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Layda Sansores: seguridad, poder y alineación nacional

Raúl García Araujo

La inauguración de las instalaciones de la Compañía de Seguridad de la Guardia Nacional en el Aeropuerto Internacional “Ing. Alberto Acuña Ongay” no es un acto administrativo más: es una decisión política de fondo.

La gobernadora Layda Sansores San Román envía un mensaje claro y contundente: la seguridad en Campeche es prioridad de Estado y se construye con coordinación, presencia institucional y alineación plena con el proyecto nacional que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

Ubicar una base operativa de la Guardia Nacional en un punto neurálgico para la conectividad aérea del estado fortalece no solo la vigilancia del aeropuerto, sino todo el entorno estratégico de la capital campechana.

Se trata de una acción preventiva, inteligente y estructural que permite un despliegue más ágil de las fuerzas federales y eleva los estándares de protección para pasajeros, trabajadores y visitantes.

Layda Sansores ha entendido que gobernar implica asumir responsabilidades compartidas con la Federación. Por ello, la estrecha colaboración con la Guardia Nacional y con el grupo aeroportuario Olmeca-Maya-Mexica refleja una visión moderna de seguridad pública, alineada con los modelos federales impulsados desde el gobierno de Claudia Sheinbaum. Aquí no hay ocurrencias ni simulaciones: hay estrategia, coordinación y resultados.

Esta acción se inscribe en una política más amplia que ha permitido mantener a Campeche entre las entidades con menores índices delictivos del país. No es casualidad. Es consecuencia de un gobierno que apuesta por la presencia permanente del Estado, por el orden institucional y por la protección de activos estratégicos que son clave para el turismo, la inversión y el desarrollo regional.

Pero la fortaleza política de Layda Sansores no se limita al territorio campechano. La gobernadora mantiene una relación directa, constante y de trabajo con cada uno de los secretarios de Estado en Palacio Nacional, lo que le permite gestionar, coordinar y resolver sin intermediarios ni fricciones. Esa interlocución permanente se traduce en resultados concretos para Campeche y en una gobernabilidad sólida.

Layda Sansores es una gobernadora con acceso, con voz y con peso político en el gabinete federal. Su cercanía con las áreas estratégicas del Gobierno de México confirma que Campeche no está al margen de las decisiones nacionales, sino plenamente integrado al proyecto de transformación que encabeza Claudia Sheinbaum.

Esa relación institucional, basada en confianza y respeto mutuo, fortalece la ejecución de políticas públicas y acelera los beneficios para la población.

La gobernadora Sansores no actúa sola ni aislada. Su gobierno camina de la mano de la presidenta Claudia Sheinbaum, con quien comparte una misma visión de izquierda: seguridad con justicia, desarrollo con bienestar y autoridad con legitimidad social. Ambas lideran desde la convicción, no desde la imposición, y entienden que la paz es condición indispensable para la transformación.

Campeche avanza con rumbo firme porque cuenta con una gobernadora que gobierna con carácter y con respaldo federal. Y México avanza porque, desde Palacio Nacional hasta el territorio, hay una coordinación real entre dos mujeres que están dejando huella en la historia política del país. Layda Sansores San Román y Claudia Sheinbaum Pardo no solo gobiernan: construyen poder con resultados, alineación y visión de futuro.

En el nuevo mapa del poder en México, Layda Sansores San Román no es una figura periférica ni decorativa: es una gobernadora con peso propio, con acceso directo al centro de las decisiones y con resultados que la respaldan. Su alineación con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo no es retórica, es operativa, estratégica y visible en el territorio.

Campeche hoy es sinónimo de estabilidad, coordinación federal y gobernabilidad efectiva. Cuando una gobernadora gobierna con firmeza y una presidenta respalda con convicción, el mensaje es claro: la transformación no se negocia, se ejerce.

Desde La Muralla: La Secretaría de Salud responde en Campeche

Mientras en otros espacios abundan los discursos y las declaraciones sin sustento, en Campeche hay una institución que habla con resultados y actúa con responsabilidad: la Secretaría de Salud del estado.

En materia de prevención, particularmente frente al sarampión, no hay medias tintas ni omisiones. Hay trabajo territorial, cobertura real y una política pública que prioriza a la población por encima de cualquier cálculo político.

Durante 2025, la Secretaría de Salud de Campeche aplicó 106 mil 242 dosis de vacuna contra el sarampión en todo el territorio estatal.

No se trata de una cifra menor ni de un dato aislado: es la evidencia concreta de una estrategia permanente, organizada y bien ejecutada que ha logrado mantener protegida a la población campechana frente a enfermedades que son totalmente prevenibles.

La operación no se concentra en oficinas ni en comunicados. Se despliega en el territorio a través de los tres Distritos de Salud para el Bienestar, con personal que recorre comunidades, colonias y espacios públicos mediante puestos itinerantes, unidades médicas y el Centro Estatal de Vacunología. Ahí está el Estado, presente y activo, donde realmente se necesita.

Desde El Fuerte: Salud sin simulación en Campeche

El Hospital IMSS-Bienestar María del Socorro Quiroga Aguilar, en Ciudad del Carmen, fue el reflejo de un sistema abandonado: carencias acumuladas, áreas rebasadas, equipo insuficiente y una infraestructura que ya no respondía a la demanda de la población.

Ese pasado de rezagos es precisamente el que la gobernadora Layda Sansores San Román decidió confrontar de frente, sin discursos edulcorados ni recorridos para la foto.

La reciente visita de la mandataria estatal al hospital no fue protocolaria ni simbólica. Layda Sansores caminó pasillo por pasillo, revisó áreas, constató condiciones reales y supervisó directamente los avances en ampliación, rehabilitación y mantenimiento del inmueble.

Por ello, la intervención en este hospital no es una obra aislada, sino parte de una política de salud que busca cerrar brechas históricas, dignificar espacios y garantizar atención con calidad y humanidad.

Las obras en curso apuntan a corregir fallas estructurales que durante años afectaron la atención de los derechohabientes.

No se trata solo de mejorar paredes o ampliar áreas, sino de transformar la capacidad real del sistema de salud para responder a la población. Esa diferencia es política y se origina en la voluntad de quien gobierna.

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