Columnas Escritas
Lo que dicen los columnistas
Inteligencia artificial: entre la defensa y la amenaza
México necesita avanzar hacia marcos regulatorios que garanticen transparencia algorítmica y fortalezcan la educación digital. Pero también requiere instituciones que actúen, prevengan y generen confianza.
Proceso
Hablar de inteligencia artificial hoy es hablar de una herramienta que puede fortalecer al Estado o debilitar a la sociedad. No hay punto medio. Su impacto en la vida pública ya no es futuro, es el presente, y en México comienza a reflejarse en un terreno delicado: la confianza.
La capacidad de generar contenidos sintéticos, como los llamados deepfakes, pone en riesgo uno de los pilares de la comunicación: la presunción de veracidad. Cuando la ciudadanía duda de lo que ve y escucha no sólo se erosiona la información, se debilita la vida democrática.
El Global Cybersecurity Outlook 2026, del World Economic Forum, lo advierte con claridad: la inteligencia artificial está transformando la ciberseguridad, pero también amplificando los riesgos. Es un arma de doble filo. Permite anticipar amenazas, pero también facilita ataques más sofisticados, automatizados y difíciles de detectar.
Los datos son contundentes: el 94% de los especialistas considera que la IA será el principal factor de cambio en ciberseguridad, y el 87% identifica sus vulneraciones como la amenaza de más rápido crecimiento.
Pero el problema no es sólo técnico. Es estructural. Mientras la tecnología avanza a gran velocidad, la regulación, la gobernanza y la capacidad institucional se quedan atrás. Esa brecha es terreno fértil para abusos.
A ello se suma la opacidad. Hoy, en muchos casos, no sabemos cómo funcionan los algoritmos, qué decisiones toman ni bajo qué criterios procesan los datos personales. Sin transparencia no hay rendición de cuentas y sin ella la confianza pública se rompe.
Además, la recolección masiva de datos (muchas veces más allá de los fines originales) plantea riesgos reales de uso indebido. No es un tema menor: hablamos de posibles vulneraciones al derecho a la privacidad y a la protección de datos personales, reconocidos en nuestra Constitución.
La Organización de las Naciones Unidas ha sido enfática: el destino de la humanidad no puede quedar en manos de un algoritmo. Las alertas son claras: riesgos para la paz, afectaciones a derechos humanos, manipulación de procesos democráticos y erosión de la confianza en las instituciones.
Frente a este escenario, la clase política tiene una responsabilidad ineludible. No basta con mencionar la inteligencia artificial en el discurso. Es indispensable entenderla, saber cómo funciona, qué datos utiliza y cuáles son sus límites.
Usarla de manera transparente, con resultados concretos en servicios públicos, salud o seguridad, permite construir confianza. Pero usarla sin conocimiento o, peor aún, como herramienta de manipulación, puede generar un daño profundo.
Aquí entra un elemento clave: la ética. El riesgo no es la tecnología en sí, sino su mal uso. La desinformación, la vigilancia sin controles o la discriminación algorítmica no son escenarios hipotéticos, son riesgos reales que deben prevenirse con políticas públicas responsables.
También es fundamental abrir la puerta a expertos independientes. Las decisiones sobre inteligencia artificial no pueden basarse en ocurrencias ni en intereses políticos. Requieren evidencia, conocimiento técnico y visión de largo plazo.
Porque no debemos perder de vista lo esencial: la inteligencia artificial no es solo un asunto tecnológico, es un tema de derechos.
México necesita avanzar hacia marcos regulatorios que garanticen transparencia algorítmica y fortalezcan la educación digital. Pero también requiere instituciones que actúen, prevengan y generen confianza.
La inteligencia artificial debe ser una aliada para ampliar capacidades, no una excusa para distorsionar la realidad.
Al final, la tecnología puede evolucionar todo lo que quiera, pero la responsabilidad y la ética seguirán siendo profundamente humanas.
Arsenal
Si me espero al 2033, voy a ir en silla de ruedas: Félix Salgado
FRANCISCO GARFIAS
Excelsior
Los morenistas Félix Salgado y Beatriz Mujica platicaban en los pasillos del salón de sesiones del Senado. Ambos son de Guerrero. Ambos buscan la candidatura a gobernador (a) de ese estado, pero tienen un obstáculo común.
Ese obstáculo se llama Esthela Damián. Es la consejera jurídica de la Presidencia de la República y la supuesta carta de Claudia Sheinbaum para suceder a la gobernadora Evelyn Salgado, hija de Félix.
Me acerqué a Mujica y Salgado para preguntarles a bocajarro ¿quién de los dos va a gobernar Guerrero?
“Si es candidata mujer, ella; si es hombre yo…”, reviró, categórico, Salgado.
Le recordamos que el estatuto de Morena le impide ser candidato del guinda por la prohibición del nepotismo que se plasmó en los estatutos de ese partido. Félix dice que en su caso no es nepotismo. Argumenta que los candidatos de Morena se van a elegir en una encuesta. Evocó el primer mandamiento de la 4T. “El pueblo manda, ¿no?”, preguntó.
La senadora morenista Sasil de León estaba en el escaño de junto. Escuchó involuntariamente la conversación. Intervino: “Espérate al 2033”, sugirió a Félix. Y éste le respondió, de botepronto: “Si me espero hasta el 33, voy a ir en silla de ruedas. Tengo 70 años”.
* Las elecciones de 2027 representan un reto político interno para Morena y aliados. En juego están 17 gubernaturas, 500 curules de diputados federales, más de 2 mil presidencias municipales, y la mitad de jueces y magistrados.
Sobran aspirantes, faltan candidaturas. Todo mundo quiere llevar agua a su molino y poner su delfín. La bronca es que no hay una figura que los unifique como la de Andrés Manuel López Obrador. En corto ya se habla de “jaloneos” entre Sheinbaum y el expresidente y de allí para abajo. Los gobernadores quieren poner a sus candidatos y las corrientes internas a los suyos.
López Obrador está retirado formalmente de la escena pública, pero mantiene su influencia política en Morena y en la 4T. La parte radical del guinda lo sigue considerando el “jefe máximo” del movimiento. Su ausencia crea un vacío de poder que genera pugnas internas. Su opinión pesa fuerte al interior del movimiento. La Presidenta es la figura con mayor poder formal. Ella y miembros de su equipo (Luisa María Alcalde a la cabeza) son quienes definen las reglas para las candidaturas. Su visión es de “continuidad con cambios”.
Sheinbaum busca consolidar su propio equipo y evitar que el movimiento se convierta en un desorden de “herederos de la corona” (léase Andy). Los aliados del PT y el PVEM no se le cuadran a la Presidenta como al tabasqueño. Lo vimos con la reforma electoral y con el Plan B. También quieren su parte en el reparto de las candidaturas y se van a poner exigentes.
* Ya que estamos. Nos hicieron llegar una encuesta de Massive Caller sobre la intención de voto para la gubernatura de Baja California. Puntea la coalición Morena-PT-PVEM con 35.4%; seguida por el PAN, 26.7%; el PRI, 14.2%, y MC, 10.4 por ciento. La pelea por la candidatura de la coalición oficialista está muy apretada. Entre el primero y el cuarto aspirante sólo hay 6.4 puntos de diferencia.
Encabeza Christian Agúndez Gómez, con 22.6%; Milena Quiroga Romero, con 20.1%; Manuel Cota Cárdenas, con 16.2%, y Rubén Muñoz, con 16.2 por ciento.
Un empujón a cualquiera de ellos y gana.
* José Luis Esquivel Zubiri es uno los casi 400 aspirantes a ocupar las plazas que dejaron libres los tres consejeros del INE, cuyo periodo terminó el pasado 4 de abril.
Este académico especializado en el área jurídica, doctor en Derecho, con 25 años de trayectoria en la UNAM (FES Aragón) no tiene padrinos, pero sí confianza en la palabra de la presidenta Sheinbaum de que no habrá cuates ni cuotas en la designación de los nuevos consejeros. En 1999 fue consejero electoral distrital por el IEDF y actualmente se desempeña como asesor jurídico de la alcaldía de Iztapalapa.
Todavía no hay una lista oficial de los 184 aspirantes que pasaron el examen –de casi 400 —ni de los 100 que irán a entrevistas. El cabildeo político es intenso. Hay perfiles que se mencionan como los más fuertes.
En los corrillos se dice que tienen el apoyo de Ricardo Monreal, del gobierno federal, o que son del equipo de Guadalupe Taddei. El coordinador de la bancada de Morena en San Lázaro niega haber recibido o apoyado a alguno de los aspirantes. Entre los que traen padrinazgos se menciona a Bernardo Valle, apoyado por Bucareli; Patricia Avendaño, titular del IECDMX; Adolfo Aguilar Montero y Armando Ambriz, ambos cercanos a Monreal, y Publio Rivera. Hay también seis directivos cercanos a Taddei: Jesús Octavio García, Roberto Carlos Félix López, Juan Manuel Velázquez, Jesús Ancira, Pedro Pablo Chirinos, y Arlene Cabral.
El proceso deberá concluir el próximo 28 de abril.
Razones
Una diplomacia aislada e intrascendente
JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ
Excelsior
Desde que López Obrador decidió, en su infinita sabiduría, que la mejor política exterior era la política interior, el papel de México en el mundo se fue reduciendo hasta hacerse casi simbólico. El expresidente no conocía, ni conoce, el mundo; su visión internacional tenía como límite Cuba; rechazó los viajes internacionales, las cumbres, el conocimiento de otros líderes mundiales. Como pensaba —piensa (hay que ver lo que dice en el libro Grandeza)— que tiene la respuesta de todo y para todo, no tenía que aprender de nada ni de nadie. Así nos fuimos aislando del mundo y perdiendo el espacio que México tuvo en el pasado.
Nos quedamos solos, incluso en donde tuvimos una enorme legitimidad, en América Latina. Se apostó a los regímenes totalitarios y hemos roto o nos hemos distanciado con los demás, y en la medida en que está cambiando la correlación de fuerzas del continente, nos quedamos sin interlocutores.
Porque hubo una época en la que México tenía una verdadera política exterior frente a los regímenes totalitarios y las dictaduras de la región. Hoy, por el contrario, estamos cada vez más aislados, nuestros aliados son Venezuela (la de Maduro, quién sabe cómo están las cosas con Delcy Rodríguez) y Cuba, en menor medida Nicaragua, y estamos confrontados sin sentido con Ecuador y Perú, con los que hemos roto relaciones (por defender a Rafael Correa y a Pedro Castillo, dos mandatarios amigos de López Obrador denunciados por corrupción e intento de golpe de Estado), estamos prácticamente sin relaciones con Bolivia (por defender a otro amigo de AMLO, Evo Morales, acusado de corrupción, de violación y de tráfico de niñas). La relación con la Argentina de Javier Milei es casi inexistente y lo mismo sucede con Chile desde que asumió José Antonio Kast. En Honduras, desde la derrota de Xiomara Castro, que perdió en forma estruendosa las elecciones en ese país, la relación se ha congelado. Y no hablemos de las relaciones con El Salvador o incluso con Costa Rica.
Se supone que nuestro aliado es Brasil, a donde próximamente irá la presidenta Sheinbaum, sin comprender que, más allá de la amistad de gobernantes y pueblos, en realidad es nuestro adversario geopolítico. Por cierto, en Brasil, las encuestas muestran, por lo menos, un empate para las elecciones de este año entre Lula y los precandidatos de derecha, cuya relación con México es pésima. En Colombia se mantiene una buena relación con Gustavo Petro, otro defenestrado dentro y fuera de su país, y en México hemos recibido en dos ocasiones al candidato de la izquierda, Iván Cepeda Castro, a quien, por cierto, Jesús Ramírez lo quiere asesorar en el manejo de medios. Las encuestas muestran que, si va unida, ganará la derecha.
Decíamos en diciembre, cuando se rechazaba la intervención estadunidense que se materializó el 3 de enero en Venezuela, que parecía que no se terminaba de comprender, por lo menos en el discurso y la narrativa gubernamental, la importancia y la amenaza que significa que se designe el fentanilo como un arma de destrucción masiva y a los cárteles como terroristas, con todas las implicaciones que eso tiene. Mucho menos que se siga desafiando a Estados Unidos con el tema de la solidaridad con Cuba, misma que sufrió ayer otro golpe con la divulgación de que el gobierno de Díaz-Canel le pidió al mexicano que no divulgue los envíos de ayuda porque los grupos disidentes podrían “boicotear” su distribución, que, como también hemos visto, termina muchas veces en las tiendas en divisas que maneja el ministerio de la Defensa de Cuba.
Estamos renegociando nuestro principal instrumento económico y de desarrollo, que es el T-MEC, y cuando sabemos que en la mesa de la negociación están la exigencia de la seguridad jurídica aprobamos leyes como la que permite congelar cuentas sin mandato judicial, se amplían radicalmente las causas para la prisión preventiva oficiosa, se reducen las posibilidades de pedir un amparo y Lenia Batres y otros ministros de la Corte están empeñados en imponer la posibilidad de la revisión de las sentencias que ya estén en firme en los casos en los que ellos consideren que el fallo no fue justo.
Al mismo tiempo, se aceptan muchas de las condiciones que va imponiendo Estados Unidos en el ámbito de la seguridad, incluyendo el reinicio de la colaboración con la DEA, pero el gobierno se sigue resistiendo a desarticular las redes de protección política y complicidad con el crimen organizado. El lobbying de México en Estados Unidos es casi inexistente ante el Congreso y otros centros de poder. La Presidenta no se ha reunido personalmente con Trump ni ha visitado un país donde residen 30 millones de mexicanos. Después de sus primeras incursiones internacionales, la mandataria parece haberse retraído al estilo López Obrador en sus posibilidades diplomáticas.
Todo esto y mucho más viene a cuento por la llegada de Roberto Velasco a la cancillería. Se ha destacado la juventud de Velasco, el canciller más joven que ha tenido México, pero, más allá de eso, se le debe reconocer su inteligencia y capacidad de diálogo. Son importantes, pero necesitará mucho más para reconfigurar una política exterior que hoy está marcada por la intrascendencia. Hay que desearle lo mejor.
Astillero
Fracking, ¿“traición en grado de tentativa”? // Ciencia, para atenuar costo político // 70 organizaciones rechazan // IP y EU ¿para rescatar soberanía?
JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZ
La Jornada
Hasta ahora se presenta como una tentativa, un tanteo. Pero el fraseo utilizado en la mañanera, y la mención de que hay un equipo trabajando desde meses atrás en el tema, muestran una decisión presidencial en curso, que busca la forma de procesar con el menor costo político (recurriendo incluso a la figura de un “comité de científicos”) el difícil salto del compromiso del anterior ocupante de Palacio Nacional, Andrés Manuel López Obrador, y de la propia Claudia Sheinbaum Pardo, hacia un presunto nivel técnico de menor daño ambiental en la ejecución del repudiado sistema de fracturación hidráulica para la extracción de gas, conocido como fracking.
La presidenta, ha de precisarse, mantiene el posicionamiento de que nada ha sido decidido y que una especie de resolutivo basado en la ciencia y no en la política permitirá mantener el camino abierto o cerrarlo. En particular, se ha acentuado en el discurso oficial que no se intentaría la aplicación de los métodos “tradicionales” repudiados sino, con base en mejorías técnicas a evaluar por los citados científicos, en una especie de fracking sustentable, “verde” o no convencional.
Desde luego, la mera exploración de estas alternativas choca con la convicción antifracking arraigada en buena parte del movimiento que ha apoyado a la denominada Cuarta Transformación. De hecho, la propia Presidenta ha centrado la discusión en el dilema entre la soberanía nacional energética, que desde su maltrecha condición actual (Estados Unidos provee a México de 75 por ciento del gas utilizado) podría irse fortaleciendo mediante la recurrencia al fracking presuntamente suavizado, y la protección al medio ambiente, que se vería disminuida en la misma proporción en que el multicitado fracking conservara su condición nociva.
En el fondo, la exploración de las posibilidades de una edulcoración del negocio llamado fracking transita en la lógica de un “desarrollo a costa de lo que sea” que se ha expresado en los neoliberales polos estratégicos, el Plan México y las mayores concesiones al implacable portafolio de inversiones BlackRock.
Además de otras consideraciones técnicas amplias, la Alianza Mexicana contra el Fracking, y 70 organizaciones, emitieron ayer un documento en el que señalan que “la soberanía energética no se logrará a través de la extracción de las reservas menguantes de gas en México. Aun cuando se pudiera extraer todo el gas que hay en nuestro subsuelo, éste sería insuficiente para abastecer la creciente demanda de gas fósil (…) Apostar por la extracción de gas fósil con fracking es consolidar el modelo fósil y corporativo que profundiza desigualdades territoriales y debilita la autonomía energética comunitaria”.
Tambíen mencionan que en el mismo Plan Estratégico 2025-2035 de Pemex “se plantea la reapertura de los contratos mixtos; es decir, por sí solo Pemex tendría complicaciones para afrontar el desarrollo de los ambiciosos proyectos de producción de gas fósil, por lo tanto tendría que recurrir a la iniciativa privada, que sin duda ya está afilando sus estrategias para ofrecer sus servicios. Pero entonces, ¿depositaría Sheinbaum la soberanía de México en compañías estadunidenses con la experiencia, la tecnología y el capital para desarrollar fracking y explotar yacimientos complejos?”
Así cierra el documento: “Como bien sabe Claudia Sheinbaum, pues fue uno de sus compromisos electorales que la llevaron a la Presidencia, para las comunidades y los habitantes de San Luis Potosí, Puebla, Tamaulipas, Veracruz, Coahuila y Nuevo León, el fracking no es opción ni es sustentable, el mandato que pretende ser incumplido se mantiene: ¡No al fracking, ni aquí ni allá, ni hoy ni nunca!”
Y, mientras la fragilidad de la tregua llega hoy a la mesa de negociaciones en Islamabad, con un Netanyahu a plenitud agresiva y un Trump cada vez más descolocado.
México SA
Trump-Netanyahu // Criminales de guerra // Derrota apabullante
CARLOS FERNÁNDEZ-VEGA
La Jornada
Contundente derrota militar, política y diplomática de Donald Trump en su aventura guerrerista contra Irán (orquestada por su titiritero y cómplice Bibi Netanyahu), quien en su desesperación debió “proponer” (rogar, en realidad) al alto mando iraní un alto el fuego (así sea de mentiritas, porque Israel sistemáticamente viola el derecho internacional y comete delitos de lesa humanidad) para apaciguar los ánimos bélicos en Medio Oriente (los mismos que él impulso), pero en especial los económicos y financieros, con los precios petroleros al frente de la lista.
De todas, el delirante magnate naranja perdió todas (su único logro fue fortalecer en todos sentidos al país agredido, Irán, que ha dado cátedra militar, política y diplomática) y terminó como el caballo blanco (con todo el hocico sangrando, pero no precisamente al llegar a Los Mochis, sino al huir de Medio Oriente), al anunciar un alto el fuego de mentiritas (como ha sido el gobierno de Trump), sólo para que el primero en violarlo fuera su gurú Netanyahu (“estamos listos para reanudar los combates en cualquier momento; tenemos el dedo en el gatillo”), dado que para este asqueroso personaje tal protocolo es veneno puro para su permanencia en el poder, sus aspiraciones expansionistas y su evasión de la justicia (la israelí, por corrupto, y la Corte Penal Internacional, por genocidio), a la par de la deuda que con ella tiene el propio inquilino de la Casa Blanca.
Pero es tal su megalomanía y alucinación que creyó (tras violar el derecho internacional e iniciar una guerra sin motivo alguno) que después de insultar, degradar, chantajear y tirar improperios a sus “aliados”, los agraviados todavía lo apoyarían incondicionalmente (y a Bibi, desde luego). Pero, aunque parezca imposible, los “comunitarios” y algunos más, de una u otra suerte, lo mandaron sonoramente a la mierda.
Su sueño húmedo comenzó con el “cambio de régimen” en Irán, el cual permanece inalterado, intocado y fortalecido; siguió con la “exigencia” de abrir el estrecho de Ormuz, el cual antes de la agresión no estaba cerrado, pero logró que Irán lo hiciera; “liberar” a los habitantes de la nación persa y para “lograr su objetivo” inició con el asesinato de 165 niñas en una escuela; pretendió robar las reservas iraníes de uranio, pero se llevó una desagradable sorpresa; tiró a la basura alrededor de 30 mil millones de dólares, para lo cual desfinanció los planes sociales de sus propios “gobernados”, y ya en el frenesí amenazó con la “aniquilación total de Irán y la muerte de una civilización entera en una noche”.
Eso y mucho más, que quedaron en sueño húmedo, para seguir las órdenes de su manipulador Bibi. A pesar de la ostentosa derrota parece no digerir que sin la ruptura del perverso cordón umbilical que lo une a Netanyahu, Estados Unidos se hundirá cada día más, por ser gobernado y dominado por los sionistas (instalados en un gobierno terrorista financiado y protegido por otro de la misma calaña, con sede en Washington).
Lo único positivo de la más reciente cuan fracasada aventura guerrerista es que la ostentosa derrota de Trump fortalece y acelera la tendencia para consolidar un mundo multipolar en el que todos tengan cupo en igualdad de condiciones (y el dominio del dólar desaparezca), tirar al bote de la basura histórica al imperio del “destino manifiesto” y reconstruir, reinventar o revivir a las organizaciones que dicen ser “garantes” de la paz mundial, como la ONU que ha jugado (cierto es que no a partir de ahora) un papel verdaderamente oprobioso y repugnante.
Además, se fortalece la posibilidad de iniciar un juicio político en contra de Trump, culpable de 34 delitos que sin más llegó a la Casa Blanca; exhibir el archivo Epstein –en el que el magnate naranja aparece reiteradamente– y constatar que buena parte de la ciudadanía estadunidense parece estar dispuesta a despertar y reaccionar.
Pero como se trata de un alto el fuego de mentiritas, que no sorprenda a nadie la siguiente barbaridad que cometan Trump y Bibi. Entonces, no hay que esperarla, sino actuar de inmediato para acabar con este par de salvajes.
Las rebanadas del pastel
¿Quién la viera? Tan “democrática” en Canadá, según dicen, Orla Mining, minera de esa nacionalidad con concesiones en México (entre ellas Camino Rojo, en Zacatecas), “utilizó al crimen organizado para amenazar a sus trabajadores, afiliados a la sección 335 del Sindicato Nacional Minero, y violar sus derechos laborales, además de buscar que desertaran de este gremio”, de acuerdo con el panel del Mecanismo de Respuesta Rápida del T-MEC (La Jornada, Jared Laureles). ¿Y la Secretaría de Economía? ¿Y la FGR?