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La nacionalización rentada

Julio Faesler | Excelsior

1. El pasado día 4 de abril, el señor Presidente de la República, se reunió en Palacio Nacional con el presidente ejecutivo de Iberdrola, don Ignacio Sánchez Galán, y el licenciado Rogelio Ramírez de la O, Secretario de Hacienda; posteriormente, anunció la compra de 13 plantas de generación con una capacidad de 8.539 MW, mayormente ciclos combinados, por un valor de cinco mil 800 millones de pesos.

2. Con esta operación, la CFE aumentará de 39% a 55% su capacidad de generación, colocándola como abastecedor dominante en el mercado de energía eléctrica al surtir el 60% de la demanda nacional. En la negociación con el sector privado, éste aceptó quedar con el 46% del mercado eléctrico dejando el 56% para la CFE, es decir, el Estado, lo que López Obrador ha tenido por una de sus metas principales desde el inicio de su administración en 2018.

3. Según el Memorándum de Entendimiento, la operación consignada se realizará entre Iberdrola y la entidad propiedad de la CFE denominada Fondo de Infraestructuras MIP, empresa que tiene la posibilidad de buscar financiamientos necesarios, con lo que se logra el objetivo de lo que describe como una segunda “nacionalización” de la industria eléctrica que completa la que en 1960 realizó el presidente Adolfo López Mateos.

4. La finalidad de la nueva operación es la de asegurar que el abastecimiento de la energía eléctrica llegue al público a un “precio justo”, es decir, más barato que lo que cobrarían las empresas privadas. Lo anterior revela que las plantas de Iberdrola que ahora se venden a la entidad mexicana operan más baratas que lo que actualmente cobra la CFE.

Es interesante advertir que al operar la CFE plantas que pertenecen a la entidad financiadora, habría que cubrirle alguna compensación por concepto de alquiler y que ésta se resarza del fuerte importe de la deuda que la “nacionalización” le significa.

El que Iberdrola deje el mercado mexicano no significa que desaparece del mismo. El compromiso que asume es de continuar invirtiendo en México montando plantas de energía “limpia”, eólica o solar. De esta manera, Iberdrola se libera de las operaciones sucias, dejándole a la CFE las energías a base de combustibles fósiles, pronto anacrónicas. La empresa española, calificada frecuentemente por López Obrador como colonial y atracadora, queda liberada para dedicarse de lleno a producir en México energías limpias que son las del futuro. La CFE, como China, insisten en utilizar carbón, que es condenado por todos los especialistas como altamente contaminante y contrario al programa casi universal de evitar el calentamiento de la atmósfera.

La consciencia internacional está claramente orientada hacia las energías no contaminantes. En los Estados Unidos, la Agencia para la Protección del Ambiente (EPA) está insistiendo en establecer nuevas reglamentaciones de topes más estrictos y penas más severas a las empresas que contaminan con emisiones de mercurio, níquel, arsénico y otros contaminantes peligrosos de plantas que utilizan carbón. Las normas federales han tenido éxito en disminuir muertes, reducir incidencias de corazón y ataques de asma.

Esta política, que se lanza este lunes 10 de abril, parte de los esfuerzos de la administración de Biden, y promovida por grupos ambientalistas y del partido demócrata, para anular las decisiones contrarias a la salud humana de su antecesor Trump. Las nuevas normas reducirán en 67% estos daños.

En cuanto a México, en la Ciudad de México se está registrando un preocupante porcentaje de bebes nacidos después de 2015 que ya traen huellas de contaminación en sus ADN. La decisión “nacionalizadora” del presidente López Obrador es el primer paso coincidente con la preocupación internacional por el calentamiento del clima después de insistir en su prioridad de respaldar el uso del carbón por la CFE.

El que nuestro paso se dé precisamente cuando la política ambientalista de Estados Unidos se acentúa es otra muestra de cómo López Obrador insiste en desmarcarse de los Estados Unidos buscando afirmar su autonomía frente a los dos socios del norte.

La necesidad de reafirmar su fuerza electoral para asegurar la continuación de la 4T en el siguiente periodo presidencial, lo llevará a intensificar maniobras que exhiban su supuesta independencia.

Los asuntos que tengan que ver con las desavenencias en el marco del T-MEC se irán resolviendo, caso por caso, sin llegar a denunciar este compromiso trinacional que tiene una gran importancia y que, desafortunadamente, escapa de la visión de AMLO.

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Corolario

Seguridad alimentaria

Raúl Contreras Bustamante | Excelsior

A partir de la inseguridad alimentaria se comienza un círculo vicioso en donde le sigue el desarrollo físico y cognitivo deficiente, la baja productividad y la pobreza.

El párrafo tercero del artículo 4º de nuestra Carta Magna impone al Estado la obligación de generar las condiciones para que toda persona tenga acceso a una alimentación nutritiva, suficiente y de calidad; es decir, hacer posible que este derecho humano sea efectivo y permita vivir a las personas con dignidad.

En relación con lo anterior, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO por sus siglas en inglés, entiende que la seguridad alimentaria existe cuando todas las personas tienen “acceso físico, social y económico a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos que satisfacen sus necesidades energéticas diarias y preferencias alimenticias para llevar una vida activa y sana”.

Sólo existe seguridad alimentaria, cuando se garantiza la disponibilidad y acceso de alimentos nutritivos de manera real e ininterrumpida, pues de faltar alguno de los elementos, se estará frente al peligro del hambre y la subnutrición.

Ahora bien, a partir de la inseguridad alimentaria, con hambre y subnutrición se comienza un círculo vicioso en donde le siguen el desarrollo físico y cognitivo deficiente, la baja productividad y la pobreza.

Lo anterior es importante, pues la FAO dio a conocer su estudio El Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo 2022, en el que señaló que, en 2021, padecían hambre entre 702 y 828 millones de personas. Lo peor, las terribles predicciones de que cerca de 670 millones de personas seguirán padeciendo hambre en 2030.

Menciona que, en 2020, alrededor de 22% de los menores de 5 años padecía retraso del crecimiento; 6.7%, desnutrición grave y 5.7%, sobrepeso. Se identificó que las zonas rurales y los hogares más pobres –en donde las madres no habían recibido educación formal– eran más vulnerables al retraso del crecimiento y desnutrición, resultando la prevalencia más elevada entre las mujeres que en los hombres; y, de manera paradójica, las zonas urbanas y los hogares más ricos corrían un mayor riesgo de padecer sobrepeso.

Por otro lado, el estudio indica que casi tres mil 100 millones de personas no podían acceder a una dieta saludable en 2020 debido a su costo. De esa cifra, en América Latina lo padecen 131.3 millones de personas.

En el caso de México, se señala que en 2021 se registran más de siete millones de personas subalimentadas y cerca de 33 millones de personas en un estado de inseguridad alimentaria moderada o grave.

Ante esta grave situación, la FAO recomienda a los gobiernos del orbe aumentar sus esfuerzos y crear sinergias que permitan cumplir con los compromisos internacionales en la materia. Por ejemplo, en la Agenda 2030 se planteó como objetivo poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición; así como promover la agricultura sostenible. Lo cual, a siete años, se antoja imposible, debido a una triple crisis: climática, los conflictos armados y los efectos perniciosos aún indeterminados de la reciente emergencia sanitaria por covid-19.

En suma, los datos demuestran que la seguridad alimentaria no es un problema privativo de la economía, sino que la solución yace en comunión con la educación, salud, desarrollo agrícola y la sostenibilidad.

Y como factor principal, conviene insistir en reconocer a la educación como derecho humano, que es la llave para ejercer los demás derechos y la única solución real para sacar del subdesarrollo a las personas. Los apoyos económicos entregados de manera directa ayudan a sobrellevar el hambre, pero nunca a salir de la pobreza.

Como corolario, la frase de Charles Darwin: “Si la miseria de la gente pobre no es causada por las leyes de la naturaleza, sino por nuestras instituciones, grande es nuestro pecado”.

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México SA

Iberdrola y los fondos buitres // ¿Quién toma las decisiones? // Acuerdo con dueños del circo

Carlos Fernández-Vega | La Jornada

¿Por qué resultó fundamental la negociación con el fondo buitre BlackRock –y algunos más– en la operación de compraventa de las 13 plantas de Iberdrola que días atrás anunció el presidente López Obrador? Elemental, porque 70 por ciento de esa trasnacional española es propiedad de fondos de inversión como el citado, y la información la aporta quien sabe un rato en materia energética, ahora enfocado en el sector eléctrico.

Pérdida de tiempo hubiera sido negociar directamente con el sátrapa Ignacio Sánchez Galán para llegar al citado acuerdo, por lo que, con base en esa información aportada por Manuel Bartlett, director general de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), el mandatario mexicano armó su estrategia y acordó con los dueños del circo, no con los enanos.

De acuerdo con información de la propia trasnacional española, los principales, que no los únicos, fondos de inversión que forman parte prioritaria de la estructura accionaria de Iberdrola son Qatar Investment Authority (de la familia real), BlackRock, el Fondo Soberano de Noruega y otros que a la hora de las decisiones resultan ser los pesos pesados.

De tiempo atrás el director de la CFE lo denunció: en materia eléctrica, los empresarios que aparecen como cabezas visibles en los cuatro consorcios extranjeros dominantes en México (con Iberdrola a la cabeza) dedicados al sector eléctrico no son los propietarios, sino los fondos internacionales de inversión, que son, además, un poder oculto; hace unos días, esa firma española, peleando su monopolio en Monterrey, decía: nosotros somos muy fuertes porque 70 por ciento de Iberdrola es propiedad de los fondos.

Y Bartlett no lo dijo sotto voce, o lo soltó en algún misterioso conciliábulo, sino a viva voz en el parlamento abierto organizado por la Cámara de Diputados sobre la reforma eléctrica del presidente López Obrador, el cual se prolongó por poco más de dos meses y en el que participaron tirios y troyanos. Por cierto, Iberdrola fue invitada a participar, al igual que el Consejo Coordinador Empresarial, y no se le pegó la gana de asistir.

En ese foro, el director general de la CFE subrayó que el sistema resultante de la maiceada reforma peñanietista de 2013 establece que los grandes consumidores están ya alojados en monopolios privados. Y les diría a los empresarios que lo mediten; su empresa es la Comisión Federal de Electricidad, es la que les ha dado vida; no se van a ir con Blackstone y BlackRock y todos esos; los empresarios mexicanos, cuando escuchan lo que es esto, no lo quieren creer ni lo quieren defender y no están de acuerdo.

Por eso, dijo, los empresarios nacionales tienen que defender al Sistema Eléctrico Mexicano, que es de todos los mexicanos y no entregárselo a esos fondos misteriosos que en las galaxias van a definir si hay inversión o no. La CFE es la que al país garantiza la seguridad en energía. Los fondos no. Esa es la esencia misma. No es BlackRock el que lo trata de salvar, no es Blackstone; no, los va a salvar la CFE para que crezcan. De ahí la necesidad de la reforma constitucional, porque el mecanismo impuesto en 2013 nos lleva a que estas empresas privadas dominantes, que no son las dueñas, privilegien a los fondos internacionales, esa dominación oculta; entonces, ¿cómo van a cuidar sus tarifas para ser competitivos.

No se puede permitir, dijo Bartlett, que conviertan a una empresa pública en trampolín de los intereses privados, a quienes la CFE subsidia de múltiples maneras. El no despacho de sus plantas (propiedad del Estado) para cumplir con su responsabilidad de suministrar a 54 millones de hogares, porque debe hacerlo comprando electricidad a los privados, garantizando así sus ingresos. La CFE no puede acudir a sus propias plantas, según lo estableció la reforma peñanietista. Por ello hay que modificar la Constitución, porque todo ese armado fue (sin recato alguno y mediante diversas chicanadas) para desaparecer a la empresa del Estado. ¿Qué decidan unos fondos que están incluso por encima de los gobiernos del mundo? Es la necesidad absoluta de devolverle a México el control de su sistema eléctrico en beneficio de los mexicanos.

Las rebanadas del pastel

Ante ese panorama, la actual oposición (desde que fue gobierno lo hizo, siempre de la mano del Poder Judicial) vergonzosamente abrazó a los fondos buitres y sus trasnacionales; protegió sus intereses y amplió sus beneficios, contrarios a México. Por ello fue necesario buscar otras salidas, otras soluciones. Y se encontraron.

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El camino de Marcelo Ebrard

José M. Murià | La Jornada

Su lectura resulta ligera, como debe ser un libro de esta naturaleza, pero, además, a pesar de que su autor es 17 años más joven que yo, no faltan coincidencias: El Colegio de México, donde él se licenció en estudios internacionales y yo me doctoré en circunstancias muy amargas; el terremoto del 85, cuyas consecuencias él afrontó desde el Zócalo y yo desde Tlatelolco, etcétera.

En 1989 regresé a mi provincia, donde me dediqué con ahínco a la historia de Jalisco y la del tequila, pero nunca he dejado de seguir la trayectoria de Marcelo y sufrir las arremetidas en su contra.

Destacan las de Fox y Calderón, mas la peor fue la de Peña, quien contó para llegar a la Presidencia con el respaldo de muchos como yo, hartos de la docena trágica (2000-2012), pero resultó un auténtico enemigo de los verdaderos principios del Partido Revolucionario Institucional. Incluso tuvo el cinismo de declarar, casi al término de su gestión, que ese PRI que lo había llevado a la Presidencia ahora debía cambiar sus colores, su nombre y su plataforma ideológica.

No ha sucedido así, pero la bajeza de su actual dirigente es una muestra clara de que el PRI ya no es lo que fue. Estoy convencido de que, si bien a la sombra de este partido se cometieron muchas fechorías, también se llevó al país hacia una modernidad que mucho llegó a favorecer –aunque no lo suficiente– a las clases bajas y medias. Les guste o no, ahora Morena tiene mucho del PRI de antes, empezando por un gran conjunto de sufragantes de origen tricolor que contribuyeron de manera importante a su aplastante victoria en la elección de 2018, en la que el país, afortunadamente, se levantó en urnas en vez de hacerlo en armas.

Seguir la trayectoria, en este libro, de Ebrard resulta reconfortante, pues abre la posibilidad de que el Camino que tomó México en 2018, pletórico de antecedentes que mucho tuvieron que ver para llegar a ese día, puede continuar con algunas rectificaciones originadas en la propia experiencia y los avatares de sus principales dirigentes.

Para mí, de acuerdo con lo que ha sido mi vida, la parte medular de este libro y que más me congratula con mi amigo Marcelo es su gestión actual.

Siempre admiré la política exterior de mi país cuando se sustentó en principios establecidos por grandes personajes como Isidro Fabela, entre otros, a la sombra de Lázaro Cárdenas. Hubo luego otras figuras hasta llegar a Jorge Castañeda, El Bueno, quien me incorporó a la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) en 1981.

He de recordar que en aquellos tiempos, gracias a sus principios básicos, el prestigio de México era muy grande: la no intervención, la solución pacífica de controversias, la autodeterminación de los pueblos y la vocación por el derecho de asilo. Si no me equivoco, en México se asiló a perseguidos políticos de todos los países de América Latina, a excepción de Costa Rica. No se diga también de varios europeos, especialmente de España.

Fox fue quien más la regó, por andar de lambiscón con Aznar –ejemplo del franquismo español contemporáneo– le entregó a nueve asilados políticos vascos en nuestro país, tres de los cuales incluso tenían la nacionalidad mexicana.

Así pasaron pésimos años hasta que Videgaray, quien no sabemos qué aprendió en la ya maltrecha cancillería mexicana, por andar de lambiscón de su amigo gringo, expulsó al embajador de Corea del Norte.

He seguido con gozo el desempeño de Ebrard en la SRE y hasta le he echado algunas porras públicas, dentro de mi modestia, pero la lectura de su capítulo que versa sobre sus acciones de política exterior ¡me emocionó hasta las lágrimas! Soy viejo y llegué a pensar que no podría volver a pronunciar con el orgullo que lo hago ahora la palabra Tlatelolco.

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