Columnas Escritas
Lo que dicen los columnistas
México, riesgos digitales
La vida pública se volvió digital sin que el Estado haya construido una defensa mínima. Afecta derechos, servicios, seguridad y confianza.
Proceso
México está entrando a una etapa decisiva: la vida pública se volvió digital sin que el Estado haya construido una defensa mínima. La brecha entre lo que la tecnología exige y lo que las instituciones pueden ofrecer es cada día más evidente. No es una brecha técnica. Es una brecha civilizatoria. Afecta derechos, servicios, seguridad y confianza. Afecta la noción misma de Estado moderno. Y exige algo más que parches o discursos: exige una visión de país.
Primero. El aparato público está esparcido. Está débil y no tiene brújula digital. La digitalización del gobierno de México ocurrió sin un plan. Cada dependencia construyó el sistema de la dependencia. Cada estado operó bajo las reglas del estado. Cada municipio improvisó con los recursos del municipio. El resultado es el mosaico. El mosaico usa la tecnología y los procesos sin revisión en años. Los sistemas nacieron como soluciones de emergencia. Ningún sistema fue diseñado para resistir ataques complejos. Las defensas de los sistemas son mínimas. Las actualizaciones de los sistemas son irregulares. El mantenimiento de los sistemas es insuficiente. No existen los estándares obligatorios. No existen los inventarios completos. No existen las auditorías permanentes. La seguridad depende de la voluntad de cada oficina y del presupuesto anual, que casi siempre es insuficiente. Esto genera un problema mayor: el Estado no sabe exactamente cuánta información tiene ni dónde está almacenada. Tampoco quién puede acceder a ella. Ni qué tan expuesta se encuentra. Y sin ese conocimiento básico, toda estrategia se vuelve reactiva. Siempre llega tarde. Siempre intenta reparar después del daño. Nunca antes. La vulnerabilidad aumenta por la falta de cultura de prevención. Las áreas de tecnología advierten los riesgos. Las áreas de dirección no entienden los riesgos. Las áreas de política no priorizan los riesgos. El resultado es un ciclo. Las empresas digitalizan más. Las empresas protegen menos. Ese desequilibrio se vuelve una regla.
Segundo. Una amenaza de varios tipos: el crimen organizado, los grupos externos y los actores sin rostro El crimen organizado vio que la información es un arma sin ruido. Con una base de datos vulnerada, el crimen organizado puede trazar operaciones. Con el registro filtrado, el crimen organizado puede encontrar los objetivos. Con el bloqueo digital, el crimen organizado puede paralizar las instituciones. Las organizaciones criminales han cambiado. Las organizaciones criminales ya no usan solo la fuerza física; ahora contratan a los especialistas en seguridad informática. Las organizaciones criminales pagan por las vulnerabilidades en el mercado clandestino. Las organizaciones criminales rentan las redes de bots. Las organizaciones criminales compran los accesos en la dark web. Las organizaciones criminales usan las herramientas para el espionaje industrial o militar. A esto se suma la presencia de los grupos de ransomware que operan desde países sin cooperación internacional. Los grupos de ransomware pueden atacar desde miles de kilómetros. Los grupos de ransomware pueden exigir rescates millonarios y pueden destruir sistemas públicos en cuestión de horas. Los grupos de ransomware hacen eso sin tocar suelo mexicano. También aparecen los actores con motivaciones de política. Las células de hacktivismo exponen fallas. Las filtraciones buscan impacto en los medios. Las campañas usan información robada para erosionar las instituciones o para crear narrativas que dividen. Cada actor tiene su agenda. Pero todos los actores aprovechan la misma grieta: la falta de defensas. México enfrenta este ecosistema con capacidades limitadas. No tiene un centro nacional de ciberdefensa plenamente operativo. No cuenta con un esquema legal que asuma la dimensión real del problema. No tiene protocolos de respuesta unificados. Y carece de una doctrina que establezca qué debe protegerse primero y cómo hacerlo. La asimetría es evidente. Los atacantes evolucionan. El Estado, no.
Tercero. Cada ataque digital tiene un impacto humano. Cuando un hospital pierde acceso a expedientes electrónicos, se atrasan tratamientos. Cuando una fiscalía es hackeada, se comprometen investigaciones. Cuando un padrón se filtra, se exponen millones de vidas privadas. Cuando una plataforma de seguridad se cae, cada minuto perdido puede costar una vida. La ciudadanía también sufre el daño en los sentimientos. El Estado que no protege la información no protege nada más. La desconfianza aumenta. La desconfianza se contagia. La desconfianza alimenta el escepticismo. La desconfianza aumenta la polarización. La desconfianza debilita la legitimidad de la institución. Las consecuencias económicas aparecen en silencio. Los retrasos detienen los trámites. Los retrasos atrasan los pagos. Los problemas interrumpen los servicios. Los problemas suspenden los contratos. Los problemas hacen que la productividad caiga por horas o por días. Y volver a poner todos los sistemas en marcha cuesta mucho, es lento y agota. El riesgo más grande es institucional. Un ciberataque planeado puede afectar las elecciones. El ciberataque puede colapsar las aduanas. El ciberataque puede paralizar los bancos públicos. El ciberataque puede inutilizar los registros de propiedad. El ciberataque puede bloquear los servicios de seguridad. La vulnerabilidad digital es una vulnerabilidad nacional. Y México todavía no actúa en esa lógica. La verdadera pregunta no es qué tan grave puede ser un ataque. La verdadera pregunta es qué tan preparado está el país para resistirlo. Y la respuesta, hoy, es incómoda. Conclusión México necesita una defensa digital. La defensa digital tiene que estar a la altura del tiempo de México. No es un lujo. No es una moda. Es una obligación del Estado frente a quienes dependen de él.
La seguridad digital es seguridad humana. Es protección de derechos. Es certeza jurídica. Es continuidad de servicios. Es estabilidad económica. Es democracia en prácticas y no en discursos. Ningún país del siglo XXI puede sostenerse sin blindar su infraestructura digital. México tampoco. La vulnerabilidad ya no es un aviso. Es un hecho. Y la única respuesta posible es construir un escudo que proteja al país, antes de que un ataque masivo revele —de golpe— todo lo que hoy se intenta ignorar.
Nadando entre tiburones
El iceberg de Gertz Manero
Víctor Beltri
Excelsior
Nunca sabremos a ciencia cierta los pormenores en torno a la desaseada e intempestiva salida de Alejandro Gertz Manero como titular de la Fiscalía General de la República. La política mexicana es como un iceberg del que sólo atinamos a percibir lo que está en la superficie: mientras más profundo se va sumergiendo, las aguas se vuelven más turbias.
En lo más aparente, la salida del fiscal fue una comedia de enredos de la que ambos bandos trataron de aprovecharse, sobre todo el oficialista. A los rumores iniciales, la supuesta carta del Senado, la comparecencia a puerta cerrada y el ofrecimiento de una embajada le siguió no sólo una celebración triunfalista por el nombramiento de la nueva fiscal, sino el repudio virulento de los aliados al régimen —que no necesariamente a la Presidenta— hacia un funcionario que en el pasado habían sabido defender con pasión. La oposición, por su parte, trató de enmarcarlo de inmediato como una muestra de autoritarismo y desprecio al Estado de derecho; las redes sociales, mientras tanto, se olvidaron por completo de los agricultores y sus bloqueos.
Los cambios en la Fiscalía traerán consigo, sin duda alguna, prioridades distintas. Y tranquilidad para algunas personas, también. Las filtraciones sobre los procesos e investigaciones en curso afectaron de manera directa a personajes emblemáticos de la 4T, y pusieron en riesgo su carrera política: el senador que detonó la crisis del fiscal tras su reunión con la Presidenta y —de forma eficiente— operó la comparecencia del fiscal ante el Senado a puerta cerrada, sabe muy bien que, tras la remoción del mismo, las investigaciones que lo relacionan con el cártel de La Barredora acabarán perdiendo cualquier relevancia. Hay sonrisas, ciertamente, que no se fingen.
La relación de Gertz con el Poder Ejecutivo siempre fue extraña, por decir lo menos: “pues qué tanto le deben”, solía ser la reacción de propios y ajenos ante cada uno de sus desplantes. El mismo personaje que se condujo durante años como si tuviera un poder ilimitado, lo perdió todo en cuestión de horas: “Pues qué tanto le sabrían”, será la pregunta que marcará no sólo el final de la carrera de un funcionario siniestro, sino el comienzo de una nueva etapa en la procuración de justicia. La etapa de Claudia Sheinbaum.
Es mucho lo que se ha especulado sobre un distanciamiento real entre la mandataria y su predecesor: lo que para algunos habría sido indicio de autonomía, al haberse atrevido a investigar a las figuras más cercanas al movimiento, hoy se considera como una de las razones que justificarían la remoción y exilio dorado del otrora todopoderoso fiscal general de la República. El momento, de una u otra forma, le pertenece a la Presidenta de México: la responsabilidad histórica del rumbo de la procuración de justicia, de ahora en adelante, también.
“Todavía es temporada de zopilotes”, declaró el expresidente López Obrador en un video subido de forma inesperada el día de ayer en redes sociales. “Hay que apoyar mucho, mucho, mucho a la Presidenta”, recalcó quien aseguró estar retirado aunque sigue contando con la lealtad absoluta de sus seguidores, a quienes aprovechó para anunciar la posibilidad de su retorno en caso de que tuviera que volver para salvarlo todo. La gente, por supuesto, ya comenzó a esperarlo.
“No estoy contento con México”, había advertido el presidente norteamericano la semana previa a la salida de Gertz Manero. “Haremos lo que sea necesario para detener el flujo de drogas”, respondió al ser cuestionado sobre la posibilidad de dirigir ataques directos en territorio mexicano. La cabeza del fiscal bien podría haber sido el comienzo.
Nunca sabremos a ciencia cierta los pormenores en torno a la salida de Alejandro Gertz como titular de la FGR. La política mexicana es como un iceberg del que sólo percibimos la superficie sin darnos cuenta de lo que pasa debajo, en cada capa, donde los peces se devoran entre sí y sigue rigiendo la ley del más fuerte.
Razones
La caída del fiscal Gertz
La Defensa, la GN y la Marina, junto con la SSPC trabajaban en forma conjunta, y la FGR quedaba fuera de ese esquema de trabajo.
Jorge Fernández Menéndez
Excelñsior
No, no fue Adán Augusto López o el propio López Obrador los que detonaron la salida de Alejandro Gertz Manero de la Fiscalía General de la República. Desde hace semanas, en las reuniones del Gabinete de Seguridad federal eran recurrentes las quejas contra el fiscal, por su ausencia, porque estaba atrincherado en el búnker de la FGR, porque no trabajaba en la reconstrucción de las fiscalías estatales, pero sobre todo porque la judicialización de los asuntos que se llevaban desde la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y la Defensa no se transformaban en procesos ni en condenas. A eso se sumaba lo que fue una norma en los siete años que estuvo al frente de la fiscalía: la filtración, interesada, de información en muchas ocasiones para cubrir intereses políticos o personales. La última, la del caso Raúl Rocha.
La presidenta Sheinbaum ya había querido quitar a Gertz desde antes de asumir la Presidencia, pero el fiscal se negó y contaba, además, con el apoyo de López Obrador. A eso se sumaba la duda de si se impulsaba a Omar García Harfuch a la fiscalía o a seguridad pública. Finalmente, Omar se quedó en la SSPC y pidió que en la reestructuración de todo el Gabinete de Seguridad la policía de investigación, que está en manos de la fiscalía, pasara a depender institucional o tácitamente de la secretaría, para darle al secretario más músculo y para poner en coordinación las tareas de inteligencia con la judicialización de los procesos.
Pero Gertz también se negó. Eso provocó una suerte de desfase de todo el proceso porque la Defensa, la Guardia Nacional y la Marina, junto con la SSPC, trabajaban en forma conjunta, y la FGR quedaba fuera de ese esquema de trabajo. Y, además, los temas que le interesaban se filtraban en forma continua, sobre todo durante los últimos meses. Y otros quedaban paralizados en la propia fiscalía.
La caída del fiscal, en realidad, tendría que haberse dado el sexenio pasado. Nunca debería haber superado el caso del proceso que inició contra su familia política tras el fallecimiento de su hermano, que llevó a que tuvieran en prisión a Alejandra Cuevas por más de un año: que la Suprema Corte por unanimidad haya desestimado la acusación, liberado a Cuevas y acabado con ese proceso en el que el fiscal impuso todo su peso político, hubiera sido suficiente para que Gertz tuviera que presentar su renuncia.
De allí nacieron también otros conflictos, entre ellos la larga persecución del fiscal, con base en averiguaciones previas amañadas y filtraciones, incluso pagando algún libro, contra el consejero jurídico Julio Scherer Ibarra. Gertz fue a pedirle a Scherer, cuando éste era el poderoso consejero jurídico, que intercediera ante la Corte para que lo apoyaran en el juicio contra la señora Cuevas y su hija. Scherer le dijo que era imposible, que el caso no tenía sustento. Gertz lo amenazó diciéndole algo así como “usted eligió, podría haber tenido un fiscal amigo y prefirió tener un fiscal enemigo”. Y desde allí se lanzó aquella campaña.
Pero a eso se sumó la manipulación de los procesos para obtener objetivos políticos: el caso Lozoya fue paradigmático en ese sentido. Se usaron los actos de corrupción del exdirector de Pemex para tratar de involucrar una larga lista de 49 exfuncionarios de gobiernos anteriores y que Lozoya, como testigo protegido, los inculpara. Pero una vez filtrada la declaración amañada del exdirector de Pemex, la fiscalía no pudo judicializar ni un solo caso, y al final ni siquiera plenamente al propio Lozoya. En términos políticos sirvió para alimentar la narrativa contra el pasado neoliberal de López Obrador, pero la justicia retrocedió al nivel del tristemente célebre periodo de Chapa Bezanilla. ¿Por qué lo mantuvo López Obrador? Porque era el que le trasmitía los chismes de la clase política, empresarial, de los medios y porque protegía sus intereses.
Los casos de Raúl Rocha, la decisión de convertirlo en testigo protegido y de filtrar al mismo tiempo el expediente, y el del segundo tirador del caso Colosio, la detención de Jorge Sánchez Ortega, con quien Gertz estaba obsesionado en convertir en el cómplice de Mario Aburto en el asesinato de Luis Donaldo, un caso desestimado desde hace décadas y que revivió Gertz sin prueba alguna, dicen que colmaron la paciencia presidencial y se decidió operar su remoción.
Se ha dicho que lo pidió Adán Augusto López por temor a ser procesado por Gertz. No es verdad. López Hernández fue a Palacio Nacional convocado por la Presidenta para que operara, donde se tenía que operar, en el Senado, la remoción de Gertz que ella decidió. Y lo hizo a pesar de la oposición de algunos senadores del entorno más cercano a Andrés Manuel, como Alejandro Esquer. El expresidente no se pronunció, pero sí lo hizo su hijo mayor, José Ramón, uno de sus beneficiarios, pues nunca se investigó la casa gris, entre otros temas, en un tuit lleno de elogios al ahora exfiscal.
La remoción de Gertz, dicen quienes han estado con la Presidenta en las últimas fechas, es parte de una serie de movimientos que estaban contemplados para enero, pero que se aceleraron en el caso del fiscal por el enfrentamiento con la mandataria y con todo el Gabinete de Seguridad. Que esa decisión es presidencial, no de Adán o algún otro, lo demuestra la llegada de Ernestina Godoy y los primeros nombramientos en las áreas de investigación y policía de investigación de la FGR ocupados inmediatamente por los más cercanos colaboradores de García Harfuch. No le demos a Adán Augusto un poder que no tiene.
Juegos de poder
La remoción de Gertz, un golpe de autoridad de Sheinbaum
Justo estábamos debatiendo qué tanto poder tenía la Presidenta.
Leo Zuckermann
Excelsior
Después de un verano complicado y un otoño aún más complejo, la Presidenta ha dado un golpe de autoridad al remover al fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero.
La maniobra fue un tanto caótica, pero, al final, se logró el objetivo. Está afuera un funcionario que no era del equipo de la mandataria. Lo sustituirá Ernestina Godoy, quien ya fue la fiscal de la Ciudad de México junto con Sheinbaum en la Jefatura de Gobierno de la capital.
Justo la semana pasada estábamos debatiendo qué tanto poder tenía la Presidenta, cuando ocurre la destitución de Gertz. Y claro que se trata de una remoción por la manera en que ocurrieron los eventos. La convocatoria al Pleno del Senado fue el aviso de que la mayoría calificada de los legisladores estaba lista para separar a Gertz de su puesto, ya sea por la vía de la renuncia o de la destitución por parte de la Presidenta debido a una “causa grave”. Pasaron horas sin saber cuál sería el camino, pero finalmente llegó la carta del fiscal informando que dejaba la fiscalía porque Sheinbaum le había ofrecido una embajada.
Nadie de los que crea en la justicia va a extrañar a Gertz, el primer fiscal supuestamente autónomo. Lo digo porque estos casi siete años que ejerció el puesto, la justicia mexicana no mejoró un ápice.
En varias ocasiones, el fiscal hizo el ridículo.
Usó, para empezar, el poder de su oficina para castigar a familiares que, según él, habían matado a su hermano Federico. En 2020, la FGR acusó a su excuñada, Laura Morán, y a la hija de ésta, Alejandra Cuevas, inventando una figura inexistente en el marco penal mexicano, denominada “garante accesoria”.
Claramente se trataba de una venganza personal del fiscal, quien no tuvo empacho en abusar de su poder. Tras más de 500 días en prisión para Alejandra Cuevas, en 2022 la Suprema Corte revocó la acusación por unanimidad y ordenó su liberación; además, canceló la orden de aprehensión contra su madre.
La credibilidad de la FGR quedó por los suelos debido a este caso.
En 2021, la FGR se prestó para perseguir a 31 científicos del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología por delitos graves como delincuencia organizada, lavado de dinero y uso indebido de funciones. En realidad, era una vendetta de López Obrador en contra de académicos que no comulgaban con su movimiento. Se trataba de acusaciones absurdas. Jueces federales independientes, que todavía existían en 2022, los ampararon. A la postre, la investigación se cerró por falta de delitos. Otro ridículo más de la Fiscalía.
Ni qué decir del caso Emilio Lozoya/Odebrecht. De nuevo, Gertz se prestó para armar un show mediático organizado por AMLO. Más que perseguir la corrupción en Pemex durante el sexenio de Peña, el entonces Presidente le pidió al fiscal que armara un caso con el fin de enlodar a varios personajes de sexenios pasados.
Manipularon todo el procedimiento judicial. Aceptaron que Lozoya se convirtiera en “testigo protegido” e inventara una serie de patrañas que se fueron cayendo una tras otra. Lozoya actualmente se encuentra en un cómodo arresto domiciliario. A diferencia de otros países donde cayeron “peces gordos”, el caso Odebrecht en México acabó en una pifia.
Súmense varias investigaciones emblemáticas que no fueron resueltas durante la gestión de Gertz en la FGR: Ayotzinapa, la Estafa Maestra y Tlahuelilpan, por ejemplo.
Ya durante este sexenio, la actuación de la FGR dejó mucho que desear en casos muy sonados como el Rancho Izaguirre, en Jalisco, donde se encontraron fosas clandestinas y crematorios tras un hallazgo de restos humanos, ropa y calzado. Gertz reconoció el descubrimiento, pero afirmó que no había elementos suficientes para declarar que funcionaba como centro de exterminio o relacionarlo con cárteles. Le llovieron las críticas por la mala recolección de evidencia y la falta de transparencia de las investigaciones judiciales.
Y, por supuesto, está todo el caso del “huachicol fiscal”, tremendo negocio ilegal que prosperó durante el sexenio pasado y que no se explica sin una red de protección política. Aquí, Gertz, en contubernio con el gobierno, limitó la acción judicial a mandos medios de la administración pública.
En suma, la primera experiencia de una Fiscalía autónoma fue fallida. Nada aportó Gertz al mejoramiento de la justicia mexicana. Qué bueno que la Presidenta lo removió de su puesto. Aplauso por este golpe de autoridad.
Ahora llega una persona de su confianza que hizo un buen equipo de trabajo con el hoy secretario de Seguridad del gobierno federal, Omar García Harfuch, cuando ambos trabajaron en la capital el sexenio pasado. Esperamos que Ernestina Godoy presente mejores resultados que Gertz, no politice la justicia ni utilice esta oficina para venganzas personales, como sí lo hizo el futuro embajador.
Astillero
AMLO, el libro y la sombra // Gira, no. Defensa, sí // Guardián desde Palenque // Unidad: cargos y candidaturas
Julio Hernández López
La Jornada
La mejor medida de la vigencia política de Andrés Manuel López Obrador la ha dado la destemplada reacción de los opositores al proceso conocido como Cuarta Transformación, luego de que este domingo fue anunciado el nuevo libro del ex presidente de la República.
La reaparición del tabasqueño, ahora asentado en una finca chiapaneca, se produjo a tres días de que cayó el personaje que él colocó en la Fiscalía General de la República, el presunto inminente diplomático Alejandro Gertz; a unas horas de iniciado el proceso electoral hondureño en el que Donald Trump pretende imponer a un candidato conservador; en el contexto del amago militar creciente a Venezuela con la intención de derrocar a Nicolás Maduro y de la campaña de la ultraderecha (Salinas Pliego por delante) contra la presidenta Sheinbaum.
Con apariencia reposada y en un escenario bucólico, con el agregado de gallina y pavorreal rápidamente productores de memes, López Obrador se esmeró en precisar que no le animan propósitos de cacicazgo o mayor incidencia en la vida política nacional, pero advirtió que podría volver a la batalla política si hubiera necesidad de defender la democracia, es decir, pelear contra un intento de fraude electoral (“Me estás oyendo, Salinas Pliego”, pudo haber cantado Paquita la de la Chingada) o la soberanía nacional (“Me estás oyendo, Donald Trump”, habría de entonar Paquita la de la Casa Blanca). Y, desde luego, si hubiera acoso o intento de golpe contra la presidenta Sheinbaum.
La reacción de la reacción fue como ha sido en otras ocasiones. Con frases hechas y alarmismo ya crónico, lo cual exhibe su precariedad que se traduce en ineficacia. A tal grado que, aun cuando es vieja noticia que el ex presidente estaría escribiendo un libro y, en semanas recientes, se habló de que estaría listo en diciembre y que podría producirse una gira nacional de presentaciones, esos opositores a sí mismos quisieron inflar la versión de que el asomo librero del ex presidente se debía a la imposibilidad de Sheinbaum de sostener su gobierno, ante el embate de esa oposición patinante en cuanto oxidada y sólo deslizante.
La presidenta Sheinbaum agradeció el apoyo explícito de su antecesor, la intención de salir en su defensa si fuera necesario. Pero es evidente que ahora tiene en el tablero, aunque aparentemente sólo sea literario, a un peso pesado de la política que es capaz de decir que evita hacer gira nacional de presentación de su texto, en plazas públicas, para no hacerle sombra.
Así como AMLO ha expuesto tres razones combativas que lo harían regresar al activismo y a la protesta en las calles, podría quedar no escrita, pero sí políticamente expuesta, una razón pasiva para mantenerse públicamente silencioso en su finca chiapaneca: que las postulaciones de candidatos a diputados federales, gubernaturas y otros cargos mantengan el sentido de “unidad” que significaría no desplazar ni desdeñar al obradorismo vigente, Andys por delante, y que en las reyertas internas actuales no se rompan acuerdos grupales, tal vez Adanes y Monreales por delante, aunque ha de anotarse que López Obrador tampoco parece dispuesto a meter las manos en demasía a favor de estos personajes prescindibles.
Ya se verá hasta cuándo se mantendrá Andrés Manuel en su retiro campirano. Con el anuncio de ayer, retoma visibilidad y confirma una fuerza tal vez menguada en proporciones aún indefinibles por diversas evidencias de problemas actuales adjudicables a su administración, pero con una capacidad de convocatoria y movilización que lo colocan como una especie de cantado guardián desde Palenque de la continuidad electoralmente triunfante de su proceso 4T.
Y, mientras en Honduras se define la continuidad o freno al modelo intervencionista trumpista con acento en la ayuda financiera condicionada a que gane el candidato deseado en Washington, ¡hasta mañana en la FIL Guadalajara, donde a las 18 horas presentará el autor de estas líneas el libro de Jesús Esquivel, Los cárteles gringos!
México SA
Reaparece López Obrador // Apoyo total a Sheinbaum // México, libre y soberano
Carlos Fernández-Vega
La Jornada
Andrés Manuel López Obrador reapareció en la escena pública, sacudió el tablero y puso a temblar a muchos: desde La Chingada, por medio de un video, el ex mandatario anunció la publicación de su más reciente libro, Grandeza, y de pasadita “mató” toda especulación: no recorrerá la República para promocionar su obra, porque “no puedo presentarlo en las plazas públicas; me gustaría mucho, pero, ¿saben qué? ya me retiré de la actividad política y la Presidenta es la que conduce y lo está haciendo muy bien; no hay que dividirnos, hay que estar muy juntos, unidos”.
Y no sÓlo mandó al mismo destino que el nombre de su rancho a quienes (propios y extraños) han esparcido esa versión, sino que dejó en claro las únicas causas que eventualmente lo llevarían a salir a las calles y regresar a la actividad política: “si atentan contra la democracia, para defenderla a ella (a Sheinbaum); si hay intentos de golpe de Estado, si la acosan, entonces sí, pero no creo que eso pase; y para defender la soberanía de México, porque nuestro país es libre, independiente, soberano, no somos colonia de ningún país extranjero”.
Dado que el video lo difundió desde su rancho, López Obrador metió un chingadazo a sus detractores: “no soy caudillo” ni pretende “hacerle sombra a la Presidenta” ; por el contrario, a ella hay que respaldarla “mucho, mucho, mucho”, porque “todavía es temporada de zopilotes; hay buitres y halcones”.
Y la presidenta Sheinbaum se dejó querer: “estoy muy contenta; somos un solo movimiento, con mucha unidad; queremos mucho al presidente López Obrador; a nosotros ahora nos toca conducir los destinos de la nación con orgullo de pertenecer a este gran movimiento y además orgullosos de nuestro pueblo. Un aplauso desde aquí, con todo cariño, hasta Palenque”.
La reaparición pública de López Obrador, así sea en video, provocó no pocos sudores y entripados en la ultraderecha autóctona y sus adláteres, quienes suponen que con sus marchitas pedorras y su grupito de porros van a tumbar a uno de los gobiernos más sólidos de la historia nacional.
Se transcriben los últimos pasajes del mensaje de López Obrador: “tenemos la mejor Presidenta del mundo. Vean cómo son los jefes de Estado en otros países y comparen. Además, fiel al pueblo, a los principios de la transformación, sosteniendo que sólo el pueblo puede salvar al pueblo. ¿Van a salvarlo los de arriba, los ambiciosos, los que están enfermos de poder y de dinero? No: es el pueblo el que salva al pueblo. Y con el pueblo todo y sin el pueblo nada. Es el que manda en la democracia. Y por el bien de todos, hasta de los ricos, primero los pobres. Si no se atiende a la gente humilde, no se logra la paz; la paz es fruto de la justicia, y nosotros tenemos paz y hay estabilidad política. Nada más que, como puede más el sectarismo, el dogmatismo, el fanatismo de nuestros adversarios, que el sentido común, no internalizan nada de lo que se ha hecho y se va a seguir haciendo. Y hay que apoyar mucho, mucho, mucho a la Presidenta, porque todavía es temporada de zopilotes, y hay buitres y halcones; aquí no (en su rancho), aquí hay pajaritos. Por eso hay que apoyarla.
“Los conservadores dirán que no, que el mejor presidente es el de la mano dura, mezcla de Franco con Pinochet, con Díaz Ordaz, con Salinas, que convierta el país en una cárcel; una gente que no le tiemble la mano; mano dura, dictadura. Acabo de leer una declaración de un presidente, como un mes antes, de que hubo una elección en el sur de nuestra América, de que él no iba a darle ningún apoyo a los discapacitados, porque ése era un problema de los discapacitados y ellos tenían que resolver su problema. Así son los conservadores. Así piensan. Recuerdo que Fox decía: para qué darles pensión a los adultos mayores, que había que ponerlos a trabajar. Ese es el pensamiento conservador. Nosotros pensamos distinto, porque el Estado tiene una responsabilidad social; el gobierno no puede incumplir con su responsabilidad social; el gobierno tiene como objetivo garantizar el bienestar y la felicidad del pueblo, no estar al servicio de una minoría rapaz.”
Las rebanadas del pastel
¿Cómo “combate” Trump el narcotráfico? Fácil: indulta a un ex presidente hondureño condenado a 45 años de cárcel en Estados Unidos por introducir 500 kilogramos de cocaína; militariza una zona del Caribe y, hasta ahora, asesina a 83 personas por “trasiego de drogas”; amenaza con invadir Venezuela para “detener” el envío de enervantes a su país, y presiona a México y Colombia. Eso sí, en su territorio no mueve un pelo, y la droga inunda a Estados Unidos, mientras el número de adictos crece a paso veloz.
