Columnas Escritas

Lo que dicen los columnistas

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De naturaleza política

Definirá la Corte sobre nuevos textos…

Enrique Aranda | Excelsior

Aunque sólo temporalmente dicen millones: “calladito…”.

Al margen de los resultados —“si es que alguno hubiera”— que pudiera aportar el ridículo montaje —que al más puro estilo de la 4T y con la explícita intención de “desestimar la embestida conservadora” contra los nuevos libros de texto, cuyo uso se pretende imponer desde el próximo ciclo lectivo—, lo cierto es que el destino de los cuestionados materiales —“como viene ocurriendo con cuanta acción o iniciativa emprende la fracasada administración saliente”— quedará en manos de la Corte, que preside la (odiada) ministra Norma Lucía Piña Hernández.

Esto es cierto, porque, al margen de la argumentada crítica que en contra de los reformados contenidos han enderezado toda suerte de colectivos escolares y de mentores, la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF) a la cabeza de todos ellos acusando un sinnúmero de errores técnicos y científicos y, sobre todo, una innegable manipulación “ideológica” con fines claramente políticos y partidistas, por no decir dictatoriales, quienes finalmente llevarán al frente la defensa de esta “causa” no son otros que los partidos alineados en el Frente Amplio por México que, en ella, ven una oportunidad inimaginada para confrontarse con el fallido gobierno de Andrés Manuel López Obrador y sus cada vez más radicalizados “cercanos”…

La decisión, entonces, de los gobiernos del emecista Enrique Alfaro, en Jalisco; el tricolor Miguel Riquelme, de Coahuila, y de los blanquiazules María Eugenia Campos, de Chihuahua, y Mauricio Vila, de Yucatán —más el del impresentable Diego Sinhue, de Guanajuato, más interesado siempre en mantener el justo medio cuando de actuar contra el gobierno central se refiere—, de no distribuir los textos en tanto el máximo tribunal judicial se pronuncie sobre las acciones de inconstitucionalidad que presumiblemente serán promovidas ante el mismo por opositores, atiende a resistir, sí, al menos hasta que éste se posicione, porque eso y no otra cosa dice la ley, aunque, déjeme parafrasear al tabasqueño, será el pueblo quien decida y él, cuando el “fuego” de las protestas sociales le alcance.

No deberá pasar, pues, mucho tiempo antes de que, de nueva cuenta, el cada vez más dictatorial poder federal —y aliados se entiende— y la representación partidista-ciudadana opositora muestren sus cartas y eleven lo que hoy es disputa pública ante el máximo tribunal. Al tiempo…

 ASTERISCOS

* Fruto de la indolencia, colusión y/o manifiesta incapacidad de sus gobiernos para enfrentar el crimen organizado, que decide lo que ahí ocurre, Guerrero constituye hoy el mejor ejemplo de ingobernabilidad existente en México, ante la complaciente mirada de la gobernadora Evelyn Salgado y su impresentable padre y poder tras el trono, Félix Salgado Macedonio…

* Creciente y justificado malestar y críticas al interior del priismo y aliados en el Frente Amplio por México ante la actitud “agachona y servil” del duranguense Esteban Villegas que, se afirma en la sede del tricolor, se muestra más interesado en ganar puntos ante el inquilino de Palacio que en gobernar y resolver los múltiples problemas que enfrenta su entidad. Uff…

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Juegos de poder

Libros de texto gratuito y la educación en el siglo XX

Leo Zuckermann | Excelsior

El concepto de “libro de texto gratuito” es engañoso. No son gratuitos. Son pagados por nuestros impuestos. Deberían conocerse como libros de texto financiados por los contribuyentes. No estaría mal decirles así para que los niños aprendan que nada es gratis en la vida. Siempre hay alguien que paga.

En una sociedad tan plural como la mexicana, pensar que todos los niños deben educarse a partir del mismo libro es una idea vieja propia del nacionalismo del siglo XX. Sí, en ese entonces había que formar una nación con los mismos valores y, sí, la manera de hacerlo fue a través de una educación centralizada con libros iguales para todos.

Pero eso ya está superado. Hoy la nación mexicana existe y una de sus características es la pluralidad. ¿Por qué no dejar que cada estado, municipio o incluso escuela, con la participación de padres de familia, escoja sus propios textos de una lista aprobada por las autoridades?

Entiendo que en matemáticas se pueda estudiar a partir de un solo libro, pero ¿por qué en ciencias o historia? ¿No sería bueno que cada región tuviera un texto de acuerdo a sus realidades geográficas?

Esto, sin embargo, no es lo más importante. Me temo que el libro como instrumento educativo es cada vez más obsoleto. La realidad de hoy es digital. Los niños cada vez usan más los teléfonos inteligentes para aprender. Ahí, a un clic de distancia, tienen todo el conocimiento que necesitan. ¿Por qué si los adultos usamos Google para nuestras consultas, no permitimos que los niños hagan lo mismo?

Seguir pensando en libros de texto gratuito como herramientas educativas es tanto como enviar un mensaje por telegrama hoy en día. El telégrafo es una tecnología anacrónica. Hacia allá va el libro en el ámbito de la instrucción.

La tecnología es precisamente la característica central de este siglo. Lo que antes tardaba cien años en cambiar, hoy ocurre en menos de un lustro. La tecnología es la fuerza que conduce hoy a la humanidad incluyendo el traspaso de la sabiduría.

Los nuevos libros de texto gratuitos no van a servir ni para formar ciudadanos responsables ni personas que puedan insertarse en el mercado laboral. Van a decir que ésta es una visión neoliberal de la educación. Puede ser. Pero, seamos sinceros, ¿de qué sirve educar a nuestros hijos si después no van a conseguir una mejor chamba?

A mí me parece muy loable que los niños aprendan a trabajar en equipo, tengan valores solidarios y respeten la diversidad social. Pero, como individuos, también tienen que desarrollar las capacidades que les permitan integrarse a los mercados laborales que son cada vez más globales.

En Asia, una de las regiones con las que competimos comercialmente, los países están desarrollando una educación que sea una ventaja competitiva. Esto implica el aprendizaje de idiomas extranjeros (particularmente inglés), una buena base matemática y, desde luego, el manejo de computadoras que están reemplazando a los humanos en los procesos productivos.

Aquí, en cambio, estamos basando la nueva pedagogía en viejas teorías del siglo pasado. Fiel al estilo lopezobradorista, la gloria está más en el pasado que en el futuro.

México tiene todo para convertirse en un país desarrollado en este siglo. La integración socioeconómica con Estados Unidos representa una oportunidad enorme. Pero todavía hay gente, mucha dentro del gobierno, que le tiene miedo a la globalización y las nuevas tecnologías. Las ven como un peligro para una vetusta visión nacionalista.

En México todavía hay muchas comunidades con rezagos económicos importantes. Sería un gran desafío llevar una educación de calidad para el siglo XXI a esos lugares donde no todos los niños tienen acceso a la tecnología. Uno de los programas que me gusta de esta administración, y que va muy retrasado es Internet para todos, un esfuerzo por llevar esta tecnología a todo el país. Eso sí tiene sentido, sobre todo si se combina con una educación que tome en cuenta los desafíos de la actualidad.

Las propias escuelas privadas, las más caras y sofisticadas, están en un proceso de adecuar sus programas y herramientas de aprendizaje para acomodar las nuevas realidades de este siglo. La robotización es ya una materialidad cotidiana al igual que la interconectividad global. La inteligencia artificial apenas florece, pero promete un cambio enorme.

Hace poco vi en un museo estadunidense una mega obra de arte que se generaba a partir de aprendizaje automático (machine learning, en inglés). Me quedé boquiabierto. Ahora regreso a México donde tristemente estamos debatiendo libros de texto que están viendo más al pasado que al presente. Del futuro, ya ni hablamos.

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Astillero

Punteras, dos mujeres // Viene segunda etapa // Encuestas, punto crítico // Vespertinas sobre libros de texto

Julio Hernández López | La Jornada

Las dos formaciones centrales de la política mexicana han entrado en una segunda etapa del inédito y polémico proceso interno adelantado que les permitirá designar coordinaciones nacionales, que en realidad serán sus respectivas candidaturas presidenciales en 2024.

Ha sido una etapa densa, que requirió la definición del tribunal electoral para validar lo que de facto se realizaba con visos de escandalosa simulación que, sin embargo, la máxima autoridad judicial electoral terminó aceptando y regulando. Habrá de verse si este ejercicio de elecciones internas adelantadas se sostiene al paso del tiempo o queda como recuerdo de la intensa etapa del poder obradorista. En particular, queda un saldo negativo en cuanto al abuso de dinero de origen inidentificable en la contratación de anuncios espectaculares y otras formas de propaganda de precandidaturas.

En el flanco opositor, la nueva etapa está a la vista: ayer fue el último día hábil para recolección de registros de apoyo a personas inscritas y un puñado de ellas entrará a una fase presuntamente vigilada por una comisión de observación ciudadana. El proceso opositor tiene la característica de que todo hace entender que de origen el resultado estuvo cargado a favor de la senadora Xóchitl Gálvez, sin peso real de la sociedad civil y con un inocultable control de los partidos políticos y sus camarillas.

En el polo oficialista también hay un aire de final anunciado a favor de Claudia Sheinbaum, la ex jefa del gobierno capitalino que ha mantenido la delantera en las encuestas de opinión, como subsidiaria que es de la fuerza política y electoral del presidente saliente, López Obrador. Este polo tardará aún en finalizar su primera etapa, pero el dirigente formal de Morena, Mario Delgado, ya ha anunciado que el martes venidero se realizará el sorteo de las casas encuestadoras que sustentarán la decisión final respecto a los seis aspirantes formales a 2024.

El punto de las casas encuestadoras, la metodología a usar y otros detalles técnicos ha significado una temprana discusión interna, sobre todo desde los equipos de Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal, que mantienen recelo, aún sin desbordamiento, en previsión de que el desenlace del proceso cuatroteísta pudiera ser manipulable.

En otro tema: autoridades educativas saltaron al escenario mediático la tarde de ayer para defender los libros de texto gratuito que han estado bajo fuertes críticas por parte de personajes empresariales y mediáticos, como Ricardo Salinas Pliego, de Televisión Azteca, y algunos de los pocos gobernadores que son opositores a la 4T y que incluso han presentado impugnaciones judiciales en busca de impedir que los citados libros sean distribuidos en esas entidades.

Por cierto, en su columna institucional, El Diario de Juárez da referencias de Marx Arriaga Navarro, el servidor público federal que está en el centro de la discusión pública por ser pieza fundamental del armado de los nuevos libros de texto gratuito: “estuvo como profe investigador de tiempo completo en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez de enero de 2010 hasta octubre de 2019. Forma parte del grupo de Manuel Loera de la Rosa, hermano del ex candidato a gobernador por Morena, Juan Carlos Loera. Manuel fue el primero en integrarse al gobierno federal apenas arrancado el régimen de la 4T. Meses después fue integrado Marx hasta alcanzar su posición actual como director general de Materiales Educativos de la SEP” (https://goo.su/ChiuFbF).

Y, mientras Donald Trump ha tocado de pasadita el tema de la Guardia Nacional mexicana, comparándola con el general Francisco Villa en cuanto a incorrección política, además de insistir en que consiguió del presidente López Obrador que le diera soldados para frenar la travesía de personas malas hacia Estados Unidos, ¡hasta mañana, con Morena presentando cuentas francamente irreales de gastos de precampaña de sus corcholatas!

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México SA

Autoridades antiéticas y falsarias // Sentencias y decisiones a modo // Gobernadores violarían la ley

Carlos Fernández-Vega | La Jornada

¿Puede una autoridad condenar a un ciudadano con base a lo que ella interpreta o cree que el acusado dijo, o en realidad la sanción debe sustentarse en lo que textualmente esa misma persona real y públicamente expresó? Se supone que esta última opción es la que debe ser el pilar de toda decisión y no la supuesta, imaginaria o interpretativa, pero como a esa autoridad de plano le importa un bledo en el caso de la censura presidencial la primera fue la decisiva, la impuesta.

No es gratuito que el castigado reclame: ante la resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF, con copia al Instituto Nacional Electoral, INE), la cual le atribuyó incurrir en violencia política género contra Xóchitl Gálvez, el presidente López Obrador condenó el desempeño de los magistrados por mentir, calumniar y actuar de manera falsaria. Cuestionó que alteraran sus dichos y deslizó: ¿a qué tribunal acudo yo? Sí podría solicitar un desafuero, tengo elementos, pero no lo voy a hacer, porque los convertiría en mártires vivientes ( La Jornada, Alonso Urrutia y Georgina Saldierna).

Algo más: ojalá la gente pueda revisar el expediente, porque me acusan de ¡violencia política de género!, y lo que hacen es atribuirme expresiones que yo no expuse en esa conferencia. Es realmente grave, y detalló: “¿qué es lo que me acomodan, a ver, qué dije? ¿Qué me cuadran? Que dije esto: ‘fue elegida (Xóchitl Gálvez) por un grupo de hombres que la han impuesto’. Reverendos falsarios. ¿Cuándo dije eso? Lo que dije fue: ‘no es como en el flanco derecho, que ahí ya eligieron los de arriba’. ¿Quiénes son los de arriba? O sea, ¿qué mentira estoy expresando? ¿Qué, no los de arriba son Diego, Fox, Salinas, etcétera? (…). Miren lo que pusieron ellos, según esto dije: ‘Fue elegida por un grupo de hombres que la han impuesto’”.

López Obrador hizo esas precisiones, y otras (la resolución muestra de cuerpo entero a los integrantes del TEPJF; los exhibe, porque mienten, calumnian, actúan de manera falsaria, son capaces hasta de alterar mis expresiones, mis palabras), con lo que queda claro, por si alguien aún tuviera dudas, de qué lado masca la presunta autoridad, utilizando interpretaciones y acomodos para su causa y así justificar la sentencia por violencia política de género.

Por cierto, La Jornada (Lilian Hernández Osorio) informa: “las expresiones atribuidas al presidente López Obrador, por parte de la Comisión de Quejas y Denuncias del INE efectivamente no coinciden ‘en su literalidad’ en todos los casos, pero así se integró en el expediente del acuerdo que esta comisión envió a la sala superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). Fuentes de este órgano jurisdiccional confirmaron que hubo imprecisiones (…) pues compararon las declaraciones originales del titular del Ejecutivo federal con las integradas en el acuerdo de dicha comisión del INE”.

Pero no sólo en el TEPJF y el INE se arman sentencias a domicilio. En la mañanera de ayer se denunció que el juez federal octavo de distrito en materia de administración de la Ciudad de México, decidió otorgar un amparo a la siempre finísima lady gelatinas por medio del cual ordena al Presidente de la República abstenerse de realizar manifestaciones con malicia efectiva en las señales y redes sociales oficiales. Por si fuera poco, ordena abstenerse de transmitir cualquier discurso de odio hacia la quejosa, así como eliminar de todas las cuentas oficiales las declaraciones y comunicados que la aludan”.

La señora (a quien, según dice, sus seguidores estuvieron chingue y chingue que viniera, órale fírmenle, firmemos en familia, ergo, ¡ayuda!, que me desinflo) puede decir en público cuanta barbaridad se le ocurra –y es muy creativa– y hablar pestes de todo el mundo, con López Obrador a la cabeza, pero se muestra de terciopelo y se ampara cuando ella es el centro de las referencias. Y sí, el mandatario es un funcionario, pero también la hidalguense.

Y el juez, Martín Santos Pérez, es parte de la maquinaria X (González Guajardo y asociados), con la antiética fórmula de interpretaciones y lecturas a modo. Y el amparo a la que chingan y chingan no es el primero que se saca de la manga.

Las rebanadas del pastel

Sencillo: los gobernadores (cuatro, hasta ahora) no pueden frenar el reparto de los libros de texto gratuitos, porque su distribución es una facultad constitucional del Presidente de la República, amén de que esos mandatarios estatales actúan de manera sectaria y politiquera.

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Textos y pretextos

Carlos Martínez García | La Jornada

Descalificaciones o defensa a ultranza de los nuevos libros de texto gratuitos marginan la discusión pública informada. De un lado y otro se lanzan invectivas, más que argumentos y desglose de los mismos en propuestas para mejorar el contenido de los materiales educativos. Los nuevos textos sirven a los grupos polarizados como pretextos para justificar intereses políticos y llevar agua a su molino.

Sin conocer el contenido de los libros, o conociéndolos parcialmente, han salido supuestos defensores de los millones de menores que recibirán los volúmenes al iniciar el nuevo año escolar. Señalan los autoproclamados guardianes de la integridad de las conciencias de la niñez que las obras están orientadas ideológicamente por la filosofía marxista y el modelo comunista de gobierno. Al mismo tiempo se presentan como libres de intereses ideológicos porque lo suyo es, así lo implican, velar por la pureza de lo que se transmite a niños en las aulas.

La cuestión no es, considero, si hay inclinaciones de cierto perfil en los libros de texto, sino tamizar tal inclinación con el fin de separar consignas de valores pedagógicos válidos, y necesarios, para una sociedad crecientemente diversificada como la mexicana. El que esté libre de ideología que tire la primera piedra. Todos tenemos ideas, valores, desde los cuales miramos y/o construimos la realidad. Es inexistente que podemos llamar no lugar cognitivo. O como, hace muchos años, analizó Adolfo Sánchez Vázquez en el ensayo La ideología de la neutralidad ideológica, hay que sospechar de la muy subjetiva objetividad de quienes defienden el statu quo que los ha beneficiado.

Los nuevos recursos escolares no son marxistas ni comunistas; tienen, eso sí, presupuestos filosóficos y pedagógicos distintos a los de la anterior generación y, como todo programa escolar/educativo, puede ser analizado para localizar fortalezas y debilidades. Las críticas sustentadas con datos y argumentaciones sólidas en lugar de ser demonizadas debieran ser tomadas por los creadores de los nuevos textos como posibilidad para revisar y, en su caso, incorporar las observaciones que robustezcan la calidad de los libros.

Entre quienes valoran y/o critican el producto de la llamada Nueva Escuela Mexicana (aquí el documento que explica el ser y hacer de la misma: https://rb.gy/200qpxtarget=»_blank» principalmente los libros de texto, no todo es politiquería ni descalificaciones grotescas. La crítica, cuando también incluye la autocrítica, es, o debiera ser, uno de los valores más preciados de la izquierda. En este sentido bien lo ha dicho Luis Villoro, y vale para cualquier escuela filosófica: La filosofía marxista puede verse desde dos aspectos. Por una parte, es un pensamiento crítico y libertario. A la vez que desmitifica las ideologías opresoras, puede orientar a una práctica social que conduzca a una liberación real. Pero también suele convertirse ella misma en ideología. Aparece como una concepción del mundo y de la vida, que presenta un punto de vista sobre todos los problemas filosóficos. Ya no es reflexión crítica de las creencias recibidas, sino doctrina que inculca creencias; como tal, se considera en oposición a todas las demás filosofías. Puede entonces dejar de cumplir una función liberadora, para asumir la de encuadrar a las mentes en una doctrina indiscutida.

Los ciclos educativos son tan importantes que no pueden restringirse a los especialistas que diseñaron los nuevos materiales, son productos de interés público y es señal de vitalidad social la discusión civilizada sobre ellos. Por propia iniciativa se excluyen del diálogo personajes que llaman a encender hogueras. Pero sí tienen cabida en el ejercicio valorativo los padres de los menores (cuya representación falsamente se adjudica el conservadurismo aglutinado en la Unión Nacional de Padres de Familia, nacida en 1917 para combatir la laicidad del Estado y de las escuelas), la comunidad científica y los maestros en distintas regiones y realidades cuyas experiencias pedagógicas serán la prueba de fuego de los nuevos libros, otros sectores de la población y, por supuesto, los estudiantes que usarán los textos.

El proceso para confeccionar los libros ha sido, innecesariamente, accidentado y falto de la transparencia debida, en un tema tan delicado como el educativo. Es un aspecto débil y que deja al descubierto zonas vulnerables para el golpeteo de los fúricos vociferantes, a quienes lo que menos les importa es la niñez. ¿De verdad es imprescindible resguardar por cinco años la información sobre cómo y quiénes gestaron los materiales? Esta decisión es contraproducente para el gobierno y le provee de combustible a los que buscan atizar el fuego.

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