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Mundial de futbol 2026: la cancha política de Trump

Hoy todo pinta para que el Mundial de Futbol 2026 tenga ese distintivo con Donald Trump y la Doctrina Monroe de “América para los americanos”.

José Gil Olmos

Proceso

De manera inevitable en algunos momentos de la historia deportiva los eventos mundiales se mezclan con asuntos políticos que los marcan en el devenir de los tiempos. Así ocurrió con la Olimpiada de 1936 en Berlín, en pleno auge del nazismo, o el Mundial de Futbol de 1978 en Argentina, durante la dictadura militar.

Hoy todo pinta para que el Mundial de Futbol 2026 tenga ese distintivo con Donald Trump y la Doctrina Monroe de “América para los americanos”.

El viernes 5 por la mañana, previo al sorteo de los equipos de 48 países que jugarán en las canchas de México, Canadá y Estados Unidos, Donald Trump recibió el premio de la paz por parte de la Federación Internacional del Futbol (FIFA) por su «acción extraordinaria» para tratar de lograr la paz en lugares como Gaza, el sudeste asiático, África o Ucrania, según explicó el máximo organismo del futbol.

Horas antes el presidente de Estados Unidos revivió la Doctrina Monroe de “América para los americanos”, en el entendido de que este país considera para sus intereses como territorio estratégico todo el continente. Y como parte de esta misma política de dominio Trump anunció que en el desarrollo del mundial continuarían las redadas contra los migrantes por parte de la policía y la Guardia Nacional, acciones que han sido denunciadas como violatorias a los derechos humanos.

La figura y la política del mandatario norteamericano estuvo muy presente en el evento del sorteo del Mundial de Futbol que se realizará el próximo año. Pero no sólo por su participación en el sorteo sino porque aprovechó la cancha deportiva para aplicar su política económica al reunirse con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y el primer ministro de Canadá, Mark Carney, para abordar la revisión del Tratado de Libre Comercio.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió el miércoles previo que podría dejar que concluyera el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) y en su lugar buscaría negociar un nuevo acuerdo comercial con ambos países.

Durante una rueda de prensa en el Despacho Oval de la Casa Blanca, Trump afirmó: “Vence en aproximadamente un año, y lo dejaremos vencer o tal vez lleguemos a otro acuerdo con México y Canadá”. Así, Trump realizó una jugada previa en la cancha política que terminará en la cancha de futbol.

Se trató de la primera reunión de la presidenta mexicana con el presidente Trump, quien a pesar de mostrar públicamente admiración por Sheinbaum ha cuestionado en múltiples ocasiones a su gobierno por su combate al narcotráfico y ha aplicado aranceles de manera unilateral complicando la balanza comercial de México.

De manera inevitable el Mundial de Futbol de 2026 tendrá la huella de Trump, pues se realizará en la cancha de las tres naciones (México, Canadá y Estados Unidos) en un contexto donde la figura del magnate republicano tiene un impacto en la reordenación económica y geoestratégica mundial.

De manera clara Trump aprovechará el foro futbolístico mundial para mostrar sus aspiraciones de liderazgo internacional. Así lo ha hecho en Gaza, Ucrania, el Foro Económico Mundial, la guerra contra el narcotráfico en América Latina y las finales de los juegos de beisbol y futbol americano.

Por cierto, se espera que la audiencia sea de 5 mil millones de espectadores, con más de mil 600 millones siguiendo la final en vivo en el Hard Rock Stadium de Miami, Florida, mientras que la asistencia directa a los estadios sea de 6 millones.

Nadando entre tiburones

Un atentado terrorista

Víctor Beltri

Excelsior

“Me comunican que somos más de 600 mil personas”, fueron las palabras al inicio del discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum ante un Zócalo repleto y perfectamente organizado. Las banderas y consignas distinguían a los grupos y sectores, que parecían competir entre sí para mostrar su apoyo a la mandataria. “No estás sola”, coreaban al unísono.

“México es ejemplo ante el mundo y seguimos haciendo historia”, afirmó, triunfante, al terminar el acto. La Cuarta Transformación nacional estaba de fiesta, y celebraba siete años de éxito del humanismo mexicano; en Michoacán, mientras tanto, estallaba un coche bomba en un atentado cometido frente a las instalaciones de la Policía Comunitaria de Coahuayana. Cinco personas murieron, y otras doce habrían resultado lesionadas: las autoridades, que en un principio iniciaron la carpeta de investigación de los hechos como un acto de terrorismo, al día siguiente decidieron reclasificarla como si se tratara de un caso más de delincuencia organizada.

“En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en los Tratados Internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte”, señala el artículo 1 de nuestra Carta Magna. “Comete delito en el sentido del presente Convenio quien ilícita e intencionadamente entrega, coloca, arroja o detona un artefacto o sustancia explosivo u otro artefacto mortífero en o contra un lugar de uso público, una instalación pública o de gobierno, una red de transporte público o una instalación de infraestructura”, define con claridad el artículo 2 del Convenio Internacional para la Represión de los Atentados Terroristas Cometidos con Bombas, emitido por la Asamblea General de la ONU en diciembre de 1997 y ratificado por nuestro país en enero de 2003.

El terrorismo no requiere de tintes ideológicos, de acuerdo con la legislación internacional vigente. Basta que suceda “con el propósito de causar la muerte o graves lesiones corporales”, o bien “con el propósito de causar una destrucción significativa de ese lugar, instalación o red que produzca o pueda producir un gran perjuicio económico”, según indica el convenio que forma parte de nuestro ordenamiento.

La clasificación inicial era correcta en términos jurídicos, al adecuarse a la definición del tipo penal señalado por la legislación vigente; el reconocimiento de actos de terrorismo en nuestro país, sin embargo, no sólo sería catastrófico para un gobierno bajo la amenaza constante de la intervención norteamericana, sino que impactaría profundamente en la confianza de inversionistas extranjeros y asistentes a la Copa Mundial de Futbol el próximo año. El delito podrá cambiar de nombre, según le convenga a las autoridades: la violencia y el malestar social, mientras tanto, parecen aumentar día con día. De nada sirve llenar el Zócalo cuando el país se desbarata, aunque se reúna a 600 mil personas.

“Hay mucho que celebrar de lo que ha cambiado nuestro país en siete años y lo que hemos logrado en este año de transformación”, aseguró la mandataria mientras convocaba a la concentración en el Zócalo tras el que —sin duda algun— ha sido el mes más difícil de su Presidencia. La realidad es despiadada, sin embargo, y poco puede presumir la sedicente Cuarta Transformación que no provenga de sus propios datos. El humanismo mexicano, en los hechos, no es sino un fracaso absoluto.

“México es ejemplo ante el mundo y seguimos haciendo historia”, aseguraba, triunfal, la Presidenta mientras explotaba el coche bomba en Michoacán frente a las instalaciones de la policía. “En los meses recientes nuestros adversarios políticos se han dedicado a construir realidades virtuales en las redes sociales, en las columnas de opinión, que nada tienen que ver con el momento de transformación que vive México”, afirmó como si fuera cierto. Como si los agricultores y los jóvenes estuvieran contentos. Como si en este país la violencia generalizada no hubiera escalado a los atentados terroristas.

Juegos de poder

El clasismo de la 4T

Al privilegiar el diálogo con los grandes capitales nacionales, el gobierno recibe opiniones sesgadas. A muchos de estos empresarios les conviene quedar bien con las autoridades…

Leo Zuckermann

Excelsior

Cuando se trata de reunirse con los capitalistas, la 4T es clasista.

Privilegian al gran capital discriminando a los micro, pequeños y medianos empresarios.

Tanto López Obrador como Claudia Sheinbaum han integrado consejos empresariales con los titanes de la economía nacional. Además, frecuentemente se juntan, en privado, con el Consejo Mexicano de Negocios (CMN), que integra a los 57 dueños de las corporaciones más grandes del país.

Los dos presidentes de la 4T han creído que la economía crecerá si convencen al gran capital nacional.

Se equivocan.

Primero, porque las 50 empresas mexicanas más grandes representan una porción minoritaria de la economía. Difícil calcularlo porque no todas cotizan en la Bolsa; algunas son privadas y no publican sus datos.

Sin embargo, de datos oficiales sabemos que las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) representan 99% de las unidades económicas, contribuyen con más de la mitad del Producto Interno Bruto nacional (una cifra que oscila entre el 50% y el 52%) y son las que más generan empleo: alrededor de 70% del total, equivalente a 27 millones de personas.

Los gobiernos de la 4T han optado por apapachar a los grandes capitales nacionales desdeñando a la mayoría de la clase empresarial mexicana.

Esta discriminación no se ha traducido en crecimiento económico porque ni AMLO ni Sheinbaum han logrado persuadir a las corporaciones de propiedad extranjera y, sobre todo, a las mipymes mexicanas.

Al privilegiar el diálogo con los grandes capitales nacionales, el gobierno recibe opiniones sesgadas. A muchos de estos empresarios les conviene quedar bien con las autoridades porque sus negocios dependen de manera crítica del gobierno.

Algunas son concesiones públicas que siempre tienen que proteger. Otras reciben la mayoría de sus ingresos de venderle bienes y servicios al gobierno. La operación de muchas está sujeta a todo tipo de regulaciones gubernamentales en materia ambiental, sanitaria, bancaria, inmobiliaria, mediática, etcétera. Hay también las que usan “ingeniería fiscal” para eludir el pago de impuestos y no quieren que el gobierno se meta a revisar sus cuentas tributarias con lupa.

En suma, su prioridad es cuidar sus negocios, por lo que carecen de incentivos para decirle lo que verdaderamente piensan al gobierno. Por el contrario, suelen hablarle bonito a los gobernantes.

La 4T carece de una narrativa proempresarial. Erran al pensar que los elogios de los grandes empresarios se traducirán en un incremento en la inversión privada y, por tanto, en el crecimiento.

Lo que urge es que convenzan a los pequeños capitalistas que tienen hambre de crecer sus negocios, pero dudan de hacerlo porque no les gusta ni la retórica anticapitalista ni ciertas acciones que limitan sus derechos frente al Estado.

Tomemos el caso de la reforma judicial. Ahora la 4T controla a los jueces. Los grandes empresarios mexicanos, con las buenas relaciones políticas que tienen, siempre pueden arreglar casos echándole un telefonazo a sus amigos dentro del gobierno. Logran, incluso, arbitrajes internacionales en conflictos con otro empresario o el gobierno. Tienen el capital para contratar a los mejores abogados del mundo.

Las mipymes no. Son más vulnerables a posibles abusos de poder por parte de las autoridades de la 4T ahora que controlan al Poder Judicial.

La 4T critica a los neoliberales por clasistas. Coincidentemente, esos gobiernos también privilegiaban el diálogo con el gran capital nacional discriminando a la mayoría de la clase empresarial. En este sentido, nada ha cambiado en México desde 2018.

Más que ver a la Presidenta integrando consejos empresariales con los “sospechosos usuales” o departiendo con el CMN, debería reunirse con, por ejemplo, los centros empresariales de la Coparmex. Este sindicato patronal reúne a 36 mil empresas, la mayor parte mipymes. Ahí están los dueños de un pequeño laboratorio, una comercializadora de llantas, una estética, inmobiliaria, restaurante o mueblería.

Ésos que no consiguen créditos bancarios y luchan por completar la nómina cada quincena.

Ésos conocen mejor los problemas de la economía, no los grandes empresarios que son privilegiados.

Bien haría la 4T en acercarse a ellos. El problema es que los visualizan como “adversarios” por la vieja asociación que existió entre algunos centros de la Coparmex con el Partido Acción Nacional. Se equivocan. La realidad es que existe una gran pluralidad política en los micro, pequeños y medianos empresarios.

Celebro que a la presidencia del Consejo Coordinador Empresarial haya llegado precisamente el expresidente de la Coparmex, José Medina Mora. Creo que hará una mejor labor de revelar las opiniones de los empresarios al gobierno de lo que hizo Francisco Cervantes, no representante del gran capital, sino del gran capitalista nacional.

Astillero

Trump: doctrina Monroe agravada // Someter a toda América // Coartada: migración y narco // Zócalo 4T: lo genuino y lo charro

Julio Hernández López

La Jornada

Lo más relevante y trascendente de estos días no fue el encuentro personal de la Presidenta de México con el de Estados Unidos, en el contexto de un condicionado sorteo del negocio futbolero mundial ni el masivo acto zocalero de apoyo al proceso llamado Cuarta Transformación y a su dirigente actual, Claudia Sheinbaum.

Lo más importante fue presentado por escrito, relativamente sin demasiado ruido, pero con impactos graves y determinantes: la Estrategia de Seguridad Nacional que el mandatario de Estados Unidos debe entregar al Congreso para analizar “los usos propuestos de todas las fases del poder estadunidense necesarias para alcanzar los objetivos de seguridad de la nación” (https://goo.su/3BauUO)./

En esencia, dicha estrategia busca reivindicar a plenitud el papel rector mundial de Estados Unidos, específicamente en Occidente, con la mira puesta en el freno a las migraciones y el combate al narcotráfico. Trump, en la presentación del documento correspondiente, asegura que su país ha retomado el papel controlador que le corresponde y que ha ido implantando la paz cuando menos en ocho conflictos que él atendió.

Trump asume explícitamente la Doctrina Monroe: “América para los americanos”, y le agrega un “corolario”. Es la expresión descarnada del interés de Estados Unidos por encima de todo, de la conversión del continente americano en zona de dominio de Washington, de la declaratoria de exclusión de todo tipo de factores “foráneos” (China, en particular). Sin ambages, la Casa Blanca establece que buscará gobiernos y personajes aliados en América que ayuden a cumplir los objetivos estadunidenses.

Es evidente que México está en varias de las consideraciones implícitas, algunas explícitas, de esta visión del trumpismo redobladamente imperialista. Por razones de seguridad nacional, Estados Unidos establece que podrá usar la fuerza letal y que no permitirá que la migración y el narcotráfico le afecten. No debe perderse de vista que el mapa electoral latinoamericano está girando hacia la derecha, con intervenciones chantajistas de la administración Trump a favor de sus “aliados”, y que México es el único país de esta región que, desde un flanco de izquierda o centroizquierda, tiene legitimidad electoral, fuerza institucional expandida y base social sostenida.

Trump abandona a Europa, señalando que vive un declive civilizatorio, debilitada por sus procesos y problemas internos y no tanto por amenazas o acciones extranjeras. En lo práctico, mantiene alianza con Putin y le da un rango de acción sumamente importante. Y hacia el continente americano retoma, con fuertes acentos militares y económicos para lograr sometimientos, la idea de que debe ser sólo para América, entendiendo, como tramposamente lo hacen, que esta denominación es la de los estadunidenses y no de los habitantes en general de un anchuroso y diverso continente.

Respecto a la concentración cuatroteísta en la Plaza de la Constitución de la Ciudad de México, ha de decirse que cumplió con el factor numérico, con la demostración multitudinaria de apoyo al proceso denominado Cuarta Transformación y a su actual conductora, Claudia Sheinbaum Pardo. Zócalo suficiente para contrastar su imagen con las correspondientes a la más reciente marcha opositora, la de la falsa generación Z; en espera, por lo demás, de la que habrá de realizarse el siguiente sábado.

Muchas expresiones individuales genuinas de solidaridad con la citada 4T y la presidenta Sheinbaum. Pero también una creciente participación de gremios correspondientes a un pasado que no debería ser reciclado (charrismo petrolero, ferrocarrilero, magisterial-SNTE, e incluso la versión CTM-4T de Pedro Haces), mucho menos si su “apoyo” ostentoso esté significando impunidad y entendimientos y sea trampolín para la búsqueda de candidaturas a puestos de elección popular.

Del discurso presidencial, la respuesta directa a opositores y la confrontación de posturas, se escribirá aquí en otra entrega.

México SA

Sheinbaum: Zócalo rebosante // Músculo, ruta y convicciones // Oposición, grupo de choque

Carlos Fernández-Vega

La Jornada

La histórica cuan multitudinaria concentración del pasado sábado en el Zócalo no sólo fue para mostrar músculo político y el innegable apoyo popular que tiene la presidenta Claudia Sheinbaum, sino para refrendar ruta, convicciones y objetivos, y también para subrayar el avance de la transformación que vive nuestro México lindo y querido desde hace siete años. Quienes desde los pútridos sótanos de la ultraderecha insistan en que “este gobierno dictatorial se cae” sólo confirman, por si hubiera duda, que sus falacias –junto con el cuantioso dinero invertido para difundirlas– no solamente han terminado en el bote de la basura, sino que dimensionan la derrota de quienes las propagan.

Sobre esto último, Sheinbaum lo resumió así frente a centenas de miles de mexicanos que abarrotaron el Zócalo y calles aledañas: “En estos días se ha demostrado que, por más campañas sucias que paguen en las redes sociales, por más compra de bots y robots, por más alianzas con grupos de interés en México y en el extranjero, por más consultores de comunicación que contraten para inventar calumnias y mentiras difundidas en algunos medios, por más intentos de hacer creer al mundo que México no es un país libre y democrático, por más comentócratas o supuestos expertos que inventen historias de ficción, por más alianzas que quieran tejer con el conservadurismo nacional y extranjero, por más que hagan todo eso, ¡no vencerán al pueblo de México ni a su Presidenta!”

La supuesta “oposición” (en realidad, un grupo de mercenarios pagados por la oligarquía autóctona e intereses extranjeros que se retuercen ante su constante pérdida de influencia en nuestro país) acumula décadas de sucias campañas mediáticas en contra de los movimientos populares, que se incrementaron a partir de la llegada de Cuauhtémoc Cárdenas al gobierno del entonces Distrito Federal; se intensificaron de forma por demás histérica desde que Andrés Manuel López Obrador ganó las elecciones para ocupar esa misma posición en el año 2000 y de plano alcanzaron niveles demenciales con el desafuero del tabasqueño y sus tres campañas presidenciales (2006, 2012 y 2018).

¿Resultado? Derrota total, porque a pesar de sus enfermizos cuan golpistas intentos por tumbarlo, este personaje arrasó en los comicios de 2018 y a lo largo de seis años despachó en Palacio Nacional. Vencida, no aprendió absolutamente nada y ahora repite su fallida “estrategia” en contra de la presidenta Sheinbaum, a quien, como sucedió con AMLO, no le han tocado un pelo. Pero la derecha insiste y obtendrá el mismo resultado.

Bien lo dijo la mandataria en su alocución en el Zócalo: “Lo que no puede volver a ocurrir en nuestro querido México es regresar al tiempo de los privilegios, cuando la justicia se repartía selectivamente y el gobierno era un instrumento de unos cuantos. Eso ya no es opción. El gobierno está para servir al pueblo de México. Hoy está más claro que nunca que la corrupción y los privilegios del neoliberalismo dañaron profundamente a nuestra patria y a nuestro pueblo; 36 años de ese modelo económico y político dejaron como herencia pobreza, desigualdad, entrega de nuestros recursos naturales a intereses privados nacionales y extranjeros, pérdida de soberanía, violencia y corrupción. Este cambio profundo, histórico y necesario también ha generado resistencias. Hay quienes aún no han entendido que nuestro país ya cambió; los adversarios políticos se han dedicado a construir realidades virtuales en las redes sociales, en las columnas de opinión, que nada tienen que ver con el momento de transformación que vive México, la cual no sólo es económica y social: también ética y moral”.

Nuestra nación, subrayó, “pasó de un país gobernado por una oligarquía, donde los presidentes y las instituciones públicas servían a unos cuantos que se creían dueños de México, a una verdadera democracia, donde el gobierno trabaja para todas y todos, pero especialmente para quien más lo necesita”. Y sin la transformación, dijo, “nada de esto sería posible con los gobiernos del pasado neoliberal o con la falsedad del conservadurismo. Ellos nunca han creído en los derechos del pueblo de México, nunca han querido al pueblo; estamos demostrando que la modernidad puede levantarse desde abajo, sin excluir a nadie; que el progreso no está peleado con el medio ambiente y menos con la justicia; que un país puede desarrollarse sin dejar a nadie atrás”.

Las rebanadas del pastel

Se desmorona el imperio y Donald Trump “revive” la “doctrina Monroe” (que en realidad nunca desapareció), de tal forma que a América Latina no le queda más que mandarlo al carajo.

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