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Netflix, Paramount y Warner: innovación vs. Tradición

La compra de Warner Bros. por Netflix, la contrapropuesta de Paramount y los siguientes movimientos inauguran una nueva fase del entretenimiento. Sobre el tablero están la innovación tecnológica representada por el streaming o el contenido tradicional de las pantallas de cine y televisión.

Jorge Bravo

Proceso

La noticia sacude los cimientos de la industria audiovisual y pone en alerta la innovación y la tradición. Netflix, la plataforma que transformó el consumo global del entretenimiento, anunció la adquisición de Warner Bros. (incluido HBO) en una operación por 82.7 mil millones de dólares. El movimiento permite que la presa devore al depredador; una empresa nativa de internet compra a una productora centenaria y líder en franquicias y filmografía.

Warner Bros. ofrece a Netflix aquello que la compañía de internet siempre aspiró tener: el acceso pleno sobre los contenidos y las audiencias de HBO y franquicias emblemáticas. Durante años, HBO representó el contenido premium al cual Netflix nunca accedió de forma exclusiva. Con la operación, Netflix apuntalaría su catálogo con activos como la biblioteca de HBO, la propiedad intelectual de DC Comics, la saga de Harry Potter (el universo de Wizarding World), Game of Thrones y otras marcas globales que enriquecen la propuesta de valor para los suscriptores de Netflix.

Pero Paramount lanzó una contraoferta superior por 108.4 billones de dólares en efectivo por Warner Bros. Discovery. Argumenta que su propuesta ofrece mayor certeza a los accionistas y un camino regulatorio más corto. La puja de Paramount es, en términos de consolidación, una alternativa clásica: efectivo, integración de redes lineales y una retórica pro salas de cines que contrarresta la propuesta y el modelo tecnológico de Netflix. El choque de ofertas redefine la competencia por precio, por modelo de negocio y tiempo de ejecución.

¿Qué está en juego para la industria del cine y el streaming? Primero, la concentración de bibliotecas, derechos de autor y propiedad intelectual. El acceso permanente a títulos de alto valor reduce la dependencia de acuerdos de licencia y crea economías de escala en producción, distribución y mercadotecnia.

Segundo, la integración vertical entre plataforma y estudio altera los incentivos sobre ventanas de estreno y políticas de exhibición. Para cines y distribuidores tradicionales, la operación genera incertidumbre sobre ventanas cinematográficas y la rentabilidad del circuito. Gremios de la industria, voces políticas y críticos expresan problemas de competencia y por el futuro del empleo creativo.

La adquisición de MGM por Amazon en 2021 es el precedente más instructivo. Amazon compró una biblioteca icónica (incluidas las películas de James Bond) por 8.45 mil mdd con la intención de alimentar Prime Video y su ecosistema. La operación MGM-Amazon tiene varias lecciones útiles ahora.

Una, la adquisición de un estudio aporta ventajas estratégicas inmediatas, pero impone desafíos de integración y gestión de expectativas creativas. Dos, los reguladores (incluida la Unión Europea) pueden aprobar fusiones de este tipo cuando se demuestra que no entorpecen la competencia en mercados relevantes. Tres, la valoración del catálogo y la articulación con la estrategia comercial determinan el retorno real de la inversión.

Las dos ofertas por Warner Bros. tienen escenarios contrastantes. Para Netflix, adquirir Warner fortalece su liderazgo global, amplía su portafolio de franquicias y facilita la inversión en producción local mediante economías de escala en financiamiento y tecnología. Netflix puede acelerar la producción local y financiar proyectos con mayor ambición. En mercados como América Latina significaría más series y películas y oportunidades de talento locales con presupuesto competitivo.

De hecho, Netflix anunció inversiones en México por 1,000 mdd durante los próximos cuatro años, lo cual refuerza su argumento sobre capacidad de producción local.

Para Paramount, la compra de Warner Bros. representa la consolidación de un gigante de contenido tradicional. Su enfoque es preservar las ventanas cinematográficas, reforzar redes de televisión y fortalecer una plataforma competitiva sobre la base de marcas históricas. En su oferta, Paramount enfatiza la certeza monetaria para los accionistas y la preservación del ecosistema cinematográfico. Su mensaje conservador busca preservar el statu quo concentrándolo. Es una apuesta por lo tradicional como ventaja competitiva frente a la innovación tecnológica de Netflix.

Desde la perspectiva del consumidor, siempre existen beneficios y riesgos. Una ventaja clara son más catálogos integrados, suscripciones más atractivas y precios competitivos. Riesgos: menor diversidad reduce el pluralismo creativo y encarece el mercado si la concentración restringe la oferta.

La decisión de los reguladores debe balancear eficiencia económica y bienestar del público. Los criterios prudentes incluyen impacto en competencia global de SVOD (participación de mercado), condiciones de acceso para terceros distribuidores, protecciones para salas de exhibición y salvaguardas para la remuneración de talento.

El modelo de Netflix es singular. Su ventaja no reside sólo en el catálogo, sino en la experiencia de usuario, en los algoritmos de recomendación y la capacidad de escalar producción a nivel global. Las empresas de contenido han intentado replicar dicho modelo sin éxito pleno. Resulta paradójico que Netflix pase de ser el jugador disruptivo al comprador de una gran productora tradicional, pero con contenidos y franquicias de alto valor.

Si la operación prospera para Netflix, la nueva etapa combinará tecnología, escala y propiedad intelectual. Para América Latina es una oportunidad porque significa mayor inversión y presencia creativa, siempre y cuando las condiciones regulatorias y de mercado preserven pluralidad y competencia.

Si la ambición se apodera de los accionistas de Warner Bros. y triunfa la oferta conservadora de Paramount, Netflix enfrentaría la mayor frustración estratégica de su historia, pero no se quedaría inmóvil. Un movimiento de ese tamaño rompe el equilibrio del sector y obligaría a Netflix a buscar otra adquisición.

La opción más lógica por tamaño, precio y estrategia es Lionsgate, que posee franquicias como John Wick, The Hunger Games o The Expendables. Desde hace años circulan versiones de venta y la empresa ha expresado su disposición a escindir activos.

Adquirir Sony sería un golpe maestro si fuera negociable, porque carece de un servicio global de streaming y ha seguido una estrategia distribuida al licenciar contenido a múltiples plataformas. En los últimos años ha reforzado su relación con Netflix con acuerdos de ventana exclusiva en Estados Unidos.

Existen otras probabilidades limitadas como NBCUniversal (Minions, Jurassic Park, Fast & Furious, Back to the Future), AMC Networks (The Walking Dead, Better Call Saul Mad Men), A24 o Skydance Media (Misión imposible) que podrían fortalecer el catálogo de Netflix.

La compra de Warner Bros. por Netflix, la contrapropuesta de Paramount y los siguientes movimientos inauguran una nueva fase del entretenimiento. Sobre el tablero están la innovación tecnológica representada por el streaming o el contenido tradicional de las pantallas de cine y televisión.

Arsenal

La Presidenta y los gobernadores de oposición

Francisco Garfias

Excelsior

El diálogo de los gobiernos con grupos que tienen visiones políticas diferentes es uno de los pilares fundamentales de la democracia. No sólo legitima el sistema político, sino que previene la polarización extrema y la violencia política.

En México se canceló el diálogo con los diferentes partidos con la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República, el 1 de diciembre de 2018.

En sus cinco años, diez meses de gobierno, nunca se sentó a platicar con la oposición. En el Congreso no se les movía una coma a sus iniciativas.

El que no pensara como López Obrador era un conservador, un corrupto, un fifí que sólo busca recuperar los privilegios que tuvo en la época “neoliberal”.

Su sucesora Claudia Sheinbaum mantiene las descalificaciones hacia los que piensan diferente.

A los políticos de oposición los encasilla en el término “conservadores”. De “mentirosos” no los baja. A sus críticos en los medios los llama “comentócratas”.

Es un axioma sostener que la estrategia del oficialismo ha sido gobernar con su mayoría y neutralizar a la oposición, en lugar de incorporarla.

* Ayer, sin embargo, la Presidenta escuchó públicamente a los gobernadores de oposición que asistieron a la Sesión Ordinaria del Consejo Nacional de Seguridad celebrada en Palacio Nacional. Algo bueno salió de esa sesión. Se firmó el Acuerdo Nacional contra la Extorsión, único delito que, según el discurso oficialista, va en ascenso.

Tere Jiménez, de Aguascalientes, habló en su nombre y en el de los otros tres gobernadores del PAN: Chihuahua, Maru Campos; Querétaro, Mauricio Kuri, y Guanajuato, Libia Dennise García.

El priista Manolo Jiménez, de Coahuila, habló también por su correligionario de Durango, Esteban Villegas. El emecista Samuel García, de Nuevo León, lo hizo por Pablo Lemus, de Jalisco.

El tono de los tres fue de conformidad con la estrategia de seguridad del régimen. Coincidieron en que “está funcionando”.

Tuvieron palabras de agradecimiento para Sheinbaum, Omar García Harfuch, el general Ricardo Trevilla, titular de la Defensa, y al almirante Raymundo Pedro Morales, secretario de Marina. Había que cuidar la relación.

La gobernadora de Aguascalientes citó al Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, para presumir “cero homicidios dolosos” durante noviembre en su estado, siendo el primer lugar a nivel nacional.

Al hablar por Maru Campos dijo que se piden más recursos para la policía estatal y municipal y en nombre de Libia Dennise García solicitó atender las llamadas de extorsión desde los penales.

Sobre Mauricio Kuri dijo que el gobernador de Querétaro envió un paquete de reformas al Congreso local para alienar la política estatal al diseño nacional.

El priista Manolo Jiménez, de Coahuila, agradeció a la Presidenta por la captura de Edgar Rodríguez, El Limones, líder de la organización criminal Los Cabrera y de cinco de sus cómplices.

“Es muy significativo para la laguna, tanto de Durango como Torreón. Es un delincuente relacionado con los delitos de extorsión”, dijo.

También citó al SESNSP para destacar: “Tenemos los indicadores que se tenían en 1993”.

El emecista Samuel García se sumó a los agradecimientos ya mencionados y también presumió: “Nuevo León y Jalisco han tenido grandes resultados”.

Y pasó a su queja. Dijo que todo lo que propone se bloquea en el Congreso local, Mencionó dos: las iniciativas de extorsión y el tema de salario.

“En mi caso, ya van dos años que intentamos un Presupuesto enfocado en seguridad. Parece que va a ser un tercer año donde no vamos a tener el Presupuesto.

“Queremos pedir que, en temas de seguridad, no politicemos el tema y cerremos filas para mejorar la seguridad pública de nuestros estados.

“No nos explicamos, quienes somos gobierno, cómo hemos bajado delitos de manera abismal, sin embargo, la percepción va en otro camino”.

Por los morenistas habló el gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla. No dijo nada, obvio, del homicidio de Carlo Manzo ni del coche bomba en Coahuayana que mató seis personas.

* Resurge la amenaza de nuevos bloqueos carreteros. Agricultores del Frente Nacional para el Rescate al Campo, junto con transportistas de Antac, abandonaron la mesa de negociación que tenían en la Sader. Se fueron inconformes porque, dicen, los funcionarios de Hacienda y de Economía no acudieron a la reunión programada.

Tras siete horas de negociaciones, retiraron sus acuerdos, no sin antes adelantar que reactivarán los bloqueos en carreteras y puentes fronterizos a partir de la próxima semana.

Nudo gordiano

Guadalupe

La fe en la Morenita se dispara verticalmente cuando las instituciones humanas fallan.

Yuriria Sierra

Excelsior

Dicen que en México hasta los ateos son guadalupanos. Y es que, al caminar por las calles de cualquier ciudad en los primeros días de diciembre, se respira algo que trasciende el dogma católico. Huele a pólvora, a tamal y a cansancio; se escucha el estruendo de los cohetones y se siente el frío seco del invierno que se avecina. El fenómeno de la Virgen de Guadalupe no es simplemente un evento religioso, es el código fuente de la identidad mexicana, el punto exacto donde la herida de la Conquista cicatrizó para dar paso al mestizaje. Pero, ¿qué mueve a millones de personas a caminar hasta que los pies sangran? ¿Y por qué esa devoción parece tener mareas, subiendo y bajando según los latidos —y los dolores— de la nación?

El ciclo natural de la devoción tiene su epicentro, evidentemente, en el 12 de diciembre. Es el momento cumbre, la fiesta nacional no oficial donde millones de peregrinos inundan La Villa en un acto de presencia masiva que paraliza la capital, demostrando una fuerza colectiva que grita: “Aquí estamos, y aquí está nuestra Madre”. Sin embargo, si analizamos la historia reciente, notamos que la devoción guadalupana no es estática; funciona como un barómetro de la ansiedad social, válvula de escape, refugio, bálsamo y motor de resiliencia. La fe en la Morenita se dispara verticalmente cuando las instituciones humanas fallan, cuando la naturaleza castiga, cuando el caos se adueña y el manto de la Virgen se vuelve el único refugio posible.

Este fenómeno se hace patente en tres escenarios históricos y sociológicos cruciales. Primero, durante los desastres naturales. En los terremotos de 1985 y 2017, la figura de Guadalupe emergió de entre los escombros no sólo como una estampa, sino como un estandarte de resiliencia; cuando la tierra se abre y la incertidumbre reina, el mexicano voltea al Tepeyac, improvisando altares que permanecen intactos como centros logísticos y emocionales de la reconstrucción.

De igual manera, esta necesidad de amparo se transformó durante la crisis de salud. En los picos más agresivos de la pandemia, vimos surgir a la “Guadalupe enfermera”, con imágenes de la Virgen usando cubrebocas o protegiendo hospitales saturados. Cuando la ciencia parecía desbordada y el miedo al contagio aislaba a las familias, la oración a la Virgen fue el hilo que mantuvo la cordura de muchos, una petición de compañía en la soledad de la terapia intensiva.

Finalmente, el aumento más desgarrador de la devoción se observa en las rutas de la migración y la violencia. Para el migrante que cruza el país hacia el norte, o el mexicano que busca el “sueño americano”, la Virgen de Guadalupe es la única protectora segura en el camino. Su imagen, cosida en mochilas o tatuada en la piel, asume el rol de defensa física en tiempos donde el Estado no garantiza la seguridad y la economía asfixia.

Lo fascinante del fenómeno guadalupano es su capacidad de adaptación. Ha sobrevivido a la Independencia, a la Revolución, a la Guerra Cristera y a la modernidad digital. En diciembre, la devoción es fiesta, pero el resto del año, la devoción es resistencia. Aumenta cuando el bolsillo aprieta, cuando la justicia es ciega y cuando el dolor es insoportable. La Virgen sigue vigente no por imposición, sino por necesidad del pueblo. Mientras México siga siendo un país de profundos contrastes y tragedias repentinas, el 12 de diciembre durará todo el año. Como escribió Octavio Paz: “El pueblo mexicano, después de dos siglos de experimentos y fracasos, no cree más que en la Virgen de Guadalupe y en la Lotería Nacional”. Y a veces, la Virgen es la única apuesta segura.

Astillero

“Generación Z”: tercer intento // Después del Zócalo sabatino // Opositores disfrazados de jóvenes // Corina: historias y “ayuda” de EU

Julio Hernández López

La Jornada

Está convocada para este domingo la tercera marcha opositora parapetada tras la fraudulenta etiqueta mercadológica de la “generación Z”. La primera de ellas tuvo una asistencia reducida, muy contrastante con las apocalípticas profecías de algunos de sus voceros; lo más notable fue la violencia de grupos que derribaron vallas protectoras de Palacio Nacional; la segunda caminata fue francamente patética: desairada, sin siquiera algunas de las recicladas figuras muy adultas que sí participaron en el primer intento. Ahora, en temporada prenavideña, realizarán su postrer acometida del año.

En esta ocasión, los opositores mal disfrazados de presunta insurrección juvenil tendrán como punto de referencia comparativa la reunión masiva que en la Plaza de la Constitución se realizó el sábado anterior para expresar apoyo a la presidenta Sheinbaum.

Ahí, la mandataria pronunció un discurso con señalamientos directos a estos grupos opositores. Retórica de confrontación en puntos particulares pero, sobre todo, una excitación al debate político, al contraste de ideas y argumentos. Entre otros puntos, señaló que los conceptos de patria y libertad no corresponden a las derechas, y aseguró que el activismo juvenil está del lado del proceso denominado 4T.

La sabatina alocución claudista rechazó la guerra propagandística sucia y el uso de “consultores” mediáticos especializados en la mentira, y puntualizó que la narcopolítica en México ha estado del lado de gobiernos y políticos de derecha, como Felipe Calderón y su secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, sentenciado y preso por asuntos criminales en Estados Unidos.

Los opositores no han podido salir de las rutinas de la descalificación adjetivada y la esperanza de que fuerzas exteriores les ayuden a recuperar lo que social y electoralmente no han podido. No hay una mínima producción ideológica, una propuesta programática seria ni la aparición de algún tipo de liderazgo creíble (se ha tratado de impulsar a la actual presidenta municipal de Uruapan y su movimiento del sombrero, sin que esté prendiendo a nivel nacional dicho proyecto).

Habrá de verse este domingo si el tercer intento de la vieja política opositora-“Generación Z” logra expresarse con contundencia numérica, organización y discurso notables, o queda en un tanteo fallido más, en una demostración de fin de año de la insuficiencia opositora aun cuando haya tratado de camuflarse de juventud Z.

Sin dar detalles probatorios de su dicho, la impugnada receptora a trasmano del Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado Parisca (su hija fue quien físicamente la representó en el acto correspondiente), aseguró que para salir de Venezuela rumbo a Oslo hubo de librar peligros varios, que se ha negado a precisar para, dijo, no poner en riesgo a quienes le ayudaron a una travesía muy complicada.

Ya en la capital de Noruega, la activista que confrontó al gobierno de Hugo Chávez, y ahora lo hace con Nicolás Maduro, declaró a periodistas que “tuvimos apoyo del gobierno de Estados Unidos” para cumplir el itinerario de presunta gravedad extrema. Según medios convencionales gringos, en una fase de ese viaje hubo de utilizar una lancha, por lo cual se avisó a Washington para que no fueran a bombardearla, como han hecho con otras embarcaciones.

No llegar a la entrega del Nobel le ha permitido a Machado Parisca dobletear en cuanto a atención mediática y política, pues ahora está cumpliendo una agenda de encuentros en pro de su causa y está considerando realizar una gira por ciudades europeas. No es ésta la primera vez que practica una suerte de suspenso, con historias no comprobadas, para tratar de potenciar su fuerza política.

Y, mientras este jueves se ha realizado una reunión de la presidenta Sheinbaum con gobernadores (con el tema del combate a la extorsión), en la que se planteó la necesidad de coordinación de la fiscalía federal con las estatales, objetivo que no se pudo lograr con el displicente (por decir lo menos) Alejandro Gertz.

México SA

Trump, ladrón descarado // Latinoamérica debe unirse // Nueve cipayos activos

Carlos Fernández-Vega

La Jornada

En su afán de “revitalizar” la Doctrina Monroe (la cual nunca dejó de estar activa), Donald Trump ya había dado un aperitivo: su intención de apropiarse de Groenlandia, convertir a Canadá en el estado número 51, retomar el control del Canal de Panamá y ahí restablecer sus bases castrenses, renombrar el Golfo de México, aumentar la extensión del muro fronterizo entre su país y el vecino del sur, poner en marcha una cacería de inmigrantes (sin incluir a los blancos, desde luego), amenazar permanentemente a México, Cuba, Colombia y Venezuela, ofrecer sus “servicios militares” para combatir a los cárteles de la droga, asesinar a pescadores en aguas internacionales, reforzar el ilegal bloqueo contra la mayor de las Antillas, intervenir en los procesos electorales, etcétera, etcétera. Todo, según él, con el fin de “promover la seguridad y la estabilidad” de América Latina y el Caribe, y “reforzar el atractivo de Estados Unidos como el socio económico preferido del hemisferio occidental”.

Pero ya divulgado el “relanzamiento” y lo que implica, el inquilino de la Casa Blanca metió el acelerador y de ofrecer (en el discurso) convertirse en el “socio preferido” de los latinoamericanos, se quitó la careta (que de por sí ya no ocultaba mucho) y pasó a ser un descarado pirata al asaltar un barco petrolero que transportaba crudo venezolano en el mar territorial de esa nación sudamericana, acto violatorio del derecho internacional y de la soberanía de este país. Y sin más, lo trasladará a territorio estadunidense. Hurto consumado.

Con el cinismo que lo caracteriza, Trump dijo: “acabamos de incautar (léase robo descarado y acto de piratería internacional, como lo calificó el presidente Nicolás Maduro) un barco petrolero en la costa de Venezuela, un gran buque, muy grande, el más grande jamás incautado, de hecho” y, según él, lo hizo por “una muy buena razón” (que no explicó cuál sería, aunque miles de barriles de crudo es el motivo real) y “asumo que nos quedaremos con él”.

La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, aseguró que “el buque petrolero incautado (robado) por Estados Unidos y vinculado a Venezuela navegaría hacia un puerto estadunidense (con todo y rehenes), donde el gobierno federal tiene la intención de confiscar su cargamento a través de un proceso legal formal (lo ilegal se “legaliza” en Washington); el Departamento de Justicia aprobó una orden que autorizaba la incautación del barco; hay un proceso legal para la confiscación de ese petróleo, y ese proceso será llevado a cabo”, dijo la susodicha sin sonrojarse, y en el descaro total aseguró que Trump “ha adoptado un nuevo enfoque que no ha sido tomado por ninguna administración desde hace bastante tiempo”. Claro, sólo a lo largo de los últimos 202 años. Pero el magnate naranja dice que los únicos piratas son de Somalia.

Eufemismos aparte, no es más que un atraco en despoblado (lo que no es novedad tratándose de un gobierno gringo) ante la pasividad de la mayoría de las “autoridades” de la región y el aplauso de focas políticas como Javier Milei (Argentina), Daniel Noboa (Ecuador), Nayib Bukele (El Salvador), Rodrigo Paz (Bolivia), el golpista José Jerí (Perú), José Raúl Mulino (Panamá), Christine Kangaloo (Trinidad y Tobago), todos lacayos de Trump dispuestos a abrir las piernas, “equipo” que puede crecer si el próximo domingo en Chile gana el fascista José Antonio Kast.

La agresión del magnate naranja obliga, restando a ese grupo de cipayos, a unir la Latinoamérica en una sola fuerza para enfrentar la enloquecida embestida de Trump. Caso contrario, este despreciable ser irá comiendo una tras otra a las naciones regionales hasta quedarse con el último gramo de los recursos naturales de la región, en el entendido de que una América Latina dividida sólo conlleva a la derrota, traducida ésta en pérdida de soberanía, riquezas naturales, territorio y dignidad, producto de la inacción y el neocolonialismo gringo.

Sobre este asunto, la presidenta Sheinbaum dijo que México se pronuncia a favor de la no intervención, el diálogo para resolver cualquier conflicto, la solución pacífica de las controversias y la autodeterminación de los pueblos. “Siempre será esa nuestra posición; estamos de acuerdo con el respeto de los tratados internacionales y México debe velar por ello. Además, está en la Constitución”.

Las rebanadas del pastel

Y mientras presume su devaluada corcholata de la “paz”, la esperpéntica María Corina Machado, una suerte de Lilly Téllez venezolana, reafirma su deseo de que Estados Unidos invada y destroce su país natal para que ella sea presidenta. ¡Claro! No cabe duda: es “pacifista”.

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