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El ADN democrático de Claudia y Layda

Raúl García Araujo

En la política mexicana hay liderazgos que se construyen desde el poder y otros que nacen caminando las calles. Hoy, dos mujeres que ocupan lugares centrales en la vida pública del país comparten una misma convicción: la democracia se gana en territorio, escuchando a la gente y tocando puertas.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, y la gobernadora de Campeche, Layda Sansores San Román, representan esa escuela política donde el voto no se hereda ni se reparte, se conquista.

Por eso el mensaje de Claudia Sheinbaum Pardo sobre que quien aspire a un cargo de elección popular deberá caminar barrios, colonias y comunidades del país no es una simple consigna política. Es una declaración de principios que busca devolverle a la democracia mexicana su esencia: el contacto directo entre representantes y ciudadanos. Y en ese terreno, Layda Sansores San Román sabe perfectamente de lo que se habla.

La propuesta de Reforma Electoral apunta precisamente en esa dirección. La iniciativa, que será analizada en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, busca transformar el sistema de representación política, optimizar el uso de los recursos públicos y actualizar las reglas electorales frente a los desafíos tecnológicos del presente.

Uno de los cambios más profundos planteados en la reforma se encuentra en la integración del Poder Legislativo. La propuesta contempla eliminar la representación proporcional en el Senado de la República, manteniendo únicamente las figuras de mayoría y primera minoría por cada entidad federativa. Con ello, los escaños senatoriales dependerían exclusivamente del respaldo obtenido en las urnas.

En el caso de la Cámara de Diputados, el planteamiento también rompe con el modelo tradicional de listas partidistas. Los 200 escaños de representación proporcional no desaparecerían, pero cambiaría la forma de asignarlos. La mitad se otorgaría a los candidatos que obtuvieron las votaciones más altas sin haber ganado su distrito, mientras que la otra mitad se definiría mediante voto directo de la ciudadanía.

La iniciativa también propone un recorte del 25 por ciento al presupuesto destinado al Instituto Nacional Electoral, a los organismos públicos locales electorales y a los partidos políticos. Al mismo tiempo, se plantea fortalecer la fiscalización de las campañas mediante una coordinación más estrecha entre el INE y la Unidad de Inteligencia Financiera, con el objetivo de garantizar mayor transparencia en el uso de recursos.

La propuesta incluye además la regulación del uso de inteligencia artificial en propaganda electoral, la reducción de tiempos en radio y televisión, el voto en el extranjero para diputaciones proporcionales, el inicio de los cómputos distritales el mismo día de la elección y el fortalecimiento de la democracia participativa. A ello se suman dos principios que responden a una exigencia ciudadana creciente: la prohibición del nepotismo y la no reelección.

El fondo de la reforma es claro: terminar con los privilegios de quienes llegan al poder sin haber recorrido un solo distrito ni haber pedido el voto ciudadano.

Ese principio conecta directamente con la trayectoria política de Layda Sansores San Román. Su llegada a la gubernatura de Campeche en 2021 fue el resultado de una contienda intensa que se resolvió no solo en las urnas, sino también en los tribunales y en el conteo voto por voto. Fue una elección disputada que terminó confirmando la voluntad ciudadana.

Ese proceso fortaleció su legitimidad democrática y la colocó como una de las gobernadoras con mayor respaldo electoral en la historia política reciente del país. Pero, sobre todo, confirmó algo que ha marcado toda su carrera: Layda Sansores sabe ganar elecciones caminando.

Por eso el planteamiento de Claudia Sheinbaum Pardo no solo encuentra respaldo político en Campeche, sino también una coincidencia natural de visión. Ambas saben que la democracia mexicana no puede sostenerse sobre candidaturas de escritorio ni sobre posiciones heredadas dentro de los partidos.

Claudia Sheinbaum Pardo y Layda Sansores San Román pertenecen a una generación de mujeres que aprendieron que la política real se hace en territorio, escuchando a la gente y enfrentando elecciones complejas.

Las dos comparten el mismo ADN político: el de mujeres profundamente democráticas que entienden que el poder público no se concede, se conquista.

Ese ADN se refleja en una forma de hacer política que hoy busca fortalecerse en México: caminar calles, recorrer pueblos y escuchar a cada comunidad antes de pedir su voto.

Porque tanto Claudia Sheinbaum Pardo como Layda Sansores San Román lo saben con claridad: la democracia verdadera no nace en las listas partidistas, nace cuando un ciudadano abre la puerta de su casa y decide otorgar su confianza. Y ese voto, ganado casa por casa, barrio por barrio y pueblo por pueblo, es el que verdaderamente le da sentido al poder democrático.

Desde La Muralla: Salud pública y dignidad en Campeche

Cuando un problema de salud pública aparece, no solo pone a prueba a los sistemas médicos; también exhibe las realidades sociales que muchas veces permanecen ocultas.

Eso es precisamente lo que ha ocurrido tras el reciente caso de miasis por gusano barrenador detectado en humanos, un hecho que encendió alertas sanitarias en el país, pero que en Campeche también abrió una reflexión profunda sobre el estado de atención y cuidado que reciben algunos de los sectores más vulnerables de la población.

La titular de la Secretaría de Salud, Josefa Castillo Avendaño, informó que el caso detectado se mantiene bajo vigilancia médica permanente y que la persona afectada ya se encuentra fuera de peligro.

La funcionaria explicó que desde el momento en que se identificó la enfermedad se activaron los protocolos de atención y seguimiento, garantizando que el paciente recibiera el tratamiento adecuado y la supervisión necesaria para evitar complicaciones mayores.

La reacción institucional ha sido fortalecer la vigilancia epidemiológica y reforzar las acciones preventivas en comunidades y centros de atención médica. La estrategia no se limita únicamente al tratamiento del caso detectado, sino que busca prevenir nuevos episodios mediante monitoreo, información y atención oportuna a la población.

En ese sentido, el papel de la Secretaría de Salud ha sido clave para actuar con rapidez, evitar alarmismo innecesario y al mismo tiempo atender el trasfondo social del problema.

La salud pública no solo implica responder a enfermedades, también significa detectar las condiciones que las hacen posibles.

La Secretaría de Salud ha dejado claro que su prioridad es proteger a la población y actuar de manera inmediata cuando se detecta cualquier riesgo sanitario.

Porque la salud pública no solo se mide en hospitales o estadísticas. También se mide en la capacidad de las instituciones para detectar problemas a tiempo, acompañar a los pacientes y garantizar que nadie quede fuera del sistema de atención.

Desde El Fuerte: Cuando servir también es hacer patria

En tiempos donde la política suele medirse en discursos, encuestas y coyunturas, hay una realidad silenciosa que sostiene al Estado mexicano todos los días: el trabajo de miles de servidores públicos que dedican su vida al servicio de los ciudadanos.

En Campeche, ese compromiso fue reconocido recientemente en una ceremonia que, más allá de un acto protocolario, dejó un mensaje político claro sobre el valor del servicio público y la dignidad del trabajo en el sector salud.

Durante la entrega del Premio Nacional de Antigüedad en el Servicio Público, la gobernadora Layda Sansores San Román reconoció a 300 trabajadores del sector salud que han dedicado entre 20 y hasta 50 años de su vida profesional a cuidar la salud de los campechanos.

El evento, realizado en el Centro Internacional de Convenciones y Exposiciones Campeche XXI, reunió a autoridades federales, estatales y a quienes representan la columna vertebral del sistema sanitario.

En un país donde los sistemas de salud han atravesado profundas transformaciones, reconocer la permanencia, la experiencia y la vocación del personal médico y de enfermería adquiere una dimensión especial. No se trata solamente de premiar años de trabajo, sino de reconocer historias completas de vida dedicadas al bienestar de otros.

La gobernadora campechana lo expresó con claridad al señalar que el aporte de estos profesionales no puede medirse únicamente en calendarios o cifras administrativas.

Detrás de cada uno de esos años existen guardias interminables, emergencias atendidas en la madrugada, pacientes acompañados en momentos críticos y familias que encontraron esperanza en una consulta médica.

Por eso, el reconocimiento a estos trabajadores también refleja una visión política sobre el valor del servicio público. Layda Sansores subrayó que los galardonados forman un gran equipo cuya aportación no se mide solo por el tiempo acumulado, sino por el corazón, la pasión y la esperanza que siembran en momentos difíciles.

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