Columnas Escritas
Lo que dicen los columnistas
Arsenal
Ayotzinapa: van por Murillo Karam
Francisco Garfias
Excelsior
Por supuesta omisión y negligencia en el caso de Ayotzinapa —ocurrido la noche del 26 de septiembre de 2014—, el gobierno de la 4T va tras Jesús Murillo Karam, titular de la desaparecida PGR.
Iñaki Blanco, fiscal de Guerrero en esos días de barbarie, y Leonardo Vázquez Pérez, secretario de Seguridad Pública del estado, están también en la mira de las autoridades, según fuentes allegadas a los padres de los 43 normalistas desaparecidos.
Militares que se encontraban en la zona y no actuaron para dar con el paradero de los muchachos no están a salvo de que se les finquen responsabilidades.
Los 43 por fin descansan en paz. Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos de la Segob, admite que no hay “indicio alguno” de que los estudiantes se encuentren con vida.
“Los testimonios y evidencias acreditan que éstos fueron arteramente ultimados y desaparecidos”, dijo Encinas al presentar, en Palacio Nacional, el Informe de la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia del Caso Ayotzinapa, frente a los padres de los 43.
Encinas se empeñó en desacreditar la llamada verdad histórica de Murillo Karam. “Fue un crimen de Estado, ocultó la verdad de los hechos, alteró la escena del crimen, ocultó los vínculos de autoridades con el grupo delictivo”, dijo.
Según su versión, “en ningún momento los estudiantes estuvieron juntos durante su desaparición, y nunca estuvieron los 43 en el basurero de Cocula”.
Pero, en lo esencial, no difiere de Murillo: los normalistas fueron arteramente asesinados y desaparecidos.
El gobierno de López Obrador ya no podrá cumplir la consigna de los padres de los 43: ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”, pero sí logrará desviar la atención de la violencia y la carestía que, hoy por hoy y diga lo que diga, agobia a los mexicanos.
* Ayer mismo hablamos con el exfiscal de Guerrero, Iñaki Blanco, para conocer su postura sobre el Informe. Nos dijo: “A diferencia de la entonces PGR, la Fiscalía a mi cargo no enturbió la indagatoria”. Y más: “Está plenamente comprobado que, durante el tiempo en que la investigación estuvo a nuestro cargo, no existieron abuso de autoridad, alteración de documentos, y, mucho menos, tortura.
“Todos los detenidos y consignados por la autoridad ministerial del estado de Guerrero continúan sujetos a proceso. La única autoridad que intervino aquella noche, realizando detenciones, resguardando a 66 estudiantes, fue la Fiscalía local.
“No fuimos negligentes ni omisos. Eso está debidamente documentado. Por lo que hace la Seguridad Pública estatal, yo no respondo. Sería bueno que alguien indagara qué hizo o qué no hizo aquella noche”.
* El embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, hombre identificado con el presidente López Obrador, empieza a dar señales de impaciencia por la falta de resultados en materia de seguridad en nuestro país.
Las masacres, que oficialmente ya no existen, los narcobloqueos, incendios de tiendas de conveniencia, quema de vehículos, secuestros, extorsiones, desapariciones, llevaron a Salazar a dejar a un lado las cortesías y señalar:
“Es tiempo de resultados en seguridad… Los pueblos tienen derecho a vivir sin miedo”, dijo en rueda de prensa.
Advirtió que con la inseguridad “se enfría la inversión de los Estados Unidos y de otros países aquí en México y eso es lo contrario de lo que debiera pasar bajo del sueño del T-MEC. Debería haber más inversión, pero la inseguridad es un factor grande para los empresarios”.
A señalar que el Departamento de Estado del gobierno de Estados Unidos amplió a seis la lista de estados a los que recomienda no viajar por la violencia que se registra: Colima, Guerrero, Michoacán, Sinaloa, Tamaulipas y Zacatecas.
Pero en Palacio Nacional dicen que se “exagera”.
* Una cita muy apropiada a los tiempos que hoy vivimos hizo ayer el consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, al participar en los foros sobre la Reforma Electoral organizados por la Alianza por México en la Cámara de Diputados.
Recordó que don Jesús Reyes Heroles, destacado político, jurista e historiador, decía que “cuando no se toleran, se incita a no ser tolerado y se abona al campo fratricida de todos contra todos. La intolerancia sería el camino seguro para volver al México bronco”.
¿Le suena? A mí también.
En entrevista posterior a su intervención, Córdova Vianello reconoció temores de que se amplíe la intervención del narco en las elecciones por venir:
“El problema está allí. Es grave. Pudiera descarrilar el sistema democrático, pero la condición está puesta: mucho trabajo de las autoridades del Estado, porque el problema de la inseguridad es un problema que el Estado no ha logrado resolver.
“Y como Estado no hablo de gobiernos, que quede claro, luego hay quien se pone el saco. No, el Estado es también el INE y creo que es un trabajo colectivo”.
De naturaleza política
Intromisión militar, ¿en política?
Enrique Aranda
Excelsior
¿Faltó tiempo o sólo se les acabó el “cash”?
Nunca como ahora, México vivió un proceso de militarización tan acelerado y profundo —tan amenazante a decir de no pocos— como el que estamos atestiguando con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y los suyos… tampoco, la directa intromisión de mandos del Ejército y la Marina-Armada de México en cuestiones de carácter político…
Lo anterior viene a cuenta luego de que —ahora sí que créalo usted, si le parece, y si no, sólo ignórelo— son cada vez más frecuentes las versiones según las cuales líderes de la oposición en la LXV Legislatura federal habrían recibido sendos llamados de mandos militares de alto rango para conocer su opinión sobre la eventual integración de la fracasada Guardia Nacional (GN), de Luis Rodríguez Bucio, por ejemplo, a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).
Hablamos de supuestas comunicaciones telefónicas en las que, de la mejor manera y formas, sus interlocutores habrían solicitado a diputados y senadores plasmar sus opiniones y postura en escritos que, en su momento, habrían ofrecido, serían valorados “al más alto nivel de las Fuerzas Armadas” con ánimo de ajustar su criterio y actuación a la de quienes, en su caso, habrían de votar una eventual reforma constitucional para “militarizar” el órgano policiaco creado por el actual gobierno.
Poco o nada, sin embargo, se habría mencionado en tales charlas sobre la intentona —“dictatorial e ilegal”, diría alguno— auspiciada, ahora desde Palacio, con miras a conseguir el referido propósito vía la emisión de un decreto que, si bien se prevé sea cuestionado por los propios legisladores y otras instancias, sentaría un precedente indeseable, pues evidenciaría que si aun con la intervención discreta de los directos interesados, los militares en este caso, algo no se consigue por la vía institucional, simple y sencillamente se impone.
Delicada cuestión ésta, puesto que, más allá de la entrega de las más diversas actividades, tradicionalmente reservadas a civiles, a militares, pone en entredicho la vigencia y respeto al Estado de derecho…
ASTERISCOS
* Cuestionable, por decir lo menos, el informe de la Comisión para la Verdad y el Acceso a la Justicia del Caso Ayotzinapa, de Alejandro Encinas, en que, amén volver a desestimar la “verdad histórica” que buscó imponer el peñismo, poco o nada nuevo aporta para calificar lo ocurrido como “un crimen de Estado”. Al tiempo, entonces…
* A quien las instrucciones de la Consejería Jurídica de Palacio no parecen quitarle el sueño es al aún director del Instituto Nacional de Pesca, Pablo Arenas Fuentes, que desde diciembre de 2021 ignora los reiterados llamados a entregar información que permita definir si, finalmente, Inapesca se fusionará o no a Conapesca, que lidera Octavio Almada Palafox. Ufff…
* Crecientes versiones según las cuales, apenas rendir su VI Informe y en razón de su incuestionable experiencia en desarrollo turístico, el ¿panista? gobernador quintanarroense, Carlos Joaquín, podría migrar al gobierno federal, a la dirección del Fonatur o, incluso, de la secretaría del ramo, donde los rumores sobre la salida de Miguel Torruco no son nuevos…
Astillero
¿Castigo al más alto nivel? // ¿Peña, Cienfuegos, Murillo Karam? // TortuGertz: lentitudes a modo // Narcopolítica evidenciada
Julio Hernández López
La Jornada
No por percibido, y ya esbozado desde antes de las conclusiones preliminares de ayer, deja de ser tan aplastante: en la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa se conjugaron criminales acciones y omisiones de miembros de los tres niveles del gobierno mexicano (federal, estatal y municipales), marcadamente en el rubro de la Secretaría de la Defensa Nacional. Sí: fue el Estado, como siempre se coreó.
Una confabulación de personajes de poder conoció en tiempo real lo que sucedía en Iguala casi ocho años atrás y evitó cumplir con sus obligaciones de prevenir, proteger e impedir lo que ayer el subsecretario de Gobernación, Alejandro Encinas, delineó por primera vez desde un podio obradorista como un asesinato masivo, según todas las evidencias disponibles.
Enrique Peña Nieto, el máximo responsable histórico de lo sucedido en aquel septiembre de 2014, quiso relegar los hechos a un archivero estatal, al ámbito guerrerense administrado por un personaje escurridizo, Ángel Aguirre Rivero. Hasta que la fuerza de los hechos se impuso y entonces maquinó con su primer círculo la gran mentira histórica que taimadamente fue construyendo el nefasto procurador de justicia de la época, Jesús Murillo Karam.
Nada supo o nada quiso saber en lo inmediato el secretario de la Defensa Nacional (sí, el de Rescatando al general Cienfuegos, la cinta vergonzosa rodada este sexenio para sacarlo de una cárcel de Estados Unidos), como si no tuviera acceso minuto a minuto a lo que iba sucediendo, gracias a su sistema de inteligencia y a la infiltración (ya difundida desde marzo de este año) de un soldado entre las filas de los normalistas.
El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, tampoco quiso saber nada más allá de las declaraciones rolleras ante la prensa mayoritariamente domesticada, aún esperanzado a esas alturas de que pudiera ser candidato presidencial priísta.
Mintieron, escondieron, simularon y son corresponsables del mayor crimen contra jóvenes después de Tlatelolco. Se guarecieron bajo la indefendible verdad histórica, ayudados por medios, periodistas y opinantes igualmente cómplices.
Pero siguen intocados. El subsecretario Encinas negó ayer, a pregunta de reporteros, que Peña Nieto esté en la lista de quienes, por indicios suficientes, pudiesen ser susceptibles de que la Fiscalía General de la República (¡Oh, TortuGertz, ¿quién se atrevería a depositar en ti la esperanza justiciera?) se decida a iniciar o continuar las indagatorias para el deslinde de responsabilidades.
Hay un crimen de Estado, postula con solemnidad el subsecretario Encinas, es decir, el presidente López Obrador, quien antes había tenido una reunión con los familiares de los 43. Pero, ¿habrá procesamiento judicial y búsqueda de justicia de manera proporcional: ahora el Estado volcado en someter a la ley y su brazo punitivo a los meros jefes de aquel Estado criminal?
En las conclusiones preliminares (vaya manera de concluir un asunto: por lo pronto, tentativamente, a reserva de las finales conclusiones realmente concluyentes) hay indicios numéricos de proporcionalidad significativa: se pide a la fiscalía de las lentitudes a modo (FGR) que considere la posibilidad de ir contra 24 miembros de Guerreros Unidos, 17 funcionarios municipales y 10 funcionarios federales.
En Iguala se expresó de manera trágica la trama de intereses de gobernantes y funcionarios civiles y militares altamente corruptos, que a su portafolio de recaudaciones añadían las cuotas de élite de la administración del crimen organizado. Desbordado un incidente local, cómplices los narcotraficantes y las autoridades, sostuvieron el engaño y desembocaron en la verdad histórica. ¿Habrá castigo para los muy contados y muy identificables jefes gubernamentales, o todo será enfilado hacia la impunidad de ellos (los verdaderos peces gordos), lo cual sería otra forma de complicidad actualizada?
PRI, pudiera caer su último reducto
Jorge Carrillo Olea
La Jornada
Víctima de la orfandad el PRI puede entregar lo que parece ser su último baluarte, el estado de México. En un proceso que puede ser histórico quizá entregue sus banderas en julio próximo. Caería como cayeron imperios víctimas de sus corrosiones internas. Al PRI la pérdida de la Presidencia de la República lo sumió en el desamparo.
La ausencia del primer priísta del país, como llenos de contento nombraban al presidente, lo liquidó. Era el dictum que prescribía el qué, cuándo y sobre todo con qué a través del poderosísimo secretario de Gobernación.
El partido debió haber advertido el riesgo cuando Zedillo abiertamente, durante un desayuno en su propia sede, anunció la sana distancia, discurso que los comensales sin entenderlo aplaudieron jubilosos.
Acostumbrados a batir palmas ante todo dicho presidencial, no supieron interpretar el letal anuncio. Se los va a fumar, pensé yo. Y sí, la distancia aludida primero fue política y paulatinamente económica.
Una tarde de febrero de 1994, siendo él coordinador de la campaña de Colosio y yo candidato al gobierno de Morelos, en su oficina del CEN me comentó: El partido cuesta más que tres secretarías y eso no puede ser; mencionó Relaciones, Turismo y Trabajo.
El total del financiamiento del partido sólo éste lo conocía dadas sus distintas fuentes: gobierno federal, dineros de los estados y cajas de las empresas paraestatales. La ruina se agudizó cuando Fox cerró las arcas.
Un mal añejo ya lo había carcomido. El fin previsible era originado por la descomposición. Estaba en las manos laxas de la alta jerarquía en el manejo de caudales, como en las candidaturas de diputados y ediles, que eran una especie de concesión a líderes sindicales y delegados estatales.
La simulación de cumplir con compromisos estatutarios fue lo que aceleró la descomposición. Llevó al partido a olvidar su central compromiso: democracia y justicia social. Con eso hubiera bastado, pero se traicionó.
La corrupción era socarronamente referida por el pueblo llamándola comaladas de millonarios que surgían de manera mágica cada gobierno. No era sólo el dinero sino las mil prebendas que se dispensaban.
Es compromiso de honestidad mencionar dos cosas que engloban mil: 1) México se construyó con mucho mediante el talento, eficacia y honradez de miles de funcionarios de los gobiernos de los tres niveles vinculados al PRI, y 2) el partido disfrutó de dirigencias ejemplares por su verdadero amor al país, intenso sentido de la política y conducta honorable. ¡Ojalá fuera posible mencionarlas!
Sin ninguna pretensión es que siendo objetivo, así entiendo la agonía del partido. Duele ver traicionada su esencia popular pero no deben olvidarse sus méritos. Así fue y así se le recordará. El invencible está enfermo y parece no tener remedio. ¿Es evitable su extinción?
Frente a la campaña del Edomex su maquinaria que fue imparable está confundida, desconcertada, no entiende qué pasó. Quizá pronto vea a muchos de sus afiliados viajando a nuevos territorios. Para otros serán momentos de amargura.
Todos estos argumentos nos regresan a los primeros renglones en que se afirma que la elección del Estado de México, la elección de un solo hombre, de perderla para el PRI sería su momento terminal.
Con una ideología indeterminada, sin líderes ni propuestas propias, una maquinaria desarmándose y en serio desprestigio tiene poco que ganar. Ante ese vacío parece que su último recurso sería coaligarse, si logran mezclar agua y aceite.
A Morena hay que hacerle un examen largo y profundo, porque tampoco es aplanadora probada. Le falta concisión, madurez, a pesar de su arrastre popular. Le está exigido el triunfo por claras razones. No puede perder porque perdería mucho de su misticismo. No puede perder otra vez la batalla, ya la perdió dos veces, perdió con Alejandro y la misma Delfina. No puede perder, pues ya está preparando lo que sigue.
Es deber político aceptar que el PRI importa nacionalmente para participar en el sistema de partidos, que en su naturaleza implica ser un conjunto y su dinámica que forman un espacio de competencia. Su supuesta ausencia significaría un serio mal.
Su ideología se disolvió en el tiempo, su propuesta original de democracia y justicia social fue estupenda en sus años mozos. El partido corporativista esparcía sus dones mediante fortísimas organizaciones: CNC, CTM y hasta la heterogénea CNOP, todo ello son ruinas. La relación partido/pueblo, en todo el país ha cambiado y sus organizaciones han sabido ajustarla. El PRI se quedó atorado, insensible en el absolutismo, unido con falsos pegamentos. Fue sordo ante voces de alarma. Ahora tiene que volver a la vida, resolver sus conflictos, lo que sólo compete a él.