Columnas Escritas
Lo que dicen los columnistas
Salinas Pliego y los límites de la libertad de expresión
Sus ataques contra Sabina Berman, Vanesa Romero y Denise Dresser no son simples opiniones fuertes. Son agresiones directas. Actos que buscan denigrar, silenciar y reducir al otro.
Proceso
La libertad de expresión permite disentir, denunciar, cuestionar y construir. Pero no es un derecho absoluto. Tiene límites precisos. Termina donde comienza la dignidad y el honor de las personas. Las recientes declaraciones del empresario Ricardo Salinas Pliego en su cuenta de X cruzan claramente esa línea. Sus ataques contra Sabina Berman, Vanesa Romero y Denise Dresser no son simples opiniones fuertes. Son agresiones directas. Actos que buscan denigrar, silenciar y reducir al otro. Veamos.
Primero. La libertad de expresión está reconocida por diversos instrumentos internacionales y por la Constitución. Permite señalar abusos, discutir ideas y construir consensos. Pero la ley y la doctrina aclaran que la libertad de expresión tiene un núcleo duro: la emisión de un mensaje que aporta al debate público. Puede ser un mensaje crítico, de apoyo, de disenso o de denuncia. Lo esencial es que transmita una idea, una posición, un argumento.
Cuando la expresión se vacía de contenido y se convierte únicamente en insulto, deja de estar en ese núcleo esencial. Se convierte en violencia simbólica. No informa, no educa, no enriquece. Solo degrada. Hay consenso internacional el alcance de esa libertad y el insulto no es parte de un discurso protegido por la ley. La Suprema Corte de Justicia de la Nación precisa que la Constitución “no reconoce un derecho al insulto o a la injuria gratuita” (Amparo Directo 28/2010 y muchos más).
El Tribunal Constitucional español ha sostenido de manera reiterada que la Libertad de expresión “no cobija las “expresiones formalmente injuriosas e innecesarias para el mensaje que se desea divulgar” (STC 49/2001. En el mismo sentido, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha establecido que: ““no se deben emplear frases injuriosas, insultos o insinuaciones insidiosas y vejaciones” (Kimel vs. Argentina, mayo 2 de 2008, párr. 13.). Y el artículo 14 de la Ley de Responsabilidad Civil para la protección del derecho a la vida privada, el honor y la propia imagen en el Distrito Federal (hoy Ciudad de México) prescribe que: “El carácter molesto e hiriente de una información no constituye en sí un límite al derecho a la información, para sobrepasar el límite de lo tolerable, esas expresiones deberán ser insultantes, insinuaciones insidiosas y vejaciones, innecesarias en el ejercicio de la libertad de expresión y derecho a la información”.
Segundo. En el caso de Salinas Pliego, no hubo argumentos. No hubo críticas a propuestas o datos. Hubo ataques personales, dirigidos a desacreditar y humillar a Sabina Berman, Vanesa Romero y Denise Dresser. El insulto puro, desprovisto de contenido, no contribuye al mercado de ideas. No ilumina. No despierta conciencia. Es, en palabras simples, violencia verbal. Las palabras pueden sanar o herir. Pueden abrir puertas o cerrarlas.
El insulto es un ataque intencional, directo, dirigido a despojar al otro de su valor público. Busca humillar, intimidar y callar.El principio de proporcionalidad exige que la crítica sea razonable y vinculada a un fin legítimo. El lenguaje puede ser fuerte, incisivo y duro. Pero no puede ser gratuito. Cuando se convierte únicamente en insulto, se rompe esa proporcionalidad. Se desborda. Las declaraciones de Salinas Pliego no fueron un debate. No intentaron contrastar datos ni analizar posturas.
Buscaban dañar la imagen pública de Berman, Romero y Dresser. Querían silenciarlas y aislarlas del debate. El lenguaje no solo comunica. Crea realidad. Define el tono de la convivencia. Cuando una figura pública convierte el insulto en estrategia, envía un mensaje peligroso: la humillación es legítima. El desprecio al otro se normaliza. La burla reemplaza al argumento. Los ataques contra Berman, Romero y Dresser no afectan solo a ellas. Afectan a toda la sociedad. Validan la violencia simbólica como herramienta. Alimentan el odio y refuerzan la polarización. La violencia verbal cierra puertas al disenso y a la crítica legítima. El insulto no enriquece el diálogo. No fortalece la democracia. Solo destruye.
Tercero. La dignidad es el mínimo común que permite que el diálogo exista. Sin dignidad, el espacio público se convierte en un campo de batalla verbal. Un lugar donde el poder se impone a través de la intimidación y no del argumento. Aceptar el insulto como norma abre la puerta al odio. Una vez abierto, ese camino es difícil de revertir. Se degrada la confianza. Se daña la comunidad. El daño social no siempre es visible al instante. Se filtra como veneno lento. Silencia a unos. Envalentona a otros. Destruye lentamente la capacidad de construir juntos. Sin duda, la libertad de expresión es indispensable. Pero no autoriza a destruir al otro.
El núcleo esencial de este derecho está en emitir mensajes que critiquen, apoyen o disientan. Que propongan, cuestionen y provoquen reflexión. Las declaraciones de Ricardo Salinas Pliego violan derechos fundamentales y envenenan el ambiente democrático. Una sociedad digna se construye con argumentos. Con respeto. Con humanidad. No con humillaciones ni con violencia disfrazada de opinión.En México se necesita que todas las voces puedan hablar sin miedo. Donde la dignidad no sea un lujo, sino un punto de partida. Donde el respeto sea la base y no la excepción. Cuando una figura pública recurre al insulto, legitima la violencia verbal. Abre la puerta al odio. Invita a la exclusión.
El ataque contra Berman, Romero y Dresser no es un hecho aislado. Es un mensaje social. Un permiso tácito para agredir a quien piensa distinto. Esto va más allá de la esfera personal. Afecta el clima democrático. Debilita la convivencia. Promueve la intolerancia como regla. En suma, las agresiones de Salinas Pliego no son solo un «desahogo» de un empresario poderoso. Son un acto que hiere a toda la comunidad. El daño no es solo jurídico. Es moral y social.
Arsenal
Los decomisos que exhiben las mentiras de AMLO
Francisco Garfias
Excelsior
El tema de huachicol deja mal parado a AMLO. Los megadecomisos de combustible robado o contrabandeado que se han hecho en los poco más de siete meses de Claudia Sheinbaum en Palacio lo exhiben como mentiroso.
Una y otra vez, el expresidente sostuvo en las mañaneras que había acabado con el robo de combustibles.
No sólo eso. Los decomisos de García Harfuch desnudan también la tolerancia, si no es que la “complicidad” –el término es de la oposición– que el tabasqueño tuvo con organizaciones criminales que han hecho del huachicol su gallina de los huevos de oro.
*Al reconocimiento de que se acabaron los “abrazos, no balazos” a partir del primero de diciembre de 2024, se suma el reclamo de que se castigue a los responsables de ese delito.
Ricardo Anaya, coordinador de la bancada del PAN en el Senado, recordó ayer que entre diciembre de 2018 a enero de 2019 AMLO echó a andar una estrategia para combatir el huachicol: se compraron pipas, se cerraron gasoductos, hubo desabasto en las gasolinerías “y lo más grave –apuntó–, mintieron”.
El panista pidió una investigación respecto de la administracion anterior. Está convencido de que se hicieron de la vista gorda. “Dijeron que se había acabado el huachicol y fíjense ahora en Coahuila. Incautaron 15 millones de litros de combustible robado. Parte tiene que ver con aduanas, también con Pemex”, aseveró.
Anaya, por cierto, está convencido de que, para resolver los problemas que tienen que ver con el crimen organizado, es indispensable un acuerdo internacional con Estados Undos.
“Los dólares con que se financian las organizaciones criminales vienen de EU y las armas con las que asesinan también”, razonó.
Dijo más: “Si los bancos mexicanos, particulamente uno directamente ligado a AMLO, fueron utilizados para que los cárteles de la droga lavaran dinero, tiene que haber responsables…Nuestra exigencia es que se vaya a fondo, caiga quien caiga”.
Manuel Añorve, jefe de la bancada del PRI en la Cámara alta, coincide en señalar que los decomisos de García Harfuch están “desmantelando” la narrativa de López Obrador.
Consideró, sin embargo, que no es suficiente que haya que ir por los responsables. Aprovechó el viaje para señalar que también es “fundamental” para la vida pública de Mexico, la detencion de los responsables de Birmex y de Segalmex.
*Dice el excanciller Jorge Castañeda, en su última colaboracion en la revista Nexos, que sobran motivos para sospechar que grupos de choque de la jefa de Gobierno, Clara Brugada, que vandalizaron durante la protesta contra la gentrificación, hayan sido enviados para “moverle el tapete” a la alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega.
“Ésta última, como lo recordarán, es de oposición. Fue objeto de cuestionamientos electorales por Morena el año pasado, y se ha erigido en una especie de némesis de Clara Brugada”, dijo. Vaticinó: “Si no se suma a Morena un día, y es reelecta en el 2027, se convertiría en un poderoso prospecto para la candidatura a jefa de Gobierno en el 2030, cosa que a ninguna de las tribus de Morena le conviene”.
El diputado del PAN, Federico Döring, opinó sobre el tema: “Hay una enorme hipocresía. No sólo la jefa de Gobierno simpatiza con esa forma de pensamiento. A los que vandalizan espacios públicos y lastiman comercios no los tocan ni con el pétalo de una rosa, pero a los médicos que protestaban de forma pacífica les aventaron a los granaderos”.
*Dos años sin Porfirio Muñoz Ledo. El 9 de julio de 2023 murió a los 89 años de edad, dejando huérfanos de ideas a los integrantes de la clase política mexicana. Lo conocí en París, en la segunda mitad de la década de los ochenta. Eran mis tiempos de corresponsal en Francia. Él venía de Madrid, donde se había entrevistado con el entonces embajador en España, Rodolfo González Guevara, también fallecido.
En ese encuentro, el primero de muchos, me rebeló los motivos de su reunión con González Guevara: se estaba gestando la Corriente Democrática del PRI. Me pidió no publicar nada. Lo respeté. Lo recuerdo sentado en el café Les Deux Magots del barrio de Saint-Germain-des-Prés. A mi memoria regresa la imagen de un risueño Porfirio que hablaba de Carlos Salinas de Gortari, entonces candidato del PRI a la Presidencia de la República. Se refería a él como “la hormiga atómica”.
Fueron muchas las anécdotas. Les cuento una: años después, en 1991, Porfirio quería ser candidato a gobernador de Guanajuato por el PRD. Alegaba “derechos de sangre”.
Estábamos en un salón de Monterrey 50, antigua sede nacional de ese partido, en rueda de prensa. Me dio la palabra. Le pregunté si el PRD insistía en decir “no” a todo.
Me respondió con un complicado choro. “Perdóneme, ya le dijeron aquí que somos simples reporteros…”, le dije. Mi respuesta le hizo pensar que me había enojado.
Me quiso compensar con un comentario elogioso sobre la cobertura que le di en sus visitas a París. Reviré: “Y mire nada más cómo terminamos, usted en la oposición y yo cubriéndolo”.
Razones
Recuperar la cabeza fría
Me gustaba cuando la mandataria contestaba con tranquilidad y con la “cabeza fría” a Trump y a otros, no como ahora que, antes de conocer qué dirá Ovidio Guzmán, está ya reclamando al gobierno de EU que presente pruebas.
Jorge Fernández Menéndez
Excelsior
La presidenta Claudia Sheinbaum ha perdido el tono que manejaba en las primeras mañaneras y éstas parecen haberse convertido en una mala segunda parte, la primera ya lo era, de las que hacía el presidente López Obrador.
Me gustaba cuando la mandataria contestaba con tranquilidad y con la “cabeza fría” a Trump y a otros, no como ahora que, antes de conocer qué dirá Ovidio Guzmán, está ya reclamando al gobierno de Estados Unidos que presente pruebas de sus acusaciones. No tiene sentido que descubran en la mañanera que Julio César Chávez Jr. tenía orden de aprehensión en México desde 2023 y que culpen a Estados Unidos por haberlo detenido, cuando esas órdenes en México no se ejecutaron. O que se sigan pidiendo pruebas de porqué se actuó contra Vector, CIBanco e Intercam desde el Tesoro estadunidense, cuando desde hacía semanas las autoridades estaban advertidas de que eso podía ocurrir. O que un año después todavía pidamos información a la Unión Americana sobre lo sucedido con El Mayo Zambada y con Joaquín Guzmán López el 25 de julio del año pasado, cuando esa información tendría que provenir de las propias investigaciones locales sobre lo ocurrido en territorio mexicano.
Se está contestando mal a una situación muy compleja, donde el gobierno federal es acosado por las presiones y las acusaciones de la administración Trump; por una economía que está en situación crítica, incluyendo una empresa que se intenta rescatar una y otra vez, y que cada vez se hunde más, como Pemex; por una violencia que se mantiene a pesar de los esfuerzos y avances en varios terrenos, como la reducción del número de homicidios; por un escenario extremadamente complejo que requiere mucha mayor imaginación y buscar acuerdos sustantivos, dentro y fuera del país, para salir adelante.
No nos engañemos: la inversión pública y privada está cayendo en forma notable; no se están creando empleos; la deuda pública crece; las estrategias de seguridad tardarán en implementarse plenamente porque las divisiones internas retrasaron la aprobación de iniciativas y otras, como las de la extorsión, comenzarán a discutirse, si bien nos va, hasta septiembre.
Hoy, la mayor de las tramas criminales a la que estamos asistiendo, más allá del narcotráfico y la guerra entre cárteles, es la del combustible ilegal, contrabandeado o extraído de los ductos de Pemex: la trama del combustible ilegal, el mal llamado huachicol, genera utilidades de 12 mil millones de dólares y aprovisiona entre 25 y 30% del combustible que utiliza el país. Se han dado golpes durísimos contra esa trama y cada golpe es una acusación contra la pasada administración, que dejó crecer y cobijó ese enorme entramado criminal. Pero, por eso mismo, para seguir avanzando, esta administración está obligada a tomar medidas contra quienes fueron protectores, cómplices y beneficiarios en el pasado inmediato.
Tuvimos en la colonia Condesa una movilización prohijada por autoridades locales que terminó siendo una noticia global por la violencia, el tono xenofóbico y antisemita que golpeó uno de los éxitos que la propia Presidenta había tenido en su paso por el gobierno de la ciudad: la llegada de personas de distintos orígenes a la ciudad de México. Esa movilización dejó de ser noticia en pocas horas para darle toda la cobertura, que dura ya una semana, a una mujer con un ataque de estupidez que, a los gritos, insultó a un policía, cuando en esa misma zona, ese mismo día, esa misma tarde se vandalizaron 57 negocios en la Condesa, se atacó, sobre todo, a mujeres, se destruyeron patrullas y, con banderas palestinas, se equiparó a la colonia Condesa con Gaza. Y se generó una reacción hasta del Homeland Security.
Aparece en un periódico israelí una versión, porque no es información dura, sobre malos manejos de empresas de seguridad, en una disputa entre dos empresarios, donde se infiere que se pagaron sobornos en México (la nota no dice a quién) y ya el tema Peña Nieto se vuelve viral, con carpeta de investigación incluida. Y se le pide al gobierno de Israel que aporte las pruebas. En todo caso, una vez más, son investigaciones que tendrían que hacer nuestras autoridades. Por cierto, todos los gobiernos, desde Felipe Calderón hasta López Obrador (y también el actual), con o sin razón, han sido acusados de espiar con el sistema Pegasus o similares.
Pero lo cierto es que, con éste y con otros temas, se crea un gran distractor con asuntos, con personajes, con historias que distan mucho de estar en el centro de la dificilísima coyuntura política, económica y de seguridad que vive el país.
El escenario está ya demasiado contaminado como para seguir tratando de desviar la atención con distractores. Hay que actuar con sobriedad y seriedad. Y es en Palacio Nacional, porque allí es donde se concentra el poder, en donde debe volver a prevalecer la cabeza fría.
Astillero
Salinas Pliego, presidente de sí mismo // Con su voto se designó // Irrisoria comparación con Sheinbaum // ¿Ridículo autodestape electoral?
Julio Hernández López
La Jornada
Resultó irrisoria la premura de Ricardo Salinas Pliego en declararse presidente. Lo es, sin duda, del Grupo Salinas, un consorcio empresarial en el que es dominante su propio voto, presumiblemente suficiente para definir el resultado y asignarse la condición de presidente, ya sea de consejos de administración o del grupo en general.
Presidente, pues, de sí mismo, de sus empresas y sus afanes, de un ámbito privado restringido y manipulable a voluntad de dueño, pero nunca equiparable con la condición constitucional de Presidente de la República, máximo cargo público que es electo por decenas de millones de personas y que debe buscar no el lucro sino el genuino servicio a la colectividad, sin abonos chiquitos ni vocación de agiotismo.
Ansioso por darse tratamiento presidencial (de la misma manera en que en su cuenta de X se concede a su arbitrio el título de don o se hace llamar tío Richie), Salinas Pliego inició de esa manera esperpéntica su respuesta a lo dicho en la Mañanera por la presidenta Sheinbaum, electa no por un puñado de capitalistas integrantes de algún consejo de administración, sino por casi 36 millones de mexicanos, y conductora de un proceso de transformación que, con sus claroscuros, ha ganado en elecciones la gran mayoría de los puestos públicos de poder.
Hoy me obliga de nuevo a responderle, de presidente a presidente, postuló el empresario que para hacerse de lo que luego sería Televisión Azteca recibió un préstamo a la palabra de casi 29 millones de dólares de Raúl, el siniestro hermano de Carlos Salinas de Gortari que le asignó Imevisión. El texto del Don-TíoRichie-Presidente (DonTiRiPre) es un alegato diseñado para construirse un sitial como víctima, no como victimario.
Dolorosa historia de este presidente de sí mismo que se pinta como un personaje perseguido por poderes malvados que le endilgan conductas empresariales gandallísimas y posteos personales obscenos y misóginos cuando lo único que él desea en el mundo, y en la sucursal México-Elektra-Itálica (entre otras marcas), es que reine la libertad de enriquecimiento individual salvaje a costa de la colectividad y que vuelvan al poder los gobiernícolas buenos que tantos negocios y contratos le concedieron y que no insistían injustamente en cobrarle impuestos y conexos hasta por 74 mil millones de pesos. ¡Habráse visto tanta perversidad!
Y, claro, la prosa de elegancia sin par que ha disparado el presidente sirviente de sí mismo (presirviente) contra Citlalli Hernández durante largo tiempo, al igual que contra Sabina Berman, Denise Dresser y ahora Vanessa Romero, queda relegada en el memorial de liviandad moral, ofendido ofensor, victimario con coartadas de víctima. Todo sea por aparentar un autodestape con miras a 2030, en presunta venganza electoral por un cobro de impuestos que parece inminente e inevitable.
Porque, en realidad, lo que subyace en la extravagancia neosalinista es la intención de explorar y potenciar las posibilidades de ser candidato presidencial de quien se hizo de lo que ahora se denomina ADN 40 mediante un golpe de fuerza, física, legal y política. Salinas Pliego trata de convertirse en abanderado de la decadente oposición mexicana y de la corriente mileista-trumpista con ramificaciones en México (el neocristero Eduardo Verástegui como enlace), con la bandera de perseguido político y fiscal, de damnificado y mártir a causa de la 4T y con el respaldo de sus concesiones televisivas convertidas en voceros de campañas y desahogo de resentimientos.
Y, mientras Enrique Peña Nieto ve sumirse su más reciente escándalo de corrupción en el acumulado diario de nuevos escándalos que hacen olvidar los anteriores, ¡hasta mañana, con la Corte ordenando a la gobernadora de Campeche, Layda Sansores, que retire material auditivo en redes que implicaba a Alito Moreno y Ricardo Monreal en pláticas privadas!
México SA
Cerca, final del culebrón fiscal // Salinas Pliego, a la caja del SAT // Evasor, misógino y déspota
Carlos Fernández-Vega
La Jornada
Todo apunta a que, en breve, el teleauditorio conocerá el último capítulo del culebrón fiscal protagonizado por el esperpéntico magnate Ricardo Salinas Pliego y, tras 16 años de transmisión ininterrumpida, la toma final de esta rocambolesca telenovela no puede ser otra que el lacrimoso empresaurio (rodeado de su ejército de marionetas y a punto del infarto) frente a una de las cajas registradoras del Servicio de Administración Tributaria (SAT).
Oficialmente, el de los abonos chiquitos e intereses de agio adeuda 74 mil millones de pesos en impuestos, multas, recargos, actualizaciones y conexos (algo así como 3 mil 895 millones de dólares al tipo de cambio de esta fecha, un monto equivalente a casi 80 por ciento de la fortuna que Forbes le atribuyó al cierre de 2024).
Es claro que en este culebrón el problema nunca fue la falta de dinero, sino, simplemente, su caprichosa decisión de no pagar, de incumplir con sus responsabilidad fiscal, y para proceder así contrató un ejército de abogados, fiscalistas e impartidores de justicia (siempre $erviciales en juzgados, tribunales y Suprema Corte), sin olvidar el descarado uso de una concesión pública para litigar y destrozar la imagen pública de quien ose llevarle la contraria, que para eso cuenta con una banda de pandilleros a sueldo, disfrazada de periodistas.
La Jornada (Dora Villanueva) actualiza la información: Tv Azteca, controlada por el empresario, Ricardo Salinas Pliego, perdió en segunda instancia un recurso que había interpuesto contra el pago del impuesto sobre la renta (ISR), correspondiente al ejercicio 2009. De manera preliminar, si el caso no es turnado a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), la televisora deberá pagar alrededor de 3 mil 500 millones de pesos. El asunto se discutió en el décimo tercer tribunal colegiado en materia administrativa del primer circuito el 8 de julio; ahí, por mayoría de votos se resolvió que no procedía el amparo promovido por la televisora, por lo que deberá pagar los impuestos que se arrastran desde hace 16 años. Y como ésta, caen las demás impugnaciones, amparos y demás circo mediático del Tío Richi.
En la mañanera de ayer, la presidenta Sheinbaum retomó el caso del evasor Salinas Pliego: ¿qué es lo que está en el fondo? (de su campaña mediática). Pues que no quiere que hablen de lo que le debe al pueblo de México. Entonces, le busca por aquí, le busca por allá, y que él va a combatir a la 4T y a la Presidenta; pues sí, pero debe 74 mil millones de pesos. También se refirió al más reciente embate mediático del empresaurio y su pandilla contra tres mujeres periodistas: “toda mi solidaridad a Sabina, a Vanessa, incluso a Denise Dresser, y miren que no coincidimos en casi nada, pero no se puede llamar a una mujer de la manera en que esta persona se dirige, con una misoginia, un machismo, un… Terrible. Y tiene que ser un asunto social, no sólo de la Presidenta, porque no puede ser la manera en que se dirige a periodistas, coincidamos con ellas o no… Ya ahorita seguro está ya tuiteando”.
Y, sí, Salinas Pliego es tan predecible que tras la declaración de la mandataria de inmediato a la red X subió lo siguiente, con música de violín de fondo: “presidenta Sheinbaum, hoy me obliga de nuevo a responderle de presidente a presidente (¡claro!, es exactamente lo mismo: serlo de una empresa o de una República). No es nuevo que su administración me use como distractor. Sin embargo, sus recientes declaraciones apoyando a tres ‘escritoras’ –financiadas por su gobierno y dedicadas a difamarme– me obligan a responder: ¿usted sólo se solidariza con quienes están de su lado? He enfrentado ataques sistemáticos, calumnias y juicios mediáticos orquestados por su gobierno. ¿Por ser hombre debo tolerar abusos de poder, insultos y linchamientos públicos?”
Y si a estas alturas alguien dudara de su exacerbado cinismo, el escrito que subió a la red X lo ubica en su exacta dimensión: deje de perseguir a ciudadanos que trabajamos, pagamos impuestos y generamos empleos. ¡Y debe 74 mil millones de pesos… en impuestos!
En fin, el culebrón fiscal está por concluir, aunque en esta ocasión el esperpéntico Tío Richi no tendrá a la mano un Fobaproa que lo rescate ni una Suprema Corte que lo proteja. Mejor que consulte a un siquiatra.
Las rebanadas del pastel
Dice la FGR que se investiga a Enrique Peña Nieto por el caso Pegasus, pero ¿nada más por eso?, porque el copetón y su banda de rufianes tiene un interminable historial de atracos. Entonces, que la Fiscalía abra el abanico, que el de Peña es más grande que el de una sevillana. ¡Ole!
