Columnas Escritas
Lo que dicen los columnistas
Presidentes en el teatro de la República, ¿protocolo o improvisación?
Francisco Javier Acuña
Excelsior
A propósito de la polémica por el protocolo del reciente aniversario de la Constitución, conviene revisar cómo fue el acomodo del presídium en cada celebración de la promulgación de la Constitución de 1917 en el Teatro de la República, durante los últimos cinco sexenios; tomaremos uno de cada periodo.
En 2018, con Enrique Peña Nieto: a los lados del presidente, Edmundo Bolaños, presidente de la Mesa Directiva de Diputados y, del otro, Pablo Escudero, Presidente de la Mesa Directiva de Senadores; Luis María Aguilar Morales, ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Del otro lado, Francisco Domínguez, gobernador de Querétaro; Salvador Cienfuegos Cepeda, titular de la Sedena; almirante Vidal Francisco Soberón, titular de la Secretaría de Marina y Graco Ramírez, presidente de la Conago.
En 2012, con Felipe Calderón: flanquearon al presidente, César Duarte, presidente de la Cámara de Diputados; Gustavo Madero Muñoz, presidente de la Cámara de Senadores; Guillermo Ortiz Mayagoitia, ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; Francisco Garrido Patrón, gobernador de Querétaro; Leonardo Valdez, consejero presidente del Instituto Federal Electoral (IFE); José Luis Soberanes, presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y el gobernador de Nuevo León, Natividad González Parás, presidente de la Conago.
En 2006, con Vicente Fox: de un lado, Manlio Fabio Beltrones, presidente de la Cámara de Diputados, del otro, Enrique Jackson Ramírez, presidente de la Cámara de Senadores; Genaro Góngora Pimentel, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; Santiago Creel, secretario de Gobernación; Ignacio Loyola Vera, gobernador del estado de Querétaro; Gerardo Clemente Ricardo Vega García, secretario de la Defensa Nacional y Marco Antonio Peyrot González, secretario de Marina.
En el año 2000, Ernesto Zedillo Ponce de León: a un lado, Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la Cámara de Diputados, del otro, Juan Ramiro Robledo Ruiz, presidente de la Cámara de Senadores; José Vicente Aguinaco Alemán, ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; Diódoro Carrasco, secretario de Gobernación; Ignacio Loyola Vera, gobernador del estado de Querétaro; Enrique Cervantes Aguirre, secretario de la Defensa Nacional, y José Ramón Lorenzo Franco, secretario de Marina.
Como puede apreciarse, en los anteriores sexenios, siempre el Presidente, en su carácter de jefe del Estado mexicano, estuvo flanqueado por el Poder Legislativo (diputados y senadores), luego el presidente de la SCJN y el gobernador de Querétaro y, desde 2006 a la fecha y al final: de un lado, el titular de la Sedena y el de la Marina, desde 2006 a la fecha, el gobernador que preside la Conago, algunas veces el titular de Segob y en el sexenio de Calderón, hasta el titular de la CNDH.
Sin embargo, por primera vez, para el 106 aniversario, arroparon al presidente López Obrador sus colaboradores, los titulares de las Fuerzas Armadas. El año pasado, así fue, y después del senador estuvo el ministro Zaldívar, presidente de la SCJN; pero este año hubo factores que los llevaron modificar el protocolo. La sorpresiva llegada a la presidencia de la SCJN de la ministra Norma Lucía Piña y la asistencia de Santiago Creel, representante de la Cámara de Diputados. Se supo –se difundieron videos– que de última hora cambiaron los lugares. ¡Al buen entendedor, pocas palabras!
La economía importa
Rolando Cordera
La Jornada
El desparpajo con el que el Presidente y su gobierno abordan el problema económico fundamental revela su falta de empatía con la sociedad que presumen gobernar. De otra manera no se explica su ligereza, por así decir, para abordar cuestiones importantes vinculadas con la economía: el empleo y la ocupación, el ritmo y la consistencia del crecimiento económico o su vinculación con el comercio internacional, a pesar de que en prácticamente todo el globo los estados y los capitales no dejan de buscar senderos transitables para una globalización autista y en crisis; dilemas que para quienes nos gobiernan no reclaman atención ni estudio ya que, se asume, lo que no se ve no existe o, al menos, se presume su trivialidad. Así ocurre hoy con la inflación, que el Presidente cree exorcizar a voluntad, o con el mal llamado peso fuerte con el que el gobierno (se) enfrenta a los males económicos cuya relación con la realidad o con indicadores y perspectivas de la convulsa economía global es nula.
Vender estas ocurrencias como razones suficientes de buen gobierno sólo embrolla la necesaria reflexión sobre el estado real de la economía, complicando más el debate político si de lo que se trata es de construir unos sistemas productivos dinámicos, capaces de generar excedentes suficientes y oportunos para proteger a los más vulnerables y pobres cuya magnitud crece sin conmoverse ante las victorias del fideísmo presidencial.
Un gobierno que se despreocupa de la economía no es motivo de alivio, salvo para uno que otro liberal desvelado que todavía piensa que el gobierno y el Estado no resuelven nada porque ellos son el problema. En realidad, mientras más se desentienda el gobierno de gobernar, y argumente que nuestro poderío económico se basa en un peso cuyo valor depende de la elevación de unas tasas de interés de por sí altas, con cargo a una absurda teoría sobre la inflación en la que pocos en el mundo creen, mayores las condiciones para que la desconfianza se extienda y la incertidumbre abrume a más grupos y sectores.
La inversión sigue sin despuntar en la dirección y montos necesarios para poner en movimiento la maquinaria de la producción y el empleo, a pesar de que ha quedado acreditado que sin inversión no puede haber crecimiento sostenido, ocupación ni excedentes para construir futuros deseables y combatir indeseables realidades sociales. Pero todo esto es, si acaso, peccata minuta, exageraciones neoliberales de malignos despistados que no acaban de darse cuenta de que el paraíso prometido por el evangelio de Hayek está a la vuelta de la esquina, gracias al temple presidencial y la obsecuencia hacendaria, con la solícita asistencia de la Junta de Gobierno del Banco de México.
Mal augurio para una temporada en la que las tendencias a la inestabilidad y las derivas especulativas se hacen presentes; las tragedias de fin de sexenio, que muchos creíamos expulsadas de nuestros escenarios, vuelven con fueros y arrestos para cabalgar con otros jinetes del apocalipsis que las crisis y los bichos han hecho despertar. En economía, el autoengaño puede ser tan letal como la soberbia o la vanidad, pecado favorito del diablo.
¡Viva la revolución sandinista!
Antonio Gershenson
La Jornada
Algo inusitado, una junta de gobierno de reconstrucción nacional toma las riendas para restablecer la paz y dar inicio a una nueva etapa de recuperación. Nicaragua fue un país profundamente lastimado por una familia millonaria y de rancio linaje, también millonario y, además, criminal. Al triunfar la revolución, la etapa oscura de saqueos, despojos y crímenes había llegado a su fin.
Estábamos a la expectativa de lo que pasaba en el país hermano. A través de La Jornada recibíamos información permanente de los enfrentamientos armados entre la guardia nacional somocista y el ejército sandinista. Prácticamente eran partes de guerra recibidos desde los mismos sitios donde se llevaban a cabo los operativos.
También leíamos reportajes que detallaban los pasos de la población civil, ya fuera con el fin de integrarse a la guerrilla o de cómo se organizaban para la resistencia en las ciudades, pues el temor de una contrarrevolución era una realidad.
La esperanza y el anhelo consistían en que esa nueva posibilidad para el pueblo nicaragüense nos alcanzara también a los países de la región. Sentimientos que fueron alimentando la decisión de apoyar a esa heroica revolución. Un proceso creativo que no tenía marcha atrás.
Eso deseábamos y, por esa razón, seguimos haciendo votos para que no muera el espíritu de Augusto César Sandino, de Carlos Fonseca Amador y de tantas mujeres, hombres, niños y niñas combatientes que se unieron a la lucha. Demasiados crímenes, demasiada pobreza, hambre y enfermedades obligaron a la población tan dañada a dar el paso definitivo. ¿Qué otras razones pueden existir para no tomar las armas y defenderse?
Un estacionamiento y un baldío en pocas horas se convirtieron en la actual Plaza de la Revolución por sugerencia del militante sandinista Miguel Blandino Nerio, quien coordinó al grupo de militantes y de civiles a fin de acondicionar este espacio necesario para proclamar el triunfo de la revolución sandinista.
La celebración fue multitudinaria. El pueblo nicaragüense, junto con el ejército sandinista, tenía derecho a celebrar la derrota sobre las tres generaciones de dictadores. La familia de Anastasio Somoza Debayle, última en ocupar la presidencia de Nicaragua, iniciaba su peregrinación buscando un país que le diera asilo. Llegó a Paraguay, país sometido por otro dictador, Alfredo Stroessner Matiauda, pero la justicia lo alcanzó gracias a la Operación Reptil. Somoza fue ultimado con ráfagas de fusiles de asalto M-16 cuando viajaba en su limusina Mercedes Benz Clase S, el tiro de gracia fue con un certero disparo de lanzacohetes antitanques RPG-2 de fabricación soviética.
La consigna del ejército revolucionario del pueblo, solidarios con la revolución sandinista, fue: “No podemos tolerar la existencia de playboys millonarios mientras miles de latinoamericanos mueren de hambre. Estamos perfectamente dispuestos a dar nuestras vidas por esta causa”.
No son pocos los países en América, en esta segunda década del siglo XXI, que han logrado su liberación y continúan en la batalla democrática hacia la consolidación de sus proyectos revolucionarios y progresistas. El triunfo del FMLN sigue inspirando a la lucha.
En 2018 en México, con el triunfo de la coalición Juntos Hacemos Historia , millones sentimos ese especial ambiente de triunfo sobre los horrores de las mafias neoliberales. Sin embargo, también es importante tener presente la historia, pues el recuerdo de aquellas nefastas y fascistoides dictaduras militares, aunque van quedando atrás, de alguna forma siguen en la memoria de nuestros pueblos.
Próximamente recordaremos con alegría, pero también con preocupación, aquel 19 de julio de 1979. Han pasado 44 años y las esperanzas de una Nicaragua revolucionaria, socialista y defensora de los mejores principios sigue enriqueciéndonos.
Las luchas internas de cada partido político siempre están presentes. Lo importante es conservar ese espíritu combativo del cual hemos hablado. Junto con otros movimientos de liberación en nuestro continente, queremos hacer votos para que las diferencias y las decisiones extremas no ocupen el lugar de los principios revolucionarios.
Los momentos de solidaridad fueron cuantiosos y por parte de muchos países. En cuanto al Sindicato Único de Trabajadores de la Industria Nuclear, nos queda la satisfacción de haber apoyado a profesionales sandinistas con la ayuda en varias áreas.
Los viajes a Nicaragua fueron gratificantes para nuestro sindicato porque la industria eléctrica de ese país no fue abandonada y se resolvieron múltiples problemas técnicos. El grupo que participamos en esas tareas solidarias aún recordamos con gran afecto esa etapa histórica como sindicalistas.
La revolución sandinista ha sido el ejemplo de que cuando un país dice ¡basta! logra el triunfo, no obstante las adversidades.
En la actualidad, deseamos que la razón sobresalga, que no existan presos políticos ni militantes expulsados ni desterrados. El espíritu revolucionario debe continuar.