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Arsenal

¿El pueblo manda?

Francisco Garfias | Excelsior

Las imágenes no mienten. El pueblo bueno de la colonia Cuarta Transformación, en Tultitlán, Estado de México, explotó contra las imposiciones de autoridades morenistas. Pobres entre los pobres hicieron trizas la nomenclatura de las calles rebautizadas con nombres de los programas sociales de López Obrador.

Patearon, doblaron, aplastaron los carteles nomencladores que decían: “Canasta básica”, “Internet para todos”, “Abrazos, no balazos”, “Soberanía energética”, “Aeropuerto Felipe Ángeles”, “Tianguis del bienestar”, “Tren Maya” o “Me canso ganzo”, así, con z.

Fue su manera de manifestar su rechazo a los cambios a los nombres de las calles que impuso la exalcaldesa morenista de Tultitlán, Elena García, para complacer a YSQ. La policía intervino. Los recibieron a pedradas y con mentadas de madre. Los uniformados reviraron con gases lacrimógenos, a lo que los pobladores respondieron con un bloqueo de carriles exclusivos de la avenida López Portillo, a la altura de Lechería.

Insólito para los morenistas. Sacrilegio para el ala dura de ese movimiento. Hartazgo y descontento de los pobladores.

¿El pueblo manda?

* La presidenta Claudia Sheinbaum hizo caso omiso de no responder a cada provocación de Trump. Se acordó de aquello que el que calla otorga. Lo hizo ayer en tono mordaz, cuando le preguntaron sobre los señalamientos del presidente electo de EU, en el sentido de que los cárteles gobiernan nuestro país y que le va a cambiar el nombre al golfo de México para ponerle golfo de América.

“Al presidente Trump le mal informaron, con todo respeto, porque yo creo que le informaron que en México todavía gobierna Felipe Calderón y García Luna, pero no. En México gobierna el pueblo.

“Obviamente, el nombre de golfo de México es reconocido por Naciones Unidas, pero por qué no le llamamos a América Mexicana —a Estados Unidos— se oye bonito”.

* Felipe Calderón fue interrogado sobre las declaraciones de Claudia Sheinbaum en una entrevista con Joaquín López-Dóriga en Radio Fórmula. “Respeto lo que piense la presidenta Sheinbaum. La administración anterior le dejó un fardo, un paquete pesadísimo, explosivo”, dijo el expresidente.

Puso como ejemplo el tema de la complicidad, el encubrimiento, la impunidad del crimen organizado, y el narcotráfico auspiciado, según él, por el gobierno pasado.

“De mí puede decir realmente lo que quiera. En lo personal, no tengo nada que comentar ni agravio”, señaló.

Sostuvo que, para la administración estadunidense, el Congreso y para la opinión pública en México y fuera del país, el responsable es otro (Andrés Manuel López Obrador).

“Lo dijo William Barr, primer fiscal de Trump. Él refería que México era ya un país que estaba copado, gobernado, dominado en gran parte por el crimen organizado, y que había un responsable: el gobierno anterior de México.

“Decía también que el único presidente que ha actuado con determinación en contra del narcotráfico y del crimen organizado ha sido tu servidor”.

* Calderón, por cierto, es uno de los exjefes de Estado y de gobierno, agrupados en la Iniciativa Democrática de España y las Américas, que firmaron la Declaración de Panamá en respaldo al opositor Edmundo González Urrutia.

El documento dice: “Teniendo presente que el 28 de julio de 2024, realizadas las elecciones presidenciales de Venezuela, como consta en las actas de escrutinio auténticas conservadas por la oposición democrática y verificadas por las instituciones democráticas internacionales, Edmundo González Urrutia es el presidente electo de Venezuela.

“Estando previsto que el presidente electo debe asumir su mandato para el sexenio constitucional el 10 de enero de 2025, para lo cual contaría con el acompañamiento de los expresidentes”.

Lo suscriben, entre otros, Vicente Fox, Óscar Arias, expresidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz; José María Aznar y Mariano Rajoy, de España; Laura Chinchilla, de Costa Rica; Eduardo Frei Ruiz-Tagle, de Chile; Lenín Moreno, de Ecuador; Andrés Pastrana, de Colombia; Julio María Sanguinetti, de Uruguay, y Mireya Moscoso, de Panamá…

Pero hay una bronca enorme. El presidente del Congreso de Venezuela, Jorge Rodríguez, dice que los recibirán como “invasores”, y amenaza: “Atrévanse a entrar para que vean de qué estamos hablando cuando hablamos de defensa de la patria”.

Sobre estas amenazas, Felipe Calderón dijo: “No estamos invadiendo nada. Estamos apoyando a los venezolanos. Al contrario, este régimen es el que está atropellando a su propio pueblo. Me parece un honor que nos declaren personas non gratas semejantes sátrapas. Estamos apoyando a Edmundo González. Llegaremos hasta donde las condiciones y las circunstancias lo permitan”, puntualizó.

Número cero

2025, año que vivimos en peligro

José Buendía Hegewisch | Excelsior

El torbellino que se cierne con la llegada de Trump a la Casa Blanca amenaza con revolver la relación con México y agitar la discordia política interna. El 2025 es el año que vivimos en peligro por la abundancia de cosas que pueden ocurrir al mismo tiempo sin saber, a ciencia cierta, el desorden y el grado de desacuerdos que sembrará el remolino de viento.

Las agresivas y radicales políticas proteccionistas y nacionalistas que anticipó desde su campaña hacen temblar al mundo con mensajes como apropiarse de Groenlandia o del nombre del golfo de México. Pero lo más preocupante es que encuentran al país sumido en la desunión y disconformidad, la peor situación interior para defenderse de la potencia mundial. La desavenencia de voluntades y opiniones en una prolongada contienda por la República debilita la resistencia ante sus zarpazos. La existencia de enemigos internos, y no de adversarios, atenta contra la unidad frente al peligroso injerencismo.

No es la primera vez que Trump amenaza con declarar terroristas a los cárteles para desatar la guerra contra el narco, y después no materializarla o ir más allá del golpe mediático. El miedo es el vehículo para imponer sus designios. Pero confiar en que es sólo “show” éstas y otras advertencias, como expulsiones masivas de migrantes o castigos comerciales, a nadie tranquiliza. Menos al gobierno de Sheinbaum y de la 4T, cuyas reacciones reflejan preocupación y temor por el grado de intromisión y sus consecuencias internas.

Una expresión de incertidumbre por el alcance de esas iniciativas es el enfrentamiento de Sheinbaum con el NYT por un reportaje sobre laboratorios de fentanilo en Sinaloa. Aunque su cuestionamiento de la información parezca innecesario, no puede entenderse fuera del contexto del amago de entrar a limpiar a los cárteles y acabar con esa droga con la justificación de que mata a 100,000 estadunidenses al año. La suya no es la posición negacionista que nada resuelve de López Obrador, sino un alegato contra la intimidación de un par mucho más poderoso que ataca guiado por el olor a la sangre.

El plasma tiene olor a metal y su estímulo es complejo. El republicano tiene un olfato agudo para pelear y percibir las debilidades de un país donde la división pueda derivar en respaldo al injerencismo, como han dicho liderazgos panistas, para acotar el poder de Morena. Creer que EU puede ser un contrapeso al gobierno nacional es una ingenuidad y demerita a quienes llegan a esparcir la idea de que el antiintervencionismo de Sheinbaum es para proteger a los cárteles; y contradictoria cuando, al mismo tiempo, resaltan su distancia con la política de “abrazos y no balazos” si sirve para contrapuntear con López Obrador.

Convertir la discordia en causa política es el peor error por reflejar un país enquistado en la violencia e incapaz de resolver sus problemas. Trump es una perturbación para los equilibrios de las fuerzas políticas internas, tanto opositoras como del oficialismo, como puede observarse de una nota que circuló de Morena en el Senado con críticas indirectas a la política de seguridad de Sheinbaum y la advertencia de revueltas sociales si se declaran como terroristas a los cárteles. El análisis, ni confirmado ni desmentido, preocupa por sostener que la legitimidad y la unidad social descansa en la contención contra el crimen del gobierno anterior; y que, por tanto, combatir la violencia y el delito arriesga la gobernabilidad y conduce a insurrecciones en regiones con mayor presencia de ellos. Tampoco es el camino.

La idea de tomar la iniciativa con la amenaza de que el tigre pueda soltarse, como muchas veces dijo López Obrador, es un juego peligroso si lo que pretendiera es acorralar a un gobierno con alta aprobación como el de Sheinbaum; pero obligado a no parecer débil ante el desafío y llevado a demostrar músculo social, como prepara en una movilización masiva por los 100 días de gobierno. Cualquier tentativa de socavarlo sólo favorece a las “guerras” comerciales de Trump y sus políticas nativistas, donde sólo caben sus intereses; por eso el mayor peligro es la visión distópica de aprovechar la injerencia para ayudar a dinamitar su barco.

La óptica más miope es la idea equivocada de que se puede estar mejor si las cosas se ponen peor. Por eso la sabia advertencia sobre la confrontación, de la que se sabe cuándo empieza, pero no dónde termina.

Nudo gordiano

Make America Mexicana Again

Yuriria Sierra | Excelsior

En el teatro geopolítico, donde las palabras son balas y los mapas son campos de batalla, la presidenta Claudia Sheinbaum ha demostrado que la mejor defensa es un buen sentido del humor y una pizca de erudición histórica. Frente a la propuesta del presidente electo Donald Trump de rebautizar el golfo de México como golfo de América —porque aparentemente renombrar cuerpos de agua es la nueva frontera del Make America Great Again, MAGA—, Sheinbaum ha respondido con una jugada maestra digna de una gran ajedrecista.

Con la gracia de quien desempolva un viejo álbum familiar, la mandataria mexicana sacó a relucir un mapamundi de 1607, una reliquia cartográfica que, cual máquina del tiempo, nos transporta a una época en la que el territorio que hoy conocemos como Estados Unidos llevaba el pintoresco nombre de América Mexicana. ¿Quién hubiera pensado que la historia podría ser tan irónica y, al mismo tiempo, tan útil?

“¿Por qué no le llamamos América Mexicana?, se oye bonito, ¿no?”, propuso Sheinbaum con una sonrisa que mezclaba picardía y desafío. Y vaya que suena bonito, especialmente si uno disfruta del sabor agridulce de la venganza servida en plato frío y aderezada con una pizca de sarcasmo geográfico.

La Presidenta, demostrando que la diplomacia puede ser tan divertida como un juego de palabras, no se detuvo ahí. Con la precisión de un cirujano recordó que el nombre golfo de México no es un capricho nacionalista, sino un término reconocido internacionalmente desde hace siglos. Uno casi puede imaginar a los cartógrafos de la ONU asintiendo con aprobación desde sus escritorios.

Este intercambio de “propuestas nominativas” entre líderes nos recuerda que, en el gran tablero de la política internacional, a veces la mejor estrategia es responder a la grandilocuencia con ingenio. Mientras Trump parece creer que puede reescribir la geografía con la misma facilidad con la que tuitea, Sheinbaum demuestra que la verdadera fuerza reside en el conocimiento de la historia y en la habilidad de usarla como un escudo —y ocasionalmente como una espada bien afilada—.

En un mundo donde las fronteras parecen estar cada vez más en disputa, es refrescante ver que algunos líderes aún pueden defender su territorio con el arma más poderosa de todas: la inteligencia. Sheinbaum no sólo ha protegido la integridad nominal del golfo de México, sino que también ha dado una lección magistral sobre cómo enfrentar la retórica inflamatoria con elegancia y un toque de humor histórico.

Así que, mientras el debate sobre nombres y fronteras continúa, quizás deberíamos todos tomar nota. En el gran juego de la geopolítica, a veces el mejor movimiento no es construir muros, sino tender puentes —aunque sean puentes hechos de mapas antiguos y sonrisas irónicas—. Y quién sabe, tal vez en un futuro no muy lejano, los libros de historia hablen de la gran “Reconquista Nominal de 2025”, donde México recuperó, al menos en el papel, territorios perdidos hace mucho tiempo. Todo gracias a un mapa viejo y una Presidenta que sabe que el conocimiento sumado al sentido del humor puede ser el mejor de los escudos contra la osadía de un bully con muchísimo poder. Brava, Presidenta.

ADDENDUM

Fueron los fantásticos creativos de El Deforma los que de volada sacaron una cachucha roja con la leyenda “Make America Mexicana Again”… Honestamente el movimiento MAMA sería mucho más constructivo y divertido que el MAGA, ¿o no?

Astillero

Recordar a Trump el robo a México // Sheinbaum: más allá de la ironía // No sólo el nombre de un golfo // Paisanos marginados por estrategia

Julio Hernández López | La Jornada

La presidenta Sheinbaum colocó sobre la mesa un tema que en primera lectura parecería demasiado antiguo y superado, con aire de ser solamente un recurso irónico contra uno de los disparates de Donald Trump, al pretender renombrar como de América a un golfo que comparten México, Cuba y Estados Unidos e histórica y geográficamente llamado como el primer país citado.

Pero el contexto histórico que hizo la presidenta de México que se difundiera en el foro estratégico de la mañanera, más la propuesta aparentemente sólo mordaz de llamar a Estados Unidos de América como América Mexicana, tiene resonancia e implicaciones mayores, pues no deja de ser, en un escenario de guerra política y económica desatada por el multimillonario tóxico, una forma de recordar a los mexicanos que viven en México y, en especial, a quienes en diversas condiciones migratorias viven en el vecino país, que una gran parte del territorio estadunidense proviene de las acciones de abuso y rapiña realizadas por el país de las barras y las estrellas, del expansionismo filibustero, del intervencionismo como fórmula para el crecimiento.

El recordatorio claudista ayuda a incentivar el nacionalismo interno, desde luego, pero debe considerarse el impacto, con otras medidas futuras, que puede tener en el ánimo de las amplias comunidades mexicanas que ahora son perseguidas dentro del territorio que originalmente les perteneció. Hasta ahora ha sido estratégicamente marginado el peso demográfico de las minorías mexicanas en el espectro social y político de Estados Unidos y, en esa lógica, aminorada su representación política institucional.

Otras minorías, válgase decir que en dimensión poblacional menor que la mexicana, tienen espacio político reconocido y promovido. Pero la potencia, ahora en declive, no permite que los mexicanos tengan allá estatus regular alcanzable de manera ordinaria ni defensiva representación legislativa y ejecutiva fuertes (cierto es que cada vez hay más mexicanos en puestos relativamente menores, pero eso no es proporcional ni suficiente). Una razón de Estado es que los mexicanos son la minoría que mantiene lazos familiares, cultura, costumbres, más la memoria histórica de que aquellas tierras le pertenecieron a su nación.

Los golpes que anuncia Trump contra nuestros paisanos en Estados Unidos (deportaciones masivas y la exploración de eventuales tarascadas a las remesas enviadas por quienes allá se queden) van a generar una natural reacción de protesta y resistencia de una comunidad extensa, pero sumamente vulnerable, que tiene banderas como los derechos humanos, la importancia de su trabajo en la economía estadunidense y, también, la evocación reivindicativa de que el suelo del que los corren o se busca correrlos les perteneció y fue robado mediante argucias diversas.

Hay comunidades que en restitución de los agravios infligidos por determinados países reciben de éstos tratamiento especial y beneficios. Los propios grupos indígenas nativos o la amplia población afroestadunidense o descendientes de sefarditas expulsados de España y Portugal, que han tenido opción de recibir la nacionalidad correspondiente.

En cambio, a los mexicanos que trabajan en Estados Unidos sin regularización migratoria se les maltrata, persigue, estigmatiza y, ahora, se les preparan redadas masivas, con elementos militares, para ser deportados. Por ello no está de más recordar lo que a México le corresponde, no sólo en la denominación de un golfo, sino en el atraco territorial, en la voracidad criminal histórica.

Y, mientras Venezuela entra hoy en la fase crítica, con alto riesgo de violencia, del más reciente episodio de la lucha entre la corriente chavista-madurista en el poder y los reiterados intentos de opositores, abiertamente apoyados por Estados Unidos, para recuperar tal poder, ¡hasta mañana, con Vicente Fox y Felipe Calderón apoyando a tales adversarios del madurismo y dando claves a los mexicanos para entender los intereses que allá se mueven!

México SA

Trump: salvaje y desatado // Mejor, América Mexicana // Calderón ya no gobierna

Carlos Fernández-Vega | La Jornada

Como no tiene nada medianamente aceptable que proponer a la comunidad de naciones, Donald Trump se dedica a presumir una de las execrables prácticas históricas de Estados Unidos: anexionismo, robo, garrote sin zanahoria, invasiones por doquier, golpes de Estado aquí y allá, intervencionismo, amenazas, chantajes, violencia, vasallaje, sumisión, racismo, clasismo y mucho más, todo, según él, en nombre de lo que en ese país denominan seguridad nacional (que es igual a la inseguridad de todos los demás) y con esa falsa bandera mantiene las manos metidas hasta en el último rincón del planeta. El magnate, pues, reivindica el clásico salvajismo imperial. A cambio del sometimiento, ofrece buen trato.

En menos de dos semanas de nueva cuenta ocupará la Oficina Oval, y es la fecha que no se le conoce una propuesta política, económica y social tendiente a hacer de este planeta algo más amigable y habitable. Sólo permanente violencia verbal que fácilmente puede tornarse en real, pues hace suya la oferta de plata o plomo (sin la primera, pero sí con el segundo).

Desde su primera campaña electoral y su estancia inaugural en la Casa Blanca, México ha sido su caballito de batalla, pero a Trump ya no le alcanza la geografía para amenazar por todas partes: nuestro país, sí, pero ahora se dedica a agredir a Panamá, Honduras, Canadá, Dinamarca (ansía robarse Groenlandia, colonia de la corona danesa) y lo que se acumule de aquí al 20 de enero y, desde luego, lo que surja de esa fecha en adelante en sus cuatro años de periodo constitucional.

En su edición de ayer, La Jornada lo sintetizó así: “el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que no descarta el uso de la presión militar y económica para retomar el control del Canal de Panamá y anexarse Groenlandia, parte de una agenda expansionista que ha promovido desde que ganó las elecciones del 5 de noviembre. Al hablar con reporteros y mientras una delegación de asesores y ayudantes –entre ellos su hijo Donald Trump Jr– viajó a Groenlandia en una visita privada con un mensaje: los trataremos bien, Trump dejó abierta la posibilidad de usar el ejército para tomar el Canal de Panamá y la isla del Ártico. ‘No voy a comprometerme con eso’, respondió el magnate cuando se le preguntó si descartaría el uso de la fuerza. Podría ser que tengamos que hacer algo. El canal es vital para nuestro país y necesitamos Groenlandia por motivos de seguridad nacional”.

Entre sus más recientes ocurrencias, el próximo presidente estadunidense dijo que México realmente está en apuros, muchos apuros, es un lugar muy peligroso. (Los mexicanos) son esencialmente gobernados por los cárteles y no podemos permitir que eso ocurra y acusó al gobierno de nuestro país de permitir que millones de personas y números récord de drogas ingresen a Estados Unidos.

Además, cree que es una buena idea redibujar el mapa, por lo que vamos a estar cambiando el nombre del Golfo de México al Golfo de América, lo cual tiene un gran sonido, el Golfo de América (que allá utilizan como sinónimo de Estados Unidos), qué nombre tan bello. El magnate no para, está desatado y tiene más grande la boca que el golfo al que pretende cambiar de nombre.

Sobre ambos señalamientos del magnate, la presidenta Sheinbaum respondió: a Trump le malinformaron (sobre los cárteles), porque creo que le informaron que en México todavía gobernaban Felipe Calderón y Genaro García Luna; pero no, en México gobierna el pueblo. Y sobre aquella brillante idea de redibujar el mapa, la mandataria subrayó: hay derecho internacional para todo; un país no puede actuar individualmente, pero en vía de mientras recordó que desde 1607 (Norteamérica) se llama América Mexicana. Y algo más: el nombre de Golfo de México es histórico y está registrado ante organismos internacionales que lo consideran como un referente náutico desde el siglo XVI, antes de que existiera Estados Unidos. Su denominación, dijo, es reconocida por la Organización de Naciones Unidas. Entonces, ¿por qué no le llamamos América Mexicana? Desde 1607 la Constitución de Apatzingán era de América Mexicana. Se oye bonito. ¿Verdad que sí?

Las rebanadas del pastel

El gobierno estadunidense no deja de culpar a terceras naciones por la producción de fentanilo, pero permanece en silencio sepulcral sobre el tremendo cuan creciente nivel de adicciones que sufre su país. Entonces, ¿no sería más eficiente atender y combatir el voluminoso consumo interno de drogas?, porque sin éste la oferta caería rápidamente y la del vecino del norte se transformaría en una sociedad más sana.

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