Locales
Se entrega multihomicida en 5 de Febrero
Al verse acorralado el multihomicida Miguel Luna Gómez, alias el “Conejo”, y ante la presión de los pobladores del ejido 5 de Febrero, se entregó a elementos de la Fiscalía del Estado de Campeche.
48 horas antes, el también ex militar, había dado muerte a su hijo Daniel Luna, cuando ambos ingerían bebidas embriagantes y al calor de las copas comenzaron a discutir, por lo que su vástago prefirió darle la espalda y retirarse, pero jamás imaginó que su padre le daría alcance por la espalda, para ultimarlo a balazos con una escopeta.
Al ser denunciados los hechos, agentes ministeriales acudieron a la casa del Conejo para aprehenderlo, pero fueron recibidos con una lluvia de balas, que cegó la vida del policía ministerial Orlando García Magaña, conocido como El Rambo y dejó a otros dos más heridos.
Llegó el apoyo de la Guardia Nacional y del Ejército Mexicano, pero la bestia huyó al monte y se atrincheró en su rancho. Caída la tarde-noche de ayer, los cuerpos de seguridad se retiraron del lugar, y El Conejo salió de su guarida y como «Pedro por su casa» se paseó por las calles del pueblo, por lo que su esposa, el comisario y los vecinos lo conminaron a que se entregue a la justicia, pero obtuvieron de respuesta amenazas de muerte y balazos al aire.
Los pobladores se organizaron para aprehenderlo, pero la tarea era sumamente difícil y compleja por la actitud psicópata del Conejo, quien ante el acoso de los campesinos siguió tirando balazos. Así transcurrieron los minutos y las horas, hasta llegar a las 9:30 de la mañana de hoy miércoles.
El Conejo, al quedarse sin municiones, no tuvo otra alternativa que salir de su casa, por lo que de inmediato fue aprehendido y amarrado por los pobladores, y dieron aviso a la policía para que se lo lleven.
Por la mañana, en las instalaciones de la Fiscalía General del Estado, en presencia de su titular, Renato Sales Heredia, familiares y amigos del comandante García Magaña, le rindieron un homenaje y se le dio el último adiós, antes de llevar el féretro al panteón, donde descansará para la eternidad.