Columnas Escritas
Baluarte Político
La línea quedó trazada en Campeche
Raúl García Araujo
La sucesión en Campeche dejó de ser un ejercicio de especulación para convertirse en una demostración de disciplina política.
Quienes apostaban a que el proceso interno de Morena terminaría convertido en una batalla familiar, o peor aún, en una disputa que debilitara al movimiento de la Cuarta Transformación, recibieron una respuesta contundente desde la dirigencia nacional del partido.
No hubo espacio para interpretaciones.
La decisión tomada por Ariadna Montiel y Citlalli Hernández fue clara: Gerardo Sánchez Sansores no formará parte de la encuesta que definirá al próximo coordinador estatal de la Defensa de la Transformación y Soberanía Nacional.
Su nombre quedó fuera de la contienda y, con ello, también se desinfló una estrategia que amenazaba con abrir una grieta innecesaria en Morena rumbo a la elección de 2027.
Más allá del apellido, la determinación tiene un profundo significado político.
Morena entendió que el mayor activo que posee de cara a los próximos procesos electorales no son únicamente sus altos niveles de aceptación ciudadana, sino la cohesión interna.
En un partido que gobierna la mayor parte del país, las disputas por el poder son naturales; lo verdaderamente complejo consiste en impedir que esas diferencias terminen por convertirse en fracturas.
Eso fue precisamente lo que ocurrió en Campeche.
Mientras algunos intentaban construir una narrativa de confrontación, Layda Sansores ya había enviado señales de cuál era el camino que consideraba correcto para garantizar la continuidad del proyecto político que encabeza.
La gobernadora nunca escondió su apuesta.
Con suficiente anticipación impulsó la construcción de consensos alrededor de Pablo Gutiérrez Lazarus, un perfil que durante los últimos meses fue ganando presencia entre los distintos liderazgos del estado hasta convertirse en la figura capaz de generar coincidencias dentro del movimiento.
No fue una decisión improvisada.
Fue una lectura política de los tiempos.
Porque quien gobierna conoce mejor que nadie dónde están los riesgos de dividir a una fuerza política que ha logrado consolidarse como mayoría en Campeche.
Por eso sorprendió todavía más la ruta emprendida por Gerardo Sánchez Sansores.
Su incorporación al Partido del Trabajo y el anuncio de sus aspiraciones fueron interpretados por muchos como un intento de construir una candidatura paralela bajo el argumento de defender la Cuarta Transformación desde otra trinchera.
Sin embargo, el movimiento terminó enviando un mensaje diametralmente opuesto.
No existen dos proyectos.
No hay dos rutas.
Y tampoco habrá dos candidaturas legitimadas por Morena.
La propia Layda Sansores decidió cortar de raíz cualquier especulación.
Con evidente dolor personal calificó la decisión de su sobrino como una traición, dejó claro que jamás patrocinó ese proyecto político y rechazó, de manera categórica, cualquier versión que intentara colocarla detrás de una estrategia de doble juego.
Su mensaje tuvo destinatarios muy precisos.
A los militantes les confirmó que su compromiso permanece intacto con Morena.
A la dirigencia nacional le reiteró que su prioridad es preservar la unidad.
Y a quienes pretendían utilizar los vínculos familiares para sembrar dudas sobre la conducción política en Campeche, les recordó que en su trayectoria nunca ha jugado con dos barajas.
Las palabras de la gobernadora no quedaron aisladas.
Encontraron respaldo en los hechos.
La exclusión de Gerardo Sánchez Sansores del proceso interno terminó por cerrar definitivamente cualquier interpretación distinta.
La dirigencia nacional privilegió la institucionalidad sobre los intereses particulares.
En realidad, el caso Campeche representa apenas el primer ensayo de lo que Morena enfrentará durante los próximos meses.
Diecisiete gubernaturas estarán en juego en 2027 y cada una traerá consigo presiones, aspiraciones, grupos regionales y liderazgos que buscarán convertirse en candidatos.
La responsabilidad de Ariadna Montiel y Citlalli Hernández será gigantesca.
No solamente deberán elegir perfiles competitivos.
También tendrán que impedir que las legítimas aspiraciones personales terminen convirtiéndose en conflictos que desgasten al partido antes de iniciar las campañas constitucionales.
En ese contexto, Campeche marca un precedente.
La señal enviada desde la dirigencia nacional es que ningún proyecto individual estará por encima de la estabilidad del movimiento.
Y también confirma que cuando una definición política ya fue construida con base en acuerdos y consensos, difícilmente habrá espacio para aventuras personales que pretendan modificar el rumbo.
Mientras tanto, Pablo Gutiérrez Lazarus continúa avanzando.
Su licencia definitiva como presidente municipal de Carmen y su registro como aspirante a la coordinación estatal no sólo representan el cumplimiento de los tiempos políticos, sino la consolidación de una ruta que comenzó a diseñarse mucho antes de que aparecieran las voces de confrontación.
La sucesión campechana, por ahora, dejó una enseñanza que seguramente será observada en otras entidades.
En Morena podrán existir múltiples aspiraciones, pero la candidatura seguirá siendo resultado de la unidad y no de la división.
Porque cuando el movimiento percibe que un interés personal amenaza con convertirse en un factor de desgaste, la respuesta suele ser inmediata.
Y en Campeche, esa respuesta ya quedó escrita.
Desde La Muralla: Cuando gobernar también significa cuidar
Las obras públicas suelen medirse en kilómetros de carretera, puentes, hospitales o grandes edificios.
Sin embargo, existen proyectos cuyo impacto no se refleja únicamente en el concreto o el acero, sino en la posibilidad de transformar la vida de cientos de familias que durante años han esperado ser escuchadas.
Eso ocurre con el nuevo Centro de Autismo que se construirá en Campeche.
Detrás de una inversión cercana a los 50 millones de pesos hay una decisión política que merece leerse más allá de la cifra.
Se trata de colocar en el centro de las políticas públicas a un sector que históricamente ha enfrentado enormes barreras para acceder a diagnósticos oportunos, atención especializada y acompañamiento profesional.
En muchas ocasiones, las familias con hijos dentro del espectro autista han tenido que recorrer cientos de kilómetros para encontrar especialistas, asumir elevados costos particulares o, simplemente, resignarse a que la atención llegue demasiado tarde.
Esa realidad comienza a cambiar.
El anuncio realizado por el director del Patronato del Sistema DIF Estatal, Mario Pavón, confirma que el proyecto ya transita por la etapa de licitación y que la meta es concluir la construcción en diciembre de 2026 para iniciar operaciones en febrero de 2027.
No se trata únicamente de levantar un edificio.
Se trata de construir una institución que pueda ofrecer diagnóstico, atención terapéutica, seguimiento especializado y acompañamiento integral para niñas, niños, adolescentes y sus familias.
En otras palabras, hablamos de infraestructura social con profundo sentido humano.
El llamado Gobierno de Todos ha insistido desde el inicio de la administración en que la política pública debe atender primero a quienes durante muchos años permanecieron invisibles para las instituciones.
La salud constituye uno de esos grandes desafíos.
Desde El Fuerte: La salud también camina en cuatro patas
Las grandes políticas de salud no siempre comienzan en un hospital ni se anuncian con la inauguración de una clínica.
En muchas ocasiones, sus resultados empiezan a construirse desde la prevención, en acciones que parecen sencillas, pero que tienen un impacto directo en la calidad de vida de toda una comunidad.
La jornada de atención veterinaria realizada en Escárcega es uno de esos ejemplos.
A primera vista podría interpretarse como una campaña más de vacunación para perros y gatos. Sin embargo, detrás de esa actividad existe una estrategia de salud pública que va mucho más allá del cuidado de las mascotas.
La Secretaría de Salud de Campeche entiende que proteger la salud de las personas también implica atender aquellos factores que pueden convertirse en riesgos sanitarios para la población.
La rabia es una enfermedad prácticamente controlada en México gracias a décadas de campañas permanentes de vacunación. Pero precisamente ahí radica el reto: no bajar la guardia.
Cuando las campañas preventivas desaparecen, los riesgos reaparecen.
Por ello, la vacunación antirrábica que se llevó a cabo durante la Ruta de la Transformación no representa únicamente la aplicación de biológicos a perros y gatos.
Es una acción preventiva que protege a las familias campechanas, especialmente a niñas y niños, quienes suelen mantener un contacto más estrecho con los animales de compañía.
La prevención siempre será menos costosa que enfrentar una emergencia sanitaria.