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Al filo de la traición

Lo que está haciendo el presidente es, disfrácese como se disfrace, pregonar que Xóchitl es un peligro para México. Así de ominoso, así de contradictorio, así de triste. ¿No somos iguales? ¿De veras? Podrá decir misa en las mañaneras, pero ya es igualito a sus predecesores.

Agustín Basave

Proceso

Cuando Vicente Fox la emprendió contra Andrés Manuel López Obrador en 2005, muchos analistas nos inconformamos. Yo lo hice en mis artículos periodísticos y en mis participaciones en el programa “Primer Plano”, de Canal 11, primero criticando la recurrente injerencia del entonces presidente en el proceso electoral y luego rechazando el intento de desaforar al entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal.

Poco después se convocó a marchar contra el desafuero y el día señalado me presenté tan temprano en Paseo de la Reforma que tuve que hacer tiempo en un café para que llegara la gente y se iniciara la manifestación. Marché, como cientos de miles de ciudadanos, convencido de que se estaba cometiendo una arbitrariedad.

“Esta chicana equivale”, solía decir a quien me quería escuchar, “a que a un automovilista le dieran cadena perpetua por pasarse un alto”. No sabía si AMLO había incurrido o no en desacato; argumentaba que la pena que de facto se le impondría –sacarlo a la mala de la carrera presidencial– era injusta por absolutamente desproporcionada. “Déjenlo competir”, repetía a diestra y siniestra; “no es un criminal, que la sociedad elija libremente”.

Las cosas han cambiado, y AMLO con ellas. Quien ahora es considerada por la mismísima 4T “un peligro para México” es Xóchitl Gálvez. El presidente de la República arremete contra ella tal como lo hicieron contra él hace 18 años: le lanza desde el pináculo del poder ataques cotidianos para desacreditarla y promueve acciones penales en su contra.

En efecto, AMLO se parece cada día más a Fox, su pluma de vomitar. Se le asemeja en el abuso del megáfono de la Presidencia y de lo que él llamaba artimañas legaloides. También se iguala en su justificación, por cierto: esgrime el triunfo del contrario como el hundimiento del país. No cabe duda, AMLO ha cambiado mucho.

Quienes no hemos cambiado somos los que entonces lo defendimos y hoy, por las mismas razones, defendemos a Xóchitl: porque sostenemos que es inaceptable cometer un ilícito real –la difusión de información reservada, en este caso– para perseguir un presunto ilícito, y que la ley debe aplicarse para hacer justicia, no para zancadillear al enemigo.

El pueblo no es tonto, dice AMLO, pero omite agregar que no hay que dejarlo que se equivoque: hay que explicarle cuál debe ser su voluntad, y él es el único que puede guiarlo en esa búsqueda porque es el único intérprete de la voluntad popular.

Las restricciones al proselitismo contempladas en las leyes electorales mexicanas no me parecen realistas. Esas normas, sin embargo, están vigentes y fueron impulsadas precisamente por AMLO con el propósito de impedir que lo ocurrido en 2006 se repitiera en su contra, aunque por lo visto no le molesta que se repita en su favor. Aquí entra la argucia populista: quienes no están con el caudillo son corruptos, y no se puede permitir que un corrupto gobierne la patria.

Si AMLO asume que a él lo trataron de detener por su ideología y que él no está haciendo lo mismo, si insiste en identificar “conservadurismo” –léase oposición– con deshonestidad, adiós democracia. Bajo ese criterio nadie más que un obradorista que jure lealtad a la 4T podrá gobernar a México per saecula saeculorum. Porque el populismo ata el juicio ético a la postura ideológica –que para efectos prácticos es pensamiento único– y todo aquel que se aparte de esa verdad revelada representa intrínsecamente la deshonra.

Las piruetas para distinguir la guerra sucia de Vicente Fox contra AMLO de la de AMLO contra Xóchitl Gálvez serían risibles si no fueran trágicas. Todas se sustentan en una supuesta superioridad moral, a falta de diferencias prácticas.

El “no hay que cambiar caballo a la mitad del río” ha trocado en “el regreso de los conservadores sería el regreso de la corrupción”. En términos de conductas antidemocráticas es exactamente lo mismo: lanzar todo el peso del poderoso sobre su contrincante para lisiarlo, para que no pueda llegar a la meta.

Lo que está haciendo el presidente es, disfrácese como se disfrace, pregonar que Xóchitl es un peligro para México. Así de ominoso, así de contradictorio, así de triste. ¿No somos iguales? ¿De veras? Podrá decir misa en las mañaneras, pero ya es igualito a sus predecesores.

Del AMLO que conocí en 2005 no queda ni el recuerdo. Ha perdido, en su vergonzosa embestida contra Xóchitl Gálvez, la última brizna de pudor que le quedaba. La obsesión por conservar el poder lo ha llevado a la ignominia.

Teme tanto que ella crezca al grado de derrotarlo en 2024 que está dispuesto a hacerle las mismas suciedades que le hicieron a él. Está demostrando que quiere ser recordado como liberal o nacionalista o justiciero, lo que sea menos demócrata.

El eco del “cállate Chachalaca” resuena lastimosamente en las paredes de Palacio Nacional. “No lo digo yo”, se llama la nueva sección de las mañaneras, prístino ejemplo de la hipocresía y las triquiñuelas de leguleyos que ya no puede reprobar sin morderse la lengua.

Cada vez deja más claro que dirigirá una elección de Estado para asegurar la victoria de su heredera. ¡Cosas veredes, Sancho! Todas las trapacerías que padeció las está recreando.

No sé cómo se las ingenia para imaginar que el juicio de la historia, ese que tanto le preocupa, le será favorable. Atención: si no frena a sus personeros, los que lo complacen presentando denuncias para inhabilitar a la principal contendiente opositora y reeditar el infame desafuero, AMLO se habrá ganado a pulso la sentencia que le dictó a Fox: se convertirá en traidor a la democracia.

La coyuntura crítica

Julio Faesler

Excelsior

Una vez más nos encontramos en la coyuntura del cambio sexenal. No sabemos en qué fase del proceso estamos. Se anticiparon los tiempos y reglas. El juego que ya se inició simula la guerra electoral para distraer la atención nacional de 95 millones de empadronados en una clara estrategia.

Desde hace tiempo López Obrador la tiene anunciada. La siguiente administración 2024-30 ha de ser continuación de la fórmula personal de gobierno que hemos vivido desde que asumió el poder en 2018. El siguiente capítulo es el gobierno autocrático de la 4T, muy alejado de la democracia representativa vigente a lo largo de los gobiernos de tradición posrevolucionaria instalada desde 1910 hasta 2018, con corta inserción panista.

La coyuntura política actual favorece la orientación hacia un cambio. Es patente la quiebra de la democracia liberal como instrumento de bienestar y dignidad, fruto de la libertad. El hecho se confirma en las realidades de inequidad social e inestabilidad política que se expanden en todo el mundo. La frustración popular, intensificada por el crecimiento demográfico, genera profunda decepción en la fe que existía en las elecciones como vías de respuesta a las demandas de mejor calidad de vida para las mayorías asfixiadas en éxitos expresados en crecimientos estadísticos ajenos a la necesidad de dignificar condiciones de vida.

Hace tiempo se demandan fórmulas de cambio para resolver tantas inquietudes populares. Las resistencias de intereses enquistados son muchas. Es este el ambiente en que, como muchos otros países, nos encontramos.

El dilema ni tiene que describirse en la fatalidad de acabar regidos por ineficaces regímenes de dictaduras socialistas que los empresarios y las clases medias tanto temen. El peligro está en que, sin soluciones alternativas efectivas a la vista para remediar las inequidades sociales, la repulsa popular se abre la probabilidad de desórdenes y violencias, rompiendo estructuras de autoridad con daño a todos, menos para los que navegan las turbulentas aguas con privilegios. La clase media aspiracionista continuará siempre sacrificada. La ineficacia de las elecciones democráticas para ofrecer seguridad y vida digna para todos da pretexto en México hasta para grupos de comandos armados privados para llenar el vacío.

Nuestro actual proceso electoral es el escenario en que, en lugar de esquemas simples y entendibles de tiempos y reglas, el Presidente de la República provoca un juego de confusiones con candidaturas oficiales de ficticia independencia en campañas ilegales que complican la transición.

Los candidatos oficiales son los juguetes en este sainete que los humilla. Su única posibilidad honorable sería de negarse al juego. En realidad, los únicos que están trabajando en serio son Creel y Xóchitl, que retan a AMLO con apuestas personales.

Es explicable que la mayoría del sabio pueblo respalde a AMLO. El resto de la población deja las decisiones de gobierno a los políticos profesionales, que han convertido su actividad en cómodos modus vivendi y disfrutan las mieles de la aceitada maquinaria electoral que controlan a nombre del desinteresado electorado.

En 1910 el pueblo tomó la Revolución en sus manos. Hubo luego participación en crear instituciones que dieron orden a la vida nacional. En los años noventa, la ciudadanía marcó el alto al sistema del fraude patriótico para montar instituciones electorales que hoy defendemos contra las agresiones del personalismo sectario de Morena.

La disyuntiva actual no se plantea entre dos o tres partidos políticos que comparten la misma concepción liberal de democracia consagrada desde el siglo XVII y perpetuada en la visión individualista de gobierno. No importan  mucho las alternativas que ofrecen gobiernos personalistas de derecha o de izquierda. La fórmula que amenaza es otra, la de Morena, partido oficial que todo lo dispone fingiendo democracia. El plan es entregar a México a la fórmula de centralizar los tres poderes, desapareciendo al ciudadano en el imperio de un solo partido oficial mayoritario que decide lo que conviene sin usar las desprestigiadas vías de la democracia popular.

Es evidente que la esencia de nuestro dilema está en defender la acción ciudadana en las decisiones públicas o abandonarlas a otros. Mientras cada ciudadano desprecie la actividad política no habrá esperanza en modificar la inercia corruptora que está por arrastrarnos a repetir el error de haber renunciado al deber de atender los intereses nacionales. Regresar a la ciudadanía su poder perdido sólo es posible si la ciudadanía está dispuesta a asumir su responsabilidad o si, una vez más, prefiere volverla a dejar a los profesionales del abuso. Aquí está la coyuntura.

Retrovisor

¿Existe una política social de la 4T?

Ivonne Melgar

Excelsior

Esta semana hubo tres situaciones que permiten documentar los límites del voluntarismo de la autoproclamada Cuarta Transformación, así como el saldo negativo de haber descarrilado programas que en 2018 ya eran una política de Estado.

Nos referimos a la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares del Inegi; al encuentro de diputados con el director del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), José Nabor Cruz Marcelo, y a la negativa del subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, de rendirle cuentas al Congreso.

Son situaciones que nos permiten documentar el costo de haber tirado a la basura políticas públicas que, aun con sus fallas, permitían atender condiciones estructurales de pobreza, desigualdad y marginación.

La inédita potencia del mensaje presidencial cotidiano impide corregir los límites de una estrategia contra la pobreza centrada en transferencias económicas millonarias, mismas que se elogian como sinónimo de justicia social.

Es una retórica exitosa que moduló las acciones que se han ido tomando y que ahora comienzan a arrojar resultados no necesariamente más exitosos que los obtenidos en sexenios anteriores con el Progresa de Ernesto Zedillo, el Oportunidades de Vicente Fox y Felipe Calderón y el Prospera de Peña Nieto.

Y es que, en los cuatro sexenios anteriores a los apoyos monetarios, se sumaron intervenciones en salud, educación, vivienda e infraestructura comunitaria, bajo un concepto de pobreza, que también mide las carencias en esos rubros.

Ya vendrá el análisis del Coneval con los datos de la ENIGH 2022 para dimensionar si hubo avances.

Por lo pronto, el economista Máximo Ernesto Jaramillo-Molina compartió en Twitter algunos señalamientos que otros estudiosos irían confirmando sobre la ENIGH 2022: los hogares más pobres reciben menos programas sociales que en el sexenio anterior; los ricos reciben el triple; y con excepción de la Pensión de Adultos Mayores, ningún otro programa aumentó de forma significativa.

Señaló el cofundador del Instituto de Estudios sobre Desigualdad (Indesig) y del proyecto Gatitos Contra la Desigualdad que los hogares beneficiarios de programas sociales pasaron de 28 a 34 por ciento entre 2018 y 2022, un máximo histórico registrado. Sin embargo, para 30 por ciento de la población más pobre del país, la cobertura sigue siendo menor que en el sexenio pasado. “Más para los que más tienen, menos para los pobres. Como Robin Hood, al revés”, comentó Jaramillo-Molina.

Los programas cayeron en Chiapas, Oaxaca y Guerrero, los estados más pobres del país y aumentaron en Yucatán, CDMX, Nuevo León y Estado de México. “Van cinco años de este sexenio durante los cuales los más pobres reciben menos”. Y concluyó: “la poca progresividad de sexenios pasados se acabó”.

Por otra parte, el Centro de investigación Económica y Presupuestaria advirtió que la ENIGH reporta que “los desafíos educativos continúan presentes: caída de la matrícula, más beneficiarios de becas, pero no en los primeros deciles de ingreso”, es decir, en los más pobres.

El mismo 26 de julio en que se presentó la ENIGH 2022, el director del Coneval se reunió con los diputados de la Comisión de Bienestar para compartir los resultados de estudios sobre el acceso efectivo de los derechos sociales de niñas, niños y adolescentes, concluyendo que deben diseñarse instrumentos que permitan la inclusión digital y entornos escolares libres de discriminación y de violencia; y atender el déficit de servicios de guarderías que permitan un desarrollo social equitativo en las zonas rurales.

Pobreza, cuidado infantil, embarazo en adolescencia y educación para la población indígena son temas en los que el Coneval prendió las alertas, planteando la relevancia de fortalecer y de retomar los apoyos alimentarios a través de comedores escolares y cocinas comunitarias, así como garantizar el acceso a la salud.

Son señalamientos que nos permiten inferir que hay un boquete por la destrucción de las estancias infantiles, las escuelas de tiempo completo, el Prospera, los apoyos de alimentos calientes comunitarios y el Seguro Popular.

Para coronar la semana, diputados y senadores de Morena, PT y PVEM prefirieron reventar la sesión antes que soportar, el martes 25 de julio, las críticas a la negativa del subsecretario López-Gatell para informar las razones que lo llevaron a proponer la cancelación de 35 Normas Oficiales Mexicanas, un paso más en la desinstitucionalización que ha marcado la actual política social.

En esa sesión de la Comisión Permanente se aprobó, incluso con el respaldo de los legisladores afines al gobierno, la petición al Consejo de Salubridad General de que presente un informe sobre la supuesta creación de la política nacional farmacéutica que ese organismo anunció, en mayo de 2021, como parte del compromiso de garantizar el acceso a medicamentos. Porque nada se supo después del anuncio.

Un pendiente que pinta de cuerpo entero la retórica oficialista que propaga haber sustituido al neoliberalismo, sin poderlo probar aún. Es cierto que los problemas sociales son diluidos desde la propaganda y la posverdad gubernamentales que culpan de sus pendientes a la oposición y a sus críticos.

Pero, conforme se acerca el fin del sexenio, afloran las evidencias medibles de que la premisa de primero los pobres se sigue tropezando con la ineficacia del gobierno.

México SA

Pandemia: saldo laboral // Mercado se recupera // Derecha: mocha y cómplice

Carlos Fernández-Vega

La Jornada

Más allá del lamentable cuan irreparable costo en vidas humanas y el elevadísimo precio que se ha pagado en lo económico y social, la pandemia destrozó el mercado laboral y sólo en América Latina la factura fue por demás espeluznante: se cancelaron 49 millones de fuentes de trabajo (formal e informal) en el peor momento de la crisis, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que subraya que además de los empleos perdidos, la región experimentó una fuerte contracción de las horas trabajadas, así como una reducción de los ingresos laborales, que representan 80 por ciento de lo que perciben las personas.

Apenas tres meses atrás la Organización Mundial de la Salud oficialmente dio por concluida la emergencia internacional por la pandemia, aunque la OIT advierte que en 2023 América Latina y el Caribe enfrenta un mercado de trabajo altamente complejo y cargado de incertidumbre a causa de una conjunción de múltiples crisis que impactan los mercados de trabajo y hacen necesaria la aplicación de políticas para crear empleo formal. El problema laboral más urgente para la región es el de la calidad del empleo y los insuficientes ingresos laborales y totales generados por los trabajadores y sus familias.

Con todo, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) considera que los mercados laborales de la región se recuperaron del considerable choque de la pandemia y la mejora en variables como las tasas de participación laboral y de desocupación, iniciada en 2021, continuó en 2022 y, en general, los principales indicadores retomaron los valores prevalecientes en 2019.

Si bien se observa recuperación, en algunos países regionales los indicadores aún no han retomado los niveles previos a la pandemia. A pesar del desempeño favorable observado en los mercados laborales en 2021 y 2022, existen brechas de género estructurales en materia de tasas de participación y de desocupación. En 2022, la productividad laboral promedio experimentó una caída, destacando la contracción de la productividad en sectores como la industria, la construcción y el comercio. Por su parte, los salarios medios reales se estancaron en 2022, lo que contrasta con el aumento observado en 2021 y refleja el impacto de la mayor inflación.

El organismo especializado de la ONU prevé un deterioro de la calidad del empleo, con menores niveles de protección social y un crecimiento de la ocupación en sectores menos productivos, lo que se traducirá en aumentos de los niveles de pobreza y desigualdad de la región. Ante este escenario, es necesario que la región cuente con políticas laborales activas que promuevan una mayor creación de fuentes de trabajo, mayor formalización e inclusión de mujeres y jóvenes en el mercado. La crisis sanitaria mostró que instrumentos como seguros de desempleo, subsidios a la contratación y teletrabajo actuaron de manera complementaria para atenuar la contracción del empleo y sus efectos en 2020. Estos, junto con políticas de promoción del empleo focalizadas en segmentos como las mujeres y la población joven, permitieron impulsar una recuperación, en especial en los sectores particularmente afectados por la pandemia.

En 2022, apunta la Cepal, las economías de América Latina y el Caribe enfrentaron un complejo escenario externo con marcadas repercusiones en el desempeño de la región. Se observó una importante desaceleración de la actividad económica y del comercio mundial, un aumento en la inflación mundial, que a su vez produjo cambios significativos en la política monetaria, con el correspondiente aumento en la volatilidad financiera y la disminución de los flujos de capital hacia economías emergentes.

En el caso concreto de México, desde diciembre de 2021 se recuperó el nivel de empleo formal previo a la pandemia y al cierre de junio de 2023 más de 21 millones 887 mil trabajadores estaban registrados en el Instituto Mexicano del Seguro Social, pero la informalidad marca la pauta.

Las rebanadas del pastel

No hay día en que la derecha no rece y se santigüe ni domingo que no asista a misa, pero, cómplice, a lo largo de los años ha guardado silencio sepulcral sobre la pederastia de no pocos curas. Indigna: en México, se ha presentado abuso clerical masivo, al que urge poner fin y castigar eclesiástica y judicialmente a los culpables, denuncian las organizaciones Bishop Accountability, de Estados Unidos, y Spes Viva, de México, y por lo pronto ponen la mira en Norberto Rivera, Jonás Guerrero Corona, Carlos López Valdez y contando.

Ovnis

Fabrizio Mejía Madrid

La Jornada

El pasado miércoles, tres militares retirados, Fravor, Grusch y Graves, testificaron en una audiencia de la Cámara de Representantes de EU que hay ovnis, cuerpos no humanos y naves espaciales en forma de frasco de pastillas de menta, y que el gobierno las ha ocultado. Grusch, que hasta presentó una denuncia judicial al respecto, confesó apenas hace un mes que él personalmente no los ha visto, pero le han dicho que existen. Sin mayor interés que su propio dicho bajo juramento, lo único cierto es que encendieron de nuevo uno de los mitos más perdurables del siglo XX: el encuentro con otros que vienen del cielo.

Somos el único ejemplo de lo que estamos buscando, dijo Jason Wright, el célebre astrofísico que fundó el centro de estudios extraterrestres de la Universidad de Penn State. Él mismo ha exhortado a la comunidad astronómica a que busque, además de señales de vida, vestigios de tecnología de civilizaciones que pudieron haber desaparecido antes que nosotros tuviéramos la capacidad de llegar hasta ellas. Pero, realmente, nos buscamos en la posibilidad de repetirnos, en alguna evidencia que nos tranquilice para no sentirnos únicos, es decir, solos.

El mito se ha vivido de distintas formas. Los estadunidenses, por ejemplo, han sido militaristas. Le dan el mismo nombre, alien, a un extranjero en la frontera que a un extraterrestre. Lo consideran un problema de seguridad nacional, en vista de que uno de esos aparatos en forma de tic tac puede afectar a la fuerza área estadunidense. Sus científicos se han ocupado con seriedad del tema. En el otoño de 1961, el astrónomo Frank Drake convocó a Carl Sagan, al premio Nobel de Química Melvin Calvin –que recibió el aviso de la distinción justo cuando estaban reunidos y todo terminó en una borrachera con champaña– y a uno de los líderes del Proyecto Manhattan, Philip Morrison. De ahí salió la fórmula Drake que, como él mismo confesó, sirve sólo para organizar todo lo que ignoramos. La fórmula del número de civilizaciones detectables en la galaxia de la Vía Láctea o N saldría de deducir el ritmo de nacimiento de las estrellas, la fracción de las estrellas que albergan planetas, número de planetas habitables por cada sistema planetario, la fracción de estos planetas en los que la vida evoluciona, la fracción de vida en la que evoluciona la inteligencia, la fracción de inteligencia que desarrolla tecnologías comunicativas y la duración media en la que las civilizaciones son detectables. No hay un resultado a la fórmula y tampoco tiene esa intención. En 1961, por ejemplo, no sabíamos de más planetas que los del sistema solar conocido, el nuestro. Pero quizás lo crucial de la fórmula Drake es que propone que los seres inteligentes están en sus planetas y no andan enviando naves con pasajeros. Ésa es una diferencia con la perspectiva militarista del Pentágono, que está a la caza de aparatos que surcan nuestros cielos.

Los aficionados estadunidenses, quienes han informado de 92 por ciento de los 126 mil avistamientos en el mundo, piensan el encuentro extraterrestre como algo que ya ocurrió, pero que el gobierno está ocultando. Es la vieja desconfianza política que confunde al gobierno central con el centralismo planificador, en algunos casos, con un síntoma de comunismo, un modo de vida alien. La planificación central soviética como algo opuesto a la libertad corporativa del capitalismo, de la guerra fría, se solidificó junto con el mito del platillo volador y el extraterrestre humanoide de ojos rasgados y anorexia extrema. Los que creen en esta conspiración abrevan de un malestar político de fondo: la secrecía de los asuntos federales y los encubrimientos de todo tipo, desde el asesinato de los Kennedy hasta las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein tras el 11 de septiembre. Descreer de lo oficial es, para muchos estadunidenses conservadores, una forma de resistencia, aunque acaben creyendo, por ser teorías independientes, en que los Clinton violan niños en los sótanos de pizzerías que no tienen sótano, en QAnon y Roswell. No por nada los aliens de Men in Black (1997) pasan por la frontera norte de México.

En México, los extraterrestres son distintos. Los alienígenas son los invasores colonialistas que saquean el patrimonio cultural. Desde La momia azteca contra el robot humano (Rogelio A. González, 1957), donde la intención del científico loco es robarle a la momia azteca un pectoral y un brazalete sagrados, el encuentro es para que no nos roben. La mayoría del cine mexicano de extraterrestres involucra a los luchadores, El Santo y Blue Demon, contra marcianos o arañas extraterrestres de látex, a cómicos como Viruta y Capulina, El Piporro, El Caballo Rojas, junto a venusinas con trajes mínimos como Ana Bertha Lepe, Adriana Roel o Lorena Velázquez. En una de ellas, Chabelo y Pepito detectives (José Estrada, 1973), los cómicos descubren a unos niños alienígenas, rubios, de ojo azul, que tienen esclavizados a los morenos niños mexicanos usando juguetes de fayuca.

Pero para los que se desconcertaron con la audiencia de los militares estadunidenses el miércoles pasado, quizás haya que terminar este recuento con dos ideas del propio Jason Wright: si encontramos algún día vida fuera de nuestro planeta, serán microbios, y si son seres malévolos, es probable que estemos viendo una película.

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