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Ningún nombre por encima del proyecto nacional

Raúl García Araujo

Lo ocurrido con Rubén Rocha Moya en Sinaloa es uno de esos episodios que terminan revelando quién entiende el sentido de una responsabilidad pública y quién confunde el cargo con una posición personal.

Regresó a la gubernatura y apenas 34 horas después volvió a solicitar licencia, esta vez por tiempo indefinido. En ese breve lapso quedó expuesta una realidad que va mucho más allá de una decisión administrativa.

Rocha Moya decidió regresar cuando prácticamente nadie dentro de su propio movimiento parecía estar dispuesto a acompañarlo.

La dirigencia nacional de Morena tomó distancia, la bancada en la Cámara de Diputados le pidió reconsiderar y los gobernadores cerraron filas alrededor de Claudia Sheinbaum.

Pero el mensaje más contundente llegó desde Palacio Nacional, donde la presidenta dejó claro que ningún interés personal puede colocarse por encima de los intereses del pueblo y de la Nación.

Claudia Sheinbaum no necesitó mencionar a Rubén Rocha Moya para que todos entendieran el destinatario de sus palabras.

“Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación”, escribió. Y fue todavía más lejos al advertir sobre la “ambición desnuda del poder por el poder”.

En medio de una crisis institucional, el mensaje de la presidenta fue directo: nadie puede anteponer sus intereses a la responsabilidad que implica gobernar.

La definición de Sheinbaum tiene una importancia que rebasa por mucho el caso de Sinaloa.

Los cargos públicos son temporales y la responsabilidad ante la sociedad permanece. Ningún gobernador puede asumir que una gubernatura le pertenece.

Ningún funcionario puede colocar sus intereses particulares por encima de las instituciones que representa. Y ningún proyecto nacional puede depender de la voluntad de una sola persona.

Por eso resultó tan significativo que los gobernadores de Morena también marcaran distancia frente a la decisión de Rocha Moya.

No solamente respaldaron a la presidenta, sino que establecieron que las aspiraciones personales no pueden anteponerse al bienestar del país.

Entre ellos está Layda Sansores San Román, gobernadora de Campeche. El mensaje es claro: antes que cualquier persona, cualquier grupo o cualquier ambición está el proyecto nacional.

Y esa definición coloca también a Layda Sansores frente a una responsabilidad importante. Su respaldo a Claudia Sheinbaum no puede reducirse a una posición coyuntural.

Representa la defensa de una idea que Morena ha sostenido desde su origen: el servicio público debe estar al servicio del pueblo y no utilizar al pueblo como instrumento para conservar posiciones. La congruencia se demuestra precisamente cuando hay que poner límites a los propios.

Lo ocurrido en Sinaloa demuestra además que la lealtad no puede confundirse con complicidad. Un partido no está obligado a respaldar todas las decisiones de sus integrantes.

Un gobernador no tiene por qué ser defendido cuando una determinación genera dudas sobre la institucionalidad. Y una transformación que pretende ser histórica no puede depender de que cada uno de sus protagonistas coloque sus intereses por encima del conjunto.

La bancada de Morena en San Lázaro fue clara al pedir a Rocha Moya que reconsiderara su regreso y permitiera que las autoridades competentes continuaran trabajando con plena autonomía.

Esa postura revela algo que debería ser normal: las instituciones no pueden quedar condicionadas por la presencia de una persona en un cargo público.

Si existen investigaciones, deben continuar; si existen dudas, deben aclararse; y si existe una responsabilidad, debe determinarse conforme a la ley.

La presidenta entendió que tenía que establecer un límite. Y lo hizo. No protegió a un gobernador simplemente porque perteneciera al mismo movimiento.

No convirtió la solidaridad en una defensa automática. Colocó sobre la mesa una premisa que debería ser innegociable: nadie puede estar por encima de México. Ni un gobernador, ni un partido, ni un grupo y mucho menos una ambición personal.

Ahí es donde aparece la importancia de Layda Sansores. La gobernadora de Campeche sabe, como todos los mandatarios de Morena, que el proyecto que llevó a la transformación al gobierno federal no puede convertirse en una colección de intereses personales.

La fortaleza de la Cuarta Transformación dependerá de su capacidad para demostrar que sus instituciones son más importantes que sus figuras. Y eso exige congruencia, responsabilidad y límites.

Lo sucedido con Rocha Moya deja una lección para todos los gobernadores de Morena.

El proyecto nacional no puede estar subordinado a las circunstancias particulares de ningún estado ni a las decisiones individuales de sus gobernantes.

La responsabilidad de quienes gobiernan no termina en defender su posición. También consiste en saber cuándo una decisión personal puede poner en riesgo la estabilidad, la credibilidad o la confianza en las instituciones.

Y esa es justamente la diferencia entre ocupar el poder y entenderlo. Ocuparlo significa tener una oficina, una estructura y capacidad de decisión. Entenderlo significa saber que todo eso es prestado por la sociedad y que algún día habrá que entregarlo. Quien comprende esa diferencia sirve al Estado; quien la olvida termina sirviéndose del Estado.

Rubén Rocha Moya ya dio marcha atrás. Después de regresar a la gubernatura, encontró una respuesta que difícilmente podía ignorar.

Morena le pidió reconsiderar, los gobernadores respaldaron a Sheinbaum y desde Palacio Nacional llegó una advertencia inequívoca. Su nueva solicitud de licencia demuestra que, en esta ocasión, el proyecto colectivo terminó imponiéndose sobre una decisión personal.

Pero el verdadero desenlace de esta historia no debe medirse solamente por la salida temporal de Rocha Moya. La pregunta importante es qué debe quedar como enseñanza.

Si realmente se quiere consolidar un proyecto nacional, tendrá que demostrarse que los principios están por encima de los personajes. Nadie tiene derechos adquiridos sobre los cargos públicos y ninguna trayectoria convierte a una persona en indispensable.

Al final, lo ocurrido deja una conclusión imposible de ignorar. Rocha Moya regresó al poder y 34 horas después volvió a pedir licencia.

La presidenta habló de principios, los gobernadores hablaron de responsabilidad y Morena habló de institucionalidad. Ahora corresponde demostrar que esas palabras no fueron solamente una respuesta a la coyuntura. Porque un proyecto nacional que aspire a trascender no puede tener dueños.

Desde La Muralla: Vacunas para todos en Campeche

Hay acciones de gobierno que no siempre ocupan los grandes titulares, pero que tienen un impacto directo en la vida de miles de familias.

La vacunación es una de ellas. En Campeche, mientras el debate público suele concentrarse en otros asuntos, la Secretaría de Salud mantiene una tarea permanente para proteger a la población y anticiparse a enfermedades que pueden representar un riesgo serio, particularmente para niñas, niños y adultos mayores.

La reciente 3ª Reunión Ordinaria del Consejo Estatal de Vacunación, realizada en el Centro Estatal de Vacunología, demuestra que detrás de cada vacuna existe una estrategia, coordinación institucional y vigilancia epidemiológica. No se trata solamente de aplicar dosis, sino de conocer dónde están los riesgos, revisar coberturas, actualizar esquemas y establecer mecanismos de respuesta.

Esa tarea silenciosa es precisamente la que permite que la prevención llegue antes que la enfermedad.

El encuentro reunió a las instituciones que integran el sector Salud en Campeche para evaluar los avances en vacunación y revisar el panorama epidemiológico de enfermedades como el sarampión y la tosferina.

El objetivo es claro: fortalecer la cobertura en todos los municipios y evitar que enfermedades que pueden prevenirse vuelvan a convertirse en una amenaza para las familias campechanas. Prevenir siempre será menos costoso y menos doloroso que atender las consecuencias.

Uno de los pasos más importantes fue la instalación del Comité Estatal de Eventos Supuestamente Atribuidos a la Vacunación o Inmunización, conocido como ESAVI.

La decisión encabezada por el secretario de Salud, Orlando Alvarado Rivadeneyra, fortalece la vigilancia y el seguimiento de cualquier evento relacionado con la aplicación de vacunas.

Esto significa mayor capacidad para monitorear, compartir información y responder de manera coordinada ante cualquier situación que pudiera presentarse.

En materia de salud pública, la vigilancia es tan importante como la aplicación misma de una vacuna.

Desde El Fuerte: Salud que no discrimina: Campeche fortalece la atención a personas con VIH

En Campeche, la atención integral de las personas que vive con VIH requiere mucho más que medicamentos.

Implica seguimiento médico, especialistas, espacios dignos, vigilancia permanente y personal capacitado para atender cada caso con profesionalismo y sensibilidad.

Bajo esa visión, el Gobierno de Todos está fortaleciendo las UNEMES CAPASITS de Campeche y Carmen, dos unidades estratégicas para brindar atención especializada a la población.

La inversión destinada a mejorar ambos centros asciende a 3 millones 763 mil 220 pesos.

No es solamente una cifra presupuestal. Detrás de esos recursos están consultorios, espacios funcionales y mejores condiciones para quienes acuden a recibir atención.

Cuando se invierte en infraestructura sanitaria, se está invirtiendo directamente en la dignidad de las personas y en la calidad de los servicios que reciben.

Actualmente, 1,811 personas reciben tratamiento antirretroviral gratuito en los CAPASITS de Campeche y Carmen.

Este dato permite dimensionar la importancia de estas unidades dentro del sistema estatal de salud.

Son espacios que garantizan acceso oportuno a tratamiento y seguimiento especializado para personas que necesitan atención permanente y que tienen derecho a recibirla sin que su condición económica sea un obstáculo.

El alcance territorial también habla de la responsabilidad que existe detrás de esta estrategia.

La UNEME CAPASITS Campeche brinda cobertura a Calkiní, Dzitbalché, Hecelchakán, Tenabo, Campeche, Champotón, Seybaplaya, Hopelchén, Escárcega, Candelaria y Calakmul.

Es decir, su función va mucho más allá de la capital y permite acercar servicios especializados a buena parte del territorio estatal.

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