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Layda, la gran aliada de Sheinbaum

Raúl García Araujo

Hay imágenes que explican un momento político mejor que cualquier discurso.

El Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum dejó una de ellas: en la primera fila, entre las figuras de mayor peso de la Cuarta Transformación, estaba la gobernadora de Campeche, Layda Sansores San Román.

No fue una casualidad ni un simple protocolo. Fue el reconocimiento a una de las aliadas más sólidas del nuevo liderazgo presidencial.

Layda Sansores es, desde hace décadas, una de las políticas más emblemáticas de la izquierda mexicana.

Su trayectoria ha estado marcada por la confrontación con el viejo régimen, por una militancia constante y por una defensa inquebrantable de las causas que dieron origen al movimiento que hoy gobierna el país.

Esa historia explica por qué, en los momentos de mayor presión política contra Claudia Sheinbaum, la gobernadora campechana ha sido una de las primeras voces en salir a respaldarla.

Mientras la oposición intenta desgastar a la Presidenta con campañas y señalamientos, Layda responde con una estrategia distinta: cerrar filas.

Lo hace desde la institucionalidad, defendiendo el proyecto de gobierno y enviando un mensaje de unidad que pocos liderazgos estatales expresan con tanta claridad.

La política también premia la confianza. Y esa confianza hoy tiene un rostro llamado Campeche.

La decisión del Gobierno de México de construir en esa entidad una sede de la Universidad Nacional Rosario Castellanos representa mucho más que una obra educativa.

Es una apuesta por el desarrollo del sureste y, al mismo tiempo, una muestra de la estrecha coordinación entre la administración federal y el gobierno que encabeza Layda Sansores.

La nueva universidad abrirá oportunidades para miles de jóvenes campechanos que durante años tuvieron que abandonar su estado para acceder a estudios superiores.

Transformar un antiguo espacio gubernamental en un centro de conocimiento simboliza, además, una idea profundamente ligada a la izquierda moderna: sustituir las viejas estructuras del poder por instituciones que generen igualdad y movilidad social.

En ese contexto, la relación entre Sheinbaum y Layda adquiere una dimensión mayor.

No se trata únicamente de afinidad política; es una alianza construida sobre una visión compartida de país. Ambas entienden que la educación pública, la inclusión y el fortalecimiento del Estado son pilares para consolidar la transformación que prometieron a los ciudadanos.

Durante mucho tiempo, la política mexicana estuvo dominada por liderazgos masculinos.

Hoy, dos mujeres ocupan espacios que parecían inalcanzables hace apenas unos años. Claudia Sheinbaum hizo historia al convertirse en la primera mujer presidenta de México. Layda Sansores ya había abierto camino como una de las figuras femeninas más combativas y consistentes de la izquierda nacional, hasta convertirse en la primera gobernadora de Campeche.

Esa coincidencia histórica trasciende los cargos. Representa el relevo de una generación de mujeres que dejaron de pedir espacio para comenzar a conducir el destino de millones de mexicanos.

La primera fila del Informe no sólo acomodó invitados distinguidos. Colocó, frente a los ojos del país, una señal de quiénes forman parte del círculo político más cercano a la Presidenta.

Y entre todos esos rostros, destacó uno con fuerza propia: el de Layda Sansores, la gran aliada de Claudia Sheinbaum.

Porque cuando la historia escriba este capítulo de México, difícilmente podrá separar sus nombres.

Una desde Palacio Nacional y otra desde Campeche demostraron que el liderazgo femenino dejó de ser una excepción para convertirse en una nueva forma de ejercer el poder, con impacto no sólo en México, sino como referente para el mundo.

Desde La Muralla: Layda Sansores: cinco años de humanizar la salud en Campeche

En Campeche, la gobernadora Layda Sansores San Román ha convertido la salud pública en uno de los ejes centrales de su administración, con una premisa que durante cinco años ha repetido en los hechos: ofrecer servicios médicos con mayor calidad, cercanía y, sobre todo, con sentido humano.

La reciente incorporación de 10 ambulancias y dos unidades médicas móviles al sistema IMSS-Bienestar no es un hecho aislado.

Representa una inversión superior a 19 millones de pesos y forma parte de una estrategia permanente para fortalecer la red estatal de atención médica, reducir tiempos de respuesta y garantizar que la salud llegue a donde durante años simplemente no llegaba.

Detrás de esas nuevas unidades existe una visión política mucho más profunda.

Layda Sansores entendió desde el inicio de su gobierno que la transformación también debía sentirse en los hospitales, en los centros de salud y en las comunidades rurales.

Por eso su administración apostó por trabajar de manera coordinada con el Gobierno de México y con el modelo IMSS-Bienestar, privilegiando una atención gratuita, universal y con mayor capacidad operativa.

La salud dejó de concebirse únicamente como infraestructura para convertirse en un servicio público con rostro humano.

Esa cercanía explica por qué las unidades médicas móviles tienen un valor estratégico.

En un estado con localidades dispersas y una amplia geografía rural, llevar médicos, consultas y servicios preventivos hasta las comunidades significa combatir una de las desigualdades más persistentes: la distancia entre los ciudadanos y su derecho a recibir atención médica oportuna.

También hay un componente político que vale la pena leer.

Mientras buena parte del debate nacional gira en torno a la polarización, Campeche ha optado por consolidar una agenda donde los resultados sociales ocupan el centro de la conversación.

La gobernadora ha hecho de la salud uno de los pilares de su legitimidad, convencida de que gobernar no sólo consiste en administrar recursos, sino en cuidar personas.

Cinco años después, ese mensaje comienza a reflejarse en una red de atención más robusta, en mayor equipamiento y en una coordinación institucional que fortalece la presencia del Estado donde más se necesita.

Desde El Fuerte: La Secretaría de Salud de Campeche: gobernar desde la primera infancia

Las políticas públicas más inteligentes son aquellas cuyos resultados quizá no se vean de inmediato, pero cambian el futuro de toda una generación.

En Campeche, la Secretaría de Salud ha colocado a la primera infancia en el centro de una estrategia que entiende que prevenir, cuidar y acompañar a niñas y niños es la inversión social más importante que puede hacer un gobierno.

Lejos de limitarse a la atención hospitalaria, la dependencia estatal ha ampliado su visión hacia un modelo de salud integral, donde el bienestar infantil comienza con la prevención, la educación y la construcción de entornos seguros para el desarrollo físico y emocional.

Durante los últimos meses, la Secretaría de Salud ha encabezado una agenda permanente de actividades orientadas al cuidado y desarrollo integral de la niñez, en coordinación con instituciones federales, educativas y de asistencia social.

Talleres para familias, capacitaciones para personal especializado, programas de higiene, actividades lúdicas y acciones de promoción de la salud forman parte de una política que busca llegar antes de que aparezcan los problemas, no después.

La coordinación entre la Secretaría de Salud, el DIF, el sector educativo, Protección Civil y diversas instituciones demuestra que los desafíos de la niñez no pueden resolverse de manera aislada.

Cuando las dependencias trabajan bajo un mismo objetivo, la política pública deja de fragmentarse y comienza a ofrecer soluciones integrales a las familias campechanas.

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