Columnas Escritas
Baluarte Político
¿A qué le temen?
Raúl García Araujo
¿A qué le temen los legisladores morenistas de Campeche? ¿A la justicia, a que se investigue o a perder los privilegios que nunca debieron tener? Porque cuando un político corre a ampararse antes incluso de saber si existe una orden en su contra, no estamos frente a una persecución, sino frente al miedo. Y el miedo, en política, siempre delata.
Layda Sansores San Román no llegó a la gubernatura por concesión ni por pacto. Llegó después de décadas de enfrentar de frente al aparato del Estado, cuando hacerlo significaba persecución real y costos personales.
Es una mujer formada en la lucha, no en la comodidad del cargo. Por eso no se dobla. Por eso incomoda. Y por eso hoy algunos prefieren llorar, acusar y esconderse detrás del fuero constitucional como si fuera un salvoconducto eterno.
La presidenta Claudia Sheinbaum fue clara y prudente: llamó a la serenidad y a la paciencia. No habló de impunidad, no habló de blindajes, no habló de privilegios. Habló de responsabilidad política. Algo que, evidentemente, algunos legisladores locales no han entendido o han decidido ignorar.
Desde el propio Morena han surgido las voces más duras. El dirigente estatal, Erick Reyes León, calificó todo este manejo como “perverso, absurdo y tonto”. Advirtió que no se midieron las consecuencias y que hoy actores externos están aprovechando el caos para golpear al movimiento. Fue tajante: no se puede permitir que once personas destruyan años de lucha. Y tiene razón.
El diputado Jorge Pérez Falconi fue todavía más directo: el fuero no sirve al pueblo, sirve a la impunidad. Señaló una falta evidente de liderazgo en el Congreso local y acusó a quienes hoy se dicen víctimas de haber dividido, excluido y llevado los conflictos internos hasta el pleno.
Siete presidentes municipales de Morena en Campeche hicieron lo que muchos legisladores no tuvieron el valor de hacer: rechazar la reinstalación del fuero.
Alcaldes del Carmen, Champotón, Seybaplaya, Tenabo, Escárcega, Calakmul y Candelaria lo dijeron sin rodeos: el fuero es un privilegio que debilita la igualdad ante la ley y alimenta la percepción de impunidad. Recordaron algo elemental: Andrés Manuel López Obrador impulsó su eliminación y Claudia Sheinbaum ha sido clara al cuestionar por qué algunos legisladores quieren lo que ni la Presidenta de la República tiene.
Y aun así, Antonio Jiménez Gutiérrez corrió a promover un amparo mal planteado, impreciso, con el riesgo de ser desechado. Lo hizo después de denunciar un supuesto intento de detención que la Fiscalía del Estado negó de manera categórica, explicando que se trató de un simple patrullaje de vigilancia. No había orden. No había mandato judicial. Pero el miedo ya estaba ahí.
Es imposible no recordar abril de 2005. Andrés Manuel López Obrador dejó su cargo como jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal y acudió a San Lázaro. No se escondió. No se amparó. Dio la cara. Como reportero me tocó estar ahí, con la Cámara de Diputados a reventar, cuando pronunció aquella frase que marcó época: “Ustedes me van a juzgar, pero no olviden que todavía falta que a ustedes y a mí nos juzgue la historia”.
Después regresó a su casa y esperó, acusado de violar la ley por autorizar un acceso a un hospital público. Eso es carácter. Eso es congruencia. Eso es no tenerle miedo a la historia.
Hoy, en Campeche, algunos legisladores prefieren el llanto, el fuero y el amparo. Prefieren victimizarse antes que asumir responsabilidades. Y con ello han sepultado su futuro político.
Layda Sansores no se dobla porque no le debe nada a nadie. Gobierna con la autoridad que da una vida entera de lucha y con el respaldo de un pueblo que ya decidió de qué lado está.
La historia ya juzgó. A Andrés Manuel López Obrador lo hizo Presidente de México. A Layda Sansores San Román, la convirtió en la gobernadora que derrotó al todopoderoso PRI y le arrebató a Campeche.
Hoy no tiemblan ellos. Tiemblan los que le tienen miedo a la justicia.
Y la historia, esa que no concede fuero ni amparos, ya empezó a pasar lista.
Desde La Muralla: Salud pública con responsabilidad
En tiempos donde la desinformación puede generar alarma innecesaria, la Secretaría de Salud de Campeche ha demostrado que la responsabilidad y la prevención siguen siendo los ejes de su actuar.
Aunque la secretaria Josefa Ortiz Avendaño descartó que el caso detectado en la escuela primaria Fidel Velázquez correspondiera a sarampión —al tratarse de una intoxicación—, se activaron de inmediato los protocolos sanitarios establecidos.
No por presión mediática, sino por convicción: proteger la salud de la comunidad escolar y actuar antes de que cualquier riesgo se materialice.
Este tipo de decisiones hablan de una política de salud que no improvisa. Lejos de minimizar el hecho, las autoridades sanitarias se mantienen atentas y en coordinación permanente con el plantel educativo, dando seguimiento puntual al caso.
Esa vigilancia constante es la que ha permitido que Campeche se mantenga como una de las entidades con mayor control sanitario, aun cuando estados vecinos enfrentan brotes de enfermedades que parecían erradicadas.
A ello se suma una noticia que merece subrayarse: hay abasto total y gratuito de la vacuna contra el sarampión en todos los centros de salud del estado. No es un dato menor. Es el resultado de planeación, gestión y una clara prioridad en la protección de la niñez campechana.
En un contexto nacional complejo, la Secretaría de Salud apuesta por la prevención como política pública y envía un mensaje claro a las familias: en Campeche, la salud no se descuida y se actúa a tiempo.
Desde El Fuerte: Prevenir también es gobernar
Cuando se trata de la salud de la niñez y juventud campechana, el Gobierno de Todos ha dejado claro que la prevención no es opcional, es una responsabilidad.
La reciente activación del protocolo de emergencia climática por parte de la Secretaría de Educación es una muestra de que las decisiones se toman pensando primero en el bienestar de los estudiantes de educación básica.
Ante las condiciones climáticas adversas, se ajustaron los horarios escolares en todos los niveles, desde los Centros de Atención Infantil hasta las secundarias generales y técnicas, con el objetivo de reducir riesgos a la salud.
No es una medida aislada, sino parte de una estrategia coordinada con la Secretaría de Salud del Estado, que mantiene vigilancia permanente para evitar afectaciones derivadas de golpes de calor, deshidratación u otros padecimientos asociados a las altas temperaturas.
La reorganización de horarios —con entradas más tardías y salidas anticipadas— refleja sensibilidad social y capacidad de respuesta.
Estas acciones confirman que en Campeche la salud escolar es un tema de Estado. Educación y Salud trabajan de la mano porque entienden que cuidar a los estudiantes es cuidar a las familias campechanas.
En tiempos de clima extremo, el Gobierno de Todos responde con medidas responsables, oportunas y humanas, colocando a las y los alumnos en el centro de las decisiones públicas.