Columnas Escritas
Lo que dicen los columnistas
ASESINATOS DE CANDIDATOS
Violencia política
La espiral de violencia que afecta a la sociedad no para, al contrario, sigue con una creciente constante ante la cual ninguna estrategia de seguridad pública da resultado.
Proceso
La violencia política que el país registra de manera constante es un hecho que resulta de la descomposición que tiene el sistema político nacional y que la ciudadanía sufre de manera directa sin tener una posibilidad de defensa.
Además de los altos índices de asesinatos y desapariciones que registra el país en las últimas tres décadas, el asesinato de legisladores, alcaldes y candidatos ocurridos durante el primer trimestre de 2025 son parte de los 104 incidentes de violencia política que a nivel nacional observó la consultora Integralia en su informe de mayo pasado.
Aunque dicha consultora aclaró que este número de incidentes representa un decremento de 59.2% con respecto al mismo periodo de 2024, explicó que esto se debe al mayor número y relevancia de los cargos públicos que estuvieron en disputa en el proceso electoral de 2023-2024.
Lo destacado de este informe y que refleja una realidad agravante en términos políticos es que el 81.7% de las víctimas se desempeñaban, habían ocupado o aspiraban ocupar cargos en gobiernos municipales, “lo cual pone en evidencia la fragilidad institucional de ese nivel de gobierno, particularmente frente a los esfuerzos de infiltración del crimen organizado”, señala Integralia.
Nada parece detener el poderío de las organizaciones criminales que no sólo se han infiltrado en el poder político, sino que se han coludido con representantes de los tres poderes de gobierno, es decir, del Legislativo, Ejecutivo y Judicial, generando grupos de poder capaces de incidir en las decisiones del gobierno en sus tres niveles: municipal, estatal y federal.
Además se ha detectado que algunos grupos criminales como el Cártel de Jalisco Nueva Generación han contratado a exmilitares de Colombia para fortalecer aún más su poderío en todo el país, pues según las últimas informaciones, dicha organización tiene presencia en todo el territorio nacional.
Entre los asesinatos ocurridos en los últimos meses están el de Manuel Gamboa, director de Gobernación en el municipio de Ixtaczoquitla, Veracruz; Carlos Ramsés Neri, aspirante a alcalde en el estado de Veracruz, y Jaime Maciel Ramírez, director de Seguridad Pública, en Coyuca de Benítez, Guerrero.
También los de la presidenta municipal de Tepalcatepec, Michoacán, Martha Laura Mendoza, asesinada a tiros afuera de su domicilio; Lilia Gema García Soto, presidenta municipal de San Mateo Piñas, Oaxaca, asesinada al interior del palacio municipal; Salvador Bastida García, alcalde de Tacámbaro, Michoacán, y su escolta fueron asesinados a tiros a bordo de su camioneta afuera de su domicilio; Isaías Rojas Ramírez, alcalde de Metlatónoc, Guerrero, quien falleció a una semana de un presunto intento de asalto sobre la Autopista del Sol; el presidente municipal de Santiago Amoltepec, Oaxaca, Mario Hernández García, y dos policías municipales fueron asesinados en una emboscada; y también los de Ximena Guzmán Cuevas, secretaria particular de la jefa de gobierno capitalino, Clara Brugada, y el asesor de gobierno José Muñoz.
La espiral de violencia que afecta a la sociedad no para, al contrario, sigue con una creciente constante ante la cual ninguna estrategia de seguridad pública da resultado. El pasado 2 de julio el secretario general del ayuntamiento de Cuautla, Morelos, Alfredo Escalona Arias, fue atacado a balazos mientras se encontraba en una taquería. No pasa una semana sin que se registre unan acción de violencia política, reflejo de la descomposición en todos los niveles de gobierno y de vida en el país.
Por cierto… La Secretaría de Gobernación lanzó la estrategia de paz en Ciudad Juárez con la instalación de los Consejos de paz, que tendrán como objetivo generar soluciones conjuntas para atender la violencia que atraviesa el país. Son parte de una iniciativa ciudadana y de la Iglesia católica de integrar mesas de paz con la participación de la sociedad en la búsqueda de disminuir la violencia que azota el país hasta en su último rincón.
FILOSOFÍA POLÍTICA
El problema de la ética
Lo paradójico es que aun cuando la ética fue salvada al reescribirse, no ha servido para detener ni la barbarie ni la oscuridad. Nuestro mundo es su ejemplo más inmediato.
Javier Sicilia
Proceso
En Nobleza de espíritu. Una idea olvidada, Rob Riemen recuerda un pasaje de un libro apócrifo del siglo I, Esdras IV, el escriba y sacerdote que vivió durante el cautiverio y el exilio judío de Babilonia (s. VI y V a de C.). En dicho pasaje Esdras pregunta a Dios qué debe hacer, porque todos los libros de la Tora fueron devorados por el fuego, “el mundo está en la oscuridad y sus habitantes carecen de luz”. Dios, dice Riemen, le da la orden de reescribirlos. Esdras lo hace.
Independientemente del contexto apocalíptico de Esdras IV y de la interpretación que Riemen hace de ese pasaje en particular, quiero centrarme en el hecho de que parte fundamental de la luz de la Tora que Esdras reescribe es la ética, inscrita en el decálogo de la ley mosaica. Sin ética todo es oscuridad y barbarie.
Lo paradójico es que aun cuando la ética fue salvada al reescribirse, no ha servido para detener ni la barbarie ni la oscuridad. Nuestro mundo es su ejemplo más inmediato. No hay, con las excepciones de los ideologizados, nadie que frente a las mentiras y atrocidades desatadas por el colapso de los Estados no apele a la ética, a un orden basado en la bondad y el bien. Pese a ello, los factos la niegan y continúan incendiándola. La claridad de la ética no alcanza a redimir lo monstruoso. Hemos perdido, como suele decirse, “los valores”.
Esa palabra, a la vez que revela la pérdida de la ética, dice también, de manera paradójica, su imposibilidad para iluminar el mundo. La corrupción que ha sufrido su sentido es una muestra de la crisis fundamental que nos habita: la babelización de los significados, la confusión de su sentido.
Solemos asociar el valor con lo que hasta el siglo XVIII significaba: “ser fuerte”, no en el sentido de poder, sino de fortaleza moral, de dignidad. Denotaba lo que estaba conforme al bien y lo bueno. Por extensión se asoció con todo lo que la ética llama “virtudes”, fuerzas morales que actúan y hacen la excelencia de un ser humano y que se basan en la moderación, la proporción y el equilibrio. La valentía, por ejemplo, que viene de “valor”, es el justo medio entre dos desmesuras: la cobardía y la temeridad. Sin embargo, a partir del siglo XIX, con la emergencia del industrialismo, la cimentación del individuo y la perversión de la economía (“cuidado de la casa”) en la producción de bienes escasos, el sentido de “valor” también se pervirtió. Se transformó en el precio de venta de todo tipo de objetos. Al encadenarnos a la producción de valores escasos para satisfacer los deseos del mayor número de personas como un equivalente de la justicia, la ética perdió su razón de ser. Lejos de buscar el bien que conviene, buscamos la optimización de los valores volviéndonos moralmente sordos a nuestro pesar.
Podemos tener una idea clara de los contenidos éticos (las críticas, por ejemplo, que en su momento hizo Morena a las desmesuras del liberalismo económico o las que ahora el liberalismo reclama a Morena, se basan en ella) sin que, una vez en posición de ejercerlos, cambien un ápice de la oscuridad y la barbarie porque la finalidad dejó de ser el bien para convertirse en deseos que hay que satisfacer mediante bienes. Bajo esa lógica sólo cabe la inmoralidad que exacerba violencias de todo tipo.
Visto desde allí, es posible decir que las brasas que, según Esdras IV, devoraron la Tora hace 26 siglos, se reavivaron con mayor virulencia a comienzo del siglo XX con los procesos industriales de los campos de exterminio nazi, la “colectivización” estalinista, la bomba atómica y se han continuado de manera exponencial con las desmesuras tecnológicas del siglo XXI. Todos esos procesos habrían sido imposibles sin la corrupción de los valores en racionalidad utilitaria. Al evaluar cualquier tipo de objetivo en una lógica de escasez, las sociedades económicas nacidas del industrialismo tienden a instrumentalizar al ser humano y a la naturaleza y a servir a cualquier tipo de empresa que prometa la maximizar valores. El poeta que mejor lo captó es Paul Celan: las palabras que guardan los significados de la ética “gimen bajo el peso de una falsa y deformada rectitud”. Llevan consigo “las cenizas a las que quedó reducido el significado”. Las llamas de la escasez no destruyeron la ética, como sucede en el libro apócrifo de Esdras, pero redujeron sus significados a reliquias. Bajo su dominio, la naturaleza del bien humano dejó de importar para dejar paso a la adaptabilidad a valores que se miden con dinero.
La inexorable consecuencia de esta nueva supremacía, parafraseo a Riemen, es que los significados dejaron de existir, o mejor, se otorgan de manera provisional y totalmente arbitraria. En su lugar reina el nihilismo, el culto a la manipulación de la ética y el pragmatismo sin escrúpulos para la obtención de valores cuya escasez sólo pueden adquirirse al precio de violencias sin fin.
Estamos ante una fase más profunda de la barbarie y la oscuridad. Nada augura que podamos escapar de ello. Y sin embargo habrá, como Esdras, que mantener vivos los significados imposibles de la ética. Son ellos los que dicen al menos que estamos equivocados y que acaso algún día podamos devolverlos de sus cenizas para basar la vida no en la abundancia y sus valores, sino en la moderación y la proporción que es el rostro del bien en el mundo de lo humano.
Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, detener la guerra, liberar a todos los presos políticos, hacer justicia a las víctimas de la violencia, juzgar a gobernadores y funcionarios criminales, esclarecer el asesinato de Samir Flores, la masacre de los LeBarón, detener los megaproyectos y devolverle la gobernabilidad a México.
Juegos de poder
El problema no es la gentrificación
Echarle la culpa a la gentrificación es condenar el desarrollo económico.
Leo Zuckermann
Excelsior
Vivo en la colonia Condesa de la Ciudad de México. He residido ahí la mayor parte de mi vida. Este barrio se ha gentrificado. Lo celebro. La Condesa está mejor que nunca.
Lo puedo testificar.
De ser una colonia de clase media, con amplia presencia de la comunidad judía, pasó por un momento de decadencia en los años ochenta. Su peor momento lo vivió después del terremoto de 1985. El barrio se vino, literal y figuradamente, para abajo, causando una pauperización. Muchos residentes se fueron.
A comienzos de los noventa, con la economía mexicana recuperándose, aparecieron los primeros bares y restaurantes en avenida Michoacán. Changarritos con buena comida a precios asequibles. Sin embargo, la Condesa seguía siendo un barrio clasemediero con algunos problemas de inseguridad. Eran comunes los robos de automóviles y autopartes.
A principios de siglo vendría el boom inmobiliario generado, en gran medida, por la llegada de un nuevo grupo generacional a la colonia: jóvenes profesionales. Los hípsters trajeron consigo sus valores alternativos. Se multiplicaron los bares y restaurantes, algunos ya de clase mundial.
El auge de la Condesa rápidamente se extendió hacia la Roma. Hoy estos dos vecindarios están mejor que nunca. De la pauperización que vivieron después del terremoto del 85 pasaron a ser dos de los mejores lugares para residir en la capital, una Ciudad de México vibrante que se ha puesto de moda como destino turístico.
La Condesa y Roma se han gentrificado, tal y como lo define la Real Academia de la Lengua: “Proceso de renovación de una zona urbana, generalmente popular o deteriorada, que implica el desplazamiento de su población original por parte de otra de un mayor poder adquisitivo”.
Los valores de los inmuebles y, en consecuencia, las rentas se han incrementado por la gran cantidad de gente que quiere vivir en estos barrios, incluyendo extranjeros que, después de la pandemia de covid-19, encontraron en estos lugares un destino para quedarse un buen tiempo trabajando de manera remota gracias a la tecnología, los llamados “nómadas digitales”.
Sí, algunos residentes ya no pueden vivir aquí por el incremento en el costo de vida. Tienen todo el derecho de enojarse y protestar por esta situación.
Sin embargo, creo que se equivocan al echarle la culpa a la gentrificación y demandar que el gobierno intervenga para protegerlos.
Comienzo con lo primero. A las colonias les ha venido de maravilla este proceso de renovación urbana promovido, en su mayor parte, por el sector privado. Los gobiernos han hecho muy poco por mantener y mejorar los bienes públicos. Hay, por ejemplo, un grave problema de provisión de agua potable por la falta de inversión en la red existente. El dinero privado ha sido el motor de desarrollo de estas colonias con el establecimiento de todo tipo de negocios, en particular bares y restaurantes.
Echarle la culpa a la gentrificación es condenar el desarrollo económico de un país, región, ciudad o colonia. Cuando la gente percibe que hay un lugar donde se vive mejor, aumenta la demanda por vivir ahí. Si esto no es aparejado por un incremento de la oferta, suben los precios de residir en esa locación.
El problema no es la gentrificación, sino la poca oferta de viviendas en colonias donde hay buena vida social. Aquí sí tiene que ver el gobierno porque, por lo menos en la Condesa, es un dolor de muelas construir más edificaciones. Las regulaciones son muchas y predomina la corrupción, tanto del gobierno capitalino como de la alcaldía. Esto incrementa los costos de la construcción, limita el número de viviendas disponibles y acaba acrecentando los precios de las viviendas.
Algunos que protestan en contra de la gentrificación demandan una política de control de rentas. Nada peor que esto. Regular el precio de los alquileres de propiedades residenciales agrava la falta de viviendas. Se desincentiva la inversión privada en nuevos proyectos y el mantenimiento y mejora de las existentes. Además, el control de rentas produce mercados paralelos donde prolifera el subarriendo ilegal a precios más altos.
Esto incluye, como pretende el gobierno de la ciudad, la regulación de rentas de corto plazo, como las de Airbnb.
Termino condenando a los chauvinistas xenófobos que culpan a los extranjeros por la gentrificación de ciertas colonias en la Ciudad de México. Se pone al mismo nivel que Trump, quien piensa que los migrantes están envenenando la sangre en Estados Unidos, por lo que merecen confinarlos en una cárcel rodeada de cocodrilos.
Razones
Las historias de la familia Guzmán
En el caso de Julio César Chávez Jr. hay una relación más estrecha, familiar, con la familia Guzmán.
Jorge Fernández Menéndez
Excelsior
El miércoles 9 de julio será la comparecencia de Ovidio Guzmán López en la corte de Chicago donde se declarará formalmente culpable y se ratificará la condición de la que ya goza como testigo protegido. Una semana después será la de su hermano Joaquín, en la misma corte de Chicago. También se declarará culpable. Joaquín fue el que llegó, en una operación que no termina de estar aún clara, con El Mayo Zambada, su padrino, el 25 de julio del año pasado, al aeropuerto de Santa Teresa en Nuevo México.
El Mayo tiene una audiencia programada para fin de mes y está negociando convertirse en testigo protegido. Recordemos que su abogado Frank Pérez fue el que obtuvo ese mismo estatus para su hermano Jesús y su hijo Vicente. La participación de ambos en el juicio de El Chapo Guzmán fue lo que comenzó a detonar la relación entre El Mayo y Los Chapitos. Fueron también testigos en el caso contra García Luna.
La semana pasada se detuvo al boxeador Julio César Chávez Jr., el hijo del gran peleador mexicano cuyas historias, de padre e hijo, con los grupos criminales de Sinaloa (y en el caso del papá también con los Arellano Félix) tiene décadas. Pero, en el caso de Chávez Jr., la diferencia está en que, además, hay una relación mucho más estrecha, familiar, con la familia Guzmán.
Su esposa, Frida Muñoz, fue la pareja de Édgar Guzmán López, el hermano de Ovidio y Joaquín, asesinado en Culiacán en 2008 en una confusión (un grupo de El Mayo Zambada lo mató, junto con otros tres amigos, confundiéndolos con sicarios de los Beltrán Leyva, paradójicamente quien encabezaba ese comando era uno de los Inzunza, que fue perdonado por El Chapo. Los Inzunza ahora están aliados con El Chapo Isidro, enemigos desde siempre de Los Chapitos). Édgar era visto por Joaquín como su verdadero sucesor, y su muerte fue la que terminó elevando a Iván Archivaldo (su medio hermano) a los principales niveles del cártel, luego de la extradición de El Chapo.
Chávez Jr. mantuvo la relación con Iván Archivaldo, vía el que era su jefe de Seguridad, El Nini, Néstor Isidro Pérez Salas. El Nini fue detenido en noviembre de 2023, y era uno de los objetivos más buscados por las autoridades de México y Estados Unidos. Convertido en jefe de sicarios y responsable de la seguridad de Iván Archivaldo, encabezaba una célula particularmente violenta. El Nini ejercía esa responsabilidad con extrema violencia e incluso, según las autoridades, veía en todo extranjero desconocido o en jóvenes que le parecían extraños a presuntos informantes de la DEA o del gobierno, y actuaba contra ellos.
Dicen las fuentes estadunidenses que Chávez Jr. trabajaba con El Nini e incluso era el encargado de golpear a los integrantes del grupo que traicionaban o que pensaban que podían hacerlo o desobedecían órdenes. El Nini, aparentemente, también se ha convertido en testigo protegido de las autoridades.
La esposa de Chávez Jr., Frida Muñoz, y sus hijos (tiene dos con Julio César y la niña que nació de su relación con Édgar) podrían estar buscando unirse a la protección de la que ya goza la familia Guzmán López, comenzando por Griselda, madre de Édgar, Ovidio y Joaquín, y exsuegra de Frida, abuela, por lo tanto, de su hija. Griselda fue siempre una de las personas de mayor confianza de El Chapo Guzmán, y manejaba parte de sus negocios y relaciones políticas, está protegida por la justicia estadunidense, como sus otros 28 familiares que arribaron junto con ella a la Unión Americana hace un mes.
Unos días después de la detención de El Nini en Culiacán, en diciembre de 2023, murió Consuelo Loera, la madre de El Chapo Guzmán. En estos días habría que recordar que en aquella ocasión el expresidente López Obrador declaró que tenía “respeto por ella y consideración por todos sus familiares”. Cuatro de sus hijos y otros cuatro de sus nietos habían sido, o eran ya, personajes notables en el mundo del narcotráfico. Pero el expresidente les tenía “respeto y consideración”. El concurso de lambisconería ante la muerte de la mamá de El Chapo lo ganó Jenaro Villamil, el entonces y aún director del Sistema Nacional de Radio y Televisión, que escribió en redes sociales que la señora Consuelo era “una mujer sencilla” que “siempre negó que su hijo fuera capo del narcotráfico”.
Doña Consuelo murió en La Tuna, Badiraguato, la pequeña ciudad sinaloense que López Obrador visitó siete veces en su sexenio, donde se criaron sus hijos: Joaquín; Arturo, apodado El Pollo y asesinado en el penal del Altiplano; Aureliano, llamado El Guano y uno de los principales operadores actuales del cártel (lo apodan El señor de la sierra y la recompensa de Estados Unidos por él es de cinco millones de dólares), un personaje particularmente violento y acusado de haber ordenado la muerte de su medio hermano Ernesto Guzmán Hidalgo, por la sospecha de que había filtrado información que ayudó a la segunda captura de El Chapo. Hoy no se sabe con claridad si apoya a Los Chapitos o a Los Mayos en la guerra interna.
El otro hermano es Miguel Ángel, que estuvo 11 años preso en Estados Unidos y al quedar en libertad regresó a México y se puso bajo las órdenes de El Guano. Sus sobrinos son Los Chapitos: Iván Archivaldo y Jesús Alfredo, y Ovidio y Joaquín, testigos protegidos en la Unión Americana.
Hoy más que nunca hay que recordar las historias de familia. Vaya que se hablará de ellas en las próximas semanas.
Astillero
Gentrificación: violencia estructural // EU, a la caza de conflictos // Peña, sobornos y Pegasus // Peñismo, adoptado y adaptado
Julio Hernández López
La Jornada
No es inusual que en ciertas marchas o manifestaciones públicas de protesta social participen grupos, genérica e impropiamente llamados anarquistas, que arremeten contra inmobiliario público y privado y, con destrucción y otras formas de violencia, ganan la atención mediática por encima de las causas y razones que llevaron a la protesta original.
En el caso de la movilización contra la gentrificación, realizada principalmente en calles de las colonias Roma y Condesa, ha sucedido que la discusión pública ha sido inclinada hacia las expresiones violentas circunstanciales y no a la violencia estructural e institucional que subyace en el tema. Es decir, en el incumplimiento de los gobiernos de siempre respecto al derecho a la vivienda y, en particular, en cuanto al hartazgo e ira de las personas que deben gastar diariamente horas en traslados fatigosos y peligrosos para cumplir con jornadas de trabajo cuyos emolumentos sólo les alcanzan para vivir en las periferias, desplazados por una realidad salarial y económica que resulta terriblemente injusta, socialmente subversora, incitadora de radicalismos.
Hay otra arista de necesaria reflexión. El rechazo a las oleadas de extranjeros asentados en colonias capitalinas como las mencionadas (pero no sólo en ellas) y, sobre todo, la convocatoria a acciones directas contra estadunidenses, tienen un coyuntural impacto en las tensas relaciones de nuestro país con el vecino, cuyo actual gobierno está a la caza de oportunidades de potenciar conflictos con México para así presionar en las diversas negociaciones en curso que, de por sí, no son nada tersas ni ligeras.
En otro tema: el 19 de marzo de 2025 fueron colocadas en Youtube las cuatro partes del documental denominado Texcoco: la decisión del presidente (https://goo.su/K6xzv), elaborado por el Centro de Estudios Espinosa Yglesias, que fue fundado en 2005 por la heredera del banquero emblemático, fundador y director de Bancomer, que sufrió la nacionalización bancaria (expropiación es el término usado por los afectados) dictada de manera estrambótica por el entonces presidente José López Portillo.
En ese análisis de lo sucedido con el proyecto aeronáutico de Texcoco, cancelado por el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, aparece Enrique Peña Nieto, su promotor original, quien plantea que a la fecha no hay constancia, prueba ni evidencia de actos de corrupción en torno al aeropuerto de la discordia, y que nunca ha entendido por qué se suspendió.
A tal aparición del hasta entonces cuasidesaparecido político priísta, muy bien tratado discursivamente en el segundo tramo de las mañaneras obradoristas y con algunos de sus compinches insertos en el complaciente aparato transexenal de poder guinda, ha sobrevenido un reportaje en un medio israelí que asegura que el mexiquense del copete distintivo recibió 25 millones de dólares para aprobar la compra del sistema de espionaje denominado Pegasus.
Como es natural, Peña Nieto ha negado lo que apunta la publicación mencionada. Lo cierto es que los señalamientos de corrupción contra el ex ocupante de Los Pinos han vuelto a aparecer, como sucedió durante el primer tramo de la administración obradorista, cuando se solía hablar del desastre y la corrupción heredadas de la etapa del mexiquense al mando.
Sin embargo, parece poco probable que se intente alguna acción penal, no sólo por el blindaje constitucional para quienes han ocupado el máximo cargo público nacional o simplemente por la prescripción de la responsabilidad por los presuntos delitos sino, sobre todo, porque el peñismo ha sido adoptado y adaptado a la nada quisquillosa maquinaria pragmática marca 4T.
Y, mientras el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos trolea: “Si se encuentra ilegalmente en Estados Unidos y desea unirse a la próxima protesta en la Ciudad de México, utilice la aplicación CBP Home para facilitar su salida”.
México SA
México, al BRICS // Necesario reconsiderar // ONU, insignificante
Carlos Fernández-Vega
La Jornada
Cierto es que en su relación con un gobierno salvaje como el estadunidense, México debe caminar con pies de plomo, ser en extremo cuidadoso, pero ello no lo obliga a desechar alternativas viables tendientes a fortalecer su soberanía, crecimiento económico y desarrollo social, por temor –no sin fundamento, desde luego– a una reacción hostil (aún mayor) del imperial vecino del norte. Sin embargo, así ha procedido nuestro país cuando se le presentan opciones para él benéficas, entre las que destaca una de las más recientes: la incorporación al mecanismo del BRICS, el cual, siempre desde la praxis del multilateralismo, hasta ahora congrega a un grupo de naciones en las que vive la mitad de la población del planeta y genera cuatro de cada 10 dólares de la economía mundial.
De por sí dependiente de Estados Unidos, nuestro país quedó encadenado a su vecino del norte (mediante el Tratado de Libre Comercio, TLCAN) por obra y gracia de un gringo nacido en México (Carlos Salinas de Gortari), quien prometió el Primer Mundo a los mexicanos (y en eso quedó: en mera oferta) y sólo los hundió más en el tercero. Y así ha permanecido por más de tres décadas sin considerar otras opciones, siempre en el marco de la creciente hostilidad y condicionamiento de quien ocupe la Oficina Oval.
México ha sido convocado en no menos de dos ocasiones para que se incorpore a ese mecanismo multilateral, y ambas los gobiernos de la 4T lo han rechazado. En 2023, el entonces presidente López Obrador explicó que por razones económicas, de vecindad, de geopolítica, vamos a continuar fortaleciendo la alianza de América del Norte y de toda América. Nuestra propuesta es fortificar el tratado con Estados Unidos y Canadá, consolidarnos como región, ayudarnos mutuamente, complementarnos, que se compartan inversión, tecnología, fuerza de trabajo, que se mejoren los salarios y se consolide América del Norte. Eso es lo primero.
Y más recientemente, la presidenta Claudia Sheinbaum declinó participar directamente en la cumbre del BRICS de Río de Janeiro, Brasil, restando así relevancia a la comunidad de naciones que se agrupa en ese mecanismo multilateral, incluyente e igualitario que busca ampliar la visión en un mundo controlado, cual vil cacique, por Estados Unidos, cada día más autoritario, intervencionista, agresivo e intolerante. La mandataria se limitó, por razones protocolarias, a enviar en su representación, en calidad de observador, al secretario José Ramón de la Fuente. No más.
México debió estar en Río de Janeiro, no representado por un observador, sino por la presidenta Sheinbaum. A menos, claro está, que no coincida (lo cual es dudoso, desde luego) con la declaración final de la cumbre del BRICS (consensuada por los 21 estados que la integran): contra la imposición de medidas coercitivas unilaterales contrarias al derecho internacional, que tienen profundas repercusiones negativas en los derechos humanos, incluidos los derechos al desarrollo, la salud y la seguridad alimentaria, de la población general de los estados afectados, al golpear de manera desproporcionada a los más pobres y a las personas en situación de vulnerabilidad; exigimos la eliminación de estas medidas injustas, que socavan el derecho internacional y los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas.
Además, reafirmamos que los estados miembros del BRICS no imponen ni apoyan sanciones no autorizadas por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que sean contrarias al derecho internacional, y se manifiestan en contra de la polarización y fragmentación del orden internacional, al tiempo que recoge la alarma de los países del bloque ante un aumento crítico del gasto militar mundial, en detrimento del financiamiento adecuado para el mejoramiento de la calidad de vida de los países en desarrollo ( La Jornada, Roberto González Amador).
Entonces, el gobierno mexicano no puede restar importancia a los BRICS, porque en ese bloque nuestro país tiene todas las posibilidades de dejar de depender del imperial vecino del norte, el cual, de todas maneras, no dejará de presionarlo y meterse donde no lo llaman.
Las rebanadas del pastel
No sin razón, López Obrador la calificó de simple florero en el acontecer internacional, pero el presidente brasileño, Lula, fue contundente: Hace mucho que no veía a nuestra Organización de Naciones Unidas tan insignificante como ahora; una ONU que fue capaz de crear el Estado de Israel, pero no lo es para crear el Estado palestino; que ha sido incapaz de lograr un acuerdo en esa región del mundo para poner fin a un genocidio que está matando a hombres y mujeres en Gaza.
