Columnas Escritas
Baluarte Político
Layda y Claudia: la alianza que hoy le devuelve grandeza a Campeche
Raúl García Araujo
En política, las coincidencias duran poco; las alianzas verdaderas se sostienen con resultados.
Y si algo ha quedado claro en los últimos años es que la relación política, institucional y personal entre la gobernadora Layda Sansores San Román y la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo atraviesa uno de sus mejores momentos, traduciéndose en beneficios concretos para Campeche y para miles de familias campechanas.
La visita de la presidenta Claudia Sheinbaum al estado no fue un acto protocolario ni una gira más de agenda federal.
Fue, en los hechos, una nueva confirmación de que Campeche ocupa un lugar prioritario dentro del proyecto nacional de la Cuarta Transformación. Y eso no ocurre por casualidad.
La inauguración de la Planta Pasteurizadora de Leche para el Bienestar representa mucho más que una obra de infraestructura.
Es una señal política contundente de que el Gobierno de México mantiene la mirada puesta en el sureste mexicano y, particularmente, en Campeche.
La inversión de 130 millones de pesos y la capacidad de producción de 100 mil litros diarios no solamente beneficiarán a 200 mil personas de Campeche, Yucatán y Tabasco, sino que abrirán una nueva etapa para los productores ganaderos de la región.
Son 877 productores campechanos los que ahora tendrán garantizada la compra de leche a un precio justo de 11.50 pesos por litro.
Eso significa certidumbre económica, estabilidad para cientos de familias rurales y una oportunidad histórica para fortalecer la soberanía alimentaria del país.
Claudia Sheinbaum fue clara al definir el espíritu de este proyecto: un gobierno que piensa en el pueblo y trabaja para el pueblo. Y esa visión encuentra en Layda Sansores a una aliada política leal, cercana y eficaz.
Porque hay que decirlo: Campeche hoy vive un momento distinto gracias a la interlocución permanente que la gobernadora mantiene con Palacio Nacional.
Layda ha sabido construir una relación de confianza con la presidenta Sheinbaum, una relación cimentada en afinidades ideológicas, pero también en objetivos comunes: combatir desigualdades históricas y llevar bienestar a quienes durante décadas fueron olvidados.
Durante años, los gobiernos neoliberales condenaron al abandono al campo campechano. Se dejó caer la producción local, se privilegió la importación de alimentos y se marginó a los productores nacionales. Hoy, el panorama comienza a cambiar.
La nueva planta no sólo moderniza la capacidad industrial del estado; también representa una apuesta estratégica por el futuro.
La propia Layda Sansores destacó que este proyecto permitirá incluso pensar en exportaciones a mediano plazo, abriendo una puerta de desarrollo económico que antes parecía impensable para la entidad.
Y no es el único anuncio relevante.
La presidenta Sheinbaum confirmó también que todos los estudiantes universitarios de Campeche tendrán acceso a la Beca Gertrudis Bocanegra, ampliando así la cobertura educativa y consolidando un esquema integral de apoyos sociales que inicia desde la educación básica con Rita Cetina, continúa con Benito Juárez y ahora alcanza el nivel superior.
Es decir, en Campeche comienza a construirse un modelo de bienestar completo: apoyo alimentario, impulso al campo, generación de empleo, educación garantizada y desarrollo regional.
La secretaria de Agricultura, Columba Jazmín López Gutiérrez, reveló un dato revelador: desde 1985 no se construía una planta de estas características en México.
Además de los 450 empleos directos que generará, incorpora procesos ambientales de tratamiento de agua y planes de energías renovables, mostrando que el desarrollo y la sustentabilidad pueden caminar juntos.
Detrás de cada anuncio hay una realidad política inocultable: Campeche tiene hoy una posición privilegiada dentro del Gobierno de la República.
La cercanía entre Layda Sansores y Claudia Sheinbaum no es solamente una fotografía de coyuntura; es una alianza política que está dando resultados tangibles.
Y eso se nota en las inversiones, en los programas sociales, en las obras estratégicas y en el respaldo permanente de la Federación.
No es casualidad que el llamado Plan Campeche contemple una inversión superior a los mil 200 millones de pesos.
Tampoco es coincidencia que proyectos prioritarios sigan aterrizando en territorio campechano.
La Presidenta sabe que Layda Sansores ha sido una de las gobernadoras más comprometidas con el movimiento de transformación nacional y, sobre todo, una mandataria que mantiene contacto directo con la gente.
En tiempos donde muchos gobiernos estatales enfrentan distanciamientos con la Federación, Campeche aparece como un ejemplo de coordinación política e institucional.
La Cuarta Transformación encontró en Campeche una tierra fértil para consolidar sus principios de justicia social y desarrollo regional.
Primero fue Andrés Manuel López Obrador quien mostró un cariño especial por esta tierra y por su gente; ahora Claudia Sheinbaum mantiene esa misma ruta de respaldo, cercanía y compromiso.
Y mientras exista esa coordinación entre el Gobierno estatal y el Gobierno federal, Campeche seguirá avanzando.
Porque lo ocurrido esta semana no es un hecho aislado: es apenas una muestra de lo que viene para el estado.
Seguirán llegando a Campeche importantes proyectos de infraestructura, inversión y bienestar social del Gobierno de la República, gracias al liderazgo de Layda Sansores San Román y también al compromiso de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien, al igual que el expresidente Andrés Manuel López Obrador, ha demostrado que ama profundamente a la gente de Campeche.
Desde La Muralla: Layda Sansores y la política de la inclusión
En política existen decisiones que trascienden la coyuntura y se convierten en definiciones de gobierno.
La firma y entrega de la iniciativa de la Primera Ley de Atención y Protección a Personas con la Condición del Espectro Autista en Campeche no es solamente un acto legislativo; es, en realidad, una declaración política de fondo sobre el tipo de administración que busca encabezar Layda Sansores San Román.
Durante décadas, las personas con autismo y sus familias sobrevivieron en medio de la indiferencia institucional.
Invisibles para muchos gobiernos, relegadas por presupuestos insuficientes y atrapadas en una burocracia incapaz de comprender sus necesidades reales, cientos de familias campechanas aprendieron a enfrentar solas un sistema que históricamente les dio la espalda.
Por eso, el anuncio realizado por la gobernadora no puede entenderse únicamente como la presentación de una iniciativa jurídica ante la LXV Legislatura del Congreso del Estado.
Lo que realmente está ocurriendo es el intento de construir una nueva visión de Estado donde la inclusión deje de depender de la buena voluntad de funcionarios en turno y se convierta en una obligación legal permanente.
Ahí radica la relevancia política de esta propuesta.
Layda Sansores parece haber entendido que los gobiernos modernos ya no pueden medirse solamente por obras visibles o cifras económicas, sino también por su capacidad para atender a los sectores históricamente olvidados. Y en ese terreno, la deuda social con las personas dentro del espectro autista era enorme.
La iniciativa busca establecer un marco jurídico sólido que garantice atención médica especializada, inclusión educativa, acceso laboral, detección temprana y acompañamiento institucional para miles de familias.
Pero más allá de la técnica legislativa, el mensaje político es contundente: en Campeche nadie debe quedar fuera de las políticas públicas.
Desde El Fuerte: La política también se construye con agua y jabón
La Secretaría de Salud de Campeche puso en marcha el taller interactivo “Técnica del Lavado de Manos, Actuar Salva Vidas”, como parte de las actividades conmemorativas por el Día Mundial del Lavado de Manos y dentro de una estrategia permanente enfocada en fortalecer la cultura de la prevención entre la población.
Una acción sencilla, sí, pero con enorme impacto en la salud pública.
Porque la prevención sigue siendo la herramienta más poderosa —y más barata— que tiene cualquier gobierno para salvar vidas.
Bajo esa visión, la dependencia estatal ha venido impulsando campañas y actividades enfocadas en generar conciencia sanitaria, entendiendo que la salud pública no solamente depende de hospitales y medicamentos, sino también de educación, hábitos y responsabilidad colectiva.
La coordinación con la Universidad Autónoma de Campeche refleja además un modelo que pocas veces se logra consolidar entre instituciones: unir al sector salud con el ámbito académico para formar profesionales más conscientes, preparados y comprometidos con la prevención.
La pandemia dejó una lección que ningún gobierno debería olvidar: las medidas más simples pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Lavarse las manos correctamente no es una recomendación menor ni una campaña de rutina; es una barrera sanitaria fundamental para prevenir infecciones, reducir contagios y proteger a los sectores más vulnerables.
Ahí es donde este tipo de acciones adquieren relevancia política y social.
La Secretaría de Salud de Campeche parece haber entendido que las políticas públicas más efectivas no siempre son las más costosas, sino aquellas que logran modificar hábitos y generar conciencia colectiva en beneficio de todos.
Porque gobernar también significa atender lo básico.