Columnas Escritas
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PRI: 2027, un futuro amargo
Hay razones para no querer hacer una alianza. El rechazo al PRI, según una encuesta reciente del periódico El Financiero, es de 90% de la población. Es decir, es un partido que no garantiza simpatías y menos aún votos.
Proceso
Endeudado, derrotado, aborrecido por la población y con una militancia reducida a la nada, el horizonte electoral del PRI para las próximas elecciones en las que se renovará la gubernatura en 17 estados y la Cámara de Diputados, es más que negro. Y aunque su dirigente Alejandro Moreno lanza fuegos artificiales con la esperanza de formar una gran coalición opositora, en los hechos ningún partido lo ha secundado. El PRI está más solo que nunca.
Con sus antecedentes revolucionarios este próximo mes de marzo el PRI cumple 97 años, de los cuales 71 estuvo en la presidencia de la República y una buena parte del siglo como mayoría hegemónica en el Congreso legislativo y en los gobiernos estatales. Hoy no sólo enfrenta su peor crisis político electoral, sino su sobrevivencia, es decir, su registro.
Con Alejandro Moreno al frente el PRI ha perdido 12 gubernaturas, el 80% de presencia en la Cámara de Diputados, donde sólo tiene 37 escaños, mientras que en el Senado cuenta únicamente 13 lugares sin derecho a tener presencia en la Mesa Directiva.
De cara a las elecciones en Coahuila este año de plano dejaron solo al PRI poniendo en riesgo la hegemonía de los hermanos Moreira. Ningún partido quiso hacer alianza con el PRI, nadie atendió los llamados de Alejandro Moreno de hacer una gran alianza opositora.
Hay razones para no querer hacer una alianza. El rechazo al PRI, según una encuesta reciente del periódico El Financiero, es del 90% de la población. Es decir, es un partido que no garantiza simpatías y menos aún votos.
En la debacle el PRI ha perdido el registro en Campeche, Oaxaca, Hidalgo, Estado de México y Zacatecas. Mientras que de la militancia también registra una perdida grave desde 2017. En ese año contaba con aproximadamente 6.3 millones de afiliados y ahora apenas tiene 1.4 millones, según datos oficiales del Instituto Nacional Electoral (INE).
Esta tendencia de pérdida de militancia y de simpatía ciudadana genera dudas sobre la capacidad del partido para mantener su registro en aquellas entidades como en Quintana Roo, donde alcanzó apenas un 5.5% en las elecciones recientes.
Otro flanco débil es la deuda de 189 millones 500 mil pesos. De acuerdo con datos que reportó al Instituto Nacional Electoral con corte al 31 de diciembre de 2023, esta deuda que tiene el PRI lo tiene sometido a serios problemas operativos, por lo cual ha tenido que recurrir a préstamos bancarios desde 2018, cuando tuvo que hipotecar el edificio ubicado en Lafragua número 3, colonia Tabacalera, en la Ciudad de México, que hasta 2014 fue la sede de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), para obtener dinero de bancos.
La deuda representó 15.77% de su financiamiento público en 2024, que fue de mil 201 millones 628 mil 530 pesos. Pero los resultados negativos de esa elección, en comparación con la del 2021, en la que dejo de tener dos millones 92 mil sufragios para diputados, la cual define el presupuesto de los partidos, significaron un recorte de prerrogativas de 300 millones de pesos en 2025.
Frente a esta situación financiera Alejandro Moreno, como presidente nacional del partido, con un acuerdo de la Comisión Política permanente del Consejo Político Nacional, recibió la autorización el año pasado para contratar una línea de crédito por 409.5 millones de pesos.
La deuda total, tomando en cuenta los tres créditos bancarios que suman 189.5 millones de pesos y esta última línea crediticia, es de casi 600 millones de pesos.
Dicha deuda representa una buena parte de los 985.3 millones de pesos que en 2025 le destinó el INE como prerrogativas.
Con este panorama el otrora partido hegemónico tiene un futuro amargo en el que luchará por su sobrevivencia.
Razones
Adán Augusto reactiva sus redes
Fue un secretario de Gobernación sin logros concretos, pero le alcanzó para ser precandidato presidencial
Jorge Fernández Menéndez
Excelsior
Adán Augusto López dejó la coordinación del grupo parlamentario de Morena en el Senado y no se va de embajador, como mucho se especuló en días pasados, sino a hacer trabajo partidario destinado a ganar, dijo, todas las elecciones de 2027.
Según sus declaraciones, va a trabajar “por todo el país, a fortalecer (el partido) rumbo a la elección del 2027, a hacer tarea de territorio… también en las circunscripciones que tienen mayor padrón electoral, y vamos a ello, porque en Morena el objetivo principal es ganar prácticamente todas las gubernaturas en disputa en 2027, mantener la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y, desde luego, en el Senado de la República… se requiere de mi servicio completo para fortalecer la unidad dentro del movimiento, dentro del partido”.
Una especulación. Si es verdad que Andy López Beltrán, el hijo del expresidente López Obrador dejará la Secretaría de Organización del partido, en medio de profundo descrédito y diferencias, tanto con Luisa María Alcalde como con la propia presidenta Sheinbaum, no sería descabellado en esta lógica que Adán Augusto fuera su reemplazante: sería otro integrante del Clan Palenque con las mismas redes, pero con más experiencia.
Eso fortalecería la convicción de que en Morena no se castiga ni se investiga a nadie, pese a que la relación del senador con la Presidenta es mala desde siempre y de que se acumulan las denuncias en contra de Adán Augusto. El senador está protegido por el paraguas del Clan de Palenque. Todo comenzó en Tabasco, con negocios antiguos, cuando Adán era todavía militante del PRI, negocios que financiaron a López Obrador hasta llegar al poder. Desde entonces, sobre todo cuando fue gobernador de Tabasco, comenzaron los contratos multimillonarios asignados sin licitación, las obras infladas, las empresas fantasma ligadas a viejos amigos y operadores políticos.
Durante su gestión como gobernador, Adán Augusto tejió una red que se extendió más allá del sureste. En Tabasco fue gobernador; en Chiapas impuso a su cuñado Rutilio Escandón, el peor gobernador que se recuerda en años en ese castigado estado; en el SAT, Rosalinda López, fallecida a fines del sexenio pasado, controló las relaciones con los empresarios de la red. Adán fue un secretario de Gobernación sin logros concretos, pero le alcanzó para ser precandidato presidencial (convencido, contra toda evidencia, de que ganaría) y con recursos inagotables construyó una red nacional que le permitió contar con muchas posiciones en el Congreso y en las gubernaturas que se eligieron desde 2021 en adelante, las que se renovarán precisamente en 2027.
Hernán Bermúdez Requena era el secretario de Seguridad Pública de Tabasco, el amigo de décadas, la mano derecha de Adán Augusto con vínculos añejos con el crimen organizado. Era conocido como El Comandante H, el líder del cártel de La Barredora y socio del CJNG. La historia de Bermúdez se entrelaza con otra que comenzó en Tabasco. Comenzó con el robo de combustible y llegó al huachicol fiscal. No sólo se robaron el combustible de Pemex, también contrabandearon y falsificaron los documentos de importación y exportación. Desde 2019 se creó una red de empresas que cruzó México de norte a sur, trianguló facturas falsas, permisos de transporte de hidrocarburos y subsidios energéticos.
Todo eso se alimentó con la cercanía entre Adán Augusto y los hijos del expresidente: Andy, Bobby y José Ramón López Beltrán, vínculos antiguos que se reforzaron a través de contratos, favores y proyectos estratégicos. En Tabasco y en el sureste las empresas cercanas al círculo familiar florecieron y terminaron abarcando casi todo el país. De allí surgieron Amílcar Olán, Pedro Salazar y muchos otros.
Ahora Adán Augusto no se va castigado, se va a reactivar esa red para las elecciones del 2027. No aprenden, al norte de nuestra frontera estarán contentísimos.
Stand 4. Morena nació prometiendo regenerar la vida pública. Pero detrás del discurso, los viejos vicios del poder reaparecieron: nepotismo, corrupción, contratos dirigidos.
Adán Augusto fue más que un funcionario; fue el hermano, el cómplice, el símbolo de cómo el partido que prometió el cambio terminó replicando lo mismo que juró erradicar. La historia de Adán es el espejo de una maquinaria que protege por conveniencia o complicidad.
Stand 5. Al final, el poder no se trasmite sólo por los votos… sino por la impunidad. Las redes de corrupción no solo sobrevivieron, se consolidaron bajo el cobijo del Estado y la complicidad. Son los políticos, empresarios y operadores que siguen moviendo los hilos desde las sombras, tejiendo las nuevas redes de corrupción. Son los nuevos intocables de México. Adán, el primero.
Stand conclusión. Hemos recorrido juntos las piezas de este rompecabezas y cada uno de sus actores: la red de corrupción, El Comandante H, el huachicol fiscal, los favores vinculados al poder, la complicidad y la impunidad que lo sostiene todo.
El nombre de Adán Augusto López ya no está sólo en esta historia, lo acompañan los hijos de su principal protector: Andy, Gonzalo y José Ramón López Beltrán. Las pruebas están para quien quiera verlas: documentos que exhiben contratos que se adjudicaron sin licitación, funcionarios designados a modo y con antecedentes criminales, combustibles de contrabando que escaparon al control del Estado.
Pero quizá lo más grave es lo que no se ve pero se percibe: la protección partidaria, la convicción de que ciertos personajes están fuera del alcance de la ley. La idea de los “intocables”. Un poder que no rinde cuentas porque se convierte en el escudo de la impunidad.
El regreso del sarampión: biología y fisuras sociales
Mario Luis Fuentes
Excelsior
El resurgimiento del sarampión —una enfermedad prevenible, conocida y controlada desde hace décadas— es un hecho que trasciende lo estrictamente epidemiológico, y que parece colocarnos frente a la erosión de los acuerdos colectivos mínimos que sostienen la salud pública. Desde la respuesta institucional del Estado mexicano, que ha retomado de manera lenta y tardía en la reactivación de esquemas amplios de vacunación y de vigilancia epidemiológica, hasta la resistencia abierta de grupos que cuestionan la eficacia y legitimidad de las vacunas, el fenómeno revela una crisis más amplia en las formas de producir confianza, conocimiento y responsabilidad social.
Desde el enfoque de los determinantes sociales de la salud, reaparece fundamentalmente donde convergen desigualdad estructural, debilitamiento de los sistemas de salud, interrupciones en la cobertura de vacunación y, de manera cada vez más decisiva, procesos de desinformación y fragmentación del sentido colectivo. La biología del virus es la misma; lo que ha cambiado es el entorno social que le permite circular. La pregunta clave no es sólo por qué algunas personas no se vacunan, sino qué condiciones sociales, culturales y simbólicas hacen posible esa decisión.
La noción de “inmunidad social” —o inmunidad de grupo— resulta central. Se trata de una categoría que transporta un pacto implícito: la aceptación de que la protección individual depende del cuidado colectivo. Cuando una proporción suficiente de la población se vacuna, incluso quienes no pueden hacerlo (por edad o condición médica) quedan protegidos. El rechazo a la vacunación rompe ese pacto y desplaza la lógica de la interdependencia hacia una ética individualista radical, donde el riesgo se privatiza, pero las consecuencias se socializan.
Surge entonces una pregunta fundamental: quienes no creen en las vacunas, ¿en qué creen? No se trata sólo de ignorancia en el sentido clásico, sino de la sustitución del conocimiento científico por sistemas alternativos de creencias: desconfianza hacia el Estado, sospecha frente a la industria farmacéutica, fe en soluciones “naturales” o adhesión a narrativas conspirativas amplificadas por redes sociales. Estas subjetividades suelen gestarse predominantemente en contextos de desigualdad, experiencias previas de abandono institucional y una percepción —no pocas veces fundada— de que las promesas del progreso no se cumplen para todos.
Cabe preguntarse si asistimos a una erosión del miedo a los virus. Paradójicamente, tras la reciente pandemia de covid-19, el temor parece haberse transformado en cansancio, negación o banalización del riesgo. El miedo, que durante la crisis sanitaria operó como motor de cuidado colectivo, se agotó sin convertirse plenamente en aprendizaje social. En lugar de una memoria preventiva, quedó en muchos casos una reacción defensiva: rechazo a las restricciones, a la autoridad sanitaria y a cualquier narrativa que recuerde la vulnerabilidad humana frente a lo biológico.
¿Qué enseñanzas dejó entonces la pandemia? Desde una perspectiva de derechos humanos, la lección más evidente es también compleja: sin instituciones sólidas, sin sistemas de protección social universales y sin una cultura de corresponsabilidad, la salud pública es frágil. La pandemia mostró que la información científica, por sí sola, no basta; requiere traducción cultural, confianza institucional y políticas que reduzcan las brechas materiales. Debimos haber aprendido que la salud no es un asunto individual, sino un bien público que depende de condiciones sociales justas.
El retorno del sarampión expone, en última instancia, una falla de integración social. No sólo falló la continuidad de los servicios, sino la construcción de un sentido compartido de cuidado. Desde las políticas sociales integrales, la respuesta no puede limitarse a campañas informativas. Se requiere reconstruir confianza, combatir la desinformación con pedagogía sostenida y garantizar que el derecho a la salud sea vivido como experiencia concreta en acceso a servicios médicos oportunos y de calidad.
El sarampión, así, no es sólo un virus que reaparece: es un espejo que nos devuelve la imagen de una sociedad que no logró transformar del todo una crisis histórica en aprendizaje colectivo. Mientras esa lección siga pendiente, los brotes continuarán apareciendo como advertencias reiteradas de una deuda social no saldada.
Astillero
Adán: relevado, tolerado, ¿protegido? // Barredora y patrimonio // Mier, más de lo mismo // Cuba: el punto es el petróleo
Julio Hernández López
La Jornada
Por lo pronto, pierde la posición privilegiada de jefe político del Senado. Se queda con fuero, lo cual no es poca cosa ( La Barredora os contempla, ex gobernador), con la posibilidad de cambiar escaño por embajada (se sigue barajando Portugal) y con la oferta imprecisa, diluible, de colaborar en tareas electorales en cinco entidades (Ciudad de México, Puebla, Morelos, Tlaxcala y Guerrero) rumbo a las intermedias de 2027 (y, por tanto, mantener expectativas para su grupo político en otros estados, Chihuahua particularmente y, desde luego, Tabasco, donde su adversario gobernante, Javier May, lo mantiene a raya).
Adán Augusto López Hernández protagoniza una caída política muy cantada. Eso hace pensar que Palacio Nacional logra al fin deshacerse de una pieza incómoda, obstructora, menospreciante. Pero el cambio podría quedarse sólo en lo individual, en el nombre y apellido, sin llegar a significar ni la fuerza del presidencialismo clásico ni el empuje de nuevas formas de hacer política. No es una depuración a fondo, es un reacomodo de figuras.
Para empezar, Adán Augusto queda intocado judicialmente respecto a un tema delicado: su responsabilidad por designar, sostener y proteger a Hernán Bermúdez como secretario de Seguridad Pública de Tabasco, quien ahora está en la cárcel bajo acusación de haber sido, al mismo tiempo, jefe de un cártel llamado La Barredora. El espíritu de cuerpo de la 4T ha dejado que subsiguientes escándalos releguen el caso que, con las diferencias que hubiera, en sustancia es similar al de Genaro García Luna y Felipe Calderón.
Además, se le ofrece a López Hernández la posibilidad de reincidir en el fangoso terreno de la operación electoral, de cuyo estilo dio cuenta como precandidato (corcholata) a la Presidencia de la República: derroche de recursos de procedencia inexplicada, inundación nacional de anuncios “espectaculares”, amplia promoción mediática (sobre todo en redes) y un pragmatismo financiero-electoral que no va con la hipótesis de una regeneración nacional.
Para suplirlo, la corriente claudista no pudo colocar a alguien con su etiqueta inequívoca (tal vez porque no tuviera ese tipo de cartas), así que quedó Ignacio Mier Velasco, poblano de vieja escuela priísta (votó a favor del Fobaproa, siendo diputado tricolor), pragmático y camaleónico, más cercano a Ricardo Monreal y al propio Adán Augusto que a alguna opción de verdadero cambio, cuyo objetivo es buscar la candidatura a gobernador cuando su primo Alejandro Armenta deje el cargo (su hijo, Ignacio Mier Bañuelos, es diputado federal morenista y su hija, Daniela, fue diputada local plurinominal, participó como subsecretaria en el gobierno de Armenta y actualmente coordina una unidad de trabajo en el Congreso poblano).
¿Es más o menos lo mismo, pero con otros nombres?, ¿le cumplirán las promesas de continuidad a Adán, como a Gertz Manero?, ¿quedará expuesto el tabasqueño a posteriores acciones judiciales barredoras (o de enredos patrimoniales y financieros), incluso ante eventuales exigencias vecinas?
En otro tema: es una buena noticia que el gobierno mexicano haya decidido enviar ayuda humanitaria a Cuba. En estos momentos tan difíciles para la isla toda ayuda es valiosa. Pero no debe soslayarse el hecho de que la mayor solidaridad mexicana, la sustancial y definitoria, consistente en el envío de petróleo, ha sido frenada por Donald Trump mediante la amenaza de imponer aranceles a quien suministre ese energético a la nación que aspiró a sostener un modelo socialista.
La presidenta Sheinbaum señala que hay gestiones diplomáticas para tratar de reanudar los envíos de petróleo, lo cual es de desearse, aunque el procedimiento suene extraño y, el resultado, improbable. Por lo pronto, bien valdría no exagerar las adhesiones y casi celebraciones de políticos de la 4T (al estilo priísta de antaño) por el anuncio presidencial del envío de ayuda humanitaria. El punto grave es otro: el petróleo.
México SA
Trump: agresor, mentiroso y pedófilo // México: ayuda humanitaria a Cuba // Listas de Epstein: oligarquía al desnudo
Carlos Fernández-Vega
La Jornada
Cada que ladra, y lo hace permanentemente, ( fuck) Trump garantiza, por lo menos, tres elementos: mentiras, sandeces y agresiones a granel. Entre lo más reciente, que no lo último, el esperpéntico personaje aseguró que en conversación telefónica con la mandataria mexicana ella “aceptó la instrucción” de no enviar más petróleo a Cuba, so pena de enfrentar aranceles. La respuesta de la presidenta Sheinbaum fue inmediata: México es un país soberano y toma sus propias decisiones, y subrayó que en dicha plática (con una duración cercana a 40 minutos) “en ningún momento” se abordó ese tema. De cualquier suerte, dijo, “mantenemos la ayuda humanitaria” a la isla, en línea “con lo que ha sido históricamente nuestra tradición de solidaridad y respeto internacional”.
Más allá del creciente e inobjetable grado de deficiencia mental de quien despacha en la Oficina Oval (aunque lo hace más seguido en Mar-a-Lago), en la línea del tiempo ( fuck) Trump es el mandatario gringo número 13 (incluidas relecciones; de Eisenhower al actual) que, sin éxito, intenta doblegar a la revolución cubana. Transcurridos 67 años, la isla se mantiene firme en sus principios, si bien ha tenido que pagar altísimos costos, que incluyen el ilegal cuan brutal bloqueo impuesto por Estados Unidos, intentos de invasión, sabotajes, incontables atentados (fallidos) contra sus dirigentes y asfixia económica, entre tantos otros.
En cambio, a lo largo de ese periodo México ha sido solidario con Cuba y no dejará de serlo, especialmente por razones humanitarias. De hecho, la presidenta Sheinbaum ha dejado en claro que el apoyo de su gobierno a la isla incluye alimentos y otros productos indispensables para el pueblo cubano, “en lo que resolvemos de manera diplomática todo lo que tenga que ver con el envío de petróleo; estamos haciendo todos los trabajos para poder enviar, mientras tanto, ayuda humanitaria que requiere el pueblo cubano de otros enseres, otros insumos fundamentales; éste no es un asunto de los gobiernos, sino de apoyo para evitar una crisis humanitaria”. Y “como lo dije el otro día en la conferencia de prensa: no hablamos nunca con el presidente Trump del tema del petróleo con Cuba”.
Días atrás, el demente de la Casa Blanca firmó una orden ejecutiva que declara “emergencia nacional” por “las acciones” de Cuba, las cuales, según él, “constituyen un peligro para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”. A partir de esa locura (una más en su interminable inventario), decidió imponer aranceles “adicionales” a cualquier producto proveniente de países que vendan o suministren petróleo a la isla. “La situación con respecto a Cuba constituye una amenaza inusual y extraordinaria”, pues, según él, el gobierno de la isla “mantiene relaciones con numerosos países hostiles, alberga la mayor instalación de inteligencia de señales de Rusia en el extranjero, continúa desarrollando una profunda cooperación en inteligencia y defensa con China y proporciona refugio seguro a grupos terroristas como Hezbollah y Hamas”. Y por si fuera poco, “continúa difundiendo sus ideas, políticas y prácticas comunistas por todo el hemisferio occidental”. Una oda al cretinismo.
Pues bien, la respuesta a la agresión imperial de ( fuck) Trump la dio el mismísimo comandante Fidel Castro 23 años atrás (discurso pronunciado en Buenos Aires, Argentina, 26 de mayo de 2003) y es totalmente válida ahora como entonces: “Cuba no lanza bombas contra otros pueblos, ni manda miles de aviones a bombardear ciudades; nuestro país no posee armas nucleares, ni armas químicas, ni armas biológicas. Las decenas de miles de científicos y médicos con que cuenta nuestro país han sido educados en la idea de salvar vidas. Estaría en absoluta contradicción con su concepción poner a un científico o a un médico a producir sustancias, bacterias o virus capaces de producir la muerte a otros seres humanos”.
En pocas palabras, Cuba ha procedido en sentido contrario al que perversa y obsesivamente se ha aferrado Estados Unidos, pero dice el condenado por 34 delitos graves que la isla “es un peligro para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”.
Las rebanadas del pastel
La crema y nata de la oligarquía internacional (como – fuck– Trump, quien a ella pertenece y tiene el mayor número de menciones) es desnudada en las listas del pedófilo Jeffrey Epstein (incluidos varios mexicanos; a ver qué pretexto dan), por lo que es hora de proceder legalmente en su contra, comenzado con el pederasta de la Casa Blanca… Bien: Adán Augusto, ¡fuera! Falta Monreal.