Columnas Escritas
Lo que dicen los columnistas
La fragilidad de la presidenta
La mandataria no tuvo más palabras que golpear la mesa en muestra de impotencia ante la decisión del Partido del Trabajo de no apoyar de manera completa su propuesta de reforma, pese a que dicho partido ha sobrevivido bajo la égida de Morena en las últimas dos elecciones presidenciales.
Proceso
Aunque no lo consideran una derrota, el descalabro consecutivo de la reforma electoral propuesta por la presidenta Claudia Sheinbaum es una muestra de la debilidad que ella y su partido Morena tienen en el Poder Legislativo sin la alianza con los partidos Verde y del Trabajo.
La presidenta esta enojada con los dirigentes de ambos partidos a quienes acusa por falta de palabra. Su molestia es tanta que hubo manotazos en la mesa durante la reunión que sostuvo con ellos en Palacio Nacional, luego de que en la Secretaría de Gobernación dieron su palabra firmada en un documento de que apoyarían el Plan B.
Manuel Velasco, del Partido Verde, y Alberto Anaya, del Partido del Trabajo, recibieron la ira de la presidenta Sheinbaum que, sin poder contener su cólera, les reclamó su falta de palabra dando un manotazo en la mesa al tiempo que les espetaba que habían firmado un compromiso con la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez.
“Ustedes firmaron que apoyarían le reforma. Fíjense bien, están hablando con la presidenta”, les insistió con la voz en alto volumen, a lo cual el petista contestó que lo haría, pero no al artículo 35 de revocación de mandato con el cual permitiría a la presidenta aparecer en la boleta de la elección intermedia de 2027.
La mandataria no tuvo más palabras que golpear la mesa en muestra de impotencia ante la decisión del Partido del Trabajo de no apoyar de manera completa su propuesta de reforma, pese a que dicho partido ha sobrevivido bajo la égida de Morena en las últimas dos elecciones presidenciales, de 2028 y 2024.
El doble revés que tuvo la propuesta de reforma electoral no es considerado por Morena y la presidenta como una derrota, aunque en los hechos lo es. Refleja, además, una fragilidad y una debilidad del partido y del gobierno ante la necesidad de contar con los votos de sus aliados para sacar adelante reformas en la tribuna legislativa.
Horas después del rechazo al Plan B de la reforma electoral en el Senado, la presidenta Sheinbaum no pudo esconder su enojo durante la conferencia matutina en Palacio nacional.
Con un gesto adusto exclamó: “El PT votó en contra, pero también los otros partidos (…) Ya que la gente haga su valoración de los que votaron en contra”.
Y sentenció: “Más allá de la alianza o no alianza, eso va a sancionarlo la gente… La gente va a tomar su propia decisión”.
La percepción pública del revés a la reforme electoral, como la propuso originalmente con la reducción de plurinominales, financiamiento, revocación de mandato, es que la presidenta Sheinbaum no tiene la fortaleza de su antecesor Andrés Manuel López Obrador, de quien sigue dependiendo, mediante varios de los personajes amloístas para sacar adelante sus iniciativas.
Además, internamente en su círculo más cercano hay divisiones fuertes que impactan la operatividad de medios. Es pública la confrontación que hay entre Jesús Ramírez y Jenaro Villamil, quienes controlan las mañaneras y la televisión pública, con Alfonso Brito, quien se reúne con los directivos de algunos medios de comunicación y gobernadores de todos los partidos. Mientras que la vocera, Paulina Silva, ha perdido influencia tras su regreso de un permiso por maternidad.
La presidenta Sheinbaum se distingue por actuar con la cabeza fría siguiendo su formación académica, pero a la mitad de su mandato tendrá que actuar más como política para poner orden en casa, aprovechar los altos porcentajes de imagen que tiene para afianzarse y dejar su legado como primera presidenta del país y no sólo ser la continuidad del proyecto de su antecesor.
El miedo no anda en burro, anda afiliando
CECILIA SOTO
Excelsior
Misteriosamente, después de haber anunciado el 15 diciembre pasado que la campaña de afiliación de Morena había cumplido su meta de 10 millones, en enero anunció una nueva meta. En menos de un mes afilió un millón más. Después, entre el 9 y 13 de febrero, Morena afilió a poco menos de 95 mil personas. Un acercamiento a las afiliaciones revelaba que miles de ellas no provenían de las personas que por primera vez buscaban pertenecer a un partido o que abandonaban un partido tradicional para sumarse al aspirante a partido único. Tampoco provenían de la bolsa general de afiliaciones de las cuatro organizaciones que buscan registro como nuevas organizaciones políticas. No. Estas afiliaciones de Morena habían sido tomadas de las asambleas que habían sido realizadas por estas organizaciones y que, por ley, tienen que contar con, al menos, 300 personas afiliadas para poder contar como asamblea distrital válida.
Como le conté en mi artículo Con un pie en la puerta del club más cerrado (23/feb), el INE mantiene un criterio, por decir lo menos, estrambótico: aunque las asambleas distritales tienen un inicio y un cierre formal, certificados ambos por los representantes del INE, si semanas, meses y hasta un año después, algunas personas que asistieron a esas asambleas se afilian a otra organización y estas desafiliaciones afectan el quórum de 300 personas por asamblea, ésta se pierde para la organización que originalmente la celebró. Este criterio no tiene base legal alguna y Somos México lo está impugnando ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Es violatorio de los derechos de las personas que sí querían contribuir al registro de una organización y viola los derechos de los delegados electos que no pueden fungir como tales. Y es una mancha para el INE que no otorga certeza jurídica a los actos que el mismo instituto certifica.
Calculadas matemáticamente, las nuevas afiliaciones de Morena, levantadas en febrero, bajaban las Asambleas distritales exitosas de las cuatro organizaciones que han cumplido con los requisitos legales, a menos de 200, lo que impediría su registro. Quizá la experiencia reciente con el PT convenció al morenismo de no multiplicar a sus aliados, pues tres de esas organizaciones están en la órbita del dizque movimiento.
Usted, como yo, se preguntará cómo le harán los discípulos de Andy López Beltrán para afiliar alrededor de entre 20 mil y 40 mil personas diarias. Pues lo mismo se preguntó la Dirección Ejecutiva de Prerrogativas y Partidos Políticos (DEPPP) del INE e invalidó las últimas afiliaciones mencionadas por no cumplir con lo exigido con los estándares que rigen para todos los partidos políticos, los que ya lo son y los que quieren serlo.
Morena ya se llevó un susto en 2021, cuando perdió 9 de las 16 alcaldías de la Ciudad de México y perdió la mayoría constitucional en la Cámara de Diputados. Por los esfuerzos para impedir el registro de nuevas organizaciones y, sobre todo, al intentar cambiar las reglas del juego electoral mediante los fallidos Plan A y Plan B que buscaban aumentar permanentemente las ventajas para Morena, es claro que en Palacio Nacional están leyendo las mismas encuestas que los demás. Si en 2024 la coalición oficialista no alcanzó la mayoría constitucional en ambas cámaras y tuvo que recurrir a métodos gansteriles para robársela, menos la alcanzará en 2027. Hay un claro desgaste de Morena, desgaste que acompaña el estancamiento económico del país, los escándalos de corrupción imparables que afectan a los más cercanos al lopezobradorismo y la tragedia humana en materia de seguridad y desaparecidos.
Pero no son sólo los grandes temas que desgastan a este gobierno. A la gente le afecta más la mala calidad de la acción gubernamental en todos los niveles. López Obrador evisceró el servicio público al despedir u obligar al retiro anticipado a miles de funcionarios al bajarles el salario y prestaciones y hacer nombramientos que representaban una burla al profesionalismo. Recuérdese que 27 integrantes de la ayudantía de AMLO pasaron de cargarle el portafolio a tener altos puestos y responsabilidades, sin contar con experiencia previa. O Lenia Batres, cuya curva de aprendizaje aún no comienza. O Marx Arriaga en los contenidos de los libros de texto. O, ya bajo Claudia Sheinbaum, un gabinete que no es mayoritariamente suyo, una secretaria de Gobernación que no lo es, una Dirección Jurídica que comete pifias que no cometería un/a estudiante de primer año de derecho y la ineficiencia en todos, todos, los niveles de gobierno.
Morena tiene miedo. Ya comprobó en las elecciones de 2024 que cerca de cuatro millones de personas que votaron por la Presidenta no votaron por ninguno de los partidos de la coalición para el Congreso. Que los jóvenes se alejaron de las urnas. Ya si abuchearon a la Selección, ¿qué falta para que voten en contra del statu quo: Morena.
México sin maquillaje
El derrumbe de la credibilidad
GABRIEL REYES ORONA
Excelsior
Herederos de una credibilidad ganada por quienes sostuvieron exactamente lo contrario de lo que postula la 4T, finalmente, han quedado expuestos como meros improvisados, carentes del instrumental técnico para conducir los derroteros de un banco central. Han sido muchas las decisiones frívolas y temerarias que han tomado los integrantes de la Junta de Gobierno del Banxico, la mayoría, mantenidas en la más completa opacidad. Tras haber reducido la tasa de interés, cuando el movimiento obligado era el contrario, el reflector finalmente miró hacia el impresentable cenáculo que ha dilapidado multimillonarios recursos que, se piensa, siguen formando parte de la reserva de activos internacionales.
La credibilidad es el principal activo que tiene una autoridad financiera. Se gana a lo largo del tiempo, considerando múltiples decisiones, pero, sobre todo, buenos resultados. Se pierde en un momento y basta una sola pifia para tener que empezar de cero. Hoy, quizá no lo adviertan, pero aquellos que fueron nombrados sin cumplir los requisitos de ley ya son vistos con desconfianza. La tan cacareada autonomía hizo agua. Decisiones que analistas revisaron dando un gratuito voto confianza hoy serán reestudiadas e, inevitablemente, formarán parte de una nueva narrativa que dará cuenta de cómo la descomposición empezó hace años.
El mercado los pondrá a prueba, ya no le comprarán las exóticas y contradictorias conclusiones contenidas en sus reportes. Apostar contra sus pronósticos se volverá popular y las expectativas de inflación que publique no sonarán a serio a considerar en la formación de la programación financiera de las grandes empresas. Seguirán siendo invitados para exponer la postura de lo que hace ya algunos años dejó de ser una institución ajena a los vaivenes políticos. Ahora, los ligeros currículos de los integrantes del órgano de gobierno explicarán los tumbos que han venido dando.
Hasta los más gobiernistas analistas han tenido que admitir que no va por el camino correcto y, vergonzosamente, que han defendido una institucionalidad que simplemente no existe. El barco de México está haciendo agua en el momento en el que la tempestad asoma.
Cuando Agustín Carstens recomendó en lo oscurito la ampliación de la banda, sí, el error de diciembre, había un muy amplio y preparado equipo que retomó la compostura, el cual afrontó exitosamente una severa crisis de reservas, esto, al tiempo de que las torpes decisiones tomadas por la banca oficial de De la Madrid pasaron factura.
El salvamento de la economía nacional fue espectacular, tanto, que incluso ese economista pudo salir al mundo a tratar de venderse como un gran profesional, claro, cuando quiso dirigir el FMI perdió 99 a 1. Afuera si saben quién es. Llamó entonces la atención la forma en que el peso se había convertido en una moneda con una extraña, pero poderosa transaccionalidad, en momentos, mayor que la del yuan.
El fenómeno determinó que fuera invitado a dirigir el Banco Mundial de los pagos, pero, con el tiempo, se supo que el peso del peso lo sentó el poder del crimen organizado, y no la política monetaria. Sí, que es la profundidad de las operaciones de los cárteles lo que sostiene la paridad.
Estando en ciernes una crisis de liquidez, quedará claro que la credibilidad vale más que la reserva y, pronto, la solidez de ésta quedará a prueba. En el exterior se ve con desconfianza lo que pasa en la banca de desarrollo, mientras tanto, aquí, neciamente, se sigue peleando el control de los procesos electorales. Parece que, otra vez, pagaremos el pecado de creer en políticos.
México SA
¿Cambio de régimen en Washington? // Estadunidenses muestran músculo // Petróleo ruso va rumbo a Cuba
CARLOS FERNÁNDEZ-VEGA
La Jornada
Ha transcurrido un mes de la agresión estadunidense e israelí a Irán (sin declaración de guerra ni permiso del Congreso, en el caso de Estados Unidos) y, tras iniciarla, los criminales de guerra, el pedófilo Donald Trump y su socio el genocida Benjamin Netanyahu, marcaron una de sus “prioridades”–según sus declaraciones públicas–: “cambiar el régimen” en la nación agredida para que sus habitantes “tomen el control de su gobierno”; la hora de “su libertad está al alcance de la mano”.
Comienza la semana número cinco de dicha agresión y, a estas alturas, lo único que Trump y Netanyahu han logrado es el repudio internacional (y nacional en sus respectivos países) por su ilegal decisión, la masacre de inocentes (como las 165 niñas asesinadas en una escuela de Minab, en el sur de Irán), la pérdida prácticamente total de las bases militares estadunidenses instaladas en Medio Oriente y la destrucción de buena parte de las principales ciudades de Israel, más la muerte de altos mandos militares sionistas, a consecuencia de la “inesperada” (para ellos) cuan contundente respuesta militar y social de Teherán.
Entonces, todo apunta a que ese par logrará aquella “prioridad inmediata”, pero en riguroso sentido contrario a lo que originalmente planearon; es decir, el cambio de régimen se daría, pero en Estados Unidos e Israel, pues con el asesinato del ayatollah Alí Jamenei, la masacre de Minab y la agresión misma, sólo consiguieron la unificación del pueblo de Irán, amén de la contundente repuesta militar de la nación persa, mientras sus “aliados” les negaron “ayuda” y voltearon hacia otra parte. Hasta ahora, los únicos derrotados son Trump y Netanyahu.
De nueva cuenta, el sábado la ciudadanía estadunidense salió a la calle y otra vez mostró músculo y reiteró su repudio a (fuck) Trump en la tercera jornada de protesta (No King, No a los Reyes) advirtiendo que “el cambio de régimen empieza en casa”, al tiempo que reiteró que no tolerarán el autoritarismo del magnate naranja, la agresión y convulsión en Medio Oriente ni a su salvaje pandilla de golpeadores encubiertos (ICE), que impunemente se dedica cazar inmigrantes.
La Jornada (David Brooks y Jim Cason, corresponsales) lo reseñó así: se registró “la magna movilización de protesta nacional No a los Reyes realizada en más de 3 mil actos por todo Estados Unidos, en lo que organizadores esperaban que sería el día de protesta nacional más grande de la historia del país”, pues participaron alrededor de 8 millones de estadunidenses que tomaron las calles de distintas ciudades.
Algo más de lo reseñado por La Jornada: “el gran abanico de mensajes y consignas documentaron un gran coro disperso, pero de repente unido, en este día de la oposición a Trump y su agenda derechista tanto en torno a políticas internas como la exterior. ‘Alto a la guerra contra Irán’, ‘ICE (la agencia de control migratorio) no es bienvenida aquí’, ‘Vota para defender la democracia’, ‘Manos fuera de Cuba’, ‘Manos fuera de Nueva York’ –leyenda que se repetía cambiando el nombre de la localidad en Mineápolis, Chicago, Los Ángeles y más–, en referencia a las invasiones de agentes federales enmascarados desplegados por la Casa Blanca, con otras burlándose del mandatario y subordinados o señalando su vínculo con pederastas y el escándalo del caso Epstein. Las más sencillas: ‘Fuck Trump’ y ‘Aquí no hay reyes’. Las consignas estaban en inglés y español, como también en varios otros idiomas en esta ciudad de inmigrantes” (Nueva York).
Pero Trump sólo tiene oídos para el genocida Bibi Netanyahu, quien lo manipula de forma por demás grotesca. Pero Irán ha dado puntual respuesta al régimen de Tel Aviv, y el par de guerreristas ya no sabe cómo salir del laberinto en el que se metió por sus decisiones autoritarias, anticonstitucionales, contra el derecho internacional y totalmente repudiadas, de tal suerte que es de esperar que en Washington y la capital israelí a la brevedad se den cambios de régimen, con ellos recluidos en una cárcel de máxima seguridad, para la estabilidad del planeta.
Las rebanadas del pastel
No todos agachan la cabeza ante las instrucciones de Trump: un tanquero que transporta crudo ruso entró ayer en la zona económica exclusiva de Cuba, en lo que sería la primera importación de petróleo del país caribeño en más de dos meses. El buque Anatoly Kolodkin, que zarpó de Primorsk tras cargar unos 650 mil barriles (tal vez 730 mil), podría descargar pronto en el puerto de Matanzas. Mientras, Estados Unidos levantó temporalmente las sanciones a Rusia para ayudar a mejorar el flujo de crudo en el mercado internacional que él mismo provocó.
Por una democracia efectiva y menos cara
José Murat
La Jornada
México avanza hacia una democracia menos cara en las entidades federativas y en los municipios, conquista de la reforma electoral en el llamado plan B, pero se mantiene como una asignatura pendiente en el ámbito federal. En su momento, con el formato que fuere, ese objetivo tendrá que ser retomado porque ha sido una demanda añeja del pueblo de México. Una democracia efectiva no tiene por qué ser necesariamente onerosa para los contribuyentes y para la ciudadanía en general.
La marcha de México hacia el sufragio efectivo y la representación genuina de la voluntad popular ha sido larga, sinuosa y complicada. Pasar de un sistema de partido hegemónico a un sistema competitivo con alternancia política, una democracia ciudadana plural y civilizada, implicó un enorme ejercicio de concertación y suma de esfuerzos, por décadas, entre las distintas fuerzas políticas. Para la mayoría de especialistas en la materia ha habido cinco generaciones en materia electoral y la sexta está iniciada, pero inacabada.
Para decirlo de la manera más esquemática posible, la primera generación de reformas electorales, cuyo objetivo fue pavimentar el camino para la representación plural en las cámaras legislativas federales, inició en 1963, con la introducción de la figura de los diputados de partido. Bajo este esquema, los partidos que alcanzaban 2.5 por ciento de la votación nacional, tenían derecho a cinco diputados, y uno más por cada 0.5 por ciento adicional en la votación. Con la reforma política de 1977 se creó la figura de los diputados de representación proporcional: 100 diputados, más 300 de mayoría relativa.
En 1990 comenzó la segunda generación de reformas electorales, luego de la controvertida elección presidencial de 1988, en donde formalmente ganó Carlos Salinas, candidato del PRI, pero Cuauhtémoc Cárdenas, del Frente Democrático Nacional, obtuvo una elevada votación, y por las múltiples irregularidades registradas para muchos analistas nunca quedó claro quién fue el real triunfador de la contienda. El objetivo de esta segunda generación de reformas, la de 1990 y la de 1993, fue crear condiciones menos inequitativas en los procesos electorales, en presupuesto público, acceso a medios de comunicación y uso del gasto público.
La reforma electoral de 1996 fue la más representativa de la tercera generación de reformas electorales, cuyo objetivo fue dar autonomía plena al órgano electoral ejecutivo, el Instituto Federal Electoral (IFE), y adscribir al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), para dotar de poder jurisdiccional total al órgano encargado de dirimir las controversias electorales.
Las reformas electorales de 2007 y 2014 constituyeron la cuarta generación de reformas, cuyo objetivo fue centralizar, homologar y nacionalizar los principios, criterios y órganos que rigen los procesos electorales en todo el país.
Con la reforma de 2007, además de prohibir las campañas sucias y la contratación directa de propaganda por partidos y cámaras empresariales, se contempló por primera vez que el IFE pudiera conducir un proceso electoral local, previo acuerdo con los órganos electorales estatales. De manera más clara, la reforma de 2014 creó al INE y lo dotó de facultades para definir las reglas del juego, conducir y preservar la legalidad en los procesos federales, estatales y municipales.
La quinta generación de reformas electorales, que incluye la propia reforma electoral de 2014 y la reforma de 2019, se refiere a la garantía de la equidad de género, primero en procesos federales, y luego en cargos federales, estatales y municipales, además en los tres poderes del Estado; equidad de género en todo, para que cuando menos la mitad de las candidaturas a cargos electivos y la mitad de puestos administrativos directivos, sean desempeñados por mujeres.
La sexta generación de reformas electorales está en proceso, pero a la mitad del camino, cuando pudo haberse cubierto ya totalmente esa asignatura si hubiera habido consensos y altura de miras en todos los actores políticos, en la discusión del plan A de la pasada reforma electoral: una democracia efectiva y menos cara en el ámbito federal, y no sólo en el estatal y municipal, con un techo al presupuesto de los congresos locales y un número máximo de 15 regidores en los ayuntamientos, como ya se aprobó en el Senado de la República la semana pasada. Ya hubo también un avance en el ámbito federal, con la reducción de los ingresos y prestaciones en cargos directivos del INE y en los tribunales electorales, pero falta lo relativo al financiamiento de los partidos políticos.
Decimos que la democracia mexicana es cara porque un análisis comparativo del presupuesto asignado a sistemas electorales en países latinoamericanos, elaborado por el Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República, reveló que el sistema electoral mexicano es el segundo más caro del subcontinente: tiene un costo per cápita de 386 pesos, sólo después de Costa Rica, que tiene un costo per cápita de 538 pesos mexicanos.
Ya desde la década de los 90, The Brookings Institution, colocaba a México como el país con elecciones más costosas a nivel Latinoamérica, y uno de los cinco a nivel mundial, sólo después de Austria, Francia, Suecia e Israel.
En suma, sin demeritar los avances alcanzados en la reducción del costo de la democracia mexicana, el proceso tiene que profundizarse. Cualquier estudio de opinión revela que es una demanda de la sociedad mexicana, como también lo es fortalecer a las instituciones que sostienen al edificio de la República: la democracia tiene que ser efectiva y no tiene por qué ser onerosa.