Columnas Escritas
Lo que dicen los columnistas
La vela encendida
La presencia de los zapatistas, el mensaje que ahora nos lanzan en vísperas de su trigésimo aniversario y de esta oscuridad que se anuncia será más densa, es de esa índole. En ellos veo el único punto de luz en la oscuridad.
Javier Sicilia | Proceso
Algo que caracteriza a los zapatistas es su profunda conciencia de que vivimos un tiempo del fin en el sentido apocalíptico del término. Desde su aparición la madrugada del 1 de enero de 1994, alertaron que la lógica capitalista –yo la llamaría desarrollista; el marxismo parte de las mismas premisas– se dirigía al desastre. A ella opusieron el cuidado de la tierra, la pobreza campesina, la preservación de la memoria, la unidad en la diversidad, la compasión por los excluidos, la literatura y el humor.
Pese al asombro que suscitaron, sus propuestas no sólo no se entendieron, el poder ha buscado silenciarlos, incluso aniquilarlos por todos los medios posibles: traiciones, desprestigio, cercos militares, mediáticos y criminales. No lo han logrado. Hijos de la poesía que, decía Borges, “es inmortal y pobre”, han encontrado siempre la manera de decirse.
El 21 de diciembre de 2012, fecha que el calendario maya señala como el fin del mundo, afirmaron que habíamos entrado irremediablemente en él. Ese día centenares de bases zapatistas desfilaron en silencio. Sólo un comunicado circuló con la luminosa precisión de la poesía: “Escucharon, es el sonido de su mundo derrumbándose. Es el del nuestro resurgiendo. El día que fue día, era noche. Y noche será el día que será el día”.
Era el anuncio del principio del fin que llegó 11 años después: México y el mundo entraron en una espiral sin retorno: guerras, cambio climático, descrédito de las democracias, hordas de migrantes tratadas peor que perros, ascenso de ideologías extenuadas, poderes tecnológicos que pueden destruirlo todo, masacres de niños, territorios y enclaves políticos tomados por el crimen organizado, disputas por el control y la administración del infierno, epidemias, y un grave estado de descomposición moral.
Cuando un gobernador, absolutamente vinculado con los poderes del narcotráfico, Ricardo Gallardo, puede decir públicamente y sin consecuencia alguna que un buen amigo es aquel que cuando asesinas a alguien te ayuda a enterrar el cadáver, es señal de que llegamos a grados de abyección inauditos.
La reciente reaparición de los zapatistas en vísperas de su trigésimo aniversario es, a la vez, la confirmación del desastre anunciado treinta años atrás, y la afirmación de que la única manera de que el mundo no se desmorone por completo es preservándolo, custodiando sus sentidos, resguardándolos en las periferias. En el fondo fue siempre su designio. Desde que aparecieron, nunca pretendieron cambiarlo; tampoco rehacerlo, sino conservarlo. Por ello, ahora que el desastre se desató sin remedio, esa preservación se volvió más perentoria.
No sé dónde vayan a parar los comunicados que comenzaron a circular el 22 de octubre de este año con el poema de Rubén Darío “Los motivos del lobo”. La poesía es siempre sorprendente e inesperada. Pero, de todos los que hasta el momento han aparecido, me quedo con la imagen de la niña que durante una larga sesión donde se discutía sobre quiénes eran los pastores y el lobo, de los que habla el poema, en el desastre que vivimos, interrumpe diciendo que lo importante en todo eso eran las crías de ambos.
Esa niña, que quizá se llama Deni, tendrá cuando crezca sus crías, dice otro de los comunicados. De esas crías nacerán otras y así sucesivamente, hasta una nueva Deni que llegará al mundo dentro de 120 años. Para que esa niña pueda ser y vivir libremente dentro de tanto tiempo, los zapatistas tienen el deber de preservar el mundo encerrándose en sus Caracoles.
“Yo –dice el ahora capitán Marcos– puedo soñar con ese momento en que una niña nace sin miedo, que es libre y que se hace responsable de lo que hace y de lo que no hace. Puedo también imaginarlo […] Ellos y ellas [en cambio] la ven, la miran. Y saben lo que tienen que hacer para que esa niña camine, juegue y crezca […] dentro de 120 años. Como cuando miran la montaña. Hay en su mirada como si miraran más allá en el tiempo y en el espacio. Miran la tortilla, los tamales y el pozol en la mesa. Saben que no es para ellos, sino para una niña que ni siquiera está en la intención de quienes serán sus padres, porque no han nacido”, pero que, de alguna forma está allí, porque allí está la tortilla, el tamal, el pozol y el territorio que defienden.
Como en todo tiempo apocalíptico, pienso en la caída del imperio romano o en la de Tenochtitlán, quienes preservan el mundo habitan las márgenes. Son ellos, como lo mostraron los Padres y las Madres del Desierto, asentados en los páramos de Siria y Egipto, o los pueblos indígenas refugiados en las profundidades de las selvas y las montañas, quienes un día, cuando todo haya colapsado, sostendrán el mundo para que nuestras crías puedan seguirlo habitando.
En la larga liturgia de la misa de la resurrección, la misa de la luz, hay un momento que condensa todo. En medio de la oscuridad de la noche se enciende un cirio. Su luz no ilumina la tiniebla, pero destruye su condición de absoluto. En esa vela pobre, pequeña, tan inestable que un soplo de viento pude apagar, el sentido pervive y ha pervivido a pesar del naufragio de los siglos.
La presencia de los zapatistas, el mensaje que ahora nos lanzan en vísperas de su trigésimo aniversario y de esta oscuridad que se anuncia será más densa, es de esa índole. En ellos veo el único punto de luz en la oscuridad y el naufragio del mundo. Una especie de Arca que lleva la vida consigo.
Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, detener la guerra, liberar a todos los presos políticos, hacer justicia a las víctimas de la violencia, juzgar a gobernadores y funcionarios criminales, esclarecer el asesinato de Samir Flores, la masacre de los LeBarón, detener los megaproyectos y devolverle la gobernabilidad a México.
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Razones
2024: la herencia
Jorge Fernández Menéndez | Excelsior
Antes que nada, estimado lector, el más ferviente deseo de que tenga un feliz año, para usted, para los suyos y ojalá que para todos nosotros. No será fácil.
El año terminó con una vorágine de inauguraciones presidenciales y con una violencia incontenible, preludio de lo que será este 2024. El presidente López Obrador terminó el 2023 en una abierta campaña, tanto para asegurar la elección como para condicionar todo lo posible a quien sea su sucesora.
Ninguna de las obras inauguradas por el primer mandatario en este fin de año está, ni siquiera remotamente, terminada. Habrá un vagón VIP en corredor del Istmo, pero esa obra (quizás en términos económicos la que puede ser más redituable de todas las emprendidas en este sexenio), está aún en ciernes. Ese corredor no es lo que se esperaba: debería tener por lo menos dos carriles de ferrocarril, una autopista paralela y debería ser el espacio idóneo de diversos parques industriales. Además de una frontera sur virtual. Nada de eso existe hoy, ni siquiera un ferrocarril funcionando.
Lo mismo sucede con el Tren Maya, que inmediatamente quedó en reparaciones en los tramos estrenados. El aeropuerto de Tulum, como ya había ocurrido con el Felipe Ángeles (cada día es más evidente el enorme error que significó no haber concluido el de Texcoco) no tiene aún las vías de comunicación plenamente integradas.
El Cuchillo II ya ha sido inaugurado tres veces por López Obrador y Samuel García y todavía no aporta agua a Monterrey. Ni hablar de la Megafarmacia, hoy simplemente una bodega, una propuesta que no sólo será casi imposible de operar como se pretende, sino que va en el sentido contrario de los sistemas de distribución de medicinas en el mundo.
La nueva Mexicana de Aviación no deja de ser un embrión de una aerolínea que no tiene sentido, que es subsidiada por el gobierno, que le hace competencia desleal a las empresas del sector y que, por las prisas para que operara, en los hechos casi no tiene aviones.
De la refinería de Dos Bocas, inaugurada hace ya más de un año, no hay noticias y obviamente le falta aún mucho para refinar un solo barril de crudo.
Prácticamente ninguna de estas obras y ocurrencias presidenciales se podrán amortizar en muchos años y sus inauguraciones no dejan de ser actos de proselitismo apenas disfrazados.
El presidente López Obrador dice que se irá, pero está haciendo todo para dejar, como dijo antes de morir el dictador Francisco Franco “todo atado y bien atado”. El efecto es directo: quien gane en el 2024, sea Claudia o Xóchitl, tendrá el presupuesto etiquetado y sin margen. No podrá disponer de recursos para cualquier iniciativa de fondo: entre los apoyos sociales y los recursos que todavía se tendrán que destinar a estas obras, sumada a la deuda contratada y las pensiones, no quedará literalmente casi nada.
Y quien sea la nueva inquilina de Palacio Nacional, si quiere recurrir a un fuerte programa de impulso a las inversiones privadas en muchos sectores, como la energía, se encontrará con muchas de las trabas legales que ha levantado esta administración.
Pero, además, quien llegue al poder el próximo 1 de octubre, se topará con otro lastre enorme: la inseguridad. No se trata de evaluar la pertinencia o no de la Guardia Nacional o de la participación militar (ambas necesarias e importantes), sino de comprobar que la estrategia seguida es un fracaso.
Este fin de año se sucedieron los asesinatos y masacres. Que el Presidente festeje que un día festivo hubo sólo 47 asesinatos es tragicómico. Pero no se trata sólo de los homicidios: otros fenómenos como la extorsión y el cobro de piso parecen crecer en forma constante, lo mismo que el empoderamiento de los grupos criminales en todos los ámbitos de la vida del país, como el tráfico de personas.
Para hacerles frente necesitará cambiar la estrategia en forma radical, pero también readecuar las fuerzas de seguridad, invertir mucho en la construcción de policías estatales, en un sistema de procuración de justicia federal y local, incluyendo las áreas de investigación, en los que está todo por hacerse. ¿De dónde saldrán no sólo la determinación política, sino también los recursos para hacerlo?
A eso hay que sumarle otro tema central: la relación con Estados Unidos. Para la administración de Biden la migración y el tráfico de fentanilo son problemas gravísimos que le están afectando en su agenda interna y que en el bando republicano, con Donald Trump a la cabeza, se han convertido en lemas de campaña. El expresidente y ahora aspirante declaró, y ahora repite en sus mítines, que quisiera ser “dictador” por un día con un objetivo: “cerrar la frontera con México”.
Este 2024 terminará sin López Obrador en el gobierno, pero quién sabe si no permanecerá de una forma u otra en el poder. Lo que es indudable es que su herencia será una pesada carga para quien lo suceda.
TREINTA AÑOS
Fue la decisión más importante que ha vivido México desde la posguerra: la entrada en vigor, hace treinta años del Tratado de Libre Comercio. Sin el TLC nuestra vida sería completamente diferente y todos nuestros actuales rezagos serían mucho mayores. Hoy, México literalmente vive de los éxitos derivados del TLC. Preservarlo e incrementar esos acuerdos son parte de nuestros grandes desafíos futuros.
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Nudo gordiano
2024. ¿Alea iacta est?
Yuriria Sierra | Excelsior
El año que está por comenzar será absolutamente decisivo para definir el rumbo que tomará México en las próximas décadas. Cinco puntos centrales acapararán la atención nacional y marcarán la pauta de nuestro desarrollo político, económico y social.
1. Quizá el más trascendental sea el fin del mandato de López Obrador, que concluirá así con su controvertida administración. Será momento para balances reflexivos, más allá de filias y fobias, sobre los aciertos y errores de su gestión.
Habrá que evaluar objetivamente aspectos como el combate a la pobreza y la corrupción, el manejo de la pandemia, la política energética, las tensas relaciones con el sector privado, la militarización, así como el impacto de sus grandes obras insignia. El juicio sereno de la Historia comenzará a decantar cuál fue el legado real del sexenio lopezobradorista. El fin de su mandato marca el cierre de un capítulo excepcional (para bien o para mal) y profundamente controvertido en la historia política de México. Su legado, caracterizado por programas sociales ambiciosos y un enfoque disruptivo, ha dejado huellas profundas en la sociedad. Sin embargo, las críticas sobre la concentración de poder y la polarización persisten, desafiando la narrativa oficialista. La transición hacia un nuevo liderazgo se presentará como una oportunidad para evaluar y redirigir el curso del país.
2. Otro punto medular en este año será la elección de quien habrá de suceder a López Obrador, que, por primera vez, tendrá una real competencia entre dos mujeres de primera: Claudia Sheinbaum por Morena y Xóchitl Gálvez por la alianza opositora PAN-PRI-PRD. Lo que es un hecho (lo he dicho desde hace meses, antes incluso de que ambas fueran electas como candidatas de sus respectivas alianzas) es que la elección presidencial será un hito histórico con dos mujeres compitiendo por la máxima magistratura. Visiones divergentes para México, desde la consolidación del proyecto actual hasta propuestas de cambio significativo. Será delicioso escucharlas a ambas en cuanto la ley les permita comenzar a presentar propuestas concretas que den a conocer con mayor nitidez cuáles son las propuestas de su visión para abordar los desafíos del país. Insisto, yo, desde hace meses, ya celebro que México parece finalmente listo para tener por primera vez en su historia a una presidenta.
3. El desenlace de las elecciones en Estados Unidos también será clave, ya que definirá el tono de la relación bilateral con nuestro principal socio comercial. No es lo mismo lidiar con un Trump enrachado en una segunda presidencia (y recargado en sus prejuicios), que con un Biden más moderado y multilateralista. La posibilidad de un segundo mandato de Donald Trump plantea incertidumbre, dada su retórica confrontativa y políticas migratorias restrictivas. Por otro lado, un segundo mandato de Joe Biden ofrece la posibilidad de un enfoque más colaborativo, pero también plantea desafíos en áreas como el comercio y la seguridad fronteriza. México deberá adaptarse a cualquiera que sea el resultado, preparándose para la compleja interacción entre nuestras dos naciones interconectadas, con áreas de oportunidad nunca antes vistas, pero también con desafíos inéditos.
4. En el ámbito económico, el mayor reto será blindarnos ante una probable recesión global por la crisis energética, la inflación y el alza de tasas de interés de los bancos centrales. Se requerirán sólidas reservas y políticas fiscales y monetarias contracíclicas. La reconstrucción de la economía, afectada por la crisis global, requerirá decisiones audaces y estrategias innovadoras. La capacidad de la nueva presidenta para fomentar la inversión, impulsar la creación de empleo y garantizar la estabilidad financiera será esencial para revitalizar el país.
5. Finalmente, en el tema migratorio habrá que lidiar con el aumento de flujos desde Centroamérica por violencia y pobreza. Se necesitan acuerdos regionales y sensibilidad ante esta crisis humanitaria. México es un país de tránsito para millones de migrantes que buscan llegar a Estados Unidos. El gobierno mexicano debe encontrar una manera de atender las necesidades de los migrantes y de proteger sus fronteras.
En síntesis, México transita hacia una nueva era política en un complejo entorno mundial. Pero si actuamos con visión e instituciones sólidas, podemos salir muy fortalecidos y encaminarnos como país hacia un futuro más equitativo, próspero e incluyente.
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EZLN: sus primeros 30 años
Magdalena Gómez | La Jornada
En torno al aniversario del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) la semana reciente se publicaron en algunos medios, no es el caso del diario La Jornada, diversas entrevistas y versiones un tanto apocalípticas sobre la trayectoria y el estado actual de este movimiento enfatizando crisis y declives y, sobre todo, reclamando que no ha seguido la ruta que desde afuera algunos definían. No sorprende esta suerte de campaña que por fortuna no encuentra eco en numerosos sectores de 20 países junto al Congreso Nacional Indígena (CNI) y numerosas organizaciones de vastas regiones del país, que, como han hecho desde 1994 se hicieron presentes en el caracol de Dolores Hidalgo (creado hace tres años con tierras recuperadas) para la celebración del referido aniversario. Por otra parte, cabe destacar que durante los tres meses previos el EZLN emitió una serie de comunicados en que destacó la problemática de la lucha anticapitalista a escala mundial, nacional y en la entidad chiapaneca que lo llevó a plantear que la lucha es por la vida.
Los zapatistas destacaron situaciones internas que han venido discutiendo en sus espacios autonómicos y que los han llevado a definir cambios en su estructura de gobierno actual. Sin embargo, fue en su último comunicado, el número 20, donde perfilaron la propuesta que en la intervención del subcomandante insurgente Moisés el pasado 31 de diciembre, explicó y abundó ante los miles de asistentes, milicianos, bases de apoyo, adherentes e invitados primero en lengua tseltal y después en castilla o español. Por su trascendencia me concentraré en ella, pues ya se consolidó el anuncio del último comunicado, con la compartición, de uno más de los ciclos estratégicos que el zapatismo decide esta vez en el aniversario 30 de su aparición pública.
Se trata del proyecto crítico a la noción, digamos, occidental o positivista de la propiedad de la tierra. Su eje gira en torno a lo común, la tierra de nadie. La propiedad debe ser del pueblo y común , indicó el subcomandante Moisés; el pueblo tiene que gobernarse a sí mismo y reafirmando la vocación pacifista que han respetado desde el 12 de enero de 1994; afirmó: No necesitamos matar a los soldados y a los malos gobiernos, pero si vienen nos vamos a defender. El acuerdo prefigurado en el comunicado referido consiste en establecer extensiones de la tierra recuperada como del común para que sean trabajadas de manera colectiva, incluso con pobladores no zapatistas. Y enfatizó: Una parte importante es que, para que se pueda lograr esto, tiene que haber un acuerdo entre los pobladores sin importar si son partidistas o zapatistas. O sea que tienen que hablar entre ellos, no con los malos gobiernos. Eso de buscar el permiso de los malos gobiernos sólo ha traído divisiones y hasta muertes entre mismos campesinos.
Las tierras no tendrán propietarios y no serán “ni privadas, ni ejidales, ni comunales, ni federales, ni estatales, ni empresariales, ni nada. Una no propiedad de la tierra. Como quien dice: ‘tierra sin papeles’. Entonces, en esas tierras que se van a definir, si preguntan de quién es ese terreno o quién es el propietario, pues se va a responder: ‘de nadie’, es decir, ‘del común’”. Aclaró que esto se hará “respetando las tierras que son de propiedad personal-familiar, y las que son para trabajo de los colectivos, se crea, en terrenos recuperados en estos años de guerra, esta no propiedad. Y se propone que se trabaje en común por turnos, sin importar qué partido eres, o qué religión, o qué color, o qué tamaño, o que género eres.
Las reglas son sencillas: tiene que ser acuerdo entre los pobladores de una región. No cultivar drogas, no vender la tierra, no permitir la entrada de ninguna empresa o industria. Quedan excluidos los paramilitares. El producto del trabajo de esas tierras es de quienes la laboren en el tiempo acordado. No hay impuestos, ni pago de diezmos. Cada instalación que se construya queda para el siguiente grupo. Se llevan sólo el producto de su trabajo. Pero de todo esto ya iremos hablando más después.
El impacto de esta decisión es mayúsculo, en primer lugar porque justamente en torno a las tierras recuperadas los conflictos han estado presentes y en los últimos tiempos se han agudizado, pues, por ejemplo, el Programa gubernamental Sembrando Vida ha llevado a que organizaciones antizapatistas pretendan usurpar tierras para acceder a dicho programa, recurriendo obviamente a la violencia y a las complicidades oficiales.
Por otra parte, en abono de esta propuesta está la labor conciliadora, que el zapatismo ha practicado a lo largo de los años. Hay conciencia sobre la complejidad de la decisión, por ello, señaló el sub Moisés: Estamos solos, igual que hace 30 años, hasta ahorita hemos descubierto este nuevo camino que vamos a seguir, aquí hace falta que el Congreso Nacional Indígena y el pueblo de México nos digan que están de acuerdo. La consigna final fue viva lo común.
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Brecht en las cañadas
Luis Hernández Navarro | La Jornada
En la pared de madera de una precaria escuelita con techos de lámina, cerca de la comunidad El Naranjal, a tres horas de Oventic, en los Altos de Chiapas, hay una pintada en letras negras que anuncia: Nuestros muros / No son para / Oprimir ni encerrar / Son para colorear / La vida y la libertad / EZLN.
El mensaje es uno de al menos 300 murales y pintadas que, de la mano de las escuelas rebeldes autónomas zapatistas, arropan las frías y áridas paredes de cemento, adobe, madera y lámina de las aulas y edificaciones rebeldes. El concierto de brochas y pinturas empuñadas por niños y adultos de las comunidades sobre los muros desnudos, junto con artistas solidarios, han facilitado el marcaje de su territorio con colores de vida, esperanza, alegría y amor. Olvidados por quienes se creen los dueños del mundo, esos poblados encuentran en el arte la reafirmación de sus propias raíces y horizontes.
El artista mexiquense Gustavo Chávez Pavón, promotor del muralismo comunitario, militante o didáctico, discípulo y camarada de José Hernández Delgadillo, fue durante algunos años parte de la aventura de pintar junto con los habitantes de las comunidades más remotas de las montañas chiapanecas, y en algunas de la selva, entre cuatro y cinco murales en cada una.
Cuenta Gustavo que en una tarde de andanzas brincadoras y adivinanzas que buscan un abrazo arrinconado fue que comenzó esta aventura de pintor, pues tengo la terrible pasión de andar los caminos misteriosos como si fuera condena gitana.
Colorista vivo, creador de obras itinerantes en forma de mantas, Chávez Pavón llegó inicialmente a Chiapas como parte de la primera caravana nacional e internacional de artistas. Era ya evidente que un gran movimiento cultural comenzaba a gestarse desde y alrededor del zapatismo.
Antes, como artista plástico, Gustavo acompañó la lucha de la Coalición Obrero Campesino Estudiantil del Istmo (Cocei) y de la Unión de Comuneros Emiliano Zapata, dirigida por Efrén Capiz. De alguna manera, fue responsable (a pesar de no pretender serlo) de convertir el local de la organización en una especie de galería.
Ya en Chiapas, Chávez se concentró en Oventic. Recuerda: “Allí me corresponde coordinarme. De allí me desplazan los compañeros a diferentes comunidades y escuelitas. La misión es pintar de uno a cuatro o cinco murales, dependiendo lo que necesite la comunidad. Era un trabajal enorme. Era trabajo colectivo, de todos. Adonde yo llegaba, los compañeros ya estaban organizados. Ya habían habido asambleas y designado comisiones. Se sabía quién era el responsable de la comida y dónde se iba a dormir. Ya estaban listos los niños con que íbamos a participar.
“Podíamos trabajar de 6 de la mañana hasta las 11 de la noche. Participaba toda la comunidad. Me recibían. Me tocaba dar un taller básico. Enseñar a usar los pinceles. Cómo tomarlos. Llevaba cuadernos, lápices, pinturas. Les platicaba cómo crear imágenes. Discutíamos qué imágenes crear, lo que se podía poner en ese muro. Pero, para decir lo que queremos decir, a veces no cabía en uno y nos íbamos a otro. Era muy agotador, pero como el ambiente era de fiesta, no se sentía el cansancio. A veces había que alumbrarse con antorchas o fogones.
Era fuerte la alegría, las ganas de crear, el goce. La producción era de todos. Todo se hacía en colectivo. Usábamos colores que dan esperanza y refuerzan la pertenencia colectiva. Cuando platicábamos con los adultos qué imágenes debían ir en el muro, los niños nos ganaban y se ponían a pintar. Son unos tremendos artistas. Los niños nos inspiraban. Muchos niños se volvieron pintores. Pintan cuadros.
Según Gustavo, se formó un gran colectivo, al que se le fue dando rostro. Las comunidades quedaron contentas. Él salió de la primaria autónoma de Oventic rumbo a Palestina, convencido de que hay que exportar dignidad. Le encomendaron que les dijera que su lucha es la nuestra. Ya sin él, el muralismo siguió floreciendo con artistas de las comunidades. Convencido de que hay que hacer murales para liberarnos de los muros, en las paredes de la vergüenza baleadas del nuevo apartheid pintó ¡Viva el EZLN!
La celebración de los 30 años del levantamiento zapatista, en la comunidad de Dolores Hidalgo, muestra que el zapatismo marca su territorio no sólo mediante maíces multicolores que brotan de las paredes de sus aulas, sino del teatro, la danza, la música y la fotografía. Sueñan en colectivo, como trabajan en colectivo y luchan en colectivo. En palabras del subcomandante Moisés, en los festejos la propiedad debe ser del pueblo y común, y el pueblo tiene que gobernarse a sí mismo.
Acompañados de Bertold Brecht, desmintieron las afirmaciones de quienes se sienten en la obligación de decirles qué hacer y cómo hacerlo. Con una masiva puesta en escena, dejaron agarrados de la brocha a aquellos que anuncian (como muchos otros han hecho a lo largo de las últimas tres décadas) la deserción de sus bases, profetizan su inminente cerco y aniquilamiento, ignoran la centralidad de su propuesta de luchar por la vida y explican sus éxitos en la construcción de la autonomía como resultado exclusivo de la solidaridad y no del desarrollo de sus propias fuerzas.
Desacralizando la producción individual, al igual que esos niños muralistas que con los años se convirtieron en pintores, los zapatistas incursionaron en estas décadas en esferas artísticas, formando nuevas generaciones de actores, danzantes, músicos, poetas y fotógrafos. Con las armas de la estética han mostrado –como lo demostraron este fin de año– que, desde una perspectiva anticapitalista, cambian el mundo y controlan su territorio a partir de su identidad, esperanza y cohesión. La dignidad, se sabe, es subversiva.
