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Chabelo y la publicidad infantil en TV

Jorge Bravo

Proceso

Como muchos otros niños, me levantaba temprano a las 7 am los domingos para encender el televisor y mirar «En Familia con Chabelo». Me sentaba muy cerca del jorobado aparato, algo poco recomendable, alejado de la vigilancia parental. Fantaseaba con acudir al programa en Televisa San Ángel, ser seleccionado para participar en un concurso y ganar algún premio. Nunca ocurrió y me quedé con las ganas de unos chicles Motitas de Adams (ya no existen) o una avalancha Apache.

Xavier López Rodríguez “Chabelo” falleció a los 88 años de edad el 25 de marzo de 2023. Aunque miraba su programa, a la distancia lo veo distinto.

Independientemente de su trayectoria en la televisión, el cine y el teatro, de su profesional y entrañable persona, “Chabelo” representaba uno de los tantos cacicazgos de la TV mexicana, en este caso de los contenidos infantiles. Los otros cacicazgos icónicos que duraron décadas en la pantalla fueron Jacobo Zabludovsky en el periodismo, Raúl Velasco en los espectáculos o Roberto Gómez Bolaños “Chespirito” en la comedia. Era otra época -oligopólica- de la televisión mexicana.

Estos personajes de la TV comercial de entonces eran reflejo de otros en el país, como el presidencialismo, el PRI, Emilio Azcárraga Milmo en los medios de comunicación o don Fidel Velázquez en el sindicalismo.

Durante 48 años Xavier López fue el conductor del programa infantil «En Familia con Chabelo», transmitido por primera vez en 1968, uno de los programas de la TV más longevos. La emisión era en vivo y “Chabelo” sólo se ausentó en una ocasión, cuando falleció su padre.

El programa era muy popular entre los niños y las familias. Tenía juegos, concursos, entrevistas con celebridades y era habitual que “Chabelo” cantara al final. Su segmento más divertido y emocionante era el de la catafixia.

“Chabelo» se convirtió en un icono de la TV mexicana gracias a su personalidad alegre, amable y voz aniñada, su vestimenta con pantalones cortos y tirantes estilo tirolés, y frases famosas como «¡Aguas, que ahí viene Chabelo!» o “cuates”. Cuando algún niño perdía un concurso y se le notaba la frustración en el rostro, “Chabelo» salvaba la situación y le entregaba un premio al infante, que salía radiante de felicidad. Todos los concursantes ganaban algo, aunque fuera un premio de consolación.

El papel realmente destacado de “Chabelo” fue su influencia en la publicidad y el consumo entre los niños. Como conductor de «En Familia con Chabelo», tuvo acceso a una gran audiencia de infantes y familias en hogares, lo que lo convirtió en un blanco atractivo para los anunciantes.

El modelo de negocio de «En Familia con Chabelo» era publicitario. El domingo en la mañana no es un buen horario en la TV, pero la genialidad de “Chabelo” consistió en diseñar un programa de entretenimiento familiar, un formato de concursos y hacerlo atractivo para los anunciantes.

Durante el programa se transmitían bloques de publicidad dirigidos principalmente a niños y sus padres, como los Muebles Troncoso. Promovía productos relevantes para esa audiencia como juguetes, comida, ropa y golosinas. Contaba con patrocinadores que invertían dinero a cambio de tener presencia en la pantalla, a través de anuncios o menciones especiales.

El plan comercial de «En Familia con Chabelo» estaba diseñado para maximizar la exposición de las marcas y productos, utilizando diferentes estrategias publicitarias como la integración de productos. Éstos eran mostrados y promocionados de manera natural y el principal anunciante era “Chabelo».

La publicidad dirigida a niñas, niños y adolescentes es problemática porque son especialmente vulnerables a los mensajes publicitarios y pueden tener dificultades para distinguir entre las promociones, el contenido y el entretenimiento. Los niños pueden ser influenciados por los mensajes publicitarios y presionar a sus padres para que compren productos que aparecen en la TV.

Los anunciantes aprovecharon la popularidad de “Chabelo» para promocionar productos dirigidos a niños como juguetes, dulces, cereales, bebidas azucaradas y otros productos alimenticios. Los anuncios, las marcas y las menciones se integraban en el programa como parte del contenido.

No obstante su popularidad, «En Familia con Chabelo» recibió críticas por su contenido simple, superficial, orientado al consumismo, sin valor educativo o cultural para los niños. Los anunciantes explotaban la vulnerabilidad de los infantes y fomentaba hábitos de consumo poco saludables. También se cuestionó la longevidad tanto del programa, su formato y el propio “Chabelo”, por no dejar espacio para nuevas figuras y perspectivas en la televisión infantil, típico de los cacicazgos.

Los defensores de las audiencias, de los consumidores y los especialistas en salud pública han pedido una regulación más estricta de la publicidad dirigida a niños, para protegerlos de mensajes publicitarios engañosos y para promover hábitos de consumo saludables.

La publicidad dirigida a niños, niñas y adolescentes debe ser veraz, clara y no inducir a error; no debe utilizar lenguaje o imágenes que puedan confundir o incitarlos a comprar productos innecesarios. Además, los anuncios deben estar claramente identificados como publicidad.

La regulación internacional más importante sobre publicidad en TV y niños es la Convención sobre los Derechos del Niño, un tratado internacional adoptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1989, ratificado por México. El artículo 17 establece que los Estados parte deben proteger a los niños contra la publicidad y la información perjudiciales para su bienestar.

La Unión Europea ha establecido normas específicas sobre publicidad en TV dirigida a niños en la Directiva 2010/13/UE del Parlamento y del Consejo. Establece que la publicidad no debe incitar directamente a los niños a comprar un producto o servicio, explotar su falta de experiencia o credulidad o presentar situaciones peligrosas. La Ley de Comunicaciones de Estados Unidos define límites sobre la cantidad de tiempo de publicidad que puede transmitirse en programas infantiles.

En 2015 se anunció que «En Familia con Chabelo» saldría del aire y el último episodio se transmitió el 20 de diciembre de ese año. El programa tenía una producción costosa y había comenzado a perder rating y audiencia. Con la llegada de las plataformas de streaming y las redes sociales, la televisión y sus formatos tradicionales perdieron relevancia y popularidad entre las nuevas generaciones de espectadores, que ahora tienen un smartphone en la mano para entretenerse sin necesidad de desmañanarse en domingo.

Juegos de poder

Desgracia tras desgracia

Leo Zuckermann

Excelsior

Soy nieto de migrantes y conozco las historias trágicas de gente que tuvo que dejar su lugar de origen obligada por la situación económica, política o de inseguridad. Los flujos migratorios han cambiado mucho desde que mis abuelos estuvieron en esta situación, pero el problema, básicamente, sigue siendo el mismo. Migrantes que se enfrentan a la discriminación, que son engañados y maltratados, que se separan de sus seres queridos y hasta pierden la vida en el intento de prosperar en otro país.

Ésa fue la primera desgracia de los 80 migrantes que estaban en un centro de detención provisional de Ciudad Juárez. Querían llegar a Estados Unidos, obligados por la miseria económica, la persecución política o la inseguridad de su integridad física. No pudieron. Se quedaron varados en México en espera de ser deportados a su lugar de origen. La desgracia de migrar a fuerzas.

La segunda desgracia es la política migratoria de México dictada por Estados Unidos. Frente a la impotencia de este país por controlar los flujos de indocumentados, el entonces presidente Donald Trump amenazó al presidente López Obrador de imponer aranceles a las exportaciones mexicanas si nuestro país no retenía a los migrantes en su frontera sur y norte. Ya sabemos el desenlace. El gobierno mexicano aceptó convertirse, en los hechos, en un “tercer país seguro” para Estados Unidos, uno donde pudieran permanecer los indocumentados hasta que se resolviera su situación migratoria.

El presidente Biden sustituyó a Trump y, para efectos prácticos, mantuvo la misma política migratoria, es decir, que México le resolviera el problema a Estados Unidos.

¿Qué ha recibido nuestro país a cambio de aceptar esta labor indignante?

El buen trato de los gobiernos estadunidenses. No presionan al gobierno mexicano en temas como las violaciones al Tratado de Libre Comercio, el creciente poder de los grupos del crimen organizado en el territorio nacional, la desastrosa situación de los derechos humanos o el desmantelamiento paulatino de la democracia liberal. En otras palabras, apapachan mucho a López Obrador.

En otros países, Turquía, por ejemplo, las naciones de paso receptoras de migrantes indocumentados han obtenido miles de millones de dólares de ayuda que se requieren para tener campos de refugiados más o menos dignos, donde se respeten los derechos humanos. México no quiso un trato de este tipo. En su lugar, aceptó un quid pro quo que beneficia mucho al gobierno de AMLO, pero no al país y, mucho menos, a los migrantes que aquí se quedan botados.

La tercera desgracia es precisamente la falta de infraestructura adecuada para mantener en México a estos migrantes. Ochenta se encontraban en un centro de detención provisional que no era otra cosa más que una cárcel donde vivían hacinados bajo la custodia de personal sin la mínima preparación en el manejo de migrantes de otras naciones.

Como desde años viene diciendo Jorge G. Castañeda, el personal del Instituto Nacional de Migración son unos “animales”. No exagera. Eso fue lo que llevó a la cuarta desgracia. Los migrantes, desesperados, comenzaron una protesta para que no los deportaran. Prendieron unas colchonetas. El personal, en lugar de abrirles las rejas para que salieran, los mantuvieron encarcelados y salieron corriendo del lugar en busca de ayuda. Cuando regresaron, ya había muertos y heridos. El saldo, hasta ayer, era de 40 fallecidos. Una tragedia producto de una desgracia tras otra.

Podemos visualizar la última desgracia: no va a pasar nada.

Hoy es un escándalo lo ocurrido en Ciudad Juárez. Pero el ciclo de las noticias es implacable. Vendrán nuevos asuntos y se irá olvidando lo ocurrido con estas personas. La política migratoria dictada desde Washington permanecerá. El gobierno de López Obrador, fiel a su estilo, no perseguirá a los responsables.

De hecho, los dedos ya andan apuntándose entre unos y otros. Dice el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, que el encargado de los temas migratorios es el canciller Marcelo Ebrard. La ley dice que le corresponde a la Segob, pero este Presidente no es de cargos, sino de encargos y, efectivamente, el asunto se lo transfirió a la Secretaría de Relaciones Exteriores. Los dos personajes son presidenciables. Los dos tratarán de zafarse lo más elegante y rápidamente posible de esta tragedia.

De esta forma, las víctimas se convertirán en victimarios. Unos tontos que prendieron sus colchones y provocaron el incendio que los mató. Y, a la larga, nadie se acordará de ellos.

Razones

Juárez, preámbulo de tragedias mayores

Jorge Fernández Menéndez

Excelsior

Al escribir estas líneas, iban 38 muertos en el incendio en el centro de detención (lo de albergue es un eufemismo) del Instituto Nacional de Migración en Ciudad Juárez; otros 29 hombres están internados, algunos de suma gravedad. De los fallecidos, 28 son guatemaltecos. Las versiones sobre lo ocurrido difieren: las fuentes oficiales sostienen que los migrantes, la mayoría de los cuáles habían sido detenidos el día anterior en las calles de la ciudad, al saber que serían repatriados, comenzaron a quemar colchones y terminaron encerrados por el fuego. Fuentes extraoficiales dicen que sí fueron ellos quienes iniciaron el fuego, y el intento de motín, pero que las puertas fueron cerradas por los funcionarios del INM para evitar que se fugaran.

Las dos cosas pueden tener parte de verdad, pero no ocultan la magnitud de la tragedia humanitaria que se esconde detrás de estas muertes, una tragedia humanitaria que se administra desde la más pura realpolitik. No veo cómo la crisis de la migración vaya a tener una salida: hay demasiados actores, demasiados intereses, demasiada pobreza y carencias involucradas, y una manipulación abierta detrás de la misma.

Hay que hacer un poco de historia. En octubre de 2018, siendo electo el presidente López Obrador, fue cuando estalló literalmente la crisis porque se anunció que México abriría fronteras para el cruce de migrantes, el anuncio lo hizo el ahora subsecretario Alejandro Encinas y fue apoyado por el entonces presidente electo López Obrador. Era una especie de respuesta al muro que pregonaba Trump desde la campaña de 2016.

Pero fue un pésimo cálculo. En enero de 2019, la presión de los migrantes, sobre todo en Chiapas, ya era incontenible y en lugar de actuar como un disuasor de Trump, lo endureció. Lo que sucedió después ya lo sabemos y acaba de ampliar la información el exsecretario de Estado, Mike Pompeo, relatando la negociación que se mantuvo con México para frenar la ola migrante.

Aquí hemos dicho desde entonces que ese cierre de fronteras y esa movilización de elementos de seguridad a las fronteras no sólo resultaba de una exigencia de los Estados Unidos, sino también de nuestra propia seguridad nacional. Ningún país puede tener un flujo de cientos de miles de personas ingresando a sus fronteras sin control alguno.

La llegada de Biden volvió a generar un aumento del flujo migratorio por el falso rumor, generado en los traficantes de gente, de que el nuevo presidente abriría las fronteras. Obviamente no fue así y ayer mismo el jefe del Homeland Security, Alejandro Mayorkas, destacó que no habría cambios en la política migratoria, un poco más humana, pero igual de dura de Biden.

Todo esto ha provocado varios fenómenos simultáneos. Desde aquellas caravanas de 2018 ha quedado en claro que es el crimen organizado el que maneja esos flujos migrantes, de los que se sirve no sólo para el tráfico de personas, sino también para extorsionar, secuestrar, para obligar a la prostitución o al sicariato. Los movimientos migratorios ya tienen poco y nada de espontáneos y trágicamente cada vez están más compuestos por mujeres y niños solos, una muestra más de la tragedia que se vive en los mayores países expulsores: Honduras, Guatemala, Nicaragua, Venezuela, Cuba, Haití.

Los datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de las Naciones Unidas, lo confirman. 2022 fue el año con mayor número de detenciones en México: 444 mil 439 arrestos, un 44% más que el año anterior. A Honduras, El Salvador (de donde ahora llegan cada vez pandilleros maras huyendo de la mano muy dura de Bukele) y Guatemala hay que sumar, dice el informe de la OIM, “niveles sin precedentes de personas de Venezuela, Cuba, Nicaragua, Colombia, Ecuador y Haití”. Los venezolanos han sido la nacionalidad de la mayoría de los detenidos por el INM. En 2022, hubo casi cien mil detenciones de venezolanos, un aumento de dos mil, 127% respecto al 2021.

La política del gobierno mexicano ha quedado atrapada en una contradicción que lo atenaza y lo mueve en la ambivalencia. Acentúa o aligera los controles y las deportaciones de acuerdo con las lecturas políticas y las coyunturas en el eterno pulso que parece estar jugando con la administración Biden, que tiene una agenda con México más amplia que la de Trump, concentrado básicamente en la migración y en su último año también en el fentanilo.

La paradoja es que entramos en conflicto cotidianamente con Estados Unidos, pero n+o con los países expulsores, como si Estados Unidos estuviera obligado a recibir a los millones de migrantes irregulares que tratan de llegar a ese país cada año. Quizás porque el país con el mayor flujo de migrantes que intentan ingresar a la Unión Americana es México y celebramos el aumento de remesas como si fuera un logro gubernametnal.

Pero también tenemos que aceptar las normas que nos impone la Unión Americana, y cientos de miles de migrantes se quedan en México o son regresados a nuestro país, lo que está creando una situación intolerable en las fronteras, tanto en la sur, por la llegada de migrantes, como en la norte porque allí se quedan, tratando de entrar, o allí son regresados por Estados Unidos. Y no existe infraestructura alguna que alcance, ni deseos de los migrantes de quedarse en México. El hartazgo de las poblaciones fronterizas, de los migrantes y de las autoridades a ambos lados de la frontera está llegando a un límite inmanejable. Y la de Juárez puede ser sólo un preámbulo de tragedias mayores para el futuro cercano.

El infierno electoral existe: está en el Edomex

Bernardo Barranco V.

La Jornada

Las elecciones de 2024 han empezado en el estado de México. En unos cuantos días empiezan, formalmente, las campañas electorales para elegir la próxima gobernadora. Delfina Gómez y Alejandra del Moral afinan propuestas, discursos y los personajes que escenificarán entre abril y mayo para ganar las intenciones del voto. Saben bien que la que cometa menos errores saldrá bien librada. La entidad entrará en un estado de gracia turbia, pues el resultado final demarcará la elección presidencial y la existencia política del partido hegemónico en la entidad. Nunca el soberbio PRI mexiquense había enfrentado en un proceso electoral a un rival tan poderoso como Morena y paradójicamente parecido. Ahora le reclama a Morena los vicios políticos que durante décadas practicó.

Por su papel y dimensiones, la elección en el Edomex atraerá las diversas miradas del país. La opinión pública se instalará en suelo mexiquense. Muchos esperan un cambio de fondo en una entidad dominada desde hace 94 años por una cultura política priísta tan hegemónica como arcaica. Observadores creerán, con morbo, asistir al funeral priísta. Acontecimiento político sin duda relevante en la historia política del país.

Los tiempos actuales están marcados por la polarización política. La democracia está jaloneada y lo electoral no escapa de las crispaciones de la esfera pública. La retención y conquista del poder se está convirtiendo en un espacio dominado por la codicia política de ganar a toda costa, sin importar cómo, con quién y al costo que sea. La zona electoral mexiquense se convierte en territorio de pecados, tentaciones y de tormento. Lo electoral, estará marcado por la desmesura y la simulación. Se perfilan zonas oscuras de pecados electorales y perversiones sociales. En la tradicional experiencia mexiquense, los valores y los principios se desdibujan de manera cruenta para mantener o conquistar la conducción política del espacio público.

Hay demasiado en juego en la elección 2023 en el Edomex. La trompicada transición a la democracia carga ahora con procesos electorales impregnados por diversas versiones de estafas, cocteles legales confusos, una región de excesos que sólo comprenden los doctores de la ley y los fariseos. Los comicios se han convertido en zonas de encono, guerra sucia y campañas de desprestigio. El poder sin principios y los principios sin poder. Las elecciones en el Edomex, lejos de ser una fiesta ciudadana, han devenido una conflagración sin escrúpulos: son la antesala del averno. Sobre todo, cuando las autoridades electorales están cooptadas por los intereses del partido históricamente dominante. Los consejeros y los magistrados danzan los acordes poéticos de la Divina comedia, de Dante Alighieri, y sus principales pecados: lujuria, codicia y soberbia. Las autoridades electorales del Edomex legitiman viejas formas del sistema autoritario bajo un lenguaje técnico y leguleyo; poseedores de ciencias ocultas y de chistera normativa muy lejanos del lenguaje y de las expectativas del ciudadano. Son testigos vivientes del viejo régimen autoritario que sigue dominando buena parte de la vida política del país y, por supuesto, es parte de la quintaesencia en el estado de México.

La experiencia electoral mexiquense de 2017 reveló rasgos patológicos del sistema electoral. El actual es, en realidad, un híbrido que mal combina ciertos rasgos democráticos con otros más numerosos del pasado autoritario. Y estos últimos amenazan con ser los factores determinantes del futuro político de la entidad.

Hemos sido testigos, a lo largo de los últimos lustros, de una creciente dislocación entre la normativa electoral con la práctica de los operadores políticos. Estamos lejos de los burdos métodos de fraude electoral de antaño. En la actualidad la operación política electoral es integral y, en algunos casos, sofisticada. Se fundamenta incluso de resquicios de la barroca ley electoral en la materia. Hoy el fraude puede ser colosal y sistémico. El ámbito legal se convierte en un maloliente antro apartado de los principios éticos de la política. Actualmente bien podrían aplicarse las viejas teorías de la dualidad. En el campo electoral coexisten dos mundos paralelos: el normativo, por un lado (el del deber ser), y por otro lado, el sucio terreno de los operadores políticos. Por ejemplo, hoy el uso de los programas sociales como rehén del voto.

El infierno electoral existe; desde hace décadas está asentado en el estado de México. Las elecciones pasadas a gobernador fueron una muestra emblemática de regresión e impunidad. Los comicios de 2017 han sido un antecedente trágico, ya que se utilizaron viejas argucias y prácticas amañadas, toleradas bajo el disimulo de las autoridades.

El infierno es un lugar o condición de castigo eterno. Para todas las grandes religiones, de diferentes maneras, la idea de infierno implica el tormento de personas o pueblos condenados. Infierno deriva del latín infernum o inferior, como el lugar del pecado en la ciudad oscura. En Mateo 16 el infierno es descrito como una comarca gemebunda, de lava ardiente y cielo rojo, ahí pululan las existencias más retorcidas. Defendamos al estado de México de las prácticas sucias y nauseabundas del infierno electoral.

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