Columnas Escritas
Lo que dicen los columnistas
Mensaje para la futura presidenta, mexicanas y mexicanos en el extranjero
Reconocer los plenos derechos de los mexicanos en el extranjero, emigrados o nacidos en otro país, ha sido una neblina para los ojos del Estado y sus instituciones. La amplia mayoría de la clase política apenas imagina las nuevas y gigantescas dimensiones de la nación.
Tonatiuh Guillén López | Proceso
Entre los asuntos que deberá reconocer y asumir el Estado mexicano en el próximo periodo sexenal, el más trascendente es la abierta valoración de la población mexicana que reside en el extranjero como una de las grandes potencialidades y desafíos de la nación.
Si hoy existe alguna transformación de escala histórica, profunda para el presente y futuro de México, es y será el pleno reconocimiento de los mexicanos en el extranjero, como esencia de la nación en condiciones iguales a cualquier otro mexicano.
La ruta no es optativa. Ha sido contenida por ignorancia y resistencia al cambio, pero definitivamente es un horizonte en curso, apenas con pasos iniciales considerando la enorme escala de los cambios sociales y económicos que están en su trayectoria.
El “gran cambio” de México no está en alguna providencial lideresa, ni en algún partido político, ni en alguna otra organización relacionada con los poderes públicos. El gran cambio –capaz de marcar la historia– procede de la población mexicana en el extranjero y de su reconocimiento e inclusión en los asuntos nacionales de mayor relevancia.
Cabe advertir que esa inclusión ha comenzado, derivada de la iniciativa de la población mexicana en el extranjero que se plasma en las gigantescas redes sociales, familiares y culturales que se extienden por todo el territorio del país. Esa presencia existe y es cotidiana, material, firme y generosa como son las remesas familiares que han contribuido a que el piso social del país no se hunda.
Desde esta perspectiva, la población mexicana en el extranjero no está “afuera” ni es distante. Por el contrario, tiene una presencia directa e intensa por todos los puntos cardinales; mal haríamos en no comprenderlo.
La población mexicana en el extranjero se integra por dos grandes componentes. El primero corresponde a personas que nacieron en el territorio mexicano y que emigraron, casi en su totalidad hacia Estados Unidos: hoy son alrededor de 11.7 millones. El segundo componente son las mexicanas y mexicanos nacidos en el extranjero, la amplia mayoría en Estados Unidos, y que son aproximadamente 26 millones.
Ambas poblaciones tienen plenos derechos, como cualquier otro mexicano, según lo establece la Constitución.
Reconocer los plenos derechos de los mexicanos en el extranjero, emigrados o nacidos en otro país, ha sido una neblina para los ojos del Estado y sus instituciones. La amplia mayoría de la clase política apenas imagina las nuevas y gigantescas dimensiones de la nación: somos una nación de más de 168 millones de personas. Para decirlo claro: México no es solamente la población asentada en el territorio; esa etapa concluyó a finales del siglo XX.
El siglo XXI corresponde plenamente a la Nación Transterritorial –concepto que amplío en mi libro, de ese título– y se necesita un Estado e instituciones con esa estructura, con nuevas alturas, con nueva imaginación que diseñe el futuro con comprensión integral de la escala actual de la nación.
No es posible construir un futuro nacional pensando que México es solamente lo que está y quienes estamos en el territorio. No es viable simplemente agradecer remesas y al mismo tiempo negar derechos y plena inclusión para la población en el extranjero. Nuestra diversidad social y cultural se ha expandido como agua sobre tierra fértil. Faltan los pasos para comprender, valorar, respetar e incluirnos en un mismo entorno nacional basado en diversidades, incluyendo idiomas y todas las formas culturales que han evolucionado en otros espacios.
Ante el nuevo escenario, ¿pueden concebirse objetivos de desarrollo nacional sin incluir como actor y sustancia del desarrollo a la población mexicana en el extranjero? Sería tanto como excluir a varios estados del país y dejarlos fuera de los objetivos y práctica del desarrollo. Peor aún, sería (es) un desperdicio inmenso de capacidades y potencialidades.
De igual manera, ¿es posible concebir la democracia mexicana del siglo XXI excluyendo a los mexicanos en el extranjero de la representación política y determinación del Estado? Sería tanto como decretar que un tercio de los mexicanos en el territorio no tengan derechos políticos.
Mientras persistan márgenes de exclusión para los mexicanos en el extranjero se crearán barreras y divisiones al interior de la nación y de su nueva estructura social. Los obstáculos serían (son) discriminatorios y abiertamente inconstitucionales.
Evidentemente la nueva nación mexicana y su futuro no configuran un camino simple. Las relaciones del Estado con las poblaciones en el extranjero son complejas y deben implementarse de manera diversa con dos consideraciones básicas: simplemente por razones espaciales (otros territorios) materialmente no puede ser la misma entre la población en el territorio y la que vive en otros países. Pero, incluso en esta condición, lo que está en juego es garantizar los principios de no discriminación e igualdad ante la ley: formas distintas, igualdad de esencia.
Además, entre la población en el extranjero debe considerarse otra importante distinción, no jurídica, sino también en formas: la población emigrada y además la población nacida en el extranjero que en su totalidad es binacional y cuantitativamente más relevante.
Comprendida en sus dimensiones, la nación transterritorial tiene una potencialidad gigantesca y capacidad decisiva para reorientar el futuro de México. Nos encontramos desde hoy ante otra etapa de la historia y es el Estado el que debe adecuarse a la nueva realidad nacional, progresivamente y con claridad sobre la ruta de plena inclusión. Desde la perspectiva constitucional y de las instituciones no puede haber mexicanas y mexicanos “de primera” ni “de segunda”, con derechos y sin derechos, con reconocimiento y sin reconocimiento.
De manera inmediata, un objetivo estratégico del Estado –principalmente mediante la Secretaría de Relaciones Exteriores– deberá ser un programa enorme y continuo para formalizar la nacionalidad mexicana de la población nacida en el extranjero, así como iniciativas culturales –aquí y allá– para valorar a la cultura mexicana evolucionada en otros territorios. Sería muy importante comenzar por aquí.
Después, pasar a otros asuntos decisivos como el desarrollo y la democracia. Sobre esta última, por ejemplo, en la cuestión electoral y en el debate sobre la representación política debe eliminarse la palabra “migrante” por una razón fundamental: la mayoría de los mexicanos en el extranjero no migraron, pues nacieron por allá. Queda mejor e incluyen mejor los términos de mexicanas y mexicanos en el extranjero. Cuando lo hagamos, las nuevas páginas de la historia nacional comenzarán a fluir por sí mismas. No es el fin de nuestros viejos problemas, pero sin duda es el inicio de un nuevo paradigma para resolverlos y crear un horizonte alternativo.
*Profesor del PUED / UNAM, excomisionado del INM.
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De naturaleza política
Pronto, cambios en campañas…
Enrique Aranda | Excelsior
Crece cotidianamente violencia el Tabasco. ¿O ahí no?
A la vista de la conclusión del periodo de precampañas, este jueves, tanto integrantes del “cuarto de guerra” de la impuesta Claudia Sheinbaum como de la opositora Xóchitl Gálvez confirmaron el inicio de un periodo de reflexión y análisis de resultados obtenidos hasta ahora con objeto, de ser el caso, de promover cambios que permitan acrecentar la eficacia del mensaje a transmitir.
Y esto porque, si bien, en el caso de la impresentable exregenta eco, su incuestionable jefe y coordinador de campaña Andrés Manuel López Obrador deslizó, ya que el contenido del mensaje “a defender” por ella y otros candidatos del oficialismo a cargos de elección en junio no será otro que las iniciativas de reformas constitucionales que enviará al Congreso el próximo febrero, nadie al interior de su equipo duda que la realización de cambios en el mensaje difundido y defendido hasta el momento –los dichos y hechos del inquilino de Palacio, esencialmente– y en la estrategia de campaña, ello daría paso a una suerte de relanzamiento de ésta y, previsiblemente, al logro de más y mejores resultados.
En el frente contrario, por su parte, no son escasas las voces, según las cuales, además de evaluar el aporte de todas y cada una de las fuerzas que promueven su candidatura durante el periodo por concluir, la hidalguense ha invitado ya a sus cercanos a analizar el nivel de participación y, más, “el grado de compromiso” de personajes tales como el panista Marko Cortés, el priista Alejandro A(m)lito Moreno y el perredista Jesús Zambrano, así como de media docena de coordinadores generales y o responsables de áreas específicas de la campaña para confirmar la idoneidad de todos y cada uno de ellos para la atención de las responsabilidades confiadas o su eventual remoción hacia otras donde el aprovechamiento de su capacidad y experiencia sean idóneas.
Que a nadie entonces sorprenda una eventual realización de cambios de fondo y forma en una y otra de las estructuras de las dos candidatas y, eventualmente, hasta del mensaje a difundir por cada una de ellas, aun cuando, en el caso de “la favorita” al menos, ello deba conseguir antes la aprobación del tabasqueño y, en el caso de la candidata opositora, deba pasar por un periodo de reflexión compartida con las dirigencias partidistas, pero de que habrá cambios, eso no está en duda. Lo veremos…
Asteriscos
* Ayer, por cierto, en el marco del cierre de su precampaña, en la Arena México capitalina, Xóchitl Gálvez lanzó un reto directo y personalizado a Claudia Sheinbaum para que “si le dan permiso…” acuerden fecha y condiciones para la realización de un debate abierto y sin intermediarios entre ambas. ¿Habrá respuesta?
* Ubicado hace ya un buen número de semanas como el alcalde capitalino mejor evaluado, el queretano Luis Nava mantiene programas de apoyo a mujeres y atención a adultos mayores con gran aceptación y, ahora, pone en marcha uno de intervención en colonias para dejar “chula” la ciudad, tras dos periodos al frente de su gestión, que concluye en septiembre. Bien…
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Razones
Se desmoronan acusaciones sexenales
Jorge Fernández Menéndez | Excelsior
Poco a poco los casos paradigmáticos que ha utilizado la actual administración federal para desde la justicia ajustar cuentas con rivales políticos se están derrumbando. Lo que sucede es que son casos que se han abierto sin una investigación exhaustiva y con más afán político o de venganza, ésa que no existe en Palacio Nacional, que con bases legales. Hoy, judicialmente, todos ellos se están cayendo. Es justicia sexenal que se va diluyendo en la medida en que termina también el sexenio.
El caso más importante ha sido, sin duda, el de Genaro García Luna, el exsecretario de Seguridad durante el gobierno de Felipe Calderón. García Luna ya tuvo su juicio en Nueva York, que lo declaró culpable y que, como siempre dijimos, no se basó en pruebas, porque no tenían siquiera una, sino en testimonios de narcotraficantes que cambiaron sus condenas por los mismos, narcotraficantes que, paradójicamente, habían sido detenido por García Luna.
El hecho es que fue declarado culpable y eso ha sido una enorme arma propagandística para el gobierno federal que no pudo hacer transitar ningún proceso con García Luna en México basado en su presunta relación con el narcotráfico, porque tampoco encontró pruebas. En México, los procesos contra el exsecretario se basaron en atacar por sus negocios a sus socios en Miami, la familia Weinberg, y a la propia familia de Genaro. Pero lo cierto es que incluso en este tema no tienen base las acusaciones. Los negocios de los que se habla fueron realizados después de que García Luna fue secretario y son legítimos, contratos con empresas y dependencias, con una empresa consolidada en Miami que trabajaba hasta con instituciones de seguridad de los Estados Unidos. La persecución a la familia, la esposa, hermanos, sobrinos, me parece detestable.
Pero en Estados Unidos se ha abierto un nuevo espacio en el caso García Luna que no debería ser subestimado. Se tenía que establecer sentencia contra el exsecretario de Seguridad Pública en marzo, pero la misma fue pospuesta porque el juez Brian Cogan, de la Corte de Nueva York, aceptó revisar un documento de la defensa, que exhibe numerosas irregularidades en las que cayó la fiscalía, la parte acusadora: los testimonios de los criminales que actuaron como testigos fueron coordinados; alguno de ellos, que se presentaba como testigo protegido en la fecha en que hizo ese acuerdo, seguía con actividades criminales, lo que anula su testimonio. Un exfuncionario de Coahuila, también preso y testigo colaborador que brindó testimonio sobre supuestos pagos a García Luna, se equivocó en lugares y fechas; por ejemplo, dijo que García Luna usaba para espiar el equipo Pegasus desde 2009, cuando ese equipo apareció en el mercado en 2011, o que hizo una visita al búnker de la Policía Federal donde se habló de sobornos, en una fecha en que ese búnker apenas estaba en construcción.
Un agente de la DEA dijo que tenía conocimiento de la corrupción de García Luna desde 2010, pero resulta que jamás lo informó a sus superiores, lo dijo 13 años después en el juicio. De ser verdad es un delito, si no el testimonio queda anulado por falsedad. Si el juez acepta el documento, se podría anular el juicio y reponer el mismo y hasta dejar en libertad a García Luna. Si el caso, como algunos creemos, está politizado como parte de algún tipo de acuerdo entre áreas de la administración de López Obrador con la de entonces de Trump, podríamos tener novedades importantes al respecto.
El caso Ayotzinapa hace tiempo que se cayó. Lo sucedido aquel 26 de septiembre de 2014 es lo que, en términos generales, dijo la procuraduría en aquellos años y en investigaciones más ampliadas, como la que sostuvo la CNDH, cuando fungía como tal,y la presidía Luis Raúl González Pérez, y lo que escribimos en el libro La Noche de Iguala (Cal y Arena, 2018). Con una diferencia, la enorme mayoría de los sicarios y líderes criminales que estaban presos terminaron en libertad por la inepta y sospechosa investigación de la fiscalía especial. Y siguen saliendo: Estados Unidos anunció que dejó en Libertad a El Transformer, uno de los jefes de Guerreros Unidos y quien tuvo un papel central en la comunicación entre los líderes y operadores de ese cártel entre Chicago e Iguala, que fueron interceptadas por la DEA. Y que dejaban muy en claro qué había sucedido esa noche. Mientras tanto, en una venganza política y sin pruebas en su contra, se deja desfallecer en la cárcel al exprocurador Jesús Murillo Karam.
En la llamada Estafa Maestra, salvo algún eslabón muy pequeño, las acusaciones realizadas se terminaron diluyendo en la nada. En el caso Lozoya, el exdirector de Pemex acaba de perder la demanda que le presentó la periodista Lourdes Mendoza y no pudo comprobar ninguna de sus acusaciones. Así y todo, el propio Lozoya estaría a punto de quedar en libertad.
El caso del llamado Cártel Inmobiliario, para acusar a dirigentes y funcionarios panistas de la Ciudad de México, tampoco parece transitar hacia algún lado. Sirve como propaganda y quizá para librar alguna orden de aprehensión en tiempos electorales, pero no parece haber, por lo menos que se hayan visto en estos meses, pruebas sólidas que sostengan el caso.
Mientras tanto, emergen en el horizonte dos temas que sí son actuales, que sí tienen pruebas y que pueden ser delicadisimos en el futuro inmediato, sobre todo en cuanto termine esta administración: el caso Segalmex, con un fraude superior a los 15 mil millones de pesos, realizado este sexenio por funcionarios de esta administración, y ahí está, pendiente, la espada de Damocles de las denuncias contra los hijos del Presidente.
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Astillero
Xóchitl: teleprónter retador // Confirma su ¿segundo? lugar // Máynez: ropa de segunda mano// Morena: gatopardismo
Julio Hernández López | La Jornada
No encontró mejor manera de confirmar su condición electoral desventajosa que lanzando bravatas desde un teleapuntador inocultable (Enrique Peña reloaded, aquel que necesitaba un cerebro político sustituto). Lo hizo en un acto masivo, en la Arena Ciudad de México, con la lectura discursiva puesta no en sí misma, sino en los otros: Andrés Manuel López Obrador, Claudia Sheinbaum, las autoridades electorales (INE y tribunal), los gobernadores de Morena, en una especie de reconocimiento clamoroso de las perspectivas de derrota a las que desde ahora les va fijando responsabilidad externa.
Xóchitl lanzada a la marejada de la fanfarronería por los nuevos diseñadores calderonistas de imagen y discurso. A quien va en segundo lugar (con riesgo de caer al tercero, según estimaciones de la naranja dantesca con etiqueta fosfo fosfo) no le queda sino gritar hacia arriba, retar a la puntera, buscar camorra con quien se pueda.
Más difícil es extender la vista sobre la planicie y los abismos propios, así que Xóchitl Gálvez no dijo nada profundo, no hizo ningún deslinde táctico en relación con el escándalo de las negociaciones corruptas en Coahuila de sus dos principales patrocinadores, el PRI y el PAN. Alito, Marko y Zambrano, tranquilos, intocables, resolviendo lo que sí les interesa: no sólo los negocios y las notarías, sino las senadurías y las diputaciones.
Mención especial merece el asunto del telepronter, que reiteró la incapacidad de la hidalguense para improvisar (recuérdese el incómodo lapso en que, entre risas nerviosas, hubo de reconocer que se le fue el discurso en noviembre pasado en el Monumento a la Revolución) y el temor de sus estrategas a que siga cometiendo errores, entre ocurrencias y despistes.
La filopanista centró parte de su retórica en el combate a la continuidad de la llamada Cuarta Transformación y en el apoyo especial a la clase media: ¡Por el bien de Xóchitl, primero la clase media!
En tanto, en Movimiento Ciudadano continuó la escenificación videográfica que coloca al compadrito Jorge Álvarez Máynez como una derivación del poder político y mediático del gobernador de Nuevo León, Samuel García, quien apareció tomando de su guardarropa unos tenis y camisetas de color naranja para entregarlas al sustituto que así asume su candidatura en condición de segunda mano, no valiosa por sí misma, sino de relleno, necesitada del traspaso indumentario del poseedor original del poder, al estilo cómic, que le fue transferido a título de bastón de mando de clóset.
En Morena y su entorno se multiplica el malestar por las candidaturas contradictorias, francamente reveladoras de un ánimo gatopardista rumbo a las próximas elecciones. En Yucatán no sólo se impuso la aberrante postulación para la presidencia de Mérida de un deportista, Rommel Pacheco, que semanas antes de brincar al guinda se proclamaba ferviente blanquiazul, sino que se ha anunciado para buscar escaños la misma fórmula que seis años atrás fue presentada por el Partido Revolucionario Institucional: Verónica Camino y Jorge Carlos Ramírez Marín.
De Jorge Hank Rhon y la alianza con Morena en Baja California cada vez queda más claro el papel central de la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda, cuya administración ha mantenido una orientación más propicia al panismo que a Morena. Y qué decir de Claudia Sheinbaum jugando futbolito de mesa con Cuauhtémoc Blanco, el pésimo gobernador de Morelos al que se ha insistido en limpiarle el camino judicial a cambio de que ayude en la Ciudad de México a conseguir votos para Clara Brugada.
Y, mientras Ecuador, rápidamente militarizado, ha iniciado su propia “guerra contra el narco”, y Argentina busca habilitar a las fuerzas armadas para ejercer funciones policiacas, todo con el beneplácito de Estados Unidos, ¡hasta mañana, con el priísta Manlio Fabio Beltrones lanzado de regreso a la política, en busca de ser nuevamente senador!
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México SA
Ecuador: ¿narcoestado? // Creciente lavado de dinero // Netanyahu, Hitler redivivo
Carlos Fernández-Vega | La Jornada
Ecuador terminó por reventar y lo hizo por la vía del narcotráfico, lucrativa actividad en la que, de una u otra forma, ha sido cómplice la clase política-empresarial de aquel país, a la que le resultó muy atractiva –como ha sucedido en otras naciones latinoamericanas– la carretada de dólares generada por esa actividad ilícita, pero permitida en una nación totalmente dolarizada desde 2000, lo que facilita el boyante negocio de la droga.
Con una corrupción galopante, el narcotráfico penetró y engulló al poder del Estado, y no pocas de las instituciones ecuatorianas –públicas y privadas– terminaron al servicio de los cárteles, como sucedió en el sexenio de Genaro García Luna y Felipe Calderón –en ese orden, de acuerdo con la evaluación que hace el ex presidente francés Nicolás Sarkozy– y en cuestión de algunos años en la dolarizada economía de aquel país sudamericano el lavado de dinero del crimen organizado se multiplicó (de 500 millones a alrededor de 4 mil millones, algo así como 3 por ciento del producto interno bruto (PIB), según la información disponible, que suele quedar corta ante la contundente realidad).
Ahora, Ecuador es una nación gobernada por un empresario nacido en Miami, Daniel Noboa (junior de 36 años hijo del magnate Álvaro Noboa –poseedor de la mayor fortuna del país–, cinco veces candidato –fallido– a la Presidencia de ese país), luego del asesinato del candidato presidencial Fernando Villavicencio. Es sucesor del banquero Guillermo Lasso, un desastre de mandatario neoliberal, al igual que su antecesor Lenin Moreno, traidor de Rafael Correa, víctima de lawfare; con ambos en Palacio de Carondelet, la crisis de seguridad, la inseguridad, la corrupción y el galopante avance del narcotráfico resultaron más que obvios.
Estaba cantado que, tarde que temprano, estallaría la crisis y terminaría por destaparse la cloaca por la inacción –léase corrupción– de las instituciones del Estado, dada su cooptación por el narcotráfico. Mientras las primeras se desmoronan, el segundo día tras día se fortalece y las consecuencias son más que notorias, con una economía narcodolarizada.
Según el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), presidido por Alfredo Serrano Mancilla, el crecimiento de dinero ilícito en el torrente legal coincide con el proceso de desregularización del sistema financiero y las superlativas tasas de ganancia que reporta la banca ecuatoriana desde 2017. Nuestros hallazgos están en concordancia con análisis periodísticos que aseguran que en el país se lava entre 2 y 5 por ciento del PIB anualmente.
Algo más: “seis años de minimización del Estado y desinstitucionalización del país dejan un saldo desalentador en lo social y lo económico: pobreza, violencia e instituciones capturadas por el narcotráfico. A esta economía del desastre social podemos sumar un efecto paradójico: la “estabilidad macroeconómica del narco”, entendida como la capacidad que tienen los narco-dólares de penetrar en el sistema financiero, aumentar la tasa de ganancia de la banca y dar una falsa estabilidad financiera y monetaria, la cual es discordante con la salud de la economía real (empleo, producción y pobreza). El volumen de recursos disponibles en el sistema financiero ecuatoriano es absolutamente atípico”.
La Celag detalla: “si el sistema financiero ecuatoriano lava una parte de ese dinero, significa que acepta depósitos de clientes con fondos de origen ilícito y luego lo presta como parte de sus actividades de intermediación financiera, con lo que gana intereses. En este contexto es que llama la atención el aumento de las utilidades promedio al año del sistema financiero desde que en 2019 se retornó a una política económica basada en los acuerdos con los organismos multilaterales. El alza en el monto de dinero que el sistema financiero regulariza al año ocurre cuando la actividad económica real ecuatoriana aún no supera el nivel de 2014. En resumen, el sistema financiero de ese país regulariza dinero mientras a la economía peor le ha ido”.
Pero algunos cínicos se dicen sorprendidos por la explosiva situación en Ecuador.
Las rebanadas del pastel
Descarado y orondo en su papel de nuevo Hitler, sin que nadie se atreva a detener el genocidio palestino y con el ignominioso apoyo de la Casa Blanca, Benjamin Netanyahu presume que nadie lo detendrá, ni La Haya (Corte Internacional de Justicia), ni el eje del mal ni nadie más. Es una bestia, y la ONU, como siempre, voltea hacia otro lado.
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Fracturas
David Penchyna Grub | La Jornada
El proceso electoral está más cerca de lo que parece. Esta fantasía de la intercampaña en la legislación electoral, o las famosas precampañas dirigidas a militantes y simpatizantes de los partidos políticos, pero que son vistas y escuchadas por todos, son sólo eso: el recordatorio imperante de que el marco normativo para la elección de representantes populares se nos ha quedado muy atrás de la realidad del país. Contribuye a la simulación de todas las partes involucradas. Candidatos, partidos y órganos electorales que saben cómo y a qué hora se violará en esencia la letra legal, pero también cómo habrá de justificarse en función de interpretaciones. Desde los espots dirigidos a todos, pero que cierran con la advertencia de que son solamente para un grupo de personas, hasta los tristemente célebres espectaculares de todas las carreteras del país, que con falsas portadas de revistas anuncian a sonrientes aspirantes en busca de alguna nominación.
Dieciséis semanas nos separan de la elección, no más. Y a pesar de la cercanía del día D, lo que ha quedado en evidencia es la precaria condición del sistema de partidos, la incapacidad de articular estrategias políticas y de comunicación eficaces, y la claudicación de la creatividad política. Las fracturas son evidentes. Las luchas están siendo fratricidas. Pareciera que el enemigo está en casa: unos porque ven inevitable su triunfo e imaginan cómo posicionarse de cara al próximo sexenio; otros, políticamente suicidas, repitiendo eslogánes perdedores, exhibiéndose sin pudor y sin lógica política; otros más, equiparando la nueva política, a la banalidad.
En Morena hay certeza del triunfo. De ahí que, como en el quinto año de gobierno posterior al destape, lo que priva es la impaciencia por ver cómo y dónde se perfila el acomodo. Vamos a ver cómo se procesan las candidaturas locales, y qué tanto, como en el llamado antiguo régimen, el aroma del poder sigue siendo la mejor amalgama de la causa, el mayor incentivo para la unidad. La fractura contenida por la expectativa del poder.
En Movimiento Ciudadano se está pagando el costo político de una mala estrategia jurídica. Samuel García pudo ser un candidato fresco, disruptivo y competitivo. Con todas las críticas que pueda generar, hay una parte del país, un segmento poblacional joven y clasemediero, que hubiera votado por él. Falló la cobertura legal de esa causa. Hoy MC va a la contienda con mucho menor fuerza y volumen. Pero lo más evidente y grave es la fractura con uno de los dos bastiones del partido naranja, que es Jalisco. La fractura operativa, territorial y mortal para un partido que creció como ningún otro en la última década, desde abajo y construyendo cuadros locales interesantes.
En la alianza opositora la fractura es casi natural. Lo que resulta inconcebible es la infantilidad de poner al gobierno y a Morena en bandeja de plata, el obvio discurso de la repartición de un botín electoral, por escrito, con firmas y detalles que solamente revelan la pequeñez de los liderazgos, y de las expectativas. En lo que pintaba ser una semana mediáticamente difícil para el partido en el gobierno, la oposición se encargó no sólo del control de daños, sino de dar nota y, con ello, la razón. Así, una candidata que necesita hoy de los partidos que la abanderan, se deslinda de sus dirigencias una semana sí y una no. Por si fuera poco, los nuevos espots que cierran con la frase mereces más, parecen una cruel jugada contra la candidata ciudadana, toda vez que ese eslogan de campaña ha sido utilizado una y otra vez a lo largo de los últimos 10 años, en cada una de las campañas electorales que acaban en derrota. La fractura en el frente es, en términos históricos, imperdonable; pero cuando se analizan los perfiles y los nombres responsables de ella, es perfectamente entendible.
La fractura empieza a ser el común denominador de esta contienda. Una matizada por la cercanía y factibilidad del triunfo, otras magnificadas por la torpeza o la imposición. El resultado se verá reflejado en el Congreso.