitos, la experiencia cotidiana del país suele permanecer intacta. Es el arranque acrítico lo que reproduce la enfermedad.

Nada de esto implica despreciar el sentido simbólico del Año Nuevo ni burlarse de la esperanza que lo acompaña. Los rituales importan, también en lo social y en lo político. Pero quizá el error esté en pensar que este día se trata de sumar promesas, cuando lo urgente sería aprender a restar. Tal vez, más que preguntarnos qué queremos lograr, deberíamos preguntarnos qué ya no estamos dispuestos a aceptar: la anestesia frente a la violencia, la normalización del desastre, el supuesto de la corrupción como ontología del mexicano, la idea de que 95% de impunidad es el precio inevitable de la gobernabilidad, de que 30 mil homicidios al año constituyen el costo natural de las cosas, de que podemos poner en operación infraestructura que el mercado ya calificó como inaceptable y llamar a eso progreso. Escribir de política el 1 de enero es incómodo, pero quizá por eso mismo sea necesario, para recordar que cambiar de año no basta cuando lo verdaderamente difícil es dejar atrás aquello que aprendimos a tolerar.

La autoridad se descarrila

Lo más probable es que todo termine en la impunidad o, en el mejor de los casos, en el castigo a los empleados de más bajo nivel, pues hasta ahora los gobiernos de Morena no han mostrado voluntad para castigar a los suyos si violan la ley.

Humberto Musacchio

Excelsior

Los accidentes son imprevistos, pero cuando las desgracias ocurren por algo que se veía venir, entonces estamos ante casos de imprevisión, errores, incompetencia o, lo que es peor, corrupción.

A varios de esos factores, o a todos, se debe lo ocurrido al Ferrocarril Interoceánico, orgullo de la presuntuosa inconsciencia cuatrotera, pues resulta obvio que la obra se echó a andar sin los suficientes y necesarios estudios debido a las urgencias políticas.

Los errores son evitables cuando la supervisión es inexistente, escasa o sin la necesaria calificación, como todo indica que lo fue, pues el expresidente López Obrador se la encargó a su hijito, quien es por completo ajeno a esas tareas técnicas y a otras que ni siquiera requieren preparación.

La incompetencia se refiere a la ignorancia especializada en cierto tema o a la de quien posea un respetable nivel técnico, pero no el adecuado para una obra determinada. Por ejemplo, sería absurdo encargar la elaboración de barcos a un eficiente piloto de aviación. Algo así ocurrió al asignar la construcción del ferrocarril transoceánico ¡a la Marina!

Por supuesto, no es la primera obra que se encomienda a una corporación que tiene otras funciones. En el sexenio pasado, un injustificado temor al golpe de Estado llevó a favorecer con obras y otras prebendas a los cuerpos militares de tierra, mar y aire. El resultado está a la vista: se entregaron las aduanas a los uniformados, pero eso no ha impedido el tráfico de huachicol ni el contrabando de múltiples productos.

En el caso que nos ocupa, hubo desde luego imprevisión al ignorar los previsibles resultados, pero de acuerdo con la información difundida en los medios, estamos ante un funesto acontecimiento debido sobre todo a la corrupción.

En estos tristes días se ha publicado una conversación entre dos contratistas del multicitado ferrocarril, presumiblemente emparentados con la familia de López Obrador, quienes aceptan sin rodeos su culpa, pues uno le dice al otro que debe pagar la mordida o mochada necesaria para que se autorice el empleo de durmientes que no cumplen con las especificaciones. Se trata de salir del paso a como dé lugar, para cobrar los dinerales imaginables, total, “ya cuando se descarrile el tren va a ser otro pedo”, le dice uno al otro de los dialogantes.

Por desgracia, ya estamos en eso que en su florido lenguaje, el contratista considera estar “en otro pedo”. Ya hay 13 muertos y un centenar de heridos, familias enteras que han perdido a sus seres queridos, en algunos casos seres que han quedado en la indefensión, una mezcla de tristeza y horror.

Como en otros casos ocurridos bajo los gobiernos cuatroteros, lo más probable es que todo termine en la impunidad o, en el mejor de los casos, en el castigo a los empleados de más bajo nivel, pues hasta ahora los gobiernos de Morena no han mostrado voluntad para castigar a los suyos si violan la ley. Y si alguien lo duda, que le pregunta a Gerardo Fernández Noroña quien pompó el caserón de Tepoztlán que cuesta 12 millones de pesos. O bien, le revise las cuentas de Adán Augusto López Hernández, el opulento líder del Senado, quien percibió la friolera de 74 millones de pesos en un año, y sin sacarse la lotería.

Ahogado el niño, a tapar el pozo, es la consigna de quienes construyen agujeros en los que alguien acabará por caer. Después del siniestro, se anuncia el pago de indemnizaciones a la familia de los muertos y —esperemos— de quienes resultaron con lesiones irreparables. Sí, aunque eso no devuelve la vida a las víctimas funestas ni necesariamente la salud a los sobrevivientes.

Astillero

2026 y la 4T: dos escenarios // Morena: unidad y ¿cambios? // Trump: amago persistente // Reto: elecciones intermedias

Julio Hernández López

La Jornada

El año que ha iniciado entraña retos mayores para la presidenta de nuestro país, Claudia Sheinbaum Pardo, y el proceso denominado Cuarta Transformación.

Sombras, contradicciones, tironeos internos, riesgos de divisiones y una persistente presión trumpiana que se va sobrellevando mediante ofrendas incesantes, justo cuando se ha acumulado un enorme poder institucional en una sola corriente política (algo parecido a lo que mediante imposiciones tuvo el Partido Revolucionario Institucional durante décadas, aunque sin la legitimidad electoral de Morena).

Una parte importante de la imprecisión o disonancia en el aparato guinda de poder proviene del anómalo hecho de que la actual Presidencia de la República mantiene, por acuerdos previos a la elección de 2024 e incluso por decisiones propias, muy vigorosa la presencia del jefe político oficialmente en el retiro, ahora alojado en Palenque.

Es probable que una de las decisiones necesarias de Sheinbaum en este año naciente esté relacionada con la toma plena y explícita del timón político y administrativo, sin rupturas pero sin dudas, mucho menos retos de algunos de las subsistentes piezas del tinglado anterior que ahora le juegan no tan discretamente las contras (no sólo en el terreno legislativo, con el bloqueo o “corrección” a las iniciativas presidenciales, sobre todo en cuanto al nepotismo, con los intentos de sucesiones familiares en Zacatecas, Guerrero y San Luis Potosí como abiertos desafíos a Palacio Nacional).

La presidenta de la República también necesitaría revisar los términos en que está ejerciendo uno de sus instrumentos centrales de maniobrabilidad política, la conferencia de prensa conocida como la mañanera.

Son demasiadas las ocasiones en que recurre al expediente simple de subrayar que señalamientos o denuncias precisas se “revisarán” o serán “atendidas” por la burocracia correspondiente, restando al ejercicio matutino el sentido ejecutivo, si no resolutivo cuando menos más imperativo, que podría esperarse ante temas críticos.

En tal contexto interno difícil, con crecientes exigencias sociales y una menor disponibilidad presupuestal, con notables índices presidenciales de popularidad pero, al mismo tiempo, una incesante labor opositora de erosión, e incluso con un panorama internacional latinoamericano que va cargándose hacia la derecha en las sillas presidenciales, la presidenta Sheinbaum Pardo y la llamada 4T están sujetos a los correspondientes planes de expansión conservadora del estadunidense Donald Trump.

México ha eludido los disparos de precisión de los aranceles mediante la adhesión al esquema trumpista que reclama a América toda para Estados Unidos, con exclusión explícita de China; además, ha cumplido con la exigencia de frenar flujos migratorios hacia el país vecino y se ha opuesto sólo en el discurso a la agresión gringa de migrantes ya asentados allá; en el terreno de la “guerra” al crimen organizado ha cedido a las pretensiones de Washington, restaurando la relación con agencias como la DEA, y cumpliendo con cuotas de detenciones, confrontaciones y desmantelamiento de grupos delictivos importantes, sobre todo sinaloenses.

Y, sin embargo, el proyecto trumpista de mayor control de México se mueve. La mira del comedor compulsivo de hamburguesas de McDonalds está puesta actualmente en otros escenarios, algunos concretamente bélicos y otros en los que ha mostrado abierto intervencionismo electoral, pero llegará el momento (las elecciones intermedias) en que el trumpismo intentará influir en México.

Una pieza menor se ha retirado, el neocristero cinematográfico Eduardo Verástegui, que ya no intentará construir un partido político, pero queda Ricardo Salinas Pliego como posible aspirante presidencial o como eje impulsor de alguna candidatura propicia a los intereses de Estados Unidos.

Y, mientras ha iniciado su periodo el socialista democrático Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York, ¡feliz Año Nuevo a los lectores de esta columna.

Reflexiones sobre 2025: un llamado a la participación

Simón Vargas*

La Jornada

Esta es la primera publicación de 2026, y he de reconocer que me invaden sentimientos como la nostalgia por un año más y la preocupación por temas pendientes y que estoy convencido seguirán siendo situaciones críticas a lo largo de los siguientes meses.

En particular, la situación de Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump ha tenido repercusiones directas en México, complicando las relaciones bilaterales de manera inédita. Amenazas puntuales de invasión, operaciones contra el narcotráfico y narcoterrorismo aranceles persistentes y la deuda hídrica han convertido la relación en un punto de inestabilidad, mientras que en el ámbito global, guerras, avances tecnológicos y levantamientos juveniles pintan un cuadro de incertidumbre. En medio de este caos, surge la necesidad imperiosa de tomar definiciones profundas en la relación bilateral además de cultivar la unidad nacional con respeto, amor al prójimo y empatía como antídotos a la erosión social.

Comencemos por el eje México-Estados Unidos, que ha dominado las noticias regionales. Trump, fiel a su retórica agresiva, ha reiterado en múltiples ocasiones su disposición a intervenir en territorio mexicano si no se controla el flujo de drogas y si no se ataca seriamente a las organizaciones criminales. En discursos y ruedas de prensa, ha declarado que “no dudaría” en lanzar operaciones militares unilaterales contra cárteles del narcotráfico, argumentando que representan una amenaza directa a la seguridad nacional estadunidense.

Estas declaraciones han escalado las tensiones, con despliegues de tropas en la frontera sur que han sido interpretados como provocaciones. A esto se suman los aranceles persistentes sobre importaciones mexicanas, impuestos bajo el pretexto de desequilibrios comerciales, que han afectado industrias como la automotriz y la agrícola, el acero y el alumnio, generando pérdidas millonarias y desempleo en ambos lados.

El panorama se complica aún más con la deuda hídrica: México ha luchado por cumplir con los tratados del Río Colorado y el Río Bravo, exacerbados por sequías prolongadas. En 2025, disputas diplomáticas han llegado a instancias internacionales, con Washington exigiendo compensaciones que México considera poco justas, amenazando con represalias hídricas que podrían devastar el norte del país. Esta situación no sólo es económica, sino humanitaria, afectando comunidades enteras y alimentando un resentimiento mutuo que erosiona décadas de cooperación.

Extendiendo la mirada, las acciones de Trump han reverberado en América Latina. El despliegue de armamento naval cerca de Venezuela, justificado como una medida contra el narcoterrorismo, ha incrementado las tensiones con Colombia, Cuba y hasta China. Este año también ha visto el resurgimiento de la derecha en diversas naciones, apoyada explícitamente por Trump: desde victorias electorales en Argentina, Ecuador y Brasil hasta coaliciones en Europa del Este, donde líderes han emulado su modelo de nacionalismo y proteccionismo.

En el plano internacional, las guerras han continuado su devastación; el conflicto entre Ucrania y Rusia entró en su cuarto año y ha dejado a miles de civiles desplazados y una crisis energética global que ha elevado precios de combustibles. Paralelamente, la guerra entre Israel y Gaza ha alcanzado niveles de destrucción sin precedentes, con bombardeos que han dejado lugares enteros en ruinas y una crisis humanitaria que afecta a millones, exacerbada por bloqueos y escasez de ayuda.

Los eventos climáticos han agravado estas crisis. En México, huracanes intensos en el Pacífico y sequías en el centro han desplazado poblaciones y destruido cultivos, sumándose a inundaciones globales en Asia y Europa que han incrementado la migración forzada. El cambio climático, con temperaturas récord y fenómenos extremos, se ha vuelto una situación crítica, pero la atención internacional parece insuficiente: cumbres como la COP30 han terminado en promesas vacías, priorizando intereses económicos sobre acciones concretas, lo que ha profundizado desigualdades en países vulnerables.

Otro tema preocupante es la violencia contra las religiones, destacando la católica. En Nigeria, Libia y Yemen, ataques a iglesias y sacerdotes han aumentado, motivados por extremismos y conflictos étnicos, dejando cientos de víctimas. México no queda exento: el asesinato de clérigos en estados como Guerrero y Michoacán ha crecido, ligado al crimen organizado, convirtiendo la fe en un blanco de intolerancia que amenaza la cohesión social.

En paralelo, la generación z ha emergido como fuerza transformadora. Levantamientos en Asia, África y América Latina contra la corrupción y la desigualdad han derrocado líderes en Nepal y Madagascar, con protestas virales que demuestran el poder juvenil en redes sociales, demandando justicia y equidad.

En este contexto, la reflexión central debe girar en torno a la importancia de trabajar con respeto, amor al prójimo y cultivar la empatía. En sociedades en crisis, la empatía fomenta resiliencia; debemos educar desde la infancia, promoviendo interacciones interculturales y servicio comunitario para construir puentes en lugar de muros.

Es crucial trabajar en ámbitos personales, fortaleciendo valores como la honestidad y la solidaridad, antes de involucrarnos en temas sociales y políticos. Hoy se necesitan líderes empáticos, capaces de priorizar el bien común sobre intereses propios, guiando naciones hacia la reconciliación.

Muchas gracias querido lector, por dedicarle un poco de tu tiempo a mis comentarios.

Seguiremos presentes en 2026 ¡Buen y bendecido año!

* Consultor en temas de seguridad,inteligencia, educación, religión,justicia y política.

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